Mas calientes que el sol.
Darién la observaba comer y Serena lo observaba a el. Eran como dos enemigos, en vigilia. Él bebía vino, ella lo hacía también. Ella tomaba un bocado de espaguetis, Darién los probaba. Eran como El Sr y la Sra. Smith vigilando cada uno de sus pasos.
Como ella no reaccionaba, Darién decidió dar un paso más en la batalla. Dejó el tenedor en su plato y se pasó la lengua descaradamente por los labios.
Nada cambió. La expresión de Serena era exactamente la misma... ¿o No?, se había metido el tenedor en la boca, pero sin espaguetis. ¡Aja! Estaba funcionando. Logro su objetivo.
Darién tomó un sorbito de vino, Y bordeo la copa con los labios en un gesto más que atrevido. Como esperaba, Ella no perdía el más mínimo detalle.
Después, se desabrocho un poco su camisa. Al hacerlo, sus pectorales y algo de su bien marcado cuerpo se dejo ver. Aquella vez, ni siquiera tuvo que mirar para saber dónde tenía él los ojos.
—Este ambiente es muy relajante, ¿verdad?-
Serena se aclaró la garganta.
—Sí-
—Cuando me siento así de relajado. ¿Sabes lo que me encanta hacer?-
—No tengo ni idea— contestó ella, se noto que la situación la tomaba por sorpresa.
—Me encanta darme un largo baño caliente, aunque no estaría mal una compañía que te ayudara mientras te relajas— ningún comentario. Solo el silencio y la tensión en el cuerpo de cierta mujer. —Llevo una botella de vino al baño y me meto en el agua completamente desnudo, primero un pie, luego otro. No uso una esponja ni nada parecido, solo las manos, ellas saben muy bien que hacer. ¿Te gustaría saber por donde empiezo?-
Ella esperaba que el respondiera por su propia cuenta. ¿Pero… no iba a hacerlo? ¿No iba a decírselo?
Darién se relamió un rato sus labios como mostrándole todo lo que podía hacer. Serena por su parte, retiro la mirada para no volverse loca.
Aquello no tenía ninguna gracia. Lo estaba haciendo a propósito. Había pensado que era un ingenuo, qué risa. Más bien, era el lobo de Caperucita Roja.
Nerviosa, soltó la copa de vino para no romperla. Y también hubiera querido desabrocharse el pantalón y saltar sobre como un animal hambriento, pero sería mejor no caer. En la lista de trucos para impresionar a un hombre, tener un orgasmo en la mesa debía de ser el más inadecuado. Con la excepción de atragantarse o vomitar, claro.
Cada uno de sus movimientos estaba pensado para hacerla sufrir. Desgraciadamente, su cuerpo no entendía razones.
—¿Serena?-
-¿Sí?-
—Llevo un rato hablando y tú estas como perdida-
Ella sonrió, aunque no fue una de sus mejores sonrisas.
—Estaba pensando-
—Apenas has comido-
—No tengo hambre-
—¿No estarás cuidando tu figura?-
—No, yo soy de belleza natural-
—Entonces, debes tener hambre. Ven, come un poquito más, ¿o quieres que yo te ayude?-
Serena obedeció. Estaba idiotizada. De repente, Darién se inclinó hacia ella y Serena cerró los ojos, preparada para un beso. Pero no la besó. Lo que hizo fue meter el dedo en su plato y chupárselo. Tan tranquilo, como si no acabara de realizar la maniobra de tentación más escandalosa del mundo.
—¿Por qué has hecho eso?-
—Es que a mí casi no me queda salsa-
—¿Y por qué no has pedido más?-
—¿Para qué? Tú tenías en el plato- Sonrió el chico.
Serena suspiró, preguntándose cómo había podido perder el control de esa forma. Darién la tenía comiendo en su mano cuando media hora antes era el quien estaba a punto de caer en la tentación.
Tenía que darle la vuelta a la situación. Y la única forma de hacerlo era besarlo hasta que no le quedara ni una gota de aire en los pulmones.
"Serena se levantó de golpe se sentó con las piernas abiertas sobre el".
-Si eso hare- Y entonces cuando se inclinó para buscarlo... ya había desaparecido.
Se había escapado, se había escurrido. Un segundo después, al otro lado de la habitación Darien se estiró, sacando pecho.
—Ya es tarde y mañana hay trabajo-
-¿Qué?-
—Muchísimas gracias por la cena— sonrió, tomándola del brazo para llevarla a la puerta.
-La próxima vez, cocino yo. Tengo una receta estupenda de pollo al curry. ¿Te gusta el pollo al curry?-
—Pues...-
—perfecto. Pollo al curry entonces.-
—Oye...- Se volteo ella para besarlo, pero… Un segundo después, le daba con la puerta en las narices. Y encima tuvo que oír cómo echaba unos noventa cerrojos.
¿Cómo lo había hecho? Era imposible... Serena miró su reloj. La una de la mañana. Había planeado tenerlo jadeando a esa hora. Y, sin embargo, allí estaba, completamente húmeda, sola y urgida de macho.
Entonces pensó en Nabiki, su compañera de universidad. Menos mal no estaba allí para ver como su mentora sexual estaba siendo trapeada, lavada y tendida como una pinche fea.
Era increíble. La última vez que se sintió tan enloquecida por un hombre fue en la escuela y de eso hace mucho.
Serena bajó la escalera con cuidado. Tardaría un poco en llegar a su carro, incluso tardaría en sentarse en el. Toda la sangre que debía estar en su cerebro estaba entre sus piernas. La mujer ardía completamente.
Darién se apoyó en la puerta. ¡Lo había hecho! Había usado algunas de las técnicas que recomendaba a sus oyentes... ¡y funcionaban!
Por supuesto, estaba pagando un precio. Darién junior estaba tan levantado como carpa de circo nuevo.
Pero lo había logrado. La había dejado jadeando, con la boca abierta, tragando saliva convulsivamente.
¿Que Serena Tsukino lo iba a seducir? Ahora el era quien tenia la sartén por el mango.
En cualquier caso, tenía que lidiar con las... repercusiones. Por el momento, no tenía sueño. Igual no podría dormir, si eso se le fuese a la cabeza de seguro esta le estallaría.
Luego de aquella experiencia se dio cuenta que era un hombre hecho para el sexo, creado para hacer el amor. Y si la situación fuera diferente, estaría en la cama con ella en menos tiempo del que se tarda en decir: «ay».
Pero debía mantener las distancias. Había demasiadas cosas en juego.
Como no podía dormir, decidió...
Aunque no podía acostarse con Serena, sabia que si podía fantasear con ella.
Luego de entrar al baño y mientras se desvestía para mas comodidad, cerró los ojos y la imaginó a su lado, con esa sonrisa tan sexy. Con sus pechos al viento. Sus piernas aferradas a el besándolo con pasión.
Entonces imaginó su hermoso trasero, con algún excitante lunar. Era un sueño, fantasear era exquisito.
La imagino acariciándolo y llevándose a su boca su masculino miembro. Sus movimientos eran geniales, era una experta, succionaba con desesperación, lo tenia completamente excitado y gimiendo de placer.
El clímax llego y con el un grito ahogado que lo llevo a la realidad, no era Serena, solo era su inseparable compañera de luchas.
Siempre había tenido mucha imaginación y aunque no tenía experiencia con el sexo, no era ningún mojigato en cuestiones sexuales. Había aprendido muy pronto lo estupendo que es poner el asunto en tus propias manos; algo que, además, es sanísimo. Cada vez más estudios psicológicos preconizan las bondades del sexo a solas...
Pero en aquel momento le daban igual las teorías científicas. De hecho, aunque ya había saciado la necesidad de su cuerpo por el momento, ansiaba acostarse con ella en verdad.
Por su parte la rubia llego hecha un titi, no solo estaba completamente caliente, si no que no quería otro candidato mas que Darién para deshacer su calentura.
Serena se sentía molesta, era cierto que la masturbación era sana, pero ella no necesitaba de ella obtenía lo quería cuando quería. Suspirando, saco del cajón un satisfactorio amigo que había comprado por curiosidad y que había olvidado estrenar.
Apago la luz y dejo volar su imaginación.
Darién Chiba...Aquellas enormes manos sobre sus hombros, su aliento cálido en el cuello... Serena se metió la mano en su ropa interior. Y decidió no improvisar con su nuevo amigo; demasiado impersonal. Quería sensualidad, erotismo. Quería dejarse llevar y que sus fantasías la condujeran donde quisieran.
Lo veía con toda claridad. Lo imaginaba acariciando sus pezones con los dedos, tirando de ellos, haciéndolos dolorosamente sensibles.
Era como ver una película triple x, pero no había trama, ni guión, solo imágenes sensuales proyectándose en su mente. Serena dejó que sus propios dedos hicieran magia mientras darien le quitaba el vestido y lo lanzaba al suelo. Estaba completamente desnuda. Él también... y le robaba el aliento con su hermoso cuerpo. Veía los diminutos pezones, el vello oscuro, los abdominales marcados, el ombligo, el estómago plano y su maravillosa erección.
Serena respiraba cada vez con más dificultad. El placer era demasiado intenso y terminaría enseguida, pero no podía dar marcha atrás. Era un escalofrío embriagador.
Darién la tomó en sus brazos, besándola con ardor imposible. Era tan real, tan perfecto...
Serena se mordió los labios cuando sintió el orgasmo. Un momento después, ya más calmada, miró al techo.
Y entonces se dio cuenta de algo terrible: Darién lo había estropeado todo. Ella siempre tenía 3 o 4 encuentros sexuales en una noche. Y después, se quedaba plácidamente dormida. Sin embargo, aquella noche había tenido un orgasmo, pero no se sentía relajada.
Su imaginación no era suficiente. Quería a Darién en carne y hueso.
Serena estaba mirando por la ventana de su suite. Debería irse a la cama, pero no estaba cansada.
No entendía que pasaba, ella sabía que Darién le tenía miedo y cuando aquella noche lo acorralo. Le gustaba ver la conmoción en sus ojos. Tenía tanto miedo de él como de ella misma. Solo había sido un juego para despertarlo pero, por lo que había pasado aquella noche, parecía llevar años despierto.
Ella sabía todo acerca de los hombres y nunca se equivocaba con respecto a ellos. Quizá se le escapaban cosas, pero los conocía bien. Sin embargo, Darién...
¿Era su timidez lo que le hacía desearlo de tal forma? Desde luego, se excitaba solo con pensar en el. Pensando en sus ojos, en sus labios, en cómo su... se marcaba en sus pantalones.
¡Otra vez! Lo estaba haciendo otra vez. Era ridículo. Había dejado de excitarse como colegiala, hace muchos años.
Irritada, fue a su dormitorio y se sentó sobre la cama. En la mesa seguía estando el mensaje que había dejado su representante: quería que participara en una exhibición en París la semana siguiente y la oferta no podía haber llegado en mejor momento.
Se marcharía de Nueva York el domingo y olvidaría la bromita de la radio y a al Doctor Chiba. Le encantaba París y habían pasado ocho meses desde que vio a Endimión. El precioso Endimión, cuya mujer no lo entendía, Y que era tan bueno en la cama.
Sería mejor que se quedara con los promiscuos de este mundo y se alejara de los Darién.
Aunque no se había rendido. Tenía hasta el domingo. Cinco días para averiguar si Darién era un seductor nato o estaba haciendo muy bien su papel.
Serena se desnudó, abrió la puerta para colocar el cartel de «No molestar».
En cuanto se metió en la cama, el rostro de Darién apareció en su mente. Lo miraba con los ojos encerrados, los labios húmedos... y estaba completamente desnudo.
Suspirando, Serena se metió la mano por debajo de las sábanas. Sabia que esto ya no seria una novedad.
