¡Hola!^^
¿Cómo están?
Sentí que ahora tardé más en actualizar, si fue así, lo siento u.u
De cualquier modo, les traigo el próximo capítulo, espero que les guste.
Escondiéndose
Sosteniendo la tapa del cofre con el mango de la espada para no quedarse sin aire, Will se acomodó entre las ropas y se quedó dormido por lo que se sintieron como algunas horas.
Cuando despertó parecía que ya había amanecido. La luz entraba por unas rendijas en las paredes, por donde se asomaban los cañones del barco, iluminando toda la bóveda.
Se volvió a asomar hacia afuera del baúl y no vio a nadie. Solo se escuchaba el ruido de pisadas y personas hablando que venía de la parte superior del barco. No quería que lo encontraran si salía, pero permanecer escondido hecho bolita en una pequeña caja no era su definición de valentía, y él definitivamente no se consideraba un cobarde. "Vamos William no puedes quedarte aquí para siempre". De cualquier modo, se notaba que en ese barco se escuchaba hasta la caída de una pluma, si alguien bajara se daría cuenta de inmediato y le podría dar tiempo de esconderse.
Levantó completamente la tapa y salió de su escondite. Se volvió a colgar la espada de la cadera y decidió inspeccionar un poco el lugar.
No se había dado cuenta antes, pero algunas de las cosas que estaban ahí no parecían pertenecer a ese lugar. De hecho, veía muchas que sabía exactamente a dónde pertenecían. Eran las cosas que habían sacado de la isla. Incluso podía distinguir las figuras de plata del señor Brown, y la vajilla de porcelana de la señora Lewis, y sus libros, ¡los libros!
Estaban todos apilados junto a un barril; esos canallas debían de haber pensado que tenían algún valor para haberlos sacado todos los de su cuarto. Tomó el bolso de cuero, que había dejado en el baúl, y guardó los mismos tres libros que había tomado del cuarto de su madre días antes; el de mitología, el que parecía un diario, y el códice pirata.
Cuando los guardó, recordó una cosa. Todavía tenía la llave colgada del cuello. Si encontraba el cofre podría ver qué es lo que había allí dentro. Quizás no fuera el pensamiento más lógico tomando en cuenta la situación en la que se encontraba, pero finalmente no tenía nada más que hacer, y en ese momento, tampoco tenía nada que perder. Empezó a buscar por todas partes, moviendo y levantando cosas, hasta que dio con él.
Se acercó y se sentó en el piso frente a él. Tomó el cofre y lo acercó a su oreja. Todavía se escuchaba el extraño sonido. Se preguntaba qué podría ser. Se sacó la llave del cuello y la puso frente a la cerradura. La metió, y se dio cuenta de que encajaba perfecta. "¡Genial!"
-¡Ya deja de quejarte y ve a buscar las provisiones!- Will se detuvo a punto de girar la llave, y casi se le cae del susto. La sacó de la cerradura y se la volvió a colgar. Escuchó los pasos que venían desde arriba y se apresuró a dejar el cofre a un lado y cerrar el baúl. No pensaba meterse ahí de nuevo. Corrió a la parte trasera y en una esquina encontró un montón de cajas. Se agachó detrás de ellas e intentó quedarse tan quieto como fuera posible.
Los pasos se hicieron más audibles hasta que escuchó a una persona caminando por la habitación. Estaba revolviendo cosas, como si estuviera buscando algo. Will sacó un poco su espada y la puso frente a él para utilizarla como espejo. Miró el reflejo en la hoja, y observó a un hombre quitando cosas de una pila de bolsas detrás de él. Era muy delgado y se le veía muy raro el ojo derecho. Después de observarlo un momento se dio cuenta de que era porque su ojo era de madera. Will hizo una mueca y lo siguió observando. El sujeto tomó un saco lleno de algo y se lo cargó al hombro y salió de la habitación, de regreso a la parte superior del barco.
"Estuvo cerca" Will guardó la espada y se asomó un momento fuera de su escondite. Se volvió a acomodar detrás de las cajas, sacó uno de los libros y, así escondido, empezó a leerlo. Por lo menos tendría algo que hacer mientras estuviera allí.
-Disculpe Capitán- dijo el señor Gibbs a Barbosa que se encontraba manejando el mástil- ¿No dijo que iríamos por el señor pirata de Francia?
-Iremos por el señor pirata de Francia.
-Pero entonces, ¿por qué vamos detrás del Dragón? Ellos van a la isla.
-Déjeme a mí manejar el barco Gibbs.
-No seas egoísta- le dijo Jack- al menos dinos hacia donde vamos, no pierdes nada con darnos un poco de información, ¿o sí?
-Creo recordar que tu perdiste bastante la última vez que se la diste a tus hombres.
-Que simpático. No sé que haces de pirata, pudiste haber sido el bufón del rey.
-Mejor cállate si no quieres nadar con los peces, Jack.- Miró al señor Gibbs- Shung Lo va a la Isla Naufragio, nos separaremos más adelante para buscar a Chevalle.
-¿A dónde iremos por él?
-¿A dónde crees? Está en Marsella, dándose la buena vida.
-Quien fuera él…
-Prácticamente se retiró. El muy maldito aceptó todo lo que la guardia le ofreció.
-¿O sea que ya no tiene barco, ni tripulación?
-Sus hombres aún le son fieles, algunos, pero muchos lo mandaron al demonio cuando vieron que no pensaba compartir gran parte de lo que le dieron.
-No entiendo- dijo Gibbs frunciendo el ceño- ¿Quiénes le están pagando para hacer… qué?
-Creemos que de nuevo es la East Indian Company, pero podría tratarse de alguien más. Eso es una de las cosas de las que necesitamos hablar en la reunión, quien lo esté haciendo ha sido muy astuto. No sabemos demasiado.
-¿Y por qué exactamente les está pagando?
Jack escuchaba con atención. Gibbs estaba haciendo todas las preguntas que se suponía que él sabía, pero no podría hacérselas a Barbosa sin delatarse. Le llamaba mucho la atención lo que estaba pasando. A él no le parecía la gran cosa, pero por lo que Barbosa decía, no debía tomárselo tan a la ligera, realmente se estaban enfrentando de nuevo a la extinción. Ya antes había pasado, pero no llegó a afectar realmente a la hermandad, al contrario, les dio una razón para llevar a cavo la cuarta reunión que se había hecho desde que se creó. Y ahora, ni siquiera diez años después, se estaba planeando la quinta, y esta vez no sería tan pacífica tomando en cuenta la traición de Chevalle y quien quiera que fuera el otro.
-Como luchar contra nosotros nunca les ha funcionado, piensan que nos podrían comprar para que dejemos todo acto de piratería. Nos quieren acabar con sobornos.
-¿Y pagan bien?- Preguntó Ragetti que iba pasando y escuchó la conversación.
-¡Eso a ninguno de nosotros le interesa!- le gritó Barbosa- Vuelve a tus labores rata apestosa.
-¡Si señor!- se fue casi corriendo a seguir repartiendo provisiones entre la tripulación.
Pintel llegó hacia el capitán por el ismo camino por donde el otro acababa de pasar.- Ya no quedan provisiones en la bóveda Capitán.
-Cuando toquemos tierra nos resurtiremos.- Asintió y se fue donde Ragetti.
-¿A ti no te han ofrecido nada?- Preguntó curioso Jack.
-No me han podido encontrar.- Sonrió Barbosa- Imagino que a ti te estaban a punto de ofrecer algo cuando te recogí del barco de la guardia.
-Claro, eso mismo pensé yo.- Mintió Jack. Aunque ya supiera de qué se trataba todo, no había necesidad para que Barbosa supiera que cuando lo recogió no había tenido idea de qué estaba ocurriendo.
-¿Tardaremos mucho en llegar?
Barbosa suspiró- Eres peor que un niño Jack.
Elizabeth observaba en mar por la ventana de su camarote. Cuando abordaron el Dragón, Shung Lo le había asignada uno. Casi no pudo pegar los parpados en toda la noche. Se sentía extraña. Ahora que estaba en altamar, no la dejaba la sensación de estar reviviendo una vida pasada. Ahora que los recuerdos se le arremolinaban en la cabeza, se daba cuenta de lo simple y monótona que había sido su vida en los últimos años, y no era que no agradeciera haber podido darle a William una vida noble y tranquila, pero había algo en todo esto que la emocionaba. Esa sensación de estar camino a la aventura, de no saber que le aguardaba; la había olvidado, y ahora que la tenía de regreso sentía que le encantaba. Que aunque no supiera que esperar de todo aquello, le emocionaba.
Sin embargo, no era ninguna idiota, y también le preocupaba.
Todavía no le explicaban a qué se debía todo aquello. Para qué habían ido por ella. Era muy extraño. Según sabía solo se habían realizado cuatro asambleas de la hermandad en toda la historia, era muy curioso que ahora hubiera otra ni una década después de la última.
Y también estaba William. ¿Ya sabría Will que se había ido con ellos? Nunca en su vida se había sentido tan preocupada por el bienestar de su hijo, no sabía que esperar encontrar cuando regresara.
Pero tanto pensar en su hijo, estando ahora de nuevo en un barco pirata, la hacía pensar en otro William. Uno al que había amado tanto como al que hoy en día llevaba su nombre. ¿Cómo habrían sido para él estos años? Una década surcando los mares del inframundo sin acercarte siquiera a tierra. No imaginaba lo duro que la tarea debía resultar. Aunque, quien sabe. Para un pirata no hay cosa más hermosa que el mar, no hay mayor libertad que un barco, no hay mejor vida que la que se vive en el océano. Tal vez no fuera tan duro para él, sin mencionar que su padre lo había acompañado todo el tiempo, esperaba que incluso lo hubiera disfrutado.
Y ¿qué habrá sido de ella para él? ¿Pensaría alguna vez en ella? ¿En ellos? Will ni siquiera sabía que tenían un hijo. Ni tenía idea de que era idéntico a él, ni de lo mucho que lo recordaba cuando lo veía.
Davy Jones jamás dejó de amar a Calypso, ¿era posible que Will la hubiera dejado de amar a ella? Ni siquiera estaba segura de que se fueran a volver a ver algún día; ese único día que sabía que Will podía pisar tierra cada diez años estaba a punto de llegar, estaba tan solo a semanas, y quizás ella ni siquiera estuviera en la isla para su regreso.
No quería ni imaginarlo. Esperaba que cuando llegara ese día en el que por fin pudieran volver a reunirse ella ya se hubiera salido de todo este embrollo y pudiera pasar ese único día con su único amor; que pudiera presentarle a su hijo, y decirle que a pesar de todo el tiempo que había pasado, lo seguía amando, y lo seguiría amando siempre, sin importar que el mismo inframundo los mantuviera separados.
Una parte de ella en verdad sentía ganas de meterse de lleno en la vida de peleas y aventuras que se le ponía por delante una vez más; deseaba volver a sentir esa adrenalina, justo como la había sentido ayer en el bosque cuando peleó contra los hombres de Barbosa en la isla. No se había sentido tan en control de sí misma desde hace años, ni tan conectada con su cuerpo y todos sus sentidos. Había matado a un hombre sin pensarlo, y no sentía remordimiento alguno. En otra época habría dicho que era una barbarie, hoy, solo podría llamarlo instinto, y se sentía orgullosa de eso; y de saber que todavía, y más que nunca, era capaz de defender su vida como la situación lo pidiera. Si algo había odiado de la vida en la isla, era el sentirse como una damisela débil todo el tiempo, aquí no lo era. Era una pirata; era la Capitana Turner, reina de los piratas.
Escuchó que llamaron a la puerta. Fue a abrirla y frente a ella estaba un hombre, asiático, como todos en ese barco.
-Capitana Turner, el Capitán Shung Lo desea saber si puede hablar con usted.
-Dígale que voy en camino.
Después de varias horas leyendo, Will empezó escuchar como gruñía su estómago. Guardó los libros y se paseó por la bóveda buscando algo que comer, pero el sujeto que había bajado hace un rato se había llevado todos los sacos que contenían comida. Movió las tapaderas de los barriles que estaban abiertos, pero no encontró alimentos, solo bebidas alcohólicas y mucha pólvora.
Su estómago volvió a gruñir. No se había dado cuenta de cuanto tiempo llevaba sin comer, pero no le extrañó que pudiera sentir el movimiento de sus tripas cuando recordó que la última vez que había comido fue la mañana del día anterior. Llevaba un día completo sin probar bocado, necesitaba comer algo, lo último que le convenía en ese momento era que aparte de todo se desmayara por ayuno prolongado.
Le tomó unos minutos, pero finalmente decidió que el único modo de comer algo sería subir a la cocina; suponía que debían de tener una, después de todo se supone que el capitán no debería de comer lo mismo que el resto de la tripulación, alguien tendría que cocinar para él en algún lugar del barco. Pero no podía arriesgarse a salir de día y que lo vieran, tendría que ser de noche. Aunque su estómago lo devorara, esperaría hasta que el sol se metiera para ir a buscar algo de comer.
Will esperó hasta unas horas después de que se asomara la Luna en el cielo totalmente obscuro para salir de su escondite. Subió las escaleras con mucho cuidado intentando no utilizar en su contra los chirridos que los escalones hacían cada vez que los pisaba. Esa mañana había estado encantado de la facilidad que había en ese barco para saber si alguien venía, ahora la maldecía.
En su recorrido pasó por lo que parecía el lugar donde la tripulación dormía. Los ronquidos que venían de las camas y catres se lo confirmaron. Intentó hacer todavía menos ruido, si eso era posible, y siguió subiendo. Llegó al final de las escaleras y pasó por una puerta que lo sacó a la cubierta del barco.
Miró alrededor observando el lugar. Como antes había estado escondido en el baúl cuando lo metieron, no había podido verlo. Era un barco enorme con velas negras. Parecía que lo habían sacado de uno de sus libros de piratas. "Bueno, es un barco pirata ¿no?" Se permitió sentirse impresionado por él un momento. No podía creer lo que estaba haciendo. Realmente se había metido en un barco lleno de piratas –saqueadores y asesinos- para buscar a su madre. Si ella supiera lo que había hecho lo castigaría de por vida, pero para eso, primero tendría que encontrarla. No tenía idea de por qué pensó que este barco iría al mismo sitio al que llevarían a su madre, pero algo le decía que así era. Estaba sucio, tenía frío, no sabía qué le ocurriría después, y estaba apunto de meterse a saquear la cocina porque se estaba muriendo de hambre; y, sin embargo, jamás se había sentido tan vivo.
Era una sensación muy difícil de explicar, pero totalmente real. Alguna vez en un libro había leído una frase que decía algo sobre como los momentos de penurias y escasez nos hacen rencontrarnos con nuestro lado más vivo; cómo somos más consientes de nuestra vida cuando estamos a punto de perderla.
No es que estuviera a punto de perder su vida –esperaba-, pero esa era sin dudas la situación más riesgosa en la que se había metido en toda su vida, y le encantaba. Pocas cosas le hacían sentir ese calor en el pecho como darse cuenta de que su propia vida le acababa de desvelar una frase que adoraba pero, hasta ese momento, no había comprendido del todo.
Se concentró de nuevo en la cocina y se tiró al piso en cuclillas para evitar que lo fueran a ver si alguien pasaba.
Ni siquiera sabía en dónde estaba la cocina, ni siquiera sabía si tenían cocina. Llegó a otra puerta de cristal y entró por ella esperando encontrar pronto su objetivo.
Entró a un rellano con varias puertas, se acercó a la única que estaba abierta y bendijo su buena suerte. La luz estaba encendida, pero no había nadie dentro de la cocina. Entró con sigilo sintiendo que en cualquier momento alguien le saltaría y le clavaría una espada en el pecho. No quería levantar sospechas, así que para no tomar nada de la mesa, se acercó a un rincón en donde estaban los mismos costales que habían sacado de la bóveda esa mañana y tomó un pan y algunas frutas, y las guardó en su bolso.
Haciéndosele agua la boca por el aroma a comida, se encaminó hacia la salida.
-Eres un idiota, dejaste la cocina abierta.- Escuchó desde el rellano y se agachó rápido debajo de la mesa. Estaba cubierta por un mantel de lana así que si se mantenía quieto no lo verían. Escuchó como alguien entraba y apagaba las lámparas dejando la cocina a oscuras, justo después, escuchó una cerradura. Dejó pasar unos segundos y se asomó por debajo del mantel, la puerta estaba cerrada. Se acercó e intentó abrirla pero fue inútil, lo habían dejado encerrado con llave; no saldría hasta la mañana siguiente.
Realmente no pasó demasiado en este cap, pero bueno, ya en el próximo habrá más acción.
Les agradecería muchísimo un review para saber que les parece.
Nos leemos en el próximo capítulo.
Melopea
