Erich, haciendo gala de un inexistente tacto, le comunica a Milo la naturaleza de su condición, pero no es la única noticia impactante del día. No solo Hades sufrirá algunas interrupciones en el ritual, sino que tanto Matilda, Kiki e Idril se enfrentan a situaciones de lo más bizarras y extrañas. ¿Quién es el misterioso visitante?
HOLA A TODOS. Poseidón tiene mucho que hacer para convencer a su hermano, aunque no tanto, digamos que Hades tiene sus propios problemas. Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. En esta ocasión, sumen 5 años a las edades del canon (sí, hubo cambio de año, recuerden). O si les resulta más fácil y menos complejo, dense una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.
Un especial agradecimiento a Seika Lerki, Tsuyu Ryu y Ekléctica (El Concilio del Fic), madrinas y lectoras de prueba de este fic, que además de incentivarme y animarme a escribir, aplacaron mis instintos asesinos y varios personajes vivieron para contarlo.
Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, y en este caso se recomienda mucho, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D
Una velita para que el Concilio actualice los spin offs…
Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al Sr. Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa.
ADVERTENCIA.
Cualquier coincidencia con la realidad, con situaciones reales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.
Capítulo 6: Anuncios de vida y de muerte.
Santuario de Athena. Enfermería.
28 de febrero. 12:23 hora local.
Erich estaba tendido sobre aquella camilla (despierto y de muy mal genio), cruzado de brazos y paralizado de la cintura para abajo cortesía de Milo. Había proferido algunas amenazas en alemán por el trato, pero no había tenido mucha fuerza para llevarlas a cabo. No obstante, y hay que decirlo, el uso de su lengua materna solo había incrementado el efecto, considerando que el alemán es un idioma bastante intenso: da para pensar que te están destripando con ira y dolor cuando en verdad solo te están diciendo un tierno poema.
"¡Scheiße! Al menos deja que mueva las piernas, las siento entumecidas."
"¿Y que se vaya quizás donde, maestro, como lo intentó anoche? No gracias." Milo frunció el ceño. "Al menos no mientras no pase la medicina." Añadió señalando el suero y la vía.
En el Santuario no había médicos de planta, solo enfermeros. Contrataban personal externo, pero los accidentes solían suceder justo cuando no había ninguno disponible, por lo que cuando Erich se desmayó en el Coliseo el día anterior, el mayor temor era que tuvieran que llevarlo al hospital en el caso que no estuviera el médico de turno presente. El maestro escorpión les dio un buen susto: se puso pálido como la muerte y su cosmo, bastante debilitado, tuvo vaivenes tan erráticos que hasta Antoine se inquietó (lo que ya es decir). Además el hecho que sangraba profusamente por la nariz provocó un tétrico efecto. Se tardaron menos que estornudo de gato en llevarlo a la enfermería y que lo atendieran como era debido. Se había descompensado y a gusto de Milo se tardaron demasiado en estabilizarlo… pero lo habían hecho y ahora Erich, para pasmo de los presentes, estaba consciente y si bien débil, se lo notaba de ánimo. Tuvo que pasar la noche en la enfermería, pues se negó rotundamente a ir a un hospital, pero eso no quiere decir que fuera un buen paciente. Todo lo contrario, de hecho.
"Quieren que me quede hasta la tarde."
"¿Tiene que ir a alguna parte, Maestro?"
"No… pero me aburro. No quisiera pasar encerrado aquí."
"Bah. Si quiere le traigo revistas, así se distrae."
"Nein danke. No será necesario. No me va a sorprender en cama."
Erich miró hacia fuera del cubículo en donde lo estaban atendiendo. Sus grises ojos se apagaron y apretó la mandíbula. Las medicinas ya no le hacían tanto efecto como al principio. Tomó aire apesadumbrado y fijó la mirada en la vía que tenía clavada en la piel. Mejor le decía a su aprendiz sobre su enfermedad. Mientras antes mejor… dudaba que hiciera alguna diferencia en todo caso. Solo era el detestable Erich, nada más, pero Milo necesitaba saber. Era lo más cercano a un hijo que tenía, por mal que se hubieran llevado los últimos años.
"Cualquiera diría que Mario de Lepus estaba practicando con usted poner vías. Lo dejó bien morado." Milo entrecerró los ojos, intrigado por la facilidad con la que Erich se había amoratado. ¿Qué tenía exactamente su maestro? Esto no era normal.
"Milo. ¿Cómo está der kleine skorpion?"
"¿Kyrus?"
Milo enarcó ambas cejas. Con todo el escándalo, Kyrus se había angustiado bastante, lo que no sabía interpretar como algo bueno o malo. Por un lado, el hecho que el pequeño pudiera detectar las variaciones de un cosmo era estupenda señal, pero no le había gustado ver a su nuevo compañero de juegos desvanecerse como lo había hecho: tuvo problemas para calmarlo. Hacía un tiempo que notaba que Kyrus era muy sensible al dolor ajeno y se angustiaba cuando notaba que alguien podría estar incómodo. Por eso no lo había llevado con él a la enfermería esa mañana: El infante estaba en esos momentos al cuidado de Camus.
"Se asustó un poco, pero ya se le pasará."
"¿Está con Camus?"
"Sí, a mi compadre le sirve la práctica. Además que no confío a mi niño a cualquiera." Milo se encogió de hombros.
"Nunca tuve hijos. Al menos no que yo supiera." Erich miró hacia afuera, como pensando en voz alta. "Tuve una sola sospecha, pero nunca se confirmó y no presioné tampoco. Habría sido mal padre de todas maneras."
"¡No se ponga así! Tan mal maestro no fue." Milo ladeó la cabeza. "¿Por qué tan lúgubre? No lo noto como siempre."
"¡Eres lo único que hice bien en la vida! Fuiste mejor santo de lo que yo fui." Erich suspiró con una débil sonrisa. Ni modo: mejor soltaba la noticia de una. Milo se puso algo incómodo.
"Tampoco se ponga solemne, no le…"
"Tengo cáncer de hígado. Estoy terminal: lo detectaron demasiado tarde y ya no se pudo hacer nada. No me queda mucho, debí morir hace un par de meses atrás."
"… queda."
Sobra decir que Milo no se esperaba esto. Erich chasqueó la lengua. Nunca había sido bueno dando noticias de impacto. Decían que no tenía tacto. Seguro era genético.
"¿Cómo dijo, Maestro?"
"Fräulein Athena me pidió venir aquí estos días al Santuario. No pude negarle nada…" Erich se acomodó en la camilla y cerró los ojos unos instantes, tratando de subyugar el incipiente dolor que sentía en el abdomen al dominio de su voluntad. Curiosamente se sentía más ligero. "Quisiera pedirte que… no le hables tan mal de mí a Kyrus cuando crezca, si es que decides hablarle en todo caso. Tiene mucho potencial, ¡Será un buen goldskorpion!"
"Vino a morir…"
Un sorpresivo nudo se le formó a Milo en la garganta y se le helaron las manos. Se sintió como golpeado por algo y por momentos no supo qué hacer o decir. Mantenía una postura rígida y su semblante serio. Su maestro se estaba muriendo, eso era importante. Cierto, hacía años que no le hablaba, pero… pero… ¡Era su maestro! Era el único que tenía. ¡Se sintió tan mugre! ¿Cómo no fue capaz de llamarlo siquiera una vez en todo ese tiempo? Ya. Vale, Erich tampoco lo había llamado, pero eso no era raro en él, siempre alejó a todo el mundo de su lado… ¡Momento!
"Iba a morir solo."
"Ya no." Erich dejó de ver por la puerta para fijarse en su aprendiz. Milo lo miraba con una expresión de piedra, pero sin rencor ni lástima. Esto lo desconcertó: de verdad esperaba una burla, no esto. "¡No te pongas así! Ni que fuera la gran cosa, todos nos vamos a morir."
Antes de que pudiera hacerle el quite, Milo le dio un silencioso abrazo.
"¡OMPH! ¡Cuidado!"
"¡Bah! Al menos vino. Me hubiera enojado mucho si se hubiera muerto y yo ni enterado de que estaba enfermo." Gruñó Milo en fluido alemán cuando lo soltó segundos después. Solo entonces suavizó el rostro. "Lo quiero cenando en la octava casa todos los días, ¿Estamos?"
Enternecido con el gesto, pero sin dejar su rudeza de lado, Erich ladeó el rostro.
"Depende de cuan bien cocine tu linda esposa." Bromeó en alemán.
Desde el corredor, Saori observaba atenta la escena y no tuvo necesidad de adivinar qué estaba pasando. Retrocedió algunos pasos y volvió con el grupo: mejor ni molestaba a Erich o a Milo, que harto había revoloteado alrededor de ambos las últimas 24 horas ni bien regresó de Giudecca. Regresó con su Patriarca y los dorados con los que conversaba. Shion suspiró y se despeinó un poco. ¡Por todos los dioses! En su larga vida había tenido meses extraños, pero los últimos dos tenían que estar entre los cinco principales. ¡Y las cosas se iban a poner más agitadas incluso!
"A ver si lo entendí… ¿reviven a la tía Lümi y al tío Axl porque necesitan que saquen de una caja fuerte que escondieron un garrafón con agua?" Preguntó Kanon a modo de resumen. "¡¿Van a revivir a los tíos?!"
"¿Ahora Ya?" Añadió Saga desconcertado. "¿Así tan repentino?"
"Excelencia… ¿Se tomaron algunos días para decidir esto o solo se les ocurrió así de repente?" Añadió Aioros. "¿Mu sabe?"
"Niños, entiendo lo repentino de la situación, pero por algo suceden las cosas." Dijo Shion levantando los brazos conciliadoramente. Él mismo estaba algo fuera de centro por lo que estaba por acontecer. "Tenemos que confiar en Athena, que por algo no protestó con más energía." Suspiró para quitarse algo de los nervios.
"Les pido que confíen en mi." Dijo Saori con calma. "El hecho es que Axl y Lümi estarán entre nosotros para esta tarde… y quisiera que estemos listos para recibirlos, van a estar muy asustados y desorientados."
"Más se va a asustar Mu. ¡Se va a infartar!" Comentó Kanon cruzándose de brazos. "¿Sabe el chiquillo o no?"
"No. Quisiera hablar yo con él primero, para explicarle." Se apresuró en decir Shion. "¿Dónde está? No detecto su cosmo en Aries."
"En la universidad. Fue a iniciar los trámites para descongelar su carrera: por fin se decidió a continuar… luego iba a almorzar con Matilda, ahora debe estar con ella." Explicó Saga.
"Bajaré a Aries y le haré guardia. Le avisaré cuando llegue que tiene que hablar con usted." Dijo Kanon. "¿Quiere que amortice la situación, Excelencia?"
"No, yo me encargo, pero te agradezco que lo envíes conmigo cuando lo veas." Shion se masajeó los puntos. "¡Éste está probando ser un día larguísimo!"
"Nada como los dioses para llenar nuestra vida de imprevistos." Medio bromeó Aioros, llevándose los brazos detrás de la nuca.
"Tan malos no somos, Aioros." Athena sonrió con cansancio. ¡Vaya! Ahora comenzaba a resentir la noche sin dormir… llevaba dos días sin poder pegar ojo. "¿Ya sabemos más o menos qué hacer todos?"
Los dorados asintieron con un gesto de cabeza y se separaron. Saga revisó la hora y Kanon se adelantó al trote hacia fuera del templo. Desistió de abrir un portal a otra dimensión a ver si en el camino se le ocurría un modo de enfrentar la situación con Mu. ¡Pobre! No sabía si envidiarlo o compadecerlo. Él mismo se cortaría una pierna con tal de ver a su maestro Telémaco y a su mamá Beatriz de nuevo, pero… ¡tanto que había pasado con todos!
¡Ojalá Lümi hiciera galletas!
Shion carraspeó con delicadeza.
"Iré a ver como sigue Erich y de ahí me voy a mi despacho." Dijo algo cansado. "Necesito conversar más con Idril sobre la llegada de mi aprendiza (temo que se detesten) y… tratar de asentar las cosas. Si me disculpan."
A zancadas el Patriarca cruzó el pasillo hasta donde Erich descansaba. Saga y Aioros suspiraron y se volvieron hacia la diosa: tenía cara de sueño, pero se la veía muy decidida. Algo no les había dicho.
"Yo me adelanto, iré a ver que preparen otra habitación." Dijo Saga con cierto sonrojo. "Además Idril prometió ayudarme con algo."
"¿Te sigue ayudando con la listas de cosas para bebés?" Rió Saori.
"Ella se divierte, yo aprendo. Todos ganamos." Confesó Saga con timidez. "Los dejo." Dijo antes de salir con calma.
Aioros le lanzó un par de bromas antes de que el gemelo mayor desapareciera en una esquina, quedándose solo con Athena. La miró divertido, confianzudo.
"¡Estoy tan contenta por Saga! Se le ve muy feliz. ¡Imagina como se va a poner cuando tenga a su retoño en brazos!" Athena bajó los hombros, con asombro en la mirada. "Se va a poner más hipocondriaco de lo que ya es."
"Saga será un muy buen padre. No lo dudo." Aioros le dio un codazo cómplice a la diosa y comenzaron a caminar en dirección del patio de columnas. "Ya. Ahora que estamos solos… ¿qué es lo que nos oculta, si se puede saber?"
Saori se encogió un par de centímetros y lo miró con travesura. Su carita fue adorable.
"¿Esconder algo yo? Como crees, Aioros. ¿Qué te hace pensar eso?"
Ambos simplemente sonrieron con travesura.
Inframundo. Giudecca.
Mediodía. En esos momentos.
Convencer a las Keres que entregasen las almas que necesitaban fue más complejo de lo esperado. Se pusieron más porfiadas que de costumbre e incluso amenazaron con no entregar lo que dependía de ellas. Accedieron de mala gana, pero una vez que hubieron pasado las veinte horas reglamentarias y tuvieron las almas disponibles, se arrepintieron y no quisieron entregarlas. Finalmente Zeus y Hades mismo tuvieron que sacar por la fuerza lo que buscaban.
Al menos en el intertanto habían ido por los cuerpos y a estas alturas, Hades se hallaba en un profundo trance en el salón principal de su palacio, buscando en la memoria universal por Lümi y Axl, recomponiendo sus destrozadas vidas y ejecutando el rito que los reviviría. Su cosmo resonaba con las paredes del palacio y emitía un lúgubre ruido, que no hablaba de muerte, sino de un renacer, de humanos reanimados que volvían como espectros sujetos a la voluntad del príncipe de la humanidad difunta.
"Hades siempre hace trampa. Me preocupa."
"La vez pasada no hizo trampa." Rezongó Zeus. "Lo hice jurar por el Estigia que no lo haría en aquella ocasión, al igual que en esta." El padre de los dioses se sopló el flequillo. "Athena mencionó un designio de Ananké. ¡Debí preguntarle a Apolo ayer!"
"Ya le mandarás un mensaje de texto preguntándole."
Apolo no se había quedado al ritual, optando por regresar a ver como seguía Anfitrite, quien tras pasar la noche en el hospital y al no encontrar motivos para que siguiera ingresada, había sido dada de alta y se encontraba en esos momentos en la mansión Solo, al cuidado de las marinas, principalmente de Tethys. Perséfone y Rea no estaban allí, sino en las habitaciones de las niñas, regaloneándolas. Julián miró la hora.
"Debería estar por terminar el rito."
"Faltan los toques finales." Zeus inspiró una buena bocanada de aire. "Voy a tener un ojo pegado a Hades, porque si sale con algún chiste con esto de que la lemuriana es un espectro a su servicio, voy a…"
Rsssssssssssss… rsssssssssssssssss…
Ese siseo…
Zeus y Poseidón prestaron atención al notar un sonido similar al que produce el roce de plumas contra piedra. Imperceptible, peligroso… lleno de una fuerza creadora y al mismo tiempo casi invisible. Ambos dioses notaron una silueta sinuosa rodear a Hades, que seguía en trance y no se percataba de nada. Se levantó una fumarola delante del concentrado dios, que comenzó describiendo la figura del infinito antes de asumir otras más complejas. Notaron plumas y una figura antropomorfa que brotaban de aquél humo mágico, de brillantes colores, y tomaba forma. ¡Era un cosmo divino! ¡No tenía nada que ver con las almas de Lümi y Axl! Zeus y Poseidón intentaron moverse, alarmados, pero no lo lograron. Hades levantó la mano derecha, ajeno a lo que pasaba y tras murmurar unas palabras en un olvidado e ininteligible dialecto, convocó las almas de la pareja
Entonces la figura atacó.
Pareció de súbito tomar una forma física, y estirando una mano, arrebató las almas y las acunó contra su pecho. Millones de coloridas plumas parecieron explotar de su cabeza y se acomodaron en un complicado tocado. Sus pies tocaron el suelo y se reveló con toda su fuerza. No cabía duda alguna: era una deidad poderosa. Las almas de los lemurianos estaban protegidas contra su pecho. Hades, arrebatado de súbito del trance en el que estaba sumergido dio un torpe paso hacia atrás y sorprendido enfrentó a la criatura… quien sin esperar por nada, sacó una suerte de megáfono de entre sus ropas y la activó delante de la cara de Hades.
¡WAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAM!
Era una bocina de buque.
Todo Giudecca se sacudió con el estruendo y en la confusión, este aun anónimo dios, sin esperar por nada, asumió forma de serpiente y se enroscó junto a las almas de los lemurianos, elevando su cosmo, ejecutando su propio ritual. Se mordió la piel hasta arrancar sangre y dejó que esta bañara las almas, las que se estremecieron como de dolor, incluso cambiando de color, pero revolotearon vivas, orbitándose una contra la otra en un frenesí alegre, y pronto brillaron con una intensidad tal que iluminaron el salón principal como dos pequeños focos. Lentamente se las veía cada vez más antropomorfas…
Entonces vino la explosión y tras la intensidad extrema de la luz, vino la resonancia y pronto todo el inframundo se sumía en el silencio.
Santuario de Athena. Templo Principal.
28 de febrero. 12:58 hora local.
Un campanazo resonó por todo el Santuario, como si de un gong de gigantescas proporciones resonara de repente. No hubo quien no diera un respingo del susto. Saori se aferró a Aioros: ambos iban camino del despacho de Shion a ver si se topaban con Idril y Saga. El santo de sagitario empujó a la diosa a su espalda y se puso alerta al sentir dos golpes sucesivos, uno demasiado cerca para su gusto…
"¡Vino del despacho de Shion!" Exclamó la diosa intentando echar a correr en esa dirección. Aioros la detuvo.
"¡Athena, por favor, puede ser peligroso!"
"¿Qué va a ser peligroso? ¡Idril está ahí! Vamos…" Todo parecía indicar que nada detendría a Saori, pero en eso le llegó un mensaje. "¿Huh?" La diosa, quizás movida por un presentimiento, tomó su celular y lo leyó. "¡Es un mensaje de Ananké!"
"¿Del Destino? ¿Qué dice?"
"Alea Iacta est."
"La Suerte está echada." Tradujo Aioros.
Le bastó esa distracción para que la diosa aprovechara para echar a correr.
Muchos eventos paralelos comenzarían a ocurrir.
Escaleras hacia Aries.
13:00 hora local.
Fue como si se hubiera dado un golpe descomunal contra los peldaños. Se sintió sacudido con violencia y finalmente dejó de caer. Aprovechando el impulso, se puso de pie, pero no pudo evitar sentir ese saborcillo ácido en la boca que precedía a un vómito. Y así sucedió: contra el mármol de la escalera expulsó sangre y bilis en aterradora cantidad. Las rodillas le fallaron y se doblaron bajo su cuerpo: hubiera golpeado el suelo con su cara si no hubiera atinado a atajar su caída con las manos.
Se quedó mirando la sangre… resoplando de terror, de dolor. Cayó sobre su costado, luchando contra el instinto de encogerse en posición fetal. ¡Respiraba! Inhaló y exhaló varias veces, pese al tremendo dolor que sentía en todo el cuerpo. ¿Hacía cuánto que no hacía eso, que no se sentía vivo? Rodó sobre su espalda y abrió los ojos a todo lo que le dieron.
Estaba vivo.
Se palpó el torso y lo que alcanzó de sus piernas. Estaba vestido por lo visto… tenía heridas en el abdomen que le ardían como un infierno y le hacían sentir pésimo. No las contó, pero sí sabía que eran varias y muy profundas. Todas sangraban, todas eran letales, pero… no sentía la inminencia de la muerte. Sentía que de alguna manera le daban vida nueva. Recuerdos de como las había obtenido le inundaron las neuronas y sintió terror de nuevo… se las habían infringido con ira, demasiada para ser un simple asalto… no había sobrevivido…
Estuvo muerto. Varios años tal vez.
Un dios lo había revivido… había una razón… ¿cuál?
¡Al carajo con las razones! Intentó levantarse, ¡Tenía que subir los escalones! Apretó la mandíbula y reunió toda la fuerza que no sabía que tenía. ¡Tenía que llegar con su esposa! ¡Le había fallado! ¿Cómo fue que le pudo fallar de ese modo?
"¡AAAARGH!"
No pudo. No tuvo fuerzas. Se quedó jadeando en el suelo, pero no derrotado. Solo juntaba fuerzas. Sintió como le sangraba la nariz. ¿Era posible sentir tanto dolor?
Sintió pasos alocados no lejos de él.
"¡NO SE MUEVA! ¡Quédese quieto!" La dueña de la voz llegó junto a él y se agachó a su lado. Buscó su mirada, su rostro, no había reconocido su voz. Era una muchacha de cabello magenta que le miraba impactada tanto a él, como a la sangre que lo rodeaba. "Por Athena… ¿Qué le pasó…? ¿Quién le hizo esto? ¡Malditos!"
"… puñ—a—ladas…" Gimió resoplando.
"Voy por mi maestro." Dijo una segunda voz, algo más infantil. Apenas alcanzó a percibir a un chiquillo, quizás un aprendiz, que echaba a correr escaleras arriba. Intentó moverse de nuevo, pero la muchacha lo detuvo.
"¡No! Quédese quieto y no se me muera… Kiki ya viene con ayuda. ¡Resista!" Le animó mientras le despejaba la cara e intentaba tapar las heridas que creía eran de más cuidado. "Mi nombre es Matilda, ¿cómo se llama?"
"… A… Axl…"
Templo Principal. Despacho de Shion
13:03 hora local.
Como si fuera un latigazo, Idril giró la cabeza como una fiera en dirección de la pared que había detrás del escritorio de Shion. Allí a la derecha, había una serie de paneles que formaban parte de la decoración, y sabía a ciencia cierta que había uno falso. Era un escondite que daba a un muy cómodo y seguro hueco en el que Saori, cuando era más pequeña, y ahora último Niké, dormían algunas siestas.
En algún momento Shion le había comentado que ese escondite fue el favorito de su aprendiza, Lümi, y después de Mu.
Entrecerró los ojos. Iba de salida cuando el Santuario había resonado con fuerza y, segundos más tarde, había sentido un golpe seco dentro de aquél escondrijo. Idril dejó los libros que tenía sobre el escritorio y se acercó cautelosa al panel. Puso su mano sobre la madera y afiló la mirada. Al sentir como la puerta de entrada al despacho se abría con cautela, hizo una seña con la mano para indicarle al dorado que entraba que no hiciera ruido.
Allí había alguien.
No tenía idea como había entrado, ni por donde, pero sus sentidos no la engañaban. Había alguien allí. Se topó el vientre unos instantes, y puso las manos sobre el panel, lista para activar el mecanismo que abría la puertecilla. Cruzó miradas con Aioros quien se había acercado y estaba presto a ayudar en caso de cualquier cosa. Ambos asintieron e Idril abrió la puerta.
Una persona pareció derramarse fuera a peso muerto. Una preciosa cabellera color amatista fue lo primero que vieron los dorados. Estaba inconsciente y vestida con un sencillo camisón de hospital.
"¡OPA!"
"¡Sujétala, Aioros!"
"¡Es Lümi!" Exclamó Saori impactada. Sabía que su amazona reviviría, pero ¡¿En estas condiciones?! ¡¿En Qué Estaba Pensando Hades?!
"¡Sobre el sofá!"
Aioros, tras maniobrar como pudo, levantó a la amazona en brazos y tras cuatro zancadas la dejó sobre el sofá cuán larga era, tratando de acomodarla como mejor pudo. En silencio Idril se acercó a ella y le topó la frente, apretando los dientes en señal de preocupación, mientras Saori trataba de velar por la comodidad de la amazona. Ya durante la tarde del día anterior Shion le había explicado a la elfa lo que iba a ocurrir y hasta hacía poco antes de la resonancia, había estado conversando con Shion por la cosmonet sobre lo preocupado que estaba por esta llegada. Eso solo evidenciaba lo nervioso que estaba su marido respecto de la situación.
"¡Arde en Fiebre! Debe tener más de cuarenta."
"Aioros, ve a la enfermería por ayuda." Le dijo Idril con urgencia. El dorado asintió rápidamente y salió a toda carrera del despacho, al tiempo que Shion entraba.
"¡Hijita mía!" Exclamó el Patriarca al ver a Lümi, dando dos zancadas hasta ella. Idril le miró preocupada y enternecida.
"¿Así que esta es tu aprendiza?" Le dijo con ternura. "Tiene muchísima fiebre." Añadió preocupada.
"Murió con una fiebre altísima. No hubo forma de bajársela." Shion se mordió el labio, mientras acariciaba los cabellos de la amazona, quien tras veinticinco años volvía a respirar. "Cuando le llevé a Mu estaba con 38° o 39°… de pronto le subió a 44°… murió entre convulsiones…"
"… mira como la dejó ese chacal…" Gruñó Saori impactada. "¡Cómo se atrevió a hacerle este daño!"
"Iré por una máscara… dudo que le guste andar mostrando su rostro…" Con algo de dificultad, Idril se puso de pie. "Creo que…"
"¡hmmpfh…!"
Lümi frunció el ceño en ese momento y empezó a tiritar, como si tuviera mucho frío. Comenzó a aspirar aire con ansiedad y, como sacudiéndose el letargo, movió las manos y los pies. Estaba débil, pero su cosmo se encendía de nuevo poco a poco. Todos la miraron expectantes y aguantaron la respiración cuando la amazona abrió los ojos. Idril y Saori cruzaron miradas sorprendidas… ¡Mu había sacado muchos rasgos de su mamá! Shion se acomodó de manera tal de ocupar todo el campo visual de la lemuriana para que no se asustara con la cantidad de gente extraña y le tomó la mano.
"¿… m… ma—es… maestro?"
"Aprendiza… no gastes aliento, ya viene ayuda. Cálmate."
La amazona ni siquiera hizo el intento de moverse, pero pestañeó rápido y seguido, como queriendo enfocar la mirada, hasta que por fin abrió los ojos como correspondía, sin el peso ya de la muerte.
"Estás a salvo. Tranquila."
"¿… Qué s… se hizo en la c… cara?" Preguntó llena de curiosidad.
Athena carraspeó para ocultar una carcajada.
Continuará.
Por
Misao–CG
Próximo Capítulo: Reuniones Familiares
… Harto, Zeus (que llevaba un buen rato con ganas de golpear algo) le dio un buen empujón contra una columna cercana y lo amenazó con uno de sus rayos. Poseidón no se quedó atrás y apoyó a su hermano, amenazando al intruso con el tridente.
"Órale, estamos sensibles…"
"Me vas a escuchar, klep – Pelk – Keltezzx, ¡COMO TE LLAMES!" Comenzó Zeus, pero el sujeto simplemente levantó una mano y muy serio le dijo:
"Inspira, con calma… y repite mi nombre después de mi…"
Nota Mental: Sip. Mu se va a infartar, pero confiemos en que pueda manejar el estrés de mejor manera. Nuestro misterioso intruso es más benéfico de lo que parece, solo estaba algo aburrido de su propia misión y por lo mismo decidió intervenir… borrándole la cara al pobre de Hades con ese bocinazo. Y no, Erich no tiene nada de tacto: al menos Milo ya sabe qué le pasa. Por cierto, no sé italiano ni alemán (pecado capital en mi caso, pero bueno). Tuve que depender de Google Traductor. Si alguien sabe y me ayuda, yo feliz. Por favor, si detectan algún error tipográfico, de ortografía y redacción, me avisan para que lo pueda reparar. Por lo demás… ¡MUCHAS GRACIAS A TODOS POR LEER!
Nope, no son ningunos mequetrefes, Yamid: andan buscando ampliar territorio y poder y en eso no escatiman recursos. Ese conflicto tendrá su propio fic, así que paciencia. En todo caso, no es que Hades esté tan desesperado por contener esa amenaza, pasa que cuando atacaron a Perséfone fue el colmo y es eso lo que no quiere que pase de nuevo. Athena trama bien poco, aunque es el destino (Ananké) quien está haciendo de las suyas. Por cierto, no te olvides que Erich fue a morir al Santuario. ¡GRACIAS POR LEER!
Hoy viene tu respuesta por partida doble, Ozzy. Solo para decirte cuánta razón tienes: las familias unidas son una fuerza de la naturaleza, imagina nada más una divina… Saga va a tener que esconder muy bien sus medicinas, o tener a mano el número de la ambulancia, porque con lo que viene, más de uno se va a infartar. ¡Esto pasa cuando un dios quiere arreglar un entuerto! De alguna manera los mortales sufren una jaqueca o dos. Y yo en lugar de Alde más me preocuparía de esconder el café. ¡GRACIAS POR LEER!
BRÚJULA CULTURAL:
Traída a ustedes gracias a Wikipedia. n.n… o.o O Google Traductor en este caso.
Scheiße: mierda.
Der kleine skorpion: El pequeño escorpión.
Goldskorpion: Escorpión dorado.
Keres: (en singular, Ker) eran espíritus femeninos de la muerte. En algunos textos, Ker es la diosa de la muerte violenta. Según Hesíodo, las Keres eran hijas de Nix y, como tales, hermanas del Destino (las Moiras), la Condenación (Moros), la Muerte y el Sueño (Tánatos e Hipnos), la Discordia (Eris), la Vejez (Geras), la Venganza (Némesis), Caronte y otras personificaciones. Algunos también han dicho que las Keres eran hijas de Érebo y Nix.
Eran descritas como seres oscuros, con dientes y garras rechinantes, sedientos de sangre humana. Sobrevolaban el campo de batalla buscando hombres moribundos o heridos. Se encargan de la muerte violenta. Una descripción de las Keres se encuentra en el Escudo de Heracles (248-57)… "Las negras Fatalidades rechinando sus dientes blancos, ojos severos, fieras, sangrientas, aterradoramente se enfrentaron a los hombres agonizantes, pues estaban deseosas de beber su sangre oscura. Tan pronto como agarraban a un hombre que había caído o acababa de ser herido, una de ellas apretaba sus grandes garras en torno a él y su alma bajaba al Hades, al frío Tártaro. Y cuando había satisfecho sus corazones con sangre humana, arrojaban a ése tras ellas y se apresuraban de vuelta a la batalla y el tumulto."
El término Keres también se ha usado para describir el destino de una persona. Un ejemplo de esto puede hallarse en la Ilíada cuando Aquiles tiene que hacer la elección (o Keres) entre una larga y anónima vida en su hogar o la muerte en Troya y la gloria eterna. También, cuando Aquiles y Héctor van a enfrentarse en una pelea a muerte, Zeus pesa las keres de ambos guerreros para determinar quién morirá. Como la ker de Héctor se consideró más pesada, se le destinó a morir.
Durante el festival conocido como Antesteria, las Keres eran ahuyentadas.
