Estos mis queridos lectores significa que los mayas tenían razón, es el fin del mundo, porque esto SI es una actualización.

Dejando el dramatismo de un lado, yo se que dure mucho, y desgraciadamente mi única excusa es que me quede metida en otros fandoms por demasiado tiempo. Por dicha mi gran lector Andy Black Riddle me saco de ello con su mensaje, así que le voy a dedicar este capítulo.

Espero que disfruten, en lo personal me encanta este capítulo.


Capitulo 7. Enfrentando miedos.

Oh, la belleza de sonreír. Una sonrisa debía de ser una señal de alegría, de emoción, hasta de amor quizá. Es la expresión del ser humano que denota felicidad y en algunos casos resignación.

Pero estas reglas no se le aplicaban a la forma malvada en la que esos finos labios se curvaban en ese momento.

Jennifer nunca había tenido tanto miedo en su vida. Su respiración agitada era una señal de esto, no había forma alguna de que él no lo notara. Estaban separados por meros centímetros. Cuando de repente su firme voz susurro en su oído, haciéndola temblar.

-La única razón por la que estas viva es porque tal vez me seas útil. Pero no crea que no puedo cambiar de opinión sino se comporta señorita Astra. ¿He sido claro?

Jennifer asintió levemente, mientras miraba el brillo letal en los ojos del muchacho. Era como si él estuviera esperando que lo retara.

Jennifer suspiro en la esencia de él. Por más que lo detestara debía de admitir que olía exquisito. El era la imagen del hombre perfecto. Una máscara que escondía en lo profundo a un horrible monstruo.

De repente sintió un terrible dolor atravesar su cabeza, nunca había sentido algo parecido. Era como si alguien intentara abrir su alma y examinará todos sus rincones. Imágenes comenzaron a pasar en frente de ella. Ya no se encontraba en la habitación del muchacho.

Ahí estaba Jennifer de niña, leyéndole un cuento a su hermano en su vieja casa. Su padre llorando sobre una fotografía de su madre mientras Jenn lo observaba. Después ella misma llorando en su cumpleaños por una carta de su mama. Todos sus compañeros burlándose en su cara en la sala común. Y por último el sueño que ella había tenido aquella noche. Esta memoria duro más que cualquiera de las otras. Pero era diferente como si él la estuviera cambiando. Jenn observó como la boca del muchacho se acercaba peligrosamente a la de ella y con horror vio como se besaban, a diferencia del sueño original.

-¡Ya basta!- exclamo la chica sin poder mirar más y con todas sus fuerzas empujo al muchacho enfrente de ella. El dolor había parado pero no la angustia, sentía como si le hubieran violado el alma, todos sus más oscuros recuerdos ahora los sabía él.

Jennifer cayó de rodillas y sin darse cuenta comenzó a llorar silenciosamente. Toda la situación era demasiado abrumadora, inclusive para ella. Lo único que quería era poder salir corriendo, de ese lugar, del orfanato, de su vida. Deseaba poder ser normal solo por un momento, aunque eso significara vivir sin magia.

-Interesante…muy interesante.- Jenn lo oyó comentar entre sus propios sollozos. Ella observo como los pies del chico se acercaban adonde ella estaba tirada. -Levántate Jennifer.

Jenn lo ignoro mientras se limpiaba sus lágrimas con la manga. Estaba avergonzada de mostrarle a él, de todas las personas, lo débil que era en realidad.

-Dije que te levantes.- volvió a repetir esta vez con su tono mortal. Jennifer suspiro con gravedad, intentando recuperar su aliento, y se levanto de en silencio. Pero sus ojos nunca dejaron el frio piso de madera. No se atrevía a mirarlo.

Sintió como una mano la tomaba de su antebrazo, esta vez sin fuerza alguna. Jennifer contuvo el aliento cuando esta empezó a subir delicadamente, trazando una línea desde su brazo hasta su cuello y deteniéndose justamente arriba de su garganta.

-Tal vez el miedo no sea la única forma de controlar a alguien.- él susurro acercándose cada vez más a ella. -Mírame… Quiero que me mires Astra.

Los ojos azules de la chica se encontraron con los oscuros de él. La cara de Riddle carecía de emoción alguna, era como mirar un retrato del siglo pasado.

-A pesar de lo que creas tú y yo no somos tan diferentes. Estas sola en este mundo, al igual que yo. Tu padre era un idiota que nunca aprendió a valorar a sus hijos, y vives en un orfanato frio e impersonal en el que a nadie le importas. Tienes el potencial para ser más grande de lo que todos opinan. La pregunta es Astra ¿qué tanto estas dispuesta a sacrificar para lograrlo?

Jennifer sintió los dedos de Riddle posarse sobre su boca, acariciándola levemente. ¿Acaso intentaba seducirla? ¿Qué quería de ella?

-Sé lo que sientes y sé lo que piensas. Puedo ver tu confusión, y las ganas de obtener el poder… yo puedo darte ese poder.

Jenn lo miro fríamente a los ojos. Si, podría ser que sus tácticas funcionaran hasta cierto punto, podría ser que sus manos acariciando su piel le produjeran escalofríos, podría ser que su voz le pusiera los pelos de punta, y podría ser que ella si quisiera tener un poco de poder por una vez en su vida…pero no al precio que él le estaba ofreciendo. Ella jamás iba a ceder, y menos tan fácilmente.

-Tú no sabes nada.- le respondió con una frialdad que no sabía que poseía, mientras se alejaba lentamente de su caricia.

Sin dejar que él respondiera, Jenn abrió la puerta y salió sin siquiera dirigirle una mirada. Sabía que lo que había hecho le podría costar su vida, pero también sabía que era lo correcto.

Tal vez estuviera loca, pero ella no iba a hacer ningún trato con la serpiente. Iba a ser más fuerte que Eva, aunque no volviera a ver el sol amanecer.

XXXX

La noche cayó con más rapidez de la que Jennifer hubiera esperado. Había pasado el resto del día encerrada en su alcoba, intentando evadir a ambos muchachos a toda costa. Sorpresivamente Riddle no había decidido ir torturarle por su pequeño momento de valentía, de eso Jennifer no se podía quejar.

Lo odiaba demasiado en ese momento. Él la había humillado y había intentado aprovecharse del efecto que poseía sobre ella. Era algo tan estúpido. Jenn no quería sentirse atraída por alguien tan repudiable como ese imbécil arrogante, pero su cuerpo al parecer pensaba diferente.

Jenn enterró su cabeza entre las almohadas de su cama, como hacía cada vez que el muchacho aparecía en sus pensamientos. Estaba empezado a perder la paciencia con ella misma.

Por horas se dedico a escuchar la fuerte lluvia caer. Hasta que un ruido la asusto. Sabía que estaba sola en la casa. Rafe y Riddle habían salido horas atrás sin decir nada. Jenn no se había molestado en intentar escapar, estaba segura de que Riddle no era "tan" idiota como para no poner ningún hechizo.

Agarrando todo su coraje, Jenn se levanto de su cama y cogió su varita que descansaba en la mesa de noche. Suspirando abrió la puerta para encontrarse con el oscuro pasadizo. Era imposible distinguir algo, no había una luna visible esa noche en el cielo. La única luz provenía de los relámpagos que azotaban el cielo a cada momento.

-Lumus.- susurro Jenn al prender la luz de su varita. Bajo por las escaleras hasta que oyó unas voces que discutían afuera.

Se acerco a la ventana, pero lo único que logro ver fueron siete sombras en el umbral de la puerta era difícil distinguirles con la oscuridad y con la lluvia que golpeaba contra la ventana.

-¡Nada de eso hubiera pasado si no te hubieras metido en mi camino Rookwood!- Jenn escucho una fuerte vos gritar encorecida. No pertenecía a nadie que conociera.

-¡Callate Lestrage! ¡Si por una vez dejaras de hablar mierdas, tal vez Wilkes estuviera vivo!

-Ya basta los dos.- Jenn suspiro asustada a oír el tono mortal que solo podría pertenecer a Tom. Se alejo de la ventana e intento volver a su cuarto sin ser notada cuando de repente la puerta se abrió de par en par y justo al caer un rayo. Igual que una película de terror.

Ese era quizá el grupo más atemorizante que Jenn había visto en toda su corta vida. Por supuesto que estaba liderado por Riddle, y Rafe le seguía detrás; pero sin contarlos a ellos dos, Jenn no tenía idea de quien eran los demás.

Los cinco sujetos eran viejos, y con caras demacradas. Dos poseían un cierto parecido con Rafe, Jennifer supuso que esos era los otros Lestrange. El más alto de ellos tenía el pelo castaño claro que le llegaba a los hombros y facciones puntiagudas. El otro desconocido era pequeño y con cabello negro que le salía salvajemente tanto de su cabeza como de su barbilla.

Y por supuesto estaba la mujer, cuya cara se le hacía extremadamente familiar. Se movía como un gato salvaje, y sus ojos negros como el carbón penetraban a Jennifer con odio y furia.

-Ella es Jennifer.- dijo Tom con indiferencia mientras entraba a la casa sacudiendo su mojado cabello. Era la primera vez que Jenn lo veía de esa manera, despeina, sucio y mojado. Parecía casi un humano normal.- Tiene la tendencia a escuchar conversaciones que no le incumben. Vamos, entren de una vez a menos de que prefieran quedarse ahí toda la noche.

Jennifer observo como el grupo entraba a la mansión. El más alto de ellos fue el único que se detuvo frente a ella.

-¿Jennifer eh? Yo soy Augustus Rookwood señorita.- se presento extendiendo la mano, la cual Jennifer sacudió extrañada. En ese momento sintió como si un alguien hubiera encendido un interruptor en su cabeza. El plan de Tom de ir a Azkaban, el nombre de Rookwood en aquel viejo articulo del profeta, el cuartel en el que estaban, la cara de quien ahora sabía pertenecía a Bellatrix Lestrage, la historia de la señora Cole, los ataques al colegio. Potter y sus amigos…

Era como un gran rompecabezas que ella acaba de armar, y que preferiría poder olvidar.

¡Estas personas eran mortifagos! Liberados de Azkaban por su amo… liberados por Tom.

Jennifer soltó rápidamente la mano de Rookwood como si esta estuviera en llamas. La cabeza le dada vueltas y tenía unas inmensas ganas de vomitar. Adentro de si ella siempre había sabido todo desde un principio, pero no lo había querido aceptar.

Todo era tan claro ahora.

Sintió de repente como una mano le sujetaba el hombro con firmeza.

-¿Ahora qué sucede contigo, Astra?- Jenn miro horrorizada como Riddle le preguntaba con enojo y sin pensarlo dos veces se alejo de él.

-No me toques…- su voz apenas un murmullo.

En eso se dio cuenta de que estaba corriendo. Corrió y corrió pero no había escapatoria del infierno en el que se encontraba. Cuando llego a su habitación cerró la puerta con llave, por más estúpido que fuera, y se echo asustada en su cama.

Era imposible de pensar, pero de alguna manera ella Jennifer Astra, la bruja más corriente y normal del mundo, había terminado encerrada en una casa junto al más temible mago de toda la historia, lord Voldemort y su grupo de psicópatas.

Nunca había tenido tanto miedo en su vida.

XXXX

Jenn no había podido dormir esa noche, de solo pensar en las horribles cosas de las que podría soñar, había decidido que preferiría no dormir del todo. A veces los pensamientos eran mejores que las pesadillas, por lo menos en estos eras consciente de que las cosas no eran reales…hasta cierto punto.

Jenn abrió la puerta del baño, era la primera vez que salía de su habitación desde su pequeña revelación. Pero ya no había podido pasarse más tiempo sin hacer de sus necesidades básicas. Se fijo que no hubiera nadie en el pasillo y camino directo a su cuarto de nuevo, pero al llegar se encontró con había alguien esperándola.

Bellatrix Lestrage se encontraba a la par de su cama examinando varios juegos de ropa que no habían estado ahí antes. En eso la mujer noto que estaba siendo observada.

Bellatrix la miro de arriba a abajo con sus ojos negros, había una maldad y una locura en ellos que podían intimidar a cualquiera. Ahora Jennifer sabía porque a nadie le gustaba hablar sobre la "adorable" Bella.

Ella se acerco, su cara llena de demencia. Pero si alguien se fijaba bien aun podría observar los viejos rasgos de nobleza y belleza en ella.

-No me gustas niña. -una voz chillona salió de esa delgada garganta y Jenn sintió un escalofrió recorrer sus venas. - No sé qué es lo que mi señor oscuro ve en alguien como usted para que la dejara quedarse en el honor de su presencia. Pero yo que tu tendría cuidado… no me gusta que se metan con mis cosas.

-No se dé que habla.- Murmuro Jennifer con un poco de coraje. La mujer se limito a sonreírle de forma sínica para luego salir de la habitación.

Jennifer sintió como su alma le volvía al cuerpo. En realidad era más miedosa de lo que jamás admitiría.

Lentamente se acerco a su cama, imitando a la demacrada mujer, y observo las varias prendas extendidas. Habían túnicas de verano y de invierno; abrigos, enaguas, pantalones, camisetas, blusas y zapatos. Todo lo que alguien podría necesitar.

Noto también que encima del escritorio había varios productos de higiene y belleza. Hasta habían algunas joyas.

En eso recordó que era todo lo que ella le había pedido a Riddle la otra mañana.

El había cumplido su promesa.

-¿Hay algo más que necesite su alteza?- una voz sarcástica la interrumpió desde la puerta. Jenn se volteo para encontrase con la perfecta figura de Riddle e instintivamente agarro su varita.

-¡Aléjate de mí!- la histeria en su voz era palpable. Riddle cambio su semblante a uno sombrío, notando el comportamiento de la chica.

-Baja la varita Jennifer. - dijo con voz calma mientras se acercaba a ella.- Tenemos que hablar…


Yo sé que es una terrible manera de terminar el capitulo, dejándolos a todos colgando sin saber que pasaran. Pero creo que era mejor terminarlo ahí…¿Por qué no comentan y me dicen que tal les pareció? Eso me haría sumamente feliz; y ya sabe lo que dicen escritor feliz, lectores felices.

Adelanto:

-¿Y tu quien eres?- le pregunto Jenn observando al sujeto con cautela. Este pareció ofenderse puesto que inflo su pecho y respondió con orgullo.

-Yo niña, soy Sirius Black... y vengo a patear traseros.