"En el futuro lejano, los vampiros son dueños de la noche, pero su número está disminuyendo. Grandes precios tienen sus cabeza, y ha aparecido una nueva clase de cazadores, los cazarecompensas."

"Un cazador es diferente a los demás. Es un Dunpeal, mitad humano, mitad vampiro. En lucha consigo mismo, temido por todos, atormentado y solo, él es el Cazador de Vampiros D."

"Alice Rostrumon ha sido secuestrada, y D es contratado para su rescate. Pero una aldea es atacada por mutantes, con lo que D y Catherine emprenden la marcha a Toldgus. Sin embargo, la ciudad destruida es base a una ilusión cuyo epicentro es un templo en el cementerio, la tumba de Roman P. Trusmant. Finalmente mientras los cazadores como los secuestrados sacan ideas a la luz de lo que puede estar pasando, comienza la lucha a muerte en el castillo…"

"Cuando la Tierra empezó a girar,

Las estrellas brillaban en el cielo.

Cuando la Tierra deje de girar,

Las estrellas seguirán brillando.

Y cuando las estrellas se apaguen

Aún ahí te seguiré amando."

Vampire Hunter D

~The City of Illusion~

Capítulo Final:

Añoranza

Catherine se estuvo arrastrando unos minutos. No tenía muy claro lo que había pasado. La verdad es que nunca había visto un vampiro en vida, pero ver como Felicia desaparecía ante sus ojos después de todo el esfuerzo, con una Alice desmayada, no terminaba de creérselo. Sentía que debía tener algunas costillas rotas, y le dolía mucho la zona de pecho y estómago. No había dejado de escupir sangre desde el primer ataque del mayordomo, ahora muerto, y no era descabellado pensar que tenía algún órgano perforado. Pero aún así, llegados a este punto, no se iba a rendir. Se levantó como pudo y aguantándose en la pared empezó a buscar una subida. La única lógica que tenía ahora para seguir, era que Felicia se había llevado a su amiga del mismo sitio de donde huían ella y el mutante. Subió unas escalera cualquiera, hasta subir dos pisos. Ahí, pudo ver el rastro de lucha. Manchas de sangre y huecos en las paredes y el suelo, seguramente hechos por el mayordomo. Mientras caminaba junto a la pared, se dio cuenta que estaba dejando un rastro de sangre al caminar. Seguramente tenía peor pinta de la que creía. Poco a poco le venían dolores fuerte de cabeza y un ligero mareo. Pero aún así podía seguir adelante.

- Espero que aún pueda hacer algo. - Dijo abriendo las puertas de donde salían las marcas de lucha. No tenía ni idea si era el punto final, o detrás de ella seguiría el camino, pero le daba igual.

- ¿Quieres algo? – Escuchó nada más entrar. Soltando la puerta y dejando que por inercia se terminara de abrir, contempló bajo la luz roja de la habitación, el panorama. Miles de cables salían de los muros para mezclarse en el centro de la habitación. Subían por techos y paredes, y acababan en un extraño aparato. Se notaba que no era de esa habitación, dado que la pared del fondo había sido derribada para que cupiese parte de él. Aún así, la máquina no estaba por completo dentro. Lo que si estaba claro es que era el centro de todo. Como un gigantesco embudo, el aparato terminaba en una especie de espada que colgaba de su boquilla. Debajo de ella, había una urna de cristal, y dentro, estaba Alice inconciente. Felicia miraba a Catherine desde unos metros de la urna, junto a un trono, y con cables en las manos. No se había cambiado.

- ¿Qué…?

- Que si quieres algo. – Repitió Felicia antes que Catherine terminara su pregunta. La chica estaba tan malherida que le costaba aclararse las ideas.

- De… Devuélveme a Alice… - Dijo lo mas amenazante que pudo. Felicia la miró de arriba abajo un momento y volvió a su trabajo. Esto enfadó momentáneamente a Catherine, pero la realidad es que no estaba condiciones de cumplir ninguna amenaza que no fuera la de manchar de sangre la alfombra. Pero llegados a ese punto, ya no tenía miedo a nada. Empezó a subir poco a poco las escaleras que conducían la centro de la habitación.

- Verás, niña. Tenía pensado dejar que te murieses sola. Pero si sigues acercándote, tendré que rematarte. - Catherine se detuvo ante estas palabras, pero Felicia para decirlas ni siquiera le dirigió la mirada. Seguía con sus cables.

- ¿Qué… te ha hecho?

- ¿Cómo? – La pregunta de Catherine pareció sorprender a la vampiresa.

- ¿Qué por qué… has hecho todo esto? ¿De que quieres…. vengarte?

- ¿Vengarme? – La condesa se levantó, y quitándose el pelo de la cara se dirigió hacia Alice y Catherine. – Los humanos nunca comprenderéis que la venganza es sólo significado de impotencia.

Sin detenerse apartó a la Catherine de un manotazo lanzándola varios metros de ella. Su cuerpo calló por las escaleras, mientras sentía que varios de sus huesos se terminaban de romper. Pero siguió con la mente lúcida, aún por el dolor.

- Pero lo hiciste, ¿no? – Levantando la mirada, vio como Felicia colocaba el aparato sobre Alice – Destruiste Toldgus por venganza…

Felicia se detuvo un momento. La conversación empezaba a convertirse en algo molesto.

- Sólo dime porqué… - Susurraba la muchacha mientras la condesa la levantaba por el cuello de su camisa.

- Fue por Trusmant. – Una voz masculina sonó por todo la habitación. El sonido metálico al caminar no dejaba ninguna duda. D había llegado. – Y por eso intenta resucitarlo.

Catherine volvía a sentirse caer. La cara de la condesa era un poema. Todo empezaba a estar más claro que antes. D se detuvo a unos metros de ellas, mientras desenfundaba su espada.

- ¿Trusmant…? ¿El cazador? – Dijo una vez ya en el suelo. D asintió.

- La única manera que un hombre sea enterrado después de una masacre, es que los causantes lo hagan. En este caso, la causante…

- ¿Mató a Trusmant y después lo enterró?

- ¡Lo matasteis vosotros! – Grito la condesa colérica - ¡Le juré que si volvía conmigo, dejaría la zona en paz! ¡Que no volvería a actuar en contra de un ser humano! ¡Pero… Pero lo matasteis, simplemente por no pagarle! ¡Le dí incluso mi anillo para que diera constancia de mi muerte! ¡Era imposible que no le creyesen!

- Pero por qu…

- ¡Porque lo amaba! ¡Lo amaba más que a ninguna cosa en este mundo! – Gritó Felicia dejando con la palabra en la boca a Catherine. Ya lo entendía todo. Trusmant si fue un cazador. Y fue a por Felicia. Pero la condesa, que a saber como, se enamoró de él. Y a cambio de ser correspondida, prometió hacer ver que había muerto, con tal de que él volviese a su lado tras informar a la gente de Toldgus. Pero los de Toldgus seguramente no tenían dinero para pagar a tantos cazadores, y antes de premiarlo lo mataron. Felicia montó en cólera, y destruyó toda la ciudad, enterrando a su enamorado en medio del cementerio. Pero, ¿y Alicia? ¿Qué tenía que ver ella con todo esto?

- Se necesitan al menos 200 años para que un alma se reencarne. – Dijo D, como leyéndole la mente a Catherine – Si aún se tiene presente parte de su aura, es fácil saber quien es la persona en la que se ha reencarnado. Y, no hay nadie mejor para eso, que una madre o una enamorada.

- Alice… - Catherine se intentó poner de pie nuevamente. Le dolía todo el cuerpo.

- Aléjate… - Susurró D, pero Catherine no hizo caso. Se dirigió hacía donde estaba tumbada su amiga y se desplomó ante la urna. Felicia no sabía como actuar. Tenía a un cazador pendiente de sus movimientos.

- Alice no es Trusmant…

- ¡Tu que sabrás, niña! ¡Nunca entenderás el poder de la resurrección de almas!

- Es imposible resucitar a nadie…

- ¡No subestimes mi poder, mocosa! – Felicia estaba cada vez más furiosa, pero no se movía de en medio de las escaleras. D estaba pendiente de que no atacara. - ¡Yo soy Felicia! ¡Y matado grandes vampiros a placer! ¡Mi poder va más allá de cualquier cosa! ¡Incluso puedo hacer que todo sea idéntico a como él lo dejó!

Si, era posible que lo hiciese. No parecía de las personas que actuaran por instinto. Pero sabía que se equivocaba. Y aunque no pudiesen matarla, aunque lo perdiera todo, al menos, le haría saber que nunca sería feliz.

- Pero, da igual, porque vivo o muerto Trusmant nunca será tuyo. – Catherine vio como Alice poseía rastros de estar despertándose. – Puedes matarnos, y puedes resucitar a Trusmant… Pero él nunca te amará.

- ¡¿Qué dices?

- El cuadro… es la verdad… - Silencio en la sala. Felicia tenía el rostro pálido y furioso, mientras Catherine se desplomaba y dejaba caer su cabeza en la urna. – Esa era si cara ¿no?... Esa mirada, la mirada que recuerdas, es la de un mártir. La de una persona que se sacrifica por los demás.

Catherine fue cerrando los ojos.

- Tú lo amarás por toda la eternidad, pero para él… tu amor solo es una carga con la que deberá soportar por el bien de todos… - Y al fin calló. Y nunca diría nada más.

Catherine estuvo unos segundos en esa postura inerte, antes de que Felicia se abalanzara hacia ella, la agarrara y la atravesara con la mano de estómago a espalda. Pero no hubo ningún grito, y Felicia supo que había caído en la trampa. De rabia, había atacado a una chica que ya había muerto.

Cuando Alice se despertó, la imagen no podía ser más aterradora. Catherine estaba suspendida en el aire, agarrada por el cuello por la mano izquierda de Felicia, y atravesada por su diestra. Y la condesa, con la mirada en el infinito, babeaba sangre. D la tenía atravesada por su espada por el pecho. Y en ese instante Alicia no pudo impedir empezar a llorar. Dentro de la urna de cristal donde estaba metida, y en medio de sollozos, vio caer a su amiga y a la vampira, mientras que D se ponía de pié después de su letal ataque. Todo había acabado de la manera más rápida posible, pero ella nunca lo entendería. Sólo se quedaría que su amiga de la infancia, había muerto intentando salvarla y ya nada importaba después de eso.

D sacó en brazos a una Alice que aún no podía despertar de la consternación de la muerte de Catherine. El cazador tuvo la decencia de dejarla abrazar unos minutos el cuerpo de su amiga, después de sacarla de la urna. Pero al morir la vampiresa, el poder que mantenía en pie el castillo empezaba a flaquear y no tardó mucho en empezar a desmoronarse. Así qué, a la fuerza, tuvo que separar a la secuestrada y dejar el cuerpo de la pequeña Catherine junto a la condesa. Los primeros pasos, Alice aún pedía que la dejara con ella, pero sin decir nada, D siguió su camino hacia la puerta del castillo. A los minutos, la chica ya se hubo calmado, pero no podía dejar de sollozar.

- Sabía que iba a morir. – Dijo D mientras salían. Su caballo les esperaba en la puerta. – E intentó que la Condesa la rematara por furia. Sólo tendría esa oportunidad. Si no fuese por eso, no sé que habría pasado.

Alice sorbía sus lágrimas como podía. D la sentó sobre la montura. Pero no dijo nada. Y no diría nada hasta que D la entregó a su padre. Él y sus hermanos la abrazaron entre lágrimas, pero la chica solo permanecía erguida, con la mirada perdida. Entre multitudes de agradecimientos de su familia, e incluso después de recibir su recompensa, la chica no dijo nada. Y D tampoco esperó que lo hiciese.

- No se recuperará en la vida… – Mientras cabalgaba hacia la aldea, la mano de D empezó a hablar. – Seguramente será la persona más cercana a Felicia. Perder a alguien querido de una forma estúpida, y que no habría pasado si hubiese sido más cuidadosa. Aunque a diferencia de la condesa, la chica no podrá intentar resucitarla.

D no decía nada. Solamente miraba al frente. La mano izquierda sonrió.

- Bueno, estas cosas suelen terminar así: no muy bien. Deberías estar acostumbrado. Al fin y al cabo, tu también eres un resultado de algo así, jeje. De una infeliz historia de amor… O como con Trusmant, en un martirio para uno, y una locura para otro.

La mano izquierda no sintió atisbo alguno de enfado o irritación. Ya había vivido esto antes. Solamente pudo suspirar.

- Es aburrido hacer bromas cuando estás triste, D. Eres demasiado buen tipo para trabajar con alguien que no esté pegado a una parte de tu cuerpo..

"Fin"

Fanfiction by

Vampire Hunter D - Ilustrations Novels © Hideyuki Kikuchi & Yoshitaka Amano
Vampire Hunter D - Animation film © Toho
Vampire Hunter D Bloodlust - Animation Film © Madhouse Studio