Capítulo 6.

La esperanza nunca muere.

Pero al menos durante un tiempo más, Dean Winchester debería seguir siendo el hermano mayor. Cómo iba a hacerlo, esa era otra cuestión.

Luego de su huída se habían dirigido hacia Texas, y allí se habían registrado en un pequeño hotel de carretera, anónimo como tantos otros que hay en el camino. Fueron días aburridos, demasiada calma para la agitada vida que solían llevar los Winchester, pero Dean estaba convencido de que su hermano necesitaba calma y tranquilidad para recuperarse de su adicción, así que él mismo se tragó su angustia, sus nervios y se dedicó a ver televisión con indiferencia, esperando a que Sam volviera completamente a la normalidad y fuera él quien le pidiera acción. Su hermano necesitaba tiempo para estar listo y él se lo iba a dar. Todo el que fuera necesario. Que Lucifer y el puto Apocalipsis esperen.

Lo que Dean no tuvo en cuenta fue su propio estado de ánimo. Casi sin darse cuenta, día a día comenzó a hacérsele más difícil levantarse, perdió todo entusiasmo por las actividades cotidianas y su apetito estaba peor que nunca. Le era imposible ingerir nada sólido. Se mantenía a fuerza de pequeños sorbos de sopa que nunca terminaba. Los mareos lo acechaban cuando se levantaba de la cama, así que optó por no levantarse a menos que fuera indispensable. Cuando no estaba viendo televisión, simulaba que dormía, así podía evitar las preguntas de Sammy, que comenzaba a darse cuenta que lo de su hermano era algo más que simple aburrimiento por no poder salir de la habitación.

Por otra parte, Sam comenzaba a sentir que recuperaba su fuerza física, ya no estaba tan agotado como lo había estado los primeros días, ahora comenzaba a sentir la energía de su cuerpo sano fluyendo a través de él; había recuperado el interés por la investigación y su laptop se había transformado en su tabla de salvación para soportar esta última etapa de su recuperación.

Luego de más de diez días encerrados en ese cuarto de hotel, Sam se atrevió a sugerirle a su hermano que era tiempo de que regresaran a Dakota del Sur, se reunieran con Bobby y planearan los próximos pasos cuidadosamente. La respuesta de Dean lo sorprendió: - ¿Para qué Sam, si total van a ganar lo mismo?

- ¿Desde cuándo eres así de negativo, Dean? ¿No eras tú el que me decía hace unos días que no debía darme por vencido?

- Pura mierda, Sammy. Nada de lo que hagamos va a cambiar el hecho de que seremos los envases de Miguel y Lucifer. Tenías razón, hermano. Es mejor acabar con todo esto de una vez.

- Sam comprendió que lo de su recaída, sumado a todo lo que había vivido su hermano desde que había regresado del infierno había sido demasiado aún para el duro de Dean Winchester. Evidentemente estaba deprimido, había que ayudarlo y rápido. Y esta vez no iba a bastar con decirle que todo iba a mejorar y que él, Sam Winchester, iba a estar siempre con él, que no iba a abandonarle como había hecho en otras oportunidades.

Primero Sam trató de razonar con Dean, cosa extremadamente difícil, considerando lo testarudo que podía ser el mayor, aunque sintiera que la vida se le escapaba.

- Dean, tienes que colaborar conmigo, si no quieres hacerlo por ti, hazlo por mí, ayúdame con esto del Apocalipsis y podré sentirme en paz.

- No tiene caso, Sammy. De esto no hay retorno. Todo está jodido, y no importa quién lo jodió porque no olvides que yo fui el que volteó la primera pieza de este dominó angelical. Tú sólo terminaste lo que yo empecé. Y como tú dijiste, yo te empujé a hacerlo con mi manía de controlarte, de creer que aún eras mi hermano pequeño al que podía mandar a mi antojo. Si te hubiera escuchado, si te hubiera dado tu lugar…- no pudo seguir porque los sollozos atenazaban su garganta y no quería que su hermano lo viera así.

Normalmente Sam hubiera optado por el silencio y hubiera hecho otro intento más adelante, pero el tiempo urgía y también era imperante sacar a Dean de ese estado, así que el menor tomó una botella de whisky que siempre llevaban con ellos como anestésico en el caso de que resultaran heridos durante una cacería y le dio un trago, pasándole la botella al mayor. Su intención estaba clara: tal vez el alcohol le soltase la lengua a Dean. Éste aceptó un trago, miró con tristeza a Sam y no dijo más nada; sólo cuando vio que el menor se servía una generosa dosis de la bebida en un vaso, cambió un poco su actitud. El alcohol quita la inhibiciones, ¿verdad? Pues, ¿qué podía pasar con un Sam desinhibido, sin ataduras? ¿Y si surgía en él el deseo de ingerir sangre demoníaca? Así que Dean le quitó el vaso de las manos, comenzó a beberlo él mismo y le dijo a Sam:

- Muy bien, Dr. Analízame, veamos qué tienes que decir y qué diablos quieres de mí. Anda, Sam, escúpelo de una vez.

Sam quedó muy sorprendido y no supo muy bien por dónde comenzar. No esperaba tamaña disposición de parte de su díscolo hermano… pero, en fin, había que aprovechar la oportunidad.

_ Mira, Dean, yo se que estás muy desilusionado de mí y lamento hacerte pasar por todo esto. De verdad que no era lo que yo quería, pero las cosas se dieron así. Se que debí haberte escuchado cuando me advertiste acerca de las intenciones de Ruby, tu pareces tener un sexto sentido que te alerta sobre el peligro. La verdad es que no quise oírte, no quería creerte. Y ahora todo está bien jodido. Nunca quise causarte daño ni provocar nada de lo que ha sucedido y ahora tampoco deseo seguir bebiendo sangre demoníaca, sólo que mi cuerpo me lo pide, como si fuera parte de mi naturaleza, Dean. Me comprendes?

- Pero ahora no quieres beberla, verdad?- preguntó Dean alarmado.

- No, Dean, digo que cuando las circunstancias son extremas, mi cuerpo reacciona a la sangre demoníaca, está en mí, hermano y no creo que pueda eliminarlo. Sólo puedo controlarlo, y lo haré tal y como te lo prometí, no voy a desilusionarte otra vez.

- Lo se, Sam. Lo se. No es eso lo que me entristece. Lamento la vida que has tenido que llevar, lamento haber ido ese día a Stanford y haberte sacado de tu vida tan cómoda, podrías haber salido de toda esta mierda. Y aunque esa noche Ojos amarillos hubiera acabado contigo, hubieras muerto junto a la mujer que amabas, hubieras muerto en paz, amigo. Hubieras podido escapar de este destino de mierda que parece que estamos condenados a representar. Lamento no poder darte una vida como te mereces, después que papá murió, yo debería haber buscado un medio de vida como para mantenernos dignamente y ayudarte a establecerte, no debería haberte arrastrado a esta loca vida de cazadores de la que no puede salir nada bueno. Debería haber sido más tu hermano mayor. No te protegí lo suficiente. Y si no podía evitar tu destino, debería haber hecho lo que dijo papá, tal vez debería haber tenido el valor de matarte y matarme, y así acabar con todo esto, Sammy. Pero no puedo, entiendes, no puedo!!!! Y ahora los putos ángeles nos dicen que somos los descendientes de Caín y Abel. Supongo que tu eres el descendiente de Caín y yo el de Abel, no? Por qué tenemos que estar condenados a repetir una historia, a repetir un destino? Te diré porque, Sammy, porque no existe el libre albedrío y tú lo sabes, hermano.

La potencia de las palabras de Dean hicieron que a Sam las palabras se le congelaran en la boca, realmente no sabía ni qué decir primero ni cómo decirlo. Pero no podía quedarse callado como había hecho siempre hasta ahora, esperando que los conflictos internos de su hermano se solucionaran por sí mismos. No esta vez.