Disclaimer: NADA ME PERTENECE. Los personajes son de Stephanie Meyer y la historia es de la escritora Leona Lee.

CAPITULO 6

Isabella llevaba en casa una semana cuando el departamento de recursos humanos se puso en contacto con ella. Tenía que pasarse por seguridad para devolver su insignia y firmar unos documentos. Suspirando, accedió a ir aquella misma tarde. Al llegar al aparcamiento, buscó la plaza de Edward y se sintió aliviada al ver que estaba vacía. Entró en el edificio y se dirigió al departamento de seguridad. No había nadie, pero justo cuando estaba dejando su insignia sobre la mesa, apareció Sam.

—Isabella— dijo Sam con reserva.

—Sam— le imitó ella. —Me han dicho que tengo que firmar unos documentos.

Asintiendo con la cabeza, Sam le entregó los papeles y ella les echó un vistazo rápido. Tras coger un bolígrafo, los firmó antes de devolvérselos junto con su insignia. A punto de salir por la puerta, se volvió y le entregó una unidad de memoria.

—¿Qué es esto?

—Una grabación de una conversación entre Marcus y Dimitri Vulturi. Es un poco tenue, pero quizás alguien del departamento de informática pueda hacer que se escuche mejor.

—¿De dónde lo has sacado? —le preguntó Sam.

Ella se encogió de hombros.

—Tenía que hacer unos recados antes de irme de Nueva York y vi a Marcus comportándose de forma sospechosa, así que le seguí hasta un bar. Estaba hablando con Dimitri, e intenté grabar la conversación. Puede que encuentres algo útil.

Sam sostuvo el dispositivo en su mano y observó a Isabella alejándose. Nunca había creído que era culpable. Aunque no aprobaba que su jefe hubiese empezado una relación con ella, la había tratado lo suficiente como para saber que no era capaz de hacer algo así. Aunque también ayudaba la revisión de antecedentes que había llevado a cabo, que no había descubierto nada fuera de lo normal.

Lleno de curiosidad, se sentó en su escritorio e insertó la unidad de memoria. La conversación era difícil de escuchar. Descolgó el teléfono y llamó al departamento de informática para que enviaran a alguien. Mientras esperaba, se preguntó qué iba a encontrar. Aunque siempre había considerado a Marcus un oportunista, nunca pensó que fuera capaz de traicionarles. Edward le pagaba muy bien.

Tardaron dos días, pero cuando terminaron de limpiar el archivo, no les quedó ninguna duda de quién era el culpable de la filtración, y de que a Isabella le habían tendido una trampa. Más de una vez, Dimitri Vulturi expresaba su malestar por la inflexible negativa de Isabella a aceptar su oferta, que él mismo consideraba muy generosa. Aunque ella no lo sabía, ya que se había negado a escucharla.

Como Edward seguía en Nueva York, Sam le envió un mensaje para que se pusieran en contacto con él a través del chat de vídeo. Dos horas más tarde, el chat de Sam le anunció que Edward estaba esperando.

—Hola, jefe— saludó Sam al ver a Edward en el monitor— ¿Qué tal va todo en Nueva York?

—Está siendo difícil. Hemos estado reparando el desastre de Isabella y parece que hemos perdido ambos contratos. Marcus está trabajando para incorporar a otro cliente.

—Entonces, ¿estás seguro de que fue Isabella?

—Claro que sí, la información salió de su portátil….

—Que dijo haber dejado en la oficina. ¿Te has parado a pensar que tal vez le hayan tendido una trampa?

—¿Por qué iba a hacerlo? Todas las pruebas apuntan hacia ella.

—Y aun así no la has denunciado. ¿Por qué?

—Marcus pensó que no era buena idea.

Por supuesto que no, Sam pensó para sí mismo.

—Sam, ¿qué quieres?

—Tengo un archivo de sonido que creo te va a interesar— Sam lo reprodujo y vio cómo el rostro de Edward pasaba de la sorpresa a la indignación.

—¿De dónde lo has sacado?

—Isabella lo trajo cuando vino a firmar el finiquito. Vio a Marcus comportándose de forma extraña y le siguió hasta un bar. Consiguió grabar parte de su conversación con Vulturi. Era inteligible y nos ha llevado un tiempo, pero como has comprobado, hemos conseguido que suene más claro.

Apoyando la cabeza en las manos, Edward se frotó las mejillas.

—Dios mío, he sido un imbécil. Después de todo lo que me costó que volviera, lo he fastidiado por llegar a conclusiones precipitadas. No me va a perdonar nunca.

—No creo que lo haga. Pero ahora la pregunta es: ¿qué vas a hacer con Marcus?

—Oh, tengo una idea con la que no sólo nos vamos a ocupar de Marcus, también es posible que genere un traspaso de contratos de Vulturi a mí, pero voy a necesitar ayuda, y no sé en quién puedo confiar.

—Soy todo oídos.

Mientras Edward le explicaba su idea para encargarse de Marcus y Vulturi, Sam no pudo evitar pensar en Isabella. A pesar de todo, había hecho lo correcto. En su opinión, era una chica decente, pero quizás fuera mejor que se mantuviera alejada de Edward. Aunque respetaba a su jefe y el imperio que había construido por sí mismo, no sabía lo que era tener algo bueno delante de sus narices.