Antes que nada quiero disculparme, no tengo escusas para mi retraso, lo único que puedo decirles es que me re colgué, esto de no llevar a los hijos a la escuela te confunde, yo estaba creída con que hoy era domingo, y cuando me fije en mi teléfono fue cuando me di cuenta que era miércoles, se que esto no es trabajo lucrativo, pero si me disculpo, es porque creo que en todo lo que hacemos debemos ser responsables. Ahora si les dejo el siguiente capitulo.


Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer, y la fabulosa historia perteneces a Anne Hampson con el mismo nombre.


Capítulo 6

Bella estaba sentada en la antigua ágora, sobre una columna caída, de mármol blanco, y gozaba del silencio y de los rayos solares, además de estar profundamente consciente de encontrarse en el pasado. Bajo la sombra fresca de una alta palmera, recorría con los ojos todas las ruinas esparcidas por el lugar y las cuales admiraba y valoraba. Entre todas brotaban plantas silvestres. Ante ella se erguía el portal de columnas dóricas y la cabeza de un león de ojos inexpresivos que miraban desde arriba el triste panorama de albañilería caída y que antaño conociera un esplendor digno de gran admiración esto fue el orgullo de los que iban a aquellos templos dedicados a los dioses de la Grecia pagana y a quienes venían a adorar.

Bella suspiró. Le encantaban las antigüedades y Esme era un inmenso cofre en el que estaban depositados multitudes de templos y santuarios esparcidos por todos los sitios históricos y desde donde se podía rastrear civilizaciones diferentes. Los romanos dejaron mosaicos preciosos en el ágora; es decir, la plaza pública. En el gimnasio se podía encontrar restos de carreteras romanas, de baños y de casas; seguía en pie la reja del baptisterio, monumento de la era cristiana. Dentro de las cuevas existían señales de que la isla, alguna vez, fue habitada por los pelasgos griegos. No faltaban los rastros de las tribus griegas del Asia Menor, de los dorios y de los fenicios. Desde luego, había que agradecer a los italianos los árboles y flores que adornaban casi todos los caminos y calles de la isla. No se cansaron de plantar y plantar, al igual que lo habían hecho en Rodas. Gracias a ellos, Esme era un paraíso de color, un inmenso jardín esplendoroso, que lo dejaba a uno sin aliento. La llamaban "Un pedacito del paraíso" y sin duda, ésta era una descripción perfecta.

_ ¿Me permite sentarme con usted, bajo la sombra?_ Bella se sobresaltó un poco y levantó la vista. A su lado, un inglés alto sonreía, dispuesto a sentarse.

_ Desde luego_ ella se hizo a un lado, aunque no era necesario ya que la columna tenía el largo suficiente para que cupieran media docena de personas.

_ Por lo visto no me reconoce_ la voz educada mostraba cierta diversión_ Soy su vecino. La he visto caminando... sola. Naturalmente tengo curiosidad. Edward Cullen no me dirige la palabra y no le puedo preguntar quién es su invitada. En una ocasión tuvimos un altercado porque construí una torre que obstruía su vista. Tuve que derrumbarla pero eso ya no allanó nuestras relaciones deterioradas. El piensa que estoy loco ¿Lo cree usted?_ a Bella le dieron ganas de reírse pero logró mantener un rostro impasible.

_ ¿Es usted el hombre que posee... el jardín insólito?

_ No tema decir lo que en verdad piensa. Soy el hombre excéntrico de estos parajes. Verá, soy pariente lejano de... tal vez no deba mencionar nombres, aunque el pobre hombre ya murió. Soy pariente de un noble inglés a quien le gustaban mucho las excentricidades. No sabía qué hacer con su gran riqueza, así que construyó toda clase de cosas raras. Vivía en Lancashire, tal vez eso le dé alguna pista_ de nuevo le costó trabajo a Bella reprimir la risa. Qué rareza. ¡Allí, a su lado, tenía al Hombre Excéntrico!

_ Sé a quién se refiere. Viví en Lancashire. El parque es tan absurdo que resulta atractivo. En realidad es fascinante subir los grandes escalones de piedra que no llevan a ningún sitio, o cruzar los puentes que no tienen objeto porque todo lo que pasa debajo es un caminito.

_ Tampoco existe nada en sus extremos, a menos que tomemos en cuenta el mismo parque, por supuesto ¿Le molesta que fume?

_ No tengo inconveniente y no necesita pedirme permiso_ ella sentía que lo conocía desde hacía años_ Cuénteme sobre sus excentricidades.

_ Usted ya vio la mayoría de ellas. No tengo la menor idea del porqué construyo esas cosas extrañas... Es hereditario... lo llevo en la sangre. Este tío, que era primo mío, estaba loco y fue internado media docena de veces ¿Vio el granero que construyó?

_ Bailé en él_ asintió Bella.

_ ¡La mitad de la población de Londres podría habitarlo! ¿Qué lo induciría a construir una cosa de proporciones tan gigantescas? No tengo idea. Existe otro granero... más pequeño. ¿Cuánto le habrá costado?

_ A la gente le gusta construir. Bess de Hardwick siempre estaba construyendo. A ella le debemos algunas de las más imponentes y bellas mansiones_ explicó la joven.

_ ¿Es Chatsworth...?_ él movía el dedo índice en forma amonestadora_ Eso es en lo que está pensando, ¿Verdad?

_ No... por lo menos no como está ahora. Pensaba en Hardwick Hall y en algunos otros.

_ Pero originalmente fue ella la que construyó Chatsworth_ Bella había perdido el hilo de la conversación y examinaba las facciones bronceadas del hombre. Le calculaba una edad aproximada de treinta y cinco años

_ ¿Y la torre de la cual me estaba hablando?_ el se encogió de hombros, molesto porque había metido un pulgar en la tabaquera de la pipa.

_ Iba a ser una torre de observación.

_ ¿De veras? Y... ¿Qué es lo que pensaba observar?

_ El panorama_ contestó él.

_ Pero si usted está sobre la colina, la vista que domina es completamente abierta, igual que la nuestra.

_ Recuerde que fue una excentricidad. Las excentricidades jamás son estructuras lógicas_ él se calló, se rió y se preparaba para encender un fósforo_ ¿Me entiende? ¿Qué tipo de nombre le pusieron a usted?_ de nuevo Bella se rió, esta vez por la forma en que le hizo la pregunta.

_ Bella.

_ Bonito. Bella ¿Qué?_ ella titubeó uno o dos segundos.

_ Bella Cullen_ dijo, observándolo interesada. Los profundos ojos azules se abrieron y sus pestañas largas y gruesas se desplegaron contra las cejas tupidas. Pensó que aquellos ojos y pestañas tan hermosos estaban desperdiciados en un hombre.

_ ¿Cullen? ¿De veras?

_ Así es_ el se fijó en la alianza de matrimonio.

_ ¡Vaya, quién lo hubiera creído! ¡Una chica inglesa!

_ ¿Y usted cómo se llama?_ le preguntó después de permitirle unos minutos para que meditase mientras encendía su pipa.

_ Jacob Jared Paul Negro.

_ ¡Black!_ exclamó sin poder reprimirse.

_ Sí, en efecto_ suspiró_ También mi nombre es excéntrico.

_ No, no lo es. Siento haberme sorprendido. Es que con todos esos nombres tan especiales me esperaba algo más rimbombante y no el sencillo Black.

_ ¿Algo como Clearwater?_ ella soltó una carcajada.

_ Cuénteme algo sobre usted. Nunca conocí a nadie parecido.

_ Ni lo conocerá_ él echaba bocanadas de humo que casi la ahogaban. ¿Tabaco mal oliente...? ¡Aquello era veneno!_ Viví en Cumberland, pero los ingleses se oponen a las excentricidades que me gusta construir y los vecinos se quejaron ante el consejo local. No era popular allá, así que decidí vivir en el extranjero. Aquí puede uno hacer lo que quiera... a menos que se tenga como vecino a un dictador como Edward Cullen... ¡Demonios! Se me olvidó. Lo siento. ¿Cuánto hace que está casada?_ ella le dijo y él asintió_ Sí, justo desde que la empecé a ver ¿Le gusta el lugar?

_ Es una isla preciosa,

_ Sin embargo, empieza a ser demasiado llamativa para los turistas, sobre todo el centro.

_ Los turistas no nos molestan. Se mantienen en los sitios donde pueden encontrar diversiones_ afirmó ella.

_ Cierto, cierto ¿Por qué camina por aquí sola? Todavía está en su luna de miel o, por lo menos, debería estarlo.

_ Mi marido tiene mucho trabajo.

_ ¿De veras?_ dijo esto con cierto despecho_ Es tan asquerosamente rico que no tiene necesidad de trabajar. Lo siento de nuevo, mi querida señora. No se fije en mis meteduras de pata. He usado el adjetivo equivocado.

_ ¿Es usted casado?_ le preguntó Bella, a su vez, curiosa.

_ ¿Cree usted que alguna mujer en sus cabales se casaría con un hombre como yo?

_ Bueno...

_ No sea diplomática. Soy un tipo tan raro que al cabo de una semana conmigo, cualquier mujer se suicidaría_ la risa de Bella retumbó por toda la plaza llena de sol.

_ Cuénteme sobre el altercado que tuvieron usted y Edward.

_ La torre crecía y crecía maravillosamente. Si he de ser franco, él se llevó el susto de su vida cuando, al regresar de un viaje a Inglaterra, la vio. Se sintió desconcertado al verla, echándole a perder la vista. Ya se habían construido ciento cuarenta y dos escalones y la maldita cosa seguía creciendo_ se detuvo a causa de la risa de Bella que la hacía doblarse sobre sí misma_ Bueno, una noche su marido se presentó dando pasos furiosos y con una mirada asesina. ¡Qué ojos tan malignos tienen estos griegos! Ya lo habrá notado estando casada con uno de ellos. Si, ¿Dónde me quedé?_ habiendo aspirado la pipa, echó un humo gris oscuro, que se elevó contaminando todo el aire_ Lo vi venir y me dije, "¡He aquí que vienen los problemas o no me llamo Jacob Jared Paul!" Y en efecto vinieron pero, ¡Con venganza!

_ Y usted accedió a demoler su torre. Fue muy amable de su parte_ agregó cortésmente aunque se estremecía en su interior al pensar que una torre inmensa se irguiera en aquella preciosa colina vestida de árboles.

_ ¿Amable? No me quedó otra ¡Ah, no, no cedí de inmediato! Tal vez nuestras relaciones no se hubiesen deteriorado tanto si lo hubiera hecho. Le dije que haría lo que me diera la gana y él me amenazó con hacerla volar.

_ Nunca se habría atrevido a hacerlo.

_ Tal vez no. Lo dijo con furia rabiosa. Pensé que podría incluso matarme. Sin embargo, me dijo que era indispensable derrumbarla, que él era poderoso en estos lugares y que su palabra aquí era ley. No tuve fuerzas para insistir y ordené que la derribaran. Desde entonces su esposo y yo no nos hemos dirigido la palabra.

_ ¿Construyó algo en su lugar?_ preguntó la joven.

_ Claro. El Arca_ contestó él.

_ ¿El Arca? Así se llama el granero del cual hablábamos.

_ Lo sé. El mío no es un granero ni tiene tales dimensiones. Aunque tal vez algún día dé un baile allí ¿Vendría?

_ ¿Sin mi marido?_ preguntó de nuevo Bella.

_ El nunca vendría. No, supongo que sin él no podría venir_ ella titubeó y luego dijo que lo pensaría.

_ Casi siempre mi esposo está ocupado. Es posible que pueda asistir sin él_ lo miró con curiosidad_ ¿Tiene muchos amigos?

_ ¿Qué puedan asistir al baile? Yo no diría que son amigos, pero hay formas de hacer que la gente asista... sobre todo cuando lo ofrece una curiosidad como lo soy yo. Eso les dará tema de chismorreo después ¿Cuánto tiempo permanecerá aquí? ¿Tomó ya su té?

_ No. Pensé que iría a uno de los cafetines a tomarlo.

_ ¿Quiere que la acompañe?_ ella titubeó al recordar a Edward, pero luego pensó que sería agradable estar acompañada. Tenía ganas de reírse un poco.

_ ¿Hay algún sitio que me recomiende?

_ Por lo general voy a alguno de los que hay en el muelle. Es excelente el de Atki

Kountourioti ¿Quiere que vayamos allá?

_ Muy bien_ con gran alivio vio que sacudía el tabaco de la pipa y la guardaba en su bolsa_ ¿Queda lejos de aquí?

_ Podríamos tomar un taxi... también podemos caminar, si quiere. De todos modos, es temprano para la hora del té.

Siguieron hablando mientras se encaminaban hacia el café. Bella no podía evitar que aquel hombre le cayera bien, aunque en realidad era una rareza. Él le habló sobre la isla y ella lo escuchó con avidez; estaba sedienta de conocimientos sobre el lugar y una vez que lo abandonara, ya no las podría adquirir.

_ Mi charla la aburrirá_ le dijo en tanto tomaban el té.

_ No lo creo. Me encanta oír hablar a la gente que conoce su tema. Por favor, siga_ le suplicó ella.

_ De acuerdo_ hizo una pausa mientras mantenía la taza cerca de los labios_ ¿Me permite que la llame Bella?

_ Desde luego_ lo miró interrogativa y él se rió.

_ Escoja_ le dijo amablemente en respuesta a la pregunta que ella no había hecho.

_ Yo prefiero Jacob. Me estaba contando sobre la llegada de Hércules a Esme_ le recordó.

_ Todo es una leyenda, por supuesto. Una tormenta avasalladora hizo zozobrar su barco cerca de estas playas. El y sus seguidores lucharon contra el rey, que fue muerto. Hércules se casó con la viuda del rey y fue de esta prole de donde salió el gran médico, Hipócrates.

_ Todo es muy interesante_ dijo ella entusiasmada cuando él sugirió que abandonasen el café_ No me cansaría de escucharlo.

_ Entonces, venga a visitarme a mi casa. Se llama Eridanos... y hablaremos de nuevo.

_ ¿Eridanos?_ repitió intrigada_ ¿Por qué ese nombre?

_ Se me ocurrió cuando leía un libro de la mitología griega.

_ ¿Qué quiere decir?_ preguntó la joven sonriendo.

_ Se supone que fue un río. No tiene otro significado, por lo menos que yo sepa.

Jacob la acompañó hasta la reja y se despidió después de darle las gracias por su grata compañía.

_ ¿La veré mañana por la tarde?_ le recordó al irse.

_ Sí, y gracias por invitarme.

_ Será un placer para mí. Espero que las excentricidades no la ahuyenten.

_ Estoy segura de que no lo harán_ le aseguró con una sonrisa.

El se alejó a grandes zancadas. Era un hombre alto, flaco y estirado y sus brazos largos se balanceaban a sus costados al caminar. La cabeza la tenía un poco inclinada hacia adelante, dándole una apariencia un poco jorobada. ¡Qué raro ejemplar de hombre!

Bella estaba tan intrigada que tuvo que mencionárselo a su esposo aquella noche al estar ambos sentados en el patio, Edward leyendo y ella contenta de estar observando la silueta opacada de la montaña con su cubierta de frondosa vegetación alumbrada por la luz de la luna llena.

_ Jacob Black_ repitió Edward, ceñudo_ Manténgase alejada de ese maníaco.

Deberían deportarlo_ los ojos de Bella brillaron.

_ A decir verdad, me agradó su compañía. Olvidándose de sus rarezas, su conversación es bastante interesante.

_ ¿Y quién_ inquirió Edward alzando las cejas_ podría olvidarse de sus rarezas?

_ Está predispuesto contra él. Me contó lo de la torre.

_ ¡Vaya tontería! El hombre está loco de remate. Le digo que se mantenga alejada de él.

_ Me invitó a pasar por su casa mañana por la tarde.

_ ¿Dice que lo conoció mientras visitaba los lugares turísticos? ¿Acaso tiene costumbre de trabar amistad con hombres desconocidos?_ puso su libro sobre la mesa y se reclinó en la silla.

_ Edward_ le suplicó, ya que no tenía deseos de recurrir a su temperamento fogoso_ Por favor, no me incite. Yo no me acerqué a él. Vino a sentarse a mi lado en el ágora y fue tan chistoso...

_ Claro, ¡chistoso, raro!

_ ¡Chistoso, ja, ja! ¿No tiene sentido del humor? Por ejemplo, esa torre... ¿Cómo pudo reñir con él por eso? Yo me hubiese reído durante una semana.

_ ¿De veras? A usted no le tocó verla.

_ Quiero decir, después de que accedió a demolerla. Pensé que fue la cosa más chistosa... cuando dijo muy serio que la torre crecía y crecía.

_ Bueno, me imagino que sí fue divertido. Aunque en aquel entonces no pensé en reírme.

_ Me lo imagino_ le contestó secamente_ Me dijo que lo amenazó con hacerla volar.

_ Lo hubiese hecho si él no hubiera accedido_ Bella no dijo nada.

Se reclinó en la silla y cruzó sus piernas bien moldeadas. Los ojos de Edward se fijaron en ella y Bella pensó que no sólo miraban lo aparente, sino que se imaginaban lo demás. En una o dos ocasiones la había mirado de igual forma. Deseó poderse atrever a pedir una cerradura o un pestillo para su puerta.

_ Mañana no irá_ dijo por fin y Bella dio un brinco.

_ ¿Qué dice?_ levantó la barbilla y los ojos se le encendieron.

_ Tal como usted misma me recordó, es mi esposa. Y mi esposa no visita la casa de un hombre con quien hizo amistad en la calle.

Silencio. Una calma que se estremecía con vibraciones de ira en tanto las mejillas de Bella se sonrojaban y sus puños se cerraban. Con valentía dominó la furia que crecía y logró mantener su voz calmada y firme.

_ Voy a ir, Edward. Lo prometí y no veo razón alguna para romper mi promesa. No tiene nada de malo que vaya a casa de Jacob. Es el hombre más inofensivo con quien me haya topado jamás.

_ He dicho que no va a ir_ palabras dichas con calma pero con mucho énfasis_ Sé cuál va a ser su argumento_ le advirtió al ver que ella abría la boca_ Pero no hace falta que lo diga_ ¡Qué dictadura tan insoportable! ¿Esperaba él que la tolerara?

_ ¿Que no hace falta que lo diga? Bueno, pues sí lo diré. Nuestro matrimonio no es un estado permanente; de hecho, no es un matrimonio. En vista de ello, haré lo que me plazca.

No era el momento para que existiese la discordia, para dejarse llevar por riñas. ¡Cómo deseaba poder hablar con su marido, pedirle que creyese su historia... y que se hicieran amigos!

_ Bella_ dijo él con voz severa pero tranquila, violando así sus pensamientos casi tiernos_ Creo que me conoce bastante bien para saber que ya encontraré la forma de hacer que me obedezca. Mi petición no es irrazonable...

_ ¿Petición?

_ Preferiría que lo tomara como una petición.

_ Que de hecho es una orden_ hablaba ella en un tono agridulce que provocó una chispa peligrosa en los ojos de Edward.

Bella los miró bajo la luz de los faroles y recordó la declaración de Jacob de que los griegos poseen ojos malignos. Era cierto... en el caso de Edward. Tenía los ojos más malignos que nunca viera en un hombre o en una mujer.

Tenían una gran profundidad, escudriñaban y aguijoneaban y Bella sabía que de ninguna manera tenía posibilidades de engañarlo.

_ Le estoy diciendo que no vaya a casa de Black mañana por la tarde... ni cualquier otra tarde.

_ Y yo le estoy diciendo que sí voy a ir... y lo haré cuando tenga deseos.

_ Olvidemos el asunto, Bella. Presiento que cambiará de opinión después de meditar un poco_ suspiró sin mostrar enojo.

La discusión podía continuar durante toda la velada. No tenía deseos de que eso sucediese, aunque quería convencerlo de que haría lo que quisiera.

El tomó de nuevo el libro y después de unos minutos de silencio, ella se levantó y fue a dar un paseo por el jardín. La madre de Edward saldría del hospital dentro de dos días. Se quedaría allí más o menos una semana y luego se iría a su propia casa. Había insistido en hacer las cosas así ante las protestas de Edward, ya que tenía quien cuidara de ella en casa.

_ Claro que me quedaré por una semana. Será muy agradable veros a los dos juntos. Tanya es una chica encantadora.

_ Señora Cullen_ dijo Bella cuando se quedaron solas_ Tengo otro nombre... es Bella. Yo lo prefiero y me daría mucha alegría si se olvidara de Tanya y me llamara Bella.

_ Desde luego, querida. Bella es un bonito nombre. Edward siempre te llama Tanya, por eso yo lo hice también ¿Crees que él te llamará Bella?

_ Ya lo hace, señora Cullen.

_ ¿Por qué no me lo dijo? Y Bella, querida, me gustaría que tú me llamaras mamá.

La joven asintió. Edward le había dicho en varias ocasiones que lo hiciera, pero la timidez la ganaba. Ahora que le había pedido a su suegra que la llamase Bella, sentía la obligación de hacer una concesión y dirigirse a la señora Cullen como mamá.

Cuando Edward regresó y escuchó el nombre de Bella tuvo un pequeño sobresalto. Ella se lo explicó y él parecía estar contento de que la corrigiera. Sin duda, ya se le habría escapado el nombre de Bella.

Se preguntaba si se llevarían bien, mientras caminaba por el sendero. La situación sería tirante para ella y Edward... Decidió que sería más fácil para él, en vista que la despreciaba tanto.

En cuanto a ella, le sería más fácil tener una relación más amistosa con su esposo, cuyo carácter había estado estudiando en los últimos días. Sin dudarlo estaba convencida de que poseía una personalidad doble. El salvaje era inherente, era un legado de aquellos días misteriosos del paganismo; pero también era el hombre que se había puesto una rosa entre sus dientes y que podía mirar con ternura el rostro pálido de su madre... Este último era el que la afectaba en lo más profundo. Era generoso y tierno. Se preocupaba por su madre y la pena lo trastornaría si después de todas las esperanzas y el optimismo previo a la operación, la vida le fuese arrancada. Ella no debía morir... a pesar de que estaba lista para abandonar este mundo. Estuvo tan enferma y sufrió tanto dolor, que al encontrarse a la orilla de un precipicio, no dudó de que tendría que caer al fondo. Era fácil comprender su actitud. Deseaba que todavía le quedasen muchos años de felicidad. Lo único que la molestaba... y la molestaba mucho... era la idea del tremendo golpe que recibiría cuando ella y Edward se separaran. Este golpe se había pospuesto y, de hecho, cada vez que regresaba del hospital, Bella se preguntaba cuánto tiempo más tendría que pasar antes del divorcio. Pensando en esto, se resignaba cada vez más a quedarse en la casa de campo durante el tiempo que fuera necesario. Para su sorpresa, llegó a aceptarlo sin rebeldía.

Oyó unas pisadas ligeras a su espalda y al volver la cabeza se detuvo. Edward llegaba junto a ella.

_ Es una noche muy agradable para dar un paseo_ le dijo, tratando de trabar una conversación_ El aire nocturno está siempre cargado de aromas deliciosos.

El pulso de Bella se agitó. Aquél era el hombre del presente, no el pagano de antaño. Era el hombre que la afectaba de una forma que rehusaba analizar. ¿Acaso necesitaba analizar…?

Edward estaba muy cerca y ella sentía la aspereza del paño contra su brazo, pues él se había puesto una chaqueta. Bella inhaló un aroma que de seguro en las tiendas, estaría etiquetado con la palabra "El" ¿Sería loción para después de afeitar o crema para el cabello? ¿Sería algo parecido a la loción femenina para el cuerpo? Deseó saber más sobre lo que necesitaba un hombre para arreglarse... Sonrojándose en la penumbra y sintiéndose un poco avergonzada, Bella hizo a un lado estos pensamientos.

_ Si_ respondió al comentario de él_ Gozo en especial esta hora del día La frescura es deliciosa después del calor de la tarde. Y como usted dice, los perfumes son... son embriagadores_ ella no sabía a ciencia cierta si él se había sonreído o si su imaginación le estaba jugando tretas.

_ No recuerdo haber dicho esa palabra.

_ No... pero estará de acuerdo conmigo en que los perfumes son embriagadores.

_ Sí, estoy de acuerdo_ dijo lacónico, aunque lleno de humorismo_ ¿A menudo camina por aquí, durante las noches?

_ Lo he hecho desde que llegué.

_ ¿Ha tenido noticias de esa madre adoptiva de quien me habló?

_ Todavía no. Me pregunto si habrá salido de casa. A lo mejor ella y Aro se fueron de vacaciones.

Bella se preguntó muchas veces qué le habría pasado a Victoria, aunque siempre trataba de alejar tales pensamientos. Pronto sabría lo ocurrido, ya que esperaba contestaciones de las cartas que había enviado a Rosalie y a Alice. Se las envió a sus hogares respectivos en Inglaterra y ya deberían haberle contestado ¡Qué sorpresa se llevarían con la noticia y qué horrorizadas estarían!

Con mucho cuidado, sin hacer una afirmación ni una pregunta, ya que no estaba seguro de que ella hubiese recibido alguna carta, le dijo:

_ No ha recibido ninguna carta_ el tenía que saberlo puesto que siempre se hallaba en casa a la hora que entregaban el correo.

_ Espero tener alguna noticia pronto.

_ ¿De sus cómplices y de su madre?

_ Sí, de Rosalie y de Alice_ reprimió la ira que sentía. Parecía que él meditaba sobre estas dos chicas y después de un rato le preguntó.

_ ¿Por qué no las invita a pasar unas vacaciones aquí?

_ ¿A mis... cómplices?_ nunca pensó que usaría este término para referirse a ellas, pero se vio obligada a hacerlo para ver qué efecto causaba en su marido. Estaba sorprendida.

_ ¿No me ha asegurado siempre que no fueron sus cómplices?

_ Admití que me ayudaron.

_ Pero le repugna la palabra que acaba de usar_ repuso él.

_ No es una palabra muy bonita.

_ Usted la ha usado_ insistió.

_ Sólo para ver qué reacción le producía. Quiero decir, que me extraña que ofrezca su casa para alojarlas.

Edward se detuvo y la miraba al rostro que examinaba a la luz de la luna. Ella sabía que estaba sonrojada y que sus ojos brillaban aunque no de ira. Sus labios temblaron y se entreabrieron. Pensó si Edward sería inmune e insensible a la oferta velada que le estaba haciendo. Estos pensamientos, desde luego, hicieron que se sonrojara más y se dio cuenta de que los ojos de Edward se encendían... Contuvo el aliento, asustada, porque el hombre del presente no tenía aquella expresión en los ojos. No, era la expresión maligna que Jacob mencionara. Ahora era el pagano, el hombre del pasado...

_ Entiendo_ sus palabras ya no tenían sentido porque Bella olvidó a lo que se referían.

Estaba temblando y no sabía si era presa de un temor verdadero o si era un sentimiento parecido al estar a la expectativa de algo desconocido ¿Estaría deseando a aquel hombre que la había tratado con tan poco respeto la primera vez que la vio... el hombre que la desnudó y luego le recordó que la había visto en esas condiciones en más de una ocasión? Sin embargo ya hacía mucho que ella lo había perdonado puesto que sabía que existía una excusa para todo lo que él hacía.

_ Si al menos aceptara mi historia_ murmuró_ Lo siento. Me he olvidado de lo que estábamos hablando_ Bella empezó a caminar de nuevo.

_ Decía que tal vez le gustaría invitar a sus... hermanas a pasar unas vacaciones aquí.

_ Hermanas..._ el rostro de Bella se iluminó con una sonrisa y sin quererlo se detuvo otra vez para observarlo_ Gracias, Edward_ su voz temblaba. Estaba jugando con fuego... aunque con cautela y sin saber qué actitud tomaría más adelante_ Acaban de tomar sus vacaciones. Ya se lo expliqué, pero olvidemos eso por el momento_ agregó rápidamente, temiendo que se mencionara otra vez cualquier tema relacionado, aunque fuese remotamente, con su aventura. De ser así, este interludio agradable terminaría de pronto y las relaciones antagónicas que existían entre ella y su marido se reanudarían.

_ No podrían venir hasta la Navidad.

_ ¿Tanto tiempo?_ notó que él no mencionaba que ella no estaría en Esme para esa época. Bella estaba segura de que él había meditado sobre el golpe que le asestarían a su madre con la separación, aunque se pospusiera por mucho tiempo_ ¿No podrían pedir unos días en el otoño?

_ No lo creo. Les puedo preguntar_ Bella estaba en guardia, obraba con cautela.

El quería ver a sus hermanas para valorar su carácter. Una vez habiéndolo hecho, todo estaría a pedir de boca. Ellas le contarían la misma historia y él estaría dispuesto a aceptarla. Y después... Bella se volvió para seguir caminando, mas él la tomó de la muñeca impidiéndoselo.

Quedó frente a su marido. El simple tacto la hizo vibrar… él lo sabía. Ella trató de escaparse, pero Edward la tenía asida de la muñeca.

_ Bella_ murmuró con voz ronca_ ¡Mi esposa!

_ ¡No!_ ella quería zafarse.

Por otro lado deseaba que él saliese victorioso ¿Qué diablos le estaba pasando? No podía sucumbir... no ante aquel hombre que todavía era un extraño ¿Extraño...? pero no. De alguna manera y tal vez debido a sus riñas constantes, tenía la impresión de conocerlo desde hacía varios meses

_ Creo que voy a entrar en la casa...

_ Yo también.

Bella estaba en sus brazos, los labios tentadores luchaban, el cuerpo rígido, aunque listo para sucumbir en cualquier momento. Y tanto los labios como toda ella, se rindieron. Estaba en el paraíso. Él era un experto en el arte de amar y ella no tenía fuerzas ni voluntad para resistirse. El besó largo rato sus labios ansiosos y la acarició con ternura.

_ Sí, esposa querida, ¡Vamos a nuestra casa!


Agradecimientos: allie cullen Masen, isabelmoon, Marazul, Mamen, Maite, Nicole, Marita, Ángeles MC, BellaCarolina Cullen, Pola Cullen Masen, gelis, SofiMasen87, lunatico0030, dracullen, y gracias a todas aquellas lectoras que salen con el seudónimo de invitados.