Holaaa otra vez, les voy a hacer un regalo de navidad adelantado. Voy a subir tres capítulos seguidos. Sí, yeah babys. Éste es el segundo capítulo por hoy, así que disfrutenlo mucho.
Pareja:Yui y Shu
Rt: "T" cambiara a "M" en unos capítulos más adelante.
Capítulo VI
Tengo una gran salchicha
Tenía el mejor sueño de mi vida. Era uno de esos sueños calientes dónde estás teniendo sexo, comienzas a tener un orgasmo y lentamente despiertas a mitad del mismo, y no sabes si en realidad acabas de tener un orgasmo o era parte de un sueño, pero sabes que quieres que siga. Me sentía tibia y cómoda bajo las sabanas, y deslicé mi mano hacia abajo entre mis piernas para ya sea hacerlo otra vez o terminarlo. Justo cuando mis dedos empezaban a deslizarse dentro de mi ropa interior, abrí mis ojos y grité.
—¡Mierda!
Mi hijo se encontraba parado junto a la cama mirándome fijamente. Seriamente, a dos centímetros de mi cara, mirándome como esos gemelos espeluznantes en "El resplandor". Esperaba que empezara a decir: "Ven a jugar con nosotros" en sus voces dobles extrañas mientras trataba de no tener un ataque al corazón.
—Takumi, en serio. No puedes pararte aquí y mirar a mami. Es raro —me quejé mientras ponía la mano en mi adolorida cabeza y trataba de calmar mi latido cardiaco.
Dulce Jesús, ¿quién me dio una patada en la cabeza y cagó en mi boca anoche?
—Dijiste una mala palabra, mami —me informó mientras se subía a mi cama y se sentaba a horcajadas en mi cintura. Mi otra mano se unió a la primera en mi cabeza y la agarré con fuerza, temiendo que la cosa entera fuera a explotar por toda mi habitación.
—Sí, mami dijo malas palabras. A veces las mamis dicen malas palabras. Eso sí, nunca las repitas, ¿entendido?
Empezó a saltar arriba y abajo sobre mi estómago como si estuviera montando uno de esas estúpidas pelotas de salto con asas.
—Takumi, por favor. Mami no se siente bien —me quejé.
Paró de saltar y se inclinó hacia adelante para extender su cuerpo encima del mío.
—¿Quieres que de' de una paliza a tus amigos, mami? —susurró con complicidad.
Quité las manos de mi cabeza y abrí los ojos para mirarlo.
—¿De qué estás hablando, Taku?
Levantó las manos y las puso en mi pecho, apoyando su barbilla encima.
—Tus amigos, Mami. Los que te hiciedon enfermar —dijo en una voz que claramente gritaba: "Es obvio".
Envolví los brazos alrededor de su pequeño cuerpo, y negué con la cabeza. —No tengo idea de lo que estás hablando, amigo.
Dejó salir un suspiro exasperado. Pobre chico. Quedó atrapado con una madre tonta.
—Papá dice que tus amigos Johnny, Jack y José te hiciedon enfermar. Los amigos no deberían hacer esas cosas, mami. Si Luke me hicieda enfermar, ¡lo golpearía en los huevos!
—¡Takumi! Vamos, no decimos cosas como esas —lo regañé.
—Bien —resopló—. Le haría cosquillas en los huevos.
Jesucristo, en un cono de barquillo. Hay una razón por la que algunos animales en la selva comen a sus crías.
—No hables de huevos —dije con un suspiro, dándome la vuelta para que se metiera en la cama a mi lado con una risita mientras lo hacía.
—Mi mejor amigo, Luke, habla de huevos. Una vez me mostró su salchicha. ¿Las chicas tienen salchichas? Papá me llevó a desayunar y comí agunos panqueques com jarabe y salchichas, y Papá anoche me dejó tomar Dr. Pepper com la cena, y le dije que no tenía permitido tomar refrescos con mi cena pero me dijo que no te contara, y dije bueno pero lo olvidé. ¿Podemos ir al parque?
Hazlo parar. Por favor, Dios, sólo hazlo parar.
—ASÍ QUE, ¿CÓMO TE ESTÁS SINTIENDO, YUI? —gritó mi padre con todas sus fuerzas contra el marco de la puerta de mi habitación,con una taza de café en las manos.
Entrecerré un ojo y lo miré a través de él, intentando mostrar una mirada amenazadora, pero mi cara dolía demasiado para hacer eso.
—Muy gracioso, viejo. No me hagas ir allá y darte un puñetazo. Cuando no me sienta como vomito. Y mis piernas empiecen a funcionar otra vez —murmuré mientras Takumi, moviéndose inquietamente y pateando, se apresuró encima de mí para salir de la cama.
Corrió por la habitación hacia mi papá y se tiró a sus piernas, golpeando con su cabeza las joyas de la familia.
—¡Mierda! Takumi, tienes que ser cuidadoso ahí, amigo. —Mi papá jadeó mientras lo levantaba.
—Papá, ¿podemos ir al parque de mierda?
Tengo que reconocerle a mi papá que nunca se ríe de esa mierda. Eh, cosas. No sé cómo demonios siempre mantiene su compostura. Siempre y cuando Takumi no hiciera esas mier… cosas en público y me avergonzara demasiado, era difícil no reír.
—Takumi, ¿recuerdas la charla que tuvimos anoche sobre las palabras de la gente grande? Bueno, "mierda" es una de esas palabras de personas grandes. No la digas —dijo mi papá con severidad mientras miraba a los ojos a Takumi.
—¿Puedo decirlas cuando sea un chico grande?
—Sí, puedes DECIRLAS cuando seas un chico grande —contestó. Takumi parecía satisfecho con esa respuesta y olvidó todo acerca del parque de mierda. Mi papá lo bajó, y él salió corriendo por la puerta y por el pasillo hacia su cuarto.
—Gracias por verlo anoche después de que Liz llevara a Jim a casa —dije mientras me impulsaba hacia arriba y me apoyaba contra el cabecero.
—Sip.
Se quedó mirándome en silencio mientras le daba un sorbo a su café caliente. Él sabía que algo pasaba. Me gustaba tener unos tragos de vez en cuando, pero desplomarme como lo hice anoche, especialmente en el trabajo, quería decir que sucedía algo malo.
Gracias a Dios que Liz estuvo conmigo en el bar toda la noche y se aseguró de que no dejara caer más vasos o vomitara en el regazo de alguien.
Ni siquiera sé cómo se supone que debo procesar lo que pasó anoche. O mejor dicho, quién pasó anoche. En cuanto vi su rostro, lo supe. Esos ojos eran un claro indicativo. Aparte del hecho de que solía sonar con esos ojos azules, y recordaría su cara sin importar cuánto tiempo haya pasado, he tenido que mirar a esos mismos ojos todos los días por los últimos cuatro años.
¡Mierda!
Estaba bastante segura que el sueño mojado que tuve esta mañana también era sobre él.
¡Doble mierda!
Su voz también era un claro indicativo. Esa voz profunda y ronca, que murmuró las palabras "Jesús, eres tan jodidamente hermosa" en ese cuarto oscuro hace cinco años, flotaba en mi mente todo el tiempo. Después de volcar la bandeja llena de vasos y dejarme caer detrás del bar, envié una mirada de pánico al otro extremo donde se encontraba Liz. Sin dudarlo, llegó a mi lado para ver que estaba mal.
Mis frenéticas palabras de: "¡OH DIOS MÍO, OH DIOS MÍO, OH DIOS MÍO, ES ÉL, MIERDA, LIZ, ES ÉL, Y ESTÁ AQUÍ Y ME VIO, Y OH DIOS MÍO NO PUEDO HACER ESTO AHORA!" la incentivaron a la acción y levantó la cabeza para verlo mejor. Después de algunos segundos bajó a mi escondite y con un grito y un aplauso confirmó que era él.
Mi papá se quedó en la puerta zapateando sus pies, esperando a que continuara. Necesitaba más tiempo para pensar sobre lo que iba a hacer, pero nunca le ocultaba nada. Con un gran suspiro dramático, lo solté. —Él entró al bar anoche.
Papá se me quedó mirando inquisitivamente por unos segundos antes de entender. Sus ojos se abrieron como platos y quedó boquiabierto. Sabía exactamente a quién me refería. Había un pequeño puñado de hombres en mi vida y ambos sabíamos que los llamaría por el nombre si estuviera hablando de ellos. La única persona a la que nos referíamos como "él" durante estos últimos años…
¡Mierda, seguía sin saber su maldito nombre de mierda!
—¿Conseguiste su nombre esta vez? —preguntó papá de forma sarcástica, prácticamente leyendo mi mente.
Sacudí la cabeza y la dejé caer en mis manos.
Mi papá dejó salir un suspiro. —Bueno, si regresa al bar y necesitas que lo mate, déjamelo saber. Puedo hacer que parezca un accidente.
Si eras enemigo de Seiji Komori y lograbas verlo, era demasiado tarde. Ya te había matado y aún no te habías dado cuenta.
Después de una ducha y dos tazas de café, casi me sentía humana. Revisé mi correo de voz mientras Takumi se vestía. Había un mensaje de Liz. Me dijo que la encontrara en la antigua ubicación de la Panadería de Andrea tan pronto como despertara. Quería que viera el lugar antes de que tuviera la oportunidad de enloquecer por la bomba que anoche me dejó caer en el auto. Liz me conocía demasiado bien.
Sabía que tan pronto como volviera a mis sentidos, le diría que no había absolutamente ninguna posibilidad de que la dejara comprarme un maldito negocio. Estaba loca. Forzarme a encontrarme con ella en la tienda era un engaño en lo que a mí respectaba. Aunque Liz era inteligente, tenía que reconocer eso. Ella sabía que aquello alejaría mi mente de mi otra situación.
Butler era un pequeño pueblo universitario que tenía una plaza principal justo en el corazón del mismo, donde se encontraban todas las tiendas. La panadería de Andrea se encontraba ubicada en la esquina más concurrida. Tuve que reprimir mi emoción mientras abrochaba a Takumi en su asiento del auto, y me dirigía hacia el centro. Todavía no me haría ilusiones sobre esto. Había demasiadas cosas que superar y considerar. ¿Cuánta renta tendría que pagarle a Liz? ¿Qué haríamos Takumi y yo con respecto a la atención médica? ¿Podríamos ser socias en todo esto o dos entidades separadas sólo compartiendo un espacio? ¿Podría nuestra amistad sobrevivir a algo así? ¿Tendría Takumi que saltarse la universidad y pasar su vida como un prostituto sólo para llegar a fin de mes, porque yo había estancado cada centavo en un negocio que se vino abajo?
Mierda, esto iba a provocarme un ataque de pánico.
—¿Vamos a casa de tía Wiz? —preguntó Takumi desde el asiento trasero, mirando por la ventana hacia los autos y casas que pasábamos.
Lo miré en el espejo retrovisor y me recordé que cualquier cosa que hiciera era todo por él. Merecía una mejor vida, y estaba decididam a dársela.
—No, amigo, no vamos a su casa. Pero vamos a verla —le dije mientras me ponía enfrente del edificio unos minutos después.
Me senté en el auto por un minuto mirando a nuestro edificio. Se hallaba justo en la esquina y las ventanas ocupaban toda la parte delantera de la tienda, cubriéndolas para también ocupar el otro lado. Era la tienda de esquina perfecta donde cada una podríamos tener nuestro propio escaparate. La Panadería de Andrea había sido repintada recientemente de color blanco llamativo y había jardineras nuevas, rebosantes con margaritas de Gerbera en cada color,instaladas debajo de las ventanas. Se veía hermoso.
Nuestro edificio, nuestros escaparates. Jesús, ya pensaba en ello como mío. Liz era una malvada genio y todavía ni siquiera había entrado.
Hablando de la diablesa, Liz salió por una de las puertas, manteniéndola abierta con su cadera.
—Deja de mirar embobada y trae tu culo aquí —me gritó, antes de darse la vuelta y entrar.
Takumi se desabrochó su cinturón de seguridad y trató de abrir lapuerta, pero el seguro para niños le impidió hacerlo.
—Vamos, mami —reclamó—. La tía Wiz dijo que lleváramos nuestro culo ai.
—Takumi, lenguaje —dije, rodando mis ojos ante su negativa a escuchar mientras salía y caminaba alrededor para abrir su puerta. Le agarré la mano y lo ayudé a bajar del auto—. Compórtate, ¿entiendes?—le pregunte mientras caminábamos hacia la vereda—. No corras, no grites, no toques nada y deja de decir malas palabras o te vas a casa a tomar una siesta.
—Las siestas apestan.
No lo voy a vender a los gitanos. No lo voy a vender a los gitanos. Una campana sonó sobre la puerta cuando la abrí, y Takumi sacó su mano de la mía de un tirón, para ir corriendo a los brazos de Liz.
—¡Ooooooh, mi apuesto hombre está aquí! —chilló Liz mientras lo levantaba y le daba vueltas—. ¿Qué hay de nuevo, hombrecito? —preguntó mientras lo sentaba en la parte superior de un mostrador a su lado.
—Mami no se siente bien hoy, ¡y yo tengo una gran salchicha!
Liz soltó una carcajada.
—Takumi, por favor. Suficiente con la charla de las salchichas —me quejé.
—Pero mami, mira —dijo mientras intentaba desabrochar sus pantalones—. Mi salchicha es muy grande y larga en este momento y se siente divertido.
—Biiiiien —dije mientras rápidamente me acercaba y le impedía sacarla—. Nadie necesita verla y ¿recuerdas lo que te dije la otra noche?
Takumi asintió en entendimiento, lo bajé del mostrador y le dije que fuera a mirar por la ventada del frente para contar los autos que pasaban. Cuando su cara y sus manos estuvieron pegadas a la ventana, me di vuelta para mirar a Liz, que reía silenciosamente con sus manos sobre la boca.
—No es gracioso —le siseé en un ruidoso susurro—. ¿Por qué mierda nadie me dijo que a los cuatro años tienen erecciones? No estoy equipada para lidiar con esta mierda, Liz.
Se secó las lágrimas de los ojos y me miró, excusándose. —Lo siento, Yui, pero esa es una mierda muy divertida. Lo siento. No sé nada acerca de niños de cuatro años. ¿Cuándo demonios pasó la primera vez?
—¡UNO! —gritó Takumi desde el frente de la venta cuando pasó un auto.
—La otra noche después de su baño. Él estaba tendido en el piso en su toalla y le di un libro para leer mientras corría abajo hacia el pasillo, para sacar su pijama de la secadora —comencé.
—¡DOS! —vino otro grito de Takumi.
—Entré en la habitación, él rodó sobre su espalda, y esa cosa estaba pegada hacia arriba en el aire como un pararrayos. Fue horrible.
Siguió tocándolo y diciendo que se sentía divertido. Jesucristo, ¡¿podrías parar de reír?!
—¡TES!
—¡Lo siento, lo siento! —jadeó Liz entre risas
—Y de todos los libros que pudo estar leyendo cuando pasó eso, tuvo que ser Barney. A mi hijo se le pone duro por el maldito BARNEY —grité, y giré rápido para estar segura de que Takumi no me había escuchado.
Liz estaba histérica para entonces. Su boca estaba cerrada y sus hombros se sacudían sin parar. Cada vez que trataba de respirar y no reír, resoplaba y luego se atragantaba.
—¿Le preguntaste a tu papá al respecto? —preguntó entre risitas y tos.
Rodé mis ojos antes de responder mientras pensaba en la conversación que había intentado tener con mi papá la otra mañana.
—Conoces a papá, tan pronto como dije la palabra pene se volteó, salió de la habitación y me dijo que llamara a mi mamá. Y ella fue de tanta ayuda como tú ahora mismo. Cuando le pregunté si era normal, me respondió: "¿Un pato de una sola pierna nada en círculos?"
Le colgué después de diez minutos seguidos de esa risa hiperventilada después de que le dije de la erección de Barney Liz finalmente se calmó y ambas nos giramos para chequear y estar seguras de que Takumi seguía ocupado.
—Ahora cada vez que pasa, me la quiere enseñar y dice:"¡Mamá! ¡Mira mi gran salchicha!" De modo que le dije que era normal,que les pasaba a todos los chicos pequeños, y que no era algo que debería ir diciéndole a las personas.
Liz me palmeó la espalda y me dio una mirada de compasión. —Bueno, eso sólo prueba que necesitas un hombre en tu vida, Yui. Y hablando de hombres en tu vida…
—No, ni siquiera vayas allí —la amenacé, señalándola con mi dedo en su rostro para que supiera que iba en serio—. No estoy preparada para tener esa conversación contigo. Todavía me sigo preguntando si fue un sueño y ese no era él. Tal vez sólo me imaginaba cosas en la confusión mental por el alcohol. Quiero decir, de todos los bares, de todos los pueblos, de todo el mundo…
—Tranquila, Humphrey Bogart*. Era él, lo reconocí inmediatamente, y su amigo era el tipo que trató de liarse conmigo la noche después de decirme que usualmente le gustaban las chicas con tetas grandes, pero que como era linda, haría una excepción.
Sabía que era una tontería tratar de convencerme de que tal vez no era él, pero que Liz lo confirme me hacía sentir como una idiota.
—Mierda, mierda, mierda, mierda. ¿Viste sus ojos? Dios, esos eran los ojos de Takumi, eran del mismo extraño color azul zafiro con un delineado negro. ¿Qué diablos voy a hacer? —le pregunté en estado de pánico
—¡DIEZ!
—Takumi, después del tres viene el cuatro —le gritó Liz, mientras yo trataba de no vomitar en el piso.
—Eso es aburrido —le contestó él.
—Vamos, déjame mostrarte el lugar antes de que comience a enseñarle su pene a todas las personas que pasen, y obtenga unamulta por exhibicionismo indecente antes de que la pintura de este lugar esté seca —dijo Liz mientras tomaba mi mano—. Deja de preocuparte por eso ahora y sólo disfruta al ver tus sueños convertirse en realidad. Después nos preocuparemos de ojos azules.
Seguía en shock y con temor mientras regresábamos a casa dos horas después. Takumi se durmió tan pronto como el auto arrancó, de modo que no hubo ninguna charla sin sentido sobre salchichas y nueces desde el asiento trasero para interrumpir mis pensamientos. La cocina de la tienda era mucho mejor de lo que recordaba tras años de haber pasado por ahí por una taza de café y panecillos, y se hallaba abastecida con suministros que apenas soñé con usar, y mucho menos poseer. Había un congelador tamaño industrial con dos puertas, a juego con una nevera de tres puertas, una gran cocina eléctrica con seis hornallas, un horno por convección de dos temperaturas, un armario en el que podría guardar dieciséis bandejas de chocolate fresco, un escaparate de panadería refrigerado que se encontraba qjusto debajo del mostrador, y dos calderas de cobre para derretir chocolate, caramelo o cualquier cosa que necesitara. Justo en el medio de la habitación, había una isla de un metro a uno y medio aproximadamente, con una encimera enfriadora de mármol, perfecta para hacer dulces. En todo el tiempo que he patrocinado la Panadería de Andrea, siempre he amado el diseño amplio. Me encantaba cuando me encontraba pagando en el mostrador y podía mirar dentro de la cocina y ver a alguien haciendo pasteles o tartas.
Era demasiado y se lo dije a Liz mientras caminaba alrededor de la cocina, dejando que mi mano repasara todos los equipos. Ella trató de decirme que los dueños anteriores habían remodelado todo recientemente, de modo que las cosas de la cocina vinieron con el espacio, pero mintió. Había estado en la Panadería de Andrea no hace mucho tiempo, y hablé con el gerente. Sabía a ciencia cierta que no la remodelaron. Además, Liz nunca me podía mirar a los ojos cuando mentía, y maldijo dos veces seguidas.
—Liz, es demasiado. No puedo dejar que hagas esto.
—Oh, maldita sea, Yui. Esta mierda vino con el maldito lugar, y los malditos dueños anteriores sólo querían deshacerse de la maldita cosa.
Mentirosa, mentirosa, maldita cara de maldita osa.
La parte de la tienda de Liz era igual de bonita, sólo sin la asombrosa cocina que tenía en mi lado. Me mostró donde quería que fuera la pared que iba a separar los dos espacios, exactamente en el medio, pero no iba a ir extendida hasta la parte delantera. Ella quería suficiente ambiente hasta las ventanas para que los clientes pudieran caminar de adelante hacia atrás, entre las dos tiendas. Proporcionaría suficiente privacidad en caso de que mis clientes no estuvieran muy entusiasmados con mirar los consoladores, lencería y lubricantes del lado de la tienda de Liz. Dijo que podríamos poner una puerta atrás en mi cocina, en donde ambas pudiéramos ir y venir sin tener que ir a las partes principales de las tiendas. La parte delantera de ambos lados tenía un mostrador en donde pondríamos la caja registradora. El lado de Liz contaba con mesas para exhibición en toda la parte delantera, así podía exponer los artículos que tendría para la venta. La mía por ahora estaba vacía, así que podría probablemente poner algunas mesas para que las personas se sentaran en un futuro. Me di cuenta que hizo cambios al lugar mucho antes de incluirme, sabiendo muy bien, que no sería capaz de rechazarlo cuando viera el trabajo duro que puso en eso. Donde mi lado se hallaba abierto de par en par, para poder ver la cocina entera estando de pie en la parte delantera, el lado de Liz tenía una pared justo detrás del mostrador, ya que, la parte de atrás de su tienda sería sólo inventario. Había pensado en todo, y yo estaba totalmente impresionada con todo lo que ella había hecho en tan poco tiempo.
Mientras Takumi corría como loco, nos sentamos en el piso con todos los papeles esparcidos alrededor nuestro. Estábamos hasta el cuello con los permisos de zonificación, licencias de impuestos sobre las ventas, planes de negocios, pólizas de seguros y otras cientos de formularios que hicieron girar mi cabeza. Este sueño estaba tan cerca que podía tocarlo, pero el miedo de no poder permitírmelo me tenía mordiéndome las uñas hasta los talones. Podía tomar turnos extras en Fosters para ahorrar más dinero y por supuesto estaba el ingreso adicional que obtendría del sufrimiento del grupo de juguetes sexuales de Liz para fiestas. Pero aun así no sería suficiente para la renta, y me negaba a dejar que Liz invirtiera más dinero por mí. Liz llamó a mi padre antes de que pidiera protestar, y él se reunió con nosotras en la tienda para echar un vistazo.
—Entonces, ¿qué piensas? —le pregunté mientras él abría la caja de fusibles y revisaba.
—El cableado es bueno, la cocina está en un circuito independiente del sistema de seguridad —respondió.
—No me refiero a eso.
Quería que metiera algo de sentido en mí, como sólo él sabía, diciéndome que estaba loca por pensar que podía hacer algo así; llamándome idiota por tener mi cabeza en las nubes. Mi padre cerró la caja de fusibles y se giró para mirar hacia el techo.
—¿Recuerdas cuando ibas en la universidad, y yo pagaba por tu habitación y comida todos los meses? —preguntó mientras examinaba todos los artefactos de iluminación—. Bueno, por los pasados cinco años he estado poniendo ese dinero en una cuenta todos los meses, sólo encaso de que algún día lo necesitaras. Con los gastos de intereses, hayan poco más de cincuenta mil en estos momentos.
Mi boca cayó abierta por la sorpresa, y Liz que se encontraba cerca, sin ni siquiera tratar de fingir que escuchaba a escondidas, comenzó a gritar lo suficientemente fuerte como para romper la barrera de sonido. Saltó y echó los brazos alrededor de mi padre, mientras yo me quedé parada tratando de procesar lo que él me había dicho.
—Señor Komori, si no fuese el mejor amigo de mi padre, montaría su pierna ahora mismo —dijo Liz con entusiasmo.
—Hay una… tengo… mi perro está en el veterinario —balbuceómi papá torpemente mientras se alejaba de Liz, y salía de la tienda.
—Tu padre no tiene un perro —dijo Liz mientras la campana de la puerta sonaba con su partida.
—No, tus amenazas sobre follar finalmente lo han vuelto loco.
A Liz le tomó una hora convencerme de que no era egoísta tomar el dinero que mi papá me ofrecía. Era dinero que había guardado para mí, para que hiciera lo que quisiera. Así que, ¿por qué no utilizarlo para poner en marcha el negocio que siempre he soñado? Con el dinero, las preocupaciones se irían por el momento. Liz me pidió hacer una bandeja de artículos para llevar a la fiesta que reservó para mí al día siguiente. Era de Jenny, una amiga de su prima, diseñadora gráfica. Se ofreció a ayudar a Liz con volantes, folletos y cosas por el estilo. Liz le dejó saber que haría su fiesta y que necesitaría ayuda creando algo para también anunciar mi tienda. Ella estuvo de acuerdo en ayudarnos, siempre y cuando lograra probar algunas muestras gratis. Podía dejarla probar mi vagina si hacía eso por mí.
Después de la fiesta, iría a la casa de Liz y Jim para la cena y algo de vino, así podríamos hablar más y sugerir más nombres para nuestro negocio.
Nuestro negocio. Me repetía esas palabras una y otra vez mientras manejaba a casa desde la tienda, tratando de asimilarlo. Todo pasaba demasiado rápido. Dos días atrás la idea de tener mi propio negocio era sólo un sueño imposible, que había imaginado que pasarían años y años para que alguna vez sucediera.
Estacioné en mi entrada, y en silencio desabroché a Takumi para poder llevarlo a casa y acostarlo. Mientras lo levantaba de su asiento y sostenía su cabeza en mi hombro, él envolvió los brazos alrededor de mi cuello y apretó.
—Dienes que cortar el césped com una serpiente de malvavisco—balbuceó durmiendo—. Me resbalé con un centavo.
Solté una carcajada por sus hábitos de hablar dormido, mientras entraba en la casa y lo acostaba en su cama. Me pregunté si él también hablaría en sus sueños. Liz ocupó suficientemente mi mente para no pensar en el padre de Takumi durante toda la mañana, pero ahora que me hallaba sola con mis pensamientos, su reaparición en mi vida gritó en mi cabeza, y era en todo lo que podía pensar. Por lo que sabía, podría estar pasando por la ciudad y nunca lo vería o escucharía sobre él de nuevo. Había estado muy borracho para recordar la vez que nos conocimos, y obviamente la historia se repetía. Anoche, no tenía ni idea de quién era yo.
Me negaba a admitir que me dolía un poco no haber provocado ningún tipo impacto en él cinco años atrás. Especialmente, cuando yo tenía que vivir con un recuerdo suyo todos los días.
Humphrey Bogart* fue un actor de cine y teatro americano quien se caracterizaba por su estilo cínico y moralmente dudoso.
Listo, he terminado este capítulo solo me falta uno por subir y espero que lo disfruten. Besos :*
