hola hola.. fanatikas de Jas y Alice ke tal stan? espero ke super..
recuerden ke nada me pertenece..
aki les dejo el new capp
Capitulo 7
—Cuándo ella le preguntó, él le contestó que nosotros no éramos asunto suyo —dijo Lazar una vez que volvió a bajar las escaleras después de oír detrás de la puerta lo que se hablaba en la habitación de Dobbs—. Pero le advirtió que se mantuviera alejada de nosotros si regresábamos.
—¿Qué más?
—Nada que tenga a ver con nosotros. El hombre se pasó la mayor parte del tiempo quejándose, en especial porque se había retrasado con el desayuno, pero también por un número incalculable de cosas. Aparentemente, es cierto que ella está a cargo del lugar como dijo. Y sin ningún tipo de ayuda.
—Una buena razón para que no quiera separarse de ella —comentó Serge.
—Tal vez, aunque no tiene manera de saber qué es lo que nos interesa —dijo Jasper. Luego le apuntó a Lazar—. ¿Crees que tardará mucho?
—Lo dudo. Por la manera en que él le habla regañándola por cada cosa, si yo estuviera en su lugar, no me quedaría en esa habitación más tiempo del estrictamente necesario.
En el momento en que decía lo último oyeron el sonido de una puerta que se cerraba. Y la muchacha estaba bajando de prisa, nuevamente con el agotamiento visible en el rostro. Se detuvo súbitamente al pie de la escalera al verlos y, sin importarle que el ademán revelara su temor, puso la mano en la empuñadura del cuchillo.
Jasper tuvo que contener una carcajada que le habría dicho lo poco amenazadora que era esa arma para hombres que habían sido entrenados para luchar con otros hombres. No quería privarla de la seguridad que el arma le proporcionaba, pero era verdaderamente divertido ver a una mujer que intentaba dar la impresión de estar lista para el combate.
—¿No pudieron encontrar la puerta? —preguntó mirando fijo a Jasper.
El ignoró su intento de acicatearlo.
—Necesitamos hablar con usted, señorita.
—Ustedes dijeron que tenían asuntos para discutir únicamente con Dobbs no conmigo y lo primero ya lo hicieron... asi que pierdanse.
—No para nuestra satisfacción. -dijo el, ignorando su provocacion.
La muchacha arqueó una ceja fulgurante.
—Espero que no piensen que me interesa saber si están satisfechos.
Lazar lanzó una risotada. Emmett hizo un gesto de disgusto pero afortunadamente mantuvo la boca cerrada. Jasper se sintió humillado por dentro al comprender el doble sentido de la frase, fuera este expreso o no. Exteriormente frunció el entrecejo.
—Tenemos algunas preguntas...
—No tengo tiempo.
—... para que responda.
—Dije... —comenzó a repetir sólo para ser acallada por un grito.
—¡Suficiente, señorita! Nos disculpamos por lo de anoche. También nos disculpamos por la rudeza con usted hace un instante. Pero ahora debemos insistir que coopere.
Una disculpa a los gritos no la conmovía en lo más mínimo. Y mientras el hombre llamado Jasper le ofrecía a la fuerza esta disculpa, los otros se movían nerviosamente de un lado al otro del salón. Obviamente no estaban interesados en lo que era un ofrecimiento conjunto. Pero ahí se equivocaba. Lo que ella había considerado nerviosismo era una maniobra intencional de bloquear todas las salidas del salón. El más robusto ahora estaba de pie entre la joven y las escaleras para evitar una retirada en esa dirección.
Era obvio que Alice no iría a ninguna parte hasta que "cooperara". El hecho de que le negaran toda elección en la cuestión la enfureció. Por supuesto, podía sentarse y esperar tercamente hasta que se fueran. No podían obligarla a hablar, ¿o sí? Pero prefería deshacerse de ellos; cuanto antes, mejor. Y eso significaba responder a sus malditas preguntas. Con la salvedad de que no iba a simular que le gustaba. Y si pudiera ofrecer una pequeña retribución, lo haría. Para su placer, se le presentó una oportunidad de inmediato. Había dudado en responder lo suficiente como para que Jasper dijera:
—Si lo que le preocupa es su tiempo, entonces considérelo un pago —y le arrojó una moneda.
Alice la tomó por reflejo y, con la misma suavidad, la volvió a arrojar.
—Guárdese su dinero. Ustedes quieren información de mí. Eso le costará una disculpa a él.
Ese "él" a quien se atrevería a llevar colgado de un gancho era el Adonis de cabellos oscuros. Los otros le miraron y aguardaron, como si fuera una conclusión descartada que él aceptaría cumplir. Pero su rostro adquirió varias tonalidades de rojo y miraba a Alice con ojos asesinos.
Bien, había valido la pena un intento para verlo humillado pero en realidad no había esperado que funcionara, no cuando el otro había poco menos que escupido una disculpa como si ella se tuviera que sentir honrada por recibirla. Y ahora ella misma se había arrinconado al ponerle un precio a su cooperación. Tendría que intentar salir de allí. Su orgullo se lo exigía. Sólo esperaba que no fueran demasiado rudos al querer detenerla.
Esperó otro largo instante antes de darse vuelta hacia la puerta que conducía al fondo. El hombre de cabello castaño se movió para bloquearle el paso como era de esperar, pero ella no se detuvo. En cambio sacó el cuchillo, con lo cual no sorprendió sólo al hombre sino a ella misma. Nunca había pensado en llegar tan lejos para proteger su orgullo. Hoy le podría costar la vida ya que el hombre tampoco se rendía. La razón por la cual no había insistido en que los otros dos se marcharan la noche anterior después de haber desenvainado su cuchillo, era porque había presentido que no lo harían. Y este hombre estaba cortado con la misma hechura.
—¡Emmett!
Alice no supo quién lo había incitado. La voz sonó iracunda. Pero oyó a Emmett cuando balbuceó una respuesta.
—Está bien —luego en tono más alto e imperativo agregó—. Escúcheme, señorita. Considere mis disculpas por lo que supuestamente hice o dije que pudiera ofender sus tiernas sensibilidades.
Hasta sus disculpas estaban cargadas de desprecio. Y además logró herirla una vez más al dar a entender que no sabía lo que había hecho mal para empezar. Pero Alice estaba segura de que no podía obtener algo mejor de un hombre de ese tipo. Por lo menos, le había ofrecido la salida que necesitaba para enfundar el cuchillo y así lo hizo. Los ojos azules adelante de ella revelaron alivio. Esperaba que su propio alivio no fuera tan evidente. Luego, se dio la vuelta y ofreció a Emmett una sonrisa radiante.
—Gracias, amable caballero. Me hace sentir muy bien saber que no me había equivocado sobre usted.
Emmett frunció el entrecejo, consciente de que no era más sincera en su agradecimiento de lo que él había sido en su disculpa. Pero no podía descifrar sí simplemente le había devuelto el insulto, de modo que no dijo nada más.
Jasper aclaró la voz atrayendo la atención de la muchacha.
—¿Está satisfecha, señorita?
Su sonrisa no vaciló.
—Por supuesto. Después de todo, no soy más que una mujerzuela de taberna, tan ignorante que no puedo llegar a saber qué es lo que escondía semejante elocuencia. ¿Por qué no tendría que estar satisfecha? No, no se moleste en contestarme —la sonrisa había desaparecido junto con el tono sarcástico. Su voz y expresión ahora eran frígidas—. Hágame sus preguntas y váyanse.
Emmett se había vuelto a enfurecer pero las miradas de advertencia de sus compañeros le mantuvieron en silencio por el momento.
—Usted también se expresó con elocuencia, señorita —remarcó Jasper mientras caminaba hacia la mesa más cercana y bajaba las sillas—. ¿Quién la enseñó a imitar a sus superiores?
—¿Mis superiores? —repitió la muchacha entrecerrando los ojos—. Yo no tengo ningún...
Jasper la interrumpió inmediatamente.
—Permítame decirlo de otra manera. Su lenguaje mejora cuando usted así lo desea. ¿Su padre le brindó alguna educación?
—¿Mi padre? Si se refiere a Dobbs, él no cree en la educación ni en ninguna otra cosa que me aleje del trabajo. Pero Iris Dobbs era una mujer educada. Lo que sé lo aprendí de ella.
Jasper le ofreció una silla.
—¿Desea sentarse?
—No, gracias.
—¿Le molesta si lo hago yo?
—Por favor. Estoy acostumbrada a mirar a los hombres desde arriba.
Después de ese comentario, estuvo a punto de no tomar la silla, sobre todo ante la risa de Lazar en el fondo. Jasper supuso que se refería a servir a los hombres que, por lo general, estaban sentados, pero ese otro significado... Se sentó, aunque enseguida volvió a ponerse de pie y se detuvo frente a ella.
—¿Wilbert Dobbs no es su padre, entonces?
—No, gracias a Dios.
Lo curiosidad lo incitaba a querer saber por qué estaba tan agradecida pero no habían pasado por una escena tan desagradable para averiguar esto.
—¿Entonces usted sólo trabaja aquí?
—Vivo aquí desde que tengo uso de razón.
—Ah, entonces la esposa de Dobbs debió haber sido su madre.
Alice frunció el entrecejo.
—¿Por qué le interesan tanto los Dobbs? Iris está muerta y Dobbs a punto de estarlo.
—Sólo tenga paciencia y terminaremos pronto. Ahora bien, ¿Iris Dobbs era su madre?
—No. Iris dijo que mi madre murió cuando yo sólo era un bebé.
—¿Cómo murió?
—De fiebre amarilla.
—¿Sabe su nombre?
—¿El nombre de mi madre? —volvió a fruncir el entrecejo, no porque el hombre se estuviera inmiscuyendo en su vida profesional, sino porque percibió en él la urgencia que antes no había visto—. ¿Qué tiene que ver eso? O se atiene a las preguntas sobre Dobbs que tan gentilmente me pidió que respondiera o no contesto nada más.
—Todo lo que le pregunto está conectado, señorita —dijo con firmeza—. Si mis preguntas se vuelven personales es porque vivió con Wilbert Dobbs toda la vida. Ahora bien, ¿cuál era el nombre de su madre?
—No lo sé —respondió con rigidez. No estaba satisfecha con la explicación que le había dado y tampoco le importaba que ahora el hombre estuviera frunciendo el entrecejo.
—¿Qué me dice de su nombre? Alicia, ¿no es así? ¿Ese es el nombre con el que nació o es el que Iris le dio cuando la adoptó?
—Se podría decir ambas cosas. A Iris le dijeron mi nombre, pero ella dijo que era tan poco frecuente que no podía recordarlo, de modo que decidió utilizar sólo parte del nombre o como le parecía que sonaba. Supongo que es mejor que nada.
Jasper se puso frente a ella sin sacarle los ojos de encima por un momento largo y exasperante. Luego le preguntó:
—¿Le gustaría conocer el nombre completo?
—Jasper —la advertencia provino de detrás de Alice—. Por ahora no son más que coincidencias.
Miró por sobre su hombro a la persona que estaba a sus espaldas.
—Es mucho más que coincidencia, Lazar. ¿Qué más necesitas oír? —su respuesta fue el silencio. Jasper volvió a mirar a Alice—. ¿El matrimonio Dobbs estaba con su madre cuando ella murió?
—Sí —respondió todavía confundida por la última pregunta que le había formulado.
—¿Por qué?
—Viajaban juntos en la ocasión.
—¿De dónde?
—Nueva Orleáns.
—¿En un barco a vapor?
—No, en una carreta —volvió a mirar a Lazar, esta vez con un aire de triunfo. Alice no pudo controlar más la idea incrédula—. Ustedes… ¿ustedes saben quiénes son mis padres?
—Es posible... si lleva una cierta... marca de nacimiento que es... hereditaria.
La joven ni siquiera percibió su agitación al pronunciar estas palabras. Intentaba controlar su excitación porque lo que él estaba sugiriendo era casi imposible. Sin embargo, desde que había descubierto que no era hija de Dobbs e Iris, siempre se había preguntado por sus verdaderos padres, de dónde eran, cómo eran, quiénes eran. La había resultado extremadamente frustrante que Iris no pudiera decirle más de lo que le dijo, que no recordara el nombre de su madre aunque se lo hubiesen dicho, que no pudiera recordar tampoco el suyo. Nada. Pero, en ese momento, Iris había sufrido mucho por sus propios problemas y por los de la mujer moribunda a quién había decidido ayudar. De modo que Alice no podía culparla por no retener esos recuerdos. Sin embargo, eso le dejó una curiosidad abrasadora, nunca satisfecha.
Otras muchachas tenían antecedentes ricos en detalles y colores. Su vida era una página en blanco que había comenzado en una taberna. Ahora tenía delante a cuatro extraños que le sugerían saber lo que ella anhelaba tanto, tal vez más, que su independencia. Tener finalmente una identidad real, una historia familiar y posiblemente hasta parientes vivos. ¡Una fecha de nacimiento! Era demasiado maravilloso para ser verdad y si permitía que alimentaran sus esperanzas sucumbiría en la desilusión. ¿Y todo dependía de una marca de nacimiento?
Mientras sus pensamientos divagaban, Alice había estado mirando el pecho ancho que tenía adelante pero su mirada estaba vacía. Sin embargo, tantos años de autoconservación le permitieron ver de inmediato la mano que iba al mentón para llamar su atención. Se sacudió instintivamente antes de que la mano pudiera perjudicar el maquillaje cuidadosamente aplicado en su rostro. Pero Jasper tomó ese movimiento como algo personal.
A pesar de estar acostumbrado al rechazo, todavía se sentía profundamente desilusionado de que esta joven no tolerara que la tocase. A diferencia de los demás, él pensaba que le agradaba la idea de que ella pudiera ser la persona que buscaban. Obviamente, estaba dejando de lado el hecho de que fuera una prostituta, completamente inapropiada para ser reina. No lo volvería a olvidar. Se apartó de ella e intercambió el lugar con Lazar, al mismo tiempo que le dio una orden lacónica.
—Pregúntaselo tú.
A estas alturas, Lazar estaba convencido de que no era necesario continuar con el interrogatorio. Los otros obviamente sentían lo mismo. Emmett estaba inclinado contra la pared del fondo, con los ojos cerrados, golpeándose la cabeza suavemente contra la madera. Serge estaba sentado al pie de las escaleras, con la cabeza gacha entre las manos y los hombros inclinados hacia delante. Jasper estaba simplemente furioso. Y no era para menos. Si la muchacha se sentía capaz de menospreciarlo ahora, como todos había visto, cómo sería su grado de desprecio cuando supiera quién era.
Lazar, de hecho, no estaba más feliz que los otros. Era una lástima que no fuera la belleza que esperaban encontrar, pero eso no suponía nada comparado con lo que era, una actriz del montón, una cantinera... una prostituta. Dios, el solo saberlo probablemente acabaría con la vida de Peter. No sólo por enterarse del destino de la niña que él mismo había enviado fuera del país sino porque había obligado a su hijo a casarse con ella.
No, Lazar no necesitaba más respuestas o pruebas visuales en lo que hacía a su persona. Pero sí para el registro. En la debida forma, le ofreció a Alice la primera señal de respeto que había recibido de cualquiera de ellos. De pie delante de ella, se inclinó solemnemente y se presentó aunque omitió mencionar su título. Le habría tomado la mano y la habría llevado a la boca pero ella cruzó los brazos sobre el pecho. Lo miró con los ojos entrecerrados, advirtiéndole que se alejara. Le llevó a él un solo instante darse cuenta que la muchacha pensaba que se estaba mofando de ella. La risa burlona de Emmett desde el fondo no hizo nada para sacarle de ese error. Lazar decidió no intentarlo.
— ¿Puede decirnos, señorita, si tiene alguna marca singular de nacimiento?
—Una, pero no la llamaría singular.
— ¿Podría describirla?
—Es una mancha rosada en la piel, del tamaño de un lunar grande, pero suave.
—¿Y dónde la tiene? —cuando la joven se sonrojó, Lazar pensó que no la estaba describiendo bien y la reconfortó—. La situación es importante, señorita.
—Esta en mi... en la zona de la...
—Puede simplemente señalar la zona —le ofreció como posibilidad al ver que se ruborizaba aún más.
Con el entrecejo fruncido por la incomodidad, dijo bruscamente:
—La estoy cubriendo con los brazos ahora.
—¿Cubriendo? —Lazar frunció el entrecejo al mismo tiempo que le miraba el pecho—. Pero... No, debe de tener otra marca.
—No.
—Pero debe tenerla —insistió.
—¡Bueno, no tengo ninguna otra marca!
Alice estaba decididamente enojada ahora. Como sabía que iba a suceder sus esperanzas se habían disipado. Lo que estaban buscando, ella obviamente no lo tenía.
—No comprendo...
—Por el amor de Dios, Lazar —interrumpió Emmett—. Ya tienes la respuesta. La repitió dos veces. Estemos agradecidos y vayámonos antes de que cambie.
—Una idea espléndida —coincidió Alice aunque nadie la estaba escuchando.
—No tiene sentido, todo indica...
—Coincidencia como dije antes.
—¿Cuando dos mujeres mueren de la misma manera, aproximadamente en la misma época y ese viejo de arriba las entierra a las dos?
—Curioso, sí, pero no imposible —dijo Emmett.
—No se les ocurrió pensar —resaltó Jasper—, que considerando el lugar de la marca tal vez nunca la haya visto?
—¡Por supuesto! —dijo Lazar con júbilo.
Emmett no estaba tan contento.
—Maldición, Jasper, ¿por qué no te fuiste?
—Porque estamos aquí para descubrir la verdad, no importa lo desagradable que podamos encontrarla.
Alice se puso tensa. Reconoció el insulto cuando lo oyó. Cuando Jasper volvió a ponerse delante de ella, sus ojos verdes ardían de ira. También los de Jasper ya que no había sido más que una reacción de su previo desaire. De modo que la ira de la muchacha no le preocupaba. Era más, estaba satisfecho de haberla provocado.
—Estamos seguros de su identidad, señorita. La marca que le probará esta identidad tendría que estar en su parte posterior en la nalga izquierda. Sin duda será necesario un espejo para que pueda examinarla. Vaya y hágalo de inmediato pero hágalo con cuidado de modo que pueda regresar y describirnos la marca.
—¿Y si no lo hago?
—Tal vez se ofenda cuando seamos nosotros los que busquemos la marca, usted comprenderá, para poner fin a cualquier duda.
Se estaba dando cuenta rápidamente de que ese hombre podía ser tan cruel como Emmett en sus comentarios. Tenía las mejillas encendidas.
—Bastardo —siseó, pero lo único que hizo Jasper fue arquear una ceja demostrándole lo poco que le preocupaba que lo hubiera insultado... una vez más—. ¿Qué pasa si la marca está allí?
—Entonces regresará con nosotros a Cardinia.
—¿Dónde queda eso?
—Es un pequeño país en Europa del Este. Es el lugar donde nació, Alice Brandon.
Un nombre. ¿El suyo? Dios, esto se estaba volviendo real nuevamente. Sus esperanzas volvían a aumentar otra vez.
—¿Por eso están aquí?
—Sí.
—¿Entonces tengo una familia allí? ¿Los enviaron para encontrarme?
—No —su tono se suavizó por el momento—. Lamentablemente, usted es la última de su linaje.
Arriba y abajo. Así se movían sus esperanzas. ¿Por qué se dejaba seducir por las posibilidades? Muy bien, no había una familia. Pero si un nombre, una historia... si ellos estuvieran diciendo la verdad… y si ella tuviera la marca…
—Si no me queda familia entonces ¿por qué se preocuparon en buscarme?
—Esas preguntas no tiene ningún sentido, señorita, hasta que no nos demuestre a todos e incluso a usted misma que tiene la marca que asegura que es una Brandon.
—No me importa lo inútiles que pueden encontrar mis preguntas. No me voy a mover hasta saber la verdadera razón por la que están aquí.
Jasper se le acercó con un paso amenazador. Pero Alice no se inmutó.
—Por ninguna otra razón que para recogerla y llevarla... —le gruñó.
—¿Por qué?
—¡Para su boda!
—¿Mi qué?
—Va a casarse con el nuevo rey de Cardinia.
uuyyy... ke pasara? le dira Jas ke el es el rey? ke le dira Alice? lo mandara a bolar? jeje kien sabe..
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byee
