ZzZzZZ amo a Kouga.. xD es un amor.. aunque muy meloso asique.. mejor amo a Inu xD Lean.. ;)!
Cáp. 7:Nuevos sentimientos…
– ¡Kagome! –Exclamo entrando y separándome de Inuyasha –Es la hora –me aviso. Yo trague saliva.
– ¿La hora? –pregunte extrañada. Inuyasha permanecía quieto en su lugar, observándonos -¿A que te refieres? –inquirí.
– En treinta salimos al escenario –me recordó.
– ¡Espera! ¡Yo nunca acepte ser bailarina de tu banda! –objete.
– ¡Pero eres perfecta! –chillo. Yo negué.
– ¿De que hablan? –cuestiono Inuyasha entrando a la conversación y mirando con cara de pocos amigos a el joven Kouga.
– El joven Kouga quiere que yo… -pero el me interrumpió.
– ¿No te enseñaron a no meterte en donde no te llaman? –le pregunto molesto. Inuyasha enarco una ceja y apretó sus puños.
– A mi nadie me habla así, chucho –le devolvió el de la misma manera.
– Inuyasha… -le reproche. El me miro –No le hables de esa forma –le replique.
Si, hasta yo misma me sorprendí… ¿Acababa de defender a Kouga? ¿Al chico que conocí hace unas horas? Bueno, la actitud y el tono que uso Inuyasha contra el no me gusto para nada, además, el joven Kouga tenia razón, ¿Por qué se metía en la conversación si nadie lo había llamado?
Inuyasha se cruzo de brazos, mientras largaba un pequeño gruñido y miraba de reojo a Kouga, quien se acercaba más a mí.
-Kagome… -murmuro tomando mis manos. Inuyasha se apresuro a acercarse mas a nosotros, quizás para oír lo que iba a decir… -Me halaga que te preocupes por mi –susurro con voz ronca y sensual. Yo no pude evitar sonrojar por sus palabras.
-Joven Kouga, yo…
-¡No me digas mas, Querida Kagome! –exclamo apretando mis manos contra su pecho, pude sentir su corazón, latiendo rápidamente y pegando contra su pecho.
– Aagg… -emitió Inuyasha. Lo mire extrañada por ese extraño… gruñido y el me miro fríamente.
– Kouga, lo que pasa es que… -murmure tratando de soltarme de su agarre.
– ¿Quieres bailar para mi? – pregunto. Yo me sonroje hasta las orejas.
– ¿Cómo que bailar para el? –Inquirió incrédulo Inuyasha -¡Espera! ¿Qué le has pedido que hiciera chucho? –pregunto.
– Eso a ti no te incumbe Perro –le devolvió. Inuyasha apretó sus puños y me sujeto de la muñeca fuertemente, yo hice una mueca y el me alejo de las manos de Kouga -¿Pero que demonios te pasa? –le pregunto fastidiado.
– No dejare que te le acerques –gruño.
– Tu no eres nadie para… -suspire. No se conocían y ya se peleaban, role los ojos y decidí ponerle fin a esa estupida discusión.
– Bien Kouga, bailare –acepte suspirando. A Kouga le brillaron los ojos.
– ¿De verdad? –pregunto fascinado, yo asentí e Inuyasha me miro como decepcionado.
– Kagome…
– Pero no se me muy bien los pasos…
– ¡No importa! Lo único que debes hacer es acercarte a mi y menear la caderas… -explico sonriente.
– ¿Menear las caderas? –repetí nerviosa.
– Uhm… sip, luego de eso, yo mientras canto te tomo de las manos y bailamos normalmente –siguió.
– Este… yo…
– Que malos gustos tienes Kagome –opino un Inuyasha molesto y frió.
No entendía por que demonios se portaba así, ¿Qué demonios le hice? Le estaba haciendo un favor a Kouga, no era nada malo ayudar a las personas –Aunque esas personas no te devuelvan la ayuda –pero, de todas formas, Kouga era diferente, lo veía en sus ojos… por que, esta claro que estoy acostumbrada pero a la ves no, de ver ojos fríos, indiferentes y sin una pizca de calidez, en cambio los verdes de Kouga era… tan… calidos y reconfortantes, que me hacia sentir segura.
– ¡Nos vemos, cámbiate en los vestidores! –finalizo dándome un beso en la sien y yéndose animadamente. Yo sonreí y luego borre mi sonrisa para mirar a Inuyasha de mala gana.
– No debes tratarlo de esa manera –reproche. El se cruzo de brazos.
– Tu no lo conoces…
– Puede que no, pero me ah caído bien -repuse. El me miro de reojo.
– Hpm… el anda con todas las chicas bonitas, un acoston y luego a la basura –replico. Yo me sorprendí… acaso me dijo… ¿Bonita?
– Inuyasha… ¿Crees que soy bonita? –murmure apenada. El se sonrojo levemente.
– No es eso lo que quise decir, yo…
tense mi mandíbula y lo mire molesta.
– Ya me quedo claro que no –objete saliendo del salón y dejándolo solo.
– ¡Demonios!
O.o
Mi corazón bombeaba con fuerza, mi labio temblaba y mis ojos se movían inquietos. El bullicio, los gritos y los silbidos me estaban poniendo más nerviosa de lo que estaba. Apreté la tela de la pollera celeste clarito y mis pies se movieron inconcientemente hacia atrás, mientras que mis ojos veía con nerviosismo el hombre que hablaba sobre el escenario de madera, tratando de ganar más tiempo en el momento en que la banda se preparaba para salir.
Las chicas que estaban a mi lado comentaban ansiosas y bromeaban sobre como iban a bailar sobre el escenario. Kouga, a unos metros estaba afinando su voz y el resto, el baterista y el guitarrista estaban charlando animadamente. Mi mente creaba millones de imágenes, como que me humillaría o caería al suelo al tropezarme por mi torpeza, todos reirían y…
Mi cabeza comenzó a darme vuelta y mi vista se nublo, sentía que me faltaba el aire y el sudor hacia que mi ropa se me pegara al cuerpo, no quería bailar… no…
O.o
– ¿Qué le sucedió, chucho? –pregunto preocupado tomando a Kagome de los hombros e incorporándola aun inconsciente.
– ¡No lo se! –Exclamo agachando a la altura de Kagome y dándole pequeños golpes en la mejilla -¡Kagome! ¡Reacciona por favor!
– ¡Tu tuviste la culpa! –le grito furioso. Kouga frunció el ceño.
– Ni siquiera estaba cerca cuando se desmayo –se defendió.
– ¡Pero tu la presionaste a hacer algo que ella no quería! –le devolvió.
– Claro que no
– Se desmayo de los nervios, de pensar en que saldría mal y…
– ¡¡Cállate, perro!! Yo nunca le haría algo así a Kagome –le grito.
– Pues ya lo hiciste ¡¡Idiota!! –rujio. Los pocos que estaban allí los miraban sorprendidos y medios asustados.
– ¿Por qué en vez de discutir la llevan a la enfermería? –pregunto Sango apareciendo. Inuyasha le echo una última mirada a Kouga y levanto en brazos a Kagome, para comenzar a llevársela…
– ¡Yo también iré! –exclamo decidido. Sango lo detuvo -¿Qué?
– No te entrometas –le aclaro seria. El se sorprendió.
– Pero es que…
– Pero es que nada, Kagome se siente mal y dudo que una pelea dentro de la enfermería cuando ella este conciente le vaya a caer bien…
– Lo que digas –acepto de mala gana.
O.o
– Ahí demonios… -masculle asustada, sintiendo mis pulmones largar y tomar oxigeno rápidamente, mi garganta dolía por la rapidez en que pasaba el aire frió y mi corazón latía demasiado fuerte, lo sentía como si fuera que se encontraba en mi garganta.
Mi flequillo comenzó a pegarse a mi frente a causa del sudor frió, mientras que mis ojos dilatados, miraban asustados a aquella persona o ser que se encontraba frente a mi. Quería huir, pero no podía, me encontraba atada en una cama matrimonial, con dos ojos rojos observándome y una sonrisa burlona pero cínica sonreírme, mostrándome sus dientes puntiagudos, como los colmillos de un perro.
– Kagome…
Esa voz, esa voz era de mi madre. Abrí grandes los ojos, no podía ser que mi madre fuera aquel bicho. Era un hombre con voz de mujer o eso parecía. Su cabello largo por los hombros negro se apegaba a su rostro delgado y de facciones masculinas. Juraría que lo había visto en un lugar… ¿Pero donde?
– ¿Quién… quien eres? –logre articular, sintiendo mi garganta seca. El hombre sonrió ampliamente…
O.o
– Tiene una pesadilla…–murmuro preocupado sin dejar de observar como gemía y el sudor comenzaba a aparecer en su frente.
– Ahí que despertarla… -opino la joven tragando saliva.
– Yo creo que no, despertara mal –negó el joven de ojos azules profundos.
– ¿Entonces que hacemos? –pregunto desesperado y observando a sus amigos.
– Esperar a que despierte…
O.o
– No puede ser…
– Duerme, Kagome… es solo un sueño –me susurro al odio acariciándome el cabello. En ese momento, sentí mis parpados pesados y sin querer cerrarlos, acabe dormida…
Desperté exaltada, sintiendo el aire fresco entrar por el ventanal. Me incorpore en la cama, dándome cuenta que solamente había sido un sueño. Mire la ventana, aun sobre la cama y observe como las nubes negras se asomaban a lo lejos, el amanecer se estaba acercando, pero aun la habitación se encontraba a oscuras.
Entonces sentí algo que me observaba en las alturas, y me arrepentí, me arrepentí de haber girado mi rostro en ese momento, como tantas veces, no tenía que girar mi rostro para ver que era lo que me observaba, pero como siempre, lo terminaba haciendo…
Arriba del ropero de aquella oscura habitación se encontraba alguien mirándome, vigilándome, con su rostro horrible y sus ojos… sus ojos…
Mi garganta ardía y mis ojos se humedecieron…
O.o
– ¡¡Aaaaaaaaaaaaaaaahhhhhh!! –grite a todo pulmón sentándome de una sobre la cama. Mi respiración agitada no se calmaba y mi corazón latía con rapidez, mientras que por mis mejillas caían mis lágrimas…
En ese momento, la puerta se abrió de golpe, entrando Inuyasha exaltado. Lo mire asustada, con mis ojos abiertos y comencé a temblar de miedo. El sin darme cuenta, me había abrazado con fuerza…
– Tranquila, fue un sueño… -me susurro en el oído. Trague saliva con fuerza y mi respiración se fue normalizando.
– Inuyasha –susurre sin fuerzas y mis lagrimas cayeron aun mas –Tengo miedo –lo abrase, me aferre a el con fuerza, no queriendo soltarlo, por primera vez… recordaba esa pesadilla que me vivía atormentando por las noches…
– Tranquila… -me beso el cabello.
– Gracias…
– ¿Por? –pregunto interesado una vez que yo me tranquilice y me soltó.
– Por estar conmigo –le sonreí y el también lo hizo.
– No soy el único que esta contigo –me reconforto.
– ¿No?
– Esta Sango, Miroku y… aunque me cueste admitirlo, también el chucho… Kouga –me miro tiernamente y yo largue un suspiro de alivio.
– ¿No es otro sueño, verdad?
El sonrió.
– Espero que no…
– De todas maneras, Gracias –le repetí nuevamente. El me abrazo unos momentos y me soltó, en ese momento entro Sango y Miroku.
– ¿Cómo te encuentras? –me pregunto Sango.
– Bien –murmure. Sango me miro desconfiada –Enserio, estoy bien –y sonreí. Sango suspiro.
– La enfermera dijo que estas con las defensas bajas –me reprocho Miroku.
– Uhm…
– ¿No comes? –cuestiono Inuyasha. Yo asentí, claro que era mentira, desde que mi madre estuvo en el hospital yo no había comido muy bien.
– ¿Segura? –insistió Sango.
– Bueno, yo…
– ¡Lo sabia! –exclamo molesta.
– ¿Qué?
– ¿Por qué no comes? –pregunto interesado Miroku
– Si que como, es que con la enfermedad que había tenido mi madre… bueno, algunos días me olvida de comer –susurre.
– Su madre murió hace unos días –termino de contar la historia Inuyasha. Yo sentí una punzada en mi corazón y los problemas mayores me vinieron como flashes. Se me habían olvidado al verme rodeada por mis, ahora, amigos, pero ahora había otra cosa que estaba en mi lista de prioridades… ¿Dónde viviría?
No escuchaba a Sango reprocharme, ni mucho menos a Miroku sentir lastima por mi. Era como oídos sordos, solamente veía como movían sus labios, pero a decir verdad, mi mente estaba en otro lado… Kikio me había dado hasta mañana para irme oficialmente de la casa y no tenia muchas cosas, así que, ese no era el problema si no que…
– Kagome, ¿Me estas escuchando?
No tenia dinero, ni trabajo, ósea, que había quedado en la calle…
– ¡¡Kagome!! –levante la mirada asustada.
– ¿Qué sucede?
– ¿Me estabas escuchando?
– Eh si… lo siento –murmure distraída. Los tres suspiraron y Sango volvió a hablar.
– Te estaba diciendo si no…
Tenia que hablar con Bankotsu, el a pesar de sus tratos era un poco mas razonable, le pediría que me diera mas tiempo hasta que encuentre trabajo y me pueda ir… ¿Y si no quería? Ahí demonios… estaba metida en un callejón sin salida… si solo mi madre no hubiera muerto…
Uhm… mire a Sango como prestándole atención, pero en realidad no estaba mirándola, si no que, mi mirada estaba puesta en lo lejos… entonces, una imagen se me vino a la cabeza…
– ¡Sarah! –exclame levantándome de la cama de un salto.
– ¿Qué sucede con ella? –pregunto Miroku. Pero yo lo ignore.
– Ella me ayudara –murmure decidida y saliendo de la habitación.
– ¡Espera Kagome! –grito Inuyasha.
– Ignoro toda mi charla –comento Sango poniendo una mano en su frente y cerrando sus ojos.
– Ahí que entenderla, esta pasando un mal momento –dijo Miroku suspirando.
– Iré con ella –murmuro Inuyasha saliendo de la habitación.
– Uhm…
– ¿Uhm que, Miroku?
– Yo creo que Inuyasha esta…
O.o
Caminaba rápidamente por lo corredores, buscando algún inicio de Sarah, mi ayuda. Ella era comprensiva, no mucho, pero algo era. Sabría que si le pedía ayuda ella me la daría, le pediría dinero y si decía que no… pare en seco, justo en la puerta del gimnasio, donde todos cantaban emocionados una canción que no entendía muy bien, pero luego comencé a escucharla bien, por que al parecer, solamente cantaban el estribillo.
Tu… que me haces soñar...
y a las estrellas llegar…
con solo pensarte baby…
Tu… que me sueles llenar
eres mi aire vital…
sin ti no respiro
lady…
Tú no te imaginas,
La falta que me haces…
cuando no te tengo cerca
me muero por llamarte…
¿El que cantaba era Kouga? Mi corazón comenzó a bombear más rápido cuando pude divisarlo entre la multitud, sobre el escenario, cantando con sus ojos entre abiertos. El ritmo era algo así como reggaeton, no me gustaba esa clase de música, pero parece que esta iba a ser la excepción.
Desde que te eh conocido
yo vivo
tan feliz…
Ahí nena no sabes cuanto
te quiero
En ese momento, la música dejo de sonar para dejar lugar a los aplausos y a los gritos eufóricos.
-Kag, me enamoraste –finalizo en un suspiro antes de salir del escenario. Yo abrí los ojos enormemente y me quede sin aliento.
¿Acaso se refería a mí?
– Kagome –murmuro agitado alguien detrás de mí. Yo me gire -¿Qué sucede? –me pregunto preocupado, yo sonreí emocionada.
– ¡Nada! –exclame suspirando.
– ¿Por qué estas roja?
– Es que… ahí… nada – balbucee haciendo énfasis con mis manos. El frunció el ceño extrañado. Yo lo tome del brazo y comencé a jalarlo hasta llevarlo al patio de la preparatoria.
– Vamos a buscar a Sarah –le dije.
– ¿Sarah? ¿La del grupo de porristas? –pregunto interesado. Yo asentí mirando para todos lados -¿Es tu amiga?
Yo hice una mueca.
– Algo así –respondí dudosa. El suspiro y paro en seco. Yo me gire.
– ¿Para que la buscas? –cuestiono.
– Es que… bueno… yo… -balbucee bajando la mirada, pero sin soltarlo del brazo.
– Puedes confiar en mí –me animo. Yo asentí y cuando levante la mirada para contarle, me encontré con una sorpresa, detrás de Inuyasha estaba Kikio, observándonos… con mala cara.
En esos pocos segundos, cuando me di cuenta que Kikio miraba mi mano yo hice lo mismo y me di cuenta que me aferraba a Inuyasha. Lo solté rápidamente y levante la mirada.
– Kikio…
– ¿Kikio? –repitió extrañado Inuyasha. Yo lo mire y con mis ojos le hice una seña que se encontraba detrás de el, el se giro y la miro serio.
– Debo suponer que no hace falta que pida explicaciones, ¿Verdad? –replico Kikio. Yo trague saliva.
– No, no es lo que piensas es que Inuyasha me estaba…
– Inuyasha, solamente te diré que te amo –le hablo Kikio con sus ojos humedecidos.
– Kikio, el no estaba… -trate de arreglar la situación, pero fue tarde. Kikio me mando una mirada de odio.
– Contigo, hablaremos en la casa, perdón, quiero decir, en mi casa –corrigió con maldad.
Inuyasha suspiro.
– No te la agarres con tu hermana, que ella no estaba haciendo nada, yo la estaba ayudando a… -hablo por fin Inuyasha.
– Ahí Inuyasha, no digas que esa ratita muerta es mi hermana, por favor, me humillas –hablo con asco.
– No hables así de…
– ¡Basta! –Grite cansada –Kikio, después hablamos
– Bien, por cierto… -murmuro -¿Buscaste un lugar donde vivir?
– Eso no te incumbe…
– Okey –hizo una mueca y miro nuevamente a Inuyasha –Fue bueno mientras duro, pero, aquí… termina lo nuestro –afirmo Kikio, sin una pizca de tristeza –Cuanto esta perra no te satisfasca, búscame –finalizo guiñándole el ojo y tratando de acariciarle la mejilla, por lo que Inuyasha hizo ademán de alejarse.
Inuyasha me miro a mi confuso.
– ¿Te echo de tu casa? –pregunto.
– De todos modos yo me iba a ir –conteste sin importancia.
– ¿Y para que buscas a Sarah?
– Para pedirle dinero
– ¿Dinero?
– Claro –respondí girándome y buscándola -¿Con que crees que alquilare un departamento?
– Nos tienes a nosotros –yo me gire nuevamente –Digo… puedes quedarte en la casa de alguno…
– Pero es que…
– Sango vive sola –continuo –Puedes pedirle a ella que te aloje algunos meses…
– No creo que quiera…
O.o
Suspire una vez más, antes de agarrar el picaporte y girarlo con temor. No quería entrar, pero otra no tenia. En la sala, se encontraba Kikio, seria y a su lado, Bankotsu con sus ojos cerrados.
– Eh…
– Hasta que llegas, pequeña zorra –empezó Kikio, levantándose del sofá y acercándose a mí.
– No hacia falta que terminaras con Inuyasha por un mal entendido –apunte. Ella rió levemente, con un toque de burla y descaro.
– Yo termine con el por que quería, no por que te encontré con el –corrigió.
– ¿Qué quieres decir?
– Ahí pequeña zorra –suspiro -¿Por qué eres tan inocente?
O.o
– Bueno, Kagome, tu dormirás en el cuarto que antes era de mi hermano –me explico ella sonriente. Yo asentí apenas.
– Gracias –murmure.
– No ahí problema, eres mi amiga ¿Recuerdas?
– De todos modos, gracias…
Ella me abrazo por leves segundos y luego se separo, me sirvió un vaso de jugo y nos sentamos sobre una pequeña mesa para desayuno que estaba en la cocina. La mire de reojo, y note sus mejillas sonrojadas.
– ¿Qué sucede? –pregunte. Ella me miro, sus ojos castaños brillaban más de lo normal y sus labios curvaban una amplia sonrisa. Dejo el vaso de lado y aspiro hondo –Si no quieres decirme no ahí…
– Miroku me pidió para ser su novia… -comenzó suspirando y mordiéndose levemente su labio inferior.
– ¿Cómo así? ¿No era que tu no tendrías nada con el? –pregunte burlonamente.
– Si, dije eso, pero el dijo que había cambiado…
– Oh…
– Y además….
– ¿Además? –anime.
– Me dijo que ya no aguantaba más y quería hacerlo conmigo –contó con terrible pesar y con un sonrojo en toda su cara, hasta me pareció un tomate, pero no entendí por que se sonrojo…
– ¿Hacerlo? –repetí extrañada. Sango me miro confusa por unos momentos y luego sonrió.
– Ahí Kag… -suspiro. Yo enarque una ceja -¿Enserio eres tan inocente?
Yo me sorprendí y aparte mi mirada, para mirar a la nada y recordar las palabras de Kikio…
– Ahí pequeña zorra –suspiro -¿Por qué eres tan inocente?
¿Inocente? ¿A que se referían con inocente? ¿Qué era una tonta que no se da cuenta de lo que hay en la vida? ¿Es eso? Suspire y cerré mis ojos. Yo no quiero ser inocente, no quiero ser una chica tonta sin cerebro que no entiende de lo que hablan las demás chicas… yo quiero…
– ¿Kag?
– ¿Cómo hago para dejar de ser inocente? –le pregunte directamente, mirándola detenidamente a los ojos.
– ¿Eh?
Esto es algo asi como una cosa rara que salio de mi mente. Aun no se a donde llegara este finc.. xD ¿Tiene algo de inteeres lo que digo? No xD mejor dejen revienws ..
Por si se olvidan, click en Go :)!
