¡Hey, hey, hey!

¡La Bokuto Week temina el día de hoy! Espero que hayan disfrutado las actualizaciones y los líos, que me he divertido mucho escribiendo :)

En el día de hoy, tocaba algo extraño. Era el emoji de los músculos. Así, como leéis. Me lo he pasado por el forro y he decidido hablar de Bokuto en sí mismo, de su grito de guerra, de Akaashi queriéndolo y dando razones de por qué lo quiere así.

Este cover es de una medley de Your Lie in April; la traducción y cover pertenecen a Amalee. ¡Pueden ver más cosas de ella y escuchar el cover en su canal de Youtube!


¡Hey, hey, hey!


Don't you know you have a little magic in you?

It wipes away the monochrome hue

And fills this world with color when you laugh beside me

Akaashi lo ha sabido desde que un chaval con menos luces que pueblo de montaña y ojos como dos botones de oro lo levantó en volandas después de un buen pase. Desde que casi lloró al ver que la pelota se le pegó a su mano como si fuera super glue y gritó lo que no estaba escrito a puro envite de felicidad. Desde que se volvió hacia el con la boca mostrando todos los dientes y preguntándole si había visto el remate super guay que acaba de hacer. Lo supo y se lo remarcó a sí mismo.

Lo remarca cuando lo ve correr hacia la cancha, se pone un post it en el alma con un "estás coladito por este chico".

Como si hiciera falta remarcarlo.

No podía enamorarse como las personas normales. No, tenía que ver a Bokuto pegarse una bajona de las que no tienen luz y enterrarse la moral ochenta metros bajo tierra. Tenía que molarle el mayor imbécil del vóley en kilómetros a la redonda, el tío capaz de motivar incluso a los que no tienen ganas de salir del sofá; un armatoste de fuerza bruta y demasiada impulsividad. Un tipo que no entiende de razones y que a pesar de que le expliques veinte veces cómo funciona el deshielo te dirá sin pelos en la lengua que no lo ha cazado. Porque Bokuto se mueve por instinto, el cuerpo le actúa antes que sus pocas neuronas le hagan sinapsis y remata. Fuerte y claro.

Nadie habla de los músculos de Bokuto. Ni de la espalda capaz de cargar a todo un equipo. Ni de las ojeras concentradas que le surcan la cara. Todos hablarán de lo buen tío que es y de la catapulta de motivación en la que se ha convertido en la última década. De que quizás es un poco imbécil y que corta cebolla con los ojos cerrados porque le lagrimean mucho y se termina rajando el dedo. Y que hace pucheros como si tuviera cuatro años mientras Akaashi le venda la mano, regañándolo.

Ese es el chico que le gusta. El que tiene corazón de oro y ni una sola mala intención.

Bokuto no entiende cuando alguien se la lía parda, cuando le meten la zancadilla para desestabilizarlo o cuando le hacen una jugarreta porque sí. Cuando alguna nota en los medios de comunicación lo pone por los suelos o le echan toda la culpa de un partido perdido no por él, sino por seis integrantes de la Selección. Porque la gente es resentida y hay demasiadas malas personas en este mundo. No entiende y le va llorando a Akaashi, al grito de "¿qué he hecho para que se enfaden conmigo?"

Nada, Bokuto. Es solo que eres tan guapo y tan bueno y talentoso que siempre habrá algún envidioso intentando sacarte del podio.

Se ha ganado las mil medallas que tiene colgadas en su habitación y la fama de ser el puto amo, se ha ganado reconocimientos, entrevistas, invitaciones a canales de televisión, fotos en las revistas de chimentos… todo dando vueltas alrededor del mismo acontecimiento: que está por cumplir los treinta y dos años y aún sigue en pie en el vóley. Pero se lo ha ganado a él. A Akaashi. A fuerza de remos y pura voluntad. Cuando Akaashi lo besó la noche en que se graduó, a Bokuto se le fundieron los pocos circuitos que le quedaban funcionando. Se quedó en blanco. Demasiado similar a cuando le agarra la estupidez en medio de un partido.

Apareció la mañana siguiente con un café en la mano. Y explicaciones.

Cuando se casaron, borrachos como una cuba, Bokuto y Kuroo se subieron a una mesa y ladraron a voz en grito un "¡hey hey hey!". Muertos de risa. Terminarón cayéndose y el cabeza de búho se dobló la muñeca dos semanas antes de un partido. Akaashi se enfadó; fue la única vez que se enfureció con Bokuto. Porque demasiado estaban haciendo el ridículo y ahora no iba a poder jugar. Por idiota. Fue la última vez que Bokuto usó su acostumbrado grito de guerra; y Akaashi temió perderlo.

Este va a ser su sexto año viviendo juntos.

Y el decimocuarto que están en pareja.

Akaashi jura, juradísimo por lo que quieras, que Bokuto y él seguirán juntos hasta que pasen los ochenta.

Y después de eso, también.

You were the one, you were always the one - You were the light in my life

When you're with me, we can take on the night, shining like stars in the sky


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¡Muchas gracias por acompañarme en esta travesía de Bokutos!

HEY, HEY, HEY