¡Hi! ¿Cómo están? ¡Yo feliz! ¿La razón? Pues ni yo la sé XB

Como todos sabemos Shugo Chara no me pertenece, es de Peach Pit, yo solo estoy escribiendo esta historia porque tengo algo de tiempo libre.

Capítulo VI

—Por cierto Meiko… —empezó a decir Ikuto —Tú y yo tenemos que hablar…

—¿Hablar? —preguntó Meiko —¿Sobre qué?

—Si no te molesta, prefiero decírtelo en privado.

Meiko observó unos segundos a Ikuto, intentado leer su mente, para así tener aunque fuese un mínimo de noción de lo que su hermano quería conversar con ella, pero por mucho que se esforzase, era completamente inútil. Definitivamente, un humano común y corriente jamás lograría hacer algo como eso.

—Está bien —respondió la chica de blanca cabellera, después de meditar unos segundos su respuesta.

Meiko comenzó a caminar en dirección a las escaleras, para ir así a su habitación. Ikuto le seguía sin dejar de mirarle y en completo silencio. Él aún estaba pensando en "como darle la noticia" a Meiko, pero le gustase o no la idea, debía hacer aquello y cuanto antes mejor; ya se lo había prometido a Utau y él jamás rompía sus promesas para con ella.

Utau invitó a Amu a tomar asiento en uno de los cómodos sillones, mientras veía como sus hermanos mayores se retiraban del sitio, dejándolas completamente solas.

Amu accedió y se sentó, sin dejar de contemplar la belleza de aquella gran residencia. Segundos después, comenzó a jugar nerviosa con sus manos. Se sentía incómoda, pensaba que aquel conflicto que se había originado en ese momento, se había iniciado por su culpa.

—Lo mejor sería que yo me retirase —comentó Amu. —Además, se está haciendo demasiado tarde…

—No te preocupes por eso, Amu —profirió Utau. —Si gustas, puedes pasar la noche aquí. Si hay algo que en este lugar sobra, eso son habitaciones —finalizó con una sonrisa.

—Pero…

—Nada de peros… somos amigas ¿No?

—Claro… —añadió la chica pelirosada, no del todo convencida.

—Además, lo que acaba de ocurrir… —empezó a decir Utau, pero se interrumpió durante unos segundos para analizar lo que le diría a su acompañante.

Amu apretó los puños sobre sus piernas, por un momento pensó que Utau le diría que había sido por culpa de su visita. Utau se percató de lo que su amiga estaba haciendo y aquel pensamiento llegó a su mente.

—¿Crees que ha sido culpa tuya? —preguntó Utau, para salir de sus sospechas.

—Pues… sí.

—No seas tonta —le dijo Utau con un tono juguetón y de reproche a la vez. —Eso es… un problema entre Ikuto y Meiko. —Utau suspiró.

—Ya veo…

—Aunque… no pensé que Ikuto lo discutiría con ella justo ahora. —susurró más para sí misma.

—¿Desean servirse algo? —preguntó Kaede, mientras se acercaba a las dos muchachas.

—Ah… Kaede, podría traernos algo de beber… ¿Qué te gustaría, Amu?

—No te preocupes, no deseo nada por ahora… pero gracias por el ofrecimiento.

—Si a Amu no le apetece nada, entonces no nos traiga nada. Gracias de todas formas, Kaede. —profirió Utau.

—Estoy a su servicio, señorita Utau.

Kaede realizó una pequeña reverencia y procedía a retirarse, cuando Utau llamó su atención.

—Por cierto, antes de que se retire Kaede —inició Utau —¿Podría preparar una habitación para mi invitada?

—Claro que sí, señorita.

—Y de paso, avísele a Yaya que ya estamos aquí, para que baje a compartir con nosotras. —finalizó la chica de ojos amatistas.

—En seguida.

Kaede entonces se retiró para realizar las tareas que Utau le había encargado. Amu observó con sorpresa a Utau, sin poder creerse del todo que ellos tuviesen a una persona bajo su servicio.

—¿Por qué estás tan asombrada, Amu? —preguntó Utau. —¿Acaso… nunca has tenido una "asesora de hogar"?

—La verdad es que, al menos mi familia, nunca la ha tenido. —exclamó Amu.

Utau fue quién se sorprendió esta vez, ante aquella declaración.

—¿Pero… tu familia no es bien acomodada? —cuestionó la chica rubia.

—Lo es… pero a mis padres nunca les gustó depender de otros. —Amu sonrió —A mi madre le encantaba hacer las labores de la casa…

—Ya veo. Una pregunta más… espero que no te moleste, recién estabas embelesada contemplando mi residencia… ¿Por qué?

—Mi domicilio… siempre ha sido una casa pequeña, modesta y acogedora. Somos una familia bastante humilde.

Utau no dejaba de asombrarse, mientras más conocía a aquella famosa escritora, más la admiraba. Definitivamente la fama y el dinero no habían vuelto a Amu una persona ambiciosa ni nada por el estilo.

—Amu… ¿Es cierto que odias a las personas adineradas engreídas? —cuestionó algo nerviosa Utau.

Así era, Utau aún recordaba la frase que le había dicho Kukai el día que le conoció, aunque no sabía muy bien la razón, aquella oración se le había grabado en la memoria y tenía miedo de actuar presumidamente en frente de Amu, ya que no tenía la certeza de que aquello fuese solo una artimaña que usó aquel muchacho para conseguir su cometido.

A su mente regresó aquella escena, y no pudo sonreír con melancolía al rememorar la frase que salió de los labios de aquel atractivo muchacho:—"Ya entiendo, son un par de ricachonas engreídas ¿Verdad?... Es una lástima que la señorita Amu odie a las personas como ustedes…" "Y ¿se dicen fans de ella? Es increíble, pese a tener dinero no compran la felicidad… y tampoco la información."

—¿Utau? Estoy hablándote… ¿Te ocurre algo?

Amu le miraba confundida, al parecer su amiga se había envuelto en sus propios pensamientos, en lo que parecía ser un "flash back".

Utau suspiró y regresó al presente, miró a Amu expectante a su respuesta y sonrió.

—¿Quién te ha dicho eso? —preguntó Amu.

—Ah… alguien sin importancia —mintió Utau.

—¿De verdad? —inquirió la chica de ojos ámbar —Por tu mirada, no me creo que sea "alguien sin importancia". —Amu suspiró. —De cualquier modo, no es del todo una mentira. Es verdad que no me gusta la gente engreída, pero no precisamente por ser adinerada… solo por ser ufanada. No todas las personas capitalistas son así, al menos tú no lo eres Utau —al finalizar, Amu sonrió.

Utau también sonrió y se relajó notoriamente al escuchar la respuesta de Amu.

En tanto, Ikuto y Meiko se encontraban ya en la habitación de la muchacha de azules ojos.

Ikuto estaba de pie, mirando seriamente a su acompañante, mientras que Meiko se encontraba sentada en su cama, con los ojos cerrados. Ella no tenía ni la más mínima idea de lo que Ikuto quería hablar, a su mente llegaban diversas ideas, entre ellas estaban "la apuesta"; "la salida con Utau"; y claro, "la inesperada visita de Hinamori Amu". Por supuesto, que se inclinaba más por la primera.

—Y bien… Ikuto, ¿De qué querías hablar conmigo? —preguntó Meiko, esta vez mirando a su acompañante.

Ikuto seguía en silencio, mentalmente intentaba buscar las "palabras adecuadas" para referirse al tema.

—Es ¿Sobre la apuesta? —cuestionó Meiko, poniéndose de pie —O tal vez…

—Esto se terminó, Meiko. —pronunció Ikuto, con convicción en su voz.

—¿Eh?

—Eso, lo nuestro… se terminó.

Meiko miró incrédula a su interlocutor, mientras que Ikuto estaba un poco nervioso. Él no sabía cómo se lo tomaría su media hermana, pero tenía que terminar su relación con ella, se lo había prometido a Utau y bien sabía que no podía fallarle; además, tenía que conversar el asunto de la apuesta, pues para él, claramente debía cambiar.

—De verdad que no te entiendo, Ikuto.

La muchacha de albina cabellera se acercó a Ikuto y le abrazó posesivamente. Ikuto se tensó notoriamente, sabía que no debía corresponderle a Meiko, pero no disponía de mucha fuerza de voluntad. Después de debatir mentalmente unos segundos sobre lo que debía hacer, cedió ante la presión y correspondió al abrazo de su adorada media hermana.

—Entonces… —comenzó a decir. —Lo que tú y yo debíamos hablar tenía que ver con la apuesta, ¿Verdad? —susurró Meiko en el oído de Ikuto.

—Algo así…

—Ya veo.

Meiko soltó de su abrazo a Ikuto y regresó a su posición anterior, sentada en la cama. Cruzó su pierna derecha sobre la izquierda y se relajó. Nuevamente, había manipulado a su hermano a su antojo.

—Meiko… sobre la apuesta…

—¿Si?

—No seduciré a Yaya. —exclamó Ikuto completamente decidido.

—¿Y eso a qué viene? ¿Hay alguna Razón en especial?

—Tengo mis motivos…

—Oh… Eso quiere decir que… ¿No me lo vas a decir?

—Acertaste —masculló Ikuto, ahora un poco molesto.

—¿Por qué? —preguntó Meiko.

—Simplemente, porque no quiero. —respondió Ikuto.

—Entonces, tendrás que darme tu deportivo. Anularemos la apuesta, hermano.

—Cómo gustes.

Ikuto le entregó las llaves de su vehículo a Meiko y chasqueó la lengua, molesto. Por supuesto, la anulación de la apuesta no estaba en sus planes, pero aún así, no se rendiría con Amu. Su orgullo se lo impedía. Ikuto suspiró resignado y comenzó a caminar en dirección a la puerta, para irse de aquella habitación. Estaba ya enfrente de la puerta cuando Meiko llamó su atención.

—Una última cosa antes de que te retires, porque creo que deberías irte a la cama, hermano.

Ikuto le miró desganado, no tenía ni el más mínimo interés de saber lo que Meiko iba a decirle, pero por un mínimo de cortesía decidió quedarse allí para escucharle.

—Dime…

—¿Quién te dio tan grande paliza? —preguntó Meiko, con un deje de burla en su voz.

Ikuto frunció el ceño al recordar la escena anteriormente acontecida y gruñó algo ininteligible. Meiko rió sin disimulo sin dejar de mirarle, definitivamente ella gozaba con la desgracia ajena; sin siquiera importarle que el protagonista de aquella, fuese parte de su propia familia.

—Un trío de perdedores. Pero no te preocupes, ya me vengaré por esto…

—¿Deseas ayuda?

—¿Quién podría ayudarme? —preguntó desinteresado Ikuto. —Sabes bien que no tengo amigos, además… —Ikuto no alcanzó a finalizar su oración, ya que Meiko lo interrumpió.

—Yo nunca mencioné que sería "un amigo"… —profirió Meiko, mientras una siniestra sonrisa se dibujaba en sus labios. —Es más, cabe decir que solo hace falta una llamada y esa persona me hará aquel favor encantado.

—No me digas que estás hablando de algo así como un sicario, Meiko.

—Algo así… —suspiró la chica albina —No es un sicario, pero por mí se convertiría en uno. Ya sabes, una de las tantas cosas que hace "el amor"… —Meiko rió y continuó su monologo —El muy estúpido por un poco de mi amor y algo de dinero, hará lo que sea por mí…

—¿Cómo lo…?

—¿Sé? Fácil, él mismo me lo dijo. —suspiró Meiko. —Solo tengo que convertirme en "su amante". No te molesta, ¿Verdad Ikuto?

—No es cómo si a ti te importa realmente si a mi "me molestase o no". O ¿Lo negarás?

—¿Sabes? Tienes razón; no me importa lo más mínimo. Pero… de cualquier modo, lo haré por ti.

Ikuto sonrió sardónico y miró a Meiko a los ojos, soltó una pequeña risita mordaz y exclamó: —¿Por mí?

—¿Ah? —titubeó Meiko.

—Vamos, no te hagas… No es cierto que lo harás por mí. —Ikuto suspiró con fastidio —Meiko… reconoce que lo harás por ti misma.

—¿Por qué dices eso, Ikuto? Acaso… ¿Dudas de mi amor por ti?

—¿Tú amor por mí? —Ikuto volvió a reír. —Vamos, no juegues…

Ikuto se acercó nuevamente a Meiko, se sentó junto a ella y le tomó el rostro por la barbilla, obligándole a mirarle a los ojos.

—¿Ikuto… qué preten…?

Ikuto besó a Meiko para silenciarla, pero para él ya no era lo mismo, aunque no sabía la razón exacta de aquello. Después de unos segundos, se separó rápidamente de ella y le miró por última vez.

—Ikuto…

—Lo lamento, Meiko. Puedes hacer lo que te venga en gana, solo no me involucres en tus asuntos… esto se terminó.

—Pero tú estás enamorado de mí, no puedes…

—¿Quién te ha dicho semejante mentira? Yo no te amo, nunca te amé y jamás podré amarte. Y, para serte franco… dudo que alguien llegue a amarte alguna vez.

—Mientes… tú estás loco por mí.

—Quién verdaderamente miente, eres tú.

Meiko no supo que decir al respecto, simplemente se quedó en silencio contemplando a Ikuto, quién sin más nada que decir se retiró del lugar.

Minutos después, una vez que Ikuto estuvo fuera de la habitación, se sintió morir. Él no quería herir los sentimientos de Meiko, pero tampoco quería desilusionar y decepcionar nuevamente a Utau. En silencio comenzó a caminar en dirección a su habitación. En el camino se encontró con Kaede y Yaya, quienes caminaban en sentido contrario al suyo.

—Así es, la señorita Amu pasará la noche en la mansión. —exclamó Kaede, mientras acompañaba a su nieta al recibidor, en donde le esperaban Utau y Amu.

Ikuto no quería saber de nada ni de nadie, pero no pudo evitar escuchar el comentario que hizo Kaede a Yaya. Una sonrisa melancólica se dibujó en sus labios.

"Si tan solo pudiese enamorarme de otra chica" pensó Ikuto. "Alguien cómo Amu no estaría mal… pero ella ya tiene novio."

El joven de azules ojos continuó caminando en completo silencio a su habitación y se encerró allí. No deseaba hacer nada, se tiró en su cama y cerró sus ojos, intentando olvidar todo lo que acababa de ocurrir.

Mientras tanto, Yaya caminaba junto a Kaede para ir al recibidor. Bajaron las escaleras y Yaya se sorprendió al ver a Amu sentada en uno de los sillones.

—Ah… así que ya estás aquí, Yaya. —exclamó Utau sonriendo.

—¿Yaya?

Amu miró en la misma dirección que Utau y allí vio a la muchacha; la recordó de inmediato, era la chica que acompañaba a Utau el día que ella estaba firmando autógrafos. Amu saludó a Yaya alzando la mano, con una dulce sonrisa en sus labios.

—¡Así que era cierto que Amu estaba aquí! —gritó emocionada Yaya.

Yaya bajó rápidamente los peldaños que le faltaban y corrió junto a Utau y Amu. Una vez allí, se sentó junto a Amu mirándola como si no terminase de creerse que aquello fuese posible. Le brillaban los ojos de la emoción.

Si antes Amu ya estaba nerviosa, ahora lo estaba aún más. Se sentía como si fuese un producto nuevo en exhibición dentro de un supermercado, o tal vez como un animal enjaulado en un zoológico, al que un niño pequeño ve por primera vez y le pregunta a su padre por el nombre del mismo.

—Yaya… estás incomodando a la señorita. —profirió Kaede, una vez que llegó junto a ellas.

—Lo lamento —se disculpó la menor de las presentes.

—Ahora sí, ¿Podría traernos algo de té, Kaede?

—Claro que sí, señorita Utau.

Kaede reverenció tal y cómo siempre solía hacerlo y se disponía a irse a la cocina, cuando Utau la llamó una vez más.

—Kaede, antes de que me olvide… ¿Está lista la habitación para nuestra invitada?

La mujer asintió en completo silencio.

Utau sonrió complacida y añadió: —Puede continuar con sus quehaceres.

—Por cierto, Utau —exclamó nerviosa Amu. —Yo no he dicho que me quedaré…

—Lo lamento, pero tampoco te has negado. Ahora, solo tienes que quedarte. —Utau sonrió —Además, ya es algo tarde y algo malo podría pasarte si te vas… ¿Verdad Yaya?

Utau guiñó un ojo a Yaya, quién comprendió de inmediato la indirecta y asintió.

—Es cierto, no sería lindo si algo te pasase…

—Está bien —Amu suspiró. —Me quedaré… —finalizó resignada.

Yaya y Utau sonrieron, pues ambas se habían salido con la suya.

En cambio, para Amu… esa sería una larga noche que jamás olvidaría.

Continuará…

Pff… me costó redactar este capi D: no sé… pensé que sea lo que fuese que escribiera, no les iba a gustar y por eso me frustré… en fin, pero ya está completo X3 y aquí se los he dejado.

¿Dudas? ¿Quejas? ¿Sugerencias? (Golpes, amonestaciones y demás… o.o) Ya saben, solo le dan un clic a la frase de más abajo, ese hipervínculo que dice "Review this Chapter"