Ocho días de Noviembre

Eight Days in November

Escrito por:

Emma Grant

Traducido por: PerlaNegra

Siete.

De lo primero que Draco fue consciente cuando el sol salió, fue que sus pies estaban punzándole dolorosamente. La noche anterior había tratado de limpiarlos, pero había sido difícil hacerlo en la oscuridad. Era gracioso que de alguna manera eso pareciera dolerle más que la pierna que le habían fracturado apenas unos días atrás.

—Despertaste.

—¡Mierda! —dijo Draco, incorporándose. Potter estaba sentado en una de las sillas que habían estado tiradas antes, observándolo. Draco no lo había escuchado entrar—. ¿Qué demonios pasó?

—Me da gusto que hayas regresado. Llegué aquí justo a tiempo para evitar que esos chicos le prendieran fuego a la casa. Y los hice que se cagaran del susto.

—¿Chicos?

—Adolescentes muggles, buscando un lugar para emborracharse. No habíamos usado este lugar como casa segura desde hace mucho tiempo, así que las protecciones de rutina no estaban colocadas.

—Pensé… —Draco parpadeó durante un momento y entonces, se encontró con que, por toda respuesta, sólo podía reír. Había corrido por su vida, extraviándose en el bosque durante un día completo, desgarrándose la ropa y los pies… ¿y todo había sido sólo por unos chicos?

—Probablemente yo también hubiera pensado lo mismo, en tu situación. —Potter lo miró con fijeza durante un momento y luego desvió la vista—. ¿Qué le pasó a tu ropa?

Draco se colocó la manta más firmemente alrededor de su cuerpo. —Está hecha trizas. De hecho, da asco. Deberías de ver cómo quedaron mis pies.

Potter bajó la vista hacia él con una extraña expresión en el rostro. —Enséñamelos.

Potter era sorprendentemente bueno en encantamientos de sanación y Draco supuso que era porque había estado practicando bastante con él mismo. Le llevó casi quince minutos aliviar las heridas y rasguños de los pies de Draco, pero al final quedaron bien. Como todavía le hormigueaban un poco, Potter usó sus dedos para frotar la piel recién sanada a todo lo largo del arco del pie, demorándose en ello más de lo que era probablemente necesario.

Draco jaló su pie para zafarse mientras se sonrojaba. –Me haces cosquillas.

—Lo siento. –Potter se levantó y ambos se quedaron en silencio durante un momento. –Regresaré hoy en la tarde. Traeré comida y ropa para que te cambies. Creo que la ducha del baño sí funciona, por si te quieres limpiar un poco,

Draco levantó la vista ante la palabra "ducha". Asintió, no muy seguro de qué responder. Estaba avergonzado y aliviado y extrañamente contento y más aún, un poco excitado. Lo último era bastante desconcertante pero probablemente no debería estar sorprendido, considerando lo que había tenido que pasar. Era natural que bajo tales condiciones se aferrara a cualquier contacto humano. Estaba seguro de haber leído eso alguna vez. —Gracias.

Potter asintió y desapareció.

Pasó un largo rato en la ducha hasta que el agua caliente se le terminó. Se había sorprendido cuando ésta empezó a enfriarse, pero supuso que los muggles tenían dificultad para mantener el agua caliente sin magia por largos periodos de tiempo. Sin embargo, fue suficiente para quitarse toda la mugre y desesperación del día anterior y lo hizo sentir mejor de lo que se había sentido en mucho tiempo.

Sentía como si, de alguna manera, se le hubiese sido otorgada una segunda oportunidad. Después de la angustia sufrida y de haber creído que moriría en el bosque, regresar a esa casa segura con Potter cuidando de él era casi un placer. No sabía qué pasaría al día siguiente pero por lo menos en ese momento, no le importaba. Si lograba sobrevivir ese día, se consideraría feliz.

Bueno, tal vez no feliz.

Cuando Potter regresó en la tarde, Draco estaba acurrucado sobre el sofá, envuelto en la manta y a media lectura de una novela de misterio que había encontrado en la recámara. Potter le había traído unos vaqueros y un jersey para que se cambiara… al parecer, de él mismo. Había olvidado traerle calzoncillos, pero Draco estaba demasiado abochornado como para mencionarlo.

Emergió de la recámara vestido y sintiéndose mucho mejor. Potter había encendido un fuego en la chimenea de la sala de estar y el calor emitido estaba ya haciendo una diferencia notable en la casa. Draco se detuvo frente al hogar durante un momento para calentarse las manos, antes de dirigirse a la cocina a buscar a Potter.

Lo encontró de pie frente a la estufa y revolviendo algo en una olla. La escena era bizarramente doméstica y Draco casi se rió ante la imagen. Potter le sonrió y siguió cocinando, provocando que Draco sintiera una extraña punzada… algo que nunca se hubiera imaginado. Hizo ese sentimiento a un lado con experta facilidad y le preguntó a Potter que podía hacer para ayudar.

Resultó que era bastante inútil en la cocina. La mayor parte de su vida había tenido gente que le cocinara y aunque con la varita podía hacer algunas cosas básicas, no tenía ni una pista de cómo se las ingeniaban los muggles. Draco recordó que Potter había crecido con muggles. Ésa era una habilidad que podía ser útil en tiempos como aquellos.

La cena fue bastante silenciosa y Draco estuvo inmensamente contento por ello. Estaba agradecido por la compañía de Potter pero no podía pensar en nada de qué charlar con él.

Al terminar lo observó limpiar la cocina con unos cuantos movimientos de varita y no pudo evitar preguntarse si él volvería a hacer magia de nuevo alguna vez. De cualquier manera, en ese instante no tenía sentido pensar en un futuro tan lejano.

—¿Y ahora qué? —preguntó cuando Potter terminó de limpiar y lucía como si estuviera a punto de irse.

Potter se encogió de hombros, parecía ligeramente incómodo. —Eso depende de si vas a cooperar o no.

Draco sintió como si un extraño frío lo cubriera de repente. En su euforia por haber sobrevivido las últimas veinticuatro horas, había olvidado eso completamente. —Claro —dijo, volteándose hacia la chimenea—. Snape.

—¿Y bien?

—¿Y qué sucederá conmigo? —preguntó Draco mirando fijo hacia las llamas—. Venderé a la única persona que alguna vez se preocupó por mí... ¿y luego, qué?

Potter dejó escapar un sufrido suspiro. —¿Por qué tienes que ser tan jodidamente dramático?

—¿Y tú por qué tienes que ser tan gilipollas? Sabes bien que me tienes cogido por los huevos.

—Lo que te suceda a ti será resultado de tu decisión, Malfoy. Te dije que te protegería y voy a hacerlo. Pero si estás tan resuelto a ser un cero a la izquierda, supongo que vas en buen camino para conseguirlo.

—No soy un cero a la izquierda –exclamó Draco, girándose sobre sus talones y mirándolo con furia—. Mi vida iba a ser maravillosa; ¿sabes? Tenía todo a mis pies, un futuro prometedor… pero tuviste que aparecer tú.

—Ah, es verdad —replicó Potter cruzándose de brazos—. Habrías sido un fantástico Mortífago si no te hubieras interpuesto en mi camino.

—No se trata de eso. No entiendes nada.

Potter caminó airadamente hasta llegar ante Draco. —¿De qué se trata, entonces?. ¿Cómo habría sido tu vida si no hubiera aparecido yo para arruinártela?

—¡Hubiera sido algo mejor que esto! —gritó Draco, usando las manos para empujar a Potter. Éste se tambaleó hacia atrás, sorprendido. Draco dio otro paso hacia delante, acorralándolo contra la pared—. No estaría aquí ahora, despojado de todo, sin nadie a quien recurrir aparte de ti. Y tú queriendo que venda mi jodida alma; y si quiero sobrevivir al final lo tendré que hacer. Te odio.

Potter estaba apoyado contra el muro y tenía una extraña expresión en la cara. —Tú no me odias, Malfoy.

Las manos de Draco aferraron la camisa de Potter y lo jaló lo suficiente como para alejarlo de la pared y poder estrellarlo de nuevo contra ella. —Puedes decirme qué hacer, adónde ir, cuándo comer o dormir; pero no puedes decirme qué sentir.

—Nunca me has odiado —dijo Potter con un tono exasperadamente tranquilo—. Me tenías envidia. Y te aseguro que hasta yo te gustaba. Hubo momentos en los que te gustaba; ¿no es cierto?

¡Te odio! —repitió Draco sacudiendo a Potter. Estaba tan enojado con él que apenas podía ver y no deseaba otra cosa más que arrojarlo al suelo y golpearlo, una y otra vez hasta que…

Potter estaba mirándolo fijamente con las pupilas dilatas y oscurecidas, y su expresión tenía algo de familiar. Draco la había visto antes en algún lado aunque no podía ubicarla. Algo estaba pasando ahí; los labios de Potter se entreabrieron un poco pero no habló.

Y entonces Draco lo besó. No estaba seguro de dónde le había llegado el impulso o porqué lo había obedecido, pero no pudo contenerse. Sintió la cabeza de Potter golpear contra la pared, sintió sus manos agarrar el jersey a la altura de la cintura; y entonces Potter le estaba correspondiendo el beso, con lengua y dientes y labios y manos y oh dios.

Si se detenían, Draco recuperaría el sentido común. Si continuaban besándose, no tendría que pensar en lo que estaban haciendo, y por alguna razón, Draco necesitaba eso más que nada en el mundo. No sabía si Potter lo necesitaba también pero no le importaba… no le importaba nada más que el fuego que cruzaba por sus venas, la mano bajo el jersey tocando directamente su piel y la creciente erección presionando contra su muslo.

Se escuchó gemir a él mismo y percibió la otra mano de Potter aferrando su trasero para empujarlo contra él y oprimir sus entrepiernas. Las manos de Draco se abrieron camino dentro de la camisa de Potter, acariciando piel que nunca imaginó querría tocar y obteniendo gemidos de quien nunca pensó podría escuchar. Draco no estaba seguro si eso era real y estaba muerto de miedo de detenerse siquiera para respirar.

Potter rompió el beso y lo miró fijamente con los ojos nublados. Durante un momento, Draco creyó que todo eso se había terminado, que el hechizo entre ellos se había desvanecido ya. Estaba completamente empalmado y por lo que podía apreciar, Potter también. Dudaba que Potter deseara detenerse. Al menos, esperaba que no fuera así.

Meneó su cadera contra la de Potter, rozando su erección con la suya y observó su rostro mientras jadeaba y cerraba los ojos. Draco desabrochó los pantalones de Potter y los suyos también, sorprendiéndose cuando los dedos de Potter encontraron su miembro y empezaron a acariciarlo. Hacía mucho tiempo que nadie lo había tocado de aquella manera y había olvidado lo bien que se sentía. Las caricias de Potter eran cortas y rápidas, y Draco se dio cuenta que todo podría terminar demasiado pronto. No estaba seguro si eso era bueno o malo.

—Chúpamela —susurró, deseando que Potter abriera los ojos—. Y dejaré que me folles.

Potter abrió los ojos de golpe. —¿Qué?

Draco lo besó. —Me escuchaste. —Puso las manos sobre los hombros de Potter y lo empujó.

Sin oponer resistencia, Potter se dejó caer hasta el suelo y quedó arrodillado frente a él. Draco apoyó las manos contra la pared con su erección doliéndole por la anticipación. Había transcurrido mucho tiempo desde que alguien le había hecho eso y no tenía idea si Potter lo había practicado alguna vez, pero no estaba mal. Sabía cómo usar la lengua, cómo mantener los dientes a resguardo y chupaba más duro cada vez que Draco se lo pedía. Era glorioso sentir su miembro dentro de todo ese húmedo calor y saber que lo que estaba jodiéndose era la boca de Potter lo hacía todo mucho mejor.

Potter pareció sentir cuando Draco se estaba acercando al final, porque aferró sus caderas con las manos y enterró la nariz en su entrepierna, tomando su erección profundo hasta la garganta, de una manera que Draco jamás creyó posible. Potter usó la lengua para lamer toda la extensión de su miembro y luego tragó, haciendo que Draco viera estrellas. Éste oprimió la frente contra la pared y trató de empujar las caderas, pero Potter lo mantuvo quieto en su lugar hasta que se derramó junto con un aullido.

Potter continuó chupando hasta que Draco tuvo que tomarlo de los cabellos y jalarlo hacia atrás para que lo liberara. Potter depositó un beso en uno de sus muslos.

—Oh, Dios —jadeó Draco.

Las manos de Potter continuaban agarrándolo de las caderas, y las deslizó dentro de los vaqueros de Draco, bajándoselos hasta las rodillas. Draco se empujó de la pared y se volteó, dejándose caer de rodillas al suelo. También hacía mucho tiempo que nadie le hacía eso.

Potter no fue precisamente gentil cuando se empujó dentro de él; Draco tuvo que apretar fuerte los dientes hasta que sintió a su cuerpo adaptarse. Potter esperó como si él también tuviera que acostumbrarse a la presión, y durante un momento Draco se preguntó si ya se habría derramado. Entonces, Potter comenzó a moverse con lentas y poco profundas estocadas, ocasionando más fricción de la que Draco estaba habituado a sentir. Era rudo y un poco doloroso… pero le encantó.

Potter duró un par de minutos más; sus penetraciones comenzaron a volverse erráticas cuando se acercó al final. Entonces, se derramó conteniendo el aliento y sin hacer ningún ruido. Draco se empujó contra él tratando de tomar su erección lo más profundo posible, y los dedos de Potter se enterraron en sus caderas tan duro que Draco creyó que le provocaría moretones. Por alguna razón, la idea de eso era increíblemente erótica.

Y entonces todo terminó. Potter se retiró y se sentó en cuclillas, jadeando. Draco se puso de pie y se subió los pantalones de nuevo. Ambos evitando mirarse a los ojos.

—Yo… regresaré enseguida —dijo Draco, señalando hacia el baño.

Se limpió y dejó que transcurriera un momento mientras miraba su imagen en el espejo, inseguro de qué había sido aquello que acababa de suceder. Ya antes había tenido sexo con hombres, así que no era la cuestión gay lo que lo incomodaba. Era que se trataba de Potter y de que la situación era peligrosa y complicada. No tenía idea de qué significaba eso… para ninguno de los dos.

Cuando Draco salió del baño, Potter estaba de pie y vestido, mirando fijo hacia la chimenea como si estuviera esperando que la cabeza de alguien se asomara en cualquier momento. Draco no estaba seguro de qué decir, así que se detuvo a su lado y esperó.

—Creo que esta noche estarás a salvo aquí —dijo Potter después de un momento—. Pero si estás preocupado, yo podría…

—No estoy preocupado —interrumpió Draco y entonces se percató demasiado tarde de que Potter había estado a punto de ofrecerse a pasar la noche ahí—. Al menos… Quiero decir... ¿debería estarlo?

—No —respondió Potter, mirándolo de reojo—. Pero creo que deberemos mudarnos pronto de aquí también. Regresaré en la mañana y hablaremos sobre eso.

—De acuerdo.

—De acuerdo, entonces. Supongo que debo irme.

Draco se encogió de hombros y trató de sonreír. —Si eso es lo que quieres.

Potter se giró para verlo a los ojos. —No es lo que quiero. De hecho, me gustaría quedarme. Pero no creo que deba hacerlo.

Draco asintió y ambos se miraron fijamente durante un momento. Potter se movió hacia Draco casi imperceptiblemente, pero de inmediato dio un paso hacia atrás.

—Correcto. Te veré mañana, entonces. —Dio un par más de pasos para alejarse de Draco y luego se desapareció.

Draco se quedó casi un minuto contemplando el punto donde Potter había estado parado, rodeándose con sus propios brazos. Eso que acababa de pasar tenía que ser el peor error de su vida o el mejor polvo que había tenido jamás. O tal vez era ambas cosas.

Se desplomó en el sofá y alcanzó el libro que había estado leyendo antes. Todavía podía sentir el miembro de Potter dentro de él y pensó que así sería por un buen tiempo. Se preguntó si alguna vez volvería a ocurrir de verdad.