CAPÍTULO 7: LOS QUE FALTABAN

Shiro y Kakashi siguieron a los ninjas hasta las montañas cercanas a la ciudad. Allí, el trío se paró, al darse cuenta de que estaban siendo perseguidos.

- Sois muy persistentes, ¿no es así? – Protestó el tío del pelo de punta.

- Es que si nos prometierais que no vais a volver a intentar llevaron a Hinata, os dejaríamos en paz, pero supongo que eso no es posible – bromeó Shiro.

- Me estás tocando las narices, ¿sabes?

- Aka, cálmate – ordenó el anciano calvo.

- ¡Pero, señor…! – Fue a protestar, pero una mirada de su jefe bastó para que guardase silencio.

El anciano calvo miró a ambos ninjas. Desde hacía un rato le parecía que ya los conocía, de haber oído hablar de ellos. Viéndolos bien, supo que si que sabía quienes eran.

- Vosotros sois Hatake Kakashi, el ninja copia, y Yagami Shiro, el dragón de fuego, ¿verdad?

- ¿Nos conoces? – Preguntó Kakashi.

- Algunos ninjas de Konoha son muy bien conocidos en el mundo ninja. Jamás imaginé que os vería en persona algún día.

- Pues ya lo ves anciano, aquí nos tienes. Y ahora, ¿me dirás por las buenas por qué queríais llevaros a Hinata o os tendremos que arrebatar la información por la fuerza?

- ¡Ja! ¡¿Planeáis luchar contra nosotros?! – Preguntó, divertido, Aka.

- Si no nos dejáis más opción, si – respondió Kakashi.

Sakura terminó de curarle unos arañazos a Hinata, quien no había dicho nada en el tiempo que había pasado desde que Shiro y Kakashi se marchasen tras esos ninjas. Amelia se estaba curando por su cuenta, pero, aún así, Sakura fue a prestarle su ayuda.

Naruto se arrodilló al lado de Hinata, quien apartó la mirada cuando se percató de lo que había hecho el joven ninja rubio.

- Hinata… ¿por qué te fuiste?

No dijo nada.

- Se armó un buen revuelo, ¿sabes? ¿Te fuiste para entrenar o algo así? De haber sido así tenías que haber avisado. Cuando volvamos, me disculparé contigo ante la vieja Tsunade, verás como te perdona.

- No, Naruto-kun… no sé trata de eso…

- ¿Eh? ¿Entonces por qué te fuiste, Hinata?

- Es que… yo…

Hinata no se giraba para mirarle ¿Se sentiría avergonzada porque ahora sería considerada una traidora a Konoha? Eso le recordó a Sasuke. No sabía sus motivos, pero no pensaba dejar que con Hinata pasase lo mismo que con Sasuke.

- ¡Esta bien, no te preocupes, Hinata! ¡Yo me ocuparé de todo!

La joven Hyuga lo miró de reojo, pero sin levantar la vista. Esas palabras le habían dejado impresionada ¿Conocería Naruto su problema? ¿Significaría eso lo que ella estaba pensando?

- Así que no te preocupes más, ¿vale?

- Naruto-kun…

Iba a mirarle de frente, para decirle algo importante, pero algo golpeó a Naruto y lo lanzó contra el edificio de la derecha de la calle, haciéndole atravesar la pared.

- ¡Naruto! – Exclamó Sakura, que corrió hacía el edificio, pero un hombre enmascarado, con la máscara de un zorro blanco, apareció de la nada y golpeó a Sakura, lazándola contra el edificio de la izquierda.

- ¡Sakura!

Amelia intentó reaccionar, pero aún le dolía el golpe que el viejo calvo le había propinado. Por más que lo intentaba no podía ponerse en pie.

Al ver a quien tenía frente a ella, Hinata retrocedió, asustada. Se trataba de Miruki Hyuga, alguien a quien conocía muy bien.

- M-Miruki-kun…. – logró decir, tartamudeando asustada.

El ninja que había atacado a Sakura se colocó a su lado ¿Sería un Hyuga que estuviera en el Anbu?

- Hinata-sama, me alegra saber que esta bien – dijo Miruki, sonriendo.

- ¿Q-Qué haces aquí?

- Su padre, Hiashi-sama, me envió a buscarla. Me consuela saber que se encuentra bien. Venga, volvamos, señorita.

Miruki le tendió su mano. Hinata sabía que era alguien en quien confiar, e iba aceptarle su mano, pero entonces recordó que esos dos habían atacado a Sakura y Naruto, y retrocedió.

- ¿Por qué les habéis atacado?

- Su padre me dijo que le trajese fuera como fuera. Estaban en medio, señorita.

- ¿Sólo por esa razón? ¿Por eso les habéis atacado? ¡Son también ninjas de Konoha!

- Seguro que Hiashi-sama sabrá excusarse con la quinta Hokage, pero el problema de su fuga es algo que atañe solo a los Hyuga.

- Aún así…

Hinata miró desconfiada al enmascarado al lado de Miruki. Este pareció comprender a que se debía su desconfianza.

- Es un miembro del Anbu, Hinata-sama. Es también de nuestro clan. Hiashi-sama lo envió para que me ayudase a encontrarla.

- ¡No le creas, Hinata! – Gritó Amelia. Hinata se giró - ¡Ese tipo no es un Anbu! ¡Los Anbu de Konoha no usan nunca esas máscaras!

Miruki saltó por encima de Hinata, en dirección a Amelia, con intención de golpearle con un fuerte rodillazo en su estómago. Pero una figura negro apareció de la nada y le golpeó un talonazo que lo estrelló contra el suelo.

Naruto aterrizó justo al lado de Amelia, quitándose los pocos escombros que quedaban pegados a su ropa de la pared del edificio.

- ¡Chúpate esa, desgraciado!

Sin mucho esfuerzo, el joven Hyuga se puso en pie. Su mirada cambió radicalmente. Era una mirada furiosa, fuera de mostrar cualquier piedad.

- Desgraciado… ¡¿Cómo te atreves a atacarme?!

- ¡Ey, qué tú eres el que ha empezado!

- ¡Te vas a enterar!

Miruki activó el Byakugan y en un abrir y cerrar de ojos se situó ante Naruto, al que comenzó a golpear con sus dedos a toda velocidad por todo su cuerpo.

- ¡Jukenho: Hakke Hyaku Nijuhachi Sho!

Naruto no pudo hacer nada para defenderse, y encajo todos y cada uno de los golpes.

- ¡Naruto-kun! – Gritó Hinata, casi llorando al ver como Naruto recibía esa inmensidad de golpes.

- ¡Muere desgraciado!

El Hyuga iba a darle el último golpe, pero el cuerpo de Naruto se convirtió en humo y desapareció. Esto pillo por sorpresa al ninja, que entonces se percató que algo le sobrevolaba.

- ¡Ahora me toca atacar a mí! – Gritó Naruto, terminando de usar a un clon para crear el Rasengan - ¡Toma esto!

En el último instante, Miruki comenzó a girar, generando un enorme torbellino de chackra a su alrededor. Naruto conocía muy bien esa técnica de su combate con Neji, y estaba seguro de que con el Rasengan podría ganarle.

Ambas colisionaron, generando fuertes ondas de choque que destrozaron los cristales de todas las ventanas de los alrededores, pero ninguno cedía. Al cabo de unos minutos, ambas técnicas desaparecieron. Naruto salió disparado por los aires, hasta caer al suelo, y Miruki se hundió en el suelo debido a la presión de la onda que se produjo al desaparecer los ataques.

- ¡Naruto-kun! – Hinata corrió hasta Naruto, pero el enmascarado le agarró del brazo.

Sakura atravesó la pared del edificio y atacó con su puño al enmascarado, quien se alejó de Hinata de un salto para esquivar el golpe.

- ¡¿Estás bien, Hinata?!

Hinata asintió con la cabeza, pero ahora mismo estaba mucho más preocupada con Naruto, que apenas podía tenerse en pie. Miruki si que se levantó como si nada. Parecía que la enorme presión no le hubiese afectado para nada.

Cuando se pasó la mano por el labio, Miruki se dio cuenta de que le salía un pequeño hilillo de sangre. Algo imperdonable.

- Maldito… ¡maldito desgraciado! – Gritó furioso, mirando a Naruto con mucha más rabia que hasta ahora.

Se preparó para atacar, pero alguien apareció frente al ninja rubio y detuvo el golpe de Miruki. No necesitó mirarlo mucho para ver quien era, lo conocía perfectamente.

- ¡Neji! – Exclamó Sakura, contenta de ver a un conocido.

Neji miró a Miruki. Lo conocía bien. Había entrenado con él y lo conocía de sobra como para no entender que era lo que pasaba.

- Miruki, ¿qué significa todo esto? ¿Por qué atacas a Naruto y los demás?

- Eso no es asunto tuyo, Neji. Es más, ¿qué haces tú aquí?

- Ha venido conmigo – dijo una voz.

Desde el final de la calle, apareció el gran líder de los Hyuga, Hiashi, con su tan ya normal expresión severa.

- ¡H-Hiashi-sama! – Exclamó sorprendido Miruki.

Hinata se giró para mirar a su padre, quien le lanzó una mirada tan penetrante que Hinata sintió como se le encogía el corazón del miedo.

- Neji tiene razón, Miruki. Tú misión era traer a Hinata de vuelta, ¿por qué atacas a los de la aldea?

Miruki no respondió, no sabía que decir ni como reaccionar. Pero el enmascarado actuó por él. Atacó a Hiashi, intentando golpearle en el pecho con la palma de la mano, pero estaba listo y lo esquivo con un paso hacía atrás.

Listo para combatir, Hiashi se puso en posición de batalla. Sin embargo, cuando vio como su enemigo tomaba su misma posición, se quedó a cuadros. Era la misma que la suya, el estilo de combate de los Hyuga ¿Es qué acaso también era un Hyuga?

Activó el Byakugan, para ver su cara a través de la máscara. Pero fue inútil. Por alguna razón que desconocía, no era capaz de ver a través de esa máscara.

- ¿Quién eres? ¿Eres un Hyuga?

El enmascarado no respondió, solo atacó de frente, de nuevo con la palma de la mano. Ambos comenzaron entonces a intercambiar golpes, intentando alcanzarse el uno al otro.

- ¡Hiashi-sama! – Exclamó Neji, desviando la mirada de Miruki, quien intentó aprovechar para darle un golpe en el pecho.

Con un fuerte tirón, Naruto tiró a Neji hacía atrás, y cuando Miruki perdió el equilibrio al fallar el golpe, aprovechó para pegarle un puñetazo en la cara, haciéndole retroceder.

- ¡Naruto, ¿qué haces?! – Protestó Neji.

- ¡Este tipo es cosa mía, Neji! ¡No te metas!

- Pero, Naruto…

- Ignoró realmente que es lo que pasa con Hinata pero… este tipo nos ha atacado, a todos los de la villa, aún siendo uno de los nuestros… ¡y eso no se lo pienso perdonar! – Sus ojos se habían vuelto de color rojo, cargados de furia.

Neji ya sabía lo que eso significaba, pero cuando Miruki vio con el Byakugan moverse algo de color rojo en el interior del chackra de ese ninja rubio, casi se asustó. No entendía nada.

- No entiendo porque tú y ese hombre estáis aquí, Neji… pero mi misión era traer a Hinata de vuelta, y lo haré.

- Naruto, no sabes lo que estás diciendo. No sabemos lo que esta pasando, Miruki también fue enviado a buscar a Hinata.

- Eso es cierto – intervino Miruki – Pero no he venido a buscarla por orden de Hiashi-sama.

- ¡¿Qué?!

Todos le miraron, sobre todo Neji y Hinata, sorprendidos por su declaración.

- Tengo un nuevo señor, y sus deseos es que le lleve a Hinata Hyuga, viva. Luego, él me concederá lo que más deseo.

- ¿Llevarle a Hinata? Miruki, ¿qué has hecho?

Miruki miró a Neji, quien ahora le lanzó una mirada más de compasión que otra cosa.

- Deja de mirarme así, Neji. Actuó según mis propios deseos, como ha hecho todo Hyuga durante toda su vida. Estoy harto de ser un esclavo.

Miruki se quitó la venda de la cabeza, dejando su frente al descubierto. No había nada en ella, lo que dejo con los ojos bien abiertos a Neji, Hinata y Hiashi que miró de reojo al joven Hyuga.

- T-Tu marca… ha…

- Desaparecido. Mi nuevo señor me la quito, Neji. Ya no estoy obligado a servir a Hiashi Hyuga ni a la rama principal del clan. Ahora soy libre de hacer lo que quiera.

Neji no dijo nada. No sabía que responder. Estaba claro que había cambiado. Ya no es el Miruki que él conocía.

- ¿Estás traicionando a toda Konoha? ¿A tus amigos? ¿A tu clan? – Preguntó Naruto, furioso.

- ¡Cállate! ¡Un miserable como tú jamás entenderá nada!

Naruto le atacó, pero Miruki logró esquivar su puñetazo y contraatacar con el Juken, golpeando de lleno en el pecho de Naruto, que cayó de espaldas.

- ¡Naruto!

Hinata se acercó hasta Naruto. El joven escupió sangre, pero respiraba con normalidad. Hinata lo apoyó en sus piernas, para así lograr que tuviese la cabeza en alto y no le faltase la respiración.

Al ver la escena, Miruki sintió que la furia le invadía aún más. Se preparó para atacar de nuevo al ninja rubio, pero la mano del enmascarado le detuvo.

- Para – le ordenó.

- ¡Pero…!

- Hemos fracasado en nuestra misión ¿Lo entiendes verdad?

Le costó un poco, pero Miruki finalmente se resignó. El enmascarado lanzó algo al aire que explotó como si se tratase de un cohete de fuegos artificiales.

Desde donde estaban, tanto Kakashi como Shiro, y el resto de los ninjas, oyeron una explosión a la lejanía y vieron una luz.

- Parece que han tenido problemas… - suspiró el anciano calvo – Nos retiraremos por el momento.

- ¡Pero, señor…! ¡Al menos déjenos acabar con estos dos, por favor! – Protestó Aka.

- Ya tendrás tiempo para eso, Aka.

- ¡Pero…!

Finalmente se rindió. El protestar no le serviría de nada. Los tres ninjas se marcharon con el viento, como si nunca hubiesen estado allí.

Shiro y Kakashi los hubiesen perseguido, pero estaban preocupados por lo que hubiese podido pasar en la ciudad ¿Qué había sido esa explosión? Sin pensarlo más, corrieron para volver al pueblo.