Capítulo VI
Candy se subió a la limusina, el chofer no estaba ya que ella lo había despachado y lo recogerían en dos horas en una cafetería, ella se subió y se colocó el vestido por arriba de la cintura, Albert subió después, ambos siguieron la danza de la pasión y una hora más tarde.
Candy…Candy…Candy…traviesa – Albert sonrió y soltó una carcajada mientras acaricibia con el índice el brazo de ella.
¡Ay amor! No te quejes, me ha fascinado, ¿a ti no? – dijo ella especialmente excitada.
Si amor, pero nos esperan. Por cierto y ¿el chofer? – preguntó extrañado al no verlo aparecerse por ahí.
Está en la cafetería, cerca del hotel donde será la cena – le informó.
¿Conduciré hasta allá? – le preguntó tratando de levantarse.
No está lejos, bueno habrá que apurarnos porque es tarde – dijo ella notablemente acalorada.
Me encantó mi sorpresa, gracias señora Andley – la besó rápidamente.
A mí más, fue erótico – dijo ella pestañeando.
Se acomodaron las ropas, luego ella sacó una cajita de debajo de la repisa de la limusina y la abrió, de ahí sacó una hermosa tanga y se la puso. Albert sonreía de la travesura de Candy, no se esperaba aquel atrevimiento por parte de ella y menos que no se hubiera dado cuenta. Pasaron por Arthur, el chofer de la feliz pareja y llegaron al hotel, los flashazos de la cámara de George no se dejaron esperar, los acompañó a la cena y después en la mesa de los festejados se dispusieron a platicar amenamente y comenzaron el interrogatorio.
¿Desde cuándo son novios? – preguntó Annie.
Desde hace dos años, nos conocimos en el entierro de Anthony – explico Albert.
Ah si no perdieron el tiempo. ¡Pero es tu hija Albert o debo decir William! – soltó enfadado Archie.
Ya no, dejó de serlo hace un año y once meses – dijo George. Candy es mi hija ahora.
Pero George ¿te prestaste a este juego? – le preguntó Archie indignado.
No es un juego joven Archie, yo tampoco lo sabía, en parte – explicó un risueño George.
No puedo creerlo, nadie sabía quién eras Candy ni tu propio padre – recalcando la palabra padre.
No podría saberlo Archie, me dejé de ocupar de ella por los negocios de mi familia recuerdas – dijo el rubio tratando de ocultar su enojo.
Bueno pues a nosotras si nos agrado la sorpresa tío, verdad Patty – dijo Annie.
Sí – contestó la interpelada.
Y ¿en donde vivirán? – preguntó Stear inocentemente.
Eso si no se los vamos a decir, así que, siguiente pregunta – dijo Candy animosa.
¿Por qué? – preguntaron en coro.
Queremos nuestra privacidad, además la tía abuela nos tiraría la letanía – mencionó Albert tan solo de recordarla.
¿Qué bien? Un momento, Candy ¿estás embarazada? – preguntó Patty.
Jajajaja aún no, pero cuando lo esté serán los primeros después de Albert quienes lo sepan – dijo Candy divertida.
Te imaginas Stear, un sobrino – expresó emocionada Annie.
Si alguien a quién malcriar – sonrió más para sí mismo.
Por cierto, no vamos a tener hijos hasta que haya acabado la residencia, aunque podemos cambiar de idea, verdad amor – le apretó la mano que tenía sobre su pierna por debajo de la mesa.
¿Vendrán mañana? – preguntó Annie.
Yo sí, Candy aún no lo sabe, lo más probable es que no – soltó la decisión de Candy rápidamente.
Bueno de ti Candy no se nos hace raro, tampoco asististe a los dos anteriores – con resentimiento se expresó Archie.
Estas en un error, al primero si asistió y fue ahí que nos enteramos de quiénes éramos. Pero discutimos, ella se fue y yo la seguí – explicó Albert tomando un poco de vino.
Entonces mi tía abuela no alucinó ese día, si llegó Candy – exclamó Stear.
Sí, pero tuvimos que irnos, me era necesario hablar con ella - volteando el rostro le sonrió.
Unas horas antes me había pedido que fuera su novia.
Entonces las dos semanas al mes que te ausentas ¿te la pasas con Candy tío? – preguntó Stear un poco apenado.
Si, es maravilloso estar con la persona que uno ama, ¿no lo creen chicos? Cuando volvía la extrañaba tanto que un día supe lo que tenía que hacer. Pedirle que fuera parte de mi vida – les contaba a los chicos sobre su decisión.
¡Qué romántico Albert! A ver si se les pega algo chicos – dijo Annie muy emotiva.
¿Desde cuándo están comprometidos? – preguntó Stear.
Desde hace dos días – dijeron al mismo tiempo.
Sí que tenían prisa – dijo Archie.
No Archie, nos conocemos desde hace dos años, así que no había por qué esperar – le dijo sin fijarse en la forma que él había sido herido.
Bueno, sólo espero que la hagas feliz – dijo Archie mordazmente.
Más que con la familia, seguro Archie – soltó Albert.
Albert tengo que decirte algo – le dijo Candy al oído.
Chicos si nos disculpan tenemos algo que atender, es urgente, permiso – pidió el rubio.
Cuando se dirigieron a una de las terrazas Candy dijo:
Sabes amor, vamos a ser muy felices después – dijo ella arrojándose a él.
¡Ah sí! ¿Por qué mi amor? – sin dejar de abrazarla.
No puedo resistirme a decírtelo, aunque Tom me regañará, él quería llevarse la primicia de verte sorprendido – pensaba mientras Albert resultaba ser muy impaciente.
Dime, sigue preocupándome lo del decano, sabes – dijo él denotando que así la obligaría a hablar.
Me dieron una beca para el año practico en Chicago, el Hospital Santa Juana va a ser el que me admita con honores, Albert no es maravilloso – dijo sin chistar.
En serio, Tom lo tenía muy guardado, felicidades mi amor, espero que me lleves – le dijo con complicidad y levantándola por los aires.
Claro que sí, además con respecto al embarazo puedo cambiar de opinión – le dijo cuando había caminado dos pasos devuelta a la recepción.
De hecho tengo listas mis maletas, preciosa – sonrió para sí, aunque cayendo en cuenta de que ella lo había planeado. Pequeña tramposa.
¡Jajajaja Albert! Qué cara pones, no te lo había dicho porque tú también guardabas secretos, así que ya sabes que se siente.
Si preciosa lo se todo.
Candy y Albert se detuvieron en medio de la pista para bailar la canción que habían escogido que ocurrentemente fue la misma. En un rato, todos se encontraban bailando y la Hermana María veía como Candy había logrado lo que quería en respecto al amor mientras aun le faltaba encontrar el camino para acabar la enemistad con Candy. Albert había hecho reservaciones para los chicos y las hermanas. A las once en punto las hermanas y los chicos fueron a descansar, Archie y Annie lo hicieron media hora después igual que Patty y Stear. Candy y Albert se quedaron bailando otras dos horas en medio del salón, entre la luz de la luna y un gran e inmenso amor.
George iba a retirarse, pero Candy aviso a Albert que estaba por marcharse cuando lo llamo.
George, espera – lo llamó el rubio cuando lo vio pasar por la recepción.
En este momento iba a retirarme, pero si usted quiere que me quede – sugirió por demás.
No George, puedes retirarte, sólo que quiero que publiques esta foto mañana a primera hora – le señalo cual era la que quería.
Más bien hoy Albert, son la una de la mañana – Candy lo corrigió.
Es cierto, que despistado soy, publícala a primera hora – le pidió como favor.
Si señor William, señora Candy buenas noches y felicidades – le dio la mano y se despidió.
Gracias George y descansa – le dijeron ambos al mismo tiempo.
Permiso – hizo una reverencia y se despidió.
Albert – lo llamó Candy.
Dime – contestó el rubio.
Cuando George dejará de decirme señora – le preguntó haciendo una mueca con la frente.
Así lo educaron Candy, él no tiene la culpa – le dijo amablemente Albert.
Bueno, pero lo haré cambiar de opinión señor William o debería decir Tío Abuelo William o mejor Lord Andley, ¿cuál de todos? – dijo ella tratando de parecer George.
En realidad deberías decirme mi amor y con eso me conformo – recomendó él.
¡Qué conformista me has resultado! – expresó ella.
Amor, ¿nos vamos ya? – preguntó Albert tomándola de la mano.
No, quiero seguir bailando – lo jaló.
Pero Candy, es nuestra noche de bodas – replicó él.
Ah lo sé, pero mañana tienes que madrugar para la reunión con "Tortura Andley" lo recuerdas – sonrió al tiempo que él la miraba con enojo.
Candy que te oiga la tía abuela y no dejara que te me acerques – le respondió embromándola.
Mmm, no creo que le hagas caso – dijo ella acercándosele coquetamente.
Por supuesto que no le haré caso, pero quiero tenerte entre mis brazos – la abrazó y apretó contra sí.
Aguafiestas, está bien, vamos – ella salió primero y lo iba jalando de la mano.
Cuando llegaron a su departamento, Albert le tenía preparada una sorpresa. apenas abrieron a puerta y el camino a su habitación se encontraba rodeado de fuentes de agua con velas flotantes y entre ellas un pequeño bouquet de las rosas de Anthony; cuando Albert la cargó hasta allí y ella abrió la puerta se asombró, la habitación se encontraba a media penumbra, con velos adornando la bella cama que había comprado para esa noche, a Candy le gustaba lo sencillo, pero dentro de sus múltiples sueños había nombrado una cama con dosel estilo victoriana no muy común en estos tiempos y menos cuando eran de caoba, un perfume por demás fuerte. La cual está adornada con velos blancos y velas a los lados, Candy no podía creerlo ya que nunca dejaba que nada que él le diera la impresionase, nada hasta esto, se notaba la delicadeza con la que se había hecho, cada detalle, cada listón que se había comprado con antelación y cada vela, la forma en la que se había colocado.
Albert, tu…tú hiciste esto – comenzó titubeando, realmente no tenia palabras.
Si, para nuestra primera vez – dijo él.
Pero…pero no lo es – ella sonrió pero bajó la cabeza.
Para mí sí, lo es cuando es la primera vez que te llamaré Candy Andley y no por ser mi hija sino mi esposa – corrió hasta ella y con los pulgares le levanto la cara y enjugo sus lágrimas e hizo que no sintiera vergüenza por ello.
Ay Albert, que feliz soy – le dijo ella arrojándose a sus brazos.
No llores amor, no lo hagas porque yo estoy aquí, siempre seré parte de ti – le dijo besándole los rizos.
Albert, te imaginas ¿cuánto me hubiese arrepentido si no te hubiera hecho caso? – le dijo ella apenas comenzando a llorar.
No mi Candy, no llores, sólo necesitabas darte cuenta de que no todo son los demás, si no que la vida se trata de que tú también luches por lo que quieres – le dijo ella.
¡Albert! – sólo eso pudo decir.
Candy no pudo más, comenzó a llorar convulsivamente, por su mente pasó todo tipo de escenas desde que hubiera sido adoptada por los Leagan y después por la familia Andley, es ahí que se dio cuenta de que su verdadera familia era él, Albert y no los que se decían pertenecer a una de las familias más prestigiosas en Illinois. Albert creyó que Candy necesitaba desahogarse así que la llevó a la cama y cerró las cortinas, él se perdió unos minutos en el cuarto de baño y regresó sin el traje, portaba solo los pantalones del pijama, en la mano derecha traía el camisón de Candy, de fina y tranparente seda.
Candy, tienes que cambiarte, anda te ayudo – la levantó y despojó del vestido.
Perdón Albert, no pude evitarlo – ella le estaba pidiendo disculpas cuando volvió a sollozar.
No llores mi amor, a pesar de los años aún no me has contado varias cosas, pero no es que te presione, no tolero no saber qué te pasa. ¿Por qué no me lo cuentas?
Ahora no, es nuestra noche de bodas – le recordó ella.
Tendremos muchas noches más, además ya me diste algo – le dijo el cuando estaba poniéndole el camisón.
Albert eso no cuenta – le dijo cuando ella se había equivocado pues el pensaba en otra situación que no era la entrega en la limusina.
Si cuenta, la mejor sorpresa de todas las que me has dado, es decirme que reconsiderarías lo del bebé y esa es mi mejor recompensa – la abrazó para acomodarla entre las sábanas.
Pero tengo miedo Albert – refugiándose entre sus brazos.
¿Por ser madre tan joven? – inquirió razonablemente.
No por tener que cumplir como tu esposa, no me gustan las reuniones y esas cosas que a la Tía Abuela parecen encantarle – explicó ella oliendo su cabello.
Lo sé mi amor, tu harás como hasta ahora, pero… - se detuvo pensando lo que había ocurrido ayer.
Pero…Albert habla, ¿pasa algo? – quiso averiguar la rubia.
Este sí, aunque no sé si deba contártelo – titubeo un poco.
Dime Albert, ¿qué pasa? – insistió.
La Tía Abuela nos siguió ayer cuando veníamos al departamento – le explicó ella.
¿Queeeeé? ¡Ahora sabrá dónde vivimos! Es hora de mudarnos! ¡Sí hay que mudarnos! – se levantó en ese momento tratando de pensar sin conseguirlo.
No – dijo Albert.
¿Cómo que no? Albert la Tía Abuela no es tonta – le gritó.
Candy uff…contacté a unos guardias y evitaron que diese con este lugar – le soltó rápidamente.
Me estás diciendo que tendremos custodios, las veinticuatro horas, no es posible…no Albert, no quiero eso – se dejo caer apesumbrada.
Lo sé mi amor, pero mi tía puede ser impertinente en muchos casos, por eso cuando me dijiste lo de Chicago me apunté para irme contigo – sonrió un poco.
Albert, Albert, mi pesadilla, la Tía Abuela será nuestra pesadilla – le dijo recargándose en su espalda.
A menos…- reconvino él.
¿Qué? No, no lo haré – ella se negó rotundamente.
