Capítulo 7: The frog prince, Keane


Dave firmó los papeles mientras giraba un poco su silla. Por seis meses había intentado no tocar Estados Unidos. Había volado mucho, por todos lados, sin dejar que su cuerpo ni su mente se detuvieran en un solo lugar. Hasta que el destino o su subconsciente lo habían traído de regreso a Estados Unidos para establecerse por un tiempo indefinido. Sus negocios en América se estaban cayendo a pedazos sin él y Azimio casi había pateado su trasero hasta Los Ángeles a unas oficinas de lujo en donde entraba la luz por todos lados.

Había intentado olvidar a Kurt, había intentado buscar…, aunque sonara patético, amantes. Había habido muchos, demasiados, pero ninguno como Kurt. Cuando su avión aterrizó se hizo la promesa de olvidar, de pasar página y no pensar más en ello. Había una frase hecha que había leído que decía que el sexo era el consuelo que les quedaba a las personas cuando ya no alcanzaban el amor. Y Dave no quería eso, no quería ser el eterno enamorado gilipollas. No entendía por qué las cosas con Kurt tenían que ser tan dramáticas, tan teatrales como decía Azimio. Tal vez era porque la vida de Dave se dividía entre un antes y un después de Kurt Hummel. Porque Kurt había sido la persona que lo había arrastrado hasta el infierno, hasta el terror de no saber qué le pasaba ni por qué quería tanto estar con él y besarle. Porque Kurt había sido la persona que lo había vuelto loco hasta el grado de llorar en su habitación de adolescente mientras se gritaba al espejo que era gay para después juntar las suficientes pelotas como para pedirle una cita. Y vaya que aún recordaba la respuesta: "Estoy con Blaine". Cuando todo cayó, cuando su vida adolescente se resquebrajó durante su acto más desesperado sólo pensó en Kurt Hummel. Luego, como en uno de esos videos de rock, todo había sido un borrón. Música de fondo que se debatía con su soliloquio interno, uno al puro estilo de Javert, donde la justicia verdadera estaba en una vida y en un cinturón de cuero.

—Señor Karofsky… —Dave buscó el botón para contestar la llamada de su secretaria. Esos de las oficinas no eran para él—. Tiene una llamada de su empacadora en la línea dos.

—Sí… Pásela, por favor. —¿Empacadora? Dave quería correr a la oficina de Az. Esa empacadora en Lima había sido un capricho. Sólo la había comprado porque sí y no estaba para nada familiarizado con ese tipo de negocios—. Diga…

Escuchó la voz furiosa de un líder sindical. No entendía bien las demandas, sólo escuchaba las palabras: huelga, quiebra, peticiones. Dave boqueó y antes de poder decir nada el hombre le dio un plazo de diez días y, sin más, le colgó. Dave parpadeó. ¿Tenía diez días para ir a Lima? Ni loco, por él que esa empacadora se fuera a la mierda. No iba a correr el riesgo de encontrarse con su madre.


Kurt caminó por el escenario y se sentó al lado de Blaine, que miraba hacia las butacas con un toque nostálgico que le calaba el alma. Abrió la botella de vino y le dio un largo trago pasándosela a Blaine, quién negó aún con la mirada sobre las butacas.

—¿Estás bien? —Le cogió la mano y Blaine aceptó.

—Muy dentro de mí sabía que tenías razón, que los costos eran muy elevados y que no iba a tener mucho éxito monetario. Sólo… quería ver esto levantado. Quería… —Blaine bajó el rostro y Kurt le besó en la mejilla.

—Vamos, anímate. —Lo jaló hacia arriba mientras Somewhere only we know sonaba suavemente. Kurt intentó bailar con él pero Blaine se separó violentamente.

—No… No puedo.

Blaine bajó del escenario y salió del teatro y Kurt se quedó mirando la puerta de salida. Las cosas estaban mal y amenazaban con ponerse peor. Desde su regreso de Las Vegas no habían tenido demasiado tiempo para pensar en ellos. La obra los tenía ocupados: el teatro, la escenografía, los actores, los ensayos… Todo eso los había mantenido lejos de sí mismos. Además la obra ya tenía un mes de estrenada y las entradas no eran lo que esperaban. La producción había sido muy costosa y no estaban recuperando lo invertido. Eso había sido un golpe muy duro para Blaine, para su ego y sus sueños. Kurt era consciente de que no iban a tener éxito a la primera, ni a la segunda, ni a la tercera, ni a la… Era consciente de que habían escogido un camino que no era sencillo pero que se tenía que empezar aunque fuera con un fracaso. Una persona que no se arriesga no fracasa y aquel que no fracasa nunca va a triunfar. Kurt lo pensaba diario, se lo decía semana a semana, aún más desde que habían estrenado la obra. Lo malo del fracaso es que traía silencio, ese silencio invitaba a la reflexión y esa reflexión terminaba por llevar la mente a los lugares más oscuros, a esa conversación que no habían tenido y a preguntas que Kurt no estaba seguro de si quería o si podía responder. Dejó la botella en una de las mesas de utilería, fue hacia el interruptor de luz, dejó el teatro a oscuras y fue detrás de Blaine.

—Blaine… —Encontró a su prometido en el coche pero Anderson no le respondió.

Condujo en silencio hasta su casa. Cuando llegaron, Kurt sintió la sombra pesada sobre sus hombros y los de Blaine. Al entrar a la casa Blaine, caminó hacia a sala y miró el lugar.

—Perderemos la casa. —Kurt negó desde detrás de Blaine cuando escuchó ese pesimismo.

—Cariño, por favor. —Blaine se giró para mirarlo.

—Sabes que la casa no se paga con buenos deseos.

Habían pagado la hipoteca del taller, se habían puesto al corriente con la hipoteca de su casa y todo lo demás había sido para la obra. Ahora Blaine se lamentaba.

—Cariño. —Lo abrazó fuertemente—. Podemos vivir en un departamento. Rentaremos algo, viviremos en el teatro… Yo que sé. —Blaine negó separándose de él.

—¡Yo no gano dos millones de dólares cada vez que me doy una ducha! ¡No puedo darme el lujo de tirar mi dinero en caprichos absurdos para comprarme…

—¡Blaine! —Anderson se calló de golpe, parpadeó y tragó saliva.

—Lo siento. No fue mi intención. Kurt, yo… —Blaine corrió y le rodeó entre sus brazos—. Lo siento. He sido un idiota. Perdón.

Kurt sabía que sólo era el principio de la tormenta.


Dos semanas después la bomba explotó, por lo menos para Kurt. En la oficina del teatro había visto los papeles de una hipoteca: Blaine iba a hipotecar el teatro, seguramente para pagar la casa. Eso era algo loco aunque noble de su parte, y Kurt se hubiera quedado con esa idea sino hubiese visto el sello de la empresa inmobiliaria que estaba a punto de pagar la hipoteca. Una D enlazada a una K doble… Lo había visto antes. En el departamento de… En el avión de….

—Hijo de…

Kurt buscó entre los papeles hasta que descubrió la dirección de la inmobiliaria en Los Ángeles. Esa noche los dos iban a volar a Los Ángeles para cerrar el trato con un cliente para un taller de teatro pero Kurt haría una escala técnica.


Dave estaba teniendo un buen día. Se estaba acostumbrando a su oficina y a poner en orden todos sus negocios que no tenían que ver con su profesión: estaba llevando las cuentas, estaba viendo qué era rentable y qué no... Azimio le jodía cada tres o cuatro horas pero era algo que podía sobrellevar. Sonrió aflojándose el nudo de la corbata y desabotonando el primer botón de su camisa. Todo iba de maravilla hasta que escuchó el alboroto fuera de su oficina. Estaba por levantarse cuando vio la puerta de su oficina abrirse y casi se desmaya al ver a Kurt Hummel entrando. Boqueó y quiso hablar pero no pudo.

—¡Quién te crees que eres para hacer esto! —Kurt le arrojó unos papeles a la cara. La secretaria de Dave jadeó. Estaba seguro de que iba a llamar a seguridad.

—Retírese —ordenó con voz débil—. Qué…

—¿Qué? Parece que crees que soy de tu propiedad y que te puedes meter en mis cosas como si nada. No me compraste, David Karofsky. —Dave se levantó mirando a Kurt y sin entender de qué iba todo eso—. No pagaste por mí, no tengo tatuado en el culo tu maldito sello. Soy una persona, soy un hombre y no tienes derecho a meterte en mi vida de esta forma. —Los gritos de Kurt eran salvajes y Dave podía ver sus ojos inyectados en furia—. Entérate, neandertal: mis besos, mis caricias, no valen lo que pagaste. Ni con todo tu jodido dinero te alcanzaría. —La voz de Kurt se elevó—. Me acosté contigo porque quise y no para cumplir con una cláusula de ese estúpido contrato tuyo.

Dave cogió a Kurt de los brazos y lo besó. No podía no hacerlo. Lo besó con todo lo que tenía. Notó cómo Kurt primero se tragaba la furia y forcejeaba un poco pero luego le sintió relajarse entre sus brazos y sucumbir al beso hasta jadear. Hasta que la conciencia le regresó y Kurt lo empujó dándole un derechazo en la mandíbula.

—No. Me. Vuelvas. A. Besar. Así. —Lo dijo amenazante y temblando. Se dio media vuelta y se marchó.

Dave pensó por un segundo que había imaginado todo pero el dolor en su rostro le decía que no. Cogió los papeles que Kurt le había arrojado y sonrió. Una hipoteca. ¿Kurt de verdad creía que lo había perseguido hasta ese grado? Imaginaba que las cosas no habían salido muy bien con la obra y que Blaine estaba intentando rectificar el error. Salió de su oficina y cruzó el largo pasillo que lo llevaba hasta la oficina de su amigo. Abrió de golpe encontrando a Az hablando por teléfono.

—Hermoso, de verdad. Hermoso —le gritó. Az lo miró y colgó de inmediato.

—¿Qué te ha pasado? —Dave rió irónico.

—Me ha pasado un Kurt Hummel furioso. El teatro que querías que comprara… Bueno, es de Kurt y Blaine. Y a Kurt no le gustó mucho la idea y me lo demostró con su puño.

—Mira que no pega mal. Y con esos bracitos.

—Vete a la mierda. Fue pateador del equipo fútbol.

—Pero no te dio ese madrazo con el pie así que tiene buena mano el hada. En fin, te conseguiré otro teatro.

—No. Esto lo arreglo yo. —Az negó.

—¡Claro que no! Mejor lárgate a Lima y arregla eso otro. —Dave giró sus ojos molesto.

—No iré a Lima.

—La empacadora va a quebrar, Dave. No puedes estar más preocupado por un teatro que por un lugar donde trabajan cientos de personas que mantienen a sus familias, que…

—¡A la mierda con esa empacadora! ¡Que se jodan las familias! ¡Yo no regreso a Lima y lo sabes! —Dave se desplomó en un sillón evitando la mirada de Azimio.


Bueno, aquí está por fin. Después de miles de horas de retraso.

Una disculpa, no era mi intención dejarles colgadas tanto tiempo. Pero asuntos personales me habían impedido tocar mi apetecible cama en días y ahora por fin lo hago, así que me dormí como angelito como a las 10:30 hasta que el buen Mika me hizo despertar con su Love today.

En el trascurso del día responderé sus comentarios. Aquí es cuando agradezco que sólo me comenten cuatro gentes jejejejeje. No, eso jamás se agradece, ya se hace uno a la idea.

El fic ya está entrando en su etapa final. Vienen cosas muuuuuuuuy dramáticas y desgarradoras. Mucho lágrima por todos lados. Blaine se va a aventar unas cosas tan maravillosas que si se las pierden se van a arrepentir.

Espero que me acompañen. Como siempre, todo mi cariño a ustedes que me leen y me comentan.

Para Winter... ella sabe todo lo que le adoro.

Nos vemos el miércoles.

PD: Por nada del universo se pierdan el capítulo del miércoles. Es intenso a morir.