Mimi cerró la llave de la ducha, se secó y se vistió. Llevaba una camiseta blanca y unos jeans negros ajustados. Nada muy elegante, después de todo era para estar por el departamento. Se acercó a la puerta del baño pero no abrió. Había cosas que necesitaban pensar antes de abrir esa puerta y encontrarse con ese dios tumbado en el sofá.

Se había acostado con él, pero en sus caricias, en sus besos ¿había sentimientos reales? Era tan confuso pensar en ello. Pues él había dicho que la amaba y ella pensaba que aún lo odiaba, que solo estaba caliente, o eso prefería creer. Pues había estado más en un año sin nadie y realmente extrañaba esa sensación cuando estaba con Yamato. Entonces, ¿ella aun lo amaba o que había sido solo un polvo? Lo mejor por el momento era la conveniencia de lo segundo y esperar que el plazo de los doce días acabara, no debía tomarse las cosas de manera apresurada o podría arruinarlas.

Suspiró y arregló un poco su, ahora, esponjado cabello. Necesitaba su secador. Bufó dimitió y abrió la puerta del baño. Enseguida escuchó una voz conocida. La verdad era más de una. Y por el tono se notaba que no estaban del mejor humor.

- Y, ¿a qué debo su visita? - Preguntó Yamato, sentado en el mismo sofá en el que tenía yacido con ella.

- ¿Disculpa? Este departamento es de nuestra familia, nosotros deberíamos preguntarle que haces tú aquí. - El tono hostil de Satoe era demasiado obvio. ¿Acaso no podía ser disímil?

- ¿Qué hacen aquí? - Inquirió Mimi mientras entraba en escena.

- Venimos a buscarte. ¿Por qué estás aquí, sola con ...? ¿Keisuke tiene el chico de pies a cabeza y hace una mueca?

Eso fue lo que más la enfureció. Yamato no era una cosa para ser tratado de "esto", menos aún de la manera en la que su padre lo había dicho. Tan despectivamente. Ganas de llorar la inundaron, estaba decepcionada y mucho. Pero no se pondría sentimental justo en ese momento.

- Él tiene nombre y es Yamato, además, ¿qué tiene de malo que este con él?

- Cariño, es un delincuente. - Mimi no pudo aguantar la risa.

- Sí, claro, un delincuente. - Dijo sarcástica aun entre risas. - Yamato es la persona menos mala que conozco.

- Tú no lo conoces. - Añadió en tono severo su padre. - ¿Acaso sabes dónde está su padre?

- ¿Por qué debería saberlo?

- Pues yo te respondo. - Dijo su madre ignorando por completo su pregunta. - Esta en la tara, por robo. Su padre es un ladrón ... - luego miró a Yamato, él estaba algo avergonzado, pues, ¿quién no estaría en su lugar? - y como dicen: "de tal palo tal astilla".

- No porque su padre este en la lengua significa también que ha llegado algún día. Yamato no ha hecho nada malo, lo puedo jurar.

- ¿Tan segura estas, pequeña? - Su padre se puso de pie y se le acercó. - Vámonos ya, Mimi. Ni siquiera piensas lo que dices. Eres joven y tonta, haznos caso y vamos. - Él tomó su brazo y trató de llevarlo a la puerta pero ella no se movió. - Espera, ¿estás enamorada de él? - Preguntó con tono burlón. - Vamos amor, ese nunca podrá amarte ni tratarte como mereces.

- ¿Cuándo te volviste así? - Cada palabra que su padre pronunciaba hacia ella que se decepcionó más. Para ella su padre era su héroe. Un buen hombre, un hombre justo. Vaya que estaba equivocada. - ¿Por qué lo tratas así?

Pero el señor T. no llegó a responder porque en ese momento por la puerta venían entrando Susuke, Taichi y Takeru.

- ¿Qué hacen ustedes aquí? - Preguntó el señor ya bastante enojado.

- Yo hice que Mimi viniera a Londres, que hiciste todo para que se reúniera con el nuevo Yamato. No te enojes con ella, yo provoqué todo esto.

- Guau, que noble de tu parte, hijo. - Dijo el hombre con voz irónica. - Ahora, ¿podríamos irnos de una vez al auto y volver a casa?

Susuke y Yamato intercambiaron miradas, eran miradas cómplices. Como si se estuviesen hablando. Luego el rubio asintió con la cabeza levemente. Suke se acercó a su padre y le susurró algo al oído, luego fueron a otra habitación del departamento acompañados también de Satoe. Yamato se levantó y se acercó a Mimi.

- Bien, ahora me siento como un príncipe y es raro. Pero te lo propongo, ¿cuándo fue el vino el momento de tensión? - ¿quieres huir conmigo?

- Aw, que romántico todo esto. Son algo como Romeo y Julieta, ¿verdad Taichi? – Comentó Takeru de manera empalagosa. - Debería haber comprado palomitas de maíz. – Yagami le golpeó en la cabeza para que se callara de una vez. Susuke no podría distraer a sus padres demasiado tiempo, todo lo que ocurría ahora era contra reloj.

- ¿Huir a dónde?

- Okayama. Taichi tiene una casa de campo ahí.

- Eh… - Ella lo dudó. Confiaba en él y lo quería, pero huir era demasiado. A pesar de que sus padres fuesen vanos y algo "malos" ella lo quería. Huir nunca fue algo que se le pasó por la mente. Miró a sus amigos. Taichi y Takeru seguían en silencio pero con aquellas miradas le decían todo. – Este bien.

Yamato sonrió satisfecho. Tomó su mano, una chaqueta y se dirigió a la puerta. Taichi le entregó las llaves del auto de Susuke y les sonrió. Bajaron las escaleras para subir al auto y luego perderse entre la multitud.

- Estoy muy orgulloso de ellos. - Murmuró Taichi. - Se nota que se quieren.

- Lo sé. Espero que los señores Tachikawa no sigan arruinando su relación. - Takeru asintió.


El auto de Susuke era cómodo. Pero no muy espacioso aunque olía bastante bien.

- Emm ... Yamato, ¿no sabes cómo llegar a Okayama, cierto?

- No tengo ni puta idea. - Mimi miró un poco y miró por la ventana. - Gracias por intentar defenderme.

- Es lo que hacen los amigos.

- ¿Solo somos amigos o algo más?

Ella miró y mordió su labio inferior. Quería decirle que era algo más, pero se le hacía difícil. Ella lo quería, confiaba en él y estaba más que dispuesta a ser otra vez suya y solo suya ... pero luego recordaba que el trato que había hecho, bueno ... más que el trato, recordaba las noches que lloraba por él y por su partida. Había sufrido mucho el primer mes, depresión total. Pues él fue su primer amor y hasta ese momento el único. Y a pesar de ser ya adulta, tenía sentimientos y estaban destrozados. ¿Cómo querían que reaccionara?

- Solo amigos ... - Susurró finalmente, mirando por la ventana, viendo mientras pasaban por la ciudad y sus personas. Ella quiereba decir algo más pero prefería guardar silencio, porque sabía que tenía control total sobre ella, sabía que podía romper su corazón demasiado fácil.

A través del espejo de la ventana podía notar la cara de la decepción en Yamato, ella tenía inmensas ganas de lanzarse sobre él y besarlo hasta que ambos estuviesen exhaustos, decir que amaba y aunque hubiesen estado separados por el tiempo, nunca lo dejaron pasar.

- Voy a bajar a comprar un mapa. - Anunció Ishida antes de salir del auto. En su voz no se distingue dolor, aunque sinceramente no se distingye ninguna emoción. Mimi solo esperaba que entendiera, que si hacia lo que hacía, era porque no quería ser herida, por lo menos no por la misma persona.

Él tardo sus buenos minutos. Pues encontrar una tienda de mapas quizás no sea algo sencillo, porque ella nunca había visitado una tienda de mapas, no tenía idea si existía. Mientras esperaba que su chico volviera a sentir algo así como algo parecido a su estómago, un sonido como el gruñido y una sensación de vacío, sí, tenía hambre. No había alcanzado un almorzar por culpa de "Matt" y su cara, mientras dormía, y luego no pudo por sus padres.

- No encontré un mapa - Dijo apoyado en la ventana. - Pero hay un GPS, es bastante más caro, así que venía a preguntarte si tenías dinero. - A pesar de que miraba en su dirección no la estaba viendo, ella lo sabía. Debía seguir dolido.

- Usa mis tarjetas. - Le prestó una de color plata. - Hoy en la mañana si funcionaban. - Él la tomó, y otra vez, no cruzó miradas con ella. Esto ya se volvía frustrante. Ella quería pasar el tiempo con él como el de esa tarde, darse la mano, menoscabar, pero sin compromisos, sin enamorarse, aunque era demasiado tarde para ella. Sabía que en cuánto llegaran a la antigua casa Yagami ella caería en sus brazos otra vez, esto de los Días Diarios ya no estaba funcionando. Porque pensándolo bien ... él no estaba enamorado, no se estaba esforzando realmente.

Ok, haría un plan nuevo en el que Yamato tendría que esforzarse un poquito ...

- Mimi, eres una bipolar. - Se dijo a sí misma. Pues se contradecía sola, al parecer el hambre y la presión que se volvía emocionalmente inestable.

- Ya. - El chico volvió a entrar pero antes de comenzar le dio una mirada al espejo retrovisor y arregló, su ya arreglado, cabello. Eso era una de las cosas que le gustaban de él, su tierna pequeña vanidad. - Vamos a llegar en unas horas, así como supurar que tenías hambre, pequeña clon de Taichi y Takeru. - Ella recibió y recibió una bolsa que le entregaba. Comida grasosa y chatarra del McDonald's, una de sus favoritas.

- No soy clon de ninguno, ellos son clones míos.

- Sí, claro. - Él rodó los ojos y comenzó a conducir. Un poco de nerviosismo y miedo, ambos causados por los padres de Mimi, tenían el poder de encarcelarlo y alejarlo para siempre de ella. ¿Por qué de todas las chicas que existían debía enamorarse de ella?

"Porque es perfecta" Susurró en su interior. Y tenía razón. A pesar de no ser la chica más bella, la más deseada o la de la figura más envidiada era perfecta. Jodidamente perfecta. Los ojos sinceros, tenían una sonrisa hermosa y un apetito que todas las chicas tenían No era tan señorita pero no era como un chico, era una mezcla de pequeñas imperfecciones que la única, que la hacía aún más perfecta. Porque eso es ella. "Vaya que estas inspirado hoy Matt, el sexo te hace bien parece" Volvió a susurrar a su interior. Bufó.

- ¿Mimi? ¿Es normal hablar contigo mismo? Porque creo que estoy loco. - Cuando ella escuchó su voz se emocionó, pensó que no hablarían en todo el viaje. Incluso se estaba preparando mentalmente para las próximas, incomodas, horas.

- Mmm ... yo siempre lo hago, así que creo que es normal. Es bueno hablar contigo mismo de vez en cuando.

- ¿Y si tu yo interno habla sobre sexo? - Ella volvió a reír cuando se aventuró con unas pocas papas.

- Puede significar que mares un pervertido.

- Solo él hizo cosas malas con una persona.

- ¿Con quién me engañaste? - Bromeó simulando enojo.

Al parecer el viaje no fue aburrido, pero ella estaba casi segura de que podría haber una conversación duradera. El problema era una vez en la casa de Taichi. Solos. Dos adultos jóvenes con adolescentes y hormonas revolucionarias.


- ¿Midori?

- Kou.

- ¿Cuántos novios tiene tenido? - La chica frunció el ceño. Ni siquiera Susuke sabía ¿por qué él debía saber?

- No es un tema el cual quiera discutir Izumi.

- Apuesto a que eres como tu hermana, ella solo un novio recién a los dieciséis.

- Yo tengo diecisiete.

- No es tanta la diferencia. - Él la miró. Sabía que no salía con nadie porque la conocía de toda su vida, la vio llegar a la casa cuando apenas era un bebé, aunque no tenía muchos recuerdos de ello. - Apuesto a que nunca ha besado a nadie. - Ella se sonrojó. Estaba atrapada, tenía que decirle la verdad, aunque era más que obvia. Se acercó a ella lentamente, ella no retrocedió. Sí, la besó. Después de todo Susuke no estaba allí para decirle: "no te acerques a mi hermanita".

El beso era lento y no era la gran cosa, no era ni mucho menos ni mucho menos que esos babosos con lengua. Era solo el simple roce de labios, aunque para Midori era como estar en el paraíso. Los labios de Koushiro eran muy, bastante, demasiados, suaves.


Bajaron del auto. Por fin has llegado. Era una casa encantadora, color crema y con algunos toques en madera. Yamato sacó las llaves de su bolsillo y abrió la puerta. Muchas ganas de entrar y lanzarse a una cama lo más rápido posible, lo que odiaba de conducir en los viajes era el hecho de no poder pararse y se la entumeciera el trasero y las piernas.

- ¿Qué es esto? - Preguntó Mimi con una clara cara de asco.