Aviso de la autora: Los personajes pertenecen a Masami Kurumada, por lo que solamente los tomaré prestados para efectos de este fic… Muchas gracias^^
"La Rosa y la Princesa"
por Alondra
Capítulo 7: "Sangre, veneno… y arena"
ARENA…
Compuesta por miles de millones de pequeños fragmentos de piedra nacidas a partir de las enormes rocas por acción del erosivo viento o de las torrentosas aguas… la arena puede ser gruesa o muy fina siendo casi imposible poder contarla… es maleable, adaptable y capaz de ocupar cualquier lugar por más pequeño que sea… es una hermana del viento que juega con ella formando caprichosas formas... las llamadas dunas, que van desde ondulaciones superficiales hasta colinas de arena que se mueven lentamente siguiendo los deseos del viento…
Es en el desierto en donde se pueden observar todas estas maravillas… que le da su característica forma al desierto en sí… Arena y Desierto son uno…
La arena puede ser tan hermosa como las figuras que forma en el desierto por acción del viento… o mortal… al convertirse en trampa para aquel viajero incauto… pudiendo ser sepultado por una tormenta de arena… o succionado por arenas movedizas… prestas a cobrarse cualquier presa… no importando qué o quién sea…
La arena ha formado parte importante en la vida y desarrollo de los seres vivos que conviven el día a día con ella… dentro de los cuales se encuentran incluidos algunos grupos de personas que han aprendido a vivir con la arena como lo hicieran sus antepasados y aprender de ella… en otras tierras son conocidos como los Moradores del desierto….
Son… CRIATURAS DEL DESIERTO…
- Flashback – Las Tierras Áridas - 14 años atrás -
Bajo el ardiente sol del desierto una figura de cuatro patas se desplaza con paso lento pero seguro y siguiendo una dirección a través de un sendero invisible, que sólo podría ser reconocido por alguien de esos lugares… mas no por los extraños. El desierto es muy cambiante y si uno no viaja con alguien que lo conozca bien… jamás podría encontrar el camino de regreso y se convertiría en su tumba…
Pero los beduinos, llamados también "moradores o gente del desierto"… no tenían esa clase de problemas…
- Oooshhh… ¡Yalla, Yalla! ¡Sht! ¡Sht! ¡Vamos andando! – decía el beduino en su idioma animando al camello que le servía de montura y que al parecer estaba flaqueando en su andar… - ¿Cómo va allá atrás, Sidi?
Un poco más retrasado… un incómodo Santo de Tauro trataba de hacer equilibrio con la caja de su armadura a sus espaldas sobre la joroba del camello que lo transportaba que ignorante a la precaria situación de su jinete, seguía caminando tranquilamente… al igual que la media docena de congéneres suyos.
- Podría ser mejor… uff… oye, esta… ¡Auch! – casi se cae cuando el animal dio otro paso pero logró sostenerse – ¿Estás seguro que ésta es la única forma de viajar?
- Y la mejor de todas… no es posible atravesar Las Tierras Áridas sin un gamal… son fuertes, obedientes y pueden aguantar varios días sin comer ni beber… son buenas bestias, Sidi… ya se irá acostumbrando a ellos y estoy seguro que les cogerá mucho cariño…
- Lo dudo mucho… además creo que me estoy mareando… - dijo Aldebarán con una expresión muy rara en su rostro…
El morador del desierto soltó una risa antes de volver su vista al frente… con la cabeza y rostro cubiertos por una tela a modo de protección contra el calor y la arena del desierto, además de la vestimenta propia de la zona… hacía muy difícil al santo de Tauro poder adivinar la edad de su guía… pero por la voz y la forma como lo trataba, aparentaba ser una persona joven… pero con la suficiente mayoría de edad para poder realizar largos viajes por el desierto en solitario con una caravana de camellos.
La verdad, la gente del desierto era bastante particular…
Siguieron avanzando por una hora más hasta llegar a una intersección de caminos, constituidos por un sendero que se desviaba entre el abra de una rocosa montaña y otro que iba cuesta abajo con dirección este. El beduino detuvo a su camello de golpe, tras lo cual el resto de animales que lo acompañaban lo imitaron, haciendo…por supuesto… que el caballero de Tauro casi se fuera de bruces al suelo… si no fuera a que se sostuvo de las riendas de su montura evitando por poco el duro golpe…
- Oh… Sidi, ¿se encuentra bien? ¿se lastimó? – preguntó el guía.
- No… ¡Por fortuna no!… - contestó Aldebarán molesto - Y una cosa más, chico… ¡la próxima vez que vayas a detenerte por lo menos avísame antes!
- No habrá próxima vez, Sidi… - dijo mirándolo – Ya hemos llegado…
Sorprendido, Aldebarán se puso de pie y miró a su alrededor… parecía que el paisaje hacia la zona de la montaña se volvía más desolado y escarpado, a diferencia de los sitios por donde habían cruzado durante el viaje. Mientras observaba el panorama, el joven beduino hizo que su camello se sentara en la arena y casi de inmediato desmontó, caminando al lado del caballero de Tauro…
- Los camellos sólo pueden llegar hasta aquí, Sidi… el camino es demasiado pedregoso y podrían lastimarse… - dijo y señaló hacia un punto de las montañas - Si va por la montaña hacia esa dirección… llegará sin problemas a su destino…
- De acuerdo y te agradezco el haberme traído hacia este lugar, chico… espero no haberte desviado mucho de tu recorrido… - dijo sonriendo el enorme santo.
- No hay problema, Sidi… me preocupaba que pudiera perderse y de todas formas no me quedaba tan alejado de mi camino… - contestó el beduino – Lo único que tengo que hacer es tomar este sendero y volveré a mi ruta en poco tiempo.
- Me alegro y gracias nuevamente… que tengas buen viaje, muchacho… - dijo el caballero colocando la caja de su armadura dorada, la cual estaba dentro de un enorme bolso de cuero, a su espalda. Ya estaba a punto de irse cuando…
- ¡Sidi, espere! – dijo el guía haciendo que se volviera a verle – Yo… perdóneme... sé que mi padre siempre me dice que no debo meterme en los asuntos de los demás… pero… - llevó su mano al rostro retirando la tela que lo cubría y dejando ver sus juveniles facciones… - Por favor… no vaya al lado sur de la montaña…
Aldebarán no se había equivocado cuando pensó que el chico era más joven de lo que aparentaba… pero lo que más llamó su atención fue la expresión de temor en el rostro del muchacho. Sabía perfectamente lo que trataba de decir su guía, pero de todas formas quiso escucharlo de sus labios…
- ¿Por qué dices eso, chico? – preguntó con curiosidad – Por cierto, ¿cuál es tu nombre?
- Sayid… - contestó – Sidi… yo… he escuchado historias sobre estas montañas de los viajeros con los que me he topado y que han estado por allí… y dicen… - lo miró con miedo - Cuentan cosas horribles… que hay un demonio… un Djinn malvado que mata a los viajeros… por eso nadie nunca viene por esta montaña…
- ¿Ah, sí? – preguntó – Qué extraño… yo me imaginaba que habría más gente viviendo por aquí ya que tenía entendido que por estas montañas existen minas de gran valor…
- Oh, sí que las hay, Sidi… muy valiosas… de diamantes y piedras preciosas… pero… la gente no va por allí… tienen miedo del Djinn… ya que mata y devora a todo aquel que se atreva a acercarse… sobre todo a los Rumís… como usted…
- Entonces… ¿no hay ABSOLUTAMENTE nadie viviendo por aquí? - preguntó Aldebarán mirando a Sayid.
- Bueno… - dijo el chico pensando por un momento – Me parece que existen algunas pequeñas tribus nómades como nosotros los moradores del desierto… pero de una raza distinta… ni siquiera hablan nuestra lengua y mucho menos la de los rumís… viven apartados del resto de pueblos y creo que casi todos ellos son pastores de cabras…
- ¿Y a ellos también los ataca ese demonio al que llamas "djinn"? – preguntó el santo.
- No creo, Sidi… sino no estarían por allí… es posible que hayan obtenido la protección y los favores del Djinn a cambio de algo…pero nadie quiere saberlo… - se puso nervioso nuevamente - También se piensa que esas tribus están malditas… por esa razón nunca salen de la montaña…
- "Por Athena… no puedo creer la clase de historias que esta pobre gente ha generado en torno a estas montañas… aunque no debería extrañarme sabiendo cuál es la causa…" – pensó y luego dijo – Te agradezco tus advertencias, Sayid… pero me es importante ir a esa montaña… así que si me tengo que encontrar con ese "demonio maldito"… pues tendré que arreglármelas de alguna forma…
- ¡Pero, Sidi! – el joven lo sostuvo del brazo – ¡Usted no sabe lo que dice! ¡El Djinn lo devorará!
- Estaré bien, chico… confía en mí… además tengo experiencia lidiando con este tipo de situaciones… - lo miró y sonrió – Ahora será mejor que te vayas, sino la noche te cogerá aquí a ti y a tus animalitos… ¡Adiós y gracias!
Y sin darle oportunidad para replicar, Aldebarán de Tauro dio un gran salto hasta la primera roca que estaba al pie de la montaña y emprendió el veloz recorrido, siguiendo el camino que le había indicado Sayid. El joven beduino lo siguió con la mirada hasta que desapareció completamente…
- "Sidi… por favor… vuelva con vida… no deje que lo maten…" - dijo para sí mismo, antes de montar en su camello, cubrir su rostro y continuar con su viaje a través del enorme desierto.
-o-
No había recorrido ni la mitad del camino de la montaña, cuando el santo de Tauro decidió detenerse y descansar sentándose a la sombra de una gran roca para protegerse del terrible calor y destapando la cantimplora de cuero que llevaba, bebió un largo trago... y cerró los ojos sintiendo la leve brisa de viento que refrescaba un poco su rostro. Verdaderamente era un camino muy duro y ahora entendía por qué decía el joven Sayid que los camellos no podrían pasar por estos lugares. Había tenido que saltar entre las rocas, bordear precipicios y escalar por los muros de piedra… y parecía que lo peor aún no había pasado…
De lo que SÍ estaba seguro de que se había perdido…
Esto no era nada bueno, ya que si lo cogía la noche en aquellos parajes sin un lugar para protegerse sería bastante problemático, además de retrasar la misión… la montaña era muy grande y sin una referencia como guía podría estar vagando por días enteros…
- ¡Ah, esto es frustrante!… si tan sólo pudiese sentir su cosmos… pero no, si quiere permanecer oculta, pues lo está haciendo muy bien… vamos, Rasgado, ¡Piensa! ¡¿Dónde, en medio de este maldito lugar, podría estar escondida? – decía el santo para sí mismo, y al mismo tiempo, tratando de hacerse un poco de compañía en medio de esa inmensa soledad…
Ya estaba a punto de continuar con su búsqueda, cuando de pronto el ruido de un tintineo, parecido al de una campana, llamó su atención. El santo de Tauro se puso de pie y silenciosamente se acercó hacia donde había escuchado el ruido… pronto más ruidos se le sumaron al primero, como el balido de animales y voces que parecían ser… si no le fallaba el oído… de niños. Cuando dio la vuelta al peñazco, casi al frente de él, salvo por la separación de una enorme grieta en el suelo, a su vista se mostraba un rebaño de animales, que parecían cabras, y casi a un extremo, las figuras de dos niños que al parecer estaban llamando al algo, o a alguien, arrodillados delante de una gran roca.
Recordando las palabras de su guía beduino, esas debían ser las personas que habitaban por aquellos parajes, y que se pensaban, protegidos por el extraño "djinn"… pero para Aldebarán de Tauro, representaban la solución al problema que tenía, así que sin pensar en nada más se encaminó hacia ellos con la esperanza de que pudieran ayudarle. Se situó al borde de la grieta que tenía en frente y tomando impulso dio un gran salto sobre ella, aterrizando muy cerca de los niños. Los pequeños levantaron sus cabezas asustados con el temblar del suelo y se paralizaron al ver al enorme hombre cubierto por una capa tan cerca de ellos.
Aldebarán observó a los niños que tenía en frente… una niña de posiblemente unos once años que sostenía de la mano a otro más pequeño que podría tener unos seis años. Ambos eran de piel muy oscura, pómulos salientes y labios gruesos... rasgos que correspondían a la raza negra, muy propia de la zona en la que se encontraba. Ambos niños vestían con ropas amplias y la niña tenía sus cabellos cubiertos por un velo… y lo miraban con mucho miedo sin atreverse a hacer nada… la niña tenía un bastón de pastor en sus manos, pero temblaba tanto por el miedo que parecía que no iba a poder sostenerlo por mucho tiempo más… el niño en tanto pasaba su mirada entre el enorme hombre y un agujero bajo la roca en donde antes habían estado mirando.
En esos momentos, el santo de Tauro no estaba seguro exactamente de qué hacer ya que no sabía si esos niños entendían su idioma y si se acercaba a los niños de improviso, posiblemente éstos saldrían corriendo y se quedaría igual que al principio… así que si iba a hacer algo, tendría que ser con mucho cuidado. Ya estaba abriendo la boca para decir algo cuando un balido lo hizo detenerse y voltear la mirada... provocando un respingo en los niños.
Aldebarán se mantuvo en silencio cuando volvió a escuchar el balido que venía justamente debajo de la roca… lentamente se agachó y observando con cautela pudo distinguir que había un pequeño animal atrapado en un agujero bajo las rocas… "Por eso los niños estaban tan preocupados… debe ser parte de su rebaño…" pensó y luego de mirar a los niños, sonrió y sujetando la enorme roca con ambas manos, aplicó un poco de fuerza logrando desprenderla y la arrojó hacia un lado. De inmediato se agachó hacia el liberado agujero y extendiendo su brazo sacó a un pequeño cabrito que al verse libre comenzó a balar con fuerza. El santo de Tauro lo dejó en el suelo delante de los niños…
- Listo… aquí lo tienen… parece que no está herido… - dijo Aldebarán sonriendo sin estar seguro que los niños lo entenderían o no.
La niña sin soltar la mano del pequeño niño (Aldebarán asumió que podría ser su hermanito) se acercó lentamente con los ojos fijos en el santo de Tauro, preparada a reaccionar si llegara a ocurrir algo. Ya muy cerca del animalito, lo cogió rápidamente con su mano libre para luego retroceder los pasos avanzados… siempre sin quitarle la mirada al enorme santo.
- "Bueno, parece que no ha ido mal la cosa… intentaré preguntarles antes de que se vayan… son mi única esperanza de encontrarla…" – pensó y luego dijo – Niños, escuchen… tal vez no me entiendan, pero necesito su ayuda… busco a alguien… se llama Alrisha… ¿la conocen?
A sus palabras, ambos niños se miraron y el rayo de esperanza que había vislumbrado Aldebarán se desvaneció de golpe cuando vio que los niños comenzaban a retroceder con la misma mirada de desconfianza y temor que le tenían desde el principio…
- Escuchen, por favor… esperen… no les haré nada, créanme… "Demonios, no me entienden…" – avanzaba al mismo tiempo que los niños retrocedían – Alrisha… Alrisha de Ofiuco… necesito encontrarla… díganme si la conocen… A-L-R-I-S-H-A… - dijo en nombre más lentamente, pero los niños seguían igual.
De repente, los niños dieron media vuelta y empezaron a correr asustados, espantando a varias cabras que estaban cerca. Aldebarán ya estaba al borde de la desesperación… no… no podía dejar que esto pasara… eran su esperanza, sino se quedaría atrapado en esa montaña. En eso, el santo de Tauro cayó en cuenta sobre algo y mirando a los niños que seguían corriendo, gritó con toda la fuerza de sus pulmones…
¡!¡!¡! GULSHAM ¡!¡!¡!
Como si fuera arte de magia, la niña se detuvo en seco, haciendo que si hermanito casi se fuera al suelo al tenerlo sujetado y volteó a ver al santo de oro.
- ¡ESO ES! ¡GULSHAM! – volvió a gritar esperanzado… había dado con la clave. Se acercó a ellos a la vez que la niña lo hacía seguida por detrás por su hermano a quién le había dejado el cabrito en sus brazos.
- ¿Gulsham? – dijo la pequeña cuando lo tuvo delante mirándolo interrogante.
- ¡Sí, Gulsham!… ¿Dónde está? – respondió asintiendo.
La niña volteó a mirar a su hermano, le dijo unas palabras en una lengua que Aldebarán no fue capaz de entender y que luego salió corriendo llamando a voces y silbando haciendo que los animales empezaran a moverse. Luego de recoger su bastón de pastor, se acercó un poco más al enorme santo y tiró de su capa…
- Gulsham… - señaló con su bastón hacia un punto en medio del camino de montaña y tras soltar la capa de Aldebarán, comenzó a caminar hacia esa dirección. Se detuvo volviendo a verlo e hizo un movimiento de cabeza como invitándolo a seguirla…
Aldebarán sonrió asintiendo y empezó a seguir a los niños por unos caminos que sólo ellos conocían. De cuando en cuando la niña mayor le gritaba al chico algunas frases cortas en su lengua y seguían caminando con el rebaño y el santo detrás de ellos. Luego de un rato de estar caminando, la niña se detuvo cerca del borde de un sendero que iba cuesta abajo y miró al guerrero…
- Gulsham… - volvió a decir señalando hacia esa dirección. Su hermano se puso al lado de ella.
- Entiendo, pequeños… agradezco mucho por todo y prometo compensarles el favor algún día… - volvió a sonreír.
La pequeña, aunque no había entendido lo que dijo el santo, le devolvió una tímida sonrisa al cual fue imitada por su hermano. Y sin decir nada más, se fueron rápidamente con su rebaño hacia otra dirección en la montaña. Aldebarán se les quedó mirando mientras se alejaban recordando cómo habían reaccionado al inicio cuando lo conocieron, con gran temor, pero al escuchar ese nombre cambiaron totalmente…
Sí, quizás lo que dijo el beduino no eran exageraciones y esos pueblos debían estar protegidos por el Djinn… o en el caso contrario… le tendrían MUCHO miedo. Pero bueno, eso muy pronto lo sabría… y acomodando la caja de su armadura en su espalda comenzó a bajar por la cuesta que lo llevaría a su destino.
-o-
Aldebarán pensó que una vez que descendiera de la montaña el paisaje cambiaría… y efectivamente, cambió… pero no de la forma que había imaginado el santo… se había vuelto más desolado y tétrico. A los lados del camino, sobresalían marchitos arbustos y restos de animales muertos de los cuales sólo quedaban huesos… pero lo que más le llamó la atención fue que en los muros de roca, había extrañas inscripciones cada cierto tramo del camino. El santo de Tauro no tenía idea que podían significar… pero de seguro no era nada bueno… y tan absorto estaba en ellas que no se percató de la inclinada pendiente de roca que se abrió ante él… y cuando lo hizo ya fue demasiado tarde…
Rasgado soltó un grito al verse cayendo a toda velocidad por la pendiente. Desesperadamente trató de agarrarse a los lados de la roca, pero era muy resbalosa y lo único que estaba logrando era lastimarse los dedos… comenzó a sentir pánico… su velocidad iba en aumento y no tenía idea de lo que encontraría al final. Y cuando el resbaladizo camino llegó a su fin fue recibido por una aparatosa caída de casi cien metros sobre la boca de la roca… y sin poder sujetarse de algo, Aldebarán se precipitó al vacío.
- ¡MALDITA SEA! ¡Si no hago algo, voy a matarme! – gritó viendo como el suelo estaba cada vez más cerca de él mientras caía… y ese suelo parecía tener afiladas aristas emergiendo de él. Tauro frunció el ceño – ¡Muy bien! ¡Armadura de Tauro!
Al gritar, la caja se abrió liberando la dorada armadura que con un destello se unió a su cuerpo y una vez que estuvo totalmente vestido miró hacia abajo y gritó con fuerza…
- ¡GRAN CUERNO!
Como una ráfaga de luz, el poderoso ataque de Tauro salió hacia el suelo destrozando todas las aristas para terminar con un demoledor impacto en el suelo y Aldebarán cayó justo detrás haciendo un ruido como si se hubiera zambullido en algo. El santo emergió escupiendo líquido mientras se sujetaba de algo que parecían ramas espinosas…
- ¡Bufff!… ¡Buarggg! ¡Qué asquerosidad, como apesta este sitio! – dijo molesto sacudiéndose el líquido que parecía ser una especie de fango por lo espeso y viscoso que era. Esperó que sus ojos se ajustaran a la luminosidad del sitio y miró a su alrededor – Mmm… parece que lo que confundí con aristas parecen ser una especie de techo de ramas espinosas y algunas emergen como aristas… visto de arriba parece que fuera sólido, pero ciertamente es una trampa. Parece que mi ataque perforó más de la cuenta y llegó hasta un lecho de agua… - un nauseabundo olor llegó hacia él – ¿Qué diablos es eso? ¡AAAHHHH!
Al voltear, Aldebarán se encontró frente a frente con un cadáver humano en avanzado estado de despomposición… la visión era repulsiva, estaba ensartado de manera irregular sobre unas ramas espinosas que en ciertas partes parecían que se habían enroscado sobre él como en el cuello y extemidades… y fuera de lo macabro que se veía, era en cierto modo muy extraño… ya que los espinos no crecen tan deprisa para enroscarse y el cuerpo no podía llevar más de una semana en ese estado. Al volver la vista hacia otro sitio, pudo distinguir más cuerpos ensartados y algunos que ya estaban en los huesos… pero lo que más le dio asco era que a sus pies todavía flotaban algunos. Harto de esa visión, el Santo de Tauro se dispuso a irse inmediatamente de ese lugar… tanta muerte y podredumbre le enfermaba.
Ahora más que nunca sabía quién era el culpable…
-o-
No muy lejos de allí… una figura encapuchada observaba el horizonte hacía donde había escuchado un estruendo y sus labios se curvearon en una sonrisa…
"Sí… esto prometía ser muy divertido…"
-o-
Un poderoso grito resonó en el desierto paraje que seguido de un luminoso impacto hizo que el muro de espinos saliera despedido en todas direcciones y tras de él emergió Aldebarán, sacudiéndose todo el polvo y barro que ensuciaba su armadura. Casi de inmediato, se concentró y la armadura de Tauro se separó de su cuerpo, volviendo a ensamblarse en la característica figura que le daba su nombre para luego resguardarse en su dorada caja. Rasgado suspiró…
- No creo que tenga que necesitarla más… esta armadura sagrada no merece ensuciarse en semejante sitio… de todas formas, estaré al tanto… - dijo mirando la caja y luego a la enorme extensión de terreno que tenía en frente.
Tal y como lo había predicho, estaba en el lado sur de la montaña… el paisaje había dejado de ser rocoso, estando en su lugar unas pequeñas elevaciones a modo de colinas, con altos arbustos secos formando pequeñas aglomeraciones y alguno que otro solitario árbol… pero en particular llamó su atención uno que estaba más retirado que los demás, de muy grueso tronco y ramas pequeñas hacia arriba… no recordaba haber visto antes un árbol semejante.
Pero no debía perder más el tiempo… ya no estaba muy lejos… podía sentirlo…
Aldebarán ya no tenía ganas de seguir jugando con ramas y espinas, por lo que decidió rodear los grupos de arbustos buscando algún camino más limpio y al querer pasar una trocha… tuvo otra desagradable visión…
- No puede ser… esto ya es demasiado repulsivo… ahora entiendo por qué tienen miedo la gente de estos lugares… - dijo al ver el cuerpo empalado de algún desgraciado que tuvo la mala suerte de pasar por esos lugares… aún se podía ver la sangre seca coagulada entre las piernas y boca del cadáver. Un grupo de buitres lo observaban a lo lejos posados en unos árboles cercanos… al cuerpo lucía carcomido por lo que el santo dedujo que los carroñeros ya habían empezado con su festín… y aguardaban pacientes para poder continuar con él…
Tauro sacudió la cabeza y pasando por un lado del cadáver siguió adelante, sirviéndose del enorme árbol de tronco grueso como guía. Ya estaba muy cerca cuando en eso sintió que algo se enredó entre sus piernas haciéndolo caer... numerosas ramas emergidas en los arbustos espinosos se aferraron a sus extremidades y empezaron a jalarlo de nuevo hacia la zona arbustiva…
Pero, para este momento, a Aldebarán ya se le había acabado la poca paciencia que tenía…
- ¡Muy bien!… ¡¿Con que quieres seguir jugando, miserable? ¡TRÁGATE ESTA! ¡AAHHH! – y haciendo iluminar sus dos manos, destellos de cosmos salieron disparados, destrozando lo que quedaban de los inquietos arbustos y las ramas que lo tenían atrapado. Casi de inmediato, el santo se levantó y mirando a todos lados, gritó – ¡ALRISHA! ¡SÉ QUE ESTÁS AQUÍ! ¡MUÉSTRATE DE UNA VEZ!
Una risa sardónica se escuchó muy cerca de donde estaba Aldebarán…
- Vaya, que poca paciencia tienes… con lo divertido que estaba el espectáculo… - dijo una voz femenina haciendo que el santo de Tauro volteara hacia donde la había escuchado… sobre las ramas del enorme árbol…
Finalmente la había encontrado… el objeto de sus mayores odios y desprecios…
- JAMÁS te daría un espectáculo ni aunque me rogaras, Gulsham… o debería decir… ALRISHA DE OFIUCO…
Al escuchar su nombre, la dueña de la voz se dejó ver de entre las ramas del gigantesco árbol y dejó caer la capucha de su cabeza hacia atrás. La piel negra como ébano indicaba claramente su raza, con cabellos ensortijados cortos, cogidos en pequeñas trenzas y pegados al cuero cabelludo, y para completar una máscara plateada cubriendo su rostro, símbolo inequívoco de que era amazona. En un momento en que el viento levantó su capa, dejó al descubierto su cuerpo de formas femeninas... pero definido y musculoso, tanto que era posible ver las rajaduras entre los músculos, algunas venas saltantes y abdominales perfectamente marcados que harían la envidia de cualquier guerrero. Prendas y sandalias de cuero completaban su atuendo… que la confundiría con los que usaban los guerrero del desierto…
Aldebarán se la quedó mirando fijamente tratando de contener las ganas de lanzarle un ataque…
- Gulsham… me hace honor que recuerdes mi verdadero nombre, como yo recuerdo el tuyo, Rasgado… ¡Oh, es verdad!... casi lo olvido… ALDEBARÁN DE TAURO… así te gusta que te llamen, ¿verdad? - dijo la amazona sin dejar el tono de burla en su voz.
- Tuve que utilizarlo para poder encontrarte... al parece NADIE te conoce como Alrisha de Ofiuco... ¿acaso has perdido tu reputación? - dijo el santo con sorna.
– Al contrario... de esta forma me conocen por aquí... los nombres cambian según la situación, ¿o no te parece? - cruzó los brazos y dijo - Siento mucho el desorden… de haber sabido que vendrías, hubiera arreglado un poco más todo esto… acepta mis disculpas… - hizo ademán de inclinación.
- ¡Esta no es una visita social, Ofiuco! – le gritó furioso detectando la burla en su voz y actos – Y más vale que bajes inmediatamente de ese árbol para dirigirte a mí… ya no estoy para tus juegos estúpidos…
- Pues mira qué pena que lo digas… con lo bonita que está la vista desde aquí, ¿por qué no subes también, Rasgado? De seguro te encantará… - siguió con el mismo tono.
- ¡Ahórrate las ironías, Alrisha! ¡Que sabes muy bien que lo que más quisiera es ver es tu miserable, inmunda y despreciable persona ser despedazada por los carroñeros! – dijo apretando los dientes. La amazona, lejos de inmutarse, lo miró y dijo…
- Tst tst tst… - negó con la cabeza – Rasgado, Rasgado… no has cambiado nada... no llevamos ni dos minutos hablando y ya empezamos con los insultos… qué propio de ti…
- Por ÚLTIMA vez y no voy a repetirlo más… o bajas ahora mismo de ese mugroso árbol… ¡O TE BAJARÉ YO MISMO HACIÉNDOLO ESTALLAR EN MIL PEDAZOS! – extendió sus brazos hacia el árbol dispuesto a cumplir su amenaza.
- ¡Mucho cuidado con lo que piensas hacer! - el tono de voz de la amazona cambió de inmediato a uno de advertencia, haciendo que Tauro se detuviera y continuó con voz neutral – Este "mugroso árbol" como tú lo llamas, es un Baobab… y es conocido por nativos de esta tierra como "El espíritu del desierto"… un árbol que puede salvarte por el agua que tiene en su interior y saciar el hambre con sus frutos… la presencia del baobab significa la VIDA.
De un salto, la amazona de ofiuco descendió del árbol y se acercó con paso lento al santo de Tauro a la vez que continuaba hablando…
- En el desierto… los baobabs son árboles sagrados… y te digo algo más - sin previo aviso se llevó la mano a la máscara mientras seguía hablando – …a cualquiera que descubrieran dañando o cortando alguno de ellos… - la máscara dejó su rostro dejando al descubierto unos ojos de intenso color ámbar con la pupilas rasgadas como una serpiente - … se le condenaba a la más cruel y dolorosa de las muertes… el EMPALAMIENTO… que me supongo ya lo habrás visto al venir hasta aquí… sí… no es nada agradable… y los gritos de dolor de los condenados pueden confirmarlo… – siseó a menos de un metro del enorme santo y mirándolo directamente a los ojos.
No era la primera vez que Aldebarán veía el rostro de la amazona de Ofiuco ya que Alrisha jamás le dio importancia a la ley de las amazonas sobre la máscara. Su rostro alargado, de pómulos salientes, labios gruesos y nariz fina, propia de la gente negra de esas zonas, estaba decorado por algunas cuentas y anillos en cejas, labio inferior y varios de ellos en las orejas. Parte de la piel de su mejilla izquierda también estaba tatuada con unos puntos blancos formando un símbolo que Tauro no pudo reconocer. Sus ojos normalmente eran negros, pero ahora tenían en ellos esa mirada reptiliana… que también ya la había visto tiempo atrás… pero aún así no podía evitar el sentir un hilo de frialdad le recorrió la espalda al sentirla sobre él… sí… Ofiuco sabía cómo intimidar a cualquiera… a pesar que él era mucho más grande que ella, si se descuidaba podría ser una rival de temer… y mucha sangre ya había corrido por las manos de esa peligrosa amazona.
En el santuario, Alrisha ya era conocida por su agresividad y sus habilidades se limitaban más que a las técnicas de Ofiuco, ya que dominaba las artes del veneno a un nivel elevado… y eso la había hecho merecedora del apodo de "Mamba negra"… una de las serpientes más venenosas y mortales del desierto…
- Ahora entiendo y me parece increíble toda la parafernalia que se ha montado en estas montañas por culpa tuya… desde que llegué aquí no he dejado de escuchar historias de demonios come-hombres, djinns y yo qué sé… ¿Es por todo esto que te has ganado esa fama, Ofiuco?
- Djinn, je… qué idiota es la gente… pero debo admitir todas esas leyendas fabricadas en torno a mí me han sido de gran ayuda para conservar la tranquilidad de estos parajes, mi estimado Tauro… y este lugar merece ser así… - lo miró con seriedad - Los extraños y rumís no hacen más que venir a robar… y por lo tanto MERECEN ser castigados…
- ¿Y deberé suponer que esos pobres diablos que he visto "empalados" por el camino han tratado de robar tesoros o cortar árboles? ¿Eso también incluye a todos los demás que me he encontrado bajando de la montaña? – preguntó más por curiosidad que por provocación. Alrisha sonrió mostrando su blanca dentadura que resaltaba en contraste con su negra piel a la vez que sus ojos volvían a su color oscuro normal…
- No todos… digamos que los que encontraste en el camino podrían ser "invitados no deseados"… y los que has visto ahora mismo… pues ellos son otro asunto... y me reservo el compartir la información, ¿comprendes? - sonrió con sorna – pero al fin y al cabo todo es igual… los ladrones caen todos al mismo sitio…
- Caen al mismo sitio… ¡UN MOMENTO! – gritó recordando algo – ¿Me estás diciendo que esos niños pastores que encontré en la montaña me condujeron directamente a la trampa de espinos? ¿A TÚ TRAMPA?
- Oh, no… qué mal pensado eres, Rasgado… pobres niños, debería darte vergüenza… - sonrió mirándolo con una mezcla de burla y desprecio – Ese camino es la ÚNICA forma de llegar hasta aquí y muy pocos han conseguido sobrevivir… es más… eres el PRIMERO en años que consigue salir de la trampa… permíteme que te aplauda por ello… - lo hace ruidosamente.
- ¡Te dije que no te burlaras, víbora! – gritó a lo que Alrisha dio un paso hacia atrás sin dejar la misma sonrisa – ¡Y déjame decirte que ya me cansé de tus estupideces!… te voy a dejar en claro que si estoy aquí son por órdenes del Santuario… ¡Ya que preferiría mil veces bajar al Hades antes que ver tu miserable rostro de nuevo, Ofiuco!
- Comprendo… ya me extrañaba que hubieses venido a verme por tu cuenta… y ya que las palabras amables no van contigo, lo haremos a tu manera… - lo miró seriamente - ¿Qué diablos haces aquí, Rasgado de Tauro?
- Je, veo que ya se te cayó la máscara de falsedad… - dijo irónico. Ella lo miró de reojo…
- Yo nunca estuve fingiendo, sólo te contesto de la misma forma, Tauro… y antes que lo olvide, por cierto… te recuerdo que acabas de perder tu HONOR… - dijo lo último arrastrando las palabras.
- ¡¿QUÉ DIJISTE, OFIUCO? – le gritó enfurecido.
- Lo repetiré… Aldebarán de Tauro, has perdido tu honor… - al ver que el santo se acercaba amenazante continuó impasible – Y por si no lo recuerdas lo haré yo… ¿no me dijiste, hace muuuucho tiempo cuando estábamos en el Santuario, que JURASTE por tu honor de caballero que jamás volverías a verme en lo que te quedase de vida?... pues, allí lo tienes… - sonrió triunfante.
- ¡YA BASTA! – gritó más que harto y haciendo uso de todo su autocontrol por no destrozar a la amazona que tenía delante de él… la verdad Ofiuco sabía cómo provocarlo y el odio que le tenía no ayudaba en nada … en eso, recordó las palabras del Patriarca Sage…
"Por favor… intenta NO provocar un enfrentamiento innecesario con Ofiuco… sólo tienes que traerla a mi presencia, nada más…"
Pero iba a ser muy difícil… debía calmarse y pensar, sino pondría en peligro a la misión…
- De acuerdo, Ofiuco… admito que lo dije y no lo niego… pero como mencioné anteriormente, estoy aquí por órdenes del Patriarca Sage y antes de nada está mi juramento de obediencia al Santuario y a Athena, mi diosa… - dijo a lo que Alrisha enarcó una ceja – Por lo tanto, cualquier cosa que haya dicho anteriormente, queda relegado a un segundo plano…
- Si te hace feliz creer eso… pues que sea así… - sonrió amazona.
- ¡Cállate y escucha!... Ahora mismo vas a venir conmigo al Santuario de Athena… el Patriarca quiere verte y me ha ordenado llevarte ante él… - dijo en tono autoritario.
- ¿Y se puede saber la razón de esta petición, Tauro? – preguntó la amazona.
- No tengo por qué decírtela... ¡Sólo tienes que limitarte a obedecerme, Ofiuco! – levantó la voz – Te recuerdo que tengo un rango superior al tuyo, amazona de plata… no lo olvides…
Alrisha soltó una carcajada sorprendiendo al santo, pero antes de que pudiera decir algo, habló mientras paseaba a su alrededor cruzada de brazos…
- ¿Y qué pasa si digo que NO quiero ir al Santuario? ¿Qué vas a hacer? ¿Obligarme? – lo miró por encima de la nariz – Mira, Rasgado… sé perfectamente que tienes un rango superior al mío, pero no por ello es recomendable que lo estés restregando en todos lados tan a la ligera… eso por un lado… - levantó un dedo para luego extender el otro - Por otro lado, si no me falla la memoria… según las leyes del Santuario, cuando un santo es convocado, se le debe informar POR LO MENOS de qué se trata el motivo de su llamado… - y triunfante añadió – Allí está escrito… y si no me crees, pregúntaselo TÚ mismo al Patriarca…
"Maldición y mil veces maldita…" pensaba furioso para sus adentros el santo de Tauro… Alrisha se estaba dando el lujo de jugar con él como si fuera una marioneta… pero desgraciadamente ella tenía los puntos a su favor y si quería que su misión tuviese éxito tendría que ceder un poco… al menos por esta vez…
Ya habría oportunidad de cobrarse después…
- Muy bien, víbora… te lo diré… sólo para no tener que seguir con esta estúpida conversación… - a sus palabras Alrisha curveó sus labios hacia arriba – El motivo de tu llamado es con relación a un niño protegido por la estrella de Piscis y que según el Patriarca… podría ser el siguiente portador de la correspondiente la Armadura Dorada… y ese niño se encuentra ahora mismo en el Santuario de Athena…
- Y déjame adivinar… lo que quiere el viejo Sage es que yo me encargue de enseñarle las Sagradas Artes de la casa de Piscis, ¿verdad? – preguntó.
- Tú misma te has respondido, Ofiuco… - dijo Tauro frunciendo el ceño hacia ella.
- Vaya, vaya… ahora lo entiendo… sino, ¿por qué otra razón querría el Patriarca sacar a la serpiente de su agujero?... intereses, intereses… con eso se mueven las cosas en este mundo… - dijo con ironía.
- Créeme… mil veces hubiera preferido que fuera otra persona en tu lugar y que te quedaras para siempre enterrada en tu asqueroso agujero… - dijo con rabia para luego añadir – Pero lamentablemente…
- … ¿lamentablemente no existe nadie más que sepa las Artes de Piscis?... sí, eso es muy cierto… y NO cualquiera puede aprenderlas… tiene que ser alguien MUY especial… ya que podría significar la muerte el querer intentarlo…
- ¡Eso lo decidirá el Patriarca cuando estemos en el Santuario, Ofiuco! – dijo Tauro ya más que molesto – Ahora que ya sabes el motivo de tu llamado… ¡partamos inmediatamente a Grecia! ¡Ya me cansé de perder el tiempo contigo!
Alrisha de Ofiuco lo miró entonando los ojos para luego sonreír…
- Tiempo… tiempo… ¿por qué tanto apuro, Tauro? – lo rodeó lentamente – Eres un santo dorado y deberías relajarte un poco más… disfrutar de la vida… y sentir placeres únicos… deliciosos… – deslizó suavemente sus largas y negras uñas por la espalda del santo - … y excitantes... si así lo quisieras…
De un movimiento, Aldebarán sujetó su mano apretándola y la acercó a él con brusquedad…
- No te atrevas a volver a tocarme… ¡JAMÁS en toda tu vida!… ¿ME ESCUCHASTE, OFIUCO? – le gritó. Alrisha ni se inmutó…
- Eres tan tonto… aún enojado por lo que ocurrió en el pasado, ¿es que nunca piensas olvidar, Rasgado?
- Yo no olvido, Alrisha… y créeme que cuando dije que algún día te acabaría con mis propias manos… te aconsejaría que no tomes tan a la ligera mis palabras… - amenazó. Los ojos de Ofiuco en ese momento se volvieron ámbar con pupilas de serpiente…
- No lo haré… ten por seguro que NO lo haré, Santo de Tauro… - lo miró desafiante.
Se quedaron mirándose en esa posición como si en cualquier momento alguno de ellos fuera a atacar al otro… pero en lugar de ello, Alrisha sonrió volviendo su color de ojos al oscuro normal. Aldebarán la miró unos instantes y la soltó…
- De acuerdo… lo haremos como tú quieras, Tauro… y no por el hecho de obedecer las órdenes del Patriarca… sino porque hace MUCHO tiempo que no me divertía tanto como hasta el día de hoy… así que por esta vez te seguiré el juego y dejaré que me lleves al Santuario… ¿Estamos de acuerdo?
- No voy a discutir más contigo, Ofiuco… - respondió cortante colocando la caja de su armadura en su espalda – Sólo te haré una advertencia… o mejor dicho, tres de ellas…
- ¿Sí? ¿Y qué es? – preguntó la amazona fingiendo ingenuidad.
- La PRIMERA advertencia… durante todo el tiempo que estaremos en el Santuario vas a llevar tu máscara puesta, ¡sin excepción!... tú estarás acostumbrada a hacer lo que te dé la gana en tu desierto, pero allá los caballeros y amazonas son muy respetuosos de las reglas y no quiero que nadie tenga que morir por TÚ culpa… ¿está claro?
- Si te hace feliz… que sea así… - dijo con visible burla en su voz.
- ¡SEGUNDA advertencia! – interrumpió a la amazona - No se te ocurra armar alguna pelea o provocar destrozos en el santuario… ya bastante tuvimos la última vez… y TERCERA advertencia… a la primera señal de alguna falta de respeto, majadería o desacato en presencia del Patriarca Sage… ¡YO MISMO ME ENCARGARÉ DE REGRESARTE EN PEDAZOS A LAS TIERRAS ÁRIDAS, OFIUCO! ¡¿LO HAS ENTENDIDO? – gritó al final.
- Está bien, está bien… lo prometo… - respondió la guerrera mostrando las palmas de las manos como señal de aceptación.
A pesar de sus palabras, en el fondo Alrisha se estaba divirtiendo muchísimo… y las circunstancias le prometían que habría mucha más diversión asegurada. Cómo disfrutaba ver al santo de Tauro tan fuera de sus casillas en su presencia, pensaba para sí Ofiuco… no había cambiado nada… y sí, estaba segura que tarde o temprano tendrían ese esperando enfrentamiento y ella lo disfrutaría completamente.
Pero eso sería en otro momento… ahora tendría otro asunto entre manos que atender…
Aldebarán por su lado, se preguntaba por qué la insistencia del Patriarca en pedirle que buscara a esa maldita mujer para que entrenara al pequeño Albafika… el santo de Tauro estaba seguro que no tenía idea del error que estaba cometiendo… Ofiuco podía ser muy impredecible y peligrosa… temió en ese momento por el futuro del pequeño Piscis y sobre todo de lo que tendría que soportar…
Se obligó a sacar de su cabeza esos pensamientos al ver que Alrisha de Ofiuco se acercaba al él lista para partir al Santuario… Rasgado tendría que colocarse una venda sobre sus ojos y sin dejar de repetirse a sí mismo que lo hacía por el bien del Santuario y por su diosa Athena…
- "Patriarca... confío en usted… espero, por el bien de ese niño, que no se equivoque…" - pensó el santo de Tauro con tristeza antes de emprender el camino de vuelta al Santuario llevando consigo a la peligrosa Alrisha de Ofiuco... quien sería la futura maestra del Santo de Piscis.
Y no pudo dejar de dedicarle sus pensamientos hasta el final…
"Albafika…"
- Fin del Flashback -
Aldebarán de Tauro había llegado sin darse cuenta a su templo totalmente abstraído en sus pensamientos. Los recuerdos de la búsqueda de Alrisha de Ofiuco en las Tierras Áridas no habían sido nada agradables… y aún no comprendía como alguien como ella fue elegida por el Patriarca como maestra de Albafika… es verdad, el chico se había convertido en un poderoso santo pero… ¿A costo de qué?
No tenía idea de cómo había sido el entrenamiento que llevó el niño en ese lugar tan lejano y horrible donde tuvo que ir a buscarla… tuvo que haber sido algo espantoso… Tauro sabía cómo era Alrisha ya que habían entrenado juntos por un tiempo en el Santuario cuando ambos iban por sus armaduras. Recordaba que ella siempre fue muy distinta… no sólo por su color de piel que de por sí era algo fuera de lo común y no recordaba que hubiese existido uno como ella antes… pero tal y como cambiaban los tiempos… era absurdo pensar que todo permanecería igual… ella tampoco fue así cuando la conoció e incluso la llegó a respetar como rival y guerrera…
Pero a raíz de ese terrible y penoso día… todo cambió entre ellos… y lo que pasó sería algo que Aldebarán de Tauro NUNCA podría perdonar en lo que le quedara de vida…
Pero ya no valía la pena pensar en la razón y el por qué de las cosas… simplemente porque ya no había quién para echarle la culpa… y la razón era que Alrisha de Ofiuco ya estaba MUERTA desde hacía años… y la prueba palpable era que la Armadura de Ofiuco estaba celosamente guardada en el Santuario… y para ser más exacto… bajo la atenta protección del Santo de Aries. Recordaba claramente cuando el Patriarca le asignó a Shion la labor de cuidar de la armadura de Ofiuco hasta la llegada de su siguiente portador… y la vio perfectamente cuando se la entregó…
Y estaba seguro que Albafika también la había visto…
Pero entonces, ¿por qué el chico seguía teniendo esas alteraciones en su cosmos? ¿Qué era esa ansiedad que parecía consumirlo día con día? La soledad que estaba viviendo Piscis ya estaba empezando a hacer mella en él y esperaba desde el fondo de su corazón que la misión que iba a realizar Albafika lo ayudara a despejarse y que cuando volviera las cosas fueran distintas… Rasgado le tenía mucho cariño al joven santo y no era para menos… sólo quería lo mejor para él.
- Nerea-san… - dijo en voz baja – Si tan sólo estuvieras aún entre nosotros… no sabes cuánta falta le hiciste al chico… y estoy seguro que Albafika también te recuerda… - miró hacia el cielo – Si te has convertido en un ángel… por favor, cuídalo desde donde estés…
Un suspiro escapó del pecho del santo de Tauro y sus ojos se posaron en el pueblo de Rodoido que se divisaba a lo lejos… y en donde sabía que existía otro pequeño ángel terrenal de cabellos castaños que también se preocupaba por el santo de Piscis… y al cabo de un momento una sonrisa afloró en sus labios…
Quizás sus plegarias… en cierta forma… ya habían sido escuchadas…
-o-
Había pasado más de una semana desde que Albafika partiera a la misión que le encomendó el Patriarca Sage. A pesar de que el lugar hacia donde había ido no se encontraba excesivamente lejos del Santuario, estaba tomando más tiempo de la cuenta, pero eso sucedía algunas veces y no era razón para preocuparse…
Al menos que la preocupada fuera Agasha… entonces la historia era distinta…
Cuando ella veía pasar a alguno de los caballeros dorados cerca del puesto donde tenía sus flores, algo que ocurría casi a diario ya que los santos acostumbraban visitar el pueblo como parte de sus labores de vigilancia y protección… le preguntaba inmediatamente por el santo de Piscis… obteniendo, la mayoría de las veces, una respuesta negativa para desilusión de la jovencita.
- No te preocupes tanto, Agasha… - dijo Shion de Aries con una sonrisa amable en una de las veces que pasaba por su casa – A veces las misiones de nosotros los caballeros suelen tomar más tiempo de lo previsto inicialmente… pero ten por seguro que Albafika se encuentra en perfectas condiciones… y si algo le pasara, nosotros lo sabríamos de inmediato…
- Sí, tiene razón señor Shion… pero… yo… no sé… - las palabras se agolparon en su garganta como un nudo y sus labios temblaron sin poder evitar lo que sentía.
Apenada, bajó la cabeza cerrando los ojos, cuando en eso sintió la tierna caricia de una mano en sus cabellos… y por un momento se imaginó que se trataba de la mano de su santo favorito… sólo que al abrirlos tuvo que volver a la realidad al encontrarse con la serena mirada de Shion de Aries…
- Ten paciencia, pequeña… ya verás que pronto volverá. Y te diré algo… apenas Albafika regrese te prometo que vendré a avisarte de inmediato… pero cambia esa cara, ¿de acuerdo?
Agasha sonrió secándose un poco sus humedecidos ojos… de verdad el santo de Aries era un caballero muy bueno y amable… era agradable tener un amigo como él…
- Sí, señor Shion… lo haré… muchas gracias… - dijo contenta y le extendió un ramillete de flores – Para usted… estoy segura que se verán muy bien en su templo… espero que le gusten… - sonrió.
- Te lo agradezco, Agasha… - le devolvió la sonrisa con ternura y pensó – "Es una niña tan dulce… estoy seguro que ella es exactamente lo que Albafika necesita… es una lástima que tenga ese problema con el veneno… cualquiera se sentiría afortunado de ser querido de esa manera…"
- Señor Shion, ¿le pasa algo? – preguntó al verlo pensativo. El santo parpadeó un par de veces…
- No, nada… me distraje un momento… - sonrió – Bueno debo irme… gracias nuevamente el obsequio…- se despidió caballerosamente con una leve inclinación.
- Gracias a usted, señor Shion… y salude al resto de caballeros de mi parte… - contestó.
- Lo haré… - ya estaba por irse cuando dijo – Ah, antes de que lo olvide… si ves pasar a Dohko de Libra por aquí… un favor, también obséquiale unas flores de tu parte, ¿lo harás?…
- ¿Uh? Sí, claro… pero, ¿por qué? – preguntó extrañada.
- El pobre ha estado un poco de mal humor últimamente desde cierto "combate" que tuvimos… - sonrió recordando la partida de ajedrez en donde lo derrotó sin que pudiera hacer nada – Estoy seguro que si se las das tú se pondrá muy contento… ya sabes que uno de tus mayores admiradores…
- ¡Señor Shion! – se sonrojó notoriamente, reacción que hizo gracia en el lemuriano – ¡Usted no, por favor! Que ya tengo bastante con las bromas de los otros santos cada vez que subo al Santuario…
- Vamos, Agasha… no te enfades… - sonrió el santo tranquilamente – Además… si Dohko descubre que me has regalado flores a mí y no a él… tendré que soportar sus rabietas por varios días… y créeme… - bajó la voz en un susurro – Eso es bastante molesto… (guiño).
Agasha volvió a sonrojarse haciendo una mueca de molestia, pero pronto cambió a una de risa… no podía enfadarse con el buen santo de Aries ya que sabía que sólo le decía eso para alegrarla. Shion, por su parte, disfrutaba las conversaciones con esa jovencita y aunque no era su estilo hacer el tipo de comentarios como el que acababa de hacer, le tenía confianza y eso era suficiente para despertar ese lado travieso que mantenía casi siempre oculto… al menos por un momento…
Un ruido cercano le hizo desviar su atención y descubrió a un grupo pequeño de chicas más o menos de la edad de Agasha, asomándose por una esquina y a la vez que se reían nerviosamente. El santo de Aries no deseaba llamar demasiado la atención de los lugareños por lo que decidió dar por concluida la conversación con la joven florista…
- Bueno Agasha… me temo que tengo que continuar con mis obligaciones… además, creo que tienes visita… - miró a nerviosas las chicas que se sonrojaron al ver que volteaba la cabeza hacia ellas - Te avisaré apenas sepa algo, hasta pronto… - volvió a despedirse y al momento de pasar por el lado de las muchachas se detuvo – Señoritas… - inclinó su cabeza educadamente haciendo que las chicas se quedaran mudas…
Agasha tuvo que cubrir su boca con las manos para evitar reírse de la cara que estaban poniendo las jóvenes… ¡la escena era demasiado graciosa! Una vez que el caballero de Aries desapareció por una esquina, las chicas que tenían sus ojos clavados en el lemuriano, reaccionaron y rápidamente fueron al encuentro de Agasha…
- ¡Agasha! ¡Dinos! ¿Quién es ese hermoso caballero que estaba hablando contigo? – dijo una de las chicas aún nerviosa.
- ¡Ah, qué lindo! ¿Viste sus ojos? ¿Y cómo nos saludó hace un momento? ¡Por poco sentí y que me moría!… ¡Brillaba como el sol y era igual al de los cuentos! – dijo otra aún con los ojos ensoñados.
- ¡Oigan, ya cálmense!... – dijo Agasha - El caballero que vieron es el señor Shion, santo dorado de Aries, de la primera casa del santuario… y a veces viene por aquí…
- Ah… ¿entonces se trata del caballero de oro que es amigo tuyo? – dijo la tercera chica sonriendo como si supiera algo.
- Conozco algunos de los caballeros del santuario, pero… un momento, ¿por qué me preguntas eso de repente, Tessa? - dijo Agasha mirándola.
- No, por nada… sólo que lo vi tan amigable contigo, que pensé… pues… como últimamente ya no nos cuentas nada, que quizás sería un amigo especial tuyo… - sonrió misteriosa.
- ¿En serio? ¿Ese caballero y tú son novios, Agasha? ¡Anda, cuéntanos! – dijo otra de las chicas emocionada.
- ¿Eh? ¡No, claro que no! ¡No supongas cosas que no son, Tessa! ¡No tengo ningún amigo especial en el santuario! – lo negó rotundamente aunque no pudo evitar el sonrojarse un poco. Agasha por un momento palideció, temiendo que la señora Cristina hubiera contado algo de lo que habían hablado en el cementerio el otro día…
La joven llamada Tessa no sabía nada de los sentimientos de Agasha por el caballero de Piscis, pero la conocía desde hace tiempo y al ver la reacción de su amiga, confirmó sus sospechas. No era mala, pero igual sentía curiosidad ya que Agasha ya no la frecuentaba ni a ella ni a sus amigas tanto como antes y al ver que subía tanto al santuario, pues habían empezado a pensar que tal vez tendría alguna historia romántica con algún caballero de allí. Ya iba a preguntarle algo más cuando…
- ¡TESSA! - dijo una voz a sus espaldas – ¿No se supone que tu madre te pidió que fueras al mercado hace un buen rato? ¿Qué haces aquí perdiendo el tiempo? – las chicas voltearon en seco al ver a la señora Cristina con una severa expresión en su rostro.
- Aaah… señora Cristina… nosotras… - titubeó Tessa.
- ¡Nosotras nada! ¡Dejen a Agasha trabajar que tiene varios arreglos florales que entregar! ¡Y lo mismo va para ustedes dos, Naia y Ophelia! ¡Vamos, váyanse de una vez! – ordenó.
Las tres chicas asintieron y se fueron rápidamente. Agasha se quedó mirando a la curandera con asombro… sabía que la señora Cristina tenía autoridad, pero no había visto hasta donde podía llegar, hasta el punto de hacer obedecer hasta al más rebelde de los niños. La mujer volteó a verla cambiando su rostro de serio a uno amable…
- Me parece que llegué justo a tiempo, ¿no? – dijo sonriendo – Lo vi todo desde mi ventana, justo cuando ese caballero dorado se estaba yendo seguido del acoso de las chicas hacia ti, querida… - frunció el ceño – Algunas jóvenes no tienen muy claro el concepto de "vida personal"…
- No se enfade con ellas, señora Cristina… - contestó Agasha – En parte las entiendo un poco… he estado tan absorta en mis asuntos que las he olvidado casi por completo… antes estábamos siempre juntas y… bueno…
- Lo sé… eso suele suceder cuando los pensamientos y el corazón van dirigidos hacia algo… o alguien… - sonrió y luego añadió – Una curiosidad… ese caballero de hace un rato… acaso es…
- ¡No, no lo es!... es decir… el señor Shion es mi amigo y me cae muy bien… pero no… él no es el caballero que… - dijo avergonzada.
- Vaya, es una pena… con lo apuesto y amable que se ve… no me extraña que las otras chicas se hayan quedado encandiladas con él… parece que es una excelente persona… - sonríe – No cualquiera recibe un ramo de flores como regalo tuyo…
- Bueno… yo… - dijo algo avergonzada. Al verla, la señora Cristina decidió cambiar de tema… Agasha era aún muy inexperta en asuntos del amor y no quería apenarla demasiado…
- Por cierto, ¿cómo se encuentra tu amigo caballero de sus heridas? ¿Le hizo bien el preparado de hierbas? – preguntó la curandera.
- ¿Eh?... bueno, lo que pasa es que ahora mismo no se encuentra en el Santuario y no sé exactamente cuándo vendrá, por eso no se lo he llevado… justo le estaba preguntando al señor Shion por él cuando usted nos vio… - contestó.
- Ya veo… bueno, ya me contarás cuando lo veas… en ese concentrado de hierbas te he añadido algunas más que cuesta mucho conseguirlas ya que vienen de lugares lejanos… para ser más exacta, de las Tierras Áridas que se encuentran al otro lado del mar… - dijo la mujer.
- ¿Las Tierras áridas?... ¿De tan lejos? – preguntó asombrada.
- Exacto, de un árbol maravilloso cuyas semillas se sabe que son cicatrizantes… te aseguro que le harán muy bien… - en eso escuchó las campanadas de la iglesia – Oh, mira… ¡Qué tarde se me ha hecho! Será mejor que me vaya… mucha suerte, querida Agasha… - y despidiéndose se fue a toda prisa.
Agasha se quedó mirándola y pensó en todo lo había pasado… desde su conversación con el caballero de Aries hasta la que tuvo con la señora Cristina... por fortuna, nadie más a parte de ellos dos sabían lo que sentía por el caballero de Piscis… y desde el fondo de su corazón rogó para que volviera sano y salvo al Santuario… extrañaba tanto el poder verlo…
De pronto, dio un respingo al percatarse que aún no había terminado con los arreglos florales pendientes para esta tarde... y sin perder más el tiempo, reanudó su trabajo.
-o-
Habían pasado dos días desde el encuentro de Shion con Agasha en el pueblo, y desde ese día no había vuelto a tener noticia alguna del caballero de Aries… es más… tampoco había visto a ningún otro caballero dorado visitar el pueblo…
"¿Habrá pasado algo malo?" se preguntaba Agasha mirando hacia el Santuario. El señor Shion le hizo la promesa de avisarle en cuanto el santo de Piscis regresara… pero no tenía noticias y eso empezó a preocuparla. Tal vez había pasado algo muy grave y estaban tan ocupados que no pudo ir a verla… ¿Estaría bien el señor Albafika?
Esa mañana, ya harta de esperar, decidió ir por su cuenta al Santuario en busca de respuestas y ver por si encontraba a su querido caballero. Sin perder tiempo, cargó con ella un bolso llevando el preparado de hierbas por si acaso fuera necesario y partió hacia el Santuario… rogando no entretenerse demasiado por el camino…
Para su sorpresa, las casas de los santos estaban casi todas vacías… ya que cada vez que subía saludaba al guardián de la casa, pero en la mayoría de los casos no encontró a nadie… "Qué extraño…" se preguntaba la joven aldeana mientras continuaba con su ascenso.
-o-
Entre tanto, algunas casas más arriba, para ser más exacto, en el Templo de Acuario… un joven de cabellos verdosos con gafas, examinaba el estante de libros que tenía en frente y esbozando una sonrisa al encontrar el que buscaba. Pasó unas páginas y deteniéndose en una de ellas, musitó…
- Estigmas… heridas sangrantes que aparecen en algunas partes del cuerpo y que suelen relacionarse con algún hecho milagroso, intervención divina…o también por causas diabólicas… mmm… - revisó los gráficos del libro – Esta definición está más enfocada hacia temas religiosos, pero no se parece en nada a lo que tiene Albafika en su pecho… - cerró el libro con frustración y cansancio – Ya he revisado gran parte de la información que tengo aquí, pero nada coincide… quisiera volver a hablar con Albafika, pero… lo más seguro es que se niegue y tampoco quiero molestarlo… en fin, será mejor que lo deje para más tarde y salga a tomar aire fresco… - dijo quitándose las gafas y encaminándose a la entrada de su templo.
Dégel de Acuario era el guardián de la 11va casa del santuario de Athena y considerado por muchos como el caballero "más sabio del Santuario"… por su inteligencia, mente analítica y reflexividad ante cualquier situación. Además, es capaz de leer las constelaciones, siendo muy hábil en la interpretación de los astros, desempeñando esa labor junto con el Patriarca Sage. Sus habilidades en la planificación de tácticas y estrategias lo convierten en un elemento muy valioso en caso de alguna batalla… siendo un observador desde algún punto estratégico y siempre procurando tener todo bajo control, sin caer en la improvisación o intuición… así era Dégel de Acuario… planificador, estratega e investigador… pero no por ello dejaba de ser un guerrero poderoso en el combate. Conocedor de las técnicas de los hielos eternos, se le considera un guerrero bastante poderoso… y aunque aún no ha mostrado todo su poder en el combate… es más que seguro que tendrá que hacerlo con la cercanía del inicio de la Guerra Santa…
Debido a es un investigador nato, Dégel busca siempre el por qué de las cosas que parecen incomprensibles apoyándose en la lógica y en los hechos… como en este caso, el extraño estigma de Albafika en su pecho. Luego de su pelea con Kardia, había empezado a investigar sobre ello, pero no le encontraba sentido alguno… tal vez la respuesta no estaba en los libros y tendría que dirigir sus pesquisas hacia otro punto…
Pero… ¿HACIA DÓNDE?
En eso, una figura apareció ante sus ojos subiendo con paso apurado por las escaleras y al cabo de unos momentos pudo reconocer a Agasha, la jovencita del pueblo de Rodoiro que siempre sube a llevarle flores al Patriarca del Santuario. Ya la había visto varias veces pasar por su templo y según tenía conocimiento, le tenía cierto apego al caballero de Piscis… o en caso contrario, Dohko de Libra hablaba demasiado… lo que si había notado era que la jovencita dejaba muchas veces flores en el templo de Piscis a parte de las que llevaba al Patriarca… pero últimamente ya no había visto ninguna, mucho antes de que Albafika partiera a su misión... ¿Qué podría significar?
Pero ahora que se daba cuenta, la chica no llevaba ninguna flor en sus brazos… y es más… la expresión de su rostro parecía de angustia.
Ese detalle le había llamó la atención… y sabiendo lo que le ocurría a Albafika, le pareció interesante conocer un poco más de cerca a esa niña… quizás podría ayudarle a encontrar la respuesta que buscaba…
Ignorante de que era observada por el santo de las aguas, Agasha continuaba con su ascenso por las escaleras, pero justo al llegar a la subida del templo de Acuario la mirada de la joven se encontró con la del guardián de ese templo que justo aparecía por detrás de una columna. Agasha se detuvo de inmediato, sabiendo que si encontraba a un caballero dorado debía pedirle permiso para cruzar por su templo. Sabía que el santo que tenía en frente era el caballero de Acuario ya que lo había visto alguna que otra vez de lejos, pero nunca le había hablado directamente…
- Buenos días, señor caballero de Acuario… - saludó correctamente – Por favor, le pido permiso para pasar por su templo…
- Puedes llamarme Dégel de Acuario… - dijo cortésmente – Te llamas Agasha, ¿verdad? – la chica asintió - Adelante... puedes pasar.
- Muchas gracias, señor Dégel… - contestó y cuando estaba pasando por su lado, el santo dijo…
- Qué extraño… hoy no llevas ninguna ofrenda floral, Agasha… - preguntó, a lo que la chica se detuvo de golpe…
- Eh… pues… no… - contestó poniéndose nerviosa. Nunca había tratado directamente con el caballero de Acuario y no sabía cómo era en realidad… tal vez no le permitiría pasar al ver que no tenía un motivo real para subir… y no podía decirle que era para ver al Santo de Piscis... tal vez no lo tomaría muy bien.
- ¿Y aún así vienes al Santuario? – la miró fijamente a lo que la niña se puso más nerviosa – Tranquila, no me mires así… - sonrió tranquilamente – Sólo te estoy haciendo una pregunta…
- Yo… eh… pues, sí… venía a visitar a la señorita Athena… - comenzó a recordar – Ella me dijo que cada vez que quisiera podía subir a visitarla… y bueno, hoy venía a eso… - inconscientemente apretó con fuerza la bolsa que llevaba colgada, detalle que no pasó desapercibido para el santo de Acuario…
- ¿Es eso verdad? – volvió a preguntar a lo que la joven asintió – Bueno, de acuerdo… continúa con tu camino.. ha sido un placer, Agasha…
- M-muchas gracias, señor Dégel… - dijo aún nerviosa y se dispuso a continuar.
El santo de Acuario la observaba, cuando en eso un penetrante aroma golpeó su olfato. Hizo un gesto como de reconocimiento y dijo…
- ¡Espera un momento! – dijo en voz alta a lo que Agasha palideció… ya que el tono de voz le había cambiado por completo al santo… - Disculpa, Agasha… ¿pero podrías decirme qué es lo que llevas en esa bolsa?
- ¿En esta bolsa?... yo… eh… no, no es nada… - la cogió con ambas manos, reacción que hizo que Dégel frunciera el ceño… - "Oh, no… pensará que estoy llevando algo que podría poner en peligro a la señorita Athena… ¡Qué estúpida! ¡Qué estúpida soy!"
- Te lo volveré a preguntar… que… - iba a continuar cuando de repente Agasha se postró de rodillas ante él.
- ¡Señor Dégel, lo siento! ¡Perdóneme, por favor! – dijo angustiada y casi a punto de llorar – Yo… no le dije la verdad… ¡No voy a ver a la señorita Athena!
- ¿Cómo dices? – preguntó Dégel confundido.
- Yo… pensaba ir al templo del señor Albafika… para… quería… quería llevarle algo y entonces yo… - la chica estaba muy nerviosa… ¿cómo iba a explicarle al santo de Acuario sobre los preparados de hierbas?... pero para su sorpresa Dégel se le acercó con una expresión tranquila…
- Levántate, Agasha… - la tomó de una mano haciendo que se incorporara y luego preguntó señalando la bolsa – ¿Me permites?
- Yo… sí señor… aquí tiene… - dijo derrotada entregándole la bolsa al santo. Varios días de trabajo y esfuerzo iban a terminar en manos de un santo que no era el que ella quería… y todo por culpa de su torpeza.
Dégel de Acuario la observó con la misma tranquilidad y metiendo su mano extrajo un puñado de las hierbas… las llevó a la altura de su nariz y aspiró profundamente…
- Ahhh… Plantago lanceolata… Calendula officinalis… y…mmm… creo que Adansonia digitata… me parece que son algunas plantas… las otras no puedo identificarlas muy bien… pero el aroma es inconfundible... - dijo devolviendo el puñado al bolso. Agasha lo miraba con los ojos abiertos…
- Usted… cómo es que… - empezó a decir la chica.
- ¿Cómo es que las conozco?... no creas que eres la única persona que visita a la curandera de Rodoiro, Agasha… y ocasionalmente me ha enseñado algunos de su secretos… - sonrió. A la jovense le iluminaron los ojos…
- Ah, ¿usted conoce a la señora Cristina? – preguntó aún sin poder creerlo – Yo soy vecina suya desde hace varios años, ¿cómo es que nunca lo he visto por allí?
- Vamos por partes… sí, también la conozco desde hace tiempo. Me gusta aprender sobre plantas medicinales ya que es bueno estar preparado para todo… nunca se sabe en qué circunstancias tendrías que recorrer a esos conocimientos… y en cuanto a lo segundo… cuando bajo al pueblo lo hago por lo general en las horas menos concurridas y sin vestir mi armadura… para asuntos personales no me agrada llamar demasiado la atención… - contestó tranquilamente el santo de las aguas.
En eso, Agasha recordó haber visto a un joven muy parecido al caballero de Acuario una que otra vez por la casa de la curandera… pero tal como venía se iba de la misma forma… como si fuera una brisa.
- Me acuerdo de ti, pequeña florista… - le dedicó una sonrisa - Y también sé que lo que llevas allí es uno de los compuestos cicatrizantes más efectivos que se conocen hasta ahora… y debo suponer que son para Albafika de Piscis, ¿estoy en lo cierto?
- Sí… son para el señor Albafika… es que el otro día tuvo una pelea y supe… no, mejor dicho… le vi unas terribles heridas en el pecho… - dijo recordando.
- ¡¿Tú estabas también ese día? – preguntó sorprendido ya que no recordaba en ningún momento que Agasha hubiera estado presente en el templo de Piscis.
- Sí… pero llegué un poco después, cuando la pelea ya había terminado… y bueno… lo vi… - no dijo nada más, ya que no quería recordar la reacción que tuvo el santo de Piscis con ella... cuando por error, casi la mata – Por qué lo pregunta, ¿acaso también lo vio?
- Eh, sí… también lo vi… - dijo recordando las terribles heridas en el pecho de Albafika y la forma como se cerraron... aquellas extrañas "cicatrices vivientes". Le había prometido guardar el secreto, pero eso no impedía que buscara respuestas por su cuenta... como lo estaba haciendo hasta hace unos momentos. En eso, la voz de Agasha lo regresó a la realidad...
- Me preocupé mucho y por eso quise buscarle estas hierbas para ayudarle a curar sus heridas… no se me ocurrió que más hacer por el señor Albafika… - dijo la jovencita con sinceridad. El santo de Acuario se le quedó mirando...
- "Estaba en lo cierto… esta chica guarda sentimientos por Piscis…" – pensó y luego dijo - Ya entiendo… ha sido un gesto muy amable de tu parte hacia Albafika… y estoy casi seguro que se curará de sus heridas… - dijo el santo, sin estar seguro si podría ser así o no.
- ¿Verdad que sí?... eso espero… lamento mucho haberle mentido, señor Dégel… fue sólo que… - bajó la cabeza apenada.
- Está bien, no tienes que disculparte, pequeña… también conozco a Albafika y sé que no le gusta que se sepa demasiado de su vida o de lo que le pase… el único problema es que si piensas verlo, ahora mismo no se encuentra en su Templo…
- ¿Qué? ¿Aún no vuelve de su misión? – preguntó abriendo sus ojos.
- Me temo que no, Agasha… y no sé exactamente cuándo lo hará... lo siento… - dijo el santo. A sus palabras la joven suspiró con desilusión…
- Comprendo… entonces será mejor que regrese otro día… le agradezco mucho su amabilidad, señor Dégel… hasta pronto… - se despidió, pero cuando estaba por bajar las escaleras, el santo de las aguas la llamó…
- Agasha, espera un poco… ¿te gustaría pasar a mi templo y acompañarme con una taza de té? – le ofreció amablemente.
- Eh… ¿yo?... bueno… - titubeó un poco.
- Sería un placer que aceptaras… además me gustaría hablar un poco más contigo sobre otros temas, además de plantas medicinales… si tú deseas, claro está… – volvió a ofrecerle.
Agasha miró al caballero algo dudosa… pero luego cayó en cuenta de que le había mentido al inicio y que lo más correcto era compensarle por su comportamiento… además el caballero había sido muy amable con ella… y por otro lado, sería la primera vez que podría admirar un templo por dentro… ya que todavía no había tenido la oportunidad de hacerlo.
- Está bien, señor Dégel… acepto gustosa… - sonrió la chica.
- Muchas gracias, Agasha… sígueme, por favor… - dijo Dégel empezando a introducirse a su templo, seguido muy de cerca por la jovencita.
Mientras caminaban por el interior del templo de Acuario, Agasha no podía dejar de admirar las hermosas estatuas que lo adornaban… casi todas con motivos relacionados con el agua… eran de verdad, hermosas. Había cruzado muchas veces por aquel templo, pero nunca se había detenido a contemplarlo… y se preguntaba si todos los templos de los caballeros de oro serían igual de majestuosos.
Estaba mirando las estatuas, cuando de repente sus ojos se posaron en una en la que aparecía una hermosa mujer joven que parecía estar llenando un cántaro sumergiéndolo en el agua. Agasha se le quedó mirando fijamente como si le recordara a alguien… esa expresión serena y la belleza de las formas… ¿dónde había visto esa cara antes?
- ¿Agasha? ¿Sucede algo? – llamó el santo de Acuario al ver que la chica se había detenido delante de la estatua.
- ¿Eh? Oh, lo siento, señor Dégel… me entretuve observado la estatua… - respondió y notó que el santo se detenía a su lado.
- Es bella, ¿no es cierto? – dijo mirándola - Ya estaba aquí antes de que me nombraran Santo y la que más me gusta entre todas las demás estatuas más que todo por la naturalidad que expresa… y te cuento algo más que casi nadie sabe… - volteó la mirada hacia Agasha - Normalmente las estatuas de este templo están inspiradas en ninfas de agua nacidas de la imaginación del artista… pero esta estatua fue tallada usando como modelo a una persona real…
- ¿En serio? – preguntó la chica sorprendida.
- Así es… al parecer se trataba de una antigua vestal del templo de Athena... cuentan que un artista, que por aquellos tiempos estaba haciendo trabajos para el Santuario, vio a la referida vestal por casualidad llenando agua en un cántaro en una de las fuentes del Templo Principal… y dicen que para él sólo fue suficiente una mirada para realizar la escultura… - Dégel sonrió – Lo que pienso que sucedió fue que el escultor se enamoró a primera vista de esa joven vestal y sabiendo que era alguien inalcanzable para él no pudo hacer más que expresar sus sentimientos en esta escultura…
- Estoy segura que es verdad, señor Dégel… - dijo Agasha en voz baja – Al verla me parece… me parece poder sentir las mismas emociones del escultor y sobre todo… que la hizo con todo su amor… es tan… - extendió la mano pero no la llegó a tocar – Parece que estuviera viva… es hermosa…
- Veo que te gusta el arte, Agasha… me agrada eso de ti… vamos, continuemos… - dijo el santo haciendo un además con la cabeza de que lo siguiera.
- Mi madre cuando vivía siempre me contaba de todas las maravillas que las personas han hecho con sus manos y que siempre hay que aprender mucho de ellas… - suspiró con nostalgia mientras caminaban por los pasillos del templo - Ella también en cierta forma era una artista… ya que cultivaba flores que luego se convertían en hermosos arreglos florales… recuerdo verla cuando los hacía… la verdad aprendí viéndola, pero creo que nunca llegaré a estar a la altura de ella… por más que trato…
- No digas eso, pequeña… he visto algunos de tus arreglos y son dignos de admirarse… - dijo a lo que la joven se sonrojó – Y estoy seguro que con el tiempo los podrás hacer tan bien como tu madre, Agasha… - el santo pensó un momento y luego dijo – Y a parte del arte floral y hacer mezclas con hierbas medicinales… dime algo, ¿saber leer?
- ¡Oh, sí!… mamá también me enseñó. Mi padre siempre me dice que leo mucho mejor que él… pero sí, cuando puedo me gusta leer… es una lástima que no tenga tantos libros…
Esto último lo dijo un Agasha un poco apenada ya que tener libros en aquella época se consideraba un lujo, tanto como la educación, y sólo la gente con dinero podía permitirse acceder a ellos… la familia de la chica era humilde y no le era posible. Pero, Agasha tuvo mucha suerte, a diferencia de muchos de los chicos de Rodoiro que nunca fueron a la escuela ni aprendieron a leer…
- ¿En serio? Entonces dentro de poco te aseguro que colocarás a tu madre en el más alto de los pedestales… - dijo Dégel justo en el momento que llegaban a una puerta doble de madera labrada.
- ¿Por qué lo dice, señor Dégel? – preguntó algo confundida.
- Por ESTO… - sonrió y de inmediato abrió las puertas.
Agasha sintió que en un momento se le cortó la respiración al ver la cantidad de libros colocados en estantes que llegaban hasta el techo y prácticamente la rodeaban… eran tantos… nunca en su vida se habría imaginado que existían tantos libros…
- Bienvenida a mi salón favorito, Agasha… espero que te agrade tanto como las estatuas… - dijo el santo sonriendo al ver la reacción de la chica luego de lo cual procedió a acercarse a una mesa que tenía un juego de té de fina porcelana china… sí, Dégel de Acuario gustaba mucho del arte…
- ¡Oh, por los Dioses!… jamás me imaginé que existiera un lugar así en el santuario… ¡Cuántos libros! ¡Deben de ser cientos! – dijo admirada dando vueltas alrededor.
- ¿Te parece?... y eso que no has visto la biblioteca que está en el templo principal… prácticamente es 4 veces más de lo que ves aquí… - dijo y luego pensó – "Por no decir que la biblioteca de Bluegard es aún mucho más grande… conteniendo casi toda la historia de la humanidad…" – recordó con nostalgia su lugar de entrenamiento.
- Es increíble… y dígame señor Dégel, ¿los ha leído todos? – preguntó aún sorprendida.
- No, no todos… pero espero poder hacerlo algún día… aquí existen varios temas y me gusta tener a mi disponibilidad información importante… toma asiento, por favor… - dijo señalando una pequeña mesa de centro a la vez que le entregaba una taza de humeante té, algo que Agasha aceptó gustosa…
- Muchas gracias, señor Dégel… ¡Qué suerte que tiene! Yo tengo en casa dos o tres libros que ya me sé casi de memoria de tanto leerlos… y a parte de la señora Cristina, creo que sólo en la iglesia del pueblo existen más libros… - tomó un sorbo de té antes de continuar – Usted debe ser muy rico para tener tantos, ¿no?
Al escuchar la pregunta, Dégel se atragantó con el té que estaba bebiendo y faltó muy poco para que lo escupiera delante de la chica que en acto reflejo se hiciera hacia atrás…
- ¡Oh, santo cielo, señor Dégel! ¿Se encuentra bien?... – Agasha preguntó asustada, al ver el color rojo de la cara del santo.
- ¡Cof, cof!... ¡Estoy bien, estoy bien!… ¡cof!... pero, ¿por qué piensas eso, Agasha? – alcanzó a preguntar entre carraspeos y una vez que se calmó continuó – Ya me encantaría que fueran míos, pero no es así… - sonrió y luego de toser un poco continuó - Salvo algunos pocos… todos estos libros forman parte del patrimonio del Santuario y si los tengo aquí es por la razón que te expliqué anteriormente… para tener información útil que me permita desempeñar adecuadamente mis labores como santo de Acuario, ¿lo entiendes ahora?
- Siento si lo importuné… se lo pregunté porque para tener tantos libros hay que pertenecer a una familia adinerada… lamentablemente, no es fácil que la educación llegue a todos, ¿sabe?… admito que yo tuve suerte, pero muchos chicos como yo no la tuvieron…
Dégel se quedó observando a la chica que miraba con tristeza a la taza que tenía entre sus manos y pensaba… "Es cierto… en Rodoiro y en muchos otros pueblos cercanos hay mucha gente de clase humilde que no puede darle la educación necesaria a sus hijos… y muchas veces terminan sin poder aprender a leer y escribir… si las cosas cambiaran…"
- Anímate, Agasha… esperamos que pronto las cosas cambien y todos puedan estudiar y aprender con las mismas facilidades. Nosotros los santos a parte de velar por la seguridad de todos, también tenemos la obligación de darles todos nuestro apoyo… - dijo tratando de alegrarla, pero en el fondo no sabía si eso ocurriría tan pronto, ya que se avecinaban tiempos difíciles… y ahora todos los esfuerzos del Santuario se centraban en prepararse para ese momento…
La joven aldeana lo miró y sonrió…
- Muchas gracias, señor Dégel… eso sería maravilloso… tener tantos libros en el pueblo sería como un sueño… - dijo sonriendo al santo que le devolvió el mismo gesto.
Estaba pasando su mirada por las estanterías cuando de pronto, un libro con cubierta de cuero y doradas letras llamó su atención. Poniéndose de pie se acercó a la estantería en que estaba y en un nivel bastante alto…
- ¿Qué ocurre, Agasha? – preguntó Dégel – ¿Has visto algo que te interese?
- Sí, eso creo… ese libro con cubierta de cuero… me parece que lo reconozco… - dijo sin dejar de mirar el libro con interés.
- ¿Te gustaría mirarlo? – preguntó.
- Oh, no quisiera hacerlo molestar… ¡Oh! – se sorprendió al ver que el libro empezaba a moverse y de repente, por sí solo, salió flotando de la estantería…
- Resulta muy útil usar la telequinesis para ciertas cosas, ¿no te parece? – el santo volvió a sonreír mientras tomaba otro sorbo de su té. Fuera de sus habilidades para controlar el hielo, mover cosas con la mente y cosmos a veces le era de utilidad...
Lentamente, el libro se depositó en las manos de Agasha. Con mucho cuidado lo abrió y soltó una exclamación de alegría…
- ¡Ah, es "El Principito"! – dijo contenta mientras lo revisaba – ¡No sabía que lo tenía aquí!
- ¿También te gusta?... es curioso, era uno de los libros preferidos de nuestra diosa Athena cuando llegó al santuario… es un libro perfecto para niños y muy fácil de leer…
- Es mi favorito… - lo cogió con cariño – Mamá me lo leía muchas veces de chica y aún lo tengo en casa… sólo que por los años ya está muy maltratado… ¡Y qué maravilla!... ¡Este libro tiene dibujos!... el mío no los tenía… - comenzó a mirar los dibujos y justo al encontrar el dibujo del principito con la rosa dijo… - El príncipe y la rosa… esta escena me encanta…
- ¿Y por qué justamente esa escena de todas?... cuéntame, Agasha… - preguntó Dégel con interés a la vez que se acercaba a ella.
- Muy simple… - lo miró – Una sola rosa no podría valerse por sí misma… necesita un jardinero que la cuide… que la escuche… que vea si está bien… - volvió a mirar el dibujo – Y a pesar de la rosa sienta que es independiente… y que… y que diga que no necesita a nadie que la cuide… en el fondo no es así ya que al ser cuidada con tanto cariño… la hace sentir especial y única entre las demás… no importa cuantos cientos de ellas existan en el mundo… ella siempre será ÚNICA para su jardinero…
- ¿Por esa razón te preocupas tanto por Albafika? – la miró tiernamente. No se imaginaba los sentimientos tan profundos que guardaba esa jovencita hacia Albafika y a escucharla hablar con tanta emoción… no pudo evitar sentirse igual…
- Sí… así es… el señor Albafika debe sentirse muy solo… y a pesar que dice que no necesita a nadie, pienso que no es así… él es muy bueno y noble… y no merece tener que soportar semejante sufrimiento… - dijo la chica con tristeza.
- Entiendo cómo te sientes, Agasha… yo también me lo he preguntado muchas veces, pero comprende que ése es el destino que eligió al convertirse en el Caballero de Piscis… y como bien sabes… por causa del veneno…
- … del veneno en su sangre no puede acercarse a nadie… - la chica lo interrumpió cambiando su expresión a una de rabia – Es que… no lo entiendo… ¡No es justo, señor Dégel!... si los caballeros existen para servir a la señorita Athena y ella vela por ellos… ¡¿Cómo puede permitir que uno de sus santos tenga que pasar por todo ello y ser condenado a vivir en soledad?
- Agasha… - el santo de Acuario no sabía que decir.
- Lo siento… es que a veces me pongo a pensar pero no lo entiendo… señor Dégel, usted que es tan culto… dígame, ¿Todos los caballeros de Piscis han sido siempre así? ¿Acaso todos han vivido siempre en soledad? ¿Sin tener amigos ni familia?... si es así… entonces estoy segura que nadie querría ser un santo de Piscis… - lo miró asustada – Oh, discúlpeme… me exalté y dije cosas sin pensar…
Pero Dégel de Acuario no la escuchaba… todavía sus anteriores palabras estaban resonando en su mente…
¿Todos los caballeros de Piscis han sido siempre así? ¿Acaso todos han vivido siempre en soledad? ¿Sin tener amigos ni familia?
- "¡Eso es!... ¿Cómo no se me ocurrió antes?... la respuesta estaba ante mis ojos y ni siquiera la había visto…" – estaba tan pensativo que no notó cuando Agasha se la acercó y tocó su brazo.
- Señor Dégel… ¿se encuentra bien?... disculpe si lo enojé con mis palabras… es sólo que yo… - no pudo terminar la frase ya que el santo la tomó de los hombros por ambas manos mirándola…
- Al contrario, Agasha… debo agradecerte ya que me has ayudado mucho… no tienes idea cuanto, pequeña… - sonrió y luego dijo – ¿Quieres saber algo? Albafika tiene mucha… MUCHÍSIMA suerte de tener a tan maravillosa "princesa"…
- ¡Señor Dégel, pero qué está diciendo! – se sonrojó apartándose del santo de las aguas que sonrió a ver su reacción... el santo de Acuario no pudo evitar sus palabras… la joven era tan tierna que se merecía eso y mucho más…
Realmente le hacía justicia al libro que tenía en sus manos… como si hubiese sido escrito para ella…
- Está bien, Agasha… me alegra que seas así y quiero que sepas que puedes contar conmigo para lo que necesites… y te ayudaré en lo que pueda con esa "rosa"… ya sabes a quién me refiero… - le dedicó una sonrisa que fue respondida por la joven.
- Es una pena que no haya vuelto el señor Albafika… lo que sucede es que en los próximos días no sé si pueda venir por mi trabajo con las flores… lo digo por las hierbas… me gustaría que las tuviera apenas vuelva de su viaje… por sus heridas, ya sabe… - dijo con preocupación.
- Si deseas, puedes dejármelas y yo se las entregaré a Albafika cuando vuelva de su misión… - la miró tranquilamente.
- ¿En serio? ¿Me haría ese favor, señor Dégel? – lo miró esperanzada.
- Claro que sí… puedes confiar en mí, Agasha… - y a sus palabras la chica se quitó el bolso y lo puso en sus manos.
- Señor Dégel… muchas gracias… – agradeció con una breve reverencia.
- De nada, para eso son los amigos… - vio como la chica volvía a ojear el cuento y cuando estaba por devolvérselo dijo – Si quieres puedes llevártelo, Agasha…
- ¡¿De verdad? ¿Me lo prestaría? – lo miró sorprendida.
- Claro que sí… llévatelo y tenlo todo el tiempo que lo desees… me da mucha alegría ver a alguien ilusionarse tanto por un libro… - dijo colocando una mano en su hombro. A su reacción, Agasha lo abrazó… para luego separarse rápidamente. El santo sólo sonrió tiernamente… - "Es una chica encantadora… es difícil no sentir cariño hacia ella…" – pensó en santo de las aguas.
- Oh, lo siento, señor Dégel… - dijo avergonzada - Es que me siento tan contenta y no sé como compensarle su amabilidad, ¿podría hacer algo por usted?
- No te preocupes, pequeña… aunque, ahora que lo mencionas… - pensó como si recordara algo – ¿Te importaría si tomara algo del preparado de hierbas que me diste para Albafika?
- Por supuesto, tome lo que necesite… - sonrió – Pero no olvide dejarle algo al señor Albafika… - lo miró con algo de preocupación - ¿Usted también está herido?
- Jaja, descuida… sólo necesito un poco para cierto "decerebrado" que conozco y que le vendrán muy bien…- dijo refiriéndose a un escorpión de no le daba más que dolores de cabeza - El resto de las hierbas prometo entregárselas a Albafika, Agasha...
- Uh… bueno… como usted diga, señor Dégel… - parpadeó algo confundida y luego dijo – Siento no poder quedarme más tiempo… pero tengo que regresar al pueblo a ayudar a mi padre con el negocio… pero prometo venir otro día a visitarlo… ^^
- De acuerdo, Agasha… y recuerda que si necesitas más libros, puedes venir todas las veces que quieras… - contestó sonriendo.
- Muchas gracias por el té… ¡Hasta pronto, señor Dégel! – se despidió saliendo con paso ligero de la biblioteca del templo de Acuario.
Dégel se quedó al pie de la ventaba de su biblioteca observando cómo se alejaba la jovencita por las escaleras del santuario rumbo a su pueblo. Realmente el encuentro que había tenido con ella había resultado mejor de lo que había esperado… es más, esperaba volver a verla muy pronto. Si tan sólo la situación de Albafika fuera distinta y no tuviera problemas con el veneno de su cuerpo… estaba seguro que sería muy feliz con una chica como ella…
Pero ahora mismo, era imposible pensar en ello… al menos que lograra resolver su problema… y tal parece que… gracias a su conversación con Agasha… había logrado encaminarse en su búsqueda de respuestas.
Por lo que sin pérdida de tiempo, Dégel de Acuario se colocó sus gafas y escogiendo unos cuantos libros… dio comienzo con su investigación.
-o-
Ajeno a lo que ocurría en el Santuario… en aquellos mismos instantes muy lejos de allí… un anciano se retorcía de dolor en una desvencijada cama… y luego de unos instantes soltó un desgarrador alarido… pero que nadie fue capaz de escuchar al encontrarse totalmente apartado de cualquier aldea… o persona…
El anciano estaba solo e iba a enfrentar sus últimos instantes de vida en soledad…
- ¡Aaaarrrgggg!… que... dolor – el anciano agonizaba escupiendo una espesa espuma por la boca – Gu… guar…dián… hasta… la... auggghhhh… la… ¡Muerte!…
Y luego de un último grito, el desconocido anciano… EXPIRÓ.
.
Notas de la autora:
¡Hola a todos nuevamente!
¡Bueno! Definitivamente este ha sido el capítulo más largo que he escrito hasta el momento… y la verdad lo quise hacer así por dos razones: primera, mis vacaciones se han terminado oficialmente en esta semana, pero como prometí escribir al menos dos capítulos de "La Rosa y la Princesa", y la segunda razón, es que quise darme prisa y avanzar todo lo posible con el argumento, rellenar agujeros y presentar personajes que serán de importancia conforme avance la historia.
Quiero agradecer a nemesisdea, Sweet-hikari1, megui-chan, ladhygabhi-rose, Amy, Hitomi Shion Yo y KaworuM por sus comentarios en el anterior capítulo… me alegraron mucho^^
He recibido peticiones para incluir en la trama a ciertos personajes… yo por mí incluiría a todos, pero comprendan que no puedo salirme del argumento original, aunque aparecerán algunos y tendrán por allí alguna escena.
Para los que han leído el Gaiden de Albafika, se habrán dado cuenta que el argumento se sale de la trama original del Lost Canvas. Lo que sucede es que cuando concebí la historia todavía no habían salido los Gaiden a la luz y quizás encuentren algunas incongruencias… pero bueno, la idea al final será la misma. Lo irán viendo conforme avancen los capítulos.
Y bueno, lo que algunos me han preguntado sobre la "misteriosa" maestra de Albafika… finalmente aparece Alrisha de Ofiuco, un personaje que se sale un poco del contexto normal por algunos detalles por ejemplo que es de raza negra africana… y me pareció interesante incluir un personaje así ya que ni en la serie o en las ovas he visto a algún caballero o amazona de piel oscura, quizás con la excepción del general marino de la saga de Poseidón, Krishna de Krisaor, que tenía la piel oscura… pero más parecía hindú que africano… así que, ¿por qué no incluir un personaje así? Además en el Lost Canvas no ha aparecido algún caballero con la armadura de Ofiuco... lo cual me vino de maravilla para crear a Alrisha.
En cuanto al aspecto físico de Alrisha, me inspiré en el personaje Zula, interpretado por la actriz y cantante Grace Jones en la película "Conan, el Destructor", pero claro, con un peinado diferente… y sobre la descripción de su físico, pues podría emular a alguna campeona de bodyfitness… cuerpo musculoso, pero sin perder las formas femeninas… dada si personalidad, eso no le queda tan mal. Si tienen curiosidad, pues búsquenla con ese nombre por la web ^^
Como aclaración, la ubicación de las Tierras Áridas está en alguna región hipotética entre Etiopía y Somalia, al este de África… una mezcla entre montaña y desierto, perfecta para efectos del fanfic. Y finalmente, para no alargarme demasiado, aquí les escribo una traducción aproximada de las palabras y nombres árabes que aparecen en este capítulo:
Djinn = genio; criatura fantástica de la mitología popular árabe.
Gamal = camello
Rumí = extranjero, europeo.
Sayid = Feliz, felicidad.
Sidi = señor
Yalla = vamos, andando.
Bueno, luego de este capítulo les informo que la historia volverá a detenerse hasta nuevo aviso, ya que tengo que continuar con mi tesis doctoral, así que tendré que ponerme a trabajar con más fuerza… ya no queda mucho y deseo terminar con todo esto de una vez pronto para poder volver a escribir tranquilamente.
¡Muchas gracias por sus reviews y hasta pronto!
Ja ne,
ALONDRA.
