Quiero Robarme a la novia

Disclaimer: la siguiente historia está inspirada en la película "Quiero Robarme a la novia"

Los personajes aquí mencionados pertenecen a la grandiosa Jo. A excepción de algunos que son inventos míos jajajaja

Capitulo 7

El perfume floral ingreso a sus fosas nasales, el olor a cerveza inundo sus sentidos, bebió el wiski que el Bartender le ofrecía. Hizo una mueca de desagrado ya que la bebida se sentía como fuego hirviendo en su tráquea. Cerros los ojos, aspirando de nueva cuenta ese olor floral, empalagoso, excitante, seductor. La mujer a lado de él soltó una sonrisilla.

-Me haces cosquillas—dijo la joven castaña.

El abrió los ojos sonriendo arrogante, miro seductoramente a su acompañante, su ronca voz a causa del deseo hablo desde lo más profundo.

-Vamonos de aquí

La joven asintió recogiendo su bolso y alejándose de él, a lo lejos vio como las caderas de la guapa mujer lo enloquecían, ese suave meneo que le alteraba todo. Sonrió de nueva cuenta esta vez sí disfrutaría de ella, todo lo que ella le ofrezca se lo arrebataría, porque ella era suya, solo suya.

Dejo unos billetes al bartender, saliendo de aquel bar, llego hasta la joven que lo esperaba ansiosa. Él se acercó sigilosamente como un depredador hacia su presa, la joven tembló ligeramente a causa de la excitación. El sonrió, una sonrisa provocadora y lujuriosa fue lo que la joven vio.

Ambos se acercaron, él agarro las suaves caderas de la mujer, ella subió sus manos hacia su cuello. Sus alientos se entremezclaban, la llama de la pasión poco a poco crecía, poco a poco los perturbaba. Se besaron, fue una lucha apasionada, ambos querían dominar.

Se separaron con la respiración agitada, la mujer sonrió lascivamente, mordió su labio inferior dándole a entender a el que quería más. El tomo su mano, la jalo hacia su auto, como loco manejo hasta llegar a su departamento. La chica castaña se mostró tímida al subir, el sonrió con ironía ¿ahora si le ganaba la timidez cuando hace unos momentos dieron un espectáculo en plena calle?

-No temas—susurro detrás de ella.

-De nueva cuenta la joven se estremeció, pero aceptando que a partir de hoy ese joven apuesto seria su próximo novio, tal vez su futuro marido.

Se acercó más a ella, la volteo suavemente, tomándola por sorpresa la beso apasionadamente, la castaña se dejó hacer, sin despegarse se dirigieron a habitación, en el camino se quitaron ambos las ropas, quedando expuesto gracias a la tenue luz de luna que alumbraba la habitación.

El la recostó con suavidad en la cama, ella suspiro de placer, gimiendo a lo bajo cuando sintió las manos traviesas recorrer su cuerpo. Él sonreía triunfante, de nueva cuenta tendría lo que quería. Ella era suya, solo suya.

Los besos aumentaron, las caricias siguieron su rumbo en partes prohibidas, los suspiros y gemido se escuchaban por parte de ambos. La oscuridad hacia que los amantes se entremezclaran, nadie sabría donde empezaba uno y terminaba el otro.

En medio de la pasión, un sonido estridente se escuchó.

El joven no le tomo importancia seguía con su labor, la joven volteo ligeramente hacia el lugar donde el celular descansaba, alumbrando, sonando y vibrando.

El sonido se detuvo, ellos seguían con lo suyo. La joven castaña gimió con fuerza al sentirse invadida ante él. Mas ese gemido se vio opacado con el estridente sonido del celular que de nueva cuenta sonaba. Él resoplo con furia, pero no desatendió a la chica, siguió ofreciendo placer con su cuerpo. Mas el sonido chirriante y molesto lo detuvo.

Dejando a la chica en la cama se levantó para tomar el aparato.

Vislumbro un nombre…gimió en vergüenza

¿Qué he hecho?

Prendió la luz, alumbrando su habitación donde una mujer más joven que él, de cabellos rubios rizados y ojos azules celestes, se encontraban en su cama, sonriendo lascivamente, viéndolo con lujuria

Con una mano le pidió que viniera, pero él aterrado vio el celular, el cual ya había dejado de sonar.

Rápidamente marco a ese número que sabía de memoria. Espero pacientemente hacia que su interlocutor contestara, pero no hubo respuesta. La chica en la cama lo vio extrañada, el no llegaba hasta ella.

Entonces se percató que el marcaba desesperadamente el celular una y otra vez, su borrachera había bajado, lo supo por que no estaba tambaleándose como hace unos momentos, además que ni siquiera le llamaba por "Hermione"

La joven rubia cuando escucho ese nombre por primera vez, supo que él estaba ahogando sus penas en el alcohol, así que ella amablemente se ofreció en sacarla de su mente, en olvidarla. Ese joven de cabellos oscuros y ojos verdes esmeraldas, era el mejor amante que hasta ahora había tenido.

Vio aun desnuda, como él se acomodaba el pantalón, mirando insistentemente el celular, como si fuera una persona y respondiera a sus preguntas que silenciosamente se hacía.

Entonces se fijó en ella, su mirada seductora cambio a una de furia, la mujer se estremeció pero esta vez de miedo

-Vete—susurro contenido

-Pero…

-Lárgate de mi casa, vete

-Óyeme ¿qué te pasa? no soy una golfa para que me trates así—replico ella bajándose de la cama buscando sus ropas—además tú me trajiste aquí, así que tú me llevas a mi casa—demando poniéndose su brassier

Toda la pasión que hubo anteriormente en la habitación había desaparecido

-Solo vete.

Al ver que ella no le hacía caso, la agarro por el brazo, lastimándola en el proceso, la chica soltó un gemido de dolor, aun a medio vestir y descalza la saco de su departamento

La chica viéndose sola en el pasillo con la puerta donde hace unos momentos había ingresado cerrada tras ella, aporreo sus carísimos tacones en ella, dejando una marca y gritando a los cuatro viento

-IDIOTA, SADICO, ESTUPIDO, ¡TE ODIO!

La mujer se fue, mientras en la sala, el hombre de cabellos oscuros tiraba de los mismos con desesperación

Harry Potter no supo porque creyó que a la que seducía era a su mejor amiga, creyo con la que tenía intimidad era esa castaña.

Tiro su celular que no servía para nada.

Ella ya no le llamaría hasta el día siguiente

Esperaba que esta vez le pidiera perdón

Sin embargo entre sus pensamientos solo una palabra cruzo toda la noche atormentándolo

Él estaba enamorado

Nada más y nada menos que de su mejor amiga

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Hermione Granger se encontraba aterrada, veía por todos lados tratando de pedir ayuda, pero para su desgracia en el camino en el que ella estaba no había nadie, la pequeña calle estaba vacía, la tormenta arreciaba con más fuerza, propinando unos fuertes rayos y truenos que hacía que la joven castaña se asustase cada vez más.

Pidió al cielo que alguien la ayudara, más sabia que eso sería una misión imposible. Los habitantes del pueblo se lo advirtieron, pero no quiso escuchar razones. Ahora ella se debatía entre la vida y la muerte.

¿Cómo quedo Hermione varada en ese solitario camino?

Fácil, la llanta del coche que había alquilado se había atascado en un inmenso hueco que por cierto no vio a causa de la poca visibilidad que la lluvia le ofrecía.

Ya había terminado sus labores en el museo natural, solo quería regresar a su habitación a darse un buen baño, tomar un rico café y acurrucarse cerca de la chimenea mientras leía un buen libro.

Pero eso no sucedería, ya que ella se encontraba sola en ese oscuro camino.

Desesperada, asustada y temblorosa, sin importarle que el horario en Londres sea de madrugada, llamo a su amigo, al único que con unas palabras ella se calmaría, solo escucharía su voz, aunque sea para regañarla por testaruda.

Pero eso tampoco sucedió, por más que llamo al celular de su amigo una y otra vez

Este nunca contesto, lloro en silencio. A través del espejo retrovisor con la poca iluminación vislumbraba como poco a poco el camino se inundaba cada vez más. Las lágrimas aumentaron con fuerza. Se acurruco en el asiento del conductor abrazándose contra si misma frotando un poco para darse calor, ya que la calefacción dejo de funcionar cuando el marcador de la gasolina dio en cero.

Quería estar en Londres, con sus papás, sus amigos, con Harry. Ya sea para salir a pasear, para platicar o solo mirarse en silencio.

Deseaba por última vez ver al amor de su vida, aunque este no lo supiera nunca y decirle en silencio cuanto lo amaba.

Pero eso no sucedería, pues la castaña ya se imaginaba, cuando al día siguiente los pueblerinos encontraran su cuerpo frio y palido, muerto a causa de la hipotermia. No podía salir, pues resulta que la manija estaba rota. El cochecito de dos asientos con dos puertas las cuales había evitado su escapatoria no le serviría para sobrevivir al día siguiente.

Lloro más, a su celular se le agoto la batería.

Se acurruco, cerró los ojos y espero a que las garras de la muerte le arrebatasen su vida.

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Gracias por leer