LA SEÑORA ANDREW
La mañana era soleada, pero un ligero aire la refrescaba. Los árboles realizaban su danza junto al viento, y los ruiseñores cantaban en lo alto de ellos.
Candy despertó y abrió lentamente los ojos. Miró hacia donde estaba él. El cuerpo de Albert descansaba plácidamente en la cama.
Dormía profundamente. A ella por unos instantes le pareció que roncaba ligeramente. Decidió no despertarlo. Por un tiempo que no alcanzo a definir se quedo quieta observándolo. Aún dormido se veía sumamente atractivo.
Le dio un tenue beso en su frente y se levanto. Fue la cómoda y vio que su ropa ya estaba acomodada en los cajones.
Reconfortándose de las comodidades que le proporcionaba esa habitación decidió darse una ducha.
Cuando entro al baño, vio una gran tina. Vestida solo con la camisa de Albert que había tomado de la alfombra todavía llena de pétalos de rosa, se dirigió a ella y se sentó en la orilla. Abrió la llave lentamente y el agua comenzó a salir. Observaba el agua llenar la tina y su mente voló otra vez.
A Candy le parecía todo un sueño, un dulce sueño con el que había anhelado muchas veces. Siempre había querido para su vida un hombre que la amara de la forma más espontanea, sincera y apasionada. Y por un giro del destino ahora lo tenía, solo que nunca imagino que sería Albert, sin embargo estaba feliz de que así fuera.
Después de la supuesta muerte de Stear sintió la primera señal. Esa tarde ella y Albert habían estado más juntos que nunca desde que se volvieron a ver. Sentados en esa rama grande de aquel viejo sauce contemplaron el horizonte recordándolo, y sintió su cálido abrazo. La delicadeza con la que secó sus lágrimas y como la acompañó toda la noche, despierto, recordando a su querido amigo.
Y no fue la única, como esa hubieron muchas señales, sin embargo se negó a si misma a verlas como tales. Siempre se auto-convencía que solo era su amigo, y nada más. No se había permitido jamás demostrarle lo mucho que le gustaba. Sentir su mirada sobre ella, sus ojos azules, sus pestañas largas, sus cejas pobladas, sus labios sutilmente gruesos y sus dientes blancos. Su cuerpo muy alto y bajo sus ropas su figura atlética. Terry era guapísimo, pero la belleza de Albert resaltaba aún más. Pensó que sería por su diferencia de años. Tal vez Terry sería igual de atractivo con el pasar del tiempo.
Tocó el agua, estaba ligeramente caliente y pequeños hilos de vapor salían de ella. Se levantó y vio las toallas dobladas en una silla cerca de la puerta, camino unos pasos para tomar una y esta se abrió. Ahí estaba él con su pantalón de pijama puesto y su torso descubierto. Su cuerpo fornido y sus músculos marcados, aún más que cuando habían vivido juntos, y su cicatriz del zarpazo del león de circo que los había atacado en el parque. El la miró con su camisa blanca y su pelo suelto. Pensó que se veía completamente adorable.
- No sentí cuando te levantaste.
- No quería despertarte, estabas profundamente dormido.
- Si la verdad es que estos últimos años he dormido muy poco. Siempre en constantes viajes y reuniones a horas muy tempranas o que se terminan muy tarde. Creo que estas vacaciones van a ser reparadoras.
- Lástima que se acaben tan pronto.
- Si, lo se…Vas a bañarte?
- Si…
- No me invitas?
- Si quieres…- Dijo Candy con voz tímida y esbozando una sonrisa. El cerró lentamente la puerta y puso el seguro. La miro de nuevo.
- Hasta recién levantada te ves muy linda…- La tomó por la cintura y la atrajo hacia si con delicadeza y la beso sosteniendo su nuca, con su mano enredada en sus cabellos. Los besos eran ahora su más cotidiano método de comunicación. Tocarla y recorrerla con sus manos era su lenguaje. La despojó de la camisa y él hizo lo mismo con su prenda. El agua toco sus cuerpos.
- Jajajaja, esta muy caliente verdad?.- Él estaba frente a ella y comenzó a ponerse un poco rojo de su piel.
- Si… no sabía que te gustaba tan caliente. No deberías bañarte con el agua así, va a resecar tu piel.
- Crees que mi piel esta reseca…- Le dijo la pecosa haciendo una mueca coqueta.
- No, es la piel más suave que he tocado en mi vida.
- Mentiroso!.- Candy lo salpicó con agua.
- No soy mentiroso, yo nunca miento.
- Pues no te creo!.- Y volvió a salpicarlo
- A si, vas a ver…- Y comenzaron a guerrear con el agua. Tomo su mano y la jaló hacia él, ella quedó sentada en sus piernas. Grandes cantidades de agua se derramaron por el suelo. El la miraba con mucha intensidad. Volvió a besarla con las mismas ansias contenidas por mucho tiempo. Sus caricias acompañaron su ducha. Entonces ella se sintió osada. Tomó la esponja y untó en ella jabón. Lo miraba con ojos casi felinos. Se sentó sobre él a horcajadas para mirarlo de frente. Recorrerlo a él con la esponja fue una muy grata experiencia para ella. Deslizaba su mano enjabonando su amplio pecho, sus brazos, su cuello. Él hecho la cabeza para atrás con sus brazos en las orillas de la bañera y cerro los ojos. Se deleitaba con la sensación de la esponja y sus manos recorriéndolo. Ella lo miraba curiosa viendo sus expresiones al tocarlo. Se acercó y beso su cuello y su pecho; el solo se entregaba a esa deliciosa experiencia.
Así duraron un rato hasta que sus cuerpos sobre-excitados les pidieron terminar con la tortura. Ella sentía que el corazón se le saldría del pecho cuando explotó en éxtasis. Jadeando levemente se dejo caer en él aferrada a su cuello, con las rodillas temblorosas, pero completamente feliz.
- Pensé que para esto había horario…- Dijo elle respirando con voz agitada.
- El horario es lo de menos si estas con la persona que amas…
- Me quieres mucho?
- Mucho pequeña. –Y volvió a besarla. Se entregaron uno al otro nuevamente en ese beso. Ella lo miro y sonrió ampliamente. Al cabo de un cuarto de hora terminaron su ducha, después de una amena charla. Ella le sonrió, lo beso y se encaminó para salir de la tina.
- Espera…- Alzó su brazo, jaló una toalla y la puso en el suelo.- Hay mucha agua derramada y puedes caerte.- Ella salió y el la siguió.
Sin dejar de besarse se enredaron en las toallas blancas.
-Tal vez esa sea nuestra vida en lo cotidiano…-Pensó Candy, secando sus cabellos, envuelta en una toalla, sentada en la cama, mirándolo ponerse su loción, después de afeitarse, para verse impecable como a ella le gustaba.
- Buenos días!.- Albert entraba a la cocina sorprendiendo a las mujeres que hacían sus labores. Las doncellas jóvenes se habían quedado sin habla al verlo, vestido de manta blanca, con su pelo más alborotado que de costumbre.
- Buenos días señor William, ya van a desayunar?.-Le dijo la cocinera
- Prefiero que me prepare una canasta, quiero llevar a Candy a desayunar junto al lago.
- Claro que si señor, me quedo un poco de queso de ayer, y la señora Dolores me pidió que le trajera unas botellas de vino de su cava.
En un momento le preparo todo.- Albert se acercó a ella y le hablo al oído.
- O sea que fuiste tú la del ritual vudú, verdad?.- Espontáneamente le dio un beso en la cabeza a Leonora y le hizo una caricia en su mejilla.- Te debo una "Nana Nzuri".- Tomo una manzana y salió de la cocina. Las mujeres se quedaron atónitas con la breve visita. Leonora esbozó una gran sonrisa y fue a buscar el pedazo de queso envuelto en tela.
- Viste eso?.- Dijo Monic totalmente asombrada
- Se ve guapísimo!
- Niñas, niñas contrólense…
- Hay si, como a ti te dio un beso y te habló al oído.
- Leonora que suertuda!
- Manténganse tranquilas niñas por favor, que ya el señor es casado.
- Pues si, que suerte de muchacha…- Dijo Florencia con sarcasmo.
- La niña Candy es preciosa, es ideal para el señor William, así que ya déjense de cosas y ayúdenme a preparar lo que el señor necesita…
Leonora era una cocinera experta, sus manos no solo preparaban cosas deliciosas sino que tenia la habilidad de combinar colores, olores y sabores. Albert pensaba que su gusto tan refinado podría competir con el más afamado Chef de su restaurant de Chicago, a pesar de ser una mujer humilde. Esa era la gente que el más apreciaba, la que encontraba la belleza hasta en las cosas más simples.
Con sus ojos cerrados imaginaba a su hermana cortándole un trozo de fruta que servía como aperitivo para la merienda, sentada junto a él en el jardín de Lakewood. Evocaba sus memorias que lo transportaban a su infancia, con las manos de Pauna en sus cabellos, sonriéndole.
Abrió los ojos y observó a una joven rubia de ojos verdes iguales a los de ella. Candy tenía la cabeza de Albert recargada en su regazo, acariciándolo, como si fuera un niño.
- Tus manos tienen la virtud de relajarme.
- Parecía que estabas soñando.
- Soñaba con una joven de pelo rubio y ojos verdes.
- Con Pauna…
- Si…Eres igual de hermosa que ella…No sabría decir cual de las dos es mas bella.- La miró y ella deposito un beso fugaz en sus labios.-Quieres que regresemos?.- Dijo Albert incorporándose y acomodándose junto a ella. La pecosa doblo sus piernas hasta abrazar sus rodillas dejando descubiertos sus pies.
- No…Se esta muy bien aquí. Se siente una paz que hace muchos años no sentía. Por cierto, no tienes que ir a la fabrica?
- En mi luna de miel?…No señora Andrew, esta vez le va a ser imposible deshacerse de mí.
- Que cosas dices, ya te diste cuenta que tenemos tres años sin pasar 24 horas juntos?
- Si, es cierto. La verdad el tiempo no existe si estoy contigo. Tendré que hacer muchos arreglos ahora que regresemos a Chicago. Creo que ya es tiempo de delegar responsabilidades. Ahora que nos hemos casado no puedo estar viajando tanto. Me gustaría permanecer muchas horas del día a tu lado.- Le dijo depositando un beso en sus cabellos.
- Pero…Mi trabajo también es muy demandante y yo no puedo delegar responsabilidades.
- Entonces piensas volver al hospital?
- Creo que si…es…mi trabajo, no sirvo para otra cosa…- Candy se puso pensativa, ahora no era solo una enfermera, ni la hija adoptiva, era nada menos que la esposa del magnate cabeza de los Andrew. Uno de los hombres más ricos del país.
- Jamás te pediría que dejaras de ser tu misma.- Candy lo miró y sonrió ligeramente.
- Estas inquieto por que volveré a ver a Richard?
- Lo que menos deseo es que tengas dificultades. Tal vez si cambiaras de hospital…
- Sabes que lo haría si me lo pidieras, pero no quiero tratar de huir. Tengo muchas cosas que decidir… Ahora soy tu esposa y…
- Y…?.- Albert la miraba con curiosidad
- No se…las cosas van a cambiar mucho, para empezar no nos detuvimos a pensar ni un momento en lo que la familia va a decir cuando sepan que nos hemos casado.
- No creo que haya ningún problema. La Tía Elroy entenderá, por ella no te preocupes. Y los muchachos se pondrán contentos por nosotros.
- No estoy tan segura, sobre todo con la señora Elroy…Por otro lado…Albert…y el consejo de los Andrew?
- Que con ellos?
- Pues…No se…Tal vez no estén de acuerdo…- Albert tomo aire y exhaló con fastidio
- Candy, se manejar a mi familia y al consejo. No puedo permitir que nadie que no sea yo rija mi vida. Me hice cargo como cabeza de la familia Andrew por que sabía que era lo correcto. Y aunque extraño mi vida de vagabundo, no me arrepiento. Creo que lo más importante es que no he dejado de ser yo mismo. No me preocupa lo que opine el consejo…Mas bien…Quiero saber si te haz arrepentido de casarte conmigo?
- No! Por su puesto que no.
- Entonces? A que viene tanta inseguridad.- Albert la miró con el seño fruncido
- Albert por favor, en más de una ocasión escuche hablar a la Tía Abuela sobre la gran dama que tendría que ser la futura señora Andrew. Que tendría que ser una mujer con gran distinción, clase, educación…
- Oye…Estas describiendo a un maniquí de porcelana, esos son estándares que tiene la Tía Eloy, los Legan, no yo…Jamás me imagine estar casado con una mujer llena de frivolidades y vacía por dentro. Esas grandes damas de sociedad que mi Tía se ha empeñado en presentarme la verdad no tenían nada que ver conmigo. Si te soy sincero, no me imaginada casado con nadie… y menos estando enamorado como un loco de ti.- El se giro levemente extendiendo una de sus piernas y tomo una de sus manos para besarla, ella se sonrojo ligeramente.- Además "tú eres una gran dama", lo haz demostrado una y mil veces.
- Albert, no es lo mismo asistir a una pequeña reunión familiar que demostrarlo ante toda esa gente que espera maravillas de mí. Jamás estuve a la altura de la familia. Por eso es que me negué a que me presentaran como una Andrew. La Tía Abuela lo dijo muchas veces, que había sido un gran error haberme adoptado.
- Si, te lo dijo tantas veces que terminaste por creerlo…- Rompió una pequeña rama con frustración trozo a trozo y tiro los pedazos hacia el pasto, pensando en sus palabras.- No sabes como me arrepiento de no imponerme ante ella sobre este asunto. Esa fue una irresponsabilidad de mi parte, haber permitido que te tratara así, debí haber puesto en su lugar a Sara y a sus hijos. Es una de las cosas que hacen que mi conciencia este intranquila.- Albert miró con semblante triste hacia el lago. Luego se recostó de espaldas poniendo el dorso de su mando en la frente
- No digas eso, tú no tienes la culpa de nada.- Ella se recostó junto a él. Albert la rodeo con su brazo y la atrajo hacia su cuerpo.- Ellos son como son y punto…Es solo que tengo tanto miedo de causarte problemas.
- Como hare para que entiendas…Eres… lo más importante de mi vida. Mi mayor ilusión por muchos años. Nada de lo que hagas puede afectarme, al contrario… Todo lo tuyo me gusta y me siento inmensamente feliz de que seas mi esposa…Me crees?.- Le dijo mirándola con intensidad.
- Si…
- Quiero que seas mi amiga, mi confidente, mi amante…eso es lo que espero de ti como la señora Andrew…Lo demás no me importa. Estoy seguro que en todo momento demostrarás que eres una gran dama, no una hueca muñeca de sociedad.
- Tienes mucha fe en mí…
- Siempre la he tenido, te admiro desde que te conocí, eres maravillosa en todos los sentidos. Libre, independiente, valiente...- Ella lo miraba extasiada, incluso sus amigos podrían pensar las mismas cosas de ella pero solo él lograba dar ese toque verosímil a las palabras. Con él su autoestima se elevaba hasta el infinito, se sentía valiente y sobretodo valiosa.- Te amo como eres…
El se acercó a sus labios rozándolos sutilmente con los suyos. Ella abrió levemente la boca y el aprovecho para posesionarse de ella, jugando dulcemente con su lengua, saboreándola, llenándose de sus labios, iniciando un beso poderoso, posesivo, sublime que a ella la estaba dejando sin aliento. Con la poca razón que le quedaba pensaba como era posible que con un solo beso pudiera su príncipe hacer vibrar todo su cuerpo. El empezó a recorrer con sus manos su espalda bajando hacia su cintura. Sus caricias encendían la llama de la pasión en su interior. Pero se obligo a sí misma volver a la realidad. Por un instante logro separarse de su dominio.
- Albert…Alguien puede vernos…- Le hablo en un susurro. El tenía los ojos cerrados y entre beso y beso hablo también.
- Le dije a Leonora que no nos molestaran…Que evitara que se pasearan por los alrededores…
- Si pero… no esta bien…- El se separo de ella, la miro y suspiro con decepción aunque dibujando una leve sonrisa en sus labios. Se recargo en un brazo apoyando la cabeza en su mano y siguió mirándola. Se sentía deseoso de tenerla y pensaba que no se cansaría nunca de su presencia. De repente y traspasando por el hueco de su hombro y su cuello vio a lo lejos una silueta que se oculto en un árbol.
Ella lo miraba con ternura.
- Sabes me gustaría conocer la ciudad. Quiero ir al zoológico.
- Mañana tengo una junta importante con gente de la alcaldía y mis socios, pero podremos salir por la tarde. Dolores quería que los acompañáramos al club de aquí de Nashville, y me dijo que ella me avisaba el día, el club tiene una alberca muy bonita, canchas de tenis, y muchas otras cosas.
- Me encantaría ir, el clima es excelente para nadar.
- Mañana por la mañana puedes ir de compras. Aprovecha para comprarnos bañador. Le mandare avisar a Dolores para que te acompañe…Preciosa, adelántate adentro de la casa, yo tengo que…ver algunas cosas del jardín. En unos momentos estoy contigo.
- Está bien.- Se levantaron, Candy sintió un poco distraído a Albert y su semblante serio le causo extrañeza. Tomo la manta donde habían descansado sus cuerpos y la canasta de bocadillos. Se encamino a la casa. Cuando llevaba distancia de él se giro y lo vio en la misma posición donde se había quedado al despedirla, sonriéndole aún.
El la vio alejarse y entrar a los jardines que colindaban con la casa, miro de reojo y vio la silueta moverse. Tratando de despistar, se encamino a la orilla del lago pasando por detrás de un árbol grande, fue entonces que lo vio con claridad. El sujeto se distrajo viendo a la pecosa caminar hasta la casa lo que le permitió a él moverse con la agilidad de un felino y llegar sin que el sujeto se diera cuenta.
Con habilidad se planto por detrás de él, el sujeto se percato de su presencia por que se giró rápidamente lanzando su puño con fuerza hacia la cara de Albert, sin embargo él lo esquivó con facilidad lo que le permitió sujetarle el brazo y aplicarle una llave que lo llevó directo al suelo con la rodilla del rubio en su espalda.
- Aaah!
- QUIEN ES USTED? QUE ESTA HACIENDO AQUÍ?.- Albert gritaba sin soltarle el brazo y con el hombre totalmente sometido, sus gritos fueron oídos por su chofer que salió directamente hacia ellos.- RESPONDA?
- Señor William, que sucede?.- Le dijo alarmado el joven moreno
- Llama a la policía Henry…Diles que tenemos un ladrón!…- Dijo Albert sin mirarlo y sujetando al tipo que no dejaba de forcejear y quejarse por el dolor
- Tranquilo señor William, el es el hermano de la señora Grace.- Albert miro a Henry sin soltar al hombre, apretando la mandíbula con frustración soltó el brazo del sujeto y se levando liberándolo. El hombre se levanto también con dificultad lanzándole una mirada de odio al rubio y sobándose el brazo. Albert no se dejo intimidar, tenía bastante experiencia tratando con todo tipo de hombres rudos incluso asesinos en potencia.
- Que estaba haciendo oculto en los árboles?…- Le pregunto Albert con firmeza
- Solo fumaba un cigarrillo.- Recalco el hombre con desprecio lanzando una mirada altanera. Albert lo miro con gran desconfianza ya que había visto lascivia en su mirar cuando con los ojos siguió a su esposa, oculto en las sombras.
- Si vino a visitar a su hermana por que no esta con ella?
- El trabaja aquí señor William, llegó ayer…- Le dijo Henry con semblante asustado. Albert lanzo una mirada fría a Henry y luego miró a al sujeto.
- Tenga cuidado con lo que hace…- Dijo Albert con tono de advertencia sin dejarse intimidar por la mirada de odio que le lanzaba el hermano de su ama de llaves, volvió a mirar a su chofer y caminó hacia atrás sin darles la espalda. Luego se giro y camino hacia la casa, conteniendo su enojo. Entro a la mansión y en la estancia vio a Florencia que sacudía las repisas de madera.- Donde esta Grace?.- Pregunto a la doncella con semblante serio.
- E…en la cocina señor.- Dijo la joven asustada.
- Llámala, dile que necesito hablar con ella. La espero en la biblioteca.
- Si señor!.- Dijo Florencia y salió a toda velocidad.
Albert entró a la biblioteca. Fue directo al escritorio y se sentó en la silla principal. Miraba hacia la ventana todavía ofuscado por lo que había sucedido. En la mirada de ese hombre se reflejaba el alma de una bestia que él reconocía muy bien, haciéndolo recordar uno de los sucesos más aterradores de su vida. Se volvió a levantar, camino hacia el servibar y se sirvió una copa de coñac que tomó de un solo trago. Se giró avanzando hasta la ventana y fue entonces que el ama de llaves entro a la biblioteca.
- Me llamaba señor?.- Albert la miró, respiró profundo y se calmo.
- Grace, por que no me dijo que había contratado a su hermano para trabajar aquí en la casa?
- S…señor, yo…El señor Johnson me pidió que contratara a una persona para que se hiciera cargo del jardín.
- Si pero sabe perfectamente que el personal debe dar referencias antes de ser contratado.
- Si…yo se señor pero…le dije a la señora…ayer y ella reviso las referencias y dijo que no había problema…Ha…hablo con mi hermano y me dijo que estaba contratado…- Albert la miraba con semblante serio, se extraño de que Candy no le hubiera comentado nada. No podía desacreditarla ante su personal, como su esposa tenía todo el derecho de decidir sobre su casa, pero le pesaba que fuera tan ingenua.
- Di órdenes precisas de que no se nos molestara. Si se va a encargar del jardín no lo quiero merodeando por la casa. O cuando estamos dando un paseo por el lago.
- Esta bien señor
- Y le prevengo, no estoy seguro de que quede contratado. Entendió?
- S…si señor.
- Será mejor que vaya a atenderlo, puede tener una contusión en el brazo.
- L…le pasó algo?.- Albert la miro de manera intimidante.- Lo siento…C…con permiso.- Se disculpo la mujer y salió a toda prisa.
Él se sentó de nuevo. Respiro profundamente y se recargo en la silla, con una mano froto su cien derecha, recordando la penumbra del amanecer en la sabana.
Los gritos de esas jóvenes y niñas todavía retumbaban en su cabeza y la impotencia que sintió estaba fresca en su memoria. No pudo hacer nada. Los cuerpos esparcidos y la sangre de inocentes derramada con aquella bestialidad, sin ninguna justificación, solo los vestigios de instintos brutales, de animales con cuerpos de hombres…Las hienas merodeando para comer carroña.
Candy lo esperaba impaciente, había oído los gritos desde afuera de la habitación. Ya había pasado mucho tiempo y él no llegaba. La duda le carcomía así que decidió encaminarse a buscarlo, cuando iba hacia la puerta esta se abrió y él apareció. La miraba con semblante serio y malhumorado.
- Que paso? Discutiste con alguien? Se oyeron tus gritos desde el pasillo de afuera.- Lo ametrallo con sus preguntas. El no dejo su semblante.
- Si, tuve un disgusto con un empleado.- Camino hacia la cama. Su mandíbula estaba tensa.
- Con el hermano de Grace?
- Si…Por que no me dijiste que lo habías contratado?.- Ella lo miro contrariada. Desvió la mirada y se giro, para no darle la cara. Mordió su labio inferior y mintió.
- Pues no le di importancia…Grace me dijo que era su hermano y…Lo entreviste, le hice unas preguntas y pensé que no tenía nada de malo contratarlo.- Se frotaba las manos con ansiedad, sentía un dolor enorme en su corazón pues sabía que estaba mintiendo.
- Pero para contratar personal hay que seguir un protocolo.
- No sabía que tenías que ser detective para contratar a alguien.- Dijo Candy en tono molesto y sarcástico
- No es eso, es…- Albert se froto la frente con impaciencia.- Tienes que tomar en cuenta muchos factores para contratar a alguien, entiende que nosotros dependemos de la gente que nos rodea, deben ser confiables.
- Si pero, tu contrataste a su hermana, ese pobre hombre no tiene trabajo y no creí que…
- Mira, a lo que me refiero es… Debemos saber todo de ellos, conocerlos y comprobar que lo que dicen es cierto. Hay que ser muy perspicaz, intuitivo…inteligente para…- De inmediato se arrepintió de sus palabras. Fue solo una la que desató de inmediato el enojo de Candy.
- Pues…Discúlpame por no ser inteligente!.- Lo miraba con el seño fruncido.
- Candy no quise decir eso… es solo…
- Se muy bien lo que quisiste decir…Tienes razón, no tengo la menor idea de cómo contratar una persona, ni tampoco como dirigir una casa, ni como ser una gran dama. Creo que esta vez te haz equivocado conmigo y me haz sobreestimado, tal vez nunca seré la gran señora Andrew que todos esperan.- Candy levanto la voz ligeramente.
- Pero…Ni si quiera estamos hablando de eso.- Albert de tapo la cara con sus manos y se sentó en la cama.
- Claro que si, estas disgustado con una decisión que tome, estas costumbres…este protocolo como tu dices, ni si quiera lo conozco.- Ella empezó a hablar en tono alterado.- Ahora imagínate en una situación en la que tenga que tomar otras decisiones, voy a quedar en ridículo como siempre ante tu familia. Estoy harta de que siempre que hago algo para la familia Andrew todo lo hecho a perder.
- De que estas hablando?
- De todo, estoy cansada de ser para todos la estúpida huérfana jugando a la cenicienta!.- Las lagrimas empezaron a brotar por sus ojos sin que pudiera hacer nada para contenerlas.- No tengo ni la habilidad, ni el carácter de una gran señora. No quiero mil sirvientes que me digan que hacer, ni que vestir, ni sentirme prisionera… ni familiares que me digan cosas hirientes como que soy una dama de establo, o…ver el desprecio de los demás al enterarse de mi origen…- Ella estaba casi gritando.- Me deje deslumbrar por toda esa vida de lujos, de ensueño…Creyendo que algún día me verían como parte de la familia…Debiste elegir a una mujer de clase, de una gran familia, como las que desfilaban en las cenas que la señora Elroy organizaba para ti.
- Ninguna de esas mujeres vacías y frívolas me intereso nunca!... Esas…divas con semblante altanero fingiendo estar muertas de amor por mí. Era a ti a quien quería!- Dijo Albert con fastidio y tono alterado también
- Y que importan los sentimientos, esas mujeres cumplen con los estándares de tu familia, del consejo, una de ellas debió ser la señora Andrew, no yo.
- Como puedes decir eso? Estas insinuando que debí elegir a una de esas mujeres idiotas, llenas de prejuicios, bellas por fuera pero podridas por dentro, renunciando a mis sentimientos, a mi ser como persona. Si es así es que no me conoces.
- Y que mas da que te conozca, ya no eres un hombre cualquiera. Eres el señor Andrew, el todo poderoso. Debiste elegir a una dama distinguida no a mí. No soy mujer para ti…No debí...
- Casarte conmigo?.- Dijo él casi de inmediato. Albert se había levantado de la cama cuando ella empezó a llorar y se situó junto a ella. Se giró para verlo, sus ojos azules tenían una sombra oscura.
- No quise decir eso.
- Pero lo pensaste.
Ella no dejaba de mirarlo, aunque lo había pensado no era por los motivos que el creía. Sin embargo ya era tarde, lo había herido en lo más profundo. La tristeza de su rostro la hacían sentir sumamente culpable, lo que por muchos años había sentido, lo había descargado en un instante de la manera mas burda, sus palabras salieron a borbotones con su frustración reprimida por tanto tiempo. El limpio sus lágrimas y acarició su mejilla.
- Solo un día…solo ha pasado un día Candy...- Ella se quedo paralizada, sin habla sintiendo un fuerte escalofrió recorrer toso su cuerpo.- Perdóname. Me deje llevar por mis sentimientos y te arrastre a todo esto. No soy todo poderoso… Nunca quise serlo. Lo único que he querido es ser yo mismo. Quería ser digno de tu cariño.- Las alarmas se encendieron en la pecosa al ver su semblante, nunca antes vio su rostro tan desencajado. Se maldijo a si misma intensamente.
- Albert no es lo que piensas!.- Dijo en tono asustado.
- No te preocupes…Te entiendo perfectamente.- Ella sostuvo la mano de él en su mejilla. Su respiración se agito presa del pánico. El la soltó y avanzo hacia la puerta.
- Albert escúchame…- El se paro en el umbral de la puerta.
- No eres prisionera de nadie, eres libre como siempre incluso de irte si lo deseas…-Le dijo mirando al vacío con la puerta abierta.- Jamás te obligaría a nada…Te amo demasiado!…Estoy dispuesto a todo por verte feliz.- Giró su cabeza para verla.- Incluso a perderte…- Y se marcho cerrando la puerta detrás de él.
Ella se deshizo en llanto, calló de rodillas al suelo dando grandes sollozos. Ese era el resultado de toda una vida de desprecios por parte de la familia que la adopto y los vino a descargar en la única persona que la había tratado con dignidad, con ternura…con amor.
- Que hice…Eres una estúpida Candy…Una estúpida!...
