7º- UN COMIENZO EXTRAÑO.

Bajaron del tren y una brisa fría se les topó en el cara. Muy lejos en su cabeza podía oír el ruido de las voces de los estudiantes que reían y hablaban sin preocupaciones mayores. Como desearía estar así una vez más.

Harry caminaba a su lado como si supiese que no era prudente hablar. Ron lo entendía. Por fin lo hacía. Desde muy pequeño su amigo había cargado sobre sus hombros una carga muy pesada para él. Y ahora, él, Ron, era quien tenía una carga sobre sus hombros, una carga que llevaría para siempre.

-Hola, Ron, Harry-saludó una voz soñadora detrás de ellos.

Luna Lovegood estaba allí con sus habituales corchos de cerveza de manteca como collar y sus aros de rabanito.

-Hola, Luna-saludó Harry, entusiasmado por tener alguien con quien hablar-. ¿Cómo has estado?

-Bien, creo-contestó Luna-. En fin... los veo luego, chicos...

-Adiós, Luna-dijo Harry, decepcionado.

Siguieron caminando en dirección hacia los carruajes tirados, desde el punto de vista de Ron, caballos invisibles. Se subieron a uno en cual estaban Ginny y Hermione.

-Hola-saludó tímidamente Ron.

-Hola-devolvió el saludo Hermione.

-Pueden volver a hablarse, ¿no?-dijo Ginny, exasperada-. Miren, lo hecho, hecho está y tendrán un hijo ahora... No pueden estar así...

-Ginny tiene razón, chicos-afirmó Harry-. Tienen que aceptar las cosas para poder afrontarlas.

Ron y Hermione miraron a sus amigos y luego se miraron entre sí. Sin poder esperar más se fundieron en un abrazo desesperado.

-Perdóname-pidió Hermione en su oído.

-No, perdóname tú a mí-repuso Ron.

-¿Por qué no dicen que se perdonan mutuamente y ya está?-propuso Harry.

Sus amigos no contestaron, pero sonrieron para sus adentros. Tenían unos amigos de oro. Se desprendieron del abrazo y se besaron.

En ése momento se dieron cuenta de lo mucho que sus bocas se deseaban. Sus lenguas se encontraron con pasión y deseo, mientras pequeñas descargas recorrían sus cuerpos.

-Ehem...-tosió falsamente Harry-Este no es un espectáculo para menores-Harry le tapó los ojos a Ginny, mientras reían con alegría.

El coche paró y se bajaron del carruaje, mucho más contentos que cuando habían entrado en él. Por lo que pudieron apreciar, ningún Slytherin estaba en Hogwarts; sólo estaban los de Ravenclaw, Hufflepuff y Gryffindor. …se año no sería cualquiera. La profesora McGonagall recibía como de costumbre a los estudiantes con su mirada severa. Al llegar a la altura de la profesora, esta dijo:

-Te felicito, Hermione.

Hermione la miró con confusión hasta que entendió de que hablaba la mujer.

-Gracias, profesora-dijo ella, sacando un prendedor plateado de su túnica y abrochándoselo arriba del de prefecta. El prendedor tenía las iniciales P. A con una caligrafía especial. Mientras se la ponía continuaron caminando hacia las puertas del Gran Salón. Parecía increíble que dos meses atrás un lucha encarnizada se había desatado allí.

-¿Eres Premio Anual?-preguntó Ron al mismo tiempo sorprendido y asqueado.

-Sí-contestó Hermione con un alto grado de altivez haciéndole frente a Ron-. ¿Algún problema?

-No... pero no creas que ahora tendrás más poder sobre mí por ser Premio Anual... yo sigo siendo prefecto...

-No empiecen de nuevo, por favor-rogó Harry, exasperado.

-Tú no lo entiendes, Harry-le dijo Ginny-. Ellos necesitan pelear para vivir.

Tanto Ginny como Harry se descostillaron de risa, pero Ron y Hermione no lo hicieron. Avanzaron un poco más y llegaron al Gran Salón. A pesar del paso de los años, el lugar no había cambiado en absoluto. Ron recordó la primera vez que había entrado allí junto con Harry y Hermione... Sonrió con nostalgia ante ése recuerdo... Sólo habían pasado siete años... Con que rapidez pasa el tiempo... Había pasado de ser un niño con la nariz manchada de negro con túnicas viejas a ser un adolescente que cargaba con una novia embarazada a cuestas. Se desprendió de sus recuerdos cuando se sentó en su lugar de la mesa de Gryffindor junto a Hermione, a la cual la llevaba de la mano, y alguien gritó a sus espaldas:

-¡Won-Won!-La voz chillona de Lavander resonó por el Gran Salón lleno. No había cambiado en nada... bueno, sólo que de la mano traía a Seamus, como si fuera la dueña de un perro que le exige que muestre lo que sabe hacer y su cara irradiaba de felicidad-. ¿Cómo ha estado tu verano?-sin esperar a que Ron respondiera, agregó:-. El mío de lujo... después de que me emborraché en la fiesta de Harry...-comentó con alegría-... he estado de novia con Se-Se y... ¡ahora estoy embarazada!-gritó felizmente.

A su espalda, Seamus parecía a punto de querer asesinar a su novia. Ron no podía creer como alguien podía alegrar el hecho que tanto para él como para Hermione era una carga sobre sus hombros. Sin embargo, ninguno de los dos dijeron nada al respecto y felicitaron a Lavender (ya que al parecer era los que deseaba la chica) y Seamus (quien realmente no sabía que hacer al respecto).

Unos minutos más tarde, cuando Lavender y Seamus se fueron para hablar con Parvati y Dean respectivamente, los profesores aparecieron y se fueron ubicando en sus lugares. Fue un alivio no ver a Snape ése año; en su lugar estaba sentado Horace Slughorn, retorciéndose el bigote. Flitwick estaba a su lado hablando con su voz chillona. Luego había un asiento vacío en el que, obviamente, se sentaría McGonagall. Al asiento vacía le seguía la silla especial de Dumbledore, quien miraba a todos con una expresión de absoluta paz; él era así. Al lado de Dumbledore estaba Hagrid, quien hablaba animadamente con la profesora Sprout que estaba a su lado. A la derecha de la profesora Sprout, no obstante, estaba la profesora Trelawney. A Ron le pareció que era un poco extraño que ella estuviera allí, pero no le dio importancia. Observó quien estaba al lado de Trelawney para ver al nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras y se quedó boquiabierto.

Lupin y Tonks estaban allí. Sentados uno al lado del otro, tomados de la mano, sonriéndose y diciéndose cosas al oído. Lupin no llevaba el aspecto demacrado con el que Ron lo había conocido, sino que parecía mucho más joven. Sus cabellos habían recobrado mucho de su color castaño claro y sus ojos ahora tenían un peculiar brillo. Su túnica no estaba raída; en cambio, usaba una de color marrón muy elegante. Tonks, por su parte, llevaba el pelo color rosa chicle y una túnica haciendo juego.

Sin que Ron lo note, la puerta del Gran Salón se abrió dejando ver a los nuevos; los cuales eran alrededor de unos quince. Eran tan pequeños... Observó nuevamente el Gran Salón con nostalgia, recordando que ése era su último año en Hogwarts. Tal vez esa fuera la última vez que vería una selección. Este año no lo concentró en que acabase para poder comer sino que miró a los de primero con atención. Y pensar que ahora él iba a tener uno... Cuando el grupo pasó a su lado, vio una niña de cabello negro un poco alborotado discutiendo con otro niño alto sobre cómo las velas volaban en Hogwarts. Esos niños le recordaron terriblemente a él y Hermione a su edad y sonrió.

-¿Por qué sonríes, cariño?-preguntó Hermione, acercándosele, poniendo su cabeza en su hombro y mirando hacia donde lo hacia su novio.

-¿Viste a esos niños discutiendo?-Hermione asintió-. Me recuerdan a ti y a mí cuando éramos niños...

-A mí también-afirmó Hermione. Le dio un corto beso antes de fijarse en el raído y sucio Sombrero Seleccionador que era colocado en el taburete. Una de sus cortaduras se abrió, provocando el silencio del Gran Salón y, para sorpresa de los de primero, empezó a cantar:

Los fundadores de Hogwarts fueron cuatro:
La sabia Rowena Ravenclaw,
El ambicioso Salazar Slytherin,
La justa Helga Hufflepuff
Y el valiente Godric Gryffindor.

Todos convivían en gran armonía,
Esos tiempos, no existen en estos días,
Sólo queda la esperanza de recobrarlos alguna vez...

No pienses que estoy loco...
Los que vengan al mundo
Podrán disfrutar de un nuevo día de sol
Gracias a los que se esforzaron por lograrlo.

Yo los dividiré,
Pero eso no impide
La unión y la Amistad...

Todos aplaudieron al Sombrero Seleccionador. Mientras aplaudían con fuerza, Ron y Hermione se miraron. ¿Qué quería decir el Sombrero en la tercera estrofa de su canción?. Sin embargo, no comentaron nada al respecto porque en ése momento McGonagall, dijo:

-Cuando diga su nombre, se acercarán, les pondré el Sombrero Seleccionador y sabrán cual es su casa.

Los de primero se miraron entre sí asustados.

-¡Atan, Robert!-el niño que discutía con la niña de cabello negro se adelantó y se puso el Sombrero Seleccionador, que le cubría los ojos.

-¡GRYFFINDOR!-gritó el sombrero.

Ron y Hermione aplaudieron fuerte mientras Robert Atan se dirigía nervioso a la mesa de los leones. La ceremonia de selección duró alrededor de unos veinte minutos; la última fue Hally Walters, la niña de pelo negro, que fue seleccionada para Gryffindor para desgracia del otro niño. Nadie quedó en Slytherin, sin embargo, en Hufflepuff quedaron cinco así como en Ravenclaw; en cuanto a Gryffindor, se adjudicó seis integrantes nuevos. Dumbledore se paró como de costumbre.

-¡Bienvenidos nuevamente a Hogwarts!-exclamó con total alegría-. Tengo un montón de cosas que informarles, pero más de eso luego... Ahora sólo tengo una: ¡Comida!

Inmediatamente, la comida apareció en los platos de oro. Los elfos si se habían esmerado, pensó Ron; unos grandes pollos asados con papas al horno era lo que tenía enfrente.

-Mmm, ¡Qué rico!-dijo Hermione. Y como si no hubiera comido nunca, tomó una pata de pollo con la mano izquierda y otra con la derecha-. Esto ta weno, Ron...-agregó mostrándole el pedazo que ella mordía.

-No, gracias-repuso Ron asqueado. No podía creer que esa fuera la misma chica que le decía que no comiera tanto. Miró a Harry y Ginny que miraban con ojos desorbitados a Hermione. Miró a su izquierda y vio como Seamus miraba de la misma manera a Lavender. Observó a la mesa de profesores; Tonks devoraba la comida como si fuese la última cena y Lupin comía sin hacerle caso, mientras la mirada de los profesores era la misma que Ron y Seamus le dirigían a sus novias.

-Como quieras-aceptó Hermione y siguió comiendo. En cuanto a Ron, no comió en toda la noche.

Al terminar la cena, los postres hicieron su aparición: montañas de chocolate, tortas gigantes y mucho helado. Ron tampoco probó bocado porque se asqueó sólo de ver como comían Hermione, Tonks y Lavander. Pero Ron no fue el único que no comió, Harry, Ginny, Dean, Parvati y McGonagall no probaron postre.

-Ahora que ya comimos-dijo Dumbledore cuando los restos del postre desaparecieron-unos más que otros-agregó-... es ahora de los anuncios... En primer lugar, quiero que le den la bienvenida a los nuevos profesores de Defensa Contra las Artes Oscuras: La profesora Nymphadora Tonks y el profesor Remus Lupin. La profesora Tonks dará clases a los de quinto en adelante y el profesor Lupin a los de primero a cuarto. Sin embargo, debido al...-miró nerviosamente a Tonks y Lupin, quienes se miraron y sonrieron a Dumbledore- embarazo de la profesora Tonks y los ciclos lunares del profesor Lupin se alternaran las clases, en dichas ocasiones.

"El segundo punto de esta noche es la seguridad en la que el castillo se manejará de ahora en más. Los aurores, como el año pasado, estarán rodeando en el colegio. Por favor, trátenlos con respeto y amabilidad.

"Y el tercero y último es la pregunta que todos se habrán formulado al llegar: ¿Dónde están los alumnos de Slytherin y el profesor Snape?. En cuanto a los alumnos, al parecer sus padres consideraron que era mejor sacarlos de colegio- Dumbledore tomó una pausa. Suspiró; Ron lo vio más viejo que nunca-. El profesor Snape aún está exiliado...-sin que escuche el director, murmullos de alegría se extendieron en el Gran Salón.

"Bueno, ahora querrán ir a sus camas para mañana empezar un nuevo primer día de clases. ¡A dormir! ¡Buenas noches!"

Poco a poco, los estudiantes se pararon y se arremolinaron para salir del Gran Salón. Todos, excepto Ron y Hermione.

-Nos vemos en la Sala Común-se despidió Harry de sus amigos.

Ron y Hermione se acercaron a la mesa de profesores mientras los prefectos de quinto se llevaban a los de primero.

-Disculpe, señor-dijo Hermione dirigiéndose a Dumbledore. El hombre levantó la mirada y sonrió tranquilizadoramente-. Necesitamos hablar con usted.

-Claro, señorita Granger-accedió Dumbledore con amabilidad-. Vamos a mi despacho.

Dumbledore se paró con dificultad y luego los condujo hacia su despacho. En tanto el pequeño viaje duró, ni Ron ni Hermione hablaron; el único ruido que había era el de la canción que distraídamente tarareaba Dumbledore. Al llegar a la gárgola de piedra, el director dijo:

-Caramelos mordelones.

La gárgola se abrió para dejar a paso a una escalera de caracol. Los tres pasaron por ella y llegaron al despacho del director. Ni Ron ni Hermione habían estado allí jamás, pero coincidieron en que lo que Harry les había contado era realmente muy poco. Había extraños objetos metálicos que emitían ruiditos extraños; en el fondo se ubicaba una pequeña biblioteca, que en lo alto de ella descansaba el Sombrero Seleccionador; en un costado de la habitación estaba la espada de Godric Gryffindor. En el centro de la habitación había un enorme escritorio y junto a él una percha donde reposaba un majestuoso fénix de plumas rojas y doradas.

-Siéntense-les dijo amablemente Dumbledore. Los chicos tomaron lugar en las dos sillas que había frente al escritorio antes de que el director hiciese lo mismo y juntara los dedos, en una posición totalmente tranquila-. Ahora, díganme, ¿qué es lo que pasa?

-Mire, señor-tomó la palabra Ron-, Hermione está...

-Estoy embarazada, señor-finalizó Hermione e instintivamente se puso una mano en el vientre.

-¿Quién es el padre?-preguntó Dumbledore impasible.

-Yo, señor-contestó Ron.

-¿Ya lo saben sus padres?-inquirió el director con la misma actitud.

-Los de Hermione, sí... Los míos, no aún, pero ya se lo esperaban-respondió Ron.

Dumbledore no dijo nada por cinco minutos. Se quedó mirando los rostros preocupados de sus alumnos.

-Felicitaciones-dijo Dumbledore estrechando las manos de unos confundidos Ron y Hermione.

-¿No nos castigará?-preguntó Hermione anonadada.

-No tengo que castigarlos por tener un hijo-aclaró Dumbledore-. Tal vez después no puedan disfrutarlo...

Sin más miramientos, Dumbledore los despidió y ellos se marcharon a la Sala Común solos. Al llegar al retrato de la Dama Gorda, ésta les reprochó.

-¡Qué hacen tan tarde!-exclamó, escandalizada-. ¡Díganme la contraseña!-agregó de mal talante.

-Eh...-dijo Ron.

-Unión-Una voz provenía detrás de ellos. Era Harry-. ¿Cómo les fue?-preguntó mientras la Dama Gorda los dejaba pasar. La Sala Común estaba desierta.

-No nos fue cómo esperábamos...-contó Ron; luego entre él y Hermione le explicaron lo que Dumbledore había dicho.

-Ahora tenemos que esperar-concluyó Hermione.

-Mmm...-dijo Harry-. Bueno, nos vemos mañana...

-Buenas noches-repusieron Ron y Hermione.

Harry subió las escaleras y el silencio indundó la sala.

-Mañana debemos ir a San Mungo-le informó Hermione-. Tengo turno con el doctor.

-Está bien-aceptó Ron-. Hasta mañana-dijo y se acercó a Hermione para darle un beso, pero ésta corrió la cara y le susurró al oído:

-¿Podría dormir esta noche contigo?...-luego, al ver la cara de sorprendido de Ron, agregó:-. Sólo dormir, no me mal interpretes...

-No hay problema-repuso Ron. La agarró de la mano y juntos subieron al dormitorio de los chicos. Por fin ése día acababa, pensó Ron. Sin embargo, él no tenía en cuenta lo que venía a continuación...