N/A: Pido las disculpas correspondientes por no actualizar semanalmente como lo había dicho, pero el estudio y mi vida social me lo han impedido. Espero poder subir capítulo el próximo fin de semana o, al menos, el siguiente a ese. Reitero las disculpas y gracias a todos los que se toman el tiempo de leer y comentar esta historia.
Disclaimer: Ni Glee ni sus personajes me pertenecen.
VII. Las destroza-citas
Breadstix. Ese era el lugar elegido por Finn para su cita con Rachel. Breadstix, como siempre. Ninguna novedad, ningún intento por hacer algo diferente.
Ella se merece algo mejor.
Quinn había intentado mantener la calma durante su recorrido hasta aquel lugar, pero una vez que Santana apagó el motor del auto de su madre, el cual había sacado de la cochera sin permiso, los nervios de la rubia hicieron presencia. No podía concentrarse en el plan de Santana, quien en ese momento explicaba a Britt por tercera vez cuál sería el primer punto a seguir.
–San, ese señor nos está mirando de forma extraña –interrumpió la bailarina, sorprendiendo a las restantes porristas.
–¿Quién? –preguntó la latina y Brittany apunto con su dedo índice derecho hacia el costado izquierdo del vehículo, por donde se podía apreciar a un hombre caminar hacia ellas–. ¿Qué mierda? Si ese viejo sigue acercándose le enseñaré lo que hacemos en Lima Heights Adjacent.
Quinn sonrió ante las palabras de su amiga, pues la latina solía sacar a relucir el barrio del que supuestamente provenía cada vez que necesitaba intimidar a alguien. La verdad era que Santana López sólo conocía Lima Heights Adjacent de vista, ya que quedaba cerca de su casa, pero jamás había vivido allí. Su vida, por suerte, se había desarrollado en un ambiente amoroso, sin otros gritos que los característicos en las personas hispanohablantes, pero su ruda actitud y el español que había aprendido gracias a su familia, hacían su falsa historia creíble. La rubia despejó sus pensamientos y se centró en el supuesto hombre que se acercaba a ellas. Su sorpresa fue gigante cuando lo vio parado a su costado, con una sonrisa en el rostro, golpeando la ventana del vehículo.
–Voy a llamar a la policía, es un acosador. Mira cómo viste, es algo raro –dijo Santana mientras buscaba disimuladamente su celular en su cartera. Un "hola Quinn" se escuchó a través de la ventana.
–¡Noo Quinnie, te conoce! Quizás ha investigado tu vida y ahora planea llevarte a una cabaña alejada como en esas películas que no me gusta mirar –comentó con temor Brittany.
–Chicas, es el papá de Rachel –habló la rubia mientras bajaba la ventana de aquel vehículo y le correspondía la sonrisa a aquel hombre–. Hola Leroy, qué gusto verte.
–El gusto es mío, Quinn. Le dije a Hiram que eras tú. Obviamente el reservado de mi esposo dijo que no viniese a saludarte, porque probablemente tú estarías disfrutando con tus amigas, pero me pareció muy descortés de mi parte no venir a saludarte mientras Hiram realiza nuestro pedido para llevar –dirigió su mirada a las restantes ocupantes del vehículo antes de agregar–. Asumo que ustedes son Santana y Brittany –las aludidas asintieron–. Coinciden perfectamente las imágenes que tenía de ustedes en base a las descripciones que mi estrellita nos ha dado de sus amigas del Glee Club.
–¿Rachel le ha hablado de nosotras? –preguntó una sonriente Brittany.
–Claro, ella siempre nos habla de sus aventuras en el Glee Club y, por supuesto, de sus amigas. Es una lástima que nunca las invite a casa. Bueno, al menos ya invitó a Quinn. El siguiente paso pueden ser ustedes.
–¿Rachel dijo que somos amigas? –preguntó una sorprendida latina.
–¡Qué bromista que es Santana! –dijo de inmediato Quinn al ver la cara perpleja de Leroy–. Nunca sabe cuándo parar y hablar seriamente –la mirada que le dirigió a Santana le dejó claro a la latina que no debía seguir con el tema.
–¡No pudiste contenerte, amor! –dijo una voz a espaldas de Leroy que Quinn inmediatamente identificó como Hiram.
–No podía irme sin saludar a Quinn. Hubiese sido un gesto de mala educación para con ella. Además, pude conocer a estas dos preciosas muchachas, Santana y Brittany.
Las porristas se presentaron con Hiram, quien siempre les dedicó una sonrisa afable.
–¿Todo bien, Quinn? –preguntó Hiram en una pose más profesional–. ¿No has sufrido ningún otro episodio?
–No, por suerte, todo ha estado bien.
–Aunque las hormonas del embarazo están haciendo efecto ya en Q –agregó con picardía Santana.
–¿Embarazo? –preguntó Leroy confundido y Quinn negó.
–Pero Quinnie ahora vive con Puck, porque sus papás ya no la quieren –dijo Brittany con tristeza.
–¿Qué? ¿Tus papás te echaron de la casa? –Leroy preguntó anonadado –. ¿Y quién es ese Puck?
–Mi papá me dio a elegir: o abortaba o me iba. Y Puck es el papá del bebé que estoy esperando.
–Eso es ilegal, ¿sabes? Podemos tomar medidas –dijo Leroy rápidamente–. Además, quiero saberlo todo sobre ese tal Puck. ¿Qué clase de nombre es ese?
Quinn escuchó a Santana susurrar que Leroy hablaba igual que Rachel y sonrió porque la latina tenía mucha razón.
–En lo legal no me meto, porque ese es tu área, amor –comentó Hiram, acariciando el brazo de su esposo, tranquilizándolo–. Y por muy terrible que encuentre todo lo sucedido, Quinn tiene que estar tranquila, por lo que no sé cuán bueno sería tomar alguna acción legal en este momento. Además, Puck es un buen chico –Leroy lo miró extrañado–. ¿Recuerdas a Sarah, la hija de Connie? –Leroy asintió–. Bueno, recuerdas que ella tiene dos hijos, el mayor es Noah, mejor conocido como Puck.
–¡Noah, claro que recuerdo! –exclamó Leroy–. Siempre con su guitarra en las reuniones que solíamos organizar. Rachel lo seguía a todas partes como una enamorada –el ceño fruncido de Quinn sacó una carcajada a la latina y sonrisas cómplices entre Brittany y Leroy–. Aunque está claro que mi estrellita ahora te prefiere a ti, Quinn.
–¡Leroy, eres de los míos! –exclamó Santana estirándose para que chocar manos con el aludido, mientras Britt los acompaña aplaudiendo.
–¿A qué te refieres, cariño? –preguntó confundido Hiram.
–Estoy seguro que la lentitud de mi estrellita para entender cosas evidentes, es herencia tuya. No eres capaz de apreciar ni siquiera lo que obviamente está frente a tus ojos –Quinn no pudo evitar sonrojarse.
–Es por eso que venimos a arruinar la cita de Rachel y Fin –dijo Britt.
–¡Oh! Eso es magnífico. El chico todavía no pasaba a buscar a mi estrellita cuando salimos de casa. ¿Qué clase de cita llega atrasada? ¡Nadie! Así que cuenten conmigo para lo que necesiten–apoyó Leroy.
–No apoyo este tipo de actos, pero sí estoy de acuerdo en que mi hija debería estar con una persona distinta a Finn. Él es un buen chico, pero la mayoría del tiempo no tienen de qué hablar. No es capaz de apreciar ninguna de las cosas que tanto gustan a Rachel –dijo Hiram–. Pese a lo que acabo de decirles, creo que lo prudente es llevarme a mi esposo a nuestra casa a disfrutar de la cena que nos espera en el auto, probablemente fría, y no formar parte de esto. Si Rachel se llega a enterar, nos deja de hablar.
–Odio que arruines la diversión cuando tienes razón –se quejó Leroy–, pero les reitero, cuenten conmigo para lo que necesiten, aunque si las llegan a descubrir, yo negaré todo tipo de participación en esto –agregó y su esposo negó.
–Bueno, nosotros entonces nos vamos –se despidió Hiram, ante las palabras de su esposo–. Quinn por favor, pasa por la casa para que conversemos –la rubia asintió.
–Sí, tenemos mucho que hablar, muchacha –dijo Leroy–. Ha sido un gusto platicar con ustedes. Espero novedades y su visita en nuestra casa muy pronto –agregó despidiéndose de las tres porristas.
–Eso fue inesperado –comentó Santana una vez que los Berry se marcharon–. ¿Quién hubiese pensado que los papás del hobbit podían ser tan agradables? –Quinn sólo la amenazó con la mirada tras la utilización de aquel apodo–. Leroy se viste muy parecido a Kurt. ¿Creen que Lady Hummel lo imite? ¿O quizás está enamorado de él?
–No digas estupideces, Santana –la cortó la rubia–. Y no llamas a Rachel así.
–Es con cariño, Q –dijo la latina–. No puedes pretender cambiarme. Te juro que no intento ofenderla con mis apodos. Bueno, no tanto –sonrió y luego frunció el ceño–. Por cierto, ¿qué fue eso de nosotras 4 siendo amigas?
–Bueno, no es algo que me corresponde a mí decirles –Santana miró amenazante a Quinn y ésta supo que lo mejor era hablar–. Ella no quiere que sus padres se preocupen por lo que le sucede en McKinley, así que les miente. Habla como si fuésemos amigas y les dice que los slushies son cosa de guerra entre clubs. Sabe que si se enteran se culparán, así que prefiere verlos felices.
–Eso... wow... es bastante poco egoísta –dijo una asombrada Santana–. ¿Quién lo hubiera pensado de la señorita "soy el centro del mundo"?
–Rachel no es así –contradijo Quinn–. Sí, es una diva muchas veces, pero siempre está preocupada del resto. A su manera. Y es leal, sabes que puedes contar con ella siempre.
–Es verdad. Una vez olvidé el dinero del autobús para regresar a casa tras mis clases de baile, Rachel que justo pasaba por ahí me lo prestó y nunca lo cobró de vuelta –comentó Brittany provocando una sonrisa en Quinn.
–Okay, el enano es el mejor ser del universo –dijo con ironía la latina–. Ahora bajen del auto y recuerden el plan, porque la parejita acaba de entrar.
Las rubias acataron la orden de Santana y descendieron rápidamente del vehículo. Quinn no pudo evitar volver a sentirse nerviosa, no quería quedar expuesta ni hacer sentir mal a Rachel.
El plan era bastante sencillo: sentarse en una mesa al costado de Finn y Rachel, intervenir lo máximo posible en sus conversaciones y poner en evidencia al chico.
Al llegar a la entrada del lugar, divisaron a la pareja y se alegraron al constatar que la mesa a su lado estaba vacía. Rápidamente Santana tomó la mano de Brittany guiándola hacia la mesa en cuestión, con Quinn siguiéndolas muy de cerca. La presencia de las tres porristas no pasaba desapercibida para nadie, especialmente para Finn.
–¿Sentarán a nuestro lado? –preguntó el chico algo confuso.
–Sí, ¿algún problema? –respondió la latina en tono defensivo.
Quinn, sentada junto a Britt, veía de reojo a la cantante. Rachel por su lado, buscaba la mirada de Quinn, sentada diagonal a ella, frente a la latina.
–Bueno, me parece algo extraño e incómodo. Con Rachel estamos en una cita. Es algo privado –comentó Finn.
–Si no querías a nadie cerca, debiste llevarla a otro lugar. Además esta es la mesa en la que Britt quería sentarse, así que de aquí no nos movemos.
–Quizás deberíamos cambiarnos nosotros de mesa, Rach –comentó por lo bajó Finn, pero Quinn puedo oírlo y se tensó al oír al chico llamando de aquella forma a la morena.
–No, está bien, Finn –Rachel no sabía bien como iba a afrontar esa cita sabiendo que Quinn estaba ahí. Daba igual si se cambiaban de mesa, el solo hecho de estar consciente de la presencia de la rubia en el lugar la inquietaba–. Además, Santana tiene razón, aunque nos cambiemos de mesa, estaremos rodeados de gente. Es sábado por la noche, el día de mayor concurrencia.
Finn aceptó las palabras de la morena con algo de reticencia. Las tres porristas se sonrieron sabiendo que el primer punto de su plan estaba listo. Al ver a la camarera acercarse a la pareja, Britt supo que tenía que poner en marcha el punto dos.
–Si están en una cita, eso quiere decir que tú Finn ordenarás por ambos, ¿cierto? –preguntó la bailarina sonriendo al muchacho–. Eso es lo que hacen en las películas románticas.
–Claro –dijo el quarterback sintiéndose presionado por Brittany–. Conozco bien los gustos de Rachel –agregó al apreciar el gesto de soberbia en el rostro de la latina–. Bueno, una lasaña boloñesa para ella y spagguetti Alfredo para mí –dijo a la camarera que tomaba su pedido–. Rachel ama la lasaña.
Santana ahogó su risa, Britt se mordió el labio para reprimir su sonrisa y Quinn negó mirando al piso al escuchar la elección del chico.
–Finn, soy vegana –le recordó una sonrojada morena.
–¡Oh sí, es verdad! Me confundí –se excusó rápidamente, para luego mirar a la camarera y agregar-: una lasaña vegetariana, mejor.
Quinn se preguntó si realmente Finn se había preocupado alguna vez por los gustos y las convicciones de Rachel.
–Aquí no tienen lasaña vegana, Finn –dijo Rachel y Finn la miró confundido–. Ser vegana no es igual a ser vegetariana. No como productos lácteos, por ende, no como lasañas normales, por muy vegetarianas que sean –explicó la morena–. Pediré una ensalada.
–Entonces eso es, una ensalada –dijo el chico mientras que la camarera lo miraba ya aburrida–. La ensalada césar es muy buena, deberías probarla –sugirió.
–Tiene pollo, Fin –Santana estuvo a punto de reír de no ser porque Quinn golpeó su pierna–. Pediré la ensalada del campo –dijo la morena a la camarera–. Sin huevo, por favor.
Una vez que la camarera, tras tomar sus pedidos para beber, se marchó, Finn pidió disculpas a Rachel, excusándose en ser un poco descuidado con esas cosas. La morena le dijo que no importaba, pero las tres porristas sabían que el punto dos de su plan estaba ya listo y, con ello, la cita de la pareja, comenzaba a ser destrozada.
Luego de que las chicas hiciesen sus respectivos pedidos, Santana decidió que era tiempo de poner en marcha el punto tres de la lista de su elaborado plan. La pareja parecía algo entretenida con su conversación, así que era momento de intervenir. Antes de hablar, les dio un guiño a las rubias, para advertirles lo que seguía.
–Finn, disculpa –dijo la latina interrumpiendo la conversación entablada en la mesa a su lado. Finn le comunicó con un gesto que no había problema–. Noté y comenté con las chicas que estás más musculoso, ¿es posible?
–Ehh... bueno... –Finn se sonrojó–. He estado haciendo más ejercicio desde que llegó Sam. Tengo que estar en forma para no perder mi lugar en el equipo –agregó sonriéndole a Rachel.
–Es que ahora te que veo con esa camisa, tus brazos se notan más definidos. Es posible observar los frutos de tu trabajo, quizás debas darme algunos consejos –dijo Santana coqueteándole al chico que se sonrojó aún más de lo que ya estaba.
–Eh, gracias... –contestó Finn–. Cuando quieras puedes pedirme ayuda –el chico sintió la mirada de Rachel sobre él, por lo que de inmediato volvió a hablar–. Es decir, siempre puedo aconsejarte como amigo, porque al fin y al cabo en el Glee Club somos todos amigos.
La latina le dedicó una sonrisa sugerente y murmuró un "gracias" antes de volver a centrarse en sus amigas. Quinn y Brittany chocaron sus manos bajo la mesa al observar la mirada molesta que tenía la cantante. Claramente, el punto tres había sido un éxito.
Tras unos minutos de charla poco fluida entre la pareja, pues Finn dedicaba cada momento que podía a mirar a Santana, Rachel se excusó para ir al baño. Brittany se percató de ello y golpeó la pierna de Quinn para avisarle.
–Síguela –susurró la latina para que Finn no escuchase.
–Estás loca, no lo haré –respondió Quinn también susurrando.
–Síguela y demuéstrale lo que se pierde –insistió Santana.
–Cállate, S.
–Si no la sigues tú, iré yo –amenazó la latina y eso fue todo lo que necesitó oír Quinn para decidir levantarse y dirigirse hacia el sector de los baños.
¡Por ningún motivo Santana se acercaría a Rachel!
Rachel terminaba de arreglar sus ropas tras haber utilizado el inodoro cuando sintió que la puerta de entrada del baño se abría y luego cerraba, avisando el ingreso de otra persona al lugar. Abrió la puerta de aquel cubículo y se encontró con Quinn.
–He venido a retocar mi maquillaje –dijo Quinn mirándola a través del espejo que adornaba la pared del sector de los lavamanos.
–Este es un lugar público, Quinn –comentó la morena–. Al menos para las mujeres –agregó–. No necesitas darme explicaciones.
–No te estoy explicando nada, Berry –atacó la rubia–. Lo dije para que cambiaras tu cara de confusión.
Rachel se acercó a Quinn hasta quedar frente a frente. Al hacerlo pudo observar que el brillo había regresado a los ojos de Quinn. Estaba actuando igual de fría, pero el brillo estaba ahí nuevamente. Un regocijo recorrió su cuerpo.
–Al menos ahora me hablas –comentó la morena provocándola. Quinn desvió la mirada y Rachel pensó que quizás no era una buena idea–. Noah me dijo lo de tus padres, de verdad lo siento Quinn.
–Puck deberías aprender a cerrar la boca –dijo Quinn apretando su mandíbula.
–No, Noah sólo intentaba ayudarme. Yo estaba preocupada, Quinn. Estuvimos hablando todo ese tiempo y de repente, dejaste de hacerlo. Yo quería saber si estabas bien, cómo había ido todo, pero no fuiste capaz de contestar ningún mensaje –le recriminó Rachel.
–Es algo mío, Rachel. Puedo decidir contarte o dejar de hacerlo cuando quiera –dijo la rubia, alzando sus barreras–. Es mejor que estemos como antes cada una por su lado. Aléjate de mí, déjame tranquila.
Y el brillo de los ojos de Quinn comenzaba nuevamente a desaparecer. Rachel vio como rubia dejaba de sostenerle la mirada y decidió actuar, arriesgarse.
Pase lo que pase.
–No puedes pedirme eso Quinn –señaló la morena–. No podemos estar como antes, porque nada es como antes.
–Sí podemos –contradijo la rubia–. Incluso tú estás en una cita con Finn, como antes.
–Y no es lo mismo. Estoy aquí en un baño intentado conversar contigo, porque al parecer es la única oportunidad que tengo y eso mucho más importante que lo que pueda pasar en mi cita con Finn –dijo algo alterada Rachel.
–Es mejor que cada una vuelva a su mesa, Rachel –manifestó Quinn. Si bien la rubia quería arruinar la cita de Rachel, no podía permitir que la morena se siguiese acercando a ella, porque tarde o temprano se alejaría y no podría soportarlo.
–No me digas qué hacer, Quinn –indicó Rachel–. ¡Y deja de actuar como si nada hubiese pasado, odio cuando haces eso! Es tiempo que hablemos las cosas de una vez por todas –la morena estaba sobrepasada por la situación, sus sentimientos y la actitud de Quinn.
–No entiendo de qué quieres hablar. No hay nada que tratar entre nosotras.
–Claro que sí y lo sabes –dijo una frustrada Rachel–. ¡Nos besamos!
–Estaba borracha, Rachel –se excuso Quinn sin poder mirar a la cantante a los ojos.
–En mi auto no estabas borracha, Quinn.
–Eso fue un mal entendido, una falta de coordinación –justificó la rubia, sin percatarse que Rachel se había acercado algunos centímetros hacia ella.
–¡Sabes que eso no es cierto! –Rachel no sabía por qué estaba hablando algo que ella aún no terminaba de entender, pero necesitaba alguna reacción de parte de Quinn–. Algo pasa entre nosotras, algo que no podemos controlar –susurró.
–Claro que podemos –la rubia pegó su frente a la morena–. Puedo estar muy cerca de ti y no sentir nada y no hacer nada.
–Pruébalo –murmuró Rachel sintiendo como la temperatura de su cuerpo de elevaba.
–Creo que es hora que vayas a tu mesa, Rach –dijo Quinn rozando los labios de la morena. Rachel cerró los ojos anhelando el contacto, pero éste nunca llegó–. Te lo dije, Berry. Todo controlado, no pasa nada –agregó alejándose de la cantante, pero sin mirarla a los ojos, pues sabía que estos evidenciaban la necesidad que sentía en todo su cuerpo–. Vuelve a tu cita, Berry.
Así, sin más, Quinn Fabray salió de aquel lugar dejando a Rachel hecha una mezcla de sensaciones. La morena quería gritar de la frustración.
¿Por qué no la había besado?
No entendía cómo Quinn podía hacer como si nada hubiese pasado entre ellas, era como si la rubia tuviese un interruptor para prender y apagar sus emociones.
Hecha un mar de dudas salió del baño y volvió a su mesa junto a Finn.
–Te tardaste –comentó el chico apenas tomó asiento.
–Me encontré con una clienta de papi y nos quedamos conversando unos minutos –mintió Rachel, dirigiendo su mirada hacia la mesa de las porristas, donde Quinn parecía estar conversando como si de verdad nada hubiese sucedido momentos antes.
–Ah, qué bien –dijo Finn–. ¿Deseas comer algún postre después?
Tras negar, la conversación se mantuvo centrada en las prácticas de fútbol americano de Finn y las futuras competencias del Glee Club. Aunque Finn no fue consciente, Rachel estuvo todo el tiempo con su mente puesta en Quinn.
La morena decidió que no dejaría que la porrista la apartara así como así. No iba a conformarse con aquella conversación, pues sabía que ambas habían sentido aquella extraña conexión y no iba a permitir que la rubia lo ignorara. Porque, al fin y al cabo, nadie ignoraba a Rachel Berry.
La morena estuvo todo el tiempo tan perdida en sus pensamientos que no se percató que en la mesa junto a ella, un trío de porristas sonreía al notar como su plan había sido un éxito rotundo. Tampoco pudo observar cómo una rubia de ojos avellana la miraba con intensidad, intentado absorber cada detalle de ella, decidida a quedarse sólo con eso, con el recuerdo.
El recuerdo de lo sucedido tiempo atrás invadió a Rachel cuando veía a las porristas abandonar el lugar, mientras ella esperaba que Finn terminase de pagar. La morena le había prometido a Quinn estar a su lado y cumpliría aquella promesa.
Promesas son promesas. Ya verás Quinn Fabray...
