Hola, primero que nada, perdón por tardar TANTO en subir el cap. ya empecé en la escuela y caí en depresión por que termine de leer La Cura Mortal (Maze Runner) y pues…los que la hayan leído sabrán el porqué de mi sufrir TT_TT

PERDON! Juro por el diente de león que ya no voy a tardar tanto, lo juro! Bueno, gracias por seguir la historia y aquí esta el otro cap.

Capitulo 7 "Una adolescente enamorada"

Seco con la toalla mi cabello y abrocho los botines que uso cuando no voy de caza. Me trenzo el pelo por un lado y salgo de la habitación.

Bajo las escaleras con impaciencia por salir. No me preocupo por desayunar, él siempre tiene algo de comida en su refrigerador.

Dando zancadas atravieso la Aldea, sin tocar la puerta entro en su casa y me dirijo a su habitación.

Subo las escaleras sigilosamente y me recargo en el marco de la puerta a mirarlo mientras mete su ropa en una bolsa.

Me acerco muy despacio y sin hacer ruido lo abrazo por la espalda. Siento como se sobresalta y se tensa pero al segundo se relaja.

– ¡Casi muero – dice y se voltea para abrazarme – del susto!

Yo le sonrío con el rubor en mis mejillas y se inclina para darme un beso. El acostumbrado beso de los buenos días.

– Te fuiste temprano –

– Si, entre más pronto me vaya más pronto regresaré – dice acariciándome en cabello.

Me quedo mirándolo sin decir nada más. Nada se me ocurre.

– Te prometo que no tardaré – dice

– Lo sé –

Él se separa un poco más y me pregunta – ¿Ya desayunaste? –

– No – respondo ida en sus ojos.

–Ven, vamos a comer algo –

Bajamos tomados de la mano, desayunamos tomados de las manos, no pienso soltarlo en ningún momento. Ayer medité sobre la situación y creo que ahora no me preocupa tanto. Después de todo, solo serán unos días. Planeo pasarme por la panadería, trabajar tanto que al regresar a casa no pueda pensar en nada más que en dormir.

–Entonces, ¿Qué te parece? – me pregunta comiendo el ultimo pedazo de pan.

Me ha estado hablando todo este tiempo y no tengo idea de qué – ¿Mmm? – respondo distraída.

Él solo sonríe y sacude la cabeza – Sabes, técnicamente solo llevábamos un par de días de novios, ahora estamos comprometidos – responde con una sonrisa en el rostro.

– Un par de días es suficiente – respondo con el rubor permanente en mis mejillas.

– Adoro cuando te sonrojas – dice y me pasa el brazo por los hombros acercándome a él.

Si mi cara estaba roja antes de que hiciera eso, ahora debe estar morada. Levanto la cara para mirarlo a los ojos, mi corazón va como una locomotora. Esto es más de lo que merezco y lo sé.

– Te estaba hablando sobre la boda –

Una ola de realidad me golpea en la cara. Me voy a casar.

– ¿Qué hay sobre ella? – respondo con un hilo de voz

Él solo sonríe como diciéndome ingenua – Hay mucho que decidir, ¿te gustaría que fuera pronto? – pregunta.

Entre más rápido mejor – pienso.

– Si – atino a contestar – me gustaría hablar de una vez con mi mamá –

– Entonces, debemos empezar ya –

Yo solo le sonrío porque no sé que más decirle.

– ¿Te parece si cuando regrese empezamos con los preparativos? –

– Me parece grandioso – respondo. Nunca me he sentido tan impaciente.

– ¡Pero miren que tortolos más lindos! – grita Haymitch

– ¿¡Pero que diablos…?! –

– ¿Haymitch de donde saliste? – pregunta Peeta.

– Entre por la puerta, niño – responde tambaleándose hasta la silla.

– Buenos días, Haymitch – digo tratando de hacer notar mi sarcasmo.

– Buenos días, Katniss– responde agarrando un pan.

– ¿Ya estas listo? – pregunta Peeta.

Haymitch le dice que si y ambos se ponen de pie al mismo tiempo.

– Bueno, voy por mis cosas y regreso en un momento –

– Esta bien – responde Haymitch

Ambos salimos de la casa en silencio.

– Esta hora debe ser de madrugada para ti ¿no es cierto? – pregunto burlonamente.

Él suelta una risita sarcástica y responde –Muy graciosa, Katniss y no te contesto solo porque esta resaca me esta matando – se agarra los costados de la cabeza y la inclina para atrás.

– ¿De donde sacas todo ese alcohol? – pregunto atónita. Es increíble que sin importar cuantas veces limpie su casa del alcohol él siempre consigue más.

– Es un secretito – dice casi en un canto.

– En serio, Haymitch, el alcohol te va a acabar – respondo rendida.

Me siento completamente inútil, destrozada ante la idea de no poder hacer nada por él cuando dice – Prefiero que el licor me devore antes que mis demonios lo hagan –

– Ya esta – dice Peeta interrumpiendo el silencio y cerrando la puerta – Vamos –.

Los tres caminamos hacia la estación de trenes. Después de unas semanas que Peeta y yo nos establecimos permanentemente en el Distrito, la gente empezó a reconstruir las vías. Por más que yo intentaba ayudar, todos me hacían a un lado, como si tuviera la peste; después de multiples intentos me di por vencida. Lo más importante era reconstruir las vías, antes que un refugio o el Quemador. En unos meses más, las vías y los trenes estaban en funcionamiento, recibiendo casi a diario personas y cargamentos llenos de comida y medicinas.

Nos sentamos en una banquita de madera de la estación a esperar el tren.

– El tren llega a las 8 – dice Peeta mirando su reloj – y ya son las 8 –

– Que diablos – murmura Haymitch debajo de una almohada que según él, lleva para el viaje.

Me levanto de la banca y camino hacia la orilla de la plataforma. – Ya viene – aviso.

En menos de lo que espere, el tren esta a pocos metros de distancia y Peeta esta a mi izquierda y Haymitch a la suya.

Le entrego una pequeña mochilita que le ayude a cargar y tomo su mano lo más fuerte posible.

– No te preocupes, Kat – dice con una sonrisa en el rostro mirándome a mi y luego al tren.

– Si no te preocupes, Kat– agrega Haymitch con tono burlón.

– No lo haré – respondo devolviéndole la sonrisa.

El tren se para acompañado por un chirrido ensordecedor. Veo la cara torcida de Haymitch y no puedo evitar reír.

– Bueno, nos vemos en un par de días – dice Peeta envolviéndome en un abrazo.

Es un abrazo diferente a los demás, quizá podría decirse "desesperado", aprieto mi pecho contra el suyo, me aferro a su espalda como si fuera a caer al vacío. Él se separa de mi y me da un beso tan largo, lleno de "No te preocupes" y al final un "Te amo". Nos separamos y se acerca a mostrarle los boletos al guardia.

– ¿Qué? ¿No hay besos para mí? – pregunta Haymitch agachándose a la altura de mi rostro.

Y antes de que pudiera quitar la cara, me abalanzo hacia él y le planto un beso en la mejilla. Él solo sonríe y me pone la mano en la cabeza.

– Lo cuidaré por ti, preciosa, no te preocupes – agrega.

– Nos vemos – dice Peeta subiendo al tren. Lo sigue Haymitch y ambos desaparecen en el interior por unos segundos.

Aparecen detrás de una ventana. El guardia grita algo inteligible y sube al tren. Unos segundos más tarde, comienza a andar.

Peeta y yo mantenemos la mirada clavada en el otro.

Veo sus labios diciendo – Te amo

Sonrío y respondo – Te amo más

Él sonríe y dice con la cara volteada hacia atrás y pegada al cristal – Te amo mucho más

Y perdiendo de vista su rostro y en unos segundos más el tren, en un susurro respondo – Yo mucho más –.

Camino de regreso a la Aldea, con los pies a rastras y la mirada perdida. Un par de días sin Peeta es demasiado para mí. Supongo que después de todo, me he vuelto débil. Tantos años luchando por ser fuerte e independiente y en un instante junto a él me vuelvo un lío, cada segundo que paso con él me vuelvo más dependiente. Estoy completamente en sus manos, podría hacer conmigo lo que quisiera por que yo ya no me pertenezco. Es como si fuera una chica enamorada más que espera a su príncipe azul en un balcón, que pasa las noches soñando y el día pensando, todo entorno a él. Todo mi mundo ahora y siempre será de Peeta.

No puedo rendirme ante esta necesidad, por que él ya se volvió una. Ahora acompañando mi necesidad de respirar esta la de tenerlo cerca, siempre cerca de mí.

–Hola –

Levanto la mirada y frente a mí esta un muchacho pálido con una sonrisa patética en el rostro.

– Hola – respondo

– ¿Cómo estas? – pregunta.

Dudo unos segundos – Bien – contesto tajantemente. Mi intención no era sonar grosera, es solo que no estoy de humor para parlotear con alguien.

– Que bueno, eh, mmm, ¿me recuerdas? Soy –

Claro que te recuerdo – pienso

– Te recuerdo Tomas – interrumpo

Él suelta una risita nerviosa y guarda silencio.

– ¿El señor Mellark ya partió? – pregunta

– Si, hace unos minutos –

– Oh – susurra – ¿Quieres venir a la panadería? –

Yo dudo unos segundos – Bueno – respondo

Él sonríe con una mueca indescifrable y me volteo para cambiar de rumbo y ponerme a su lado.

La verdad la idea de estar en la panadería no me emociona pero con tal de distraerme iría hasta a ayudar a Sae.

– Señorita Everdeen ¿cómo esta? – me saluda Jimmy animadamente

– Bien, gracias – respondo

– Es un gusto tenerla por aquí – dice con una enorme sonrisa. Si esta fingiendo, realmente lo hace muy bien.

– Gracias – digo con timidez. Me intimida tanta ceremonia, tanto acogimiento. – Bueno si necesita ayuda en algo solo dígamelo, con confianza – continua.

– Si, lo haré – respondo, no sé que más decir, así que suelto lo primero que se me ocurre – ¿Me enseñas a hacer un pastel? –

Él me mira sorprendido pero a la vez emocionado – ¡Pero claro! Sería un placer – dice con una sonrisa aún más grande. Le devuelvo la sonrisa y lo sigo hasta la cocina dejando atrás a Tomas que inmediatamente nos sigue.

– Entonces, ¿le gusta la cocina? – me pregunta.

– ¿Cómo? – pregunto dudando a que se refería.

Él suelta una risita y pregunta – ¿Qué si le gusta cocinar? –

– No – respondo carente de expresión – pero igual lo hago –

Él vuelve a reír como si yo fuera graciosa – Bueno, verá como hacer pasteles es muy fácil – dice.

Simplemente me quedo en silencio colocándome apoyada en una mesa.

– ¿No Tomas? – continua. Este se sorprende y le devuelve la mirada a su compañero como si se hubiera perdido de toda la conversación viendo no sé qué.

– Si – responde perdido.

Jimmy sacude la cabeza y sonríe – Bueno, lo primero que tiene que hacer es poner la harina en un tazón dependiendo de las proporciones del pastel – dice y suelta un gruñido al poner en la mesa un saco de harina.

– Le pondremos dos tazas ¿si? – continua – luego en un tazón aparte se bate huevos – dice.

Se ve sumamente concentrado, pongo más atención en cómo lo dice que en lo que dice. Me recuerda a Peeta, toda su expresión corporal me lo recuerda. Me llego a cuestionar por qué estoy haciendo esto, por qué pedirle ayuda a Jimmy para hacer un pastel en vez de pedírsela a…mi futuro esposo. Siento como el rubor me cubre las mejillas y agacho la cabeza para evitar que alguno me vea.

Esto será como una sorpresa. Voy a saber hacer pasteles para cuando Peeta regrese y así, hacerle un obsequio.

Deben haber pasado unas 3 horas –quizá más– pero enfrente de mi esta el más desperfecto e incomible pastel que se haya horneado en la panadería Mellark. Jimmy y Tomas me dicen que no esta mal y que se mueren por probarlo de una vez pero para mi solo significa una cosa. Fracaso. Después de otra hora decorándolo, por fin, "mi pastel" esta listo. Tomo un tenedor y arranco un pedacito, sin pensarlo mucho me lo paso de un bocado.

Todos los empleados alcanzan rebanada mientras lo comemos en nuestro descanso improvisado lo único que puedo pensar es "Le faltó leche".

Después de prometernos mutuamente que no diríamos nada a Peeta, me colocó detrás del mostrador con la cara entre las manos y suelto un suspiro.

– ¿Y bien? – me pregunta Tomas

– ¿Qué? –

– ¿Cómo te la estas pasando? –

– Bien – respondo tajantemente

– Me alegra – continua el muchachito.

Así me paso la tarde, hablando con Tomas a medias. Él siempre es el que inicia la conversación, sorprendentemente. Los únicos temas que tocamos son sobre el trabajo, me explica hasta que punto se baten los huevos para el glaseado, etc. etc.

En determinado momento me pongo a examinar la panadería. Esta tan nueva, tan limpia a pesar de que las personas entran y salen. Las paredes y el piso de madera están relucientes. Al igual que el mostrador. Todo esta hecho de madera, a excepción de las bandejas donde se pone el pan.

El sueño empieza a recaer en mi, mi boca se va abriendo lentamente por el aburrimiento, todo es mejor cuando Peeta esta aquí.

¿Qué hago? – me pregunto a mi misma.

Se me ilumina la cabeza de golpe. Me quito el mandil que me habían dado en contra de mi voluntad y me dirijo a la cocina. La temperatura realmente cambia, deben de estar a unos 40° debido al calor del horno. Jimmy solo trae una camiseta de tirantes, al igual que los otros tres panaderos. Me acerco a él e inmediatamente interrumpe su tarea para depositar toda su atención en mí, cosa que no puede dejar de incomodarme.

– Ya me voy – digo en un susurro lo que solo hace que Jimmy se acerque más a mí.

– Oh ¿pero por qué? – responde angustiado

– Es que veo que no necesitan más de mi ayuda y, es que quiero, bueno – tartamudeo – tengo algo que hacer.

– Esta bien, no se preocupe, esperamos verla por aquí pronto – responde dándome una sonrisa que yo intento igualar sin éxito.

– Gracias – le digo aun bajito.

El solo asiente. Salgo de la panadería como si huyera y me dirijo a las construcciones de la nueva farmacia del Distrito. Como las vías ya estaban obviamente reconstruidas, lo siguiente era un refugio con una farmacia. Según lo que Sae llegaba diciendo a mi casa era que el 12 sería un Distrito farmacéutico ya que, sin las minas no había nada más que supiéramos hacer. Sae dijo algo que yo interprete como que haríamos las medicinas básicas y las distribuiríamos a los demás Distritos.

El 12 y el 1, a diferencia de los demás Distritos, cambiarían de "trabajo". El 1 se encargaría de proveer varios tipos de alimentos y el 12 medicinas. Todo en conjunto se distribuiría equitativamente en todo Panem para evitar escases.

– Hola – saludo a Jason, un chico un poco mayor que yo, con músculos en los brazos pero aun así de complexión delgada.

Deja un saco de cemento y se voltea hacia mí secando el sudor de su frente aperlada. – Hey, Katniss, ¿Cómo estas? – me pregunta estirándose un poco.

– Bien, ¿y tú? – pregunto con una sonrisa amistosa en el rostro

– Pues aquí, poniéndole esfuerzo – dice

– Si, se esta levantando muy rápido –

Él solo asiente y me pregunta – ¿Y Peeta? – un poco confundido

Yo guardo silencio unos segundos mirando al piso – Salió del Distrito –

– Oh, ya veo – responde y se agacha nuevamente para agarrar ahora dos sacos de cemento pero antes de que pueda levantar el segundo yo me abalanzo sobre el costal. Lo pongo en mi hombro y digo – ¿A dónde los llevas? –

– Se los voy a llevar a los constructores de por allá, pero esta bien, yo puedo – dice abriendo y cerrando la mano para que le de el saco.

– Quiero ayudar – respondo

– No, te preocupes, estamos completos de personal, además si te llegarás a lastimar Peeta me golpearía y debo admitir que ese muchacho si me da miedo –

¿Desde cuándo me tratan como si fuera una jovencita debilucha? Soy igual de fuerte que todos ellos, quizá hasta más. Siento la furia en mi estómago y sin contestar me dirijo a los constructores indignada.

– Katniss, esta pesado, te vas a lastimar – reniega Jason detrás de mí. Todos voltean a vernos cosa que hace que me ponga más roja aun.

– ¡Katniss! – grita Jason

Me giro bruscamente encarándolo, fulminándolo con la mirada tratando de transmitirle todo mi enojo. Me hace parecer débil ante todos diciéndome que lo baje, diciéndome que no soy lo suficientemente fuerte para cargar un costal de 50 kilos.

– ¿Acaso estas tratando de decirme que soy débil? – escupo estas palabras.

– No, yo…– dice pero lo interrumpo – ¡Pero nada! Mejor cállate ¿si? – respondo.

– Katniss, yo sé que eres fuerte, más que todos nosotros –dice levantando la mano libre para abarcar todo su alrededor – pero no hay necesidad de que te esfuerces –

Yo simplemente no respondo, nos quedamos mirándonos el uno al otro. Después de un rato me giro, alcanzo a escuchar a Jason gritarme algo pero igual lo hizo tarde, fue – ¡Katniss, los escombros! –.

Siento como el ardor se extiende de mi mejilla a la sien y un reconocible calor derritiéndose debajo de mi ceja. Las piedras se entierran en mi brazo y mano retorcida. El característico sabor de la tierra entrando en mi boca. Unas manos me sujetan de la cintura y me ponen de pie en un parpadeo.

– ¡Aaaaaggg! – aúllo con un punzante dolor en mi tobillo, posiblemente roto

Seguido por calor y un escalofrío en mi espalda – ¡Idiota! – grito

Jason pone una cara torcida – ¿El pie? – pregunta

– ¡No se! – digo enojada por el dolor

Sin mucho esfuerzo Jason pasa su brazo detrás de mis rodillas y me levanta de un

tirón haciendo que suelte otro gruñido por el dolor.

Me lleva a uno lugar un poco alejado de los demás y me sienta en una piedra.

Me aprieto las rodillas con las manos aferrándome al pantalón y entrecierro los

ojos mirando hacia otro lugar. Siento el calor derretirse hasta mi mejilla y lo limpio

con los dedos arrastrándolo a mi cabello, luego lo miro. Rojo. La sangre sale

debajo de mi ceja y al limpiarla con la mano, el pómulo derecho me arde.

– Tienes sucias las manos, te vas a infectar – dice Jason levantando un poco mi

pantalón.

Tiemblo cuando me quita la bota. No es lo más doloroso que haya experimentado pero de todos modos duele.

– Ay Kat – susurra examinando mi tobillo.

– ¿Qué? – respondo

Él mira mi tobillo y luego me mira a mí de forma perturbada. – No mires – me dice

– ¿Por qué? – exijo saber.

– ¡No mires! – exclama

Me obligo a no hacerlo porque sé que no me traería nada bueno.

– Te voy a llevar a tu casa – dice y yo asiento.

Nos quedamos en silencio por un momento y cuando voy a decir algo él me interrumpe – Tienes una sombra, ¿eh? –

Una presión se ejerce en mi corazón seguido por un vacío que me hace temblar y el dolor de mi pecho sobrepasa al de la cara y el tobillo. Aprieto la mandíbula temiendo que empiece a castañear. Los ojos me arden y aprieto más las manos en las rodillas sin poder parar la ráfaga de espasmos que pasan por mi espalda.

Sé que no debo de pensar en eso, y ahora menos que no esta Peeta conmigo pero mi mente no es tan fuerte como los recuerdos. Se acabaron las noches sin pesadillas, eso lo puedo asegurar.

Giro la cabeza con pesadez hacia atrás y veo la silueta de un muchacho, flacucho y encorvado. Tomas.

Giro los ojos volteando con Jason – ¿Admirador secreto? – me pregunta

– ¡Que va! – Exclamo – Solo es un empleado de la panadería que no sé qué se trae –

Jason sonríe y se pone de pie – Voy a avisar que voy a estar contigo – dice.

Le digo que si y él se va con los demás.

Espero mi inminente encuentro con Tomas, pero la esperanza de que no se acerque no se va, que no venga, que no venga, que no venga.

Pero la suerte nunca ha estado de mi lado.

– ¡Katniss! – exclama acercándose a mi

Joder

No respondo y no volteo a verlo, definitivamente no estoy de humor para hablar de nuevo con Tomas.

– ¿Qué ha pasado? – pregunta preocupado

Yo no respondo ya que la obviedad de la respuesta lo hace quedar como tonto.

– ¿Estas bien? – pregunta

¿Podría ser más estúpido? – me pregunto y no respondo

– ¿Qué puedo hacer? – pregunta de nuevo

– Estoy bien, Tomas, no te preocupes – respondo tajantemente

– Enserio – continua – ¿en qué te puedo ayudar? ¿quieres que te lleve a casa? –

Tengo que apretar los labios y la mandíbula para no soltar una risotada. La pura imagen de Tomas intentando cargarme me mata de risa.

Yo sacudo la cabeza y antes de que pueda volver a decir una tontería Jason llega corriendo – Ya esta – me dice, asiento y me armo de valor para impulsarme hacia adelante pero este me detiene – ¿Qué te pasa? A ver – exclama con quizá un poco de fastidio en su voz.

– ¿La vas a llevar a su casa? – pregunta Tomas con el tono inseguro apoderándose de él

– ¿Qué es lo que parece, niño? – responde Jason realmente fastidiado

Pasa su brazo por debajo de mis piernas y me aferro a su cuello como lo hago con Peeta. Me levanta sin mucho esfuerzo y empezamos nuestro camino a la Aldea con Tomas siguiéndonos como un perro callejero.

– Me desespera ese muchacho – susurra Jason

Yo suelto una risita de complicidad y sacudo la cabeza. Siento las miradas de todos clavándose en nosotros, y ¿cómo no? Peeta se fue hoy y yo en los brazos y pescada del cuello de un muchacho nuevo. Creo que nunca dejaré de ser la comidilla del Distrito.

Llegamos a la Aldea de los Vencedores y el paso de Jason y Tomas disminuye notablemente, puedo ver en su rostro la admiración, la boca abierta y la mirada perdida y maravillada.

Nadie en el Distrito, a excepción de nosotros claro, había entrado en la Aldea, estuvo en discusión asignarle una casa a cada tres familias pero ningún habitante quiso tener nada que ver con esas casonas debido a lo que representaban.

– ¿Cuál? – pregunta Jason sin dejar de recorrer las mansiones con detenimiento.

– Esa – señalo

Avanzamos hasta ella – Hey, niño, sirve de algo y abre la puerta – dice.

Le di la llave y al entrar pude notar una exclamación de sorpresa proveniente de Jason, sus ojos desorbitados examinan con detenimiento y admiración el interior de mi casa al cual yo ya estoy acostumbrada.

– ¡Wow! ¿Todo para ti? Que desperdicio – dice Jason

– Cállate y llévame allá arriba –

– ¡Oh Katniss! Sé que soy hermoso pero jamás pensé que quisieras llevarme tan pronto a tu habitación –

Suelto una risotada y le pego en la mejilla suavemente y con él rabillo del ojo puedo ver el rubor en la cara de Tomas. Jason sube las escaleras conmigo en brazos seguido por Tomas, me coloca en la cama y dice – Estas hecha un desastre –

– Así me siento – respondo

– Pero te dije… –

– Ya se, ya se, mejor alcánzame un trapo – interrumpo

– No, voy a traer a un doctor o mejor una doctora para que te ayude a bañarte –

– No necesito un doctor, estoy bien, creo que ya puedo ponerme de pie, solo fue el golpe – digo. Al momento de tratar de apoyar el pie, Jason grita – ¡No! – pero se ve inundado por mi grito de dolor.

– ¡Katniss! no se te rompió el tobillo, se…te salió– dice Jason con las palabras ahogadas en preocupación y dolor.

Mi corazón empieza a salir de mi pecho, en algún momento me va a explotar. Mis ojos se desorbitan. ¿Cómo se me va a salir el tobillo? Me da miedo mirar, pero aun así lo hago.

Un rio de sangre mancha mis colchas, tengo el pantalón levantado hasta la rodilla pero toda mi pantorrilla esta manchada de sangre. El estomago se me revuelve ante esta imagen, ver mi propia sangre me da mas miedo que verla en otra persona. Una pinta fina y redonda y blanca se asoma por entre la sangre. Siento nublada la vista y me agarro la cabeza. ¿Qué diablos hice?

– ¡Oh, dios! – susurro

– Te dije que no miraras – responde Jason, lo fulmino con la mirada pero no puedo concentrarme en sostenerla con esa imagen de mi tobillo en la cabeza.

– Tengo que ir por un médico – dice girándose

– ¡No! estoy bien, mejor llama a Sae – objeto

– ¡Katniss, por dios! ¡Se te salió el jodido hueso y no quieres que llame a un médico! ¿Sabes qué? Me importa un comino lo que quieras, no quiero que mueras desangrada –

Me quedo mirándolo en silencio, aterrada ante la palabra "desangrada". Ver a un médico es lo que menos quiero en esta vida, pero sé que Peeta se enojará mucho si se entera de esto y decepcionarlo va antes que ver a un doctor en mi lista de cosas por no hacer. Me siento débil ante la idea de no poder curarme yo misma, nunca lo hice, pero nadie aparte de mi madre o…, nunca nadie más lo hizo.

Pensarlo me hace daño, haber ignorado a Jason es un error totalmente fatal y si no muero desangrada, las pesadillas me comerán viva. Estoy segura de eso, y lo odio. Odio a Jason por no haberme gritado antes y me odio por ser tan estúpida.

– No te…no – digo tirando a la basura todo intento por ser fuerte y volviendo a ser débil, le digo – no te vayas…

Me mira con gesto duro pero preocupado – Hey tú, pequeña carpa, ¿puedes correr? – pregunta duramente a Tomas.

Él se sobresalta y dice a duras penas – No soy muy rápido –

Jason suelta un bufido – Bueno, yo voy por un médico, ¿crees que puedas cuidarla? – pregunta

Su pregunta me hizo sentir aun más estúpida, me volvió débil ante los ojos de Tomas, pero inmovilizada en la cama con un rio de sangre no puedo objetar nada.

– Si, si puedo – responde con un poco más valor en sus ojos.

– Bien, ya vuelvo – dice y se da la vuelta.

– ¡No tardes! – grito invadida por el dolor aferrándome a las sabanas y sacando las palabras del estómago.

Hay dos razones por las cuales no quiero que Jason tarde. Primera, no puedo aguantar el dolor; segunda, no quiero estar sola con Tomas. No es que tenga algo en contra de él, pero este momento su presencia mi irrita. Es como un perro callejero que te sigue a todas partes, al principio es lastimoso, luego irritante.

Tomas es un perro callejero.

Nos quedamos en un silencio incomodo pero mi dolor le quita importancia a la situación. ¿Cómo pude meterme en esto? Peeta me deja por unas horas y termino con un hueso de fuera, literalmente. No puedo completar las palabras en mi cabeza, siento un dolor punzante en el tobillo, más que otras veces que me roto una pierna por caer de algún árbol. No, ahora se me salió el hueso, tengo la piel y el musculo desgarrados. Me aferro a las sabanas tratando de no llorar, el dolor sube por mi pierna, por mi espalda y desemboca en mi cabeza y estómago. No puedo pensar en otra cosa que no sea "Mátenme, por que si no Peeta lo hará" ¿Cómo es posible? Me odio por ser tan idiota. Los dientes me duelen por tanto apretarlos, los puños se me están poniendo amarillos, no puedo con el dolor, ¿Por qué no simplemente me desmayo? ¿Por qué mi cuerpo no hace nada para contrarrestarlo? Ya no puedo aguantar más, las lágrimas corren desenfrenadamente por mis mejillas y ya no las puedo contener.

– ¿Katniss, eeh…–tartamudea – qué te puedo traer?

Ruedo los ojos y lo miro con frialdad. – Un trapo, me esta saliendo toda la sangre de la pierna y la cabeza–

– Esta bien – responde y se mete en el baño.

Diablos – pienso. En mi baño hay ropa de Peeta en el cesto de la ropa sucia. Pero de todos modos me da igual.

– Pónmela en la pierna, rápido – le ordeno cuando regresa con tres secadores.

Él lo hace y suelto un grito desgarrador que hace que Tomas se retire

–¡No te quites! ¡Has presión, me estoy desangrando! – le grito salvajemente

Él no responde nada y vuelve a su labor. Pobre, pero nunca le dije que me siguiera.

¿Dónde esta Jason? Cada segundo se alarga infinitamente y en cada minuto pierdo más y más sangre. Así es como voy a morir. En mi casa, con un muchacho que no supo contener una hemorragia, sin Peeta. Peeta, si tan solo pudiera escuchar su voz sabría que todo va a estar bien, me haría la fuerte aunque sea solo para aparentar. Quiero que este junto a mi para poder fingir que soy fuerte y que no se preocupe y cuando me abrace poder derretirme débilmente en sus brazos. Peeta…cuanto te amo.

Veo su sonrisa muy a lo lejos en mi cabeza. Mi cabeza es infinita, se aleja cada vez más y yo lucho por seguirla. El sueño se apodera poco a poco de mí, seguido por un miedo incesante al que no puedo responder.

– No dejes que me quede dormida, dime algo – digo con un hilo de voz

– Eeeh, si – tartamudea – Un día estaba en la cocina, el señor Mellark no estaba – Sr. Mellark, amo cuando le dicen así – y pues, Jimmy se distrajo por coquetearle a una chica y su pan se quemó – dijo

Enserio? – me pregunto a mi misma decepcionada

– Cuéntame otra cosa –

– No sé que más –

Suelto un bufido – ¿Cuántos años tienes? –

Él se sorprende y tartamudea – 15, pronto cumpliré los 16 –

– Es un niño – pienso. Pero al ver su cara enrojecida me doy cuenta de que lo susurre.

– ¿Con quien vives? – pregunto

– Con mi madre –

Nos quedamos en silencio porque no sé que más preguntarle.

– ¿Cuál es tu color favorito? –

El duda unos segundos – No lo sé – responde – ¿Te puedo preguntar algo yo? –

– Depende – digo fríamente

– ¿De qué? –

– De qué me vas a preguntar –

– De Jason –

– Pregunta – respondo

– ¿Cómo lo conociste? –

Lo miro fijamente tratando de recordar. Recuerdo ese preciso instante en que lo conocí. Fue el año pasado, en verano como ahora. Peeta aún no estaba completamente cuerdo, pasábamos el tiempo juntos, pero no "juntos" en ese aspecto; perfeccionábamos "El libro" como solemos llamarlo. Usábamos el juego de "Real y no real" pero no en broma como ahora lo hacemos.

Fue en la mañana cuando salí a revisar las trapas que había puesto el día anterior. Una estaba alterada, cortaron la soga y se llevaron la presa, cosa que me molesto muchísimo. Cuando fui al Quemador, que aún no estaba completamente reconstruido pero ya empezaba a dar signos de avance, vi a un muchacho alto, delgado y de cabello oscuro ondulado, pero lo que me atrajo de él no fue su cara, fue que en la mano sujetaba mi presa. Tenía en el cuello marcas de asfixia, como las que yo llevaba.

– Robaste mi ardilla – exclamé a sus espaldas observándolo con ojos de fiera.

Él se dio la vuelta y dijo – Miren lo que tenemos aquí, la chica de fuego –

Su expresión y el hecho de que dijera "La chica de fuego" me hizo reír, cosa que nunca pasaba en esas épocas.

– Esa es mi ardilla – insistí

– No ve tu nombre escrito en ella – dijo

– Tiene el nombre en las marcas del cuello –

Nos quedamos en silencio sin quitar la mirada del otro.

– ¿Es tan mal que venda una de tus ardillas para ganar un poco de dinero? – dijo él.

Eso tiro mi argumento al suelo. Me di cuenta de cuan obstinada había sido. Tenía dinero por montones y aun así peleaba por una simple ardilla.

Me di la vuelta, puse las ardillas en una mesa y me fui.

Lo esperé en la entrada, quería pedirle perdón por más que me diera vergüenza, pero ese día no lo volví a ver. Le digo a Tomas que robo una de mis ardillas y eso fue todo.

Oigo las pisadas provenientes de la escalera y corazón da un vuelco de alivio.

– ¡Katniss, traje a la doctora! – dice entrando a la habitación. Lo sigue una mujer de unos 30 y algo, con un maletín grande y ojos desorbitados.

– Quítate muchacho – ordena Jason. Tomas lo hace.

– ¡No puede ser! – dice la mujer tirándose en la cama y escarbando en su maletín.

– ¿Es muy grave? – pregunto con un hilo de voz

– Es una fractura expuesta – dice poniendo gasas en la herida – claro que es grave.

Mi cara se descompone, por el dolor y la preocupación.

– A ver, tengo que quitarte el pantalón – dice y empieza a tirar de el.

Mi cara se sonroja y volteo a mirar a Jason. – Ya nos vamos – avisa él.

– No, necesito que me ayuden a cargarla, si no te limpio esto, se te va a infectar –

¿En que me metí?

Volteo de nuevo a ver a Jason y el me mira preocupado, señalo con los ojos a Tomas deseando que entienda mi indirecta. Que Jason me vea en ropa interior es una cosa pero Tomas…

– Sal de aquí, muchacho – ordena. Él lo mira con ojos de perrito triste y sale de la habitación.

Me empiezo a quitar el pantalón entre gritos de dolor. La doctora se deshace de mis botines y calcetas.

– ¿Cómo te hiciste esto? – pregunta la doctora.

– Me caí – respondo en un susurro

– ¿De donde? – pregunta preocupada

– Su pie se atoró en unos escombros y se dobló – contesta Jason

La doctora se rasca la nuca y se me te al baño. Escucho la llave girar y el agua correr por la tina. La mujer regresa.

– ¿Qué me va a pasar? – pregunto sin preocuparme que tan temblorosa se oye mi voz.

– Llévala a la tina – ordena la doctora.

Jason me carga como la vez anterior, me lleva al baño y me deposita delicadamente en la tina. Cuando en agua choca con mi piel, dejo escapar un grito desgarrador que inunda el baño y una cara torcida aparece en Jason. La doctora aparece y se arrodilla frente a la tina. Toma mi tobillo roto y cuidadosamente lo pone en el borde para que no le caiga el agua, cosa que agradezco profundamente. De su maletín que esta junto a ella, saca más gasas y empieza a limpiar la herida. Aprieto los puños y los dientes lo más que puedo para no soltar otro grito, pero cada vez que pasa el pedazo de tela sobre mi herida una oleada de dolor recorre mi espina dorsal y me atormenta hasta el último hueso. Cada rozadura es un martirio, cada movimiento es una tortura enorme.

– Katniss, piensa en cosas bonitas –

Volteo a ver a Jason y este pone una cara descompuesta al verme. Apuesto a que mi pánico es mas que evidente.

– ¿Por qué? – pregunto a la doctora con la voz temblorosa.

Jason se arrodilla junto a mi y se aferra a mi mano tratando de darme consuelo.

La doctora me mira fijamente y con el sudor cubriendo su frente dice – Por que ahora voy a acomodarte el hueso–

Esa Katniss es toda una loquilla…xD pobre. Se vuelve loquita sin Peeta :3

Comenten que les pareció el cap. si se lo esperaban o no, que piensa de su boda, de Jason :3 bla bla bla…

Gracias por sus comentarios :3

Jaula Jaula Jaula…ok no .-.