¡Hola después de aproximadamente dos semanas! Hahahaha lamento la demora, estuve algo ocupada pero por fin logré publicar el capítulo -w- pensaba poner casi la mitad de este capítulo en el anterior pero no se me había ocurrido hasta después que lo estaba escribiendo pero ya el anterior ya estaba hecho, hahahaha xD ahora pasemos a los reviews :3

sslove: A lo mejor y se le hace el milagro a DM de ser igual de lindo que Afrodita elevando su cosmos al máximo, hahaha xD

Just me: DM es lindo cuando se lo propone hahaha -w- igual espero que te guste este capi :3

Aurole: Le encanta lo difícil a Máscara, hahaha. Sí, es lo más probable que Afrodita le metió el pie y se cayó para que el pez llegara primero xD

Ahora, al tan esperado capítulo :3


CAPITULO 7: Corona de margaritas

"No sé que tiene pero me vuelve loco, no sé lo que hace pero ella me hace reír cuando quiero llorar, si tan sólo me permitiera ser el hombree que desea..."

-¡Máscara!- intentaba sacar al santo de sus pensamientos.

-¿Eh? ¡Helena!- logró volver en sí.

-¿Te incomodó la pregunta?- cuestionó Helena algo apenada.

-N-no Helena- lograba decir en tono nervioso- sólo que no soy muy bueno para hablar sobre mí.

-En ese caso ¿podrías decirme a que te dedicas?- pedía amablemente sin dejar de mirarlo a los ojos.

-Bueno…- respiró profundo- yo, era un guerrero, ya me retiré se eso.

-¿Un guerrero?- Preguntó curiosa la ojiverde.

-Sí, iba a las guerras, ya tu sabes, cosas que hacen los guerreros- le sonreía intentando ocultar esa ansiedad que lo quería dominar.

-¿Vez? No fue nada difícil que lo dijeras. Estoy segura que peleabas por el bien de tu pueblo, eso es algo de admirar- le decía alegremente.

Máscara sentía culpa. No era completamente una mentira de que era un guerrero que peleaba para "defender" a la Diosa Athena, pero sus intenciones estaban muy lejos para hacer algún bien a alguien que no fuera solamente el suyo. No podía decirle que de que era un santo dorado ni mucho menos que asesinaba por diversión sin importar de quien se tratase: hombres, mujeres, ancianos, niños…

-Helena…- colocaba su mano derecha en la mejilla nívea de la joven- sé que no empezamos con el pie derecho al presentarnos, hasta supongo que me miraste como un estúpido por mi forma de ser, pero si me lo permites, me gustaría que nos fuésemos conociendo más. No tenemos que contarnos todo en este momento, si no ¿de qué más hablaríamos?- sonrió- sé perfectamente que tenemos nada de conocernos, pero de las personas que he conocido en Asgard, tu eres quien me ha agradado más- por fin pudo terminar de hablar. Miraba esos orbes verdes quedando a tan sólo escasos centímetros de su rostro.

Por parte de Helena, ella se quedó callada. Sentía sus mejillas arder por el intenso rubor que se coloreaba intentando asimilar cada una de las palaras de Cáncer que lo tenía tan cerca de ella. No sabía qué hacer en ese momento; estando con él, su corazón se aceleraba tan rápido como una estrella fugaz cruzando el cielo, esa mirada tan sincera, esa pequeña caricia en su mejilla se le hacía tan tierna, la otra mano en la cintura que la atraía con cuidado al cuerpo del varón, y ella, automáticamente colocó ambas manos sobre los hombros de Máscara Mortal. Por un momento sintió que las piernas le iban a fallar. Sentía miles de emociones. Esa noche sería inolvidable para su memoria, era algo que lo más seguro nadie haría, pero había algo que la intrigaba hasta cierto punto que le dolía un poco por dentro: ¿de verdad quería conocerla o solamente estaba jugando con ella?

-Eres buena persona- por fin logró hablar la castaña- pero…- retiró sus manos de los hombros de Máscara haciendo que este deshiciera la caricia sobre esa mejilla nívea. Helena bajó la mirada dando un par de pasos hacia atrás.

El santo de Cáncer sintió un extraño vacío en su pecho cuando la florista se retiró de él como si hubiese hecho algo malo. Pero al estudiar con detenimiento su comportamiento, ya se estaba imaginando él porque de esa conducta.

-Helena, creo que será mejor que ya nos vayamos- dijo algo desanimado el ojiazul.

La joven sólo asintió.

Ambos caminaron en silencio durante ese trayecto de diez minutos sin dirigirse la palabra. Máscara Mortal comenzaba a sentir culpa de su forma de ser ya que sentía que se había arruinado ese momento tan hermoso que amos estaban viviendo.

Llegaron a Asgard que aún estaba en funcionamiento la feria a pesar de la hora que era. Siguieron caminando. Helena seguía siendo acompañada por el santo hasta que este decidió romper el silencio.

-Helena, ¿me permites acompañarte a tu casa?- se ofreció serio, sin mirarla.

-Sí- fue lo que pudo contestar la ojiverde.

Continuaron su andar aún en silencio.

Máscara ya estaba comenzando a desesperarse, si no le sacaba plática o algo, en verdad pensaría que solamente quería utilizarla, cosa, que por más raro que pareciera para Cáncer, no quería hacerlo.

-Oye, Helena- dijo un poco nervioso.

-¿Pasa algo?- cuestionó curiosa volteando hacia él.

-¿Crees en el amor?

-Bueno, supongo que sí- respondió ligeramente ruborizada.

-Nada de suponer- reprimió con voz divertida- tienes que estar segura de si crees o no.

-Para serte sincera- hablaba como si estuviera agradecida que haber tocado un tema así- no he sentido el amor de alguien más que no sean el de mis hermanos. En el amor familiar sí creo, pero hablando de amor de pareja… no lo he vivido, pero cuando los veo llegar a la tienda de flores, con tan sólo verlos comportarse como si fuesen niños haciendo muestra de su afecto… yo digo que el amor si existe- terminó con una sonrisa y llevando su mano derecha apuñada a su pecho, entrecerrando los ojos.

Máscara no podía dejar de mirarla con los ojos bien abiertos. Ella, a pesar de aun no haber experimentado ese tipo de afecto de otra persona, creía en el amor. Para él, ella era el amor andante.

-¿Y tú crees en el amor?- Helena le devolvió la pregunta esperando ansiosamente la respuesta del santo.

Cáncer quedó en silencio por un momento, hasta que decidió hablar.

-No, Helena- contestó serio.

-¿Por qué no?- lo atacó con otra pregunta, abriendo los ojos como platos.

-Nunca sentí el amor de mi familia, ellos me abandonaron cuando tenía días de nacido. Nunca los conocí- un ligero aire de tristeza se hacía notar en su voz- tampoco me había interesado en el amor de pareja, miraba a mis amigos que luego salían llorando cuando los terminan o los engañaban por no fijarse con quien se metían y eran unos dramas por muchos días- la leve tristeza ahora se había convertido en seriedad- por eso yo nunca he tenido una pareja estable…

No pudo terminar la oración debido a un nudo en la garganta que se le estaba comenzando a formar.

-¿Y no has intentado formalizar con alguien aunque sea una vez?

-Nunca quise, Afrodita me decía que lo que tenía era miedo que me pasara lo mismo que a los demás, simplemente lo ignoraba pero aunque me doliera admitirlo… siento que en parte si tenía razón- suspiró- pero cuando empecé con esta vida, me gustó tanto que me acostumbré- sonrió un poco y cerró los ojos por un par de segundos.

-Ya veo- fue lo que pudo decir la florista, pensando que Máscara Mortal, de verdad sufría en el fondo.

Antes de haber dicho alguna otra palabra, ya se encontraban frente a la casa de Helena.

-Ya llegamos- avisó la ojiverde.

-Entonces aquí te dejo. Espero que la hayas pasado bien- dijo Máscara, animándose de nuevo.

-Nunca olvidaré este día, Máscara- le agradecía con la mirada.

-Cuando quieras volver contemplar las estrellas no dudes en buscarme- le guiñó un ojo el peliazul provocando un nuevo sonrojo en la fémina, quedando a sólo un paso de distancia frente a ella.

-Te estaré esperando en mi puesto de flores- le sonreía con dulzura.

Máscara Mortal estaba embelesado con la sonrisa de Helena, sentía tantas cosas estando cerca de ella, todos esos sentimientos que había dado por muertos, parecían que estaban reviviendo.

-Helena…- la miró fijamente.

-¿Qué pa…?- no pudo terminar de hablar porque un par de brazos la habían envuelto en un cálido abrazo.

Helena tenía los ojos bien abiertos de la sorpresa, era algo que no lo venía venir. Le correspondió abrazando la espalda del santo con sus delgados brazos, disfrutando del calor de su cuerpo. Podía jurar que sentía el palpitar del corazón de Máscara Mortal.

-Te agradezco tanto por no haberme juzgado mal por el pensamiento que tengo respecto al amor- aprisionó un poco más a la florista entre sus brazos- ¿pero sabes una cosa? Ahora pienso que el amor si existe.

Eso último se lo susurró en el oído terminando con un beso en una de las mejillas de la asgardiana para finalmente comenzar a alejarse y tomar el camino hacia la posada dejando a Helena muy sorprendida, ruborizada, con una gran sonrisa en su rostro y llevando su mano izquierda hacía la mejilla rozando sus dedos donde el santo había depositado el beso.

Lo miraba alejarse, sus mejillas estaban tan rojas como un tomate y no podía dejar de sonreír. Sin duda, ese era el mejor día de su vida.

Entró a su casa y al cerrar la puerta se recargó en ella, llevando ambas manos a su pecho.

-Esto es casi como un cuento de hadas- decía para sí misma, tomando la rosa del santo de Piscis que tenía en su cabello sosteniéndola con ambas manos y mirándola fijamente- sé que le dije a Afrodita que aceptaría cuando me invitara a salir pero, no lo sé…- hizo una larga pausa un poco seria- ahora que intento acomodar todas estas emociones, creo que es sólo cariño que siento por él- sonreía levemente aun sin apartar la vista de la flor- acaso… ¿me estaré enamorando de Máscara?

Abrió lentamente la puerta de madera de aquella posada para luego entrar sin hacer mucho ruido, pero no se percataba aun de la presencia de alguien.

-Ya llegaste- decía una voz algo pícara, ansiando por escuchar cada palabra del peliazul.

-Afrodita- respondió un poco sorprendido, puesto que no se esperaba que su amigo lo estuviera esperando.

En eso, el santo de Piscis miró con detenimiento al cangrejo, lo que captó su atención, fue la corona de margaritas que aún tenía sobre su cabeza.

-¿A caso ya cambiaste de estilo, Máscara?- mencionaba burlonamente, señalando hacia la cabeza del santo- creo que ya te están pescando cangrejito.

-¡No seas estúpido!- fingía molestia mientras se quitaba rápidamente la corona.

-¿Y entonces?- aun no dejaba su tono burlón.

-Ella es algo complicada, así que le seguiré un poco el juego- contestó pícaramente.

-Ya empiezo a dudar de ti- el tono de Afrodita se volvió un poco más serio- hasta la mirada la tienes cambiada.

-Estás imaginando cosas Afrodita, ya te había dado a entender que no malgastaré esta vida por una formalidad- intentaba fingir molestia.

-Entonces saldré de nuevo con ella- respondió Piscis.

Máscara Mortal no pudo responder, tomaba firmemente la corona con la mano derecha pero sin maltratarla y no dejaba de mirar a su compañero ojiceleste que solamente estaba esperando pacientemente a que Cáncer confesara que se estaba enamorando.

-Haz lo que quieras- fue lo único que pudo responder iniciando la caminata a su habitación para después, acostarse en su lecho con la corona en su pecho colocando ambas manos sobre el adorno para finalmente, caer completamente dormido.

Al día siguiente, aproximadamente a las 7 de la mañana, el santo de Piscis se dirigió a la habitación de su compañero para llevarse la sorpresa de que no se encontraba dentro de ella, solamente aquella corona de margaritas que estaba sobre la cama. Arqueó una de sus cejas, fue a la cocina, tomó un pedazo de papel donde escribió un pequeño mensaje y después conjuró una hermosa rosa roja. Tomó la nota y la flor para luego ir a la puerta y dejar aquella posada.

El santo de Cáncer se había despertado muy temprano para ir a esa colina en donde se encontraba con Helena la noche anterior. Una tras otra, seguía practicando con las margaritas para formar una corona especialmente para la florista. Recordaba perfectamente cada movimiento que ella hacía para entrelazar esas florecillas blancas. Máscara había puesto a prueba toda su paciencia, ya llevaba una docena de esas flores que había utilizado para formar la corona sin tener éxito. Hubo un par de ocasiones en que el cangrejo estaba a punto de mandar todo a la basura e irse de ahí, pero por una parte, en verdad quería impresionar a la castaña. Aunque no lo reconociera, si le preocupaba bastante lo que Afrodita le había mencionado: "Entonces saldré de nuevo con ella".

Le preocupaba bastante lo que podría pasar.

Al final de un rato, por fin lo consiguió: esa bonita corona de flores.

-No es perfecta como las que hace Helena, pero al menos tiene forma- decía victorioso y conforme con el resultado.

Afrodita llegó a la casa de la castaña, dejó la rosa y la nota al pie de la puerta, la tocó un par de veces y luego se retiró rápidamente de ahí antes de ser visto.

La vieja puerta de madera se abrió, la ojiesmeralda buscaba en donde estaría esa persona pero por más que observaba a los alrededores, no había ni un alma hasta que agachó la mirada para deleitarse con esa hermosa rosa roja, que no dudó ni por un momento de quien se la habría dejado.

Se agachó para recoger la bella flor y la nota de la cual se percató segundos más tarde. Se volvió a reincorporar y entró de nuevo a su casa cerrando la puerta.

Fue a la cocina, retiró un poco una de las sillas de madera de la mesa hecha del mismo material para tomar asiento y leer la nota.

Querida Helena:

Esta rosa me recuerda mucho a ti, por lo bella y delicada. Si me lo permites, me gustaría salir de nuevo contigo. Te prometo que no haré nada de lo que te disguste y nos divertiremos como si fuésemos niños de 5 años.

Si vienes te daré un ramo de estas rosas que tanto te gustan. Te esperaré mañana cuando cierres tu puesto, me imagino que tendrás mucho trabajo hoy por ser el último día de la feria.

Te quiere, Afrodita.

La florista dejó la nota en la mesa junto a la rosa para seguidamente liberar un largo suspiro y recargar su mentón sobre ambas manos.

Le había parecido un detalle muy tierno pero comenzaba a sentirse algo extraña, era víctima de un mar interno de emociones.

Comenzaba a sentirse confundida.

-¿Qué hago?- hablaba para sí misma- Afrodita es muy tierno, cariñoso y detallista, es muy atento y respetuoso, eso me encanta de él, y como olvidar sus bellas rosas, me pregunto de dónde sacará tantas- sonrió levemente- tiene una forma de ser divertida, supongo que me divertiré mucho si me veo con él mañana, pero Máscara…- hizo una pequeña pausa- ¿Cómo puedo decirlo?... es un hombre con cierto aire de misterio, su carácter fuerte es bastante notorio, pero por dentro en tan tierno, amable respetuoso. Ese detalle de anoche es algo inexplicable, tan bello… y su intento de hacer la corona de margaritas…-hizo otra pausa al recordar eso suceso haciendo que Helena elevara la mirada hacia el techo de manera soñadora dibujándose una gran sonrisa- fue algo que me dio tanta ternura, hasta parecía estar celoso de Afrodita; pero ayer que nos íbamos a despedir, nuestras caras estaban tan cerca y lo que me dijo…

Sin darse cuenta, Helena comenzó a ruborizarse y a sonreír con tan solo recordar a ese cangrejo, un poco loco pero con un lado tan dulce que podría llegar a empalagar.

Por un momento, se había olvidado de esa duda: ¿De verdad quería conocerla o solamente estaría jugando con ella?

De la nada le restó importancia, y sin querer, empezó de nuevo con su modo soñadora con aquel cangrejo de mirada azul.

Un rato más tarde, la florista volvió en sí y recordó que tenía que ir a la venta de sus flores, se levantó rápido de la silla de madera y se dirigió a la puerta para salir lo antes posible de su casa, cuando en eso, a la hora de abrir, se encontró con cierto santo dorado con la mano a punto de tocar la puerta abriendo los ojos como platos como si hubiera sabido que ella tendría una visita en ese momento.

-¿Máscara?- preguntó una muy sorprendida Helena.

-Helena- apenas pudo pronunciar su nombre, se encontraba aún muy sorprendido, olvidando lo que llevaba en una de sus manos que ocultaba detrás de su espalda.

-¿Pasa algo?

-¡Ah, sí!- por fin logró reaccionar el italiano.

Mostró la corona de margaritas y con ambas manos la colocó delicadamente sobre la cabeza de la asgardiana.

-Por fin lo logré- dijo victoriosamente, mirando esos orbes esmeraldas que lo miraban bastante impresionada.


Denle tiempo al cangrejito, aun no se siente listo para contarle a Helena todo sobre él -w-

Afrodita anda con todo, hahahaha, estoy segura que si muere ya sabremos por quien fue xD

Disculpen si tardé en actualizar esta vez, uni, trabajos, examenes y esas cosas, ya saben :c

Espero que les guste el capi, lo había dejado a medias por unos días y cuando me puse a terminarlo me perdí un poco, así que perdónenme si quedó medio raro *se esconde atrás de la puerta del refri*

¡Nos leemos en el siguiente! :D