Capítulo 7: Conectados.

…Un extraño sueño se apoderó de la mente de Damon. Pero más que de su mente, de todos sus sentidos.

Lilith, delgada y magnífica, los cabellos negros apenas sujetos, cayéndole por la espalda; los senos firmes cubiertos por la delgada tela casi transparente de su vestido, que dejaba a la vista la cadena de oro en su cintura, con las pequeñas gotas de lapizlázuli colgando de los eslabones y más abajo…sus piernas ligeramente abiertas, parada en una pose altanera y poderosa, con su vagina sin cubrir, como retando a la noche, a ver si alguna criatura osaba penetrar o tan sólo tocar a esa voraz reina.

Ambos están parados al borde de un acantilado y Lilith, ardiente, lo coge de la mano y le sonríe. Y Damon, el ser más peligroso y oscuro, acepta el desafío y la mira con sus ojos azules llenos de lujuria, sonriéndole de medio lado –"serás mía"-le envía usando su poder. La mirada de Lilith se quiebra en un escalofrío y le dedica una servil reverencia. Damon levanta su barbilla y se agacha hacia sus labios.

Y mientras la besa, salta con ella al abismo. Lilith, vampira como él, no teme, rompe con sus uñas la espalda de su camisa. Damon cae suave y silencioso, como un felino, sobre arena, con Lilith en sus brazos y pegada a su boca. Sin delicadeza la tumba en la arena y de un zarpazo deja su vestido hecho jirones. Abre su bragueta y, violento, la penetra de una certera estocada y la observa complacido retorcerse entre sus brazos.

-No por favor, mi señor- dice afligida.

Pero Damon sigue moviéndose frenético dentro de ella, estrecha y resbaladiza y entonces ella sonríe mostrando sus colmillos y sus ojos oscuros relampaguean.

Lo siguiente es un torbellino de pasión. Damon la ve, y la siente, en mil posiciones diferentes, y lleno de placer la penetra sin parar, cada vez más rápido, hasta que sin darse cuenta está moviéndose a velocidad vampírica.

De pronto ella está sobre él. Está excitado hasta el punto en que su pene le duele, junto con sus encías, donde sus colmillos brotan, sensibles y ansiosos. Abre los ojos y ve sus pechos cerca de su cara y, hambriento, le muerde un pezón, del que empieza a brotar sangre. Lilith, no lo detiene, ríe y lo toma por la nuca, ofreciéndole su sangre. Damon la toma de la espalda para acercarla y empieza a succionar la sangre directo de su pezón herido; entonces las paredes de Lilith aprietan rítmicamente su pene y Damon se derrama dentro de ella.

Lejos, en su cuarto, la verdadera Lilith se detiene. Ha estado acariciándose con la mente llena de fantasías donde se pierde en unos ojos azules. Pero mientras acariciaba su clítoris, a punto de llegar al clímax, un olor ha llegado hasta ella y se interrumpe.

Es el aroma de Él. No podría olvidarlo ni confundirlo, porque le encantó desde la primera vez que lo percibió. Es el olor de Damon, pero distinto de cómo emana de su cuerpo normalmente. Es más concentrado, más…picante…es su semen, está segura.

Lilith, alterada, se sienta en la cama y se concentra, huele el aire, rastreando el olor de Damon, intentando percibir si está mezclado con otra esencia. Se tranquiliza al comprobar que no. Si Damon ha eyaculado, de lo cual está segura, lo ha hecho solo. La ola de celos que acaba de experimentar la perturba, pero rápidamente vienen a su mente imágenes de Damon tocándose y su entrepierna vibra ligeramente. Lo imagina con cara de placer, imagina sus ojos azules dilatados en la mitad de un orgasmo y entonces se tumba y prosigue con su tarea, aspirando desde el aire de la noche el aroma de su precioso vampiro, imaginando que proviene directamente de él, que está en su cama, que son sus manos las que la tocan deliciosamente, que si abre los ojos verá sobre ella el azul zafiro…

-aahhh, Damon-suspira cuando alcanza el orgasmo

Damon despierta agitado y sudoroso. Ha mojado sus sábanas como un adolescente. Apenas empieza a enfurecerse consigo mismo cuando repara en que hay algo distinto en el aire. Un aroma a mujer, a deseo. Damon, que le ha dado placer a tantas mujeres antes de convertirlas en su cena, conoce bien el olor de su excitación, de los fluidos que todas, doncellas pudorosas, chicas de escuela, mujeres audaces o rameras atrevidas, no pueden contener cuando están junto a él.

Este aroma él lo conoce, cierra los ojos y envía oleadas de poder, rastreando, y es entonces que una voz llega a sus oídos, a un volumen imperceptible para un humano:

-aahhh, Damon-

Es Lilith. Una llamarada se enciende en el pecho de Damon cuando comprende lo que ocurre. Como depredador que es, sus sentidos se alertan al máximo, listos para la caza y toman el control por completo. Esa hembra es suya. Damon se pone un jeans y una camisa cualquiera, y salta a la noche guiado por sus instintos más primitivos, presto a responder el llamado más antiguo del universo.

Apenas se han detenido las deliciosas contracciones, y Lilith percibe el poder de Damon rodeándola. Él lo sabe, igual como ella antes lo supo. Ha llegado el momento.

Conciente de que está acercándose, sus pezones se endurecen, su clítoris se hincha nuevamente y sus colmillos brotan, preparándola para recibir al que por naturaleza ha de poseerla.

Lilith se levanta a acicalarse para Damon, para su precioso Damon.

Esta noche ella le mostrará que no debe perder el tiempo con humanas prendadas de vampiros pusilánimes.

Esta noche sus poderes mezclados, sus placeres mezclados harán que el bosque entero y toda la ciudad entren en estado de celo.