El mundo y los personajes de Digimon no me pertenece. Esta historia nació para fines de entretenimiento y no busco lucrar con ella.


Testigos

~ Enseñar, aprender y crecer ~

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Sólo el corazón es capaz de fecundar los sueños.

Anatole France

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—¡Mamá! ¿Dónde está mi D3? —exclamó Daisuke, con irritación.

Llevaba toda la mañana de mal humor, se dijo la mujer, en una mezcla de impaciencia y ansiedad. Llevaba toda la mañana buscando el dispositivo digital que los llevaría a todos a ese maravilloso mundo que tanto ansiaban visitar. Llevaba toda la mañana sin comportarse con el mismo entusiasmo de siempre…

Y ella sabía a que se debía todo eso.

De espaldas a su segundo hijo, aun sin terminar su labor, sonrió. Estaba preparando los últimos aperitivos, los detalles, para el almuerzo, merienda o lo que sea que estuviesen por tener en el llamado digimundo.

—En tu habitación, seguramente —susurró, sin volverse.

Los pasos acelerados de Daisuke resonaron en la habitación mientras que ella lo miraba partir. Estaba a medio vestir aún, y no paraba de murmurar cosas mientras se alejaba… Ah, su hijo tenía su mal genio por las mañanas… Y, más aun, si las cosas no funcionaban como él deseaba.

Se rió en sus adentros.

Su hijo siempre se comportaba del mismo modo cuando estaba nervioso…

Solía perder las cosas o dejarlas en sitios que luego olvidaba y, además…

—¡JUN!

Las interminables discuciones con su hermana.

Peleaban como perro y gato, sí, pero también era cierto que si Daisuke tenía un problema o alguna duda, la primera persona a la que recurría era a su hermana mayor.

Después de todo… ¿Los hermanos siempre pelean, cierto?

—¡QUE NO LO HE VISTO, DAISUKE! —chilló su hija.

—¡LO TENÍAS ANOCHE!

—¿QUÉ? ¡MENTIROSO! ¡SI PIERDES TUS COSAS, A MÍ NO ME CULPES!

No era de sus peores riñas, pero la mujer pensaba que esos dos nunca comprenderían lo que significaba la armonía. Estaba acostumbrada a oírlos pelear pero lamentaba que alzasen tanto la voz para escucharse. No debía extrañarle, después de todo. Jun y Daisuke eran iguales en tantos aspectos que tal vez por eso no podían llevarse del todo bien…

Tercos como mulas y tenaces… Realmente, tenaces.

Y no muy afortunados en el amor.

Tampoco podía culparlos por ello, ya que ella y su esposo habían sufrido numerosas desventuras para lograr salir adelante con su matrimonio. Al principio fueron detalles, como la diferencia de edades, y las familias que pelearon… Luego, la rutina y la monotonía…

Pero, finalmente, habían salido adelante. Juntos.

Sus hijos solo tenían que encontrar a su otra mitad. Algo tan simple y sencillo como eso.

—¡CÁLLATE, JUN! ¡SAL DE MI CUARTO!

Bien, se había perdido una parte de la discusión.

Su esposo pasó a su lado, y la mujer sonrió al verlo.

Parecía que él quería alejarse de la habitación en la que se encontraban sus hijos…

Y no lo culpaba.

Se rió ligeramente, ahora libre de los ojos entrecerrados del menor.

Hay cosas que no cambiarían nunca.

Jun era como polvora cuando se trataba de Daisuke. Era quien más lo reñía, pero la primera en defenderlo ante cualquier cuestión. Ella podía ser brusca y terca, pero adoraba a su hermano pequeño.

Y su hijo aun no dejaba de ser su pequeño niño caprichoso.

Su niño caprichoso, ese mismo que todas las noches quería cenar exactamente lo mismo —hasta que se hartaba y cambiaba de alimento—, ese mismo que cuando se enfadaba, se cruzaba los brazos y gimoteaba por saber que no lograría su objetivo.

El mismo niño caprichoso…

Un sector de su mente, trajo al escenario principal otra cuestión. Una que siempre prefería dejar de lado...

Porque…

A sus ojos, Daisuke había cambiado muchísimo en pocos años. Quizás, sólo habían sido meses…

Meses que le resultaron, luego, abrumadores.

Su hijo era el mismo, sí, pero también era otro.

Y pensar que todo se debía a los digimon.

Fue un duro golpe saber repentinamente tantos secretos, pero se sintió bastante extraña cuando todos los amigos de su hijo —además de algunas mujeres— se presentaron ante ella y la felicitaron por tener un niño tan dedicado. Taichi Yagami le habló especialmente bien de él. Le sorprendió.

Ella —y toda la familia— sabía que Daisuke idolatraba a ese muchacho. Era extraño que este tuviese una opinión tan buena de su hijito.

Los padres de los elegidos —nombre con él que Daisuke los presentó— parecieron no sorprenderse con la estupefacción de la familia Motomiya. Aparentemente, su hijo no había sido el único con secretos bien guardados en ese tiempo. Todos ellos se habían visto antes, en una colina mientras esperaban que los niños volviesen a casa, al final del año 2002.

Y eso los había unido de una forma que los niños quizás nunca llegarían a comprender.

Porque sus hijos habían estado luchando por el bien del mundo, sí, pero ellos habían estado esperando, ignorantes y asustados, por la resolución de esa batalla. Un temor tan grande que era imposible de definir, un temor que se extendía más allá de todos los humanos, un temor por ellos.

Cuando Daisuke volvió a casa, esa noche, ella y su esposo lo habían visto dormir.

Incluso Jun se había escabullido a medianoche para ver a su hermano pequeño…

Ah, sí… Así era ella. Prefería preocuparse silenciosamente por quienes amaba verdaderamente que cualquier cosa… Su hija era todo un enigma. Tenía distintas personalidades dentro de sí, a su parecer.

Pero su hijo simplemente había girado en la cama, totalmente ajeno a su presencia.

Las maneras de dormir de Daisuke jamás dejarían de sorprenderla. Muchas cosas de él, no dejaban de sorprenderla.

Un niño pequeño en tantas cosas, un joven maduro en tantas otras...

Habían pasado sólo unos meses, pero aun se sentía extrañada por todo lo que descubrió en tan poco tiempo.

Batallas, animales parlantes, luchas…

¡Su hijo fue el líder de un grupo de niños que salvó al mundo!

Su miedo se eclipsó por la sonrisa de todos esos pequeños que aparecieron de la mano de su niño en aquel momento. Lo recordaba claramente porque parecía que esa imagen se había plasmado en su memoria, en sus ojos y en su corazón.

¡Daisuke se veía tan realizado!

Ah, no podía creer que ese era su hijo.

No el mismo que ella conocía, por supuesto…

Con una punzada de tristeza, sus manos se detuvieron. Resultaba inquietante.

Sus pensamientos se dirigieron en una vía que resultaba extrañamente dolorosa. Una vía que casi siempre pretendía ignorar pero que crecía con el tiempo. Y crecía, crecía, crecía. El hecho de no conocer a su hijo verdaderamente, era algo que aun le perturbaba.

Durante mucho tiempo…

Ella había sido muy injusta con él.

Había juzgado mucho a su hijo, era cierto.

Se sobresaltó cuando un brazo delgado atravesó su campo de visión.

Jun le marcó un beso en la mejilla y le regaló una sonrisa cuando tomó un pan tostado de la cesta. Los ojos vivaces la contemplaron, la examinaron y la calmaron.

—No te pongas así, mamá —dijo la muchacha, sonriente

A la mujer le dio la impresión que su hija le estaba leyendo el pensamiento. Sus ojos se abrieron con la sorpresa que la invadió de pies cabeza y la muchacha siguió sonriendo.

— Seguro que el tonto de Daisuke encuentra su D3 pronto…

La señora Motomiya entrecerró los ojos, con sospecha.

—¿Jun… tú?

La joven se rió, alejandose con los brazos en alto.

Negó con el rostro y con sus gestos, ofreciendo una negativa con todo su cuerpo.

—Juro que no hice nada —dijo ella, conteniendo las carcajadas— Pero me divierte verlo tan desesperado

Se rió, olvidando sus preocupaciones por unos breves instantes. A veces, a veces, realmente pensaba que su pequeña niña grande le leía la mente con la facilidad que se lee un libro de cuentos infantil.

—Ay, Jun…

—¡Lo encontré!

El festejo de su hijo resonó en todas las habitaciones. Fue díficil reprocharle algo a la mayor de sus vástagos cuando ella aseguraba que todo estaba bien.

El señor Motomiya bajó el periodico —era imposible hacerlo desistir de leerlo— y Jun se rió nuevamente. Ahora, al parecer, las cosas iban por buen camino.

—¿Ves, mamá? Todo está bien.

No exactamente, pensó ella sin poder contenerse y vio a su primogenita alejarse en dirección opuesta. Había algo que andaba mal allí. Algo que ella tenía que cambiar pero que aun no sabía que era.

La risa de su hija, espontanea, fuerte, llena. Hacia tiempo que no la sentía así, vibrante. ¿Era el amor, quizás? Sabía algo de eso, aunque Jun no era demasiado adepta a decirle sus problemas, le contaba lo que le sucedía.

En cambio, su hijo... sólo le decía que ocurría si era extremadamente necesario…

Ah, estaban literal y metafóricamente a un mundo de distancia.

Una sensación extraña la sacudió, llenandola y dejandola a merced de ese incómodo silencio que le atenzaba el pecho.

Le encantaría poder cambiar tanto de eso… Volver a empezar, llevarlo nuevamente en sus brazos… Y ver a Jun corretear en el jardín.

Sus bebés...

Sin embargo, ellos insistían en crecer, crecer y crecer. Y alejarse...

Alguien tocó su hombro en una caricia inesperada y se sobresaltó ante el contacto. Lo que llevaba en las manos cayó al suelo y su mirada se centró inmediatamente.

Los ojos castaños de Daisuke fueron todo lo que pudo apreciar.

Entonces, supo que faltaba allí. Supo lo que tenía que hacer... Y lo hizo.

Se armó de un valor que no tenía, que pensó que había perdido, o que quizás había olvidado y con lágrimas brillando en sus ojos, se aferró al cuerpo de su hijo. Tenía ganas de llorar al verlo… Porque ese momento, en ese momento se percataba de que su hijo crecía… Crecería…

Y ya había crecido.

¡LE HABÍA COSTADO TANTO NOTARLO!

Su pequeño niño caprichoso ya no lo era…

El menor de los hermanos Motomiya, se encontró parpadeando. Su padre y su hermana había ido a la otra habitación —donde estaba la computadora— porque ya casi todo estaba listo para partir.

Al final, el compañero de Veemon se arrepentía de haberle enviado un mensaje a Taichi diciendole que llegaría tarde…

¡Iba a llegar a tiempo!

Pero como su madre no había acudido a su llamado, había ido a buscarla. Y ahora lo abrazaba. Era necesario decir que estaba estupefacto. La autora de sus días no había sido nunca una mujer especialmente dada a grandes muestras de afecto. Él tampoco.

Antes, cuando era más pequeño y alguien quería abrazarlo, pues… No le gustaba.

Cuando era más pequeño sí, pero a medida que el tiempo pasaba…

¿Qué sucedía con su madre?

—¿Mamá?

Estaba preocupado al ver los ojos brillantes de ella cuando lo miraron. No iba a negarlo.

—Estoy orgullosa de ti, Dai —susurró la mujer, conteniendo el llanto—Muy orgullosa. Has crecido tanto

Daisuke sintió que sus brazos perdían fuerza ante esas sentidas palabras y quedaban inmóviles a ambos lados de su cuerpo.

Su D3 podría haber sido olvidado nuevamente en cualquier sitio de su hogar, y a él no le hubiese importado. Podría haber llegado tarde al encuentro o haber logrado que sus amigos se preocupasen, pero podía evitar sentir que eso era secundario…

Sorprendido, quiso apartarse y ver si todo estaba bien con la autora de sus días pero simplemente, la rodeó con los brazos, devolviendo el sencillo gesto.

Los Motomiya no eran especialmente buenos en las demostraciones de afecto… Al menos, no entre ellos.

Sin embargo, le pareció que eso era perfecto. No necesitaba nada más.

El silencio era suave. No necesitaba palabras que lo llenen, porque era cálido.

Tal vez, solo tal vez, necesitaba tres palabras que lo llenen.

—Te quiero, mamá.

La señora Motomiya sintió que un par de lágrimas huían de la prisión de sus ojos, libres al fin, y trató de retener el torrente que le inundaba las pupilas.

No había motivo para llorar, salvo que su corazón vibraba de la emoción.

Tal vez… quizás, aun podía reducir esa distancia que los separaba. Con Daisuke, con Jun… Con ambos…

Volver a empezar... Romper con las distancias. Todo.

Se apartó ligeramente y le acarició el rostro a su hijo —Yo también, cariño.

Daisuke sonrió ampliamente.

Los holluelos le marcaron las mejillas y la mujer no pudo evitar pensar que tendría que hacer méritos para ver esa sonrisa más seguido en el rostro de su hijo.

—¿No se nos hacia tarde, Daisuke? —renegó Jun, desde alguna parte.

El elegido del valor y de la amistad estaba sonriendo cuando tomó la mano de su progenitora, para guiarla hacia el living.

De alguna forma curiosa, Jun y su padre desaparecieron en cuanto los vieron llegar. Una potente luz azul llenó la sala y luego, se esfumó. La señora Motomiya vio que la pantalla de su computadora tragaba a su esposo y a su hija.

Era algo que sabía que ocurriría, que le habían mostrado y que esperaba ver.

De hecho, sentía que algo se retorcía de nervios en su interior. Estaba realmente ansiosa, no podía negarlo. Por eso había preparado tantos detalles para ese día...

Tenía que hacer que todo fuese perfecto.

—¡Vamos al digimundo! —exclamó Daisuke, con entusiasmo renovado.

No podía sentir miedo. No quería sentirlo y el entusiasmo de su hijo le brindaba fuerzas a ese valor dormido que poseía. Además, si iba con él… Quizás ya no estarían a un mundo de distancia.

Podría ver cosas que desconocía, aprender lo que no sabía y ayudar en lo que podía.

Sonrió alegre, entusiasta, emocionada porque conocería a ese mundo que hizo que su niño creciera, a ese mundo que le mostró el brillo de los ojos de Daisuke y la fuerza de su corazón.

—Sí, vamos.

Porque su hijo le enseñó algo en ese momento, en ese tiempo, en ese instante. Le enseñó que siempre podía aprender a ser mejor.

...


N/A: Este capítulo iba a ser de la familia Kido. De hecho, tenía parte del capítulo escrito pero hoy simplemente me senté frente a una hoja en blanco y empecé a escribir esto. Todo fue tomando forma a medida que escribía así que estoy contenta por eso mismo... Parece que mi bloqueo general se está marchando (mejor no lo repito más) y es que estuve demasiado tiempo sin actualizar mis historias! Las he tenido un poco abandonadas a todas ellas :S

Gracias a HikariCaelum y Relax - Don't do it que me preguntaron por este fic :) Espero que les guste este capítulo!

¿Qué puedo decir de la familia de Daisuke? Quise concentrarme en la relación con Jun pero creo que también quería reinvindicar el vinculo que tenía con sus padres. Recuerdo básicamente un capítulo en el que conversaban con Ken y siempre me dio una extraña sensación cuando hablaban de Daisuke. O eso es lo que me acuerdo...

No sé como se llaman los dos, y no encontré los nombres en ninguna parte así que simplemente son señora y señor Motomiya XD

Hasta la próxima!