Y pues tal como les había anunciado en el capítulo anterior, por fin hemos llegado al final de este fic. No puedo creer que se terminó. La verdad es que este fic, al menos en un principio, no era de mi entera devoción, pero he aprendido a quererlo y voy a extrañarlo mucho. En fin, tendré que hacer más fics para consolarme. Jajaja. Agradezco los reviews de:

Hio Ivanov

Shiroi Tsuki

Ginny –Flor de Cerezo-

H.Fanel.K

Angie B. Mizhara

Mai-Ojitos-Hiwatari

Bra-Viki

Mil gracias a ustedes y a todos aquellos que han seguido esta historia hasta el final. Así que sin más tardanza y después de tres años, les presento el final de Simplemente Celestial.

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Simplemente Celestial

Por Addanight

Capítulo 7: Un paso a la Gloria

Había sido una noche realmente agradable. Una pequeña celebración se llevaba a cabo. Cada miembro de dicha particular familia conversaba alegremente. Pronto llegó la hora del tan esperado brindis. Cada una de las copas fue llenada con un delicioso vino, cortesía de Voltaire Hiwatari. Una vez que todos tenían sus bebidas, Kai Hiwatari comenzó con su discurso, impregnando en cada palabra, todo el amor que le profesaba al festejado. Sus rojizos orbes miraron con anhelo las doradas. La hora había llegado. Con las palabras concluidas, todos alzaron sus copas y las llevaron lentamente a sus labios. Y entonces…

"Y entonces la cosa esa se le atoró en la garganta y Rei murió de asfixia." Gritó una exasperada chica.

"¡Mariah! No me dejaste terminar." Se quejó el único pelirrojo presente.

"Te digo que es estúpido. Rei es muy despistado. Te aseguro que no se dará cuenta de lo que sucedió hasta que esté muerto en el suelo." Le contestó la neko.

Mientras sus amigos discutían y cuestionaban el coeficiente intelectual del otro, Kai Hiwatari suspiró resignado. A este paso jamás iba a llegar a nada. Era una escena bastante curiosa, la que se admiraba en la casa Hiwatari-Kon. Yuriy Ivanov le gritaba a todo pulmón a una igualmente exasperada pelirrosa. Bryan les observaba divertido, ya les calmaría cuando las cosas se salieran de control, pero por lo pronto, el sádico chico estaba muy entretenido viendo el intercambio verbal. En otro de los sillones Voltaire Hiwatari permanecía en silencio, como si la sala no acabara de convertirse en un campo de batalla.

Él único que brillaba por su ausencia era nuestro amado neko, quien se encontraba trabajando. Precisamente por eso es que todos se habían reunido ahí aquel día. Kai iba a proponerle matrimonio a Rei, pero quería que fuera algo único. Por ello fue que recurrió a sus amigos y conocidos en busca de ideas. Hasta ahora, cada una de las propuestas había sido rechazada por uno u otro motivo. No tenía caso.

"Esto no nos lleva a nada ¿Por qué simplemente no lo llevas a cenar, haces la pregunta y todos seguimos con nuestras vidas?" comentó el mayor de los Hiwatari presente.

"¡De ningún modo puede hacer eso!" Se quejaron al mismo tiempo Mariah y Yuriy quienes parecían haber formado una temporal alianza contra Voltaire.

"No veo el problema con la idea." Fue lo único que repuso el otro.

"Es muy poco original." Explicó el chico de ojos azul ártico.

Y así continuó la disputa, esta vez incluyendo al mayor de los Hiwatari.

"¡Lo tengo! Lo que tienes que hacer, es conseguir un lugar caro y muy exclusivo, un sitio donde tú y Rei puedan pasar la noche con elegancia y estilo. ¡Oh ya puedo verlo! Conseguiremos cientos de flores y las pondremos a lo largo de todo el lugar. Contrataremos algunos violinistas. Y tendrán una cena romántica y exquisita a la luz de las velas. Y cuando la cena haya terminado, le dirás a Rei cuanto lo amas, sacarás la sortija, él dirá que si y todo arreglado." Explicó una muy emocionada abogada.

"¿Estás loca?" Le preguntó el ruso dueño de Wolborg.

"Claro que no. Es la mejor idea que se ha dicho hasta ahora." Proclamó la ojidorada con orgullo.

"Siento contradecirte Mariah, pero si hay algo que he aprendido de Kon en los días que convivido con él, es que es mortalmente alérgico a las flores, o más específicamente al polen." Agregó Voltaire.

"Eso es cierto." Dijo Kai después de no haber hecho comentario alguno en las últimas dos horas.

"Pero si son decoración, no tiene que acercarse a ellas." Comentó la decepcionada china.

"Oh, pero conociendo la suerte de Hiwatari, seguro que Kon termina la noche en el hospital." Agregó Bryan divertido mientras todos le miraron de forma curiosa. Ese chico definitivamente, tenía un peculiar sentido del humor.

"Bueno, ya fue suficiente. Lo haré a mi modo. Si algún día deciden ponerse de acuerdo, avísenme." Agregó el bicolor disponiéndose a abandonar la habitación.

"A este paso, jamás vas a proponérselo. Cada idea es peor que la anterior." Comentó el ojilavanda.

"¿Ah sí? Pues aún no hemos oído tu genial idea." Le reclamó su novio.

"Sinceramente. Creo que Kai debería decidir esto solo. Después de todo, él es el único que realmente conoce a Kon." Contestó el sádico ruso.

"En serio Kai. Si lo piensas un poco, yo sé que se te ocurrirá algo. No tiene que ser perfecto, sólo piensa en que lo que le gustaría a Rei y ya." Fue el último consejo que Kai recibió. Y mientras el resto del grupo continuó con su entretenida batalla verbal, el ruso se marchó con una idea maquilándose en su mente.

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Desde el momento en que Rei Kon despertó aquella mañana, supo que algo no estaba bien. Los ojos dorados parpadearon confusos buscando algo fuera de sitio a su alrededor. No pasó mucho tiempo antes de que el chico notara que su ruso no estaba. Curioso. Después de todo era sábado, y el bicolor no tenía motivos para estar fuera de la cama. Fue entonces que escuchó la puerta abrirse y el apuesto ojirrojo entró con lo que parecía ser, una bandeja de desayuno.

El chino que aún estaba algo adormecido, tardó varios minutos en reaccionar. Sus doradas orbes pasearon por el plato de fruta, escudriñaron el apetecible omelette y se deleitaron con el suave aroma del café. Café con una pizca de canela, justo como él mismo se lo preparaba todas las mañanas.

"Buenos días." Escuchó decir a Kai. Y la pequeña sonrisa que el ruso le dedicó al chino hizo que el joven se sintiera la persona más afortunada del mundo.

"Muy buenos días. ¿Y esto?" Cuestionó el moreno señalando los alimentos frente a él.

"Nada en especial, se me ocurrió levantarme y prepararte el desayuno." Contestó el joven de piel nívea restándole importancia al asunto.

¡Oh! Pero cualquier persona que se jactara de conocer a Kai Hiwatari sabía que él y la cocina eran sencillamente incompatibles. No podían estar en el mismo espacio. La seguridad del mundo peligraba cuando el chico de orbes carmines se acercaba a menos de dos metros de cualquier electrodoméstico. ¡Qué se lo dijeran a él que había visto su bellísima cocina totalmente destrozada! Fue una verdadera suerte que el abuelo de Kai, tan pronto se había enterado del asunto, hubiese mandado construir una lujosísima cocina en donde la cocina del neko solía haber estado.

Amaba esa cocina. Y si el dueño de Dranzer se había acercado a ella, seguro que ahora estaría en ruinas. Por un segundo, sintió el impulso de correr a verificar los daños. Quizá si actuaba rápido todavía podría salvar algo. Sin embargo, tan pronto miró al chico frente a él, supo que no podía hacerlo. Porque ahí estaba el chico mirándole con sus ojos llenos de orgullo por su logro. Fue entonces que Rei lo supo. Tendría que probar la comida.

Vagamente, el neko se preguntó si valía la pena morir envenado a manos de su propio novio. Podía negarse a probar los alimentos, eso lo tenía muy claro. Pero también sabía que eso le rompería el corazón a su chico. No. Nada justificaba el lastimarle de ese modo. Ni siquiera si al causar tal dolor, estaba salvando su propia vida.

Lanzándole una sonrisa un tanto nerviosa a Hiwatari, Kon se decidió por probar el café primero. Tomó la taza en sus manos notando que éstas le temblaban y rezando porque Kai no lo notara. Temiendo cambiar de opinión, el neko decidió dejar de pensar y tomó un trago. No supo exactamente lo que había esperado. Si había pensado que caería muerto de inmediato, o que primero se retorcería de dolor antes de encontrar su trágico final.

Pero nada de eso había pasado. Rei había probado el café y aún estaba con vida. Algo, definitivamente, no estaba bien en el mundo. Kai no tenía idea de cómo usar la cafetera. Eso le había quedado más que claro al neko luego del incidente que habían tenido, y el cual, prefería no recordar. Alguien le había ayudado. Eso tenía que ser.

"Está delicioso. Y dime Kai, ¿tenemos alguna visita hoy?" cuestionó inocentemente el oriental.

"No. Estamos tu y yo solos en casa." Fue la respuesta que recibió.

"Ya veo. Así que… ¿tu preparaste el desayuno?" Preguntó el chino mientras probaba un trozo del omelette. Estaba estupendo. Algo sumamente extraño estaba sucediendo.

"¿Te gusta? Sé que no es gran cosa, pero no quise arriesgarme tratando de preparar algo terriblemente complicado. Bryan me ha estado enseñando estos meses. Quería darte una sorpresa." Respondió el ojicarmín.

Y Rei sintió en ese mismo instante que se había vuelto a enamorar del ruso porque todo su corazón se llenó de calidez. Una hermosísima sonrisa se posó en su rostro y miró a Kai como si fuera el centro del mundo y lo era, era el centro de su mundo. El solo hecho de pensar en todo el esfuerzo que su chico había hecho tan solo por darle este pequeño gusto hizo estallar su corazón de emoción.

Fue con ese sentimiento de amor y orgullo que el oriental continuó con su desayuno ante la atenta mirada de su ruso. ¿Acaso pensaba que iba caer muerto de un momento a otro? No, seguro que no era eso lo que pensaba, pero aún así, el dueño de Drigger le mandó otra mirada agradecida a su chico mientras seguía comiendo. Pronto los platos estuvieron vacíos y no quedó nada salvo la cereza que adornaba el plato de fruta.

El neko, que no estaba dispuesto a desperdiciar absolutamente nada de la primera comida que su novio le había preparado, tomó la cereza y la acercó a su rostro. Fue entonces cuando la vio. Una simple y dorada sortija reposaba en la parte superior de la fruta. Sin decir nada, el chino le lanzó una mirada a Kai y éste comenzó a hablar.

"Rei. La primera vez que me besaste, te confesé que yo no era una persona de riesgos. Que a veces mi temor a fracasar me impedía siquiera intentar las cosas nuevas. Desde ese día, me has mostrado que tengo el valor para correr esos riesgos y me he dado cuenta, que es porque sé que no importa lo que pase, tú siempre estarás ahí. Por eso es que deseo que me concedas el honor de jurarte que pasaré el resto de mis días amándote. Y que a tu lado enfrentaré al mundo entero de ser necesario. Así que, ¿Te casarías conmigo?" Terminó de decir el ruso mirando atentamente al chico frente a él.

El joven no perdió tiempo en lanzarse a sus brazos sin importarle que la bandeja y todos los platos se hicieran trizas en el suelo. Rei se aferró a Kai con todas sus fuerzas y se acercó a su oído susurrando las palabras más bellas que el ruso hubiera escuchado. "Sí. Por supuesto que sí." En ese momento Rei Kon supo que aunque su vida jamás sería perfecta, vivirla con Kai sería Simplemente Celestial.

Fin

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Comentarios de la Autora:

Y con esto mis amados lectores, nos despedimos POR FIN! De Simplemente Celestial. ¡Dios! ¡Quedó tan bonito! En fin, Muchas Gracias por todo su apoyo. Espero verlos en otros proyectos.

Cuídense.

Addanight