Bleach propiedad de Kubo Tite.

Basado en la novela Un hombre bueno de Kristin Hardy.


Capítulo Séptimo:

-¿En qué puedo ayudarla?- la guapa y joven funcionaria del ayuntamiento sonrió de forma automática. Rukia le devolvió la sonrisa.

-Nos gustaría ver el registro de venta de propiedades de los últimos dos…

-Toda la información está en el ordenador- la interrumpió la funcionaria, señalando varias terminales- Pueden buscar por nombre o dirección.

-¿Y si no tenemos nombre ni dirección?- preguntó Ichigo.

-¿Cómo dice?

-No tenemos la dirección.

La sonrisa de la joven se desvaneció y se puso a repiquetear con una uña pintada de rosa sobre el mostrador.

-Deben de tener nombre o dirección para usar el ordenador.

-Exacto- dijo Rukia, tratando de reunir paciencia- No tenemos ni una cosa ni la otra, de modo que ¿Podríamos mirar cuántas propiedades han cambiado de dueño?

La joven la miró con el ceño fruncido reservado a aquellas personas que no querían colaborar y hacían preguntas que se salían del guión.

-No entiendo por qué no tiene el nombre o la dirección.

Ichigo se inclino hacia delante y dedicó a la joven una sonrisa, una de esas que podían hacer que a una mujer se le doblaran las rodillas. Rukia lo sabía lamentablemente por experiencia.

-¿Riruka?- Ichigo leyó el nombre que aparecía en su chapa identificativa. Bajo la atenta mirada de Rukia.

-Ese es mi nombre, sí- dijo ella con la voz repentinamente ahogada.

-Bonito nombre. Escucha, Riruka, ¿hay alguna manera de que podamos mirar un listado con los traspasos que hayan tenido lugar en los últimos dos años?

-Tenemos los libros de registro de tierras en el sótano- le dijo ansiosa por complacerlo- Están en orden alfabético.

-Entiendo. Y supongo que contendrán todos los traspasos de propiedad que se hayan hecho en el año ¿no es así?- preguntó Ichigo haciendo gala de su encanto seductor.

-En realidad están en grupos de diez años- gorjeó Riruka.

-Gracias Riruka- haciendo énfasis en su nombre. Se giró hacia Rukia y le guiñó un ojo. A Rukia el corazón le dio un vuelco. Idiota. Sintiendo arder sus mejillas.


Los libros de registro cayeron sobre la mesa con un golpe en seco.

-Damas y caballeros, aquí tenemos los registros de tierras de la primera década del siglo XXI- anuncio Ichigo.- De la A la L y de la M a la Z ¿Cuál prefieres?

-Muy gracioso- dijo Rukia con voz lúgubre arrastrando el libro superior hasta ponerlo delante de sí.

Tenía el grosor de una guía telefónica, cientos de páginas que habría que revisar. El boom inmobiliario había dado mucho trabajo a los funcionarios del registro. Se sentaron, no en una sala normal, sino en una enorme cámara a prueba de incendios en el sótano del ayuntamiento de Karakura. Era tan espaciosa que se podría dar una fiesta. El ambiente era seco y hacía un frío helador de los mismos témpanos. En el techo un moribundo fluorescente zumbaba como una avispa enfadada, parpadeando incesantemente.

-A- dijo Ichigo abriendo el libro.

Eran dos libros enormes con unas letras diminutas que casi no se podían leer, especialmente cuando llevaba dos horas leyendo. No se les habría ocurrido llevar una regla para guiar la lectura. Lo peor era que no tenían idea de lo que estaban buscando y pocas esperanzas de dar con ello. Sesenta segundos por pagina, trescientas cincuenta y alguna páginas por libro, dos por década.

-¿Quién diría que se moverían tantas propiedades por aquí?- murmuró Rukia.

-Gente codiciosa- dijo Ichigo encogiéndose de hombros.

-O indecisa ya que compran tanto como venden- Rukia llegó al final de una página sin recordar nada de lo que había leído. Se detuvo y rotó un poco los hombros.

Ichigo levantó la vista- Lo sé. Al llegar al final de un página pienso que no recuerdo una sola palabra de lo que he leído- arrugó mas el ceño. Rukia se le quedó mirando atentamente traía una chaqueta gastada de cuero café, parecía totalmente fuera de lugar con la tarea de revisar un registro de propiedades. Sin embargo, se puso necio en acompañarla porque quería y llevaba trabajando sin quejarse desde que llegaran. De modo que si tenerlo sentado a su lado la distraía tendría que aguantarse.

-Cuando tengas dudas repite- dijo Rukia- Lo peor sería que estuviera aquí delante de tus narices y se nos pasara.

-De acuerdo capitán- la miró fijamente.- De todas formas ya hemos avanzado bastante. Es hora de un descanso.

-No. Quiero terminar, casi he llegado al final del libro.

-Matada, si te mareas de tanto leer y se te pasa algo no me culpes.

-No me voy a marear y no soy una matada- gruñó ella.

-Vale- se frotó los ojos- ¿Sabes? Estamos dando por hecho que compró aquí ¿Y si compró en otra parte?

Rukia lo miro atravesándolo- Ni lo menciones. En cualquier caso, no tiene sentido que fuera a otra parte. Necesitaba que fuera un lugar de fácil acceso, un lugar que pudiera visitar regularmente sin levantar sospechas por ello. Karakura es perfecto. Podría acudir cuando viniera de visita.

-Suponiendo que nadie lo viera entrar y salir.

Rukia suspiró y empezó la página de nuevo.

-Sigue mirando- ordenó.

-¿Te han dicho alguna vez que eres muy mandona?

-Silencio, concéntrate en lo que está delante de tus narices. Es por nuestro bien- añadió.

-Eso me corresponde decir a mí.

-Lo que digas.

-Aunque me quede ciego.

-Sí, sí- respondió con tono ausente, revisando la lista de nombres.

El silencio se apoderó de ellos nuevamente, roto sólo por el crujido de las páginas y el sonido de sus respiraciones.

-¡Pero qué mierda!- exclamó Ichigo de pronto en sorpresa.

-¿Qué? ¿Has encontrado algo? ¿El nombre de Kaien? ¿El de tú madre? Habla ya idiota.

-No- respondió él- He encontrado el tuyo.


La carretera ere estrecha y serpenteante. En tiempos antiguos había sido una vía pública importante y los muretes de piedra construidos a mano, construidos con mucho trabajo aún se mantenían en pie a ambos lados. Aunque las cosas habían cambiado mucho en doscientos cincuenta años. Ya no era una carretera principal. Ni siquiera una secundaria, se había quedado en un camino en bastante mal estado que salía de la ciudad y no llevaba a ninguna parte. En verano, cuando los árboles tuvieran hojas, proporcionarían verdor y sombra al lugar, pero en las fechas en que estaban el lugar era un estudio en negro y gris y nieve sucia.

-Es una suerte que la mayor parte de la nieve que dejó el temporal se ha derretido ya- comentó Rukia mientras el Jeep de alquiler de Ichigo rebotaba entre los surcos del camino- No creo que las quitanieves lleguen hasta aquí arriba.

-Probablemente esa circunstancia influyera en su decisión de comprar este lugar- Ichigo parecía sentirse muy cómodo luchando por mantener el vehículo sobre el estrecho paso del camino de erosionado asfalto- Una buena manera de descorazonar a las visitas imprevistas.- al principio se les pasó la entrada, lo cual obligó a Ichigo a dar marcha atrás hasta encontrar el pequeño sendero que conducía hacia la casa de color gris pálido oculta entre los árboles. Al menos el constructor había pensado en crear un sendero de piedra maciza para acceder y facilitar así la salida al camino principal. Se acercaron hasta la puerta principal e Ichigo detuvo el coche.

-¿Y si Kaien está ahí dentro?- preguntó Rukia de pronto.

-Si está ahí dentro lo habremos encontrado y el problema estará resuelto.

-Sólo si decide cooperar.

-Cooperará, de eso me encargo yo- apagó el contacto- No creo que vivir como un fugitivo sea para partirse de risa, y aunque no quisiera seguiría estando acorralado.

-Pues los animales que se sienten acorralados son los más peligrosos.

-¿Estás llamando animal a tu ex prometido?- preguntó divertido ante el apelativo a su hermano mientras salían del coche- No imagino cómo te has de referir a mí.

-Bueno yo…

-Relájate- le dedicó una sonrisa- De todas formas no creo que tengas de que preocuparte. No hay ningún coche a la entrada, ni se mira una luz dentro. Dudo que esté aquí.

-Pero no sabemos si usara una vela o una linterna de mano.

Ichigo llamó a la puerta- Vacía.

Rukia lo miró con el ceño fruncido-¿Te cansas algunas vez de tener siempre razón?

-Jamás ¿Echamos un vistazo alrededor de tu casa?

Su casa. Era una sorpresa, pero, técnicamente suponía que era cierto. La escritura estaba a su nombre según habían descubierto, aunque no tenía la más mínima idea de dónde estaría el dichoso documento. ¿Cómo se las habría ingeniado Kaien para que la redactaran sin que ella lo supiera, sin que hubiera tenido que estar presente en la firma? Claro que cuando alguien tenía suficiente dinero, un abogado servicial y una compañía propia, cualquier cosa era posible. Y Kaien poseía todas. Al parecer tal como les había dicho un agente hipotecario. La casa estaba cerrada a cal y canto. No era una gran sorpresa, como tampoco lo era encontrar las cortinas echadas. Había un espectacular ventanal en la parte de atrás desde el cual se contemplaba un claro que a Rukia se le antojó, debía de ser maravilloso en verano.

-¿Crees que estará enganchada a la electricidad y al agua de la cuidad?- preguntó Rukia abriéndose paso entre la nieve medio derretida. Las pisadas de Ichigo crujían sobre la nieve a su lado, con aspecto de sentirse mucho más cómodo que ella con el hecho de estar merodeando en propiedad ajena. Rukia supuso que dado el ambiente en que solía moverse estaría más acostumbrado.

-A la electricidad, puede. Teléfono, televisión por cable. He visto tendido eléctrico a lo largo de esa pésima carretera que conduce hasta aquí. Apostaría todo mi dinero a que también tiene agua y un generador- señaló hacia una caja gris de metal situada junto a un costado de la casa- En un lugar como éste nunca se sabe cuando puedes quedarte sin electricidad. Hay que estar preparado.

Rukia levanto el tapete de la entrada. Ichigo la miró de reojo.

-¿De verdad crees que vas a encontrar una llave ahí debajo?

-No, pero… ¿No crees que quedaríamos como idiotas si resultara que estaba aquí?

-Debo de suponer que tienes razón.

-Nada- ¿Debajo de una piedra?

-Una falsa tal vez. O podría estar debajo de una maceta.

O colgada de un clavo en un poste de la villa o en la lámpara del porche o incluso en el travesaño de la puerta o de una ventana. Buscaron por todas partes sin éxito. Al cabo de media hora, de pie entre los parterres de flores que había junto a una cubierta elevada. Ichigo se volvió hacia ella.

-¿Alguna otra idea genio?

-Puede que la lleve consigo- dijo Rukia en tono pensativo.

-Si estamos en lo cierto y guarda aquí las pruebas, no querría llevar encima nada que pudiera relacionarlo con este sitio. Eso incluye una llave. Puede que esté en alguna otra parte, un lugar seguro.

-Ilústrame.

-Su piso no. ¿Tu apartamento?

- No creo, los policías registraron y la hubieran encontrado y cuestionado.

-No necesariamente. No van a llevarse todo lo que vean en tu casa. Tendría que constar en la orden de cateo. Para haber señalado una llave tendrían que haber sabido lo de la casa y no dijeron ni una palabra de ello. De modo que, éste dónde esté, existen muchas probabilidades de que siga ahí.

-Pero no aquí.

-No- convino él.

-Podríamos entrar por una ventana.

-De eso nada. Lo más probable es que exista alguna alarma. Podría tener a alguien vigilando el lugar. Lo último que queremos es que aparezca la policía o que Kaien descubra lo que está pasando.

-Probablemente tengas razón.

-Y estamos en invierno- continuó él- Si abres una ventana dejaras que pase la lluvia, la nieve, los bichos, pequeños animales peludos, grandes animales desprovistos de pelo conocidos como adolescentes.

-Vale, vale. Me hago la idea- se quejó ella. Ichigo había vuelto a sorprenderla. Que hiciera contrabando no significaba que estuviera acostumbrado al allanamiento de morada, pero había dado por hecho que quebrantar unas cuantas normas hacía que una persona se comportara con arrogancia respecto a otras.

-No era mala idea- dijo Ichigo- Habríamos podido entrar.

-Entrar no me parece tan mala idea- Rukia se estremeció- Supongo que no sabrás forzar una cerradura ¿Verdad?

-Por quién me tomas, ¿Quién fue el que se escapo de semejante jaula?

Las sombras se cernían sobre ellos en la gélida tarde. Ichigo la miró desde el parterre y se irguió. Había algo rudo y temerario en él que lo hacía extremadamente atractivo. Rukia se estremeció de nuevo, pero esta vez no era por el frío. Ichigo entornó los ojos y escudriñó el chaquetón de cuero azul de Rukia.

-¿Cuándo empezarás a ponerte ropa que abrigue de verdad? Creciste aquí. Sabes cómo es el mes de diciembre.

-Llevo un jersey y una chaqueta. Esto me basta para estar bien abrigada.

Ichigo desvió la mirada al chaquetón desabrochado.

-Será si te abrochas hasta el cuello.

-Da igual- continuó ella, ignorándolo- Mira el burro hablando de orejas. Llevas menos ropa que yo.

-Yo llevo varias capas- se llevó la mano al cuello de la camisa para enseñarle el polo que llevaba debajo- Estoy acostumbrado a las incomodidades.- acostumbrado a recorrer las partes más escabrosas del mundo.

-¿Entonces de verdad eres contrabandista?- preguntó sin poder contenerse.

-¿Qué?- Ichigo se le quedó mirándola fijamente.

-Kaien me dijo que te dedicabas al contrabando. Dijo que trabajabas en el mercado negro y por eso recorrías todos esos lugares remotos- explicó ella.

Ichigo resopló de incredulidad al tiempo que lanzaba una piedrecilla a los árboles.

-¡Pero qué mierda!, se encargó de ponerme una etiqueta de lo más despreciable. Ahora vemos que burro habla de orejas.

-¿Qué quieres decir?

-¿A cuántas personas crees que le fue con semejante cuento? Eso explicaría muchas cosas.

-¿No eres contrabandista?

-Una vez en china vendí el segundo par de vaqueros que tenia porque estaba sin ni un quinto. Tendría unos veinte años ¿Cuenta eso?

-¿Y qué has hecho en esos sitios?

-Fotos. Soy fotógrafo. ¡Pero qué clase de persona creen que soy!

-Kaien me dijo que eso era una tapadera.

Ichigo no contestó sino que se limitó a proferir un sonido de desprecio.

-No lo entiendo- continuó Rukia sacudiendo la cabeza- ¿Por qué mentir sobre todas las cosas?

-Parece que últimamente no necesita ningún motivo, basta con la oportunidad- Ichigo se encogió de hombros y se agachó por otra piedra. Su cabello naranja chillón le cayó sobre la frente con el movimiento- Kaien y yo no estamos muy unidos que se diga. No vemos las cosas de la misma manera o tan siquiera similar.

Hubo un tiempo en que Rukia pensó que había tenido la seguridad de saber lo que eso significaba. Un tiempo en el que todo había sido más simple; Kaien el hermano bueno, Ichigo el malo. Solo que había resultado a la inversa. Kaien no estaba allí, mientras que Ichigo estaba allí, con ella, ayudándola a salvar el pellejo. Haciéndola reír, mirándola como en ese momento, con aquellos ojos marrones que le hacían sentir el revoloteo de mil mariposas en el estómago, y, de pronto, no pudo pensar en otra cosa que no fuera la boca de Ichigo y sus manos y cómo sería volver a besarlo. Ichigo se incorporó lentamente. La luz menguante del crepúsculo proporcionaba a sus ojos un tono más oscuro. Lo único que pudo hacer fue mirar, ensimismada, como Ichigo empezó a avanzar hacia ella, un paso y a continuación otro y otro. En lo más profundo de su ser el latido del deseo comenzó a golpear con un ruido sordo. Aquello era ridículo, un error, le decía una nerviosa vocecilla interior. Se había equivocado de pleno con Kaien. ¿Quién sabía si no se estaría equivocando también con Ichigo? Sin embargo, el clamor que rugía en sus oídos, el martilleo de su corazón, ahogaron eficazmente la voz.

Cuando Ichigo posó finalmente sus labios sobre los de ella lo único que pudo hacer fue abandonarse al placer de la sensación. Esta vez no fue una sorpresa y, sin embargo, no pudo evitar contener el aliento. Una parte de ella, en lo más recóndito de su ser, se hizo cargo de la nota de alarma, pero sencillamente era demasiado difícil hacerle caso mientras la boca de Ichigo calentaba la suya de aquella forma tan deliciosa. Porque su boca era cálida. Estaban en diciembre, el suelo estaba cubierto de nueve, pero sus labios insuflaban a los suyos calor como si proviniera de un horno. Y a través de la alquimia del deseo, el calor se convirtió en una avidez que le recorría todo el cuerpo, penetrándole hasta la médula de los huesos. Lo más curioso era que Ichigo apenas la estaba rozando; se limitaba a excitarla con unas leves caricias de los labios y veloces, aunque tentadores lametones con la lengua, que la llevaron a emitir un gemido de rendición. A sentir la impaciente necesidad de más.

¿Cómo podía resultarle tan familiar aquel leve roce? ¿Cómo podía sentir aquel anhelo voraz? Rukia entreabrió los labios y presionó con la boca abierta contra la de él de manera que sus alientos se mezclaran, que sus lenguas se rozaran, sólo la punta. Si él podía jugar a tentarla, ella también podía. Podía prolongar la espera, aumentando así el deseo. Esta vez fue Ichigo quien emitió un sonido de impaciencia. Y también fue él quien los arrastró hasta el corazón de un torbellino de sensaciones y sabores que amenazaban con hacer que Rukia perdiera el juicio. De pronto había pasado de tentar a tomar. Ya no era deseo, sino necesidad descarnada. De repente Rukia vio el relámpago de algo elemental oculto bajo el barniz de la civilización y las normas de seducción. Algo que podía arrastrarla a una locura de pasión, si lo permitía. Eso fue lo que hizo que se apartara finalmente, con la respiración agitada.

-Está bien, y ahora que quiero encontrar esa maldita llave- murmuró Ichigo, con la voz tensa de frustración. Rukia se paso los dedos por el cabello sintiéndose como una extraña para sí misma.

-Hemos mirado por todas partes. Se podría decir que estamos en un punto muerto. Vámonos.

-Y dale con las órdenes. Yo no lo llamaría a esto un punto muerto- murmuro contra sus labios.

Rukia sintió como el traicionero deseo fluía nuevamente por sus venas. Fue necesario un gran esfuerzo para resistirse, pero consiguió apoyar las manos en su torso, y lo aparto de sí.

-No, ¿vale? Basta.

Ichigo la miró con cierto enfado.

-Vale. ¿Qué demonios te está pasando? Hace un minuto estabas correspondiéndome, ¿y ahora ya no? ni se te ocurra decir que no lo deseabas, porque sé que no es así.

-No voy hacerlo.

No tenía sentido decirle que no había sido un movimiento muy inteligente por su parte o que no deberían haberlo hecho porque de sobra lo había sabido y aún así lo había besado porque había querido. Deseaba el beso y extrañamente aún más. Ichigo se merecía un poco de sinceridad. Se humedeció los labios antes de hablar.

-Las cosas últimamente han sido un poco confusas…no…caóticas para ser exactos. Me han ocurrido demasiadas cosas- estaba yéndose por las ramas, tuvo que recordarse que iba a serle sincera- No sólo por el embrollo legal. Kaien y yo llevábamos dos años comprometidos, pero lo nuestro terminó y ocurrió de una forma no decorosa.

-¿Qué ocurrió?- pregunto él con suavidad.

-No importa. Necesito recuperar la estabilidad primero y no podre hacerlo si retomamos lo que estábamos haciendo antes- notó un nudo en su garganta- Todavía estoy tratando de superar lo de un Kurosaki. No me hace falta liarme con otro.

-Yo no soy Kaien.

-Lo sé. Sólo necesito tiempo ¿puedes entenderlo?- se alejó unos pasos y se giró para mirarlo- La última vez que besé a un Kurosaki no resultó demasiado bien. No tengo mucha prisa por hacerlo de nuevo.

Ichigo abrió la boca para decir algo, pero volvió a cerrarla.

-¿Qué?- lo instó Rukia.

-Nada- Ichigo se quedó mirando el suelo con las manos en los bolsillos- Tienes razón. Vamos, está oscureciendo y han dicho que iba a nevar esta noche. Salgamos de aquí mientras aún se vea algo.


Hicieron el viaje de vuelta a Karakura en silencio, aunque no fue un silencio incómodo, reflexionó Rukia para su gran sorpresa. Ichigo tenía la habilidad de dejar que las cosas fluyeran con el tiempo de forma natural, al contrario de Kaien. Y le resultaba mucho más cómodo. Le estaba agradecida por ello, ni siquiera podía comprender por qué estaba reaccionando como lo estaba haciendo, mucho menos explicarlo. Al atravesar las afueras de la ciudad, Ichigo se removió en su asiento.

-Echaré un vistazo en la casa de mi madre para ver si encuentro algo que se parezca a una llave.

-Yo debería de volver a mi apartamento y echar un vistazo también- dijo Rukia con un suspiro- Suponiendo que pueda encontrar algo en ese caos que me dejaron las autoridades. Kaien tenía algo de ropa en mi casa, puede que esté entre ellas.

-No perdemos nada por intentarlo- Ichigo aparcó en un hueco delante de la tienda de Hisana.

-No hace falta que aparques- se apresuró a decir Rukia, pero Ichigo ya había sacado la llave del contacto y estaba saliendo del coche.

-Me gustaría entrar a curiosear un poco.

Rukia frunció el ceño- No sé por qué, pero no pareces de los que compran flores.

-Quiero buscar algo para mi madre. Lo está pasando muy mal, con todo esto. Imagino que unas flores o cualquier adorno de poca importancia podría animarla- abrió la puerta de la entrada.

Perfecto. Lo que necesitaba era tiempo y espacio para pensar en qué demonios le estaba pasando. Ya era bastante malo haberse comprometido a hacer el turno de la tarde. Lo último que necesitaba era tener a Ichigo Kurosaki de cliente merodeando por la tienda desbaratándole los sentimientos.

-Hola Rukia- la saludó Matsumoto desde detrás del mostrador, estaba atendiendo a un cliente. Rukia le devolvió el saludo y volvió su atención a Ichigo. Cuanto antes se ocupara de él, antes se marcharía. Y eso era lo que quería ¿No?

-¿Qué estas buscando, flores o un arreglo? Tenemos unas calas preciosas. Creo que son las favoritas de tu madre.- aquello le parecía un déjà vu , excepto que no era Kaien pidiéndole que eligiera por él un centro de flores con el que pedir disculpas a su madre por haberse perdido su cumpleaños, y que habían pasado seis años. Se trataba de Ichigo y del presente.

-No estoy seguro de qué estoy buscando – dijo con gesto relajado- Algo que le guste.

El cabello espeso y claro le caía sobre el cuello de la camisa. Rukia sabía lo suave que era. Recordaba perfectamente su tacto entre sus dedos. Basta. Desechó el pensamiento con una sacudida de la cabeza. La parte de la tienda dedicada a los objetos de regalo era donde Hisana se permitía exponer su amor por el diseño y los caprichos. El papel de cartas hecho y decorado a mano y las velas esculpidas reposaban junto a botellas de porcelana hechas para el sake e incienso francés. Libros de cocina y jabón de lavanda tenían su lugar sobre pañuelos de encaje irlandeses.

-¿Qué te parece esto?- sugirió Rukia.

-¿Jabón?- Ichigo la miró. -Estamos hablando de mi madre.

-Vale, nada de jabón.

-Pasaré también de esos adornos de cristal- dijo al pasar junto a los cristales de color azul transparente con forma de copo de nieve para colgar.

-Creía que querías comprarle un adorno.

-Y quiero, es sólo que no uno de esos.

-Que tiquismiquis- observó ella.

La miró de reojo- Normalmente sí. Y ahora…

Se detuvo a mirar un jarrón de cristal que contenía un ramillete de florecillas de cristal de color rosa pálido clavadas cobre uno tallos hechos de hilo de cobre. Ichigo acaricio una con la yema de un dedo.

-Bonita elección- dijo Rukia, ahogando un suspiro- Es obra de uno de los artistas que viven en la ciudad, con la luz adecuada los pétalos parecen casi de verdad.

Aquel jarrón era su artículo preferido en toda la tienda, pero se había contenido las ganas de comprarlo. Tenía que guardar hasta el último centavo por si tenía que pagar a un abogado. El tintineo de la puerta avisó de la llegada de varios clientes al tiempo. Matsumoto no podría atenderlos a todos. Así que se fue con ella. Los siguientes minutos fueron todo un huracán de actividad. Por fin, terminaron de envolver todas las compras y el grupo salió por la puerta. Rukia se inclinó para meter un rollo de papel nuevo a la caja registradora.

-Tengo que ir a preparar estos jarrones para mañana- dijo Matsumoto de pronto- Estaré en la parte de atrás por si me necesitas.

Rukia se irguió al tiempo de verla desaparecer en la trastienda. Y de ver a Ichigo que se acercaba al mostrador. Inspiró profundamente.

-¿Has encontrado algo?- le preguntó de buen humor.

-Casi- dejó el jarrón con las flores de cristal sobre el mostrador, además de un jarrón de cristal Baccarat tallado, una pieza sofisticada y tradicional, algo del gusto de Masaki.

-Veo que tienes gran gusto para los adornos de poca importancia- dijo ella, envolviendo el jarrón grande en varias capas de papel de seda, que a continuación metió en una bolsa de regalo. Al mirar las florecillas de cristal tuvo que esforzarse por ignorar el pinchazo de arrepentimiento- En la trastienda tenemos cajas para los objetos más delicados, tardaré un minuto- empezó a darse la vuelta.

-No es necesario- dijo él.

-Es demasiado frágil- objetó ella- Se te romperá.

-No va a ir a ninguna parte- comunicó él.- Es para ti.

Rukia se quedó de piedra. Por un momento no pudo hacer otra cosa que mirarlo como lela.

-¿Para mí?- preguntó lo obvio haciéndose la idiota.

Ichigo puso el regalo delante de Rukia.

-Para ti. Mi madre no es la única que lo está pasando fatal. Pensé que a ti también te iría bien un pequeño adorno- se inclinó y le dio un beso en la frente- Cuídate Rukia- salió de la tienda dejando a Rukia sin parpadear de la sorpresa.


N/A: ¡Madre santa! Ocho hojas exactas de Word en 11 de tamaño en margen estrecho. Que lindo gesto de Ichigo :)

Gracias a todos sus reviews que me hacen bien para proseguir en esta locura de los fics.