Y qué dijeron, ya no lo dijo, pues sí, tengo que hacerlo :P Nada me pertenece, los personajes son de la increíble Stephanie Meyer, y la hermosa historia es obra de la autora Chicklette, yo solo traduzco.

Y ya saben que ella no puede faltar, mi fiel compañera, amiga y Beta, Erica Castelo. Gracias por tu ayuda, aunque me duelan las jaladas de orejas :P


Capítulo 7 – Amantes en el jardín: En plena flor

Los Angeles, hace toda una vida…

"No te vayas," susurró él. "Quédate." La cama era lo bastante grande para cinco, pero se aferraban el uno al otro como si fuera una pequeña isla, y estuvieran perdidos en el mar.

Ella sonrió y gimió. "No puedo. Sabes que no puedo."

"Eres mala," dijo él, haciéndole un puchero.

Ella se acercó y mordisqueó su labio inferior con sus dientes, luego lo lamió para mitigar la herida.

Él gruñó, de forma tenue y baja en su garganta, y con un movimiento fluido la volteó sobre su espalda, sujetándola con sus brazos y sus piernas. "Diles que se te pinchó una llanta. Diles que tu gato está enfermo."

Ella inclinó su cabeza, dándole a su boca acceso a su cuello.

"Mmmm. No puedo," dijo ella. "No tengo un gato."

"Conseguiremos uno," respondió él, agachando su cabeza a su seno, su boca tentando su suave carne. Ella gritó, su deseo aumentando velozmente y ardiente dentro de ella. Él deslizó sus dedos dentro de ella rápidamente y sin previo aviso, encontrándola ya resbaladiza e hinchada, y ella se retorció bajo su mano.

"Cariño," susurró ella. ¿Le estaba pidiendo que se detuviera, o suplicándole que no lo hiciera? ¿Importaba?

"Eres mía," dijo él, su voz áspera contra su cuello. "No me obligues a compartirte hoy."

Ella gimió mientras sus dedos se movían dentro de ella, y estaba impotente, lo sabía, el placer ya traspasaba su lógica, rechazando todo lo que no fuera él. Se levantó sobre sus codos mientras la cabeza de él bajaba por su torso desnudo. Su desordenada mata de pelo le hizo cosquillas en el estómago, su lengua haciendo un círculo alrededor de su ombligo. Él curveó sus dedos dentro de ella y ella echó su cabeza hacia atrás, arqueándose hacia él. Él liberó la presión y chupó el vientre de ella.

"Una pelusa," dijo, pretendiendo quitar algo de su lengua.

Ella se echó a reír. "Vas a pagar por eso," le prometió, pero jadeó cuando sus dedos se movieron de nuevo dentro de ella. "Dios mío," gimió. "¿Qué me estás haciendo?"

La boca de él encontró la de ella, y momentos después ella encontró las constelaciones, brillando radiantes a las siete de la mañana.

Tres horas más tarde ella le había mentido exitosamente a sus compañeros de trabajo y lo había guiado a él por la Vía Láctea, para que también pudiera ver las constelaciones. Dos veces.

"¿Ahora qué?" Preguntó ella, su boca todavía trazando palabras contra la piel de él.

"Mmm," suspiró él, sus dedos jugando con el cabello de ella antes de subir por su cuello para masajear su cuero cabelludo. "¿El océano?" Preguntó. "¿El museo? Nunca has estado en Venice."

Ella le dio a su pezón un tirón juguetón con sus dientes y él siseó. "Tengo hambre," dijo ella. "¡Aliméntame cariño, antes de que me consuma!" Sus palabras terminaron con una sonrisa.

"¡Ni en sueños!" Dijo él, agarrando una porción de su muslo antes de subir su mano a su trasero, agarrando una porción de ese también. Le dio la vuelta y llevó su boca a su muslo, haciendo trompetillas en él hasta que ella chilló de risa y le suplicó misericordia.

"Vamos al sur," le dijo él. "Conozco un lugar genial, no está lejos del agua."

Y eso fue lo que hicieron. Por la autopista Costa del Pacífico, pasando las líneas del condado, su coche plateado iba a toda velocidad hasta que llegaron a aguas azules y edificios blancos cubiertos de buganvilia.

"Es muy hermoso," chilló ella, escapando del coche y girando al borde del acantilado, mirando hacia el agua. Ella atrapó una flor color magenta en su mano y la olió, luego la metió en su cabello. La brisa se la robó un momento después y ella la vio caer dando tumbos por la ladera.

Él le sonrió, luego ordenó malteadas y papas a la francesa de un puesto a un lado del camino, famoso por sus malteadas con sabor a dátil y su peligroso estacionamiento. Comieron mientras la brisa azotaba su cabello y ella se rio feliz cuando las ardillas vinieron a reclamar las papas que arrojó al suelo para ellas.

"Me encanta," dijo ella, mirándolo a los ojos. "Nunca nos vayamos de aquí."

Él le sonrió y luego estudió su rostro, su sonrisa desvaneciéndose en segundos.

"Nunca," susurró él, y luego la besó, su boca urgente en la de ella, con sabor a mantequilla de maní, chocolate y sal, sus dedos agarrando puños de su cabello. Después de un largo momento rompieron el beso y él se le quedó mirando otra vez, sus dedos todavía apretando su cabello. Había algo en sus ojos que la asustó. Era lo bastante grande como para tragarse la sonrisa en el rostro de él, pero mientras ella lo buscaba, desapareció. El rostro de él se relajó y la rodeó con su brazo, mirando hacia la espumosa agua azul.

Esa tarde jugaron en las olas, ella persiguiendo las olas espumosas en la arena, él zarandeándola como si no pesara más que una pluma. Ella recogió conchas y vidrio marino, y gritó y luego murmuró admirada cuando él puso un cangrejo ermitaño en la palma de su mano. Era tan hermoso, todo ello, que ella se sorprendió deteniéndose, una y otra vez, capturando las imágenes en su mente, tratando de guardarlas y almacenarlas, con la necesidad de conservarlas para siempre.

Volvieron a casa tarde en la noche, al haber bebido margaritas en otro restaurante a un lado del océano, devorando picante comida mexicana, caminando luego por una diminuta comunidad de artistas hasta que pasara su leve embriaguez. Ella compró conos de helado para el postre y manchó la nariz de él con el suyo en un momento que estaba distraído. Él la perdonó cuando ella se lo quitó con la lengua, y esa lamida llevó a otras lo que llevó a dedos frenéticos bajo ropa desabotonada en un callejón oscuro detrás de la biblioteca de la ciudad.

Cuando llegaron a su hogar, y era su hogar, compensaron esa urgencia con movimientos lánguidos y lentos, cada uno tomando su tiempo, probando todo, sin desperdiciar nada. Ella se quedó dormida rodeada con los brazos de él, su cabeza en el pecho de ella, escuchando el latido de su corazón. El sueño de ella estuvo lleno de sol y las olas del océano, y se estrellaban en la orilla al ritmo de su corazón, la promesa constante y determinada de miles de mañanas.


Aunque parece que su relación va viento en popa, creo que todas notamos ese momento de duda de parte de él, ella piensa en miles de mañanas pero nada se menciona de él. ¿Por qué será? Como una de ustedes mencionó, casi dan ganas de sacar una libreta y anotar las pistas que la autora da en cada capítulo, y la verdad sí. Pero como ya se dieron cuenta, poco a poco va revelando más. En el próximo capítulo quedará claro lo de Alice ;) Espero que hayan disfrutado del capítulo y como siempre, espero ansiosa sus reviews para que me digan qué les pareció, y qué encontraron interesante. Si no se les ocurre nada un simple gracias o hasta una carita feliz es más que suficiente, recuerden que no cuesta nada, solo unos minutos de su tiempo, y si nos anima a continuar compartiendo estas historias con ustedes.

Muchas gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: alejandra1987, PRISOL, ConiLizzy, Niny96, Leah De Call, Noir Lark, Lorenitta22, Pera l.t, Tata XOXO, ELIZABETH, Lyd Macan, Sther Evans, Manligrez, rjnavajas, bbluelilas, EmmaBe, Sara, krisr0405, OnlyRobPatti, elianapeluso750, tulgarita, terewee, Anna Mariea F, Melany, dushakis, Nanny Swan, nnuma76, lizdayanna, JessMel, myaenriquez02, Vanina Iliana, Chayley Costa, Yoliki, Mafer, GabyF, Merce, Liz Vidal, freedom2604, Melina, lagie, kaja0507, Maria Swan de Cullen, Techu, Pili, Gabriela Cullen, Sully YM, patymdn, Adriu, Annel, glow0718, Caniqui, injoa, Pam Malfoy Black, Lady Grigori, y algunos anónimos. Nos leemos en el próximo, que espero que sea pronto ;)