PRIMERA PARTE DEL PLAN ... ¿ÉXITO O FRACASO?

Sanae estaba petrificada delante de la puerta. De todas las personas del mundo que se podría haber imaginado encontrarse tras esta, jamás pensó que seria Tsubasa. Él estaba plantado delante de ella. Mirándola fijamente. Sin decir nada. Sin expresar sentimiento alguno. Solo la miraba de arriba a bajo. Deleitándose en aquellas maravillosas y lagas piernas que podía ver, debido a los shorts que ella llevaba puestos para estar por casa. Maravillándose del escote y el busto que se marcaba a la perfección gracias a la camiseta de lacra que llevaba, dejándole una amplia vista de su abdomen plano, debido a que esta era corta, por encima del ombligo. Aquella imagen era demasiado, aquella mujer se había convertido en su mayor pesadilla durante 10 años, pero ahora se había convertido en una obsesión. No podía dejar de pensar en ella. Desde su ultimo incidente en el despacho, los besos y caricias de ella se habían gravado a fuego muy dentro de su ser. Y por ello, la odiaba más, porque ahora sabía que jamás sería capaz de amar a otra mujer. Y le haría pagar por ello.

Sin dejar que ella pudiese decir nada, aún menos que se recuperase de su impresión se abalanzo sobre ella. Rápidamente la sujeto por la cintura y la atrajo hacia él besándola con desesperación.

Sanae estaba aturdida, aquello no podía ser real. Debía estar soñando, pero aún asi, no sabía como reaccionar.

Tsubasa pudo notarla tensarse entre sus brazos. Y eso podría suponer que lo rechazase, y no estaba dispuesto a que eso ocurriese. De modo que cerró la puerta tras de si con un pie y la alzó en brazos, sin dejarla de besar, y la acomodó en el primer sitio que vio, el sofá.

Se colocó encima de ella y continuó besándola. La presión de sus labios sobre los de ella era demasiado fuerte y continua. En el momento que Sanae sintió la necesidad de poder respirar, Tsubasa aprovechó para introducirle su lengua. Necesitaba sentirla, necesitaba recordar aquel dulce sabor una vez más.

Aquel gesto hizo desmontar todas las defensas de Sanae. Sentirlo juguetear con su lengua fue demasiado para ella. En ese momento sintió una corriente descargarse por todo su cuerpo, haciéndola perder la razón. No se lo pensó más, y se dispuso a participar en aquella locura. Porque lo que estaba ocurriendo no podía recibir otro nombre.

Tsubasa sonrió satisfecho al ver que ella respondía gratamente. Eso lo tranquilizó. Y sus besos pasaron de ser duros y exigentes, a ser calidos y sensuales. Aquel repentino cambio de actitud de Tsubasa enloqueció más a Sanae. Haciendo que se aferrase con más fuerzas a él.

Las Caricias de Tsubasa pasaron a ser más atrevidas. Sacándole la camiseta y dejándola con su sujetador y los shorts. Paró un segundo, desde lo alto de su posición, para observarla. Si verla a diario ya le parecía hermosa, el tenerla ahí tumbada, debajo de él. Con el rostro y los labios enrojecidos y levemente hinchados por la excitación y semi desnuda. La convertían en una diosa a sus ojos.

Sanae, desde su posición podía verlo como la admiraba. Aquella situación le parecía de lo mas erótica. Podía ver en sus ojos como la contemplaba, y con cada segundo que pasaba mas la deseaba. Eso le gustaba. Él podría tener la actitud que quisiese, pero sus ojos lo delataban, y por un segundo, pudo ver amor en ellos. No necesitaba más. No iba a pedirle más. No por ahora. Asi que fue su turno. Con los nervios a flor de piel, comenzó a sacar la camisa de Tsubasa que llevaba por dentro de los pantalones. Tsubasa la miraba divertido. Podía ver su nerviosismo. Podía ver como sus manos temblaban a medida que le desabrochaba los botones de la camisa. Se quedó maravillado de la lentitud y delicadeza con que lo hacía. La misa delicadeza y suavidad que utilizó para sacársela mientras la deslizaba a través de sus musculosos brazos, ejerciendo una leve caricia en ellos.

Aquel simple contacto lo hizo estremecer, alimentando más su sed de ella. Bajó con sumo cuidado, intentando apaciguar el deseo que en él crecía, y la besó lentamente.

Aquellos besos para Sanae se convirtieron en una tortura. Eran demasiado suaves, demasiado sabrosos, demasiado deseados, para ser tan lentos. Posando sus manos en el rostro de él, profundizó aquel beso. Tsubasa estaba contento de ver que ella le deseaba de igual manera. Así que prosiguió su ataque. Deslizó su mano sobre uno de sus senos, acariciándolo y presionándolo ligeramente. De la boca de Sanae surgió un gemido como respuesta ante tales caricias, que murió ahogado entre los labios de él. Tsubasa podía notar a trabes de aquella diminuta prenda, que se interponía a un contacto pleno, que su pezón comenzaba a endurecerse. Sabiendo perfectamente la reacción que podría causar en ella, lo agarró entre sus dedos u lo retorció levemente, haciendo que Sanae se retorciese de placer entre sus brazos seguido de un gemido aún mayor que el anterior.

Satisfecho con las sensaciones que le estaba brindando, quería que ella supiese lo que en él estaba causando. Así que se presionó más contra ella. Haciéndola sentir el su abdomen, la prominencia de su excitación.

Sanae, al notar aquel bulto se sorprendió, y lo miro a los ojos. En ellos pudo ver calma, y tranquilidad. Aquello la ayudó mucho, de manera que le sonrió y se lo sacó de encima.

- Que ocurre Sanae?- Preguntaba Tsubasa con la voz entrecortada y sorprendido de su reacción.

- Nada - le sonrió, le acarició con una mano su mejilla y con la otra le sujetó su mano. Dándote a entender que lo siguiese.

Sin decir palabras, Tsubasa comprendió, ella lo quería llevar a otro lugar, imaginó que se trataría de su dormitorio. Así que feliz la abrazó por la espalda, y la siguió pegadito a ella dándole besitos en el cuello, y feliz de las risitas que ella de ofrecía.

El trayecto desde el salón hasta el dormitorio no era muy largo, pero Tsubasa apenas la dejaba avanzar, debido a los besos y caricias que le procesaba.

Aquello era como un juego, y Sanae se dejó llevar. Girándose de los brazos de Tsubasa empezó a besarlo. Ambos reían. Se sentían como dos adolescentes apunto de realizar una travesura. Sanae decidió ir más allá y comenzó a desabrochar el cinturón de Tsubasa, haciendo que sus pantalones cayesen al duelo quedando solo con los calzoncillos.

Él la miró de forma coqueta arqueando una ceja.

- ahora estamos en igualdad de condiciones- se limito a decir con cara de niña buena como si nunca hubiese rotor un plato.

Aquella carita deshizo a Tsubasa. Relámete esa mujer no paraba de sorprenderlo. La agarró por la cintura y la atrajo hacia él, sacándole el sostén.

- Ahora si - fue lo único que dijo.

Ella no dijo nada. No se atrevía a separase de él, por vergüenza a que la viese en ese estado de desnudez. Aquella maniobra por parte de él, la tomó por sorpresa, ella esperaba que eso sucediese en el dormitorio, con menos luz, no en mitad del salón. Con toda aquella luz iluminándolos. Pero llegados ha ese punto, que demonios. Se levantó de puntillas y le dio un dulce beso acompañado de unas risitas, le sujetó la mano y se giro. Para su desgracia se giro ...

- Sanae mira, que Taro y yo hemos pensado ...- Sakura, que en ese momento entro junto con Taro a su departamento con la intención de invitarla a tomar algo, puesto que no le hacia gracia el dejarla sola, se quedó de piedra.

Bueno ... los cuatro se quedaron de piedra.

Taro se giró inmediatamente, no sin antes lanzarle una mirada acusadora hacia Tsubasa. Dándole a entender que luego tendrían una conversación larga y tendida.

Sakura se cubrió los ojos roja como un tomate.

Tsubasa se subió los pantalones, que todavía estaban bajo sus pies.

Y Sanae se fue corriendo donde estaba su camisa y se vistió.

Media hora más tarde se encontraban los cuatro sentados en la mesa de la cocina riéndose de lo ocurrido.

- Ya te vale Sanae!- le decía Sakura - haberme avisado que Tsubasa vendría. Jajaja, por eso querías que me fuese- decía guiñándole el ojo.

- No digas tonterías mujer. - Se defendía como podía Sanae - Yo que iba a saber que vendría.

- Vaya, pues no pierdes tiempo ...jajaja - Reía Sakura

- Es cierto, ella no sabía que me pasaría por su departamento - La defendió Tsubasa

- Entiendo - Dice Taro serio- Y que se supone que hay entre ustedes - haciendo como el que no sabe de que va la cosa, y poniendo a prueba a su amigo.

- La verdad, no lo se- Confiesa Tsubasa con voz de niño bueno y agarrando la mano de Sanae por debajo de la mesa. Gesto que hizo que su corazón se enterneciese. - Todavía no hemos hablado al respecto, pero creo que lo mejor será que pase el tiempo, hasta estar seguros de que podamos consolidar una relación y hacerlo público.

Sanae estaba alucinando. Era cierto lo que había oído. Después de todo Tsubasa se planteaba la posibilidad de mantener una relación con ella. Entonces, aquella pizca de amor que vio, momentos antes, en sus ojos era real. Eso la tranquilizaba profundamente. En parte estaba aliviada que los hubiesen interrumpido. Ahora sabia que pensaba Tsubasa, y si realmente quería algo serio con ella. Lo mejor seria empezar poco a poco. Estaba dispuesta a intentarlo, confiaría en él.

Taro casi cae de la silla al escuchar las palabras de su amigo. Eso no tenía nada que ver con lo que horas antes le había dicho en la comida. Lo tenía claro. Hablaría con él.

- Chicas, si nos disculpáis. Nosotros nos hemos de ir ya. Hemos de coger esta noche un avión para España, mañana a primera hora tenemos una reunión importante. - Decía Taro- Nos vemos el lunes en el trabajo.

Todos asintieron. Sakura se fue a despedir a Taro mientras que Tsubasa le susurra al oído a Sane.

- El lunes no te me escapas, Srta. Nakazawa.- le guiña un ojo y la besa dulcemente- nos vemos preciosa.

Y desaparece de los ojos de Sanae tras la puerta con una enorme sonrisa y con un único pensamiento en mente. "primera parte del plan: Conseguir que me desee: Conseguido"

Continuará ...