Arual17: yo también lo creo (es más, se hubiera aprovechado de ellas y de la pobre Felicity, menos mal que no se conocían entonces), pero aunque volvió más sutil y maduro de la isla... podría haberle hecho saber desde un principio a la pobre muchacha que creía que debía estar solo (qué oración más larga me ha salido), sin necesidad de esas miradas largas y cargadas de algo que sigo sin saber escribir sin palabras.

Tienes razón: esa temporada empezó bien. Felicity fue brutal con lo de los cocos, me sigo riendo solo de recordarlo xD

Gracias por haber leído y comentado todos los capítulos, que me ha hecho mucha ilusión. Por eso quiero dedicarte este en particular. Espero que te guste mucho y poder escribir pronto sobre ellos otra vez, a ver qué te parece.

OoOoO

-Lo dejo.

Le gustaba ese vestido. Mucho, le quedaba bien. Oliver salió del ascensor seguido de John, pensando en que Felicity debería dejar de llevar tantas faldas y camisas aburridas y llevar vestidos como ese más de seguido.

O tal vez fuera ese vestido. O el hecho de que hubiera amanecido guerrera y ya pusiera en duda todo lo que él hacía sin un "buenos días" o café. Le gustaba esa Felicity Smoke. Casi tanto como la que balbuceaba sin cesar. O la que soltaba insinuaciones veladas inconsciente y adorablemente y trataba después de arreglarlo, colorada hasta las orejas.

-De eso nada-se negó en rotundo.

Si Felicity se marchaba, estaba jodido. Estaban jodidos. Pero él más que nadie; la necesitaba.

-Sí, dimito. No de mi antiguo puesto en informática-explicó, siguiéndolo hacia el despacho antes de pararse en seco al ver que él había volteado a verla-, sino del nuevo, como Secretaria Ejecutiva, el que crees -lo pinchó en el pecho con sus índices, con los ojos brillantes- que voy a aceptar. No puedes estar más equivocado.

Oliver parpadeó sorprendido. Normalmente el contacto entre ellos era nulo (o muy incómodo, algo raro), pero lo había... ¿empujado? Con actitud amenazante con el dedo, enfadada. Le gustaba verla enfadada, era divertido. Y no le molestaría que lo volviera a aguijonear con el dedo si seguía frunciendo el ceño así. El ángulo de sus cejas se hacía más severo... y aquello le parecía tremendamente sexy.

Él la tomó por los hombros, tratando de hacerle entender.

-Necesito una chica miércoles.

-Es... –cerró los ojos, volviéndolos a abrir con mala leche renovada- ¡viernes! Y la respuesta es ¡NO!

Inspiró profundamente, llamando a su paciencia interior. Felicity no entendía su decisión y por eso no la aceptaba, pero le haría entender. Y tal vez pudiera apelar a la informática que llevaba dentro señalando lo que había encargado subir a esa planta personalmente para ella.

-Estos ordenadores nuevos –alzó la palma abierta en la dirección del que iba a ser su despacho, al otro lado del cristal del suyo- son más potentes que el de la típica secretaria.

Pero ella no atendía a razones.

-¿Sabes qué estudié en el MIT? A ver si lo adivinas-insistió-. Pista: no fue secretariado.

-¡Felicity! –la cortó, con autoridad, silenciándola- Debemos tener identidades secretas. Si yo voy a ser Oliver Queen, CEO, no quiero bajar dieciocho pisos cada vez que tú y yo tengamos que hablar de lo que hacemos por las noches.

En el momento salió aquello por su boca se maldijo, porque podía malinterpretarse y más mirándola tan fijamente. Pero, al parecer... Felicity aún tenía algo que decir.

Felicity Smoke siempre tenía algo que decir.

Y me encanta pasar las noches contigo!

Y se detuvo de golpe en cuanto la escuchó decir aquello. Ella inspiró profundamente, desviando la mirada y cerrando los ojos mientras contaba a la inversa desde tres para calmarse y dejar de soltar las cosas sin pensar.

Oliver le dedicó una mirada que hablaba por sí sola a John Diggle, que los observaba tremendamente entretenido, y se dio la vuelta hacia su propio despacho, desabrochándose la chaqueta. De repente, hacía demasiado calor. Necesitaba pensar en noches más... platónicas. Y llenas de trabajo, no en lo que acababa de insinuar su Felicity.

-Pero me he esforzado mucho para llegar donde estoy-la escuchó siguiéndolo de nuevo, indignada- ¡y no ha sido para traer cafés!

-Podría haber sido peor...-comentó Dig, como quien no quiere la cosa sin mirar a ninguno de los dos, comiendo- Mi identidad secreta es chofer negro.

Oliver los fulminó a ambos con la mirada. Aquello no funcionaba.

-Ahora quiero –volvió a mirarla a ella- que averigües cómo saben los ladrones qué camiones tienen como destino el hospital de los Glades-alzó una mano, para expresarse con más énfasis-. Sabiendo cómo eligen sus objetivos...

-Sabremos cuándo y dónde detenerlos-completó Dig, asintiendo conforme.

-Vale-aceptó unos segundos después Felicity a regañadientes, dando un golpecito en la mesa. Se paró de camino, dándose la vuelta para volver a mirarlo, con una sonrisa y voz extremadamente dulces, como si se hubiera olvidado de algo-. Ah, ¿te apetece un café?

Esa cara de niña buena escondía algo. Oliver sentía la tensión en los hombros, como cuando sabía que alguien lo observaba o le estaba mintiendo. Con Felicity, la sensación no era del todo la misma... sentía peligro. Peligro en la boca del estómago y aquello, por extraño que sonara, le gustaba.

Tierra llamando a Oliver. Pero había un trasfondo, a pesar de la dulzura que emanaba por todos los poros de su piel que ese precioso vestido no cubría.

-No te estás ofreciendo a traerme un café, ¿verdad?

Lo dicho. Felicity se dio la vuelta, completamente indignada y salió hecha una furia de su despacho, caminando a grandes zancadas; pisando fuerte.

-No, de ninguna manera. ¡Nunca!-agitó los brazos una vez se posicionó a la altura de Dig, que seguía con las manos en los bolsillos y expresión concentrada mirando hacia el suelo.

Era la única forma de la que no se reía descaradamente. Oliver también apretó los labios formando una línea tensa para contener la sonrisa porque (por mucho que le gustara verla a través de la pared de cristal, gracias a sus despachos conectados) no quería enfadarla y ponerla a prueba virtualmente. Felicity podía ser peligrosa si se lo proponía con acceso a internet. Y él estaba en las redes sociales desde que había vuelto de la Isla. Tenía una reputación que mantener, si quería seguir con su fachada de Oliver Queen, CEO, como le había dicho.

Además, le gustaba verla trabajar. Y le gustaba verla enfadada y con ese vestido.

Pero lo que más le gustaba era su cerebro y las malas pasadas que le jugaba cuando estaba cerca de él. Oh, sí. Le gustaba mucho.

OoOoO

N/A: hasta aquí. Se acabó lo que se daba y espero que haya gustado.

La verdad es que me reí mucho viendo todas estas escenas y, como he dicho antes, espero tanto que vosotros os hayáis reído también al leerlas como poder escribir pronto sobre ellos de nuevo.

Muchas gracias,

Blackie.