Disclaimer: Naruto y sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto

Hola, gracias por entrar n.n

Al fin me digno a actualizar, sepan disculpar la demora. Y con este ya van como mil pedidos de disculpas u_uU Con los años uno se hace viejo y leeeeento.

Saludos para Kaary.215, jajaja, todos necesitamos de este amor jajaja. Gracias por leer y comentar n..n Male, si Sasuke no se comporta desesperante, entonces no es Sasuke. Está en su naturaleza XD El drabble anterior cerró en una instancia complicada, veremos cómo lo resuelven. Muchas gracias por seguir del otro lado :D

Disculpen por los posibles fallos que puedan encontrar y gracias por leer :D


Proyecto: Cien drabbles por cien historias

Pareja: Sasuke/Hinata

Motivo: Cosas para ofrecer


XIII

Las cosas que deberías ofrecer

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Lo alcanzó en la aldea siguiente y Sasuke se sorprendió al verla allí parada, de nuevo en su camino. ¿Qué clase de destino se empeñaba en reunir a dos personas tan discímiles? Uno muy retorcido, sin duda, y demasiado hermético en sus intenciones.

Hinata se acercó lentamente, como tanteando el terreno. Sasuke permaneció impertérrito, afanándose por dentro.

-No creo que marchar cada uno por su lado sea la solución, Sasuke-kun –murmuró ella. En lo que demoró en alcanzarlo, había acopiado valor para enfrentarse a él y sus sentimientos. Nunca antes había tomado la iniciativa, pero su determinación la había impulsado.

El ninja lo entendió, conmocionado con su esfuerzo, pero él también había tomado una decisión.

-Ya he hecho lo único que podía hacer por ti, Hyuuga.

-Pepero…

-Tú y tus peros, mujer.

-Mis peros no son quejas, sino cuestionamientos –se atrevió a decir ella. También Hinata se había cansado un poco de la situación-. Tú mismo me hablaste alguna vez de cucuestionar lo establecido.

-Pues olvida eso también. Es absurdo que alguien como tú quiera estar con alguien como yo.

-¿Es todo lo que puedes decir? –replicó ella, sinceramente extrañada con su actitud. En general solía ser ella la que necesitaba estímulo y apoyo a la hora de actuar, pero parecía que los roles se habían invertido.

-No tengo nada más que ofrecer –dijo él, intentando alejarse.

Hinata lo retuvo.

-Yo creo lo contrario –manifestó con dulzura, pero también con firmeza-. Deberías ofrecer tu amistad, tu corazón, tu espíritu, dedeberías ofrecerme las cosas que te hacen mejor y que ignoras que posees, pero yo las he visto.

Él la miró con hastío, quería desasirse de cualquier cosa que lo ligara a ella, de verdad quería hacerlo porque, suponía, era lo único bueno que podía hacer por ella. Pero Hinata, determinada como pocas veces y con esa voluntad que él tanto admiraba, persistía en aferrarlo, en retenerlo. Y Sasuke no sabía qué hacer con eso.

-En definitiva, me gustaría que fueras capaz de ofrecerte a ti mismo, Sasuke-kun –agregó ella al no recibir respuesta de su parte-. Papara el caso, tampoco valgo mucho.

El joven la encaró con reproche al oír tales palabras.

-Me dices que me mire a mí mismo cuando ni siquiera tienes idea de quién eres en verdad –siseó con recriminación, casi indignado.

Hinata sonrió con timidez.

-Entonces, quiquizá no seamos tan diferentes como supones, Sasuke-kun –concluyó en un murmullo.

Atardecía sobre sus cabezas. Los aldeanos trajinaban alrededor de ellos de regreso a sus casas, pero los jóvenes permanecían inmóviles e irresolutos, detenidos en el medio del camino. Sasuke vislumbró el punto, o se animó a vislumbrarlo por primera vez. Y por esa razón, también por primera vez, se sintió desarmado.

Jamás había sostenido un combate de esa naturaleza y se descubrió absolutamente incapaz de conducirse a la altura del coraje de Hinata.

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XIV

Las cosas que deberías ofrecer tú

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Apenas había podido retenerlo, pero Hinata sentía que el lazo que los unía se iba deshilachando poco a poco, como si el peso que cargaba fuese demasiado para él. Ni siquiera podía decírselo a sí misma con todas las letras, pero sus sentimientos por Sasuke la impelían a buscarlo más allá de cualquier palabra o reconocimiento.

Y el recuerdo del beso la animaba más de lo que ella misma podía medir.

-¿Todavía despierta?

Sasuke se había sentado al pie de un árbol a observar la luna y rumiar el insomnio. Hinata, un poco más cerca de la fogata, se revolvía inconcientemente en la medida en que pensaba.

Sin otra cosa por hacer, también se incorporó.

-Tatampoco tú puedes dormir.

-La persistencia de cierta persona me ha quitado el sueño –masculló él.

Hinata sonrió. Los desplantes de Sasuke ya no hacían mella en su corazón, en cambio su testarudez y su empeño en alejarla podían alterarla bastante.

-Pupues tú no te quedas atrás –se atrevió a replicar.

Él chasqueó la lengua con desdén. Vaya que había perdido popularidad si hasta una persona tan tímida como ella se animaba a enfrentarlo.

Luego guardaron silencio, cada uno sumido en sus propias cavilaciones. Hinata nunca había iniciado un plan de conquista, por eso nunca se le pasó por la mente que quizá sus intentos podían parecerse bastante a ello, y quizás esa fuese la razón de que continuase haciéndolo con pasmosa desenvoltura. Si alguien la hubiera avispado al respecto, tal vez se hubiese retraído de inmediato.

-No… no pupuedo regresar a la aldea, Sasuke-kun –musitó, creyendo necesario reafirmarlo.

El ninja la miró con ojos inescrutables. La miró fijamente, largamente, como si ella estuviera y no estuviera. Como si fuera Hinata y como si fuera una aparición.

-Deberías ofrecerme más que eso, Hyuuga –dijo por fin. Ella lo miró con interrogación-. Deberías ofrecerme la seguridad de que, al elegir quedarte conmigo, sabrás bien con quién andas, con qué carga y cuán ardua será la senda que todavía deba transitar.

-Sasuke-kun…

-Así como me lo has expuesto ayer, tú también deberías ofrecerte a ti misma sin cuestionar –prosiguió él-, así como tu fuerza y tu voluntad, porque créeme que toda voluntad es poca cuando se trata de lidiar con una persona como yo. Así que piensa, piensa si estás dispuesta a ofrecerte hasta ese punto.

La kunoichi contuvo un suspiro. A través de esas palabras pudo discernir la magnitud del pesar, del desasosiego y la pesada historia que Sasuke arrastraba aún consigo con resolución, decidido a hacerlo por sí mismo. Ni siquiera con ella quería contar.

Hinata lo vio, lo comprendió, le dolió. Anhelaba compartir ese destino, soportar ese peso con él, pero también sabía que la expiación era un camino riguroso y solitario. Así debía ser para que tuviera valor. Por eso, aunque las velas de su corazón la impulsasen cada vez más enérgicamente hacia él, su creciente amor por Sasuke tendría que esperar.