Capítulo 7
Aunque la colección que sacaron fue todo un éxito, no era suficiente para llenar los vacíos y todos los problemas que se habían creado en el transcurso de los meses. Por más que Darien no quería, Andrew le insistió mucho para que sedujera a Serena y de esa forma asegurara la empresa. Querían asegurarse de alguna manera, que ella les devolviera la empresa cuando ya estuviera libre de deudas y ni los bancos ni los acreedores pudieran quitársela.
Una noche en donde llevarían a cabo aquel malvado plan…
— Bueno pero, ¿Por qué no salimos a comer algo?
— Sí, la verdad estoy algo cansado y me gustaría salir.
—Bueno, entonces nos vemos mañana doctor. —Dijo Serena tranquilamente levantándose de la mesa en donde estaban trabajando— Que descanse doctor, don Andrew.
— No pero, ¿Por qué no viene con nosotros Sere? Vea que usted también está cansada y me imagino que debe estar como nosotros, que se parte del hambre.
— No doctor, muchas gracias. Estoy algo retirada de mi casa y además…
— No se preocupe por eso Sere, —dijo Darien levantándose y tomando su saco—yo la llevo a su casa.
Así fue, llegaron a un lugar cerca a la empresa y Darien que estaba aterrado y asustado por lo que tendría que hacer esa noche, pidió una botella de whisky. Bebiendo aceleradamente escuchó cuando…
— ¡Ah! Me tengo que ir hermano, que pena. Tengo ese asunto pendiente, nos vemos ya mañana.
— Listo, listo Furuhata, nos vemos entonces.
Serena estaba tranquilamente acompañándolo mientras él no hacia otra cosa que beber; pues ella no sabía nada de lo que pasaría esa noche…. Lo que si le preocupaba a la pobre e ingenua de Serena, era ver a su jefe tan tomado.
Sonó el celular de Darien y él lo contestó diciendo…
— Alo, hola mi amor… Sí, sí estoy bebiendo. Porque sí. ¿Es que no puedo o qué? Ya vas a empezar con tu persecución Rei. Estoy con Sere y con Furuhata, que es la verdad. No pues…Me traje a Sere de levante. Ay no Rei, mañana hablamos. Chao, chao.
— Ay don Darien, no tome más y mejor váyase para su apartamento, descanse doctor.
— ¿Sabe algo Sere? Estoy cansado de Rei, de sus celos y su perseguidera todo el tiempo. Esta relación cada vez es más difícil de llevar.
— No diga eso doctor, —dijo sonriendo—lo que pasa es que usted está muy estresado por todos los problemas que tiene, es solo eso. Ella lo quiere mucho y usted también la quiere a ella, por algo se van a casar dentro de poco.
—No Sere, yo no creo que Rei y yo nos casemos. Yo necesito, yo necesito a alguien como usted a mi lado. Alguien dulce, amable y que me entienda. Que me ayude y no me de dolores de cabeza.
— Doctor, usted definitivamente está muy tomado; —dijo riendo—ya está hablando incoherencias. Por favor no tome más y váyase para su casa, yo me voy en un taxi.
— ¡No!—dijo tomando la botella que Serena intentaba quitarle— Déjeme, déjeme tomar que lo necesito para decirle todo lo que yo siento por usted Sere.
Ella, totalmente perpleja, escuchó todo lo que él le decía. Aunque sabía y tenía claro que solo se trataba de un exceso de licor y que no era cierto, por un momento disfrutó de la calidez de sus palabras.
— Sere, —dijo acercándosele mucho en la oscuridad de ese bar—usted me… Enloquece…
— Doctor…
No alcanzó a decir más porque él con algo de miedo, se acercó y la besó. Ella cerró sus ojos y sin poderlo creer disfrutó del alicorado sabor de sus bellos labios sobre los suyos. El beso no duro mucho porque ella se levantó asustada y se fue. Corrió a la salida y tomo el primer taxi que encontró. Darien, que estaba tan tomado, no se podía poner en pie, pidió que le llamaran un taxi.
Mientras Darien esperaba su taxi Serena decía con el corazón a mil mientras iba en el de ella…
— No, no, no, solo estaba muy tomado. Nada de lo que me dijo es verdad pero…Ummm, que rico beso. Ay doctor… Como me gustaría que fuera real, como me gustaría que todo eso que me dijo fuera de verdad…
En su habitación, tumbada en la cama y sonriente, recordó aquel beso que para ella había sido mágico y especial, pero para Darien, había sido terrible. Sin duda se debía a que Serena no era precisamente la mujer de sus sueños pero era más que eso, a él le dolía y le molestaba engañarla de esa manera. Él le tenía cariño, agradecimiento y no quería hacerla sufrir de esa manera.
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— Qué hubo mi estimado presidente. ¿Cómo nos fue anoche?
— ¿Es que no ve? Mal, casi me muero de todo el trago que me tomé anoche para poder…
— ¿La besó? ¡¿Usted la besó Darien?!
— ¡Pues sí, ah Furuhata! Esto está mal, muy mal. Sere es una buena persona, no quiero hacerle daño con todo esto. No, definitivamente yo con esto no sigo.
— Ah, bueno…Listo. Cuando el tal Seiya Kou se lleve a su monstrico y a la empresa bien contento, no vaya a decir nada.
— ¡Ah! ¡¿Por qué las cosas se tenían que complicar tanto?!
— Pues ahí si no sé hermano pero lo que sí es seguro, es que le toca repetir la dosis hoy. Pero sin una gota de alcohol, sino no le va a creer nada Darien.
—Ay no, no Furuhata, yo no me le puedo perder a Rei otra vez, anoche nos peleamos por teléfono y está muy enojada conmigo.
— Pues no se le pierda hermano, lleve a Sere a su casa, le da unos cuantos besitos bien tiernos y luego se va para donde su novia. ¿Usted le ve algún problema o qué?
— No, claro que no… Si quiere también me llevo a Sere para el apartamento de una vez.
— No eso sería muy precipitado y aquí el trabajo es enamorarla. No rumbeársela Darien.
— Usted sí es mucha porquería, ¿no Furuhata? Habla de esto como hablar de cualquier cosa pero claro, como no es usted el que se está sacrificando…
— Ah, no, yo me sacrifiqué hace un tiempo. Tuve neutralizada a Galaxia. ¿Es que no se acuerda?
—Uy, no, si, que sacrificio tan grande el suyo, ¿no? Besar y acostarse con una mujer alta, de pelo rojo, así sea teñido, y de medidas perfectas. No se sacrifique tanto hermano.
— Bueno, bueno, como sea… El hecho es que usted ya sabe lo que tiene que hacer. Le deseo mucha suerte mi querido presidente, la va a necesitar.
— Buenos días doctor, buenos días don Andrew. —Dijo Serena amablemente en su habitual falda larga, grandes lentes y fea blusa— ¿Cómo se siente doctor? ¿Necesita un analgésico o algo?
— Uy si Sere, gracias. Tráigame una botella de agua y algo para el dolor de cabeza por favor.
— Sí doctor, ahora vuelvo.
Y cuando Serena volvió a dejarlos solos…
— Uy… Pero como lo atiende de bien... Si eso fue con un solo beso, no me quiero ni imaginar cuando…
— ¡Cállese Furuhata! Cállese y mejor vaya trabaje, sirva para algo y deje de estar hablando tantas pendejadas.
—Ya, ya, mi estimado presidente, tranquilo, —dijo mientras se iba—no es para tanto.
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Llegó la noche y Darien se ofreció a llevar a Serena a su casa, ella aceptó porque quería aclarar la situación de la noche anterior con él.
Se estacionó cerca de su casa y le dijo mirándola fijamente a los asustados ojos celestes…
— Ve,a Sere, yo necesito explicarle lo que pasó anoche.
— No tiene que explicarme nada doctor, yo entiendo. Usted tomó mucho anoche y eso fue todo, no se preocupe doctor.
— No, pero es que yo quiero explicarle Sere.
— No, de verdad que no es necesario doctor, lo que pasa es que usted se tomó muchos embellecedores anoche.
Sonrio Serena.
— ¿Será que me deja hablar Sere? Discúlpeme Sere pero usted no me deja explicarle.
— Dígame doctor, lo escucho.
— Lo que le dije anoche, era verdad Sere, usted me encanta. Me enloquece…
— ¿Cuánto se ha tomado hoy doctor?
Preguntó muy nerviosa y temerosa viéndolo a los ojos.
— Yo no me he tomado ni un solo trago hoy Sere, créame, lo que le digo es verdad.
— Pero es que eso no puede ser doctor, —dijo muy incrédula—yo conozco sus gustos, usted es de paladar fino. A usted le gustan sesenta, noventa, sesenta, morenas y de ojos oscuros. Discúlpeme pero yo no poseo ninguna de esas características.
— Puede que sí y usted tenga razón Sere pero, ¿sabe? Ninguna de esas mujeres me ha hecho feliz… Sí, son mujeres muy hermosas pero ninguna de ellas es como usted.
— ¿Y qué es lo que le gusta de mi doctor? Discúlpeme pero no lo entiendo.
— Me gusta…Me gusta…Su sensibilidad por ejemplo, su fragilidad… —dijo inventando cosas—Su fidelidad, su lealtad para conmigo en todo este tiempo Sere, es una de las cosas que más me gustan de usted. Me gusta su inteligencia, esa es su mayor cualidad y usted tiene muchas, sé que cualquier hombre se enamoraría de todas sus cualidades Sere.
— Ay doctor, no cualquiera doctor, no cualquiera…. Usted está confundido, con muchos problemas. Lo mejor es que se vaya para su casa y descanse doctor.
—Pero, ¿Por qué no me cree Sere?—Preguntó exasperado y acercándosele más— Es verdad todo lo que le estoy diciendo y es más…Déjeme demostrárselo.
Él se acercó a ella y cuando iba a besarla, se arrepintió y le dijo para distraerla que mirara la luna. Ella, tan dulce e inocente, se asomó y vio la luna con una gran sonrisa… Mientras ella la veía, cual enamorada inocente fuera, Darien miraba una foto. Era una foto que le había regalado su amigo para que él se inspirara y pudiera besar a Serena. Esa era la foto de una reconocida modelo llamada Michiru Kaio, esa era una mujer hermosa de curvas perfectas y rostro angelical…
— Sere, Sere, míreme.
— Eh, doctor, yo…
— No, no diga nada Sere. No diga nada…
Esta vez tomó fuerzas y la besó, la besó suave y lentamente…. Mientras ella disfrutaba de su beso con mucha alegría, él estaba sufriendo por dentro. Sufría por tener que besarla y muy en el fondo por jugar con sus sentimientos….
— Hasta mañana doctor, que descanse.
— Hasta mañana Sere, lo mismo para usted.
Mientras ella entraba a su casa muy feliz, él se iba en su auto muy consternado. Esta vez la había besado estando sobrio y la culpa y el fastidio por haber tenido que hacerlo, lo atormentaba enormemente…
Pronto llegó al apartamento de Rei, Darien, ansioso por sentir la delicadeza y la belleza de su novia, se perdió en ella toda la noche. Nunca pensó que fuera a necesitar tanto de sus besos y su caricias pero lo que él no sabía, era en el juego tan peligroso que se estaba metiendo….
Darien iba de camino para la casa de Rei y Serena le respondió al cansón de Kenji…
— Qué hubo. ¿Cómo le fue?
— Bien papá, bien pero mejor hablamos mañana, la verdad estoy cansada.
— Bueno, bueno mija, descanse. —Dijo muy tranquilo mientras ella subía las escaleras— Oiga, ¿en qué se vino?
— Ah, no se preocupe papá. Me trajo don Darien.
— Ah, bueno, —dijo relajado— ¡ya era hora! Tras de que la explota, la manda en taxi sola y tarde de la noche. Menos mal y la trajo, no me gusta que ande por ahí sola mija. Usted ya sabe, el diablo es puerco Sere, el diablo es puerco mija.
Después de escuchar el singular dicho de su padre y sonreír, fue a su habitación. Lo primero que hizo fue soltar su bolso y escribir en su diario.
"Hoy don Darien me besó otra vez y esta vez, ¡fue real! No se había tomado un solo trago y me dijo cosas que jamás nadie me había dicho. Él ve cosas en mí que ningún otro hombre había visto antes, me regaló la luna y me dijo que le encantaba mi fragilidad. Ay… Todo esto parece un sueño, no cabe duda de que don Darien, es un hombre como muy pocos... Es un hombre inteligente, atractivo y dice que lo enloquezco. Aun es difícil para mí aceptarlo, puede ser posible. Me dijo que ninguna de las mujeres con las que ha estado lo ha hecho feliz pero debo ser realista y no ilusionarme, a lo mejor él está confundido, sí, eso debe ser, solo está preocupado por todo lo que le está pasando y ya. Él va a casarse muy pronto con doña Rei y yo no debo interferir en eso, por más que me muera de amor por él y haya disfrutado muchísimo de sus besos, no debo hacerme falsas ilusiones…"
Al otro día, ella fue a trabajar común y corriente. Iba algo nerviosa porque tendría que verlo y esta vez la situación se había complicado bastante, Serena lo amaba pero basada en una terrible experiencia anterior, no se permitió confiar en nadie de esa manera ni mucho menos entregar su corazón.
— Qué hubo mi presidente. ¿Cómo le fue anoche?
— Pues… Será decir que bien. Oiga, ¿Qué es todo eso Furuhata?
— Ah… Esto son los detallitos que usted le va empezar a regalar a su monstrico todos los días mi querido y estimado presidente.
— No, no, no Furuhata, —dijo levantándose de la silla—eso es demasiado. Yo no quiero seguir con esto, vea Sere no es una mala persona. No quiero hacerle daño Andrew, todo esto es demasiado cruel.
— Vea Darien relájese que va a ser por poco tiempo. Cuando ella nos devuelva la empresa sana y salva, la echa y listo. Asunto arreglado.
— ¿Usted si es muy inhumano, no? Esa mujer si se lo tiró con todo lo que le hizo, lo volvió un ser despreciable y sin sentimientos.
— No, ¿cómo así? Pero si yo soy todo un poeta, vea, mire.
Él, le mostró todas las tarjetas, los chocolates y todos los detalles que había comprado para que él se los regala a Sere todos los días. Darien, algo hastiado con todo lo que veía, aparentaba sonrisas y mucha alegría con su amigo; pues aunque él no quería, tenía que hacerlo para estar seguro de que ella no lo traicionara.
