Capítulo 6: "Tu corazón es mío"

Kagome ya había perdido la cuenta de los días que llevaba en el viaje. Parecía que hubiese pasado una eternidad y eso no sabía si la complacía o no. Extrañaba ya su escuela y a la vez no quería volver. De algún modo, siempre había sabido que era diferente, pero hasta no llegar al Sengoku no había descubierto qué tanto.

Ya se iba acostumbrando al mal humor de Inuyasha. Sabía que esa actitud la había adquirido como un escudo de protección y, en algún momento, sintió curiosidad de saber la razón, pero prefirió no preguntar. Si ella lo interrogaba, él haría lo mismo y ella no quería hablar del pasado. Al final se conformó diciéndose que cada quien busca un modo que le acomodase para protegerse a sí mismo.

Inuyasha por su parte se sentía confundido y hasta cierto punto herido. Después de declarar sus intenciones a viva voz frente a ella, Kagome parecía que lo había olvidado y lo trataba igual que siempre. Sentía que ella no se había tomado en serio sus palabras y aunque en algún momento ella se había sonrojado, ahora parecía como si él jamás le hubiera dicho nada. Estaba confundido. Ella parecía tan alegre y llena de vida. Con tanto valor. Pero había ocasiones que, mientras pasaban por una aldea, Kagome se quedaba mirando a los padres con sus hijos en los que su vista se nublaba. Él no entendía lo que sucedía y no se atrevía a preguntar tampoco. Habían pasado tantos años en los cuales él había tenido conversación con otra persona que no sabía cómo abordar el tema. Cada vez que le quería preguntar algo personal no le salían las palabras y se sentía un inútil por no saber cómo expresarse o más bien expresar algo importante que no fuera rabia.

El lado bueno de todo es que Kagome era una compañera agradable de viaje. Nunca se sentía aburrido con ella. Ella le contaba de las cosas que hacía en su mundo y de su enemiga mortal junto con lo que hacía para siempre salir vencedora. Era tan expresiva y muy sincera. Llegó a odiar a la chica a la que ella odiaba y se río de sus anécdotas en lo que ella llamaba escuela. Se sentía tranquilo y en paz con Kagome. Completo en una parte que nunca supo que estaba vacía y feliz. Además de que ella lo acorralaba cuando menos se lo esperaba, dejándolo deseoso y caliente por largos ratos sin que pudiera conseguir alivio. A veces la odiaba por jugar con él y otras veces se sentía tan diferente…

Se habían enfrentado a su medio hermano en ese tiempo. Una batalla que se había sentido feliz de ganar. No solo por haber vencido a su detestable hermano mayor, sino porque había descubierto que su padre le había dejado en herencia un arma poderosa. Lo único que no le había gustado era que Sesshomaru usara el recuerdo de su madre para dañarlo y debilitarlo, además que no le había gustado que Kagome estuviera en peligro. Pero como siempre ella se mostraba más valiente en las situaciones donde una persona normal estaría muerta de miedo. Fue ese coraje y la absoluta confianza que ella había depositado en él lo que lo habían motivado a salir triunfador, luego de dejar claro que él iba a protegerla, como pago de su ayuda y su confianza.

El saber que tenía un arma que usar de ahora en adelante y que además no era cualquier basura lo tenía contento. Aunque todavía no sabía cómo usarla y Kagome se había negado a decirle cuando ella descubrió como hacer que colmillo de acero funcionara. No podía olvidarlo. Su cara se había estampado en el puente de madera que había para cruzar un río y además se había hundido en el agua. Kagome daba miedo cuando se enojaba y más cuando tenía aquel collar de cuentas maldito. Así que procuró tener más cuidado al hablar, aunque solo quedó en intención, porque siempre terminaba besando el suelo cuando ella se enojaba con él.

Un día cuando ella le contaba algo del hombre y la luna, sintió la presencia sobrenatural de un youkai y apareció una especie de globo rosa que los engañó y les robó los fragmentos de la perla que tanto les había costado conseguir. Sin embargo, había resultado ser que la bola rosa era en realidad un youkai zorro que estaba buscando venganza por el asesinato de su padre en manos de unos youkai llamados "los hermanos relámpago".

La aparición de Shippo había supuesto un problema para Inuyasha, pero Kagome parecía feliz con el niño y eso lo había puesto de peor humor. Kagome abrazaba y cargaba al chico con un cariño tan patente y eso que no lo conocía. Descubrió el corazón generoso de ella y una bondad que hace mucho tiempo no había visto. Se había sentido celoso de Shippo de inmediato.

Cuando fue secuestrada por uno de los hermanos relámpago, el calvo y más desagradable, se había sentido furioso y aunque le hizo parecer al zorro que era una obligación ir por ella, la verdad era que estaba preocupado a muerte.

Cuando la encontró no pudo evitar sentir gran alivio, pero todo cambió cuando el más agraciado de los hermanos le exigió que le entregara los fragmentos que tenía a cambio de la mujer que amaba. No pudo evitar mirar al tipo como si estuviera loco y miró a Kagome notando que ella había mentido, quizás para ganar tiempo. El sentirse usado era algo nuevo y aunque escucharle decir a otro que la amaba era realmente impactante, no pudo evitar el cosquilleo que le recorrió el cuerpo ante esa idea, pero se sintió tan vulnerable que solo respondió, con rabia, que la usaba por los fragmentos que ella podía encontrar.

Había mentido, claro, o bueno en parte, pero no soportaba que otros le dijeran lo que pensaba o sentía cuando ni él lo tenía claro.

Había luchado con fuerza contra ambos hermanos e incluso casi rompe la funda de su espada. Los había logrado derrotar gracias a que se estaba haciendo fuerte. Sin embargo, cuando pensó que Kagome había muerto y que su alma se estaba despidiendo de él no pudo evitar que el miedo lo embargara y que tomara su muñeca evitando que se fuera, pidiéndole que no se fuera. Se había sorprendido a sí mismo y la había sorprendido a ella. Cuando supo que era el alma del padre de Shippo se sintió estúpido y avergonzado y soltó su agarre sobre ella de golpe. Nunca se había sentido así de avergonzado y estúpido en su vida, nunca se había sentido tan expuesto y vulnerable, además fue como chocar contra la verdad. Tenía sentimientos por ella y esa verdad era dolorosa.

—oh vamos quita esa cara de culo que traes —volteó a ver a Kagome con el ceño fruncido por su elección de palabras para insultarlo.

—no me digas así, no tengo cara de culo —le dijo dándole su peor mirada.

POV Inuyasha

—pues yo concuerdo con Kagome, traes una cara que espanta —miré al enano de Shippo con furia, mostrándole mis colmillos. Saltó sobre Kagome, buscando su protección y yo solté un "keh" sabiendo que el mocoso había ganado esa. Kagome se había puesto inmediatamente de su parte después de conocerlo y no quería volver a besar el suelo por su culpa.

—no es normal que pienses tanto… —Kagome se acercó a mí y me miró fijamente a los ojos, como si intentara leerme— estabas pensando en la batalla contra los hermanos relámpago, ¿verdad? —la miré sorprendido de que lo hubiera sabido. Se acercó más a mí, logrando que me sonrojara por su cercanía. Podía sentir sus pechos aplastados contra mí y no era capaz de prestar atención a nada más que esa sensación y su mirada fija en mis ojos, incluso el hecho de que Shippo ahora estaba sobre mi hombro era ignorado por mí— creo que pensabas en como sujetaste mi mano con fuerza…

—¡no sujete tu mano! ¡fue tu muñeca! ¡y además… —la risa de Kagome me dejó estático en mi lugar.

—así que realmente estabas pensando en eso… —me sentí estúpido por haber caído otra vez en sus juegos— eres tan fácil de leer… —gruñí molesto por su burla—. Eso quiere decir que estabas pensando en si te gusto —la miré con sorpresa y con la boca abierta.

—no es así —le dije inmediatamente después de que cerré la boca. Shippo se rio de mí y giré la cabeza para gruñirle. Enseguida volvió a Kagome y ella lo abrazó contra su pecho sin dejar de mirarme con una sonrisa.

—oh claro que sí. Te gusto. Te gusto. Está escrito en tu cara —me dijo con una sonrisa burlona, paseándose alrededor de mí.

—no me gustas, maldita sea. Eres insoportable —declaré intentando que se callara. Kagome soltó un "si tú lo dices" sin dejar de perder la sonrisa. Me sentía en evidencia y como un completo tonto— ese tipo de sentimientos solo trae dolor a tu vida…—solté sin pensar. Kagome me miró enseguida a los ojos, de forma seria. Incluso Shippo paró de reír para mirarme. Me sentí aún más tonto por hablar sin pensar de cosas del pasado que por un momento había olvidado.

—¿te refieres a esa mujer? La hermana mayor de la anciana Kaede, quiero decir —miré hacia otro lado, intentando no pensar en eso. La compañía de Kagome me hacia olvidar que estuve 50 años clavado a un árbol por culpa de… ella— ¿cómo es que se llamaba?

—no importa —le dije cerrando el tema con mi tono de voz. Recordar el pasado siempre me traía una sensación de dolor. Kagome me miró con algo parecido a la lastima y yo le gruñí— no me veas así. Lo que pasó no es de la incumbencia de nadie y no necesito la lastima. No la quiero y no quiero volver a hablar de eso.

—¿Shippo? —llamó ella mirando al zorro— déjanos solos un momento… —el zorro asintió y se fue de ahí, sin evitar mirar hacia atrás en mi dirección.

—no sé para qué le pediste que se fuera… el que no esté no quiere decir que a ti te vaya a decir algo acerca de… —pero las palabras murieron en mi boca cuando me tomo de las manos y las llevó a sus pechos. Me sonrojé con fuerza e intenté quitar las manos de ahí pero Kagome no lo permitió, echándoseme encima, logrando que aterrizara sobre mi trasero. Ella se subió a horcajadas sobre mí y llevó mis manos por debajo de su ropa para que sintiera su piel. Enseguida el dolor que había sentido se había ido. Cuando ella estaba conmigo, cuando estaba cerca de mí parecía que todo mi dolor se iba. Ella me abrazó por el cuello, dejando mis manos atrapadas contra sus pechos y habló contra una de mis orejas.

—si no quieres hablar del pasado está bien. Cuando necesites hablar voy a seguir aquí y cuando sientas dolor solo ven a mí —cerré los ojos al escucharla. Sus palabras habían sido todo lo que una vez había querido oír en mi vida y que vinieran de ella solo lo hacía más especial. Otra vez esa sensación de estar completo me rodeo junto con la sensación de que estar con ella era lo correcto. Mis colmillos crecieron y por un segundo me asusté. Solo me pasaba eso cuando Kagome estaba muy cerca de mí. Tenía tantas ganas de morderla—. Sé que tener sentimientos por otra persona solo trae dolor… —confesó y sentí celos y una rabia inexplicable.

La única manera en la que ella podía saber eso y se compadeciera de mí es que ella sintiera algo por alguien.

Alguien que no era yo.

La sola idea me mató y sentí celos.

—tu corazón es mío —murmuré en un gruñido contra su pecho, furioso de que alguien tuviera lo que me pertenecía. Kagome siguió murmurando palabras consoladoras, lo que me advirtió que no me había escuchado. Apreté sus pechos con mis manos y ella gimió. Gruñí pensando en el bastardo que tenía su corazón y la apreté contra mí, buscando que estuviera lo más cerca posible. Nunca me había sentido así por nadie. Ni siquiera con… ella. La inseguridad de saber que a Kagome no lo importaba más que como un compañero de viajes o peor aún, como un juego me estaba matando. Kagome se meció contra mí y su olor me envolvió, junto con las ganas de morderla. No podía quitar de mi cabeza que ella sufría por alguien, era la única razón por la cual ella me podía compadecer. Su tono de voz me había hablado de un gran sentimiento, uno que yo jamás había experimentado antes… hasta ahora— tu corazón es mío… mío...