Los últimos días habían sido extraños, Michiru casi no había podido pasar tiempo con Haruka porque algo siempre se les interponía en sus tiempos libres, sobretodo los castigos casi diarios del rubio y la misteriosa insistencia de Ren de aparecer en el camino de la hermosa chica y acompañarla en casi cualquier actividad que tuviera oportunidad. Michiru estaba alagada con tanta atención que el joven pelinegro le prestaba, además que no le parecía indiferente, era muy guapo y galante. Esa noche Ren y Michiru se encontraban platicando en los jardines de la zona de dormitorios, sentados en la fuente que se encontraba en el centro de un laberinto de flores y arbustos hermosos. Estaban pasando un buen rato, riendo, charlando, coqueteando un poco. Desde una de las ventanas que daban al jardín, un par ojos azules los veía intensamente.

-Parece que quieres calcinarlos con la mirada, Haruka- escuchó una voz melodiosa y volteó para encontrarse con Emi quien se paró junto al joven, viendo la misma escena que él.

-Ese tipo no me agrada- dijo molesto frunciendo el ceño.

-¿No te agrada él o no te agrada que esté con ella?

-Ninguna de las dos opciones- dijo cruzándose de brazos sin apartar la mirada de los jóvenes del jardín. Emi se acercó al rubio, colocó una mano en su mejilla para voltear su rostro, con suavidad, hacia ella.

-Mejor deberías pensar en otra cosa- le dio una mirada seductora con una linda sonrisa que ningún hombre cuerdo podría rechazar, excepto Haruka quien no era una persona convencional. –Y sé qué es lo que te podría distraer- dijo la chica tomando su mano para guiarlo por los pasillos del edificio hasta salir.

-¿A dónde vamos?- preguntó curioso el joven al notar que estaban yendo hacia la parte de atrás del Instituto, donde siempre tienen prohibido ir.

-Ya verás- respondió la chica con una gran sonrisa maliciosa. De repente se detuvieron en frente de un edificio parecido a los del Instituto pero más pequeño. La puerta principal estaba cerrada con seguro.

-Creo que no podremos entrar- dijo Haruka tratando de abrir.

-Nunca dudes de la capacidad de una mujer decidida- dijo Emi sacando de su bolsillo una llave. El rubio la vio desconcertado y asombrado –Como presidenta del consejo tengo muchos privilegios- abrió el seguro e inmediatamente de abrir la puerta prendió las luces revelando un enorme garage con autos, motocicletas, y otros tipos de vehículos terrestres, algunos antiguos de colección y otros últimos modelos. La mandíbula de Haruka casi golpea el piso de la impresión.

-¿Qué rayos es esto?- preguntó asombrado, caminando lentamente entre los pasillos admirando cada vehículo que se encontraba a su paso.

-Sabía que te iba a gustar- dijo la chica con una sonrisa triunfal. Haruka volteó a verla aún con un enorme gesto de asombro –Son autos y motocicletas de los alumnos, las monjas los guardan aquí para que sólo los usen como transporte cuando van de regreso a sus casas para los feriados- Emi caminó junto a un hermoso Ferrari f430 Spider negro acariciando la carrocería con una mano –Este fue un regalo de mi papá, ni siquiera lo he podido encender… - levantó la mirada para fijarla en los ansiosos ojos de su acompañante – ¿Te gustaría probarlo?

-Es una broma, verdad- respondió Haruka ansioso con los ojos fijos en el auto, observándolo como si quisiera comérselo con la mirada –sería un sueño. La joven sacó las llaves del bolsillo de su falda y se las aventó, acción que tomó un poco de sorpresa al rubio pero, con su agilidad, logró cacharlas sin problema.

-Vamos a dar un paseo- dijo con una sonrisa traviesa. Haruka asintió con la cabeza; rápidamente abrió la puerta de la pelinegra para que entrara, después dio un brinco sobre el cofre y se dirigió al asiento del conductor.

-Ponte el cinturón de seguridad porque esto se va a poner intenso- dijo el joven sonriendo al encender el motor que rugía como un león –muy intenso- repitió con un tono bajo pero peligroso. Tomó firmemente el volante y apretó el acelerador provocando que el auto saliera disparado.

En la fuente del jardín dos jóvenes platicaban animadamente, dejando que el tiempo fluyera sin ninguna preocupación hasta que fue el momento de despedirse.

-Bueno, ya es un poco tarde- dijo la joven de cabello aguamarina al sentir que la brisa estaba refrescando. Se abrazó para cubrirse un poco del frío, por lo cual el joven se quitó el saco del uniforme que traía puesto y lo colocó sobre sus hombros.

-Será mejor que entremos- dijo Ren ofreciéndole la mano para ayudarla a levantar. Michiru la tomó y se dirigieron al edificio. El joven la acompañó hasta la puerta de su habitación – Bueno, ya estamos aquí- dijo con un tono ligeramente frustrado viendo la puerta detrás de ella. Ella asintió tímidamente y sonrió. Ren se agachó ligeramente, acercando su rostro al de su acompañante. Michiru se puso tan nerviosa que se petrificó. Súbitamente la puerta de la habitación se abrió detrás de la chica y el joven se separó.

-Hola, no sabía que estaban aquí- dijo Shiori con una gran sonrisa volteando a ver a ambos –voy por un chocolate a la máquina, ¿alguien quiere algo?- preguntó inocentemente.

-Este… no, gracias- respondió el joven un poco nervioso, aclarando su garganta. Su compañera negó con la cabeza. La chica se encogió de hombros y salió del cuarto, dirigiéndose a la máquina de golosinas que se encontraba al final del pasillo. Ambos jóvenes dieron un fuerte suspiro de alivio.

-Creo que ya es hora de despedirnos- dijo Michiru aún un poco nerviosa.

-Si, ya es tarde y tengo que empacar todavía- respondió el muchacho con una sonrisa, llevándose la mano derecha a la nuca. –Este… buenas noches- hizo una pequeña reverencia y se disponía a partir cuando la chica lo tomó del brazo.

-Espera, tu saco- dijo Michiru quitándose la prenda. Ren no le permitió que se lo entregara.

-Quédate con él- dijo el muchacho pelinegro con una sonrisa –Me lo regresas cuando vuelva del feriado, así tendré un pretexto para volver a verte- Michiru se ruborizó por el comentario. –Nos vemos en unos días- Ren se despidió con un ademán y se alejó rápidamente. La chica lo veía desaparecer por el pasillo sujetando el saco entre sus brazos.

-Ejem….- escuchó una voz familiar que la trajo de regreso a la realidad. Volteó y vio a su amiga parada junto a ella con una mirada inquisidora.

-Este… hola- dijo nerviosamente la chica de cabello aguamarina -¿qué te trae por aquí?- preguntó inocentemente y también algo inconsciente.

-Pues… yo vivo aquí- respondió la chica levantando una ceja -¿a ti qué te pasa?

-A mi… nada- respondió Michiru aún nerviosa.

-Ajá… - dijo sarcásticamente su amiga notando que algo extraño estaba ocurriendo -¿Qué se traen ustedes dos?- preguntó curiosa, viendo directamente a su amiga a los ojos.

-Nada…- respondió metiéndose a su cuarto. Su compañera la siguió, cerrando la puerta detrás de ella.

-Si como no, a mi no me engañas- dijo Shiori sentándose en la cama de su amiga, mientras ella se dirigía al closet para sacar un gancho. La chica curiosa observaba detenidamente a su amiga y al ver cómo colocaba con delicadeza la prenda en el gancho, como un flashazo una idea se formuló en su cabeza -Nooooo- dijo en un tono de sorpresa – ¡ya son novios!- dijo emocionada, gritando y saltando en la cama apuntando hacia el saco. Michiru se aventó sobre ella y le tapó la boca con la mano.

-No somos nada- dijo la chica de cabello aguamarina un poco molesta –y no grites que te pueden escuchar….- dijo en voz un poco más baja. Su compañera trataba de quitarse la mano de la cara pero no podía -¿Si te suelto prometes no hacer ningún escándalo?- preguntó Michiru en un tono bajo y algo amenazador. Shiori asintió con la cabeza y su amiga la soltó. La pobre chica inhaló todo el aire que pudo para recuperar el aliento, que ya estaba casi azul.

-¡Casi me matas!- dijo la chica tratando de recuperar la compostura –Pero bueno, entonces qué haces con ese saco- preguntó señalando la prenda, que ahora Michiru colgaba en un gancho que había en la parte interna de la puerta. Lo acomodaba y lo observaba.

-Sólo me lo prestó para quitarme el frío- respondió sencillamente con una sonrisa.

-¿Y Haruka ya lo sabe?- preguntó su amiga cruzándose de brazos.

-¿Qué cosa?- preguntó Michiru algo confundida.

-Pues que eres novia de Ren- respondió Shiori con una sonrisa pícara, sabiendo que molestaría a su compañera de cuarto.

-Y dale…- dijo Michiru frustrada –No, no lo sabe porque no es mi novio- se dirigió a la cama de su compañera, donde se encontraba la maleta que estaba haciendo, tomó una blusa que estaba sobre la cama y se la aventó –Mejor sigue haciendo tu maleta que no vas a terminar.

-Está bien, sólo porque no quiero pasarme toda la noche en vela haciéndola- se levantó de la cama de Michiru y caminó hacia la suya para continuar con su labor.

-Voy a la sala- la chica de cabello aguamarina tomó un libro de su estante –Ya termina con eso que no pienso hacerte compañía toda la noche mientras terminas- dijo burlonamente antes de desaparecer a través de la puerta. Shiori sólo negó ligeramente con la cabeza, sonriendo, de repente volteó a ver todo lo que tenía sobre su cama.

-¡WAAAA! ¿Cómo voy a meter todo esto?- gritó desesperada al ver la ardua tarea que le venía encima.

Iba a ser una semana de vacaciones y la mayoría de los alumnos regresarían a sus casas de visita. Pocos alumnos se quedarían debido a que sus padres no estarían o no tenían permiso para salir, entre ellos se encontraban Haruka y Michiru, cuyos padres estarían en un viaje de negocios.

En la sala común entraron Haruka y Emi riendo. Se dirigieron al sillón y se dejaron caer sin dejar de reír.

-Si se enteran los pingüinos nos matan- dijo Haruka entre risas llevándose una mano al rostro. -Ya me imaginé la cara de Sor Rose… y el sermón que nos daría- siguió riendo.

-No seas malo- dijo la chica con una sonrisa – Las pobres se las ven negras tratando de controlarte- el joven se llevó la mano a la barbilla pensativo, después de meditarlo un poco asintió con la cabeza.

-Tienes razón- dijo finalmente sin desaparecer su sonrisa –soy todo un dolor de cabeza- dijo con un tono algo burlón recargando la espalda sobre el respaldo. La chica se quedó viéndolo, sin decir absolutamente nada, lo que notó el rubio -¿Pasa algo?- preguntó un poco extrañado. La chica se inclinó sobre él, apoyó una mano sobre su pierna y acercó su rostro a su oído.

-Para mi no eres ningún dolor de cabeza- dijo en un tono bajo y seductor –al contrario, creo que eres muy lindo- la joven sonrió confidente y se levantó dejando a Haruka totalmente sorprendido. Emi se dirigió a la puerta, se detuvo y volteó hacia su acompañante. –Espero que cuando regrese tengamos otra velada tan emocionante como la de hoy- sonrió y le guiñó un ojo. En el instante que la hermosa joven salía pasó junto a ella otra chica, intercambiaron miradas antes de que desapareciera.

-Ya deja de babear- dijo la joven acercándose al muchacho del sillón, quien al escuchar su voz regresó a la realidad.

-¡Michiru!- dijo sorprendido el rubio al ver a su hermana junto a él, -No te había visto.

-Ya me di cuenta- respondió molesta sentándose a lado de su hermano –estabas muy entretenido con tu amiguita.

-¿Celosa?- preguntó Haruka algo divertido por la reacción de su acompañante.

-¡Jamás!- respondió inmediatamente, exaltada. Haruka no pudo hacer otra cosa que reír ante la situación. –Sabes que no me agrada, siempre está tramando algo- dijo un poco molesta.

-Es paranoia tuya- respondió el muchacho algo despreocupado. Siguieron hablando por unos minutos cuando un grito desgarrador los interrumpió.

-¡Shiori!- ambos dijeron al mismo tiempo volteándose a ver.

-Creo que no entran sus cosas en la maleta-dijo Michiru un poco preocupada. Ambos se levantaron y corrieron hacia la habitación de las amigas. Al entrar vieron un gran reguero de ropa por todos lados y a la pobre chica llorando a mares en medio de la habitación. Michiru volteó a ver a Haruka y le dio la mirada de "voy a ayudarla" la cual entendió perfectamente y sólo asintió la cabeza antes de retirarse. La joven se acercó a su amiga.

-Anda, te ayudo- dijo sencillamente mientras recogía algunas prendas cerca de ella. La otra chica esbozó una enorme sonrisa y comenzó a recoger también. Así pasaron la noche doblando ropa, acomodándola y platicando.

Agosto2012