DISCLAIMER: El universo de "Dragon Ball Z", así como sus personajes, son propiedad de su autor original Akira Toriyama, como también en Toei Animation y Fuji TV. Esta historia está hecha únicamente por diversión, con permiso tomo los personajes prestados.
CAPÍTULO VI. RESILENCIA
La noche había caído por fin, de nuevo bañando bajo su oscuridad el recinto bajo ese lienzo estrellado de tonos azules.
No podía concernir lo que había presenciado durante el día, en ningún momento imaginó que aquella mujer de cabellos como el mar resultara ser todo lo opuesto a lo que él se había imaginado, simplemente inaceptable.
Su mente no dejaba de maquilar cientos de ideas alrededor de ella ¿Es que cómo había caído en esa trampa tan baja de parte de Paragus? Él era el audaz príncipe de Vegetaseí quien libraba cientos de batallas llevando a su pueblo y legado a la gloria, y ahora, de la manera más rechazable había bajado la guardia ante ese par de luceros salvajes que te encandilaban con sus dulces resplandores celestes. Era una maldita, una maldita bruja la hija de Paragus, una maldita bruja escondida tras esa faceta angelical construida de porcelana; un maldito demonio. Debía poner las cosas en claro, sí Paragus quería guerra, la obtendría; nadie se burlaría del gran príncipe Vegeta.
Sus pasos se podían escuchar resonar sobre los oscuros pasillos, la noche estaba en su punto culmine por lo que el movimiento a esas altas era menor, solo se encontraban uno que otro soldado de vigilia, y él junto con sus demonios atormentándolo.
No le costó nada llegar a su destino en mente, le importaba un bledo la hora que fuese y quien se encontrara tras esa puerta de madera, después de todo el era el príncipe ¿No? El tenía todo el derecho de profanar el lugar que quisiese de sus terrenos.
Cegado por la adrenalina y furia, de un solo golpe abrió las puertas de ese recinto que descansaba bajo la oscuridad de de la noche siendo solo bañado por los escasos rayos lunares y al fondo de las penumbras estaba ella, tumbada sobre la cama, envuelta bajo una máscara de miedo y nerviosismo, con esos ojos, esos ojos que brillaban a sobremanera a pesar de la oscuridad, que intentaban de nuevo leer su alma, intentando indagar los lugares más profundos del príncipe donde hasta la fecha nadie podía entrar.
No dejaría que esta vez esa penetrante mirada celeste volviera a jugar con él, para eso había ido en busca de ella, para marcar su territorio y posición, que ni esa mujer ni nadie intimidaría al gran príncipe Vegeta, ni ese par de luceros ardientes que de una manera u otra escandalizaban por completo.
Pero al momento se arrepintió, se arrepintió de haber perpetuado aquel lugar al observar esa imagen que se presenciaba frente a él; ese maldito demonio, el demonio más hermoso de todos. Perdió al encontrarse con ese delirio frente a sus ojos, convirtió la noche en poesía, un vestigio lunar que ahora anhelaba leer sus labios, de robles, de braille encantado; de esas manos que echaban raíces, de sus pestañas en un sueño, sus cabellos vueltos volcán y entre el abismo un deseo; ella era arte, una divina poesía.
Siguió su andar sin retirar su mirada de ella, con una cautela que comenzaba a aterrar a la mujer provocando que se hundiera más sobre esos almohadones, y como si fuese una presa a punto de devorar, lentamente se acercó a la cama hasta la altura de ella, sujetándola de su débil y frío brazo, invitándola a levantarse de su lugar y exigiéndole mirarlo a los ojos, esos ojos que no dejaban de perpetuar su alma.
Bulma se sintió tan expuesta frente a él, con ese fuerte agarre podía ver que él podía hacer con ella lo que quisiera, estrangularla si era posible, pero al ver que el príncipe no ejercía más fuerza de lo que esperaba, un ligero suspiro de paz salió de sus labios carmesí.
Lentamente el príncipe la fue acorralando hasta la pared más próxima a ellos, encerrándola entre esos fuertes brazos de acero, pero que curiosamente se encontraban cálidos y ardientes. Su respiración se volvía más pesada entre ellos, ninguno decía alguna palabra más lo que sus miradas expresaban, curiosidad.
Ninguno se movía de su lugar, ninguno quería moverse de ahí, solo se contemplaban bajo la oscuridad mientras que la luna era testigo de ese encuentro, de dos náufragos que coincidieron en esta vida.
El podía sentir la respiración de la mujer contra su rostro, ¿Es que qué tenía? Ese demonio disfrazado de ángel tenía algo que en ninguna otra mujer había logrado percibir, tan solo su aroma intoxican té te le lograba nublar cualquier juicio y razón, como en esos momentos. Y peor aún con esa vestimenta que ella llevaba, dejándote nada a la imaginación, no, simplemente no podía ser, había visto a lo largo de sus veintidós años demasiadas hembras e incluso más hermosas que esa mujer, pero esa princesa desprendía algo que ellas carecían.
Bulma sentía como su corazón latía con fuerza, no esperaba tener de nuevo a unos centímetros de distancia al príncipe y verlo así, con esa misma mirada como en ese encuentro en la cocina lograban colocar en ella sensaciones desconocidas, porque al contrario del miedo, ese príncipe le inspiraba otra cosa y odiaba no poder reconocer que era.
Vegeta comenzaba a invadir ese espacio corporal entre ellos, a lo que ella ante puso sus brazos como una pequeña barrera pero lo único con lo que se encontró fue ese fuerte pecho, marcado por numerosas batallas, y que ardía, ardía como el sol en verano. Sus mejillas se encendieron al ver que sus manos se encontraban sujetando el formado pecho del hombre, quien dicho príncipe no pasó de desapercibido al notar cierto detalle mirando de sus delicadas manos blanquecinas hasta sus ojos y de nuevo repetía ese camino un par de veces más. Quería ver que más se encontraba tras esa dura cara del hombre, pero él no era fácil de roer.
Abrió sus labios carnosos para decir algo, se sentía vulnerable ante ese hombre, las palabras y el aliento se le escapaban de la boca, ¿Pero es que quién tendría la fuerza para sostener un contacto con semejante hombre, con cuya presencia intimidante como él? Miró directamente a sus ojos, esos ojos tan oscuros como esa noche, un azabache tan intenso como la presencia de él.
—Príncipe…—Susurró al cabo de unos segundos, en un tono débil pero percibido por el hombre.—Pe-pero…
—Silencio mujer.— Su voz rugió con fuerza, pero no sin elevarla. De nuevo tiró del brazo de la peli azul acercándola más a su cuerpo, a lo que podía sentir como ella temblaba bajo su agarre. No pudo evitar sentir decepción ante esa imagen ¿Dónde estaba ese mujer altanera?— Sabes perfectamente a que vengo.
Bulma abrió sus ojos más grande de lo normal ¿A qué es lo que se refería ese hombre? Frunció levemente sus cejas al no entender las palabras del príncipe, provocando que el aludido marcara más de lo normal su ceño fruncido imitando su reacción, y sin previo aviso la tomó del rostro entre su fuerte mano bloqueando cualquier movimiento, obligándola a verlo directamente a los ojos y cortándole la respiración de golpe.
El corazón de la princesa se aceleró al ver el acto un poco salvaje del príncipe ¿Qué se traía en mente el hombre? Lo miró una vez más a sus penetrantes orbes azabaches, encontrándose con esa misma mirada fría, calculadora y demandante a lo que ella le molestó, no supo porqué, pero siempre que lo miraba a los ojos esperaba ver otra cosa más allá de esa barrera que anteponía el príncipe y encontrarse de nuevo con esa máscara de indiferencia le molestaba.
Por su parte Vegeta percibió el malestar en la princesa, ahí estaba de nuevo, tan desafiante, aventurera y llena de ese fuego embriagante que le llamaba la atención por completo. No pudo evitar sonreír ladinamente tan su forma característica de él, acercando más su rostro al de la mujer, desviando sus orbes por ese afilado rostro, pasando por su pequeña nariz nívea y finalizando en ese par de labios carmesí en forma de corazón, siendo completamente expuestos para hacer con ellos cualquier cosa…
—Yo no vengo a hacerle daño, alteza.
Y toda la ensoñación en la que se encontraba hundido analizando centímetro por centímetro a la peli azul desapareció al escuchar esas simples palabras.
Cómo si su piel quemara, alejó de golpe a la mujer de su alcance, separando de nuevo esa distancia que debía haber desde un principio en ellos y mirándola como se lo merecía, como una vulgar invasora de Tsufuru.
Bulma por su parte, sintió como su cuerpo se desvanecía entre las manos del príncipe, no entendía porque reaccionaba de esa manera pero estaba consciente que en alguien debía caber la cordura y esa era su mente, esa mente despierta que en todo momento le indicaba estar alerta incluso de ese hombre. Vio como su mirada azabache se desvió a sus labios semi-abiertos, su corazón se aceleró, pudo sentir curiosidad, asombro y miedo, miedo. Razón por la cual dijo lo primero que rondaba en su mente desde que lo vio entrar, porque ella podía leer las intenciones en los suaves labios del hombre y no sabía si quería que eso pasara.
Cómo un pequeño roedor, la princesa se lanzó de nuevo a la cama hundiendo su cuerpo en esas almohadas protegiéndose como si se trataran de una defensa para ella, ante las garras de ese hombre misterioso.
—¿Y quieres que te crea? —Escupió con fuerza el príncipe, a lo que Bulma pudo sentir el desprecio en sus palabras.— Dime mujer ¿Cuántas más mentiras estás dispuesta a contar? Porque te advierto que cada palabra que uses, de nada te beneficiará, tú y tu asqueroso padre verán de lo que soy capaz.
—¡Yo no vengo en nombre de mi padre! —Gritó con fuerza sorprendiendo al príncipe, perdiendo ese miedo inicial para armarse de valor, estaba tan cansada de lo mismo que no podía permitir que ese hombre siguiera con eso.— Mi padre no tiene una idea en donde estoy…
—¡Basta mujer! —Bramó el príncipe enfurecido de escucharla.— ¡Déjate de tus tonterías! No te creo ninguna palabra mujer.
—¡¿Entonces porque viene a perturbarme si no me cree?! —Contraatacó con el mismo tono.— Si no cree una sola palabra de mí, no veo el caso de que venga a preguntarme cosas que a usted no le interesan.
—¿Te estás burlando de mí? —Lentamente comenzó a acercarse a la cama, solo que esta vez parecía una fiera a punto de devorarla.—Mujer…
—Bulma.—Lo acortó la princesa logrando que él detuviera su paso mirándola extrañado. Suspiró cansada mirándolo de nuevo a los ojos retadoramente.— Tengo un nombre, y es Bulma.
—Quiero que me digas la maldita verdad, mujer.—Prosiguió ignorando la petición de la princesa, a lo que ella lo vio con enfado y ofendida.—Me vas a decir cuáles son los planes que se traían tú y Paragus intentando entrar de esta manera tan asquerosa y baja, claro…—Sonrió ladino con malicia.—Qué se puede esperar de los Tsufurujín…
—¡Ya le dije que yo no tengo nada que ver! —Refutó molesta la peli azul, al mismo tiempo ofendida por la burla a su raza natal.— Por desgracia llegue a dar a este lugar, ni mi padre ni nadie de Tsufuru saben de mi actual paradero…—La respuesta no fue muy convincente para el príncipe, a lo que ella se adelantó a explicar.—Yo llegué aquí por accidente.
—¡Basta mujer! Por más que intentes proteger a los perros sarnosos de Tsufuru, caerán bajo el poder de los saiyajin ¡Y tú sufrirás el mismo destino! Nadie le verá la cara al gran príncipe Vegeta Ouji…ni una mujer como tú.
—¡Son unos salvajes! —Gritó con fuerza desgarrando su garganta.— ¡Mi pueblo es fuerte! No caerá en las garras de unos seres tan detestables como ustedes…
—No me digas mujer…—Rió con burla.— ¿Así como su princesa? Déjate de estupideces, porque aunque lo escondas y niegues, frente a tus ojos verás caer a tu patética raza, finalizando con la escoria de tu padre y finalmente tú….
—¡Esto es una guerra absurda! —Señaló impotente.— ¡Nadie debe salir lastimado! ¿Qué es lo que quieren? ¿No se dan cuenta que cientos de inocentes deben cargar en sus hombros los estragos de esa guerra? Como soberanos deben pensar primero en su pueblo, un pueblo rico es aquel donde sus habitantes no sufren, no donde sus reyes se regocijan a costa de ello…
—¡Cállate mujer! No me vengas con cátedras patéticas, ¿Lo dice quien utilizó de mi gente para llegar a obtener información de mi reino de la manera más sucia y baja?
—¡Ya me cansé de decirle que en ningún momento vine de invasora! Mi estadía en Vegetaseí no ha sido nada agradable y las únicas personas quienes me ayudaron fue aquel joven que lo acusaba de asesinato injustamente…¿Cómo podría una mujer indefensa como yo hacerles daño? ¿Cómo podría yo obtener información de usted?
—Cierra la boca.
No lo vio venir, cuando sintió de nuevo el fuerte agarre del hombre pero esta vez de su estrecha cintura, acorralándola de nuevo sobre esa fría pared solo que esta vez sus movimientos eran más salvajes, fríos y toscos. Bulma de nuevo quedó en silencio asombrada por la facilidad en la que el príncipe podía manejarla a su antojo, nunca sintió el momento en que abandonó el suave edredón por la fría pared, pero ahí estaban de nuevo, frente a frente, desafiándose como dos titanes a punto de iniciar un combate.
—Tarde o temprano me dirás toda la maldita verdad mujer.—La princesa sintió su aliento golpear contra su rostro, era caliente en comparación a la fría noche, a lo que ella decidió mirarlo directamente a los ojos, no le demostraría que tenía miedo, aunque su cuerpo comenzaba a traicionarla.— Tú serás la primera en caer.
—Le demostraré que está equivocado.— Aseguró con determinación sorprendiendo al príncipe, provocando que el quedara en silencio varios segundos.— No le tengo miedo…
—Miedo es lo último que sentirás en este lugar, mujer.
Sin aportar una palabra más, Vegeta se alejó de la princesa dejándola de nuevo sola en esas cuatro paredes bajo la luz de la luna y con su mente llena de temores y dudas.
Bulma sintió como su respiración volvía de golpe a su pecho, se dejó caer sobre esa pared al sentir como sus piernas flaqueaban de la impresión, no podía entender porque su cuerpo se volvía tan débil, ¿Por qué maldita sea ella era débil? Unas lagrimas adornaron de a perlado rostro, de impotencia, de miedo, de soledad…porque al ver en esa mirada gélida la determinación en la destrucción de su pueblo, incluso de su familia, un inminente miedo la paralizó por completo. Pero era claro que no le demostraría a ese hombre su debilidad, después de todo ella era una representante de su raza, debía dar la cara en alto y mostrar que su pueblo no le tenía miedo a los saiyajin.
Odió su estadía en ese momento, odió haber caído en las manos de ese hombre ¿Cuál era el objetivo de la vida al haberla traído a Vegetaseí?
Había despertado más irritado de lo normal, después de esa conversación-enfrentamiento que tuvo con la hija de Paragus toda la noche no había dejado de pensar en ello, pues había ido a la habitación de ella con la única intención de exigirle respuestas a sus interrogantes y lo único que obtuvo fue esa mujer no solo lo desafiara, si no que estuvo a punto de ceder a sus embrujos, porque no era tonto, él podía notar la belleza que desprendía la peli azul y al momento de ver sus labios sus instintos primitivos querían salir a flote con ella ¡Maldición! ¡Seguro esa era una de las trampas de Paragus! Se golpeó mentalmente el príncipe, al parecer estar tanto tiempo fuera en el campo de batalla le estaba cobrando factura en poder saciar esos instintos primitivos, no caería en ese embrujo azul.
El comedor real se encontraba cubierto de varios platillos, frutas, cereales y jugos. Debido a la ausencia de su padre, estas veces el tomaba el lugar de la cabecera hasta que el rey regresara para volver a tomar su lugar habitual, al lado derecho de su padre.
—Buenos días Vegeta.
La voz armoniosa de su armo había ocasiones que le irritaba, y esa era una de esas. Respondió en saludo solo inclinando su cabeza para posicionarse en la cabecera dispuesto a tomar su reglamentario desayuno para ir después a los entrenamientos matutinos, por lo que esto debería ser rápido.
—Te ves cansado ¿No dormiste bien? —La cantarina voz de su hermano menor lo atrajo de lleno, observando como el adolescente servía sobre un tazón numerosas frutas junto con un aderezo de miel. El joven príncipe lucía tan despierto y lleno de energía, a lo que Vegeta decidió ignorarlo para poner de nuevo toda su atención en su jamón asado.— Hoy no amaneciste muy hablador…bueno como siempre.
—Cierra la boca Tarble.—Contestó irritado el mayor.—No tengo tiempo para…
—¿Pudiste averiguar algo de la huésped? —Interrumpió de golpe al malhumorado príncipe tomándolo por sorpresa, Vegeta tardó un par de segundos para responder, una porque odiaba que no lo dejaran terminar de decir sus amenazas y más siendo el enano de su hermano y dos, de nuevo esa mujer venía al tema. Eso solo provocó molestarlo más.— ¿Crees que ya haya desayunado?
—¡Basta Tarble! —Rugió molesto, a lo que el menor lo miró con el entrecejo fruncido, cómo él.—Deja de decir estupideces acerca de esa mujer, que te quede claro que no es ninguna invitada ni vino aquí de vacaciones ¡Esa bruja es una espía! Y la más vulgar por cierto…
—Ya veo…—Murmuró el más joven.—Ahora entiendo tu mal humor de hoy, que bueno si lo analizo bien siempre estás mal humorado pero esta ocasión más…
—Si no cierras tu boca, tú serás quien dormirá esta noche en las mazmorras y sabes que mis advertencias no son en vano.
—Tranquilízate Vegeta…—Susurró incomodo el príncipe.—Tampoco es para que seas así, a mí también me interesa el tema de la princesa, después de todo viene invadir a mi pueblo…
—Te prohíbo que interactúes con esa mujer, todo lo resolveré yo.— Mencionó autoritario apuntándolo con su tenedor.—Conozco tus mañas, enano y el hecho de que haya permitido que esa mujer se quedara a dormir en una de las habitaciones en vez de las mazmorras no quiere decir que tenga consideraciones con ella.
—Eso lo entiendo hermano, pero después de todo es una princesa, me imagino que ella jamás ha vivido algo como esto…
— ¡Silencio Tarble! —Exaltó con una vena marcada en su sien.— ¡¿Por qué tanta amabilidad con esa intrusa?!
—¿Es que acaso no recuerdas lo que nos comentó Nappa de ella? —Respondió ignorando el malestar de su hermano colocando su entera disposición en su plano de frutas.— Yo no sé nada de esa princesa, ni estoy metiendo las manos al fuego por ella, pero en quien sí creo es en Nappa ya que en todos estos años nos ha demostrado su lealtad como esa vez que nos salvó la vida…¿Crees que alguien como él a estas alturas nos mienta? Y pude ver en sus ojos cierta compasión por la mujer y más en su insistencia por hacernos ver que ella tal vez no esté al tanto de todo esto.
—¿A dónde quieres llegar con esto? —Soltó molesto.—
—Pues que estuve analizando la situación, y a diferencia de ti que fuiste a gritarle a la mujer sin siquiera obtener información…—Esto dicho hizo que Vegeta diera un leve brinco sobre su lugar ¿Cómo es que su hermano sabía de su encuentro nocturno?— Reflexioné antes de confrontarla ¿Qué gana Paragus con enviar a su hija, cuando bien sabían que tarde o temprano la descubrirían, no? Hay algo que no cuadra, pero para eso hay que tener claro cómo obtener la verdad…
—¿Cómo mierda sabías que yo fui a buscarla? —Refutó molesto el heredero levantándose de golpe de la mesa.— Te exijo que no te metas en esto.
—Solo quiero que entiendas hermano, podrás ser un gran estratega en el campo de batalla, pero tu carácter impulsivo y osco a veces debes saber manejarlo para obtener lo que deseas en otros métodos que no sean precisamente combates. No me bastó ni cinco minutos para ver que esa princesa es difícil de roer, por lo que violencia genera más violencia y así menos obtendrás información de ella cuando lo que se necesita en estos momentos es tiempo para vencer a los Tsufurujín…¡Debes ser inteligente Vegeta!
— ¡A mí ningún insecto como tú me da órdenes!
Tarble observó como su hermano abandonó el comedor dejando su desayuno casi completo, algo que Vegeta no perdonaba pasar. Se quedó en silencio analizando la situación, si bien sabía que su hermano era una gran mente a la hora de combate, tenía una debilidad a la hora de obtener información por otros métodos que no fueran los puños y sangre.
El menor de los príncipes si tenía algo en característico es que era un joven muy curioso, por lo que desde la llegada de la peli azul al castillo y el furor que causó incluso en su hermano le sorprendía a demasía, y no descansaría hasta obtener la verdad aunque a su modo.
Esa mañana no había probado bocado alguno, más que un vaso de agua que le dejaron junto con su desayuno, en realidad su entera atención se encontraba canalizada en esos momentos en unir todas las telas, sábanas y toallas a su alcance para formar una gran cuerda con ellas.
Desde la llegada de Vegeta a su habitación en la madrugada no pudo concebir el sueño, toda esa noche se la paso en vela acompañada de sus pensamientos y demonios atormentándola, imaginando hipotéticos escenarios donde su pueblo sufría en manos de los barbaros saiyajin y ella encerrada de por vida en ese frío lugar. Debía actuar rápido o sería demasiado tarde, había planeado toda la noche alguna forma de huir de las garras de ese príncipe ¡Necesitaba huir de Vegetaseí a como diera lugar! ¿Pero es que cómo lo haría? Le había costado demasiado trabajo dejar Tsufuru y jamás imagino que fuera a dar a un lugar como ese ¿Pero es que porque ella tenía que acabar de esa manera?
Odiaba las circunstancias en cómo se estaba dando las cosas, ella había luchado tanto por su libertad por lo tanto no estaba dispuesta a perderla de nuevo, no le daría el gusto a ese hombre que se regocijaba a costa de su dolor.
Optó por buscar la salida más próxima: la ventana. Si bien, era cierto que su habitación en esos momentos era la más custodiada del castillo, había notado que la noche anterior la vigilancia que daba a los pasillos exteriores del castillo bajaba a sobre manera el movimiento, por lo que decidió que esa misma noche huiría a toda costa, creando un gran lazo de todas las sábanas a su alcance calculando la prolongada distancia de su balcón al suelo, y así prender fuga.
Ya no le importaba en esos momentos demostrar su inocencia, la corta pero intensa conversación o más bien confrontación que tuvo con el príncipe, le quedó muy claro que ese hombre jamás le creería una sola palabra, y aunque el notase que era cierto, la usaría en su contra debido a su procedencia.
Si debía actuar egoísta, lo haría, ya estaba cansada de renunciar a sus sueños por personas como su padre o ese hombre, ella haría todo por llegar a su meta, aunque se tuviese que morir en el intento.
Escuchó como llamaban a su puerta, a lo que ella rápidamente guardó todas las telas unidas debajo de la cama, corriendo a sentarse sobre la cama abrazando sus piernas en forma de coraza y dando la espalda. Su respiración se volvía a agitar, sentía como el nerviosismo de apoderaba de ella pues lo que menos quería es que sospecharan de sus movimientos y más ese príncipe que parecía leerla con esos orbes azabaches.
—Princesa ¿Se puede?
Bulma al reconocer dicha voz, giró sobre su lugar para encontrarse con la casi copia menor del príncipe Vegeta. Le sorprendió verlo con ese mismo semblante con lo que lo conoció, no parecía alterado o irradiando furia como lo hacía el mayor de ellos, Tarble a diferencia de Vegeta lucía relajado, calmado y amigable, algo que le parecía sospechoso a la peli azul.
—Vaya, he notado que no ha probado bocado alguno.—Prosiguió el príncipe cerrando la puerta detrás de sí observando la bandeja con comida fresca de la mañana.— ¿No le agradó la comida que le sirvieron? Si gusta, puedo ordenar que le traigan otra cosa más apetecible para usted.
—¿Disculpe? —Susurró extrañada.— ¿Qué pretende? —Lanzó sorprendiendo al príncipe al ver su defensiva agresiva en su voz.— Yo sé que soy una prisionera, no pretendan tratarme como una huésped cuando lo último que quieren es verme viva.
Tarble surcó su ceja derecha al ver la actitud de la princesa, algo que le recordó mucho a Bulma las mismas facciones del heredero a la corona, solo que este se diferenciaba al otro en un rostro más fresco, relajado e infante, con un flequillo oscuro que caía sobre su frente amplia y esos orbes oscuros, pero no tantos como los del mayor de los príncipes, Vegeta tenía una intensidad en ellos que el mismo Tarble carecía de ella.
Por su parte el joven príncipe sonrió al ver la actitud de la princesa, después de todo era lo que se esperaba obtener de ella.
—Lo sé.—Prosiguió Tarble con su sonrisa.— No crea que vengo a tratarla como una invitada, pero antes que nada están mis modales, es usted una princesa ¿No?
—Eso no quita el hecho de que me tengan encerrada a costa de mi inocencia.
—Bueno, sea inocente o no, mi hermano no descansará ver a todos los Tsufurujín debajo de sus pies, y creo que usted entra en plan.
—Si viene a burlarse o regocijarse de mi situación, no finja más hipocresía.
—No se equivoca princesa.—Respondió firmemente a lo que tomó por sorpresa a la peli azul.—A diferencia de mi hermano, a mi me gusta tomar un criterio analítico de la situación, y a decir verdad vine con usted para que me cuente su versión de los hechos ya que nadie le ha preguntado, y algo que no me cuadra…
—¿A qué se refiere? —Cuestionó dudosa.—
—Si usted dice que no vine en plan de espionaje, porque siendo princesa de Tsufuru ¿Decidió dejar su hogar sin que su padre sepa de su paradero? ¿De qué viene huyendo?
Bulma quedó fría ante el cuestionamiento del menor de los príncipes, no sabía que responder en ese momento ¿La verdad? Era obvio que no, nadie le creería y mucho menos esos saiyajin que la veían como enemiga, pero su mente se encontraba bloqueada en esos momentos como para poder idearse otro cuento.
—Eso es…personal.—Susurró no muy convincente la princesa.— No tengo porque contarlo.
—¿Hasta cuándo entenderá que si sigue mintiendo esto la hundirá más?
—¿Y por qué le nació el deseo de ayudarme? —Lo enfrentó molesta.— Para ustedes soy una enemiga ¿No? ¿Es que quiere utilizar mis verdades en mi contra? ¡Pero qué bajeza!
—¡Lo hago por qué…!—Calló al instante de recordar las palabras de su fiel soldado Nappa, si bien necesitaba tener cautela con esta situación no se sintió el apto para nombrar el lugar de origen de la princesa y confesarle una verdad que no le concernía sobre sus verdaderos padres biológicos.—Lo hago porque odio las injusticias…
—¿Aunque sea hija de Paragus? —Soltó con sarcasmo.— No le cre…
—Aunque sea enemiga del pueblo.—La acortó.—Yo no soy como mi padre y hermano de impulsivos…a decir verdad estoy en contra de esta guerra, hemos perdido muchos hombres por poco ¿Cuántas vidas más son las necesarias para saciar la sed de poder de nuestros padres? —Bulma quedó estoica sobre su lugar al ver las profundas y sinceras palabras del príncipe, ya que ella pensaba igual.— Estoy cansado de esto, de ver como mi pueblo pierde cientos de hombres, y como inocentes pagan con sus vidas por llevar nuestro nombre en alto.—Suspiró.— No pretendo venir a sacarla de aquí, porque realmente no se cuales sean sus intenciones aquí, pero le puedo asegurar que no permitiré que se cometan más injusticias, no más muertes, ya basta con eso…
—¿Cómo podre saber que me cree? Cuando lo primero que han hecho todos los de este lugar es juzgarme sin saber la verdadera razón por la cual llegue a Vegetaseí…
—Mi madre decía que yo tenía un don…—Reflexionó el príncipe con un toque de melancolía.— Ella decía que yo podía ver la transparencia del alma en las personas al mirarlas a los ojos, así como ella…princesa.—Susurró acercándose a ella.— Algo en mí me dice que no ha venido aquí con malas intenciones, lo puedo ver en su mirada cristalina, pero mi deber como príncipe ante mi pueblo es protegerlos y eso no quita el hecho de que la tenga bajo la mira, porque al decir que no quiero cometer injusticias no me refiero solo a usted, si no a Vegetaseí, no puedo ayudar a alguien que pretende hacerles daño…
—Créame que si yo hubiera sabido que al ser capturada mi destino sería este lugar, jamás hubiera dejado mi hogar…
—¿Ha dicho capturada? —Interrumpió con genuino asombro el menor.— ¿Cómo es eso?
—Yo…—Suspiró. No estaba segura que lo que fuese a decir a continuación la ayudaría a salir de ahí o hundirse más ¿Pero qué más podía perder? Tenía que arriesgarlo todo, y eso implicaba la verdad.— Yo deje mi hogar, en busca de mi anhelada libertad…
—Usted es una princesa ¿Por qué buscaba eso? ¿No lo tenía todo?
—No príncipe.—Sonrió melancólica.—Tenerlo todo no implica riquezas bajo cuadro paredes de mármol, carecía de la más importante de todas…—Suspiró de nuevo melancólica al ver el rostro lleno de curiosidad del hombre frente a ella.— Del amor de mi familia a mí…
Tarble pudo sentir como un nudo se le formó en la garganta al ver la tristeza reflejada en el rostro de la peli azul, si bien era conocido que el príncipe era sumamente sentimental "o débil" como solían llamarlo en Vegetaseí, pudo percibir el dolor con el que la princesa relataba su secreto, a lo que le llegó de golpe las palabras de Nappa, corroborando del mismo modo lo que el hombre les mencionó de la exclusión de la mujer de su propia familia adoptiva.
—Sé que es algo que no va a entender.—Continuó la peli azul.—Y probablemente no me crea o piense que estoy actuando, pero estoy hablando con el corazón y esa es la absoluta verdad. Yo jamás elegí venir a Vegetaseí, mi único error fue haber querido alcanzar mi más grande sueño, poder ser libre por una vez en mi vida…
—Y si quería ir por su sueño ¿Por qué llegó aquí?
—Porque nada en esta vida es fácil príncipe.—Sonrió con dulzura la princesa al ver la curiosidad del menor frente a ella, logrando que el joven desviara por unos segundos su mirada de ella, debía reconocer que la mujer era hermosa pero más cuando sonreía.— En todos mis diecinueve años había dejado mi hogar, jamás imagine la maldad que habitaba más allá de Tsufuru, creí que salía de un infiero pero al final termine en algo peor eso…Durante mi trayecto terminé en las manos equivocada creyendo en mi inocencia que realmente me querían ayudar…—Suspiró.—Después de varios meses a la deriva terminé aquí, y de no ser por un saiyajin generoso que se atravesó en mi camino seguramente ahorita sería la esclava de alguien. El resto de la historia la conoce perfectamente…
—¿Y cuál era ese sueño anhelado? —Cuestionó con vehemencia el joven sentándose a un lado de ella.—
—Ir hacia el oeste, a donde se oculta el sol y poder extender mis alas en busca…
—¿Del amor? —Acotó el príncipe sorprendiendo a la princesa.— ¿Del que me mencionó?
—Sí…—Sonrió.— Pero del amor propio, de ese amor que me arrebataron y me cortaron las alas tan prematuro…—Bulma pudo observar como el joven miraba hacia el suelo en silencio, si bien en un principio había llegado con un aire de seguridad con un toque de "todo lo puedo", pudo notar que el joven príncipe se mostraba sorprendido y que la escuchaba con sinceridad, algo que a ella le sirvió como desahogo ya que ni con Goku pudo abrirse como en esos momentos.— No crean que esto que me hacen me lastima más o menos, vengo de un lugar donde cada día era un encierro, esto no es nada nuevo para mí.
—Pero su padre…
—Lo sé, mi padre es enemigo de ustedes, y ustedes de mi pueblo…¿Sabe? Mi padre jamás me ha considerado parte de su familia, no lo sé, tal vez se debe a su mente machista aunque muchas veces he llegado a pensar que ni siquiera soy de su sangre.—El silencio se hizo incomodo en Tarble ya que él sabía la verdad, a lo que solo se removía nervioso en su lugar.—Jamás estuve al tanto de los planes del reino, siempre me alejaba de ello. Y puedo asegurarle que si nadie me hubiese comentado que mi pueblo natal era su enemigo, yo estaría en este lugar peor de consternada.
—Es mucha coincidencia que haya terminado aquí ¿No lo cree?
—Tal vez.—Miró hacia el suelo imitándolo.—A lo mejor el destino me está haciendo ver que fue mi peor error haber dejado mi hogar…
—No diga eso…—Susurró el príncipe, pero pudo ser percibido por la peli azul sorprendiéndola.— Fue valiente el haber dejado todo eso por luchar por su sueño, incluso más valiente que el mejor guerrero en batalla…¿Se imagina si todas las personas tuvieran las agallas para ir por lo que más aman?
—El mundo sería distinto, incluso no habrían guerras…
—¿Sabe cuál es la palabra que veo en usted para describirla? —Los ojos oscuros del adolescente brillaban como un pequeño, algo que enterneció a la peli azul, pues ese príncipe podía sentir que la escuchaba con sinceridad y a su vez podía ver parte de ellos en sus palabras.—
—¿Invasora? —Cuestionó con una débil risa.—
—No, resilente.
Bulma quedó en absoluto silencio al escucharlo, jamás espero que alguien la viera de ese modo a lo que el príncipe le regaló una dulce sonrisa para dejarla de nuevo sola, porque para él le había bastado escuchar eso de parte de ella.
Resilente, valiente ¿Eso era ella? Pudo recordar toda su travesía hasta ese punto y comprar el crecimiento que había tenido, porque a pesar de la adversidad seguía en pie por ese sueño, y es que había perdido ese amor propio desde años que de nuevo alguien le nombrara esa cualidad le resultaba improbable, pero no era así, ella sabía que en fondo, poseía de un corazón valiente.
Otro día más había llegado a su fin, se podía ver el claro noche invadir el territorio, algunos empleados regresaban a sus hogares, otros dejaban sus actividades para retirarse a descansar y estaba él que dirigía sus pasos a su habitación.
Después de esa corta conversación que tuvo con su hermano, descargó toda la furia contra sus soldados en los entrenamientos de combate. Casi toda la mañana-tarde se la pasó en el cuarto de combates, a lo que sus soldados les habían tocado la parte más grave mandándolos directamente a la sala de curación.
Su cuerpo se encontraba bañado en sudor por el arduo entrenamiento del día, por lo que había postergado sus actividades administrativas para después de la cena, mientras lo que le interesaba era un buen baño relajante con esencias de lavanda, sus favoritas.
Pero el mayor enfado de ese día, era esa mujer que la tenía a metros de distancia, no podía dejar de pensar en lo de esa noche, en como lo desafiaba ¡Porque demonios jamás predijo que era una Tsufurujín! Entre más recordaba, podía sentirse un tonto.
Cuando estuvo a punto de entrar a su habitación, percibió a su hermano que lo esperaba sentado sobre su cama, algo de que nuevo lo cabreo, digno para terminar un día de mal humor.
—¿Qué quieres? —Espetó el heredero cruzado de brazos.—Largo de aquí ¿No sabes lo que es la privacidad?
—Tengo que hablarte de algo que te pude interesar.
—Ahora no, largo.
—Es de Bulma, pude obtener información y créeme, no es nada de lo que parece.
El moreno quien se dirigía con suma prisa al cuarto anexo para tomar su reglamentario baño, al escuchar las palabras de su hermano detuvo su andar por completo para mirarlo con ese ceño fruncido y su característica mirada fría, helando un poco al menor pero no por eso se dejaría intimidar. Vegeta podía explotar en cualquier momento, el tema de la intrusa ya lo tenía hasta el límite y en cierto punto fastidiado, desde que se cruzó con esa mujer sus acciones y mente reaccionaban de una forma des conocible para el gran príncipe de los saiyajin y todo se debía a que no confiaba en ella, en esos orbes tan azules.
—Ya sé que me impediste hablar con ella sobre el tema.—Repuso el menor.—Pero esto es parte de…
—Desobedeciste mi orden, Tarble.—Añadió con tal frialdad helando al príncipe.— Tu ni nadie tiene el derecho de hablar con esa mujer.
—¡Vegeta! Esto lo hago por ayudar, aplicando la táctica y sutileza en mi lenguaje, cosa que careces ¡Pude obtener detalles de la prisionera!
—Escucha.—Tarble sintió como el ambiente se volvía más tenso de lo normal. El sabía cómo era su hermano, incluso todos en el castillo le temían más al primogénito que al mismo rey por su mal carácter, pero el menor de estos siempre tomaba una atribución mayor en confianza al ver que su hermano era al único que sus amenazas iban vacías hacia él, pero esta vez por primera ocasión en todo el tiempo de vida que llevaba en ese castillo, pudo sentir ese miedo al que todos les infundía pavor esta vez lo vivía en carne propia. Su hermano jamás se había visto tan frío y osco como en esos momentos al dirigirse a él, comenzaba a creer que el tema de la princesa de cabellos como el mar realmente descontrolaba por completo el juicio y razón de él, algo que empezaba a dudar si decirle el relato que ella misma le comentó esa tarde porque podía adivinar cuales serían las siguientes palabras del heredero, lo conocía tanto y esa mirada expresaba que no estaba dispuesto a aceptar un no por respuesta.— No me importa si esa mujer te haya contado la absoluta verdad, me importa una mierda cual sea la razón por la que haya llegado hasta aquí. Ella es estirpe de Paragus…
—¡Tu sabes que no es su legitima hija! —Contraatacó el menor sorprendiendo al heredero.— Esa mujer no tiene la culpa de nada de esto.
—¿Ahora la estas defendiendo? —Sonrió ladino lleno de malicia, algo que aterró al presente.— ¿Estás traicionando a tu pueblo, tu raza y sangre, por esa mujer?
—Te equivocas Vegeta, sabes muy bien cuál es mi postura ante todo esto y que estoy en contra de las injusticias como esta.
—Me estoy cansando de tu exceso de amabilidad.—Respondió aturdido con su característica vena frontal palpitante. Tarble por su parte comenzó a retroceder al ver la cercanía amenazante de su hermano, definitivamente podía ver que esto se estaba volviendo más oscuro de lo que pensaba.—Quiero que te quede claro una cosa, no me importa cuál sea la procedencia de esa mujer, es hija de Paragus y por ende trae consigo ideales del hombre ¿Después la crió no? —Sonrió con malicia.— No sé cuantos cuentos estúpidos te tragaste de ella, pero yo no soy tan débil como tú. Así que todo lo que les espera a los Tsufurujín, comenzaré a ejecutar con ella.
—A…¿A qué te refieres con ello? —Susurró aterrado viendo la frialdad con la que hablaba su hermano.—No entiend…
—No seas ingenuo Tarble, sabes cuál es mi manera de proceder. Esa mujer expuso su vida al entrar a Vegetaseí y creer que no me daría cuenta de su procedencia. La caía de su pueblo empezará demostrándole que si quieren guerra, la tendrán y porque no comenzamos con su adorada princesa.
—Ella no tiene nada que ver en esto…—Susurró el menor en un vano intento por hacer caer en razón al príncipe.— Ella no sabía que ni nuestros pueblos estaban en guerra.
—No me importa. Esto es una batalla campal, nadie es justo después de todo.
—¿Porqué tanto odio a los Tsufurujín? —La pregunta tomó por sorpresa al heredero. Si bien desde que tenía uso de razón él supo que su pueblo enfrentaba una guerra contra ellos y desde niño su padre lo instruyó en ese mundo preparándolo para cada batalla dándole como respuesta a las mismas interrogantes de su hermano en que todo era por ver quien tenía más dominio, real mente se podía decir que era una lucha de poder y egos. Pero Vegeta no era tonto, el podía ver que el odio que trasmitía su padre al hablar en especial del rey de Tsufuru, Paragus, era un odio tan latente que eso no le llenaba por completo a sus respuestas de simple "lucha por poder". El podía ver que su padre escondía algo más en esta guerra pero jamás pudo obtener respuesta alguna, como en este momento el mismo presenciaba con Tarble.— Hasta donde sé, nosotros tenemos más tierras conquistadas…
—Es más que eso.—Respondió sin ánimos de seguir la conversación a lo que pudo ver como su hermano lo observaba con esos grandes ojos oscuros, como los de su madre esperando por una respuesta más completa.— Es el poder, la fortaleza de nuestra raza…
—¿Y crees que una mujer como Bulma pueda hacer algo en contra de nosotros? —El heredero frunció las cejas en un acto molesto al escuchar a su hermano, no sabía porque pero le molestaba que él la nombrara por su nombre.— ¿Merece el trato hostil de nosotros?
—Largo.—Fue lo único que salió de sus delgados labios del moreno, a lo que el menor no entendió su breve respuesta, adelantándose a su negación.—Largo, esto terminó por hoy.
—Pe-pero…¡Oye!
Tarble ya no pudo objetar más, pues los fuertes brazos de su hermano lo sacaron de un solo empujón al exterior del cuarto. Cuando notó, se encontraba sobre el pasillo alfombrado de las habitaciones, solo y con la puerta a unos cuantos centímetros de su rostro, Vegeta lo había corrido.
Suspiró el menor cansado, a veces no entendía el proceder de su padre y sobre todo de su hermano, pero podía ver que desde la llegada de esa princesa su hermano comenzaba a actuar de una manera muy extraña.
Una sola habitación de la planta baja se encontraba aún con luz y movimiento, de nuevo el silencio gobernaba bajo el manto de la noche y esa conocida alma en vela se encontraba vagando en los pasillos del castillo.
Después de la charla que tuvo con su hermano, decidió tomar un baño y cenar en su habitación, no tuvo el ánimo suficiente como para estar en la misma mesa con el menor pues después de todo lo que habían conversado no le había gustado hasta donde llevó el punto de su charla, esta vez el enfado también incluía a su hermano.
Decidió por ir al despacho de su padre para atender los asuntos políticos que había postergado durante todo el día. Curiosamente esta vez no se encontraba solo como en todas las regulares noches, esta ocasión su alma no era la única viviente a la media noche si no, se encontraba en compañía del soldado más leal a su reino, y porqué no también aquel quien siempre lo cuido en toda su infancia, Nappa.
Ambos hombres se encontraban sentados frente a frente acomodando cientos de papeles, el príncipe leía unos tratados y los firmaba en nombre del rey mientras que la mano derecha del mismo, se encargaba de organizarlos para llevarlo a las primeras horas del alba al correo real. El silencio entre ellos se veía interrumpido solo por el movimiento de las hojas, algo que ambos no prestaban mucha atención debido a que se encontraban concentrados en su trabajo y en sus propios pensamientos internos, en especial el príncipe que no dejaba en pesar en todas las palabras de su hermano y en especial la última pregunta que este le realizó.
Se movió incomodo sobre su lugar, no podía tener la mente en dos lados a lo que la mano derecha del rey no pudo pasar de desapercibido regalándole una mirada de soslayo, pues era bien conocido la facilidad con la que se enojaba el príncipe al verse invadido en su privacidad.
—Nappa.—La fuerte voz del heredero atrajo por completo la atención del soldado. Le asombraba como un joven veinteno imponía más que el mismo rey empezando desde la gravedad de la voz, no pudo imaginar viéndolo ya como un gobernante y pudo sentir como su pecho de inflaba de orgullo, pues lo vio crecer desde que era un crio para convertirse en un hombre respetable, incluso más que el actual rey.—Esa mujer, ¿Quiénes fueron sus padres?
—¿He? —El aludido no comprendió a lo que se refería el príncipe, encontrándose con esa mirada azabache carente de calor pero al instante pudo concretar las piezas al ver a lo que se refería.— ¿La princesa Bulma? Ella era hija de Brief, rey las tierras del Oeste.
—¿Cómo es que esa mujer jamás indagó sobre su origen? O lo sabe pero prefirió callar por conveniencia, ó…—Sonrió con arrogancia.— Es una mujer muy imbécil.
—Fue un secreto que nos obligó Paragus a mantener cerrado. Fue demasiado astuto para guardar todas las señales que indicaban que ella era su hija adoptiva.—Guardó silencio al levantar su mirada y observar que el príncipe había dejado de realizar sus actividades prestándole su entera atención, sorprendiéndolo por completo.— No sé qué pasó después que me fui, pero príncipe…le puedo asegurar que la princesa Bulma no tiene nada que ver en esto.
—¿Tu también vas empezar con esas estupideces? —Refutó molesto.— Al parecer esa mujer ha logrado embrujar a todos.
—No príncipe, le aseguro que esa mujer, es más inocente que todos en este lugar.
Vegeta desvió su mirada hacia el ventanal que yacía a un costado derecho, curiosamente esta vez la luna brillaba más que otras noches y no pudo evitar remembrar esa vez cuando entró a su habitación en exigencia de respuestas, donde lucía como una musa debajo del vestigio lunar ¿Se debía a que utilizaba sus encantos para que todos hablaran de ella de esa manera? Era una bruja, de eso no cabía duda pero no podía obviar el hecho que era procedente de su pueblo enemigo. Entonces vino a su mente la pregunta de Tarble ¿Por qué tanto odio a ellos?
—¿Príncipe Vegeta?
Una jovial voz se asomaba sobre el umbral de la puerta, al voltear se encontró con la imagen de uno de los soldados quienes custodiaban la puerta de la habitación de la peli azul. Sus penetrantes ojos azabaches escudriñaron al joven soldado, quien este no pudo resistir más su mirada desviándola al calvo que yacía sentado frente a su alteza, pero aún dándole la espalda de él.
—Alteza.—Decidió hablar al ver que el príncipe no espetaba palabra alguna.—La princesa…
—¿Qué ocurre con esa mujer?—Pronunció fastidiado.— ¿No deberías estar custodiándola?
—Sí su alteza.—Susurró nervioso, esta vez obteniendo la atención de los dos hombres.—Es solo que…
—¿Qué pasa Cabba? Habla muchacho.—Invitó Nappa al ver que el joven no podía pronunciar palabra alguna.—
—Es solo que en todo el día ha rechazado el alimento que le llevan, solo toma los vasos de agua dejando las bandejas de comida afuera de la habitación.
—Si se quiere morir de hambre, que lo haga.—Respondió sin darle importancia Vegeta.— Vaya patética forma de morir, después de todo que se puede esperar de esa mujer.
—Ese no es el problema.—Continuó nervioso el novato al ver lo que sucedería después.— Hemos estado llamándola por horas, pero no se escuchaba nada en la habitación, hasta que la señorita Launch entró a recoger su comida encontró amarrado a los barrotes del balcón esto.
Estaba muerto, definitivamente estaba muerto. Pudo sentir como sus manos temblaban al entregarle al príncipe un lazo hecho de varias telas amarradas unas a otras.
Vegeta miró por unos segundos lo que el soldado le mostraba, su mente procesó lentamente lo que se mostraba frente a él y pudo sentir como la sangre el hervía a sobre manera, esa maldita mujer se volvía a burla de él, la muy maldita había ganado de nuevo esta batalla.
Ninguno de los dos soldados tuvieron el tiempo suficiente para observar alguna reacción más del príncipe que no fuera la furia que emanaba y ese coraje que trasmitía en sus intensos orbes oscuros, lo último que alcanzaron a divisar fue la silueta de su príncipe caminado a horcadas hacia el primer piso, su capa se oleaba con su rápido trote, su espalda se tensaba por completo y sus puños fruncidos, donde contenían toda la ira que sentía en ese momento.
Ambos se miraron por micro segundos, con el mismo pensamiento en mente: El príncipe lanzándole un golpe certero al joven soldado. Pero no, vieron más que eso, vieron al diablo reflejado en sus ojos y sin decir nada más corrieron para alcanzar los pasos apresurados del príncipe, donde se podía ya oler sangre derramada y pobre de la princesa, porque esta vez si la alcanzaba si era su fin.
Estaba decidida, esta sería la noche.
Había planeado todo tan estratégico, tanto que ya podía oler su libertad en unas cuantas horas, tomando el barco más próximo a zarpar y dejar atrás ese infierno en el que ella misma se había metido.
Durante todo el día no probaba bocado alguno, la mujer de cabellos azul índigo durante las tres veces al día llegaba con una nueva bandeja de comida fresca, pero a la hora volvía para llevársela fría, notando que ella solo consumía agua pero no decía nada, actuaba como si Bulma realmente no existiera en esas cuatro paredes incomodándola un poco.
Después de la última hora en que la mujer se llevó la merienda desperdiciada, esperó el tiempo suficiente para poner su plan en marcha. Durante todo el día logró completar su cometido, tomó todas las toallas, fundas de almohadas y sabanas uniéndolas en una gran cuerda, amarrándola lo suficientemente fuerte para evitar una dolorosa caída. Todo marchaba de acuerdo al plan, solo faltaba esperar a que la luna se pusiera en su punto máximo, pues era cuando la noche entraba su total tranquilidad y la seguridad del castillo bajaba gradualmente.
No podía evitar sentirse nerviosa, había estudiado todo a su paso, recordó el trayecto por donde la indujo Raditz esa vez a los calabozos y uno de los puntos a favor de la peli azul es que era una mujer sumamente observadora, por lo cual noto que cerca a ello se encontraba otra salida, una salida que no se encontraba tan custodiada como la principal al castillo.
Sujetó con fuerza su collar plateado en donde se encontraba labrado su nombre, no sabía porque pero cada vez que lo tomaba con fuerza se daba confianza a ella misma, aunque si se tratara de amuleto de la suerte podía ver que le había traído consigo todo lo opuesto.
Su corazón latía con fuerza, podía sentir que en cualquier momento se saldría de su pecho y constantemente se preguntaba cómo es que podía seguir con impresiones tan fuertes como todo eso, pero a su mente llegaba las palabras del príncipe menor, resilencia, desde ahora esa palabra tomaba más fuerza en su camino y no pudo evitar emanar una sonrisa llena de esperanza, porque a pesar de las circunstancias era fuerte y si pudo sobrevivir a todo esto ¿Por qué no ir por más?
La noche cada vez estaba más en su punto, constantemente vigilaba sobre el balcón para asegurarse de que todo marchara de acuerdo al plan y sin dudarlo un segundo más comenzó a amarrar la cuerda sobre los barrotes para asegurar un buen nudo. Observó su creación, se sentía orgullosa porque mucho hubieran aceptado su cruel destino, pero ella no era así ¡Era la gran Bulma! Nadie la detendría, ni mucho menos ese príncipe.
Comenzó a transcurrir el tiempo, así como su impaciencia comenzaba a crecer. Ansiaba porque la luna se pusiera en su punto pero podía notar que el tiempo pasaba tan lento ¡Ya comía su libertad!
Necesitaba despejar su mente si quería que esto saliera a como lo imaginaba. Optó por tomar un relajante baño, meditó la situación varios minutos pero al final cedió, necesitaba un relajante si es que quería que todo fuera a la perfección.
Cuando la primera vez que ingresó al cuarto de baño no pudo percatarse de ciertos detalles, pero esta vez notó que era sumamente amplio, y su bañera era mucho más amplia de la que tenía en su antiguo hogar.
Sonrió, porque a pesar de la situación si había que algo amaba eran esos baños relajantes con toques de lavanda, su favorito. Por lo que no lo dudo ni un segundo más, preparando la bañera, agregando los aceites esenciales a su mano, y desnudándose colocando su cabello en una alta coleta, lo ameritaba.
Al tocar su piel contra el agua caliente pudo sentir como un espasmo recorrió todo su cuerpo, era una sensación sumamente exquisita que no se lograba comparar con otra, o eso creía. Decidió recargarse cobre una de las orillas de esta y cerrar sus ojos para sentir todo el placer del agua sobre su piel desnuda. Cuando menos se dio cuenta cayó sobre los brazos de Morfeo perdiendo cuenta de todo lo que sucedía alrededor, después de todo ¿Qué malo podría ocurrir?
Los hombres temblaron ante la presencia del enfurecido príncipe, a decir verdad la palabra enojado se quedaba corta para describir lo que se podía reflejar en las varoniles facciones del hombre.
Vegeta los fulminó con la mirada, expresándole con ella el mal final que les esperaba al haber permitido tal osadía, a lo que ellos temerosos decidieron darle paso a su alteza intentando no sostener su impulsiva mirada, pues si fueran puñales ya los hubieran matado en ese instante.
Sin aportar nada más a la tensa situación, el príncipe abrió de golpe la puerta de la habitación con una patada, ocasionado que los presentes sorprendidos se agruparan entre ellos en un vano intento por "protegerse".
El moreno comenzó a inspeccionar el cuarto con detenimiento, se podía ver como la luz de la luna se reflejaba a traves de las traslucidas cortinas y un suave movimiento de ellas debido a la pequeña rafa de viento que se colaba. Tal vez se encontraba oscuro la habitación, pero eso no era impedimento para el hombre notar ciertos detalles.
De golpe llegó a sus narices el intoxican te aroma que desprendía esa mujer, era increíble como la habitación aun se encontraba impregnada bajo su esencia a lo que solo se limito a rugir como una bestia a punto de saltar a su siguiente víctima. Escuchó que a unos solos pasos de él llegaban al encuentro Nappa junto con el novato intentándolo calmar con palabras, pero para ese momento ya era demasiado tarde, todo sentido se encontraba opacado y cualquier intención de razonamiento se encontraba nublado por su gran ira.
Pero fue en ese momento donde sus ojos bañados en iracundo odio, notaron un pequeño detalle que ni sus hombres pudieron notar; justo en la entrada de la puerta anexa al cuarto de baño estaba la ropa de la princesa, tirada. Sus pasos fueron más ágiles de lo que pensó deteniéndose frente a esa pequeña puerta, no dio un movimiento más solo se limitó a tomar entre sus manos enguantadas esa ropa típica de la región y no pudo evitar llevársela a su rostro para inhalarla, olía a ella. Entonces su razón entro de nuevo al juego, sonriendo ladino pero con ese toque malicioso que hacía temblar a cualquiera, si esa mujer quería jugar con fuego, lo tendría.
Regresó sus pasos a la puerta principal de la alcoba, encontrándose con cinco rostros llenos de curiosidad y miedo, pero decidió obviarlos por el momento, ya ellos tendrían su justo merecido.
—Nappa.—El aludido dio un pequeño paso al frente hacia su príncipe que lo llamaba.— Quiero que todos se larguen.
—¿Qué? —Susurró sin comprender.—
—¡He dicho que todos se larguen de mi vista! —Gritó.— Al menos que quieran ver como rompo cuellos uno a uno. Queda prohibido venir aquí hasta que yo les indique ¡Así que largo!
Ninguno no mencionó nada más, giraron sobre sus talones huyendo de la furia del príncipe, porque sabían que el hombre en verdad cumplía sus amenazas.
En cuanto a Vegeta, cerró detrás de si la puerta colocando cerrojo, regresando su andar para posicionarse frente a esa pequeña puerta en color blanco, de nuevo llevando a sus narices esa prenda que emanaba un aroma, exquisito.
¿Diez minutos? ¿Quince? No supo cuanto tiempo se quedó parado frente a la puerta sin dar un paso, pero estaba saboreando la venganza que le haría ver a esa mujer, porque él podía oler que ella estaba detrás de esa puerta y le haría pagar esa humillación.
No lo pensó ni un segundo más, lanzando al suelo de nuevo la vestimenta de la mujer abrió de un solo golpe la pequeña puerta de madera encontrándose con esa musa de la noche.
Y sus palabras se esfumaron ante lo que sus ojos presenciaban, porque esa mujer tenía un embrujo que lo dejaban sin palabra alguna, pero más esta ocasión donde la noche jugaba en su contra, con esa figura que lograba hacerte quedar en vela, ese producto de vestigio estelar.
Toda palabra, reproche o burla que iban directos hacia la mujer callaron por completo, calló al comento en perderse en esa ninfa expuesta ante sus ojos, porque aunque haya visto varios cuerpos y rostros bellos, pudo comprobar que en ese momento el encanto y seducción que emanaba esa mujer no se comparaba con otras, sí, era una bruja que estaba logrando hacerlo caer en su red de encanto.
Bulma dio un gran grito y brinco al encontrarse con el hombre que profanaba su espacio intimo, nunca se dio cuenta del tiempo en que trascurrió sumergida en la bañera ni de los hechos que sucedieron a su alrededor, pero ahí lo tenía a unos cuantos metros de distancia de ella, parado sobre el umbral de la puerta con ese aire de altanería y arrogancia, su porte intachable pero maravillándose con la posdata que ella le mostraba, no perdiéndose ningún detalle de su fisonomía expuesta, devorándola con ese par de orbes azabaches lográndola intimidar por completo.
Al momento se sumergió más en la bañera y en un vano intento por protegerse, se llevo un brazo para cubrirse su parte baja y el otro sus senos, pero resultaba en vano poder ocultar el resto de su cuerpo desnudo a lo que ella se ruborizó por completo y su corazón comenzaba a latir por fuerza, tenía miedo, miedo de lo que ya venía venir de parte del hombre, esa misma mirada ya la había visto en su hermano, y eso le aterraba.
Vegeta no decía nada, solo apreciaba cada movimiento de ella ¿Es que era experta en la seducción? Porque con esa simple reacción de cubrirse solo lograba hacer ver su imagen más tentadora, y no pudo evitar sentir un espasmo recorrer en su cuerpo al ver a esa mujer en esa forma, con sus largas piernas torneadas blancas, su pequeña cintura, sus clavículas seductoras y más su par de senos grandes logrando que su entrepierna comenzara a despertar por esa bella postal.
No quiso observar más, sabía que si transcurría más tiempo observándola como lo estaba haciendo cometería algo de lo que se podría sentir sucio, porque no podía obviar que era la hija de Paragus, sin duda estar varios meses sin una mujer que follar le estaba cobrando factura.
Bulma estuvo a punto de gritar cuando lo vio acercarse decidido, pero fue todo tan rápido cuando sintió como el hombre la tomaba del brazo con el que se cubría sus senos sacándola de un solo movimiento de la bañera. No tuvo tiempo de procesar la acción, solo pudo sentir como el siguiente movimiento del hombre fue sujetarla de su cintura entre sus vigorosos brazos para arrojarla con fuerza sobre la pared fría, a lo que ella tembló bajo su agarre por el contraste del tacto.
Quiso moverse, pero se veía inhabilitada entre esa cárcel de músculos que la presionaban entre la pared, encontrándose que su pecho desnudo chocaba contra la fría armadura del hombre, mientras que las manos enguantadas del príncipe no meneaban un solo dedo de su pequeña cintura.
Pataleó, gimoteó, incluso intentó golpearlo con su rodilla en la entrepierna del príncipe, pero todo movimiento era en vano, la fuerza del hombre era descomunal comparada con la de ella, y no pudo evitar sentir como su pecho se comprimía y el nerviosismo atacaba su cuerpo, era la misma sensación que tuvo con su hermano.
Pasó lo inevitable, las lagrimas comenzaban a surcar sobre sus mejillas al verse en esa posición y estaba segura que ese príncipe la atacaría como lo hizo esa vez su hermano, solo que esta vez había una gran posibilidad de que si se consumara la acción. Su cuerpo no evitó temblar bajo el agarre del príncipe, el miedo la comía con fuerza.
—¿Ahora si lloras mujer? —Soltó con burla el príncipe al ver que ella no abría los ojos desviando su rostro del suyo, que por cierto se encontraba muy próximo.— ¿Me creías muy estúpido para que no me diera cuenta de tu escape?
La verdad le cayó de golpe a la mujer, regresando su atención al hombre que la capturaba, pero se lamentó en haberlo hecho, porque pudo sentir como se perdía de nuevo en esa inexpresiva mirada oscura que emanaba vivo fuego.
Quedó en silencio observando las varoniles facciones del hombre, desde sus cejas pobladas que le daban ese toque de malicia a sus ojos, pasando por su pequeña nariz respingada y finalizando con sus finos labios. El desprendía un aroma cautivante, era imponente, debía reconocer y más con esa melena flameada tan oscura junto con ese cuerpo de dios griego ¿Pero en que estaba pensando? Se ruborizó al notar los detalles del hombre, pero es que tenerlo a unos cinco centímetros de su rostro no pudo pasar de desapercibido esos detalles, detalles que encontraba exorbitantes.
El la miraba con profundidad, y no supo porque pero su mente se bloqueó obviando el miedo que sentía unos momentos atrás, solo se perdió en la intensidad de sus orbes azabaches y aunque sonara toxico estando en su situación, encontraba fascinante que nunca había visto unos ojos tan negros como los de él.
Pudo sentir como la fresca respiración del hombre se colaba sobre su cuello, provocando un espasmo en ella olvidando que se encontraba enterarmente desnuda bajo su agarre, solo podía sentir su cuerpo de acero apretándola, quitándole el aliento y sintiéndose débil entre sus brazos.
Vegeta quedo en silencio al perderse en los ojos agua marinos de la mujer ¿Porqué eran tan azules? Simplemente lo descontrolaban, por lo que lentamente recorrió su mirada hacia sus labios, esos labios entre abiertos que parecían hacer una invitación generosa.
Entonces la vio de nuevo a esos ojos desconcertantes, encontrándose con ella que también lo analizaba y no pudo evitar recordar que la tenía desnuda entre sus manos, sus ojos se desviaron a la curva de sus senos que se apretaban con fuerza sobre su armadura, provocando que su entrepierna despertara con más fuerza siendo incomoda entre sus pantalones.
La curiosidad le ganó, debía hacerlo, comprobar si es que era cierto lo que veían sus ojos, por lo que con sus manos enguantas lentamente comenzaron a descender sobre la curva de la cintura de la musa, pasando por sus costados su dedo pulgar en un toque suave y al comenzar con la curvatura de sus prominentes senos sintió que ella brincó sobre su lugar, regresando su mirada a ese rostro que ahora lucía aterrado, mordiendo su labio inferior y su pecho subiendo y bajando, excitándolo a sobre manera.
Bulma quiso gritar cuando el comenzó a rozarla con sus dedos enguantados, pero su voz no salió de su garganta solo pudo reaccionar su cuerpo a un movimiento pero que era inmovilizado por el cuerpo del hombre. Tenía miedo, pero cada vez que el la miraba de lleno a los ojos su juicio se perdía.
Prefirió cerrar los ojos con fuerza, no quería verlo más, pero fue cuando sintió su suave aliento contra su rostro, siendo adictivo el muy maldito. No se permitía a caer en su engaño, pero su cuerpo se cimbro al sentir la fina nariz del hombre rozar sobre su mejilla humedecida por las lagrimas. Fue cuando reaccionó, cuando se aventuró a retar su destino y al girar su rostro se encontró con esos finos labios tan próximos a los de ella, amenazando invadirlos, y maliciosamente su cuerpo los pedía.
¡Hola! Espero les haya gustado :)
Antes que nada una disculpa, tarde mucho tiempo en publicar y fue porque tuve varios problemas que no pude escribir en todo este tiempo, pero aquí estoy de vuelta, esperando de estas ideas de mi imaginación les gustes!
GRACIAS a los que comenzaron conmigo esta historia dándome su apoyo, aunque sea atrasado les deseo un muy buen feliz año nuevo y que sea un año de crecimiento para ustedes!
De verdad espero me hagan saber en los comentarios si les gusta, de verdad me motivan y mas en estos momentos donde lo que necesito es más inspiración, pues no he atravesado muy buenos momentos que digamos.
Gracias por todo y bueno no tengo nada más que decir del capítulo, puede que lo vean lento pero lo sukistrukis o sufrimiento (ok no) está a la vuelta de la esquina, y otras cosillas, jajaja
PD: Perdon por las faltas de ortografía, acabo de terminarlo a las 3:40 de la mañana :c
Gracias por todo besos!
