Capitulo 4
Los cuatro pronto se encontraron dentro de una habitación oscura, Melkor se pregunto si aquello eran normal puesto que no se parecía en nada a la forma en que se habían ido originalmente. Merary finalmente salió del circulo en el que se encontraba rodeada por los otros y empiezo un recorrido por la habitación oscura que apenas es alumbrada por una lampara; Andru intentaba ir tras ella pero la niña se escapaba con facilidad, por lo que Baruk y Melkor no le quedo mas que seguir tratando de atraparla. Fue al menos unos minutos cuando el sonido de unos pasos fuertes y metales que alerto a los chicos… Timaeus hizo finalmente su aparición llevando puesta su famosa armadura para dar un aspecto un tanto aterrador bajo el semblante serio, Andru y Baruk se quedaron completamente quietos mientras que Melkor atrapo a Merary.
—¡Andru!—exclamo el caballero sin siquiera inmutarse al punto que los chicos solo miraron al tricolor —estoy muerto— murmuro para luego caminar justo a la misma dirección de donde el caballero había salido. Minerva tambien salió justo detrás de Timaeus a diferencia del primero vestida con un pijama algo parecido al de los estudiantes tomo entonces la mano de Merary y la llevo a otro sitio para que descansara haciendo a los otros una seña para que hicieran lo mismo; finalmente Baruk y Melkor finalmente solo se miraron e hicieron caso a lo que la asistente sugirió.
Los pasos de Timaeus resonaban por todos los pasillos vacíos y oscuros, Andru se preguntaba la hora que seria pues no imagino haber tardado tanto en la misión; pero al ver como su padre se estaba comportando sitio un escalofrío algo desalentador por lo que se negó a pensar que las cosas estarían bien. Askella se encontraba justo a su lado intentando darle un pequeño consuelo por lo que se avecinaba probablemente en lo cual al parecer no estaba preparado, finalmente ambos llegaron a la oficina y que le hizo extrañamente extraño que ambos llegaran allí. La puerta se abrió por lo que tanto padre e hijo entraron, Timaeus se quito el casco dejándolo aun lado de la mesa y sentándose en su silla mientras Andru se quedo de pie sin saber como reaccionar —¿Que esperas para sentarte?— dijo con desagrado mirándolo aun con la misma frialdad de antes —lo siento señor— susurro Andru sentándose finalmente en la silla. El silencio al menos duro un par de minutos luego de aquello ante la espera que parecía podía cortar la tensión con un par de tijeras, el mayor dio un giro rápido de cuello —bien, ¿por que no me explicas que ocurrió?— el tono de su voz era realmente extraño y no parecía en nada al del padre amoroso que siempre era con el —fue algo realmente dificil, no solo se trataba de Anubis si no tambien de un ser oscuro llamado Marik; tuvimos que separarnos y la niña bueno ella nos ayudo a encontrar el lugar donde se encontraba escondido el sacerdote— Andru se encogió de hombros.
—¿algo más que quieras reportar?— pregunto de pronto el mayor —no señor, fue todo... solo nos separamos y sellamos a Anubis y al tal Marik en cristales rojos ademas de que puse las dos almas que estos secuestraron en piedras de diamante— sacó los dos cristales dejándolos en el escritorio, Timaeus finalmente suspiro relajando un tanto sus facciones —si eso es todo puedes irte— Andru asintió y salió corriendo tan rápido como sus piernas se lo permitieron.
Timaeus sin embargo no se relajó, tuvo una sensación de peligro; sabía que no podía estar tranquilo y menos luego de todo lo que había ocurrido en su pasado. Negó mientras rezaba a Atenea que aquello no regresará jamás a su vida ni a la de Andru —por favor, no de nuevo... Andru no merece ese tormento—
Dos golpes se escucharon fuerte en la puerta, Timaeus respiro para recobrar la compostura —adelante— la puerta se abrió dejando ver la imagen de Minerva sonriente con una bandeja con dos tazas y una tetera —pensé que necesitaría un poco de te— la joven se acercó dándole una taza para luego servir un poco de té en ella —gracias, supongo que lo necesito— con aquello tomo la taza bebiendo un pequeño sorbo del liquido con el fin de calmarse un poco, un suspiro largo llego a escucharse fuerte sobre el silencio de la habitación —por la forma en que actuó, debo suponer de que aquello aun le sigue afectando— murmuro de pronto —ha pasado tanto tiempo pero… aun ahora le sigue afectando— esta bajo la cabeza sintiéndose mal por hablar sobre ese tema —lo se, han pasado varios milenios y aun me sigue afectando— río divertido —no importa cuantos años tengo ni que sea aun mas fuerte que antes, aun tengo miedo de los recuerdos y temo que Andru pueda sufrir lo mismo— tomo los cristales que antes le había dejado Andru anteriormente antes de salir —¿puedo encargarte esto?… no tienes que hacerlo de inmediato, ve a la cama antes y descansa lo que necesites; por lo que se Ra ya ha firmado por uno de ellos— Minerva asintió levemente —Sabe, usted y Andru me recuerda mucho a mi señora Demeter y a la joven Persefone— tomo los cristales de la mano del hombre guardándolo en una de sus bolsillos —la Señora Demeter tambien sola proteger mucho a la joven Persefone a tal grado que no dejaba que esta sufriera alguna daño… esto fue bueno para ella pues pudo crecer feliz y sin preocupaciones, pero lamentablemente eso mismo le afecto cuando el señor Hades la secuestro y no pudo escapar— Timaeus la miro un tanto intrigado, Minerva continuo —a veces pienso en usted como alguien muy protector cuando se trata de Andru y me preocupa que cometa el mismo error que mi señora—el caballero se encogió de hombres sintiéndose algo apenado por la comparación —ya ya, me haces sentir incomodo— la joven se rió un poco —esta bien, comenzare a trabajar de inmediato dado que tengo mucha energía; por favor descanse— Minerva se levanto tomando la tetera y la taza de ella, cuando menos espero Timaeus ya se encontraba solo nuevamente en su oficina.
La mañana siguiente llego demasiado rápido, Andru se encontraba dormido en su cama; la almohada estaba un poco húmeda y llego a la conclusión que debía ser por las lagrimas que había derramado la noche anterior. Recordó un poco lo que había ocurrido horas antes, Baruk y Aiko se encontraban aun dormidos por lo que no notaron cuando regreso y se subió por las escaleras hasta la cama donde se arrojo y lloro un poco mientras el sueño iba ganándole… se pregunto porque su padre estaba tan molesto. Aiko y Baruk seguían dormidos por lo que no le costo trabajo bajar nuevamente hasta el piso e ir a tomar algo de su ropa, se dio cuenta que aun tenia el uniforme por lo que tomo una camisa y un pantalón azul a la usanza de la antigua Grecia y corriente para poder dejar su uniforme para lavar mas tarde ademas de que no seria algo que desentonaría con la academia dado que por lo general se usaba ese tipo de ropa para los entrenamientos por lo que se dirigió a su baño y se quedo allí por algunos minutos para luego escuchar como se iban levantando Baruk y luego Aiko, unos ruidos mas tarde decidido salir para ver como se encontraban sus compañeros. Se encontró entonces con que Timaeus estaba en la puerta con el mismo semblante serio pero ya no tan molesto como la noche anterior, ademas de que traía puesta una ropa mas normal que su armadura —vengan, ya liberaron a los chicos de los cristales— fue todo lo que dijo para luego salir de la habitación; Baruk y Aiko se bañaron rápido y tomaron sus uniformes limpios nuevamente para salir junto con Andru directo a la enfermería.
Cuando llegaron a la enfermería encontraron a Atem tranquilamente recostado en una de las cama, tenia en su brazo una especie de brazalete en forma de hilos de colores entrelazados. Finalmente abrió los ojos para notar que no se encontraba ni en el reino de los muertos ni en la pirámide donde Anubis los tenia atrapado a el y a Bakura. Lo primero que se encontró fue una escena donde se encuentra un hospital, siendo esto algo que lo dejo fuera de lugar, el peliblanco se encuentra justo al lado suyo aun dormido por lo que suspiro pesadamente mientras esperaba inquieto en su interior por no saber en donde se encontraba.
La puerta se abrió luego de unos minutos mostrando una figura conocida para el —¡Timaeus!— exclamo sorprendido y al mismo tiempo feliz. El caballero se acerco para pronto acomodarse en la silla al lado de la cama —veo que se encuentra mejor, eso es una buena noticia— finalmente otros pasos se escucharon y dejaron ver a los jóvenes los que habían salvado la noche anterior —quiero presentarles a mis tres alumnos; Aiko Konoe, Baruk hijo de Artemisa y por ultimo mi hijo Andru—Atem se quedo mirando a los tres chicos sobretodo al peliblanco y al tricolor que tenían un gran parecido físico tanto con el como con Bakura —por favor descansé un poco, se que puede resultar algo extraño pero por petición del dios Ra a partir de hoy usted tambien será parte de esta academia— el moreno parpadeo un par de veces —tranquilo ya iré explicándole con detalle para que se acople, por ahora necesitamos que recupere sus fuerzas— Baruk sonrío y girando su cabeza levemente se dio cuenta de un detalle al que no le había prestado la debida atención —¡Akefia!— murmuro —hermano, es mi hermano— con eso el corrió directo hacia la cama de alado —no puedo creer que sea el, ha pasado tanto desde la ultima vez que nos vimos— algunas lagrimas ya salían de sus ojos —¿tu conoces al ladrón?— Atem pregunto de pronto —es mi hermano mayor, nacimos en Kull Ena pero luego de que nuestra aldea fue destruida mi madre Artemisa se hizo cargo de mi, a mi hermano lo dejaron pues Zorc el oscuro lo corrompió sin que nadie pudiera evitarlo… la verdad en ese momento no pude hacer nada mas que correr y huir— Baruk tenia la mirada baja tras decir aquello —¿que pasara con el?— levanto la mirada nuevamente mirando al caballero.
Timaeus suspiro —mientras no se encuentre un dios que quiera tomarlo como protegido el será regresado al mundo de los muertos— Baruk sintió un escalofrío al pensar en ello —permiso, tengo que ir a buscar a alguien… —Baruk se fue finalmente siendo seguido por Andru y Aiko —Aiko quédate aquí, cuida de mi hermano por favor— aunque Aiko se quedo sin palabras solo asintió y regreso de nuevo a la enfermería mientras Andru y el seguían su camino —¿a donde vamos?— pregunto el tricolor de repente —a ver a mi padre—
