Desde que el empleado de la estación no había sido capaz de recordar la dirección exacta que el rubio buscaba los hombres de Kanou habían tenido que dividirse un área de seis manzanas y buscar casa por casa preguntando con la fotografía de Ayase como principal instrumento.

Todos, absolutamente todos sus esfuerzos habían resultado prácticamente inútiles pero al preguntar a un anciano locatario de una tienda de recuerdos este recordó que Ayase había entrado a la tienda vestido con el uniforma de una universidad, preguntando por una dirección cercana y con un paraguas amarillo en la mano izquierda y una cartera escolar… ahora que sabían que el objeto de obsesión del presidente había estado en ese lugar sus esfuerzos se centraron en buscar esa dirección a la que Ayase se dirigía y por eso es que ahora el empleado de Kanou tocaba – a falta de timbre – la puerta de la casa de Rima Takenouchi.

Sus dedos apenas y habían rozado la madera un par de veces cuando una hermosa muchacha pelirroja de ojos verdes, piel pálida y facciones felinas abrió la puerta mirándolo con algo que sólo podía ser descrito como la sorpresa.

-Esto…

-Muy buenas tardes, señorita – habló el hombre con una sonrisa entre amable y coqueta – disculpe por favor que la moleste, pero estoy buscando a una persona – sacó la fotografía de Ayase y se la mostró a la pelirroja – ¿sería usted por favor tan amable de decirme si la ha visto por los alrededores?

-¿Usted busca a Ayase-san? – preguntó la chica con repentina preocupación.

-¿Lo conoces?

-Yo… sí. Ayer cuando fui a la estación de autobuses perdí mi cartera pero ese chico tan amable la encontró tirada y se tomó la molestia de venir hasta acá a devolverla.

-¿Qué pasó después de eso?

-Bueno, quise agradecerle y lo invité a tomar una taza de té.

-¿Después de eso?

-Hablamos un par de palabras: le agradecí por devolverme la cartera, le ofrecí ayudarlo a lo que necesitara pero él sólo me recibió el té y dijo que tenía que salir de aquí… como traía cargando una mochila asumí que era porque tenía que estar en tenía que estar en otro lado y no presioné al respecto.

-¿A qué hora fue eso?

-Las ocho y media… o algo así. Realmente no me fijé la hora exacta pero fue antes de que iniciara el melodrama de las nueve.

-¿No dijo algo más? Tal vez una palabra sobre la persona que vería o el lugar al que se dirigía.

-No. ¿Por qué? ¿Acaso está en problemas?

-No precisamente… pero debió llegar a casa de mi jefe hace horas así que me pidieron que investigara porqué es que se retrasó.

-¿Entonces Ayase-san está desaparecido?

-Legalmente no pero…

-¡Qué horror! un chico tan lindo y noble corre mucho peligro estando solo en las calles.

-Guarde la calma señorita, conociendo a mi jefe no va a tardar en encontrarlo y ponerlo a salvo – tan a salvo como puede estar alguien cerca del presidente añadió para sí mismo.

-Es bueno oír eso.

-Dicho eso creo que no tengo nada más que hacer aquí. Hasta pronto, señorita…

-Takenouchi – respondió ella – Rima Takenouchi.

-Ha sido un placer, señorita Takenouchi.

-Lo mismo digo… adiós.

Y así el empleado de Kanou Sumuko se retiró por las calles poco transitadas, ignorante por completo de que en cuanto cerró la puerta que los separaba el rostro de Rima Takenouchi transformó toda su preocupación en descarada astucia.

Con una sonrisa en el rostro Rima Takenouchi entró a su casa, levantó de la mesa las dos tazas de té que habían quedado sobre ella desde el día anterior y después sacó de uno de los cajones de la cocina una libreta de hojas blancas en la que con trazos rápidos y precisos bocetó el rostro del hombre que la había entrevistado.

Después de varios minutos de trabajo y un boceto casi terminado, el sonido de pasos ligeros seguido por el aire agitado gracias a la apertura de una puerta le indicó que la otra persona que estaba en su casa hacía acto de presencia en la planta baja.

-Esto – su voz suave apenas y se alzó – ¿Rima-san?

-Estoy en la cocina – gritó ella.

Ni un minuto después Yukiya Ayase hizo acto de presencia en la cocina acercándose al asiento que la pelirroja le ofrecía junto a ella.

-Rima-san, muchas gracias por permitirme dormir en tu casa.

-Después de que estuvimos platicando toda la noche es algo normal que estuvieras cansado… además, si el rostro con el que ayer llegaste a mi casa es un indicador ya estabas agotado desde antes de que nos conociéramos.

-Eres buena leyendo a la gente – susurró el rubio sentándose junto a la chica.

-En cierta forma es parte de mi trabajo… después de todo yo no sería una mujer de negocios si no supiera leer a la gente.

-Eres una buena persona, Rima. Ayudar de este modo a un desconocido…

-Aquí entre nos espero que dentro de poco tú y yo dejemos de ser desconocidos el uno al otro… no sé, tal vez dentro de poco podamos llamarnos "amigos" ¿no te gustaría?

-Me encantaría – una sombra de tristeza atravesó su rosto – pero…

-No quiero decir algo que te haga sentir mal, mejor ayúdame a preparar la comida; tengo el presentimiento de que tienes tanta hambre como yo.

Al hacer el recuento de los hechos estos podían ser resumidos de la siguiente manera: De manera repentina Ayase había pensado que podía dejarlo y salirse con la suya, después de eso su rubio simplemente se fugó de la escuela, fue a su departamento en el que empacó las escasas pertenecías que aún tenía en él dejando además una carta dirigida a Kanou y posteriormente abordó un autobús dirigido a Shizuoka.

Una vez llegado a Shizuoka Ayase bajó del autobús y encontró la cartera perdida de una "empresaria" llamada Rima Takenouchi la cual acudió a devolver siendo invitado por la susodicha a tomar una taza de té en su casa… antes de las diez la "visita" terminó y a partir de ese momento todo rastro de Ayase se perdió, sumando a esto que las cintas de seguridad de la estación de autobuses fueron misteriosamente borradas.

Ahora, a Kanou Sumuko le parecía de lo más extraño que justo después de visitar la casa de esa muchacha Ayase simple y sencillamente desapareciera sin dejar rastro, pero, a pesar de que había abierto una investigación rigurosa, absolutamente nada sospechoso había surgido alrededor de esa chica excepto que había vivido seis años en el extranjero como estudiante de intercambio.

Si algo sospechoso hubiese saltado al investigar a Rima Takenouchi todo ahora sería sencillo, pero al parecer esa chica simplemente fue una más de todas las personas que se cruzaron en el camino del rubio y desde que había pasado ya un mes desde la desaparición de Ayase las cosas parecían ser todo menos sencillas para Kanou.

En los negocios Kanou Sumuko brillaba tanto como siempre, pero los que como Someya o los hermanos Kuba lo conocían sabían que el presidente estaba todo menos "bien". ¿Quién podía culparlo? Si de ser sinceros se trataba todos extrañaban a Ayase, ya sea por su amabilidad, por su fragilidad o por su simple presencia… todos extrañaban su timidez y todos recordaban con nostalgia sus sonrisas, pero era en realidad Kanou el único que extrañaba el calor de su cuerpo por las noches, el sabor delicioso de la comida que preparaba inundando su paladar y la estrechez deliciosa de su interior cuando sus cuerpos se convertían en uno solo haciéndole sentir como si su corazón fuera capaz de latir en la compañía de otro.

¡Pero si Ayase pensaba que por haber logrado evadir a Kanou un mes entero se había librado de él estaba muy equivocado!

Desde que el presidente de la compañía de préstamos conoció a Ayase hasta el momento en que el rubio le perteneció por completo dos largos años tuvieron que transcurrir y en ese tiempo Kanou no había dudado de su convicción ni un solo momento… un mes del juego de las escondidas no iba a desanimarlo ahora, por supuesto.

O por lo menos eso es lo que el hombre se repetía una y otra vez… porque en realidad había un "detalle" importante que convertido en espina se clavaba en su corazón y este detalle era que Ayase prefería enfrentar las inclemencias del mundo exterior y dejar su pasado atrás antes que soportar un solo minuto más a su lado.

Ese conocimiento dolía… dolía más de lo que iba a permitirse admitir ante otros, pero por desgracia no dolía tanto como para que ese dolor lo destruyera por completo, y debido a eso se veía obligado a enfrentar el hecho de que una vez que recuperara a Ayase – su mente no concebía la posibilidad de no recuperarlo – no tenía idea de cómo es que podría regresar a la rutina que había envuelto a ambos antes de la partida del rubio.