Pequeños Milagros
Autor: Quetzalli
Resumen: Cuando Severus decidió darle una oportunidad a una futura relación con Harry era en serio, ahora no sólo debe conquistarlo, sino ayudarlo a superar el dolor del pasado, lo que lo motiva a saber más del sanador de ojos verde.
Parejas: Harry-Severus, Remus-Kingsley
Disclaimer: Los personajes son propiedad de J. K. Rowling y Warner Bros. Si por ventura piensas que estoy ganando algo más que gratificación personal a través de sus comentarios, voy a tener que desilusionarlos porque ni un peso ha entrado en mi bolsillo por escribir esto.
N/A: Si lo sé, he tardado siglos en actualizar, no tengo más pretextos que los usuales así que no diré nada en mi defensa. Sólo quiero agradecerles por todos y cada uno de sus bellos comentarios, los leo una y otra vez, me dan fuerza para continuar y si me he tardado en responderlos es porque he preferido aprovechar ese tiempo en terminar este capítulo, espero lo disfruten y como regalo de Año Nuevo actualizaré mis tres historias por ustedes en un solo día, muchos abrazos y que todos sus deseos se realicen .
Capítulo
7
El segundo milagro
El director de la orquesta levantó la batuta, al momento la suave música de cubrió The Sidewalk Café, el restaurante que Severus había elegido y que contrario a lo que proclamaba su nombre era un lugar de alta cocina en el corazón de Edinburgo.
—Lo noto muy distraído señor Potter —Severus había estado molestándolo casi toda la velada con una considerable cantidad de bromas cada vez más pícaras.
—Eso se debe a que es mi primera a visita a un sitio tan exclusivo como este profesor Snape.
—¡Claro que no! Te recuerdo que has sido invitado a multitud de bailes y cenas de la alta sociedad mágica —insistió Severus con esa deliciosa voz de barítono que tanto le gustaba a Harry— lo sé porque he sido invitado a la mayoría.
—Y al igual que yo no has asistido a ninguna porque si no lo sabrías —¡Merlín, era tan divertido coquetear con ese hombre!
—Touché —reconoció Severus levantando su wiskey, Harry imitó su gesto y chocó su copa con el buttery nipple que había pedido, vodka con crema irlandesa, una de las pocas bebidas muggles que le agradaban aunque claro no bebía mucho, no desde...
—¿Te agrada la música?
No por última vez Harry agradeció que Severus lo alejara de la cruel vorágine de recuerdos que acechaban en lo profundo de su conciencia.
Deja de culparte Harry, hiciste todo lo posible pero no tenías control sobre esa enfermedad, nadie lo tenía, recitó una vocecita en su cabeza que se parecía demasiado a la de Draconis.
—Mucho, no esperaba escuchar un tango en nuestra primera cita —respondió Harry concentrándose en Severus—, ¿no es algo atrevido?
—¿Atrevido? Lo será después de que aceptes bailar conmigo —Severus estaba tan serio como siempre, pero había un brillo en sus ojos negros que hizo estremecer a Harry.
—Soy un pésimo bailarín —reconoció temeroso de hacer el ridículo y que Severus se burlara de él por el resto de su vida.
—Lo recuerdo, por eso elegí este restaurante y en este día, casualmente, no hay nadie que critique la lección de tango que pienso impartirte.
¡Por toda la magia! Harry palideció y volvió la mirada alrededor, el lugar estaba vacío, sólo había un mesero y la orquesta que continuaba tocando tangos, sólo tangos. ¡Y él había estado demasiado absorto por la presencia de Severus para darse cuenta!
—¿Cómo?
—Tan elocuente como cuando eras mi alumno —río Severus—. Debo recordarte que el tipo de cambio mágico a muggle nos favorece terriblemente y que fue relativamente sencillo preparar esta reunión. ¿Entonces me concedes esta pieza?
¡Atrévete a vivir de nuevo!, insistió la voz de Azalea en la cabeza de Harry, igual que cada vez que lo veía.
—Sólo si prometes resistir hasta que termine —respondió Harry haciendo acopio de valor.
Severus se limitó a ponerse de pie y extender su mano con una encantadora sonrisa que lucía extraña en su rostro, pero que era todo el incentivo que Harry necesitaba.
Dejaron la mesa circular, caminaron hasta dejar el alfombrado detenerse al centro del encerado suelo de baile donde Severus rodeó su cintura con una de sus manos, acercándolo a él hasta colocarlo en la posición correcta de inicio.
El director levantó de nuevo la batuta y los primeros acordes se fusionaron con la directa orden de Severus guiándolo a avanzar y lo asombroso fue que todo dejó de ser amenazante y comenzó a fluir con una naturalidad que Harry no esperaba.
Todo terminó cuando Severus los sostuvo ente sus abrazos, a un palmo del suelo, con sus labios tan cerca de los suyos que sólo debía estirarse para poder besarlos, pero "el maestro de baile" lo levantó demasiado pronto.
—Ese tango se llama "Por una cabeza" —susurró Severus al acompañarlo de regreso a su mesa.
° ° ° ° °
—Si tuviera que guiarme por el brillo de tus ojos y la deslumbrante sonrisa, yo diría que cierto profesor de pociones alto y misterioso ha descubierto que tiene un enamorado de mucho tiempo y no es una idea que le desagrade.
Harry enrojeció ligeramente, levantó la mirada por encima del Lazo del Diablo que le había abierto la puerta para encontrar la mirada condescendiente de Azalea.
—Y si sumo a todo eso la expresión de tu cara, sólo puedo concluir que estás viviendo el romance de tus sueños —sonrió ella entregándole a Harry el paquete con los mejores ejemplares de su tienda para pociones curativas debidamente secados.
—Me ha enseñado a bailar tango y me ayuda a preparar pociones, tan sólo eso.
—¿Sólo eso? ¡Harry es el primer paso! Después vendrán los besos y...
—Ya estamos en los besos —musitó Harry tan bajo que sólo el rubor en sus mejillas lo delataron— ¡Y sólo hemos llegado a eso!
—Yo no dije nada —Azalea acarició al Lazo del Diablo con una sonrisa nada inocente.
—No, Draconiss lo hizo.
—¡Le contaste a Draconiss! —chilló Azalea feliz—, entonces va en serio. ¡Harry, es fabuloso!
—Estoy superando mis miedos, conquistando mis propósitos y logrando mis sueños, por lo menos eso dijo Draconiss —al de inseguridad se colaba en el tono tranquilo de Harry mezclado con cierta tristeza—. Mira, aún no es nada seguro y no quiero ilusionarme demasiado.
—Harry has salido con el hombre por casi dos meses, cuidas y amas a su hija, ¿tienes idea de lo difícil que debe ser buscar un nuevo amor para un hombre de la edad de Snape? Creo que van avanzando con paso seguro a una unión mágica y si es lo que deseas serás muy feliz.
—Es que... lo he deseado tanto Azalea que ahora...
—Temes despertar del sueño.
—Sólo espero que descubra cuánto lo amo —suspiró Harry.
Azalea lo cubrió en un abrazo protector por unos segundos, justo lo que Harry había ido a buscar esa mañana.
° ° ° ° °
Spark giró en el piso sobre sí mismo, se incorporó hasta quedas sentado muy serio con una postura muy fina, digna de un Prince, abrió y cerró sus ojos verdes que brillaban con inteligencia para soltar al final un maullido lastimero que acabó por acaparar toda la atención de la pequeña señorita.
Ella se agachó lo suficiente para levantarlo hasta la mesa, pasó una mano por el pelambre atigrado y empezó a preguntarle al animalito cómo se sentía. No por primera vez, Regina se preguntó si la señorita en verdad entendía el lenguaje gatuno porque no había pasado ni un minuto cuando levanto al enorme y gordo Spark y lo llevó ante su padre.
—¿Puedo ir con Harry, papi? Spark está enfermo —visiblemente el gato tenía un problema de indigestión o sobrepeso pero la señorita quería que un "experto" revisara a su mascota.
El señor (Regina había entendido que prefería no ser llamado amo) intentó ocultar una sonrisa que siempre asomaba a sus ojos cuando se mencionaba el nombre del sanador salvador del mundo mágico y en específico de Regina. La anciana elfa agradeció de nuevo en silencio la intervención del hombre que le devolvió la mayor de las felicidades: regresar con su familia.
—Regina, acompaña a Josie a la enfermería —le pidió el señor con la misma cortesía con la que hablaba con las demás personas, dándole un trato que nunca antes había recibido.
Era más de lo que merecía y eso la hacía tan feliz.
Y sólo había algo que la haría rebosar de dicha: que su señor le anunciara su próxima unión con un hombre de ojos verdes que visiblemente lo amaba con todo su corazón y a su pequeña señorita.
—¡Hola, Josie, Regina y Spark! Tomando en cuenta que hoy es sábado ¿a qué debo el placer de su visita? —los recibió el sanador Harry apenas los vio en el umbral de la enfermería.
El sanador tenía la maleta abierta y algo de ropa flotaba para acomodarse en su interior, una sanadora más joven de cabello rubio y ojos castaños se llevó la mano al delantal de su uniforme con el claro propósito de hacerle un chequeo médico a la señorita, pero el sanador Harry se lo impidió con un ligero cabeceo, entonces Regina recordó que él había hablado con su señor sobre ausentarse unos días para atender un cita ineludible.
—¿Te vas tan pronto? —preguntó la señorita sin ocultar su sorpresa.
—Ya habíamos hablado de esto Josie —le dijo él con esa suavidad que tanto le agradaba a Regina—, todos los años salgo antes de que termine el periodo escolar porque debo atender asuntos muy importantes, la señorita Larson me suplirá y nosotros nos volveremos a ver en el solsticio de verano. Pero no has venido a despedirte porque quedamos en que cenaríamos juntos ¿por qué estás aquí linda?
—Spark está enfermo —explicó la señorita con esa claridad de habla que tenía su fallecida abuela, algo que hizo a Regina levantar las orejas puntiagudas con orgullo.
—¡Una emergencia! —el sanado Harry caminó hacia una mesa cubierta con sábanas blancas y un cojín para los diagnósticos, dio una cuántas palmadas e invitó a la señorita a subir al gato para poder revisarlo.
—Ha subido de peso últimamente porque sólo quiere dormir —dijo Regina sin temor, el sanador Harry había insistido mucho en que hablara con él cuanto quisiera y si bien era un pensamiento que la habría horrorizado antes, Regina aceptó de inmediato después de hablar con Dobby, el elfo que cuidaba la limpieza de la enfermería.
El sanador Harry levantó una ceja en un signo inequívoco de preocupación, sacó su varita y comenzó ha hacer pequeños pases que dibujaban volutas de colores sobre el animal. Después de que la secuencia de luz dejara de preocupar a la señorita y antes de que empezara a ser divertida, el sanador Harry habló.
—La buena noticia es que Spark no está enfermo. La mala es que... va a tener gatitos.
—¡Pero no puede! —chilló la señorita y Regina estuvo totalmente de acuerdo. ¡Un gato macho no puede "tener gatitos"!
—Josie... —intentó explicar el sanador pero la señorita lo interrumpió visiblemente afligida.
—Papi no quiere tener gatitos. ¡Acuérdate Harry!
—Bueno, eso es algo inevitable por el momento linda, pero te diré un secreto: Spark era un gato valioso por ser macho atigrado, pero ahora es mucho más especial... y más caro.
—¿En serio? ¿Qué tanto?
—Pues... cuesta como cien mil galeones —dijo el sanador con tal convicción que Regina misma pensó en conservar el gato.
—Sanador Harry, ¿cómo es posible que un gato macho espere gatitos? —preguntó la anciana elfa sin poder contener más la curiosidad.
—Es un milagro Regina, un pequeño milagro.
° ° ° ° °
Había sido difícil, pero como Kingsley había dicho debía comprometerse con todos los aspectos de la vida de Harry antes de embarcarse en un compromiso serio como el que cada vez Severus deseaba con mayor fuerza.
Unirse a Harry.
El sólo pensamiento era suficiente para darle la vuelta a su estómago sin contar lo mucho que su mente había protestado al principio, pero había sido su corazón el que había ganado y por eso se encontraba sentado en su sillón favorito, disfrutando de una buena taza de té, aprovechando la ausencia de Josie, Regina y el inquieto Spark, para abrir la carta con la respuesta de la sanadora Draconiss Sébastien.
La había recibido esa mañana pero hasta el momento se resistía a desgarrar el sobre y enterarse del contenido. Era un tema delicado, después de casi dos meses de salir con Harry había notado la tristeza que lo rodeaba cuando creía que no era visto, un dolor tan grande que se trasminaba a su alrededor como un viento helado que lo rodeaba en todo momento.
No podía resistirlo más así que tuvo que preguntarle.
—Hay perdidas que son tan difíciles de superar.
¡Cómo si una respuesta como esa fuera a detener a Severus!
No estaba en su naturaleza inquirir demasiado sobre la vida privada ajena y fuera del tiempo en que fuera su profesor y lo odiara tanto, no había insistido en descubrir todo lo que pasaba alrededor de Harry Potter, pero ahora la situación era distinta porque con la inminente partida de Harry a atender un "asunto de gran importancia" había descubierto que el vacío de la muerte de Jodie se había llenado por la ilusión de estar con Harry el mayor tiempo posible.
—Lo más importante en una relación no es no tener secretos uno con el otro, sino comprender lo que comparta contigo la persona que amas, recitó de nueva cuenta la voz de Kingsley en la soledad del momento.
Además era cierto.
Cientos de cosas habían pasado desapercibidas por Severus durante su vida con Jodie, pero no hubo una sola vez en que dejara de interesarse en ella como ahora se preocupaba por entender a Harry.
Así que después de mucho pensarlo se embargó en la terrible tarea de hablar con los amigos de Harry para poder comprender mejor la única etapa de su vida de la que nunca hablaba, la etapa en la que había sido sanador residente en San Mungo.
Curiosamente la tarea fue más misteriosa de lo esperado, Harry tenía pocas amistades verdaderas y la mayoría eran conocidos por Severus, uno esperaría escuchar cientos de historias pero la realidad fue muy distinta.
Hermione y Ronald habían dejado el país poco después de casarse para pasar su luna de miel en Francia donde él recibió una oferta para entrenar el equipo de quidditch local mientras ella lograba ser aprendiz de Transformaciones con la misma tutora de Minerva McGonagall. Sólo regresaron para que los mellizos nacieran en Inglaterra así que se perdieron todo.
Kingsley, Remus y el perro coincidieron en que Harry vivió esa etapa recluido en el hospital, apartado de ellos por sobre protectores y para demostrar lo maduro, responsable y adulto que era con el espíritu de graduarse con honores que terminó con él enfrentando una pandemia mágica que le destrozó el corazón.
Nada que no supiera pero esperaba que el perro padrino tuviera material de primera mano.
Sólo Remus le confió un par de días antes que debería hablar con la sanadora Sébastien, una compañera de Harry con la que había entablado una cercana amistad y que había estado a su lado en durante toda la epidemia.
Conteniendo el sentimiento de desasosiego que lo señalaba como un estúpido por indagar sobre una excelente persona con una sanadora que sólo había medio visto por quince minutos en una exposición, Severus escribió unas cuántas líneas exponiendo su deseo de saber por lo que Harry había pasado con el propósito de comprender su tristeza y ayudarlo a superarla.
Así que ahí estaba él, con las manos fuertes sin temblar pero el corazón acelerado, desdoblando la carta que decía:
Estimado
Profesor Snape: No hay nadie que deseé un corazón
lo suficiente fuerte para sostener a Harry y ayudarlo a seguir
adelante como yo. Fue una grata sorpresa encontrar en su
carta la sincera preocupación que tanto busca una sanadora
como yo en los familiares de sus pacientes, por eso se ha ganado mi
respeto y mi indiscreción. Realicé mi internado
en el Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas con
especialidad en Virus Mágicos donde tuve la suerte de
coincidir con Harry. Habíamos recibido nuestra plaza en la
misma dependencia cuando brotó la Fiebre Puzzle, como es
lógico nos encontramos en el ojo del huracán. A
partir de que surgió el primer caso: Lícari Avery,
hasta el que el último paciente fue dado de alta: Leonard
Malfoy, vivimos en el Hospital. No creo que sea necesario
describir los difíciles momentos que tuvimos que enfrentar y
lo mucho que Harry lucho por salvar a cada uno de esos niños y
algunos adultos, porque hubo adultos, los pocos que atendimos fueron
desechos por la Fiebre Puzzle. Harry aún se culpa por
las pérdidas. Sobre todo por las de conocidos... hay
una en particular que le desgarró el alma y fue la razón
por la que dejó San Mungo y yo me convertí en terapeuta
fusionando los conocimientos muggle con los mágicos para
atender a aquellos, que como Harry, fueron puestos al límite
de sus fuerzas. Espero que este vistazo de información
lo ayude a iniciar una conversación seria, dolorosa y
catártica con Harry y sea capaz de juntar los fragmentos
sueltos de su corazón y lo ayuden a descubrir un futuro
espléndido. Agradezco su preocupación y confío
en que sigamos en contacto. Draconiss Sebástien
El té yacía frío e intacto en la mesita a su lado, no es que no lo esperara, al contrario, era uno de los escenarios que él mismo se había dibujado, lo impresionante era encontrar con que era el peor de todos.
Y Harry había enfrentado eso completamente solo.
Por unos momento Severus consideró cada implicación entre líneas de la carta:
Harry empezaba una brillante carrera que no tuvo el
corazón de continuar,
vivió la enfermedad en todos
sus aspectos,
quedó incomunicado durante la peor parte,
salvó a Leonard Malfoy,
el dolor de las pérdidas
impidió que amara a alguien.
Cerró los ojos.
¿Alguna vez había considerado la posibilidad de ayudar a alguien a reconstruir su autoestima? Ciertamente no, lo único de lo que había sido capaz era de ofender hasta lograr ser odiado. Una medida de seguridad en tiempos de guerra que lo había seguido hasta que Jodie lo ayudó a librarse y después Harry estuvo ahí para que superara la pérdida de Jodie.
Sin su ayuda estaba perdido.
Pero quería hacerlo y ese era un pensamiento extraño y alentador.
Se levantó resuelto a alcanzar a Josie en la enfermería para decirle a Harry su nuevo propósito antes de la cena de despedida de esa noche.
Subió las escaleras maravillado del cambio a su alrededor, varios estudiantes lo saludaron y ninguno se echó a correr o agachó la mirada aterrado o con odio.
Justo cuando la señorita Dwzan le dedicara una mirada llena de admiración escuchó el grito de su niña.
Y corrió.
Corrió como ningún padre debería hacerlo para alcanzar a la alegría de su vida antes de que cayera por el hueco que dejó la escalera al moverse, sacó la varita más por reflejo y sin pensarlo más lanzó un hechizo levitador que salvó a Josie de tocar el suelo.
Estaba llorando del susto, temblando como una hoja ante un vendaval y en su interior surgió el vengativo Sanpe que creyó haber eliminado de su conciencia.
Potter apareció después.
—¿Está bien? —jadeó como si le preocupara.
Ciego de miedo e ira, Severus hizo lo único que pudo, como un animal herido atacó al primer idiota que se le puso enfrente.
—¿Preocupado por tu reputación Potter? —dijo con un siseo digno de Voldemort—. Temes lo que dirá tu club de fans cuando se enteren de que no eres capaz de cuidar por una pequeña arrojándola a la muerte.
Apenas habían dejado esas palabras su boca cuando lo vio verdaderamente, el cuerpo tenso, la túnica descompuesta, el temblor y la palidez. Ese era Harry, no Potter, ni ningún niñato creído, era Harry, el tierno sanador que sólo vivía por el bienestar de los demás y se odió aún más por haberlo ofendido.
—Harry yo...
—No volveré a cruzarme en su camino profesor, ni en el de su familia, afortunadamente ha llegado una sanadora capacitada para el puesto que acaba de quedar vacante —anunció con una voz extraña que no le sentaba nada bien, la voz fría de un hombre amargado por los años y las pérdidas.
Una voz idéntica a la del Snape que él había sido.
Estaba demasiado confundido para hacer algo que no fuera frotar la espalda de su hija sollozate y ver esa túnica dar la vuelta y alejarse entre las sombras de un pasillo cualquiera.
° ° ° ° °
Continuará
N/A: ¡No me maten! Juro que todo esto ha sido necesario y tiene un excelente motivo de ser, no todo está terminado y por eso les di el vistazo del romance entre Severus y Harry previo a este rompimiento. A propósito "Por una cabeza" es el tango que baila Al Pacino en la película Perfume de Mujer y bueno, si quieren la escena del baile... ¡ya saben donde encontrarla!
Y por último el motivo por el que Josie estaba corriendo y cayó será revelado con calma en el siguiente capítulo.
Los dejo con mis mejores deseos para este año que empieza y recuerden lo que me ayuda a escribir mejor.
Besos quetzalescos.
