7. Depende del cristal con que se mira

El siguiente día comenzó para Kim como cualquier otro. Sin novedades a la vista respecto a la investigación que realizaba con su amigo el robot mesero. ¿Su amigo? De ninguna manera. Solo le parecía interesante el loco proyecto de ese montón de chatarra, y ella no tenía nada mejor que hacer realmente mientras Scott y Ramona no volvieran de su viaje.

Tal vez, la extraña conexión de esta investigación con Scott Pilgrim era lo que mantenía a Kim interesada. Después de todo, se había perdido la más grande y peligrosa batalla de la vida de su amigo, y precisamente este caso giraba en torno a la misteriosa figura del grande y terrible fundador de la Liga de los Malvados ExNovios de Ramona: Gideon Gordon Graves.

Scott no hablaba mucho de él, pero a cualquier persona a quien se le preguntara por este personaje, respondía con una extraña mezcla de admiración, respeto y terror. Un terror generado cuando un poder inmenso se adereza con una buena dosis de maldad y locura.

Fuera como fuese, Gideon estaba muerto. Se había ido y la única forma que Kim conocía para traerlo de vuelta estaba fuera de las posibilidades de la mayoría. Lo único que le angustiaba, era que los antiguos secuaces del demente magnate G-Man, sí que podían tener los recursos necesarios para traerlo de vuelta, lo único que necesitaban, eran unos anteojos que habían desaparecido misteriosamente y sin dejar rastro la misma noche de la batalla entre Scott y Gideon.

Nadie conocía el paradero de las gafas, y, de hecho, el viejo robot mesero se había enviado a sí mismo en paquetería hasta Estados Unidos solo para investigar a algunos de los posibles poseedores de los lentes, esperando tener suerte y recuperarlos para ponerlos a salvo.

Aquella tarde, al salir de su turno en la tienda de videos, Kim decidió pasar frente a la casa de Scott y Ramona, para ver como creció el pasto del frente y, tal vez, para lanzar alguna piedra a las ventanas. Cuál no sería su sorpresa al ver a una persona conocida parada en la puerta del frente a punto de tocar.

Lisa se encontraba a punto de tocar la puerta de la casa. Por los diarios acumulados frente a la puerta y lo largo del pasto, pareciera que no había habido nadie ahí durante días. Revisó el papel donde tenía anotada la dirección en que residía actualmente su viejo amigo Scott, pero antes de siquiera poner una mano sobre la puerta, escuchó una voz que la llamaba:

—¡Lisa!

Al girarse, se encontró con nada más ni nada menos que con su amiga del colegio Kimberly Pine. Su melena roja y rostro llenó de pecas eran inconfundibles. Tan pronto la vio, Lisa corrió a encontrarse con ella muy sonriente, pero la reacción de Kim la verla no fue para nada positiva.

¿Qué haces aquí? —dijo la chica pelirroja con una clara expresión de molestia en el rostro.

—Pues tuve algunos días libres entre las filmaciones de mi telenovela, así que vine a visitarlos. ¡Me da gusto verte Kim! ¿Sabes dónde está Scott? —respondió la rubia muy contenta.

Él no está aquí. Está de viaje, con su noviala voz de Kim se escuchaba extrañamente ronca y distorsionada, e incluso parecía que había hecho hincapié en la palabra "novia" al pronunciarla.

—Oh, ya veo. Espero vuelva pronto, me gustaría mucho verlo. —respondió Lisa manteniendo una actitud alegre.

Lo dudo mucho. —dijo Kim, y su mirada fija, se volvió casi maliciosa al reparar en los anteojos que traía Lisa¿De dónde sacaste esos anteojos?

—¿Estos? Los compré por internet. En una subasta. Pertenecieron al famoso inventor y promotor musical G-Man Graves. ¿No te gustan?

No, quítatelos —respondió Kim y su voz se escuchó casi como un gruñido.

—Pero, ¿Por qué? ¿Qué te pasa, Kim? —ya asustada, Lisa comenzó a retroceder, mientras la baterista caminaba implacable, levantando una mano hacia ella en actitud amenazante.

¡He dicho que te los quites!y al pronunciar estas palabras, la voz de Kim se escuchó feroz y muy distinta, completamente ajena a elladame… esos… anteojos…

Lisa retrocedió hasta quedar entre la puerta de la casa de Scott y su perseguidora, cubriéndose la cara con las manos, se agacho para protegerse. Pero entonces, otra voz, resonó en su cabeza. Aquella voz jamás la había oído, pero le inspiraba confianza cuando le dijo:

No tengas miedo, déjamelo a mí —y sin saber más de sí, Lisa se desmayó.

Kim se acercó a la casa de Scott, muy contenta al ver a su amiga Lisa frente a la puerta. Cuando la rubia se giró, en el rostro de Kim se dibujó una sonrisa motivada por un centenar de bellos recuerdos de la época del bachillerato.

—Lisa, ¿Qué haces aquí?dijo la chica pelirroja con una expresión radiante de alegría en el rostro.

—Pues tuve algunos días libres entre las filmaciones de mi telenovela, así que vine a visitarlos. ¡Me da gusto verte Kim! ¿Sabes dónde está Scott? —respondió la rubia. Kim detectó un dejo de estrés y preocupación en su voz.

—Lo siento, él no está aquí. Está de viaje, con Ramona —respondió Kim gentilmente.

—Oh, ya veo. Espero vuelva pronto, me gustaría mucho verlo. —respondió Lisa manteniendo la mirada en el piso y mostrándose muy afligida.

—Lamento decirlo, pero creo que tardarán en volver. ¿Te encuentras bien? —dijo Kim, preocupada por su amiga, pero al notar que ella no respondía, finalmente puso su atención en las raras gafas que la rubia llevaba sobre la cara—¿De dónde sacaste esos anteojos?

—¿Estos? Los compré por internet. En una subasta. Pertenecieron al famoso inventor y promotor musical G-Man Graves. ¿No te gustan? —dijo ella nerviosa.

—Ehmm… bueno, se te ven bien. ¿Me permites verlos de cerca? —dijo Kim, temiendo que esas gafas fueran aquellas que ella andaba buscando, y que además, pudieran estar teniendo un efecto negativo en su amiga.

—Pero, ¿Por qué? ¿Qué te pasa, Kim? —De pronto, Lisa estalló en un arranque de miedo e histeria, al grado de que comenzó a retroceder huyendo de Kim.

—Tranquila, Lisa. Soy tu amiga, no quiero hacerte daño —intentó calmarla Kim, tendiéndole una mano amistosamente, pero fue inútil. —dame… esos… anteojos…

Lisa retrocedió hasta quedar entre la puerta de la casa de Scott y la chica pelirroja, cubriéndose la cara con las manos, se agacho para protegerse. Estuvo así un momento, hasta que, de pronto, se volvió a poner de pie. Pero esta vez en su mirada había algo diferente.

—¡Hazte a un lado! —dijo la chica rubia con una voz fuerte y ronca muy distinta a la suya. —No tendrás estos anteojos nunca.

Al verla tan distinta, Kim retrocedió, mientras Lisa avanzaba hacia ella con paso amenazante y los ojos velados por una extraña luminiscencia que emanaba de los anteojos que la rubia usaba. Pronto, el extraño brillo se extendió hasta cubrir la cabeza entera de la chica, y su cabello se erizó como el de un gato preparado para pelear.

—¡Déjala en paz! —gritó entonces Kim comprendiéndolo todo — ¡…Gideon!

—No —respondió Lisa con esa atronadora voz tan ajena a si misma —¡Ella es mía! Ahora, prepárate para morir, amiga de Scott Pilgrim.

Y sin esperar un momento más, la rubia se lanzó sobre Kim tirando golpes y patadas. La baterista estaba acostumbrada de verse rodeada de locos peleadores y frikis con super poderes de lucha, pero siendo que Lisa siempre fue una persona tranquila, amable y normal, jamás espero verla en una actitud tan agresiva.

Kim esquivó el primer golpe. Bloqueo el segundo con la palma de la mano, e interceptó la patada con una de sus piernas, leyendo a la perfección el ritmo de los golpes de Lisa. Finalmente, la pelirroja empujó a la rubia para quitársela de encima y adoptó una pose defensiva, mientras el cuerpo de Lisa se reía incontrolablemente:

—Estas pérdida —dijo entonces esa voz extraña que provenía de la cabeza brillante de la chica —apuesto a que tienes miedo de enfrentarte a una vieja amiga tuya. Tus sentimientos hacia esta chica no permiten hacerle daño, pero yo no temo acabar contigo.

—Eres un idiota. —concluyó Kim bajando un instante la guardia —no tienes ni idea de con quien estás hablando. No me conoces ni un poco y aun así intentas predecir lo que voy o no voy a hacer. Para tu información, ahora estas ocupado el cuerpo de una chica, de una amiga mía, y las chicas no tememos golpear aun a nuestras amigas, sobre todo si se hace por su bien…

Y sin esperar un momento más, Kim aplicó su paso veloz, y descargando una bofetada sobre el rostro de Lisa, le aflojó los anteojos de la cara, y termino por removerlos completamente aplicando un potente rodillazo en el estómago de su amiga. La rubia ya separada de la fuente del poder maligno que la controlaba, cayó desmayada en el piso muy tranquila.

—¿Aló? —la voz de Kim se escuchó en el intercomunicador integrado que el robot G7 tenía en la cabeza. Por la manera en que se escuchaba la pelirroja, debía estar comiendo algo.

—Hey, Kim. ¿Qué ocurrió? No contestaste ninguna de mis otras llamadas —preguntó el mesero mecánico un tanto preocupado.

—Tan solo digamos que estaba ocupada haciendo tu trabajo. ¿Has tenido suerte en Estados Unidos? —inquirió la baterista devorando un sándwich de mortadela.

—Nada. Me hice pasar por robot mensajero o encuestador, ¡incluso religioso! Todo para interrogar a las seis exnovias de Gideon. Ninguna dice haber tomado los lentes. Más de una se molestaron tanto que me abofetearon.

—¿En serio? ¿Se habrán ofendido por que pensaras que son tan tontas como para tomar un recuerdo del maniaco que las tuvo congeladas por años?

—Ok, para el sarcasmo. ¿Has tenido suerte? —interrogó el robot.

—Alguna. Digamos que una amiga mía de hace años vino a visitarme el día de hoy e intentó asesinarme mientras la controlaba el mismísimo Gideon a través de ciertos anteojos negros…

—¿Qué? ¿Entonces ya los encontraste? ¿Cuál es el nombre de tu amiga? —preguntó curioso el mesero mecánico.

—¿Acaso eres sordo, pedazo de chatarra? Ella trato de matarme. La estaba controlando Gideon. —le recordó Kim sin exasperarse.

—Eso es imposible. Gideon no puede controlar seres humanos desde el lugar donde está. Ni aunque usara sus anteojos.

—¿Cómo rayos lo sabes? —dijo Kim acomodándole la mordida final a su emparedado.

—Eso no importa. Lo sé y estoy seguro de eso. Tal vez, lo que viste hoy, fue una manifestación de los sentimientos residuales de Gideon al momento de morir. Cuando Scott y Ramona lo derrotaron, él estaba sintiendo mucho odio, celos y desprecio. Tan intensas eran estas emociones que debieron impregnarse en los anteojos cuando Gideon murió. De cualquier manera, son peligrosos, y no debes ponértelos bajo ninguna circunstancia.

—¿En serio? ¿Porque? —respondió Kim despreocupada.

—Los estas usando ahora ¿verdad? —adivinó el robot cubriéndose la cara con las manos.

—Así es. —dijo Kim entornando la vista. Gideon debía estar realmente muy ciego para usar tantísimo aumento.

—¿Y no escuchas nada? ¿Una voz? ¿Nada?

—Nada . —garantizó la baterista.

—Fascinante. Debe ser que estas tan acostumbrada a tratar con los celos, el rencor y el desprecio propio y hacia los demás que tú misma generas, que te has vuelto inmune a influencias externas. —dedujo la maquina asombrada.

—¿Estas grabando esta conversación? —preguntó Kim entonces.

—Sí, ¿porque?

—Para acordarme de que debo aplastarte la cabeza cuando vuelvas por haber dicho eso. Vuelve pronto —dijo gentilmente la pelirroja y colgó su celular.

Kim se quitó los anteojos, los guardó en su bolsillo y poniéndose de pie de donde estaba sentada, miro a su amiga Lisa que seguía sujetándose la mejilla que tenía enrojecida a causa de la gran bofetada de Kim.

—Descuida, Lisa, te pondrás bien. No esta tan roja. Anda, ven. Te invitó otro sándwich de mortadela —y sonrió alegremente a su amiga.