Disclaimer: Todo le pertenece a J.K. Rowling. Todo, incluida mi admiración hasta el día que me muera, y la idolatro. Sin fines de lucro y saben el resto.

Capítulo 7: Recordar un beso

2001

Sábado 25 de Enero

-¿Comprometida?- Un Harry Potter visiblemente confundido se encontraba detrás de una mesa repleta de comida.

-Hubieras visto la cara de George.-Comentó Angelina visiblemente consternada.- Quería lanzarle un hechizo que revirtiera el Imperius.

-Nadie sabe porque demonios lo está haciendo.- Ron habló con puré de calabaza en la boca.- Yo creo que ni siquiera ella lo sabe.

-Yo lo sé.- Hermione intervino en la plática con naturalidad.- Por orgullosa, para demostrarse que puede seguir sin Harry.

-¿Seguir sin mí?- Harry se atraganto con el bocado que tenía en la boca.

-Eso dije.- Hermione mostró una sonrisa ladeada con un deje de tristeza.- La pobre no la tuvo fácil en Hogwarts y tú con tus miles de ausencias en las misiones no ayudaste mucho que digamos.

-Terminando de arruinar la situación el idiota de Danes se apareció a mitad del camino.- George agregó.

-Coincido.- Ron apoyó.

-¿Coincides?- Harry lo miro con frustración. Una semana antes decía que Ginny debió haber sido más tolerante con él y su trabajo.

-En la parte de que el hombre es un idiota.- Aclaró Ron.- Solo en eso.

-Basta.- Arthur Weasley por fin dejo de observar la plática y comenzó a participar en ella.- Yo sé que es muy precipitado, pero también estoy convencido de que todos en está mesa queremos mucho a Ginny y buscamos su felicidad por encima de la nuestra.

-Precisamente porque la quiero lo estoy diciendo. Y no creo que sea feliz a lado de alguien tan insufrible como ese tipo.- George habló algo exaltado.- Ginny esta siendo vanidosa, orgullosa y cómo siempre esta actuando como una adolescente impulsiva.

-Cierto.- Ron alzó la voz y se gano una mirada de reprensión de su padre.

-Harry querido.- La señora Weasley interrumpió abruptamente la conversación.-¿Podrías ayudarme a traer la tarta de melaza?

-Tráela con un hechizo, madre.- Ron saco su varita pero al instante Hermione le dio un apretón a su pierna por debajo de la mesa.- Pensándolo bien, esa tarta es muy delicada.

Harry se levantó de su asiento extrañado y con la mirada de todos los presentes puesta sobre él. Y, con paso lento siguió a la señora Weasley hasta la cocina.

-Estará en el Caldero Chorreante a las ocho para cenar con Luna.- Molly Weasley habló con rapidez pero mucha claridad.-Probablemente algo se pueda hacer.

Harry le sonrió con un profundo agradecimiento a su antigua suegra.

Si bien Ginny terminó con él dictándole una lista de razones por las que la relación no iba a ningún lado, él nunca dicto su lista por las cuáles debían regresar.

Así fue, a las nueve en punto llegó al Caldero Chorreante con un pantalón gris, una camisa negra de botones y una capa sencilla a juego. Observó a Ginny despedirse de Luna y justo cuando se dirigía a las chimeneas la tomo por la cintura y la apareció en su casa.

-Harry.- Ginny lo observó asustada.- ¿Qué sucede contigo?

Harry no contestó, simplemente la tomó entre sus brazos y la comenzó a besar. Se había prometido respetarla siempre, pero considerando que ella tenía planes de boda con otro hombre, oportunidades como esas no se podían desperdiciar.

Ginny siguió el juego, por necesidad, por falta de autocontrol y porque su estúpido corazón se aceleró con tan solo verlo.

Poco a poco sintió las manos de Harry abriéndose paso debajo de su vestido, y sólo una palabra puede describir lo que sintió: Fuego. Nada más y nada menos, cada caricia de Harry en su cuerpo literalmente la quemaba. Después ella quitó la capa de sus hombros y comenzó a luchar con cada uno de los botones de su camisa, pero entre sus nervios, su prisa y su falta de experiencia terminó entorpeciendo un poco el trabajo de sus manos. Harry por otra parte, se deshizo de su vestido en un santiamén y se dedicaba a besar todo lo que se cruzaba por su boca; ayudó a Ginny con la estúpida camisa y en el momento en qué los dos se encontraban en condiciones igualitarias ambos se dieron cuenta que volver atrás era absolutamente imposible.

Los besos siguieron, a veces con extrema lentitud e inocencia porque para ambos el momento era sagrado y memorable; otras veces fueron besos profundos y el contacto de sus bocas tan experimentado se hizo presente de cuando en cuando; por otro lado también estaban los besos apasionados y prohibidos, la clase de caricia que ninguno había sentido antes y que los hacía removerse inquietos y excitados; y finalmente estaban esos besos lentos y graciosos en sus cuerpos, algo torpes por la inexperiencia pero que encontraron, disfrutaron y marcaron el cuerpo del otro.

Una hora más tarde la idea de llegar virgen al altar se evaporó por el aire y no era más que un recuerdo.

Harry pensó que eso era suficiente para que Ginny olvidara todo ese asunto de casarse con un completo desconocido, pero para su desgracia y la de la familia Weasley, eso no cambió.

Unas semanas después Ginny estaba frente a un altar vestida de blanco.

. . . .

En el estadio de quidditch tanto Ron como Hermione se revolvieron nerviosos al darse cuenta de qué estaban a cargo de dos menores y no tenían mucha experiencia tratándose de niños, especialmente Ron.

Empeorando las cosas el clima de Inglaterra había desatado una tormenta que no ayudaba a calmar su preocupación.

-¿Dónde está mi mamá?- James se cruzó de brazos enfadado. Primero Ginny lo había ignorado y ahora simplemente se había desaparecido.

Él esperaba ir a ese partido con sus padres, pero por una razón u otra ambos lo habían dejado haciendo un berrinche con sus tíos. Además de que estaba visiblemente celoso del hecho de que su madre hubiese abrazado tan afectuosamente a ese niño alto, delgado y con cabello extraño que cambiaba de color.

-Tuvo que ir con tu abuela Molly.- Hermione tomó las riendas de la situación antes de que Ron arruinará las cosas y alborotará la cabeza de James con pensamientos difíciles de digerir para un niño de su edad.

Teddy Lupin observó a Hermione negando con la cabeza. Tenía siete años pero sabía lo que era una mentira y, de la misma manera, sabía que su madrina estaba hablando con Harry de algo importante.

-¿Por qué?- James la observaba acusadoramente.

-Porque la abuela Molly le va a dar algo de pastel de tu cumpleaños.- Ron intervino al ver que Hermione se había quedado sin ideas.- Hizo uno de chocolate y no alcanzaste a probarlo.

James frunció los labios.- ¿Por qué se fue con Harry Potter?

-No se fue con él.- Hermione abrió los ojos alarmada. Si James abría la boca con Robert, la pobre de Ginny iba a tener un grave problema.- Tan solo lo saludó y después se fue.

-Entonces ¿dónde esta Harry Potter?- James a pesar de ser pequeño era perspicaz y se había dado cuenta que los dos habían desaparecido.

-Harry se fue con mi abuela.- Teddy habló con un tono de voz muy bajo. Andrómeda le había enseñado que el engañar no llevaba a nada y odiaba inmiscuirla en la mentira, pero también sabía que Ron y Hermione no mentirían sin una buena razón.

-¿Harry Potter es tú papá?- James de un momento a otro desvió la conversación.

-No.- Teddy sonrió con algo de nostalgia.- Mis papás murieron pero Harry es mi padrino.

James cerró la boca al sentir que había dicho algo malo.

Una voz que anunció el principio del partido de quidditch los sacó de su ensimismamiento. Los dos niños se giraron bruscamente al ver a los jugadores aparecer uno a uno.

Ron y Hermione suspiraron aliviados pero a la vez nerviosos. Ambos sabían que juntar a Harry Potter con Ginevra Weasley tan solo iba a remontar recuerdos dolorosos y explicaciones acerca de James en las que ellos preferían no entrometerse porque se sabían culpables de haberle ocultado sus sospechas a Harry.

Ginny no tuvo que abrir la boca para que toda la familia Weasley se diera cuenta que ese hijo era de Harry, el aspecto físico y la forma de ser de James decían más que mil palabras. Era una verdad obvia pero a la vez secreta. Sin embargo, todos respetaban el matrimonio de Ginny por órdenes de los señores Weasley- en especial de Arthur- y nadie se sintió capaz de decírselo al mismo Harry.

-Lo mejor será sentarnos juntos.- Ron habló cerca del oído de Hermione a causa del alborotó.- Por si James sigue preguntando.

-Buena idea.- Hermione se movió entre incomoda y nerviosa por toda la situación y por las reacciones que Ron aún provocaba sobre ella.

Ella sentía la misma culpabilidad y si bien nunca encaró a Ginny, siempre lo supo. Si había descubierto la licantropía de Remus Lupin a sus trece años, era imposible que no se diese cuenta que James no era un Danes si no un Potter. Pero, a diferencia de Ron, ella no le debía respeto al matrimonio de Ginny porque nunca estuvo de acuerdo con esa unión y sus padres no podía obligarla a hacerlo. Por eso siempre le envió indirectas a la pelirroja de que hablase porque su amigo no era tonto y en un instante la descubriría. Pero su amiga no la escucho y se temía que Harry no sería tan paciente como ella.

. . . .

Harry se apareció con Ginny en Godric's Hollow en un parpadeo.

Ambos estaban empapados por la tormenta y Ginny tenía algunas lágrimas en los ojos que se perdían con las gotas de lluvia. Por instinto los dos tomaron sus varitas y se secaron con un simple hechizo.

-Linda casa.- Ginny recorrió todo con la vista.- Haz hecho mucho.

-Hermione adora la decoración y la he dejado experimentar.- Harry explicó con tranquilidad.

-Oh, ya veo.- Ginny sintió que algo le escaldaba la garganta.- ¿Viene muy seguido?

-Supongo.- Harry se sentó en un sillón con aire cansado.- Tiene algunas cosas aquí.

-¿Supones?- Ginny preguntó sarcástica.- Ella arregla tu casa, está perfectamente instalada. Yo creo que pasa mucho tiempo aquí.

-No me acuesto con ella.- Harry cerró los ojos molesto.-Si es lo qué estás pensando. Y no tiene ropa aquí ni nada por el estilo, más bien libros y algunos artefactos mágicos que no se siente segura teniendo en su casa.

Por una razón u otra el escozor en su garganta se apago. Y sí, Ginny sabía que era estúpido el estar celosa de Hermione pero de una o de otra manera le había molestado que decorará la casa que ella mil veces fantaseó con arreglar.

-No tendría un problema si ustedes tuvieran algo.- Ginny fingió desinterés.

-Comenzando no le haría eso a tu hermano porque él sigue enamorado de ella y terminando, el besar a Hermione me parece casi incesto, Ginny.- Harry tenía la cabeza apoyada en el sillón y los ojos cerrados. No planeaba discutir por una estupidez tan pequeña.

Entre sus conjeturas mentales, el estrés del trabajo esa semana, la pelea con Ginny y la mojada que se dio debido a la tormenta su cuerpo lo estaba matando de dolor y de cansancio.

-Bueno si no es Hermione, puede ser cualquier mujer.- Ginny habló con cierto titubeo.- Mi punto es que deberías de continuar con tu vida, Harry.

Terminando el enunciado soltó un estornudó que provocó que Harry abriese los ojos.

-Tú deberías tomar un baño o terminarás con un mal resfriado que no podrás explicar.- Harry habló tajante. No era una pregunta, sugerencia, ni siquiera era preocupación. Era una orden.

-¿Y tú que harás?- Ginny se frotó la nariz.

-Por más que quisiera ducharme a tu lado no creo que sea lo más adecuado.- El tono amargo de Harry fue producto de las miles de cosas que estaban taladrando su cerebro.

-Eres un idiota.- Ginny rodó los ojos.- Lo mejor será irme de una buena vez.

-No puedes aparecerte o desaparecerte en mi casa. No estás autorizada. Y yo no te sacaré de aquí.- Harry la observó con un aire de diversión desde el sillón.- Y si yo fuera tú no utilizaría la chimenea porque está conectada al ministerio dónde está tu esposo en este instante. Puedes ir a tu casa pero se sabría con facilidad que saliste de aquí, y tú última opción es ir a la Madriguera dónde tendrías que explicar porque abandonaste a tu hijo a mitad de un juego de quidditch.- Harry le sonrió y se encogió de hombros.- Espera, también puedes irte a pie y pescar un resfriado, y con la tormenta que hay afuera, desaparecerte no es una buena idea por la carga excesiva de energía.

Ginny se mordió el labio por dos razones. Primero, lo encontraba condenadamente sexy en esa pose de arrogante, sarcástico y algo inmaduro. Y segundo, tenía razón.

-De acuerdo.- Ginny se aclaró la garganta al comenzar a sentir malestar.- Me bañare.

-Bien.- Harry se encogió de hombros y volvió a recostar su cabeza en el respaldo del sillón.

-Después hablaremos y me llevarás al estadio.- Esta vez fue el turno de Ginny de usar un tono autoritario.- ¿Estamos?

-Muy bien.- Harry habló con todo desinteresado.

Ginny conocía la casa y sabía a la perfección dónde estaba el cuarto de invitados, pero honestamente quería tomar una ducha en el baño de Harry, porque simple y sencillamente ya lo conocía.

Harry frunció el seño al verla entrar a su habitación pero prefirió no preguntar. Ya tendría mucho tiempo para hablar claro y tendido con ella.

Eso no significaba que no tuviera curiosidad, razón que lo guío a ir hasta su recamará, tirarse en su cama y escuchar como efectivamente el agua estaba corriendo.

Sentía la cabeza caliente y no era simplemente por la cantidad de estrés que tenía en el trabajo o por las interrogantes acerca del pequeño James; más bien era por el simple hecho de saber que Ginny estaba a unos metros de él, sin ropa.

. . . .

El partido de quidditch para fortuna de Hermione no fue tan largo como se hubiese esperado. La buscadora de las Arpías de Holyhead atrapó la snitch con gracia y los Murcielagos de Ballycastle se retiraron dignamente.

Los tres hombres presentes no quedaron muy contentos con el hecho de que el equipo formado únicamente por brujas hubiese resultado ganador. James sabía que su mamá se alegraría pero él esperaba un poco más de emoción. Teddy amaba el quidditch y de igual manera quedó algo decepcionado.

Ron por su parte observó su reloj para encontrarse con que eran cerca de las nueve.

-Teddy, creo que debo llevarte con Andrómeda.- Ron anunció al niño de siete años que lo observaba con un curioso puchero en la boca.

-¿Mi mamá?- James veía a los magos y brujas salir del estadio esperando encontrarse con el cabello pelirrojo de su madre entre la multitud.

-Seguramente tu abuela la entretuvo con cosas importantes.- Hermione le sonrió con calidez a su sobrino* y le alborotó el cabello con cariño.

-Quiero irme a casa.- James poco a poco sintió la ausencia de sus padres. Había estado entre dos y tres horas sin ellos, y a su edad, era normal que quisiera verles.

-Cielo,- Hermione se puso de cuclillas para llegar a su altura.- Mamá no estará en casa. Está ocupada, pero nos iremos a mi departamento y ahí te recogerá. ¿Lo entiendes, cierto?

James asintió con la cabeza.

-Muy bien.- Hermione extendió sus brazos para abrazar al pequeño.

-Quiero un helado.- Teddy observó a Ron con un puchero en la boca.-Por favor.

-Yo también.- James observó a Teddy con agradecimiento por la buena idea.

Hermione hizo una mueca de desagrado. Últimamente estaba pasando más tiempo del deseado con Ronald Weasley y eso no le estaba gustando.

-Por mi está bien.-Ron por su parte sonrió. De hecho, él se estaba muriendo de hambre.

-¿Tía?- James volvió sus ojitos a Hermione.

-¿Acaso ya vieron la tormenta?- Hermione negaba con la cabeza.- No creo que sea el mejor momento para un helado. Además, hace unos días estabas enfermo de gripa, James.

-¡Chocolate caliente!- Teddy habló algo emocionado.

James para ese momento ya pasaba su lengua por sus labios a causa del antojo.

Los tres vieron a Hermione suplicantes.

-Bien.- Hermione suspiró.- Pero será rápido.- Esto último lo dijo observando a Ron.

-Yo no propuse ni planee nada de esto.- Ron se cruzo de brazos fingiendo estar ofendido.

-Al menos esto servirá para algo.- Hermione habló algo indecisa.

Los cuatro comenzaron a caminar al darse cuenta que la avalancha de magos había disminuido considerablemente.

-¿Para qué?- Ron preguntó algo confundido. Y, ¿por qué no decirlo? esperanzado.

-Para inventar una buena excusa con Robert.- Hermione se mordió el labio inferior.

Ocultarle la verdad a un niño de tres años no sería tan fácil como ocultársela a un adulto celoso.

-Demonios.- Ron refunfuño algo molesto.- Ese hombre siempre me ha provocado jaqueca.

-Créeme que yo lo debo ver mucho más que tú.- Hermione rodó los ojos.

-Al menos aún tenemos algo en común. Odiamos al esposo de mi hermana.- Ron le sonrió desganado. Después desvió su mirada y se concentró en los niños.- ¿Listos para desaparecernos?

-Listos.- Tanto James como Teddy se miraron el uno al otro emocionados.

. . . .

Ginny salió del baño con la misma ropa pero con el cabello con un tono un poco más oscuro a causa de la humedad. Se encontró con Harry tirado en la cama con los ojos cerrados y los lentes en la mesa de noche, pensó que estaba dormido y se acercó para verlo detenidamente.

Su cicatriz seguía igual, sus facciones eran más maduras y masculinas, la barba la tenía al ras pero no por eso era indetectable a sus ojos, sus labios parecían conservar el mismo color de siempre, y podía atreverse a decir que el sabor y la textura tampoco habían cambiado; y, por último se fijo en su trabajado cuerpo. Soltó un suspiro. Entre mil otras cosas extrañaba la calidez de ese cuerpo, ya fuese para un simple abrazo o para una noche de excesos.

Con algo de miedo acercó su mano al cabello de Harry y lo recorrió con lentitud. Definitivamente lo extrañaba. El cuerpo de Harry se removió algo inquieto ante la caricia.

-¿Qué haces, Ginny?- Harry abrió los ojos tomándola por sorpresa.

-Despertarte.- Ginny se sentó a su lado. Fingiendo que no había pasado nada.-Querías hablar. Hablemos.

Harry sonrió coqueto. Sabía muy bien que estaba haciendo Ginny, pero sus ganas por hacerla rabiar como si fueran un par de adolescentes fueron más grandes que él.

-Bien.- Harry se sentó, parecía tranquilo pero no lo estaba. Las respuestas que buscaba podían cambiar de manera drástica su cómoda vida de soltero.

-Habla de una vez, Harry.- Ginny se impaciento pero no por la falta de conversación sino porque le costaba mucho más de lo que hubiera imaginado el verlo frente a ella.

-Quiero saber que demonios sucedió contigo. ¿Por qué te casaste sin una explicación?- Harry clavo sus ojos verdes sobre Ginny.- Y no quiero mentiras.

La respuesta fue clara y cortante.- No debía rendirte cuentas.

-Sí debías hacerlo después de lo que pasó.- Harry parpadeó y respiró un par de veces seguidas.

-¿Y qué pasó?- Ginny no se dejo intimidar por la desesperación de Harry.

-Ginny, de verdad no quieres que te lo recuerde.- Harry habló muy lentamente y se acerco a su cara.- ¿O sí?

-Potter, háblame claro. ¿Quieres?- Ginny sentía su respiración muy cerca pero por muchas cosas decidió no moverse.

Harry se tomó su tiempo para acercarse más. Podía contar sus pestañas a la distancia que estaban y sentía la respiración levemente agitada de Ginny sobre su barbilla.

No lo pensó, por instinto tomo las mejillas de Ginny entre sus manos y rompió la invisible muralla que los separaba. Muralla llena de mentiras, secretos, recuerdos dolorosos y agradables, e incluso un matrimonio. Pero él necesitaba ese beso antes de hablar de cosas más punzantes y Ginny, aunque se lo negará, también lo necesitaba.

Fue un beso lento que comenzó con una mirada. Fue una caricia pura y un intento desesperado de bloquear el pensamiento de lo que era correcto y lo que no lo era.

Eran Harry y Ginny. Nada más.

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*Ya sé que no es sobrino directo de Hermione, al menos no en el tiempo de la historia, pero por lo mucho que Ginny la frecuenta James la ve de ese modo.

Se que prometí respuestas en este capítulo. No sé si se esperaban un flashback con la respuesta que solo crea más preguntas, pero igualmente Ginny tiene que hablar. No se preocupen solo lean el siguiente.

¿Sugerencias?

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