Los personajes pertenecen a la gran Stephanie Meyer y la historia es de Abbie Glines. Yo solo juego con ellos para entretenerme...

Que disfruten...

############################################################################################

Capítulo 12

Bella

Me detuve en la ventana de Seth y llamé. Me encontraba entumecida. No sabía cómo había logrado llegar hasta aquí en la oscuridad. No estaba segura de por qué vine aquí, excepto que lo necesitaba. Necesitaba que él viera los mensajes que acababa de recibir de un número desconocido y me dijera que también los veía. No estaba soñando o alucinando. Oh, Dios, déjame estar alucinando. Por favor. Por favor. Que esté alucinando.

La ventana de Seth se abrió. Su cara adormilada se veía confundida. Como si pensara que estaba soñando. —¿Bella?¿Qué pasa? —preguntó, abriendo la ventana completamente y saliendo para quedarse frente a mí.

No podía hablar. Simplemente le entregue el teléfono.

Él lo miró, confundido, después me miró de nuevo. —Me estás asustando, Bella. ¿Tu padre se encuentra bien? Habla conmigo, chica.

Sacudí mi cabeza. —No es mi padre. —Logré decir.

Seth deslizó su dedo por la pantalla del teléfono y la luz iluminó el pequeño espacio donde estábamos de pie.

—Mierda —murmuró, y deslizó su dedo por la pantalla de nuevo. —Jodido bastardo —maldijo. Sabía que él también lo ha visto. No estaba alucinando después de todo. Oh, Dios, sentí que mis rodillas se debilitaban. Me dejé caer en el césped debajo de mí, levantando las rodillas para colocarlas bajo mi barbilla. No, no, no, esto no. No puedo manejar esto. No ahora, no puedo. No puedo.

—Te tengo chica, ven aquí. —Seth se sentó en el suelo conmigo. Me apretó contra su pecho. No quería saberlo, no quería creerlo, pero tenía que preguntar.

—¿Has visto el video? —pregunté en un susurro bajo. Movió el teléfono y escuché el sonido del ruido en el fondo. Sabía lo que veía. Me quemaba el cerebro. Cada momento de ello me perseguiría por el resto de mi vida.

—Voy a matarlo. Voy a poner una bala en los ojos de ese cabrón. — Seth alejó el teléfono y me apretó más fuerte contra su pecho.

—Él estaba…él… —No podía decirlo. No podía olvidarlo.

Edward tocando el pecho desnudo de la chica, Edward tan cerca del rostro de la chica desnuda, estando a punto de besarla. Su pecho tocaba el de ella. Edward…Edward subiéndose a un coche con una chica vestida como una puta, y Edward besando a una chica. Era hermosa. Más mayor. No era yo. Era tan hermosa como él. Y después…se besuqueo con ella contra la mesa de billar. Después la imagen de ella con él en su cama, ambos desnudos y abrazados. Oh, Dios. Iba a ponerme enferma.

Me alejé de Seth y vomité en el césped. Sentí a Seth agarrar mi cabello y decir cosas para calmarme, pero no ayudaban. Seguí vomitando hasta que solo tenía arcadas.

—Vamos Bella. Tienes que parar. No pienses en ello —rogó Seth.

Mi cuerpo estaba débil y gastado. Me hundí contra él de nuevo y cerré los ojos. Tenía que olvidar lo que vi. Tenía que bloquearlo.

Nos sentamos ahí en la oscuridad mientras yo lloriqueaba, las imágenes seguían apareciendo en mi cerebro. No vi antes sus llamadas porque papá se había puesto mal. Había pasado una hora cuando había podido regresar a mi habitación. Tuve la tentación de hablarle, pero me preocupé porque tal vez estaría durmiendo. Pero luego, una hora más tarde, los mensajes anónimos empezaron a llegar. Con cada horrible imagen, mi corazón fue arrancado de mi pecho y destrozado. Nunca sería la misma. Nunca.

Seth se puso de pie y me levantó con él. Dejé que me cargara porque no podía hacer nada más. Me ayudó a entrar a su dormitorio y después entró al cuadro tras de mí. Luego me recogió de nuevo y me acostó en su cama.

—Dormirás aquí esta noche. Cuidaré de tu padre y de ti.

Sacudí mi cabeza. —Papá está bien. Le di la medicina y está en su cama durmiendo. Quédate conmigo ahora. No me dejes sola.

Parecía indeciso, pero luego se subió a la cama detrás de mí y me presionó contra su pecho. —Duerme —susurro en mi oído. Pero no lo hice. Ni un poco en toda la noche. Ni siquiera después de que su respiración se volviera más lenta. Miré a la pared y me pregunté cómo había sucedido. Esas fotos no eran todas de la misma noche. Él no llevaba la misma ropa en ellas. No estaba en el mismo lugar en todas ellas. ¿Cómo me había mentido tan fácilmente? ¿Cómo le había creído?

En algún momento antes del amanecer, debí haberme quedado dormida, porque mis ojos se abrieron de golpe mientras me sentaba en la cama para ver el sol entrando en el cuarto de Seth. Mirando alrededor, noté que Seth se había ido. En ese breve momento, me olvidé de porque estaba aquí, pero los recuerdos me golpearon de nuevo y mi estómago se revolvió con cada imagen que aparecía en mi cabeza. Tenía que salir de aquí. Tenía que ir a algún lugar. Tenía que hacer algo. No podía soportarlo. No podía lidiar con esto.

Me levanté y noté el teléfono de Seth descansado junto a mí con una nota debajo. Recogí los dos y leí la carta.

Usa mi teléfono. Me llevé el tuyo. No quiero que hables con ese bastardo o que mires esas malditas fotos de nuevo. Llámame si me necesitas. Tu padre sabe que me fui y porque. Hablé con él esta mañana, pero no le di los detalles. Está esperándote en casa. Ve a sentarte en el regazo de tu padre y deja que te cuide. Él necesita eso. Está preocupado por ti. Volveré más tarde.

Seth.

¿Dónde estaba? ¿Se fue a Tennessee? Seguramente no. Salté y busque mis zapatos, después caí en la cuenta de que había caminado hasta aquí descalza. No quería que Elaine me encontrara aquí. Llamaría a Seth cuando estuviera afuera. Abrí la ventana, me deslicé fuera y me dirigí a mi casa.

Esto no era justo. No podía preocuparme de que papá se preocupara por mí. ¿Acaso Seth no entendía eso? Maldita sea. Sabía que tenía buenas intenciones, pero esto no era lo que quería que hiciera. Anoche necesitaba a alguien, y él era lo único que tenía ahora para poder desahogarme. Entré en nuestra propiedad y miré hacia el pórtico para ver a papá de pie ahí, esperándome. Empecé a caminar hacia él y se movió alrededor de la barandilla y bajó los escalones. Cuando abrió sus brazos para mí, lágrimas llenaron mis ojos y volvieron borrosa mi visión. Logré llegar a él sin caerme sobre algo.

Sus grandes brazos se enredaron alrededor mío y me sostuvieron contra su pecho mientras mi llanto se liberó.

Edward

Un pitido constante envió un dolor agudo a mi cabeza. Gemí y me estiré para agarrar una almohada que cubriera mis oídos. Pero en lugar de eso, encontré pelo. Mucho pelo. Mis ojos se abrieron y me giré para ver a una Tanya desnuda en mi cama. Saltando, me alejé de la cama, y junto con el dolor de cabeza, el pecho me latía ahora salvajemente. ¿Qué coño?

El timbre siguió. ¿Qué diablos era eso? Mi espalda tocó la pared y mi trasero desnudo me alertó sobre el hecho de que también estaba desnudo. Joder. ¿Qué he hecho? Esto no estaba bien. ¿No lo hice? ¿Nunca habría hecho esto? ¿Ni siquiera borracho habría hecho esto? Pero no podía recordar… nada. Nada. Volví al bar de nuevo después de llamar a Bella y me tomé una cerveza.

Luego… yo… nada. Y nada. Mierda. El pitido empezó de nuevo. No me jodas, ¿qué era eso?

Mi teléfono. Mierda. Mi teléfono. Agarré mis pantalones y me los puse, después cogí mi teléfono. Era Bella. Oh, mierda…era Bella. No podía responder…Oh, mierda. Salí del cuarto rápidamente. Tenía que solucionarlo. Tenía que encontrar una manera. Bella no podía saber esto. ¿Qué he hecho?

Un condón usado estaba sobre el suelo enfrente de mí. Mierda, mierda, mierda.

El teléfono empezó a sonar de nuevo. Era Bella otra vez. Tenía que responder. ¿Y si me necesitaba?

—Hola. —Logre decir, sonando como me sentía

—Tienes que correr. Tú trasero tal vez sea más grande que el mío, pero puedo usar un arma malditamente bien. Así que ya has sido advertido. Iré a por tu puto trasero y pretendo poner una bala entre tus ojos. —Después la línea se cortó. Era Seth.

Miré el teléfono en mi mano y dejé que sus palabras se registraran. Venía aquí para matarme. Eso significaba una cosa. De alguna manera, Bella lo sabía. ¿Pero qué coño sabía? Ni siquiera yo lo sabía. No recordaba nada. Alguien puso droga en mi bebida. He bebido durante años y nunca me han drogado. Nunca. ¿Quién diablos lo ha hecho? Eché un vistazo otra vez a mi cuarto y mi sangre hirvió. Esa puta en mi cama.

Regresé a mi cuarto y di un tirón a la puerta, abriéndola. Cogiendo la sabana, tire de ella lo suficientemente fuerte para que la puta saliera volando de mi cuarto, con un fuerte golpe cuando su cabeza dio contra la pared. Quería que le doliera. Quería estrangularla. Mis manos formaron puños a mis lados para evitar golpear su malvado trasero.

Gritó y agarró su cabeza mientras maldecía. —¡Lárgate! —grité.

Empezó a decir algo, pero cuando sus ojos vieron la rabia en los míos se calló y se levantó lentamente. Si decía una palabra —una jodida palabra— iba a arrojar su trasero por todo el maldito apartamento.

Alcanzó su ropa y empezó a ponérsela.

—¡No! Lárgate. ¡Ahora! —rugí antes de golpear mi puño contra la pared.

Se largó corriendo. Sosteniendo su ropa fuertemente en sus manos, corrió fuera de mi cuarto y luego fuera del apartamento, cerrando de golpe la puerta detrás de ella. Agarré mi teléfono y marqué el número de Bella.

—¿Qué, maldito cabrón? ¿Has llamado para averiguar cómo es que Bella lo sabe? No sólo lo sabe. Lo ha visto. A ti, desnudo, con otra mujer. Todo. Gracias a tus amigos, una parte estaba incluso en video. La mataste. Sólo para que lo sepas, la Bella que ambos conocíamos está jodidamente muerta. Tuve que ver sus ojos vacíos mientras vomitaba una y otra vez. ¡Voy a matarte!

Mi estómago se revolvió. ¿Lo ha visto? ¿Qué demonios ha visto? No. No. Oh, Dios, no. Apenas llegué al baño antes de que mis rodillas golpearan el suelo y empezara a vomitar la cerveza de anoche. Algo que no había hecho desde la secundaria.

Alcancé el teléfono mientras me recostaba contra la pared. —Fui drogado.

—¿De verdad? Eso tal vez sonaría creíble si no fuera por todas las fotos de tu mentiroso trasero. No llevabas la misma ropa en todas. No estabas en el mismo lugar. Agarrando tetas en una fiesta. Besando a una puta barata. Subiéndote en un coche y alejándote con la misma puta con la que estabas en la cama. ¿Qué hay acerca de esa en la que la tenías contra una mesa de billar, haciendo de todo menos teniendo sexo con ella, mientras otros alrededor te alentaban? Eres un enfermo jodido cabrón que tuvo algo que no merecía. Lo perdiste. Ella acabó contigo. Se terminó. Lo mataste.

Me habían puesto una trampa. Todo había sido una trampa.

—Necesito hablar con ella. Puedes venir después y volar mi cabeza, pero déjame hablar con ella primero. Déjame explicarle. No puedo dejar que piense que le hice esto.

—Pones un pie en esa propiedad y Charlie te meterá una bala. Ese hombre está enfermo. No necesita este maldito drama. Su pequeña está rota. Él quiere tu sangre. Estos son sus últimos meses con su padre, maldito idiota. Está creando recuerdos para el resto de su vida. Una vida que tendrá sin él. Y tú la jodes. La jodes épicamente. Iré por tu trasero para asegurarme de que estés en un hospital y no puedas acercarte a ella. No quiero tiempo en prisión, pero pretendo asegurarme de que no puedas caminar.

—Yo no…nada de esto es real. Fue preparado. Lo que viste en las fotos, eso no era real… lo que ocurrió anoche yo no puedo recordarlo. Fui drogado, así que lo que viste anoche no es real. No era yo. Tengo que hablar con ella, Seth.

Él hizo una pausa y yo esperé. Tenía que darme una oportunidad de explicárselo. Ella no podía pensar que yo había hecho esto. Iba a regresar a casa. Esta mierda no era para mí. Nunca debí haber venido. Fue un gran error.

—Ella no va a verte. Su padre te matará. La rompiste. Déjala sanar. Déjala en paz. Este es un tiempo que ella debe pasar con su padre. No lidiando con un corazón roto por tu culpa. Deja tu culo en Tennessee y aléjate de ella.

—No puedo.

—Porque eres un bastardo egoísta. Es por eso que no puedes. Por una vez en tu maldita vida, piensa en alguien más. En algo más de aparte de lo que tú quieres. Mantente alejado. Deja que ella venga a ti cuando esté lista. Si alguna vez lo está.

¿Cómo se suponía que hiciera eso? ¿Estaba siendo egoísta? Quería que supiera la verdad. Ella querría saber la verdad. Eso no era egoísmo.

—Sólo déjame hablar con ella por teléfono. Dime cómo puedo hablar con ella. Por favor.

Seth se calló de nuevo. Después dejó salir un suspiro de frustración. —Déjame llamarla primero. No creo en ti, imbécil, pero esta es su decisión.

—Gracias —respondí, pero él había colgado. Me senté en el suelo del baño y miré mi teléfono, dispuesto para que sonara de nuevo. Después de diez minutos, un número bloqueado apareció en la pantalla.

—Nena, escúchame —dije antes de que ella pudiera decir algo.

—No. Escúchame tú. He terminado. Hemos terminado. Estas muerto para mí. Completamente. Te confié mi corazón y me he dado cuenta de que fue mi más grande error. Siempre serás mi más grande error. Debí haber sabido que no se puede confiar en chicos como tú. Adiós, Edward Cullen. No regreses aquí nunca más. No te acerques a mí nunca más. No me importa lo que tengas que decir. No quiero escuchar tu voz nunca más. Nunca quiero ver tu rostro de nuevo. —La línea murió.

El primer sollozo hizo que todo mi cuerpo temblara. Los que le siguieron, se llevaron mi alma con ellos y me dejaron vacío.

###

Capítulo 13

Bella

Solo dejé que mi papi me abrazara una sola vez ese día mientras lloraba. Luego estuve determinada. No me deprimiría durante los meses que tenía con mi papá. Quería tener recuerdos para compartir no lamentaciones. Cuando me permitía pensar en Edward, sentía como si me abrieran el pecho y me sacaran el corazón de nuevo. A veces tenía que detenerme y doblarme del dolor. Pero me hice buena en la negación. Fingía.

Fingía que mi padre no se estaba muriendo. Fingía que Edward Cullen no tomó mi alma y la destrozó. Fingía que Seth era mí Jacob. Y ahora que me encontraba de pie en el baño, mirando hacia la prueba con dos líneas color rosa, sabía que no sería capaz de fingir que no me encontraba embarazada. Pretendí que mi período no se retrasó durante todo un mes. Cuando fueron dos meses de retraso, sabía que era el momento de dejar de fingir.

Papá ya no se levantaba temprano, ni salía a trabajar. Dormía hasta tarde. Casi todas las mañanas, me aseguraba que siguiera respirando al menos tres veces antes de que despertara. Se sentaba en su sillón reclinable y le leía un montón. Miramos televisión juntos. Le encantaba ver Duck Dynasty y Sons of Anarchy. Compré todas las temporadas pasadas en iTunes, y las vimos todas.

Raras veces comía. Se enfermaba más veces de las que comía. Sus medicamentos para el dolor fueron aumentando, y desde el lunes pasado, el hospicio ha estado viniendo tres veces a la semana. Fingía no saber el significado de eso. Sí, me ha ido bien fingiendo. Pero tendría que detenerme.

Me encontraba embarazada y mi padre muriendo. Y Seth no era Jacob. Tomé las tres pruebas de embarazo con sus cajas y fui a mi cuarto donde podía esconderlas. No me sentía segura de decirle a papá en este momento. Solo lo preocuparía. Me dejaba. No podía seguir ignorando eso. Seth contrató a otro chico de la ciudad para cubrir la parte del trabajo de papá. Se las arreglaron para terminar más temprano de lo que Seth y papá hacían diariamente. A la granja le iba bien.

Éramos papá y yo quienes nos estábamos perdiendo.

No podía perderme. Tenía un bebé dentro de mí. El bebé de Edward. Solo pensar su nombre hacía que mi herida volviera abrirse. Coloqué ambas manos en mi abdomen, me coloqué frente al espejo y observé mi reflejo. No me veía diferente. Me mareaba un poco cuando me levantaba por primera vez en las mañanas, pero nada demasiado malo. Todavía no me salía la panza.

Lo sabía. En el fondo supe todo el mes que estaba embarazada. Solo no lo quería admitir. Admitirlo significaría que sería madre soltera. Que lo tendría que hacer sin un padre que me enseñara como ser una madre. Estaría a cargo de cuidar otra vida. Una que yo cree.

Y sin importar como las cosas hubieran terminado entre Edward y yo, este bebé fue hecho con amor —porque estaba tan enamorada de él que era suficiente por ambos. Incluso si él no me amó de la misma manera, creía que se preocupaba por mí. Quería amarme tan ferozmente como yo lo había hecho. Era una red de seguridad para él. Yo no era algo pasajero, y ciertamente él tampoco lo era. Pero su mundo se dirigía en una dirección en la que una novia no encajaba. Especialmente una con un bebé.

Por dolor y enojo, lo llamé mi peor error. No creía eso ahora. Toqué mi estómago. Quizás ha sido una parte de mi vida que el destino supo que necesitaría. Me dejó con alguien a quien puedo conservar. Que me amará y no me abandonará. Mi padre se iría, pero tendría otra vida que ocuparía el vacío.

Escuché un golpe en mi puerta, dejé caer mis manos de mi estómago y me alejé del espejo. —¡Pasa! —dije.

Papá abrió la puerta y el ceño de preocupación en su rostro me dijo que no me iba a gustar lo que diría. —Las personas llamaron del centro. Están en camino para recoger el piano. ¿Estás segura de regalarlo? —preguntó mirándome atentamente.

El piano que Edward me había comprado llegó una semana después que terminamos. Alec y Jasper lo entregaron. Ambos trataron de hablarme de Edward, pero me negué a escuchar. También ignoré el piano por otra semana. Finalmente, una noche, deje caer la guardia. No fingía esa noche. Me encontraba rota y sentí como si me estuviera desangrando por dentro. No tenía a nadie con quien hablar. Así que me senté en el piano y toqué. Toqué por horas. Toqué hasta que escribí una canción. Una en la que compartí mis sentimientos y emociones.

Mientras pretendía esa noche, que era real con mi música. Dejar ir el piano era otra cosa que me rasgaría. Pero lo doné al centro infantil local en un área peligrosa de la ciudad. La maestra de música trabajaba allí gratis. Solo necesitaba más instrumentos. No lo podía vender, pero tampoco quedármelo. Verlo dolía demasiado.

—Estoy segura. Solo… dame un poco de tiempo a solas con él —le contesté. Ni siquiera fingí sonreír esta vez. Estaba muy dolida.

Papá asintió y giró para bajar las escaleras. Sabía que iba a estar afuera. Me daría mi tiempo. Necesitaba tocarlo una vez más. Para cantarle una despedida a Edward y a sus recuerdos.

Cerrando mis ojos, coloqué un dedo sobre las frías teclas de marfil. Después de esto, no dejaré que mi corazón siga roto por un chico que no luchó por mí. Se alejó cuando se lo dije. Le di una salida y la tomó. Así de fácil. Este era el fin para mí. Dejé a mis dedos bailar sobre las teclas. La melodía familiar que toqué aquel día volvió a mí. Lloré mientras compuse la canción. No lloraría hoy. No lloraría otra vez por él. Nunca más.

Sentada en el pórtico, a la espera de verte una vez más.

Debí haber sabido que era una tonta por creer que alguna vez me amaste también.

Esta niña tonta te dio su corazón.

Debí haber escuchado a mi cabeza.

Ahora me quedo aquí sola, pensando en todo lo que mi papá dijo.

Porque eres un rompecorazones, un coleccionista de almas.

Nadie puede controlarte.

Así que toma lo que quieras y luego llévate el resto. Porque esta chica se está yendo de la ciudad.

El sol de verano golpeaba fuerte, el día en que tus ojos conocieron los míos.

Estaba fascinada por la sonrisa en tus labios, no sabía cuan dulce podían mentir.

Cada toque, cada momento en el tiempo, tú causaste cada suspiro.

Ahora estoy aquí sola, pensando que debería haberlo visto venir, debería haber visto que me harías llorar.

Porque eres un rompecorazones, un coleccionista de almas.

Nadie puede controlarte.

Así que toma lo que quieras y luego llévate el resto. Porque esta chica se está yendo de la ciudad.

Un día sé que seguiré adelante, pero me temo que siempre estarás ahí.

Allí mismo, sosteniendo un pedazo de mi corazón que nunca me pertenecerá.

Y voy a vivir mi vida, y encontraré razones para sonreír para que todo el mundo piense siempre

Que no me sacudiste y me quebraste completamente.

Jamás sabrán que nunca seré libre.

Porque eres un rompecorazones, un coleccionista de almas.

Nadie puede controlarte.

Así que toma lo que quieras y luego llévate el resto, porque esta chica se está yendo lejos

De ti.

Rompecorazones, un coleccionista de almas.

Nunca voy a ser la misma

Te llevaste lo que querías, lo regalé.

Ahora me quedo aquí de pie bajo la lluvia

Edward

Tuve un juego perfecto. Lanzando mis llaves en la barra de la cocina, caminé hacia la nevera para tomar un Gatorade. Había cinco Jarritos verdes en el estante superior. Me detuve y me sacudí para ver sentada a una muy embarazada Al sonriéndome desde mí sala de estar con sus pies levantados.

—¿Ningún Jarrito en tu nevera cuando llegué? ¿En serio? ¿Qué se supone que debo pensar? ¿Qué no soy bienvenida en tu nueva morada? Porque tengo la llave que me enviaste —dijo, alzando la llave que le envié una vez que saqué mi mierda del apartamento de Ace y conseguí mi propio lugar. Di dos pasos largos y brinqué al sofá para tomar a Al en mis brazos. La extrañaba. Echaba de menos mi casa… yo solamente no podía volver. No podía verlo. Pensaría en ella. No puedo permitirme pensar en ella.

—¡Estás jodidamente aquí! ¡No puedo creer que estés aquí, maldita sea! —No la abracé tan fuerte como quería ya que había un vientre entre nosotros que estaba malditamente seguro no debía aplastar.

Al me apretó y se echó a reír. Ese sonido ha sido lo primero que me ha hecho sonreír en… bueno, desde hace tiempo. Un maldito largo tiempo. —Por supuesto que estoy aquí. No llamabas mucho por teléfono. No ibas a casa de visita. Tenía que hacer algo. Estaba preocupándome.

—No puedo creer que Papá Oso te dejó viajar sola —dije, dando un paso atrás para ver a mí muy embarazada mejor amiga.

Ella arrugó su nariz. —No lo hizo. Esta afuera… él es quien me trajo los Jarritos cuando llegué y vi que no tenías ninguno —bromeó, golpeando mi brazo.

No me sorprendía que Jasper no se alejara demasiado de ella. Me alegré. Anteriormente eso me hubiera cabreado. Ahora hacía que no me sienta preocupado por Al.

Se sentó de nuevo en el sillón y volvió a levantar sus piernas. —Así que, cuéntamelo. No me lo dirías por teléfono. Solo sé retazos de las cortas conversaciones que hemos tenido. Necesito saber qué demonios está mal contigo. —No quería hablar de esto. Ni siquiera con Al. No he hablado de ello con nadie aún.

Sacudí mi cabeza y me alejé de ella para mirar por la ventana. —No hay nada de qué hablar.

Al dejó salir una risa incrédula. —Oh, no. Eso es mierda. No vas a volver casa y el papá de Bella se está muriendo. Algo está muy mal. Quiero saberlo. Así que háblame o me enviaras a un parto prematuro.

Quizás si hablo sobre ello, mi pecho no dolería tanto. Quizás podría cerrar mis ojos en la noche y no ver a Bella inclinándose, vomitando, acerca de lo que vio. Fotos que no logré ver. Unas que nunca me hubiera gustado ver. Serían mi final. No le podía hacer frente a eso.

—La jodí. Dejé entrar a gente que no debía. Confié en las personas equivocadas y me jodieron mucho —dije, sentándome en el sofá, encontrando finalmente la mirada preocupada de Al.

—Explica eso. Porque no te refieres a Bella siendo esa persona equivocada —dijo con una ceja levantada. Defendería a Bella hasta el final. La amaba por eso.

—No, no ella —aún no podía decir su nombre, maldita sea. Quería decir su nombre. Quería sentirlo en mis labios. Pero no podía. Desgarraba mi pecho incluso intentándolo.

—Entonces, ¿quién?

—El chico con el que me alojaba cuando llegué aquí por primera vez. Ese es quien. Él era un lanzador. Quería las grandes ligas. Tenía sus ojos en el premio, y le preocupaba que pudiera quitarle su lugar. Así que me tendió una trampa, con la esperanza de enviarme corriendo a casa. Él… jodió todo. Se llevó mi vida. Así que me llevé la suya. No se siente mejor. Pero ver su cara mientras lanzo un tiro perfecto, mientras él se queda en la banca se siente bien. Por un momento. Un momento fugaz.

Al bajó sus pies al suelo y se inclinó hacia adelante. —¿Qué trampa te puso?

—Él tiene una amiga para follar. Una puta que se acuesta con el equipo por diversión. Tomó fotos mías que fueron completamente malentendidas y entonces ella me besó de la nada y tomó una foto de eso. Empujé su culo fuera y me alejé, pero antes tomó una foto de la cual no me di cuenta. Luego pusieron droga en mi cerveza. Me grabó enrollándome con ella. Luego tomó una foto de nosotros desnudos… en la cama —Tragué saliva. Decir lo siguiente era la parte más difícil—. Ellos… ellos… ellos le enviaron todo a… ella.

Al jadeó mientras se tapaba la boca seguido por un—: Mierda.

—Sí. Lo vio todo.

—Oh, por Dios. ¿Por qué lo harían? ¡Eso es horrible, Edward! ¿Le dijiste a la policía? ¿Hiciste que los arrestaran?

Negué con la cabeza. —No. Eso es demasiado fácil. Quería hacerlos pagar. Quería venganza. Un ojo por un puto ojo.

—¿Cómo sabes que era ella? ¿O qué fue tu compañero de piso?

Cerré mis ojos, tratando de luchar contra esa mañana y los recuerdos que venían con ella. No quería recordar las palabras que Bella me dijo. Esas fueron las peores. —Él me lo dijo. Se encontraba sentado en el sofá después de que todo se fue a pique. Seth llamándome y todo eso. —No repetiría la parte de ella—. Ace me esperaba en el sofá. Sonriéndome. Me dijo que tuviera un buen viaje a casa y que era una pena que no pudiera quedarme. Luego todo comenzó a tener sentido. Él era un lanzador. Le pregunté si sabía sobre esto y me dijo que lo planeó todo. Encontró mi debilidad y la usó en mi contra—Me detuve y respiré hondo—. No se dio cuenta del éxito con el que destruyó mi mundo. La única cosa que dijo esa mañana que sigo recordándome una y otra vez es yo no me acosté con esa chica. Fue todo planeado. Sí me besé con ella contra una mesa de billar con una multitud de testigos. Pero según los otros chicos del quipo yo la llamaba… Bella. No sabía qué diablos hacía. Inclusive drogado, pensé que era Bella. En mi cabeza no me encontraba engañándola. No sabía… —Mi pecho dolía, pero escuchar su nombre de mis labios alivió un poco el dolor.

Al dejó escapar el aire que había aguantado. —Oh, Dios, Edward. ¿Le has explicado esto a Bella?

Negué con mi cabeza. —No puedo. Ella… me dijo que todo terminó. No me dejó explicarle. Me dijo que fui su peor error.

—Pero, Edward, ¡Ella estaba sufriendo! Acababa de ver algo que la destrozó. No puedo imaginar a Jasper así con otra chica. Me mataría. Lucha contra el dolor de estar perdiendo a su padre y entonces esto. Por supuesto querría herirte porque ella sufría. Han pasado semanas ahora. Llámala. Ve a verla.

No podía. No llamó. No intentó ponerse en contacto conmigo ninguna vez. No confío lo suficiente en mí. ¿No era la confianza parte del amor? Creyó que no la amaba, pero se aseguró de no darme una oportunidad de decir nada.

—No confió en mí.

Al se acercó y tomó mi mano en la suya. —Estaba lastimada.

—No confió en mí. ¿Cómo puede amarme si no confía en mí? —Negué con mi cabeza y me levanté—. No puedo, Al. Cerró la puerta. Terminó esto. No quiso escucharme. No me dio una oportunidad —Quería callarme. Dejar de hablar, pero mi boca seguía abriéndose—. Creo que quería terminar esto. Creo que vio cuan corta es la vida con su padre y se dio cuenta de lo que quería. No a mí. No era suficiente. Así que tomó esta excusa y la usó. Si me hubiera querido, habría luchado por mí. Hubiera querido que le dijera que esto no era real. Me hubiera malditamente creído.

Al se sentó mirándome con ojos tristes, pero finalmente asintió y se puso de pie.

—Bueno. Creo que estás equivocado, pero también sé que sufres. Solo espero que no esperes demasiado tiempo.

—Ella no luchó por mí —repetí. Más para mí que para Al.

Al se acercó y entrelazó sus dedos con los míos. —No luchaste por ella tampoco. Bella no es como tu mamá, Edward. Ella no se fue y te dejó solo porque no le importabas una mierda. Estaba destruida. A veces tienes que confiar en lo que vales y tienes que luchar por lo que quieres. Bella es eso. Lo sabes y yo lo sé. Cualquiera que tenga ojos lo sabe.

Al no entendía. Nadie lo hacía. Nadie la escuchó decirme que era su peor error. La frialdad, incluso el tono de su voz. Habló en serio. Justo como mamá cuando me llamó su peor error, ella había querido decirlo.

¿Cómo podía luchar por alguien que no me quería?

—Te extrañamos. Te extraño. Me gustaría que fueras a casa.

También te extraño Al. A mis amigos, pero no lo suficiente. No lo suficiente para enfrentarme a Sea Breeze con todos estos recuerdos de Bella.

—No puedo, Al. Solo no puedo.

—Bueno, hasta que puedas, entonces creo que voy a venir aquí, siempre y cuando este bebé y Jasper me lo permitan —dijo con un suspiro.

—Tu estómago es enorme, Al —dije, mirándolo y queriendo cambiar a cualquier otro tema.

—Cállate —espetó, y casi me eché a reír. Casi.

#####################################################################################

Por favor no me odien...

Maldito Ace y maldita Tanya. Los odio (llorando) No puedo creer que Eddie se rinda asi…

Ya saben cualquier comentario, saludo, ect. solo den review...

Hasta el próximo capitulo

Elisse CG