Los personajes de esta historia son de S. Meyer (esa gran mujer que en sueños creó a nuestro Edward para hacer nuestra existencia más llevadera u.u), la historia es mía.
7
Bella POV
El lugar podía ser pintoresco, pero la comida merecía la pena, desde luego.
-¡Esto está buenísimo!-gemí al dar el primer bocado a mi hamburguesa.
Edward rió y dio un mordisco a la suya.
-Jamás se me habría pasado por la cabeza que Edward Cullen frecuentase sitios como este...-solté de pronto.
Edward frunció el ceño.
-Vengo aquí desde que tengo permiso de conducir. Emmett fue quien lo encontró en su afán por hallar la mejor hamburguesa del mundo.-dijo haciendo una mueca graciosa.
Reí.
-No te lo tomes a mal, Edward. Ayer tuve que amenazarte en tu propia casa para que tus modales fuesen decentes y hoy pareces ser simplemente...
-¿Un mortal más? -preguntó irónico.-Realmente siento lo de ayer.-su voz ahora fue seria.-Fue todo un shock demasiado grande y desconfiaba de vuestras intenciones y...
-¡Oh, vamos!-solté exasperada. ¿De verdad creía que colarían conmigo sus excusas?- Llevo viéndote actuar desde hace casi dos años. No tienes que fingir.
Me miró serio y se limpió lentamente con su servilleta. Se tomó su tiempo para responder luego de dar un sorbo a su cerveza.
-No se lo que crees saber de mí, pero lamento decirte que estás equivocada.-susurró despacio. Su tono fue duro y frío.-No niego que hay días en que tengo un mal carácter y me cuesta controlar mi temperamento, pero no suelo ser grosero intencionadamente. Tampoco me gusta la hipocresía por lo que considero que tener un comportamiento...digamos ¿sosegado?, sí, sosegado porque la situación lo amerite, no va conmigo.
Ahora fui yo quien bebió. Le miré detenidamente. Estaba serio y sus ojos seguían cada uno de mis movimientos. Desvié la vista hacia la botella en mi mano mientras hacía círculos con ella sobre la mesa.
La puerta del local se abrió a mis espaldas y el camarero volvió a la barra.
-Asique...¿no eres un amargado que odia a las mujeres?
Edward abrió los ojos en demasía para luego estallar en carcajadas.
-¿Qué? ¡No! ¿Por qué piensas eso?
Chasqueé la lengua y le miré con cautela.
-Bueno, era eso o que fueses gay. Ya sabes, no se te ha conocido nunca novia alguna...
-Eso es porque no he tenido la suerte de conocer muchas mujeres que de verdad valgan la pena.-contestó divertido.- Exceptuando a las de mi familia, claro.
Su diversión pronto se apagó para dejar paso a su ceño fruncido.
-¿Gay? ¿En serio?-preguntó incrédulo.
Me encogí de hombros a modo de disculpa y seguí comiendo.
-Pase lo que pase, no le digas tus conclusiones a Emmett, por favor. -rogó.-He tenido suficientes comentarios de ese tipo a lo largo de los años. Saber que alguien como tú ha llegado a la misma conclusión que él haría que me volviese loco con sus burlas eternamente.
Parecía otra persona diferente...muy, muy diferente. Cuando se lo contase a Rosalie, no se lo creería.
Reí sin poder evitarlo y él me acompañó un tanto contrariado.
El hombre que estaba a mis espaldas en el mostrador se paró junto a nuestra mesa y se quedó mirando a Edward. Éste paró de reír inmediatamente.
-¿Puedo ayudarle en algo?-dijo ya serio.
-¿Eres Edward Cullen?-habló con voz gruesa sin sacar sus ojos de él.
-Sí.-Edward contestó alargando la palabra y mirándolo con desconfianza.
Luego todo pasó como a cámara lenta.
Su mano derecha fue a su espalda y la mía inconscientemente viajó a mi costado. Edward se petrificó en su asiento y yo me levanté de un salto y empujé al sujeto, que trastabilló hasta caer de espaldas. Le apunté con mi arma mientras me acercaba y él levantó la suya desde el suelo.
El camarero y el cocinero se asomaron sobre la puerta de la cocina y alguno de ellos, no se cual, profirió un agudo chillido más propio de una chiquilla que de otra persona.
-¡No se preocupen! Soy policía. Manténganse en la cocina a cubierto y no se alteren.
Ambos volvieron a desaparecer y yo me felicité por mi gran actuación.
-¡Suelta el arma!-grité centrando mi vista en el desconocido.
-No. Es él o yo.
-¡Suéltala!- vociferé.
La tensión era tal que podría alargar la mano y notar la densidad en el aire. El sudor corría a mares por la cara del desconocido. ¡Por Dios! No tendría más de veinticinco años...sus ropas y su aspecto desaliñado, así como sus ojos inyectados en sangre le daban un auténtico aspecto de drogadicto. Posiblemente lo fuese.
-No volveré a repetirlo.-susurré.
-Bien.-dijo él a su vez.
Levantó el arma apuntándome al pecho y su dedo se movió al gatillo.
Salté sobre él dando una patada a su mano derecha y dejando mi pie izquierdo presionado en su cuello. La pistola trastabilló hasta quedar oculta bajo una de las mesas.
Tosió y forcejeó bajo mi pié pero sólo consiguió que yo presionase más.
-Quédate quieto y dime quién ten envía.
Mi voz sonaba fría y serena. Mucho menos de lo que en realidad me encontraba.
Forcejeó de nuevo e hizo el intento de hablar para luego emitir un sonido ahogado.
¡Se reía!
Disminuí la presión de mi pie y me dejé caer sobre su pecho de rodillas poniendo mi pistola pegada a su sien.
-Tu nombre.-exigí.
Paró de reírse.
-Brian.- musitó sonriendo.
"Enfermo".
-Bien, Brian -me incliné sobre su rostro.-No soy policía, no soy guardaespaldas tampoco...simplemente soy una mujer con un arma. Alguien a quien no le importará apretar el gatillo ni lo más mínimo, así como aquellos que lo harán en mi lugar si te dejo ir. Asique no colmes mi paciencia, porque además de un arma tengo un oscuro fetiche, ¿sabes cuál es?
Sonreí mordiéndome el labio.
"Brian" tragó saliva.
-Me encanta la tortura...-susurré y gemí cerrando los ojos sobre él.- Escuchar los gritos, ver como la sangre brota por todos lados y sentir los huesos astillarse bajo la piel...mmm...es jodidamente excitante.
Antes incluso de haber terminado de hablar, el muy idiota ya estaba temblando.
-¿Lo captas?-dije volviendo a ponerme seria.
Cerró los ojos fuertemente mientras yo apreté más la pistola contra su cabeza.
-Quiero un nombre...¡ahora!
-¡No lo sé! No sé quien es, ¿vale? Marc me dio la pistola y un sobre. Dijo que tenía que vigilar el barrio, sobre todo este restaurante. Dijo que él aparecería algún día y yo debía estar preparado. ¡Prometió darme toda la mercancía que le pidiese gratis! Eso y hacerlo o que me matasen. ¿Qué más podía hacer?-lloriqueó estúpidamente.
-¿Marc es tu camello?
Asintió empezando a llorar.
-No me mates, por favor...-suplicó.
Mi mano izquierda viajó a su cuello.
-¿Habrías tenido tú esa consideración con Edward Cullen? No lo creo...pero no te preocupes, me has dado lo que quería. Ahora, -dije levantándome y tomando mi bolso sin dejar de apuntarle.- ábrelo.-ordené.
Lo cogió todavía en el suelo mirando de soslayo a Edward, que se había levantado y estaba como una estatua detrás de mí.
-En la cartera hay trescientos dólares. Cógelos y sal de mi vista. Te aconsejaría que tomases el primer tren o autobús...o lo que quieras, que pudieses encontrar. Sal de la ciudad si quieres estar vivo mañana.
"Brian", todavía temblando, hizo lo que le pedí y tras lanzarnos una mirada a ambos, salió corriendo.
Bajé el arma y tomé el bolso del suelo.
-Vas a tener que pagar tú porque era todo lo que tenía en metálico.-dije girándome para mirar a Edward.
Estaba muy pálido y sus ojos estaban brillosos. Su mandíbula fuertemente apretada y sus músculos en tensión. Sólo esperaba que no entrase en shock...o se desmayase.
N/A: Este capítulo fue bastante ugh...quería meter acción pero no quería pasarme...y aún así creo que no he logrado un equilibrio...jejeje. Cortito pero con sustancia eh? Jajaja
Review?
