Creo que no me lo había pasado mejor en la piscina, exceptuando la vez con 14 años que fui con Puck y nos colamos en el baño de las chicas (idea de él, obviamente). Pero a pesar de que llovía a mares, Rachel y yo nos quedamos toda la tarde. Sobre las nueve, salimos de los vestuarios con la ropa seca y Rachel con el pelo aún mojado. Subimos en su coche y llegamos a mi casa.
-Me lo he pasado muy bien, Finn.- me dijo sonriendo y mirándome.
-Yo también, Rach.- la dediqué una cálida sonrisa, y abrí la puerta del coche.- Pero no sé si deberíamos… Volver a vernos.-la expresión de Rachel se volvió de disguto.- Al menos, no así. Porque tú estás saliendo con alguien. Y no quiero que luego te sientas mal porque te hayas besado conmigo o algo peor.-Ella suspiró.- Entiéndeme, Rachel…
-Lo siento, Finn.-no levantó la mirada del volante, dónde la había puesto cuando empecé a hablar.- Lo siento por todo.
-Eh, está bien.- levanté su mirada sujetando su barbilla.- Podemos seguir viéndonos, pero como amigos. ¿Vale?- Rachel asintió, y yo la besé. Estaba confusa, pues al principio sólo se dejó besar, pero luego ella también colaboró. Al separarnos, puse mi dedo en su boca para que no dijera nada, y salí del coche cerrando la puerta y sin decir nada. Entré en casa con una sonrisa en la cara, y Kurt arqueó una ceja pero no dijo nada. Me fui a duchar directamente, y allí canté varias canciones que sonaron en la radio. Al parecer aún podía abrir la boca y decir algo más que palabras sin sentido (al menos, la mayoría de veces….)
-O
Mi móvil sonó justo cuando llegué a la puerta de mi casa, tras aparcar el coche. No me molesté en mirar el número, podía ser cualquiera, hasta algún fan que no sé cómo hubiera conseguido mi número. Puse el aparato en mi oreja, y antes de que pudiera decir nada, oí una voz conocida.
-Hola cariño.- abrí los ojos como platos mientras salía del coche.
-J-James, hola.- dije lo más tranquila que pude, ya que hacía nada me había separado de Finn.-¿Estás bien? ¿Pasa algo?
-¿Qué? No, no. Todo está bien. Bueno, menos tu voz, pareces nerviosa.
-No, tranquilo, estoy bien.- respondí rápido y automáticamente.- Entonces… ¿Llamas por alguna razón?
-Que, ¿no puedo llamar a mi novia y darla una sorpresa?- él parecía hablar contento, pero un contento muy extraño.
-¿Una sorpresa? ¿De qué hablas?- estaba muy confusa, no entendía nada. Llegué a la puerta de mi casa y empecé a buscar las llaves en el gran bolso, sin mucho éxito.- Donde demonios están las llaves…- dije susurrando.
-Date la vuelta, Rachel.- oí al otro lado del teléfono y obedecí, encontrándome allí a James, con una mano en el bolsillo del pantalón y la otra sujetando su móvil en su oreja. La verdad es que no puedo imaginar mi cara en ese momento, porque estaba sintiendo demasiadas cosas: alegría, miedo, confusión, y no olvidemos lo perpleja que estaba. El pelo rubio de James estaba, como siempre, peinado hacia arriba con gomina, y llevaba una camiseta blanca pegada a su musculado cuerpo y unos pantalones marrones por encima de la rodilla. La verdad es que estaba muy guapo, pero no podía parar de pensar en Finn y sus camisas de cuadros anchas que más de una vez me sirvieron de vestido.-¿No vas a venir corriendo a darme un beso? ¿O por lo menos hacer esos gritos agudos que haces y dar saltitos cuando algo te emociona mucho?- estaba en shock. No sabía qué hacer, ni cómo reaccionar. Tras parpadear unas cuantas veces, me acerqué a él no muy rápido y le abracé con fuerza, para al menos disimular algo.
-¿Qué haces aquí, James?- pregunté sin soltarle.
-He venido a ver a mi chica, la echaba de menos.- él nos separó y me besó con fuerza en los labios, y yo seguí el beso algo preocupada pero cómoda, ya que llevaba dos años con ese hombre.- ¿No te hace ilusión, Rach?
-Sabes que no me gusta que me llames así…- en realidad sí me gustaba, pero sólo si me lo llamaba Finn Christopher Hudson, y no James Edward Reslly. Entré con él en casa, dejé su maleta en mi habitación y nos fuimos directamente a la cama. Le puse la excusa de que estaba cansada porque había estado con mis amigas todo el día, así que él simplemente se abrazó a mí y cerró los ojos. Yo intenté dormir, pero apenas pude un par de horas ya que no sabía que hacer ahora que James estaba aquí. Quería volver a ver a ver a Finn, pero sería imposible. Decidí que al día siguiente llamaría a Mercedes y a Kurt, y volveríamos a nuestras tardes de chicas.
-O
Me desperté por mi propia cuenta a la mañana siguiente. Tras ponerme ropa interior limpia y ropa vieja para estar en casa, bajé a desayunar. Al llegar a la cocina, encontré a mi hermano sentado en su silla de siempre con cara de preocupación y a su lado a mi superior, el coronel Dylan Cooper. Me detuve en la puerta.
-Coronel.- dije saludando con el correspondiente saludo militar. Él asintió con la cabeza y me saludó de la misma forma.
-Hudson.- ambos estaban serios, y vi cómo Kurt bajaba la mirada a su taza.- Tengo que comentarte algunas cosas, chaval.- sorprendido y confuso, me senté con ellos en la mesa.
-¿Ha pasado algo?- pregunté preocupado.
-Seré directo, Finn.-me puse muy nervioso temiéndome lo peor.- Vamos a enviarte a Siria. La situación es muy mala, y necesitan refuerzos. Por ello, hemos decidido enviarte a ti, ya que eres uno de los mejores que tenemos y creemos que merece la pena arriesgarnos a mandar a un novato allí.- sentí como el mundo se me echaba encima, como de repente me costaba coger aire y todo era más pesado. Miré a Kurt, que tenía los ojos llorosos pero no se había movido ni un pelo. Mi coronel seguía hablando, explicándome lo que yo haría allí, pero yo sólo pensaba en mi madre, en su reacción cuando supiera que su único hijo volvía a la guerra, lejos de su lado. Pensaba en Puck, que había estado ansioso por mi vuelta y estaba emocionado por verme cada día, como cuando éramos unos críos. Y Rachel. Rachel Barbra Berry. La mujer a la que siempre había amado y amaría, pasase lo que pasase. Intenté pensar en cómo reaccionaría, pero en mi mente no apareció la desesperación, la tristeza o la rabia, sino que apareció ella diciéndome que seguro que allí me volvería un héroe, y que todo saldría bien. Pero no me lo decía preocupada, sino con indiferencia. Noté como me pitaban los oídos y luego de nuevo a mi coronel.- ¿Está claro? ¿Tienes alguna duda, Finn?- negué con la cabeza y seguidamente me vino una a la mente.
-¿Cuándo volvería a Georgia?
-A finales de Agosto, para así poder estar en la base de Siria como muy tarde a mediados de Septiembre.- miré el calendario de gatos de la cocina, y vi que el último día tachado era el 21 de Julio, por lo que hoy era 22. Un mes pensé. Me queda un mes para aprovechar el verano. En cuanto el coronel se fue, y tras consolar a Kurt, llamé a Puck para quedar y contarle todo. Después, me tumbé en la cama y miré el techo. Cogí mi cartera y saqué de ella la foto que más guardada tenía y que más cariño guardaba. Al verla, sonreí como un idiota y la contemplé durante un rato más.
-Te quiero, Rachel Berry.- dije a la foto.
