Creo que ya es tiempo de ir con el siquiatra, última parte.

Candy quedó atónita al escuchar las palabras de su amigo Albert: "yo también te necesito". Por su mente pasaron todos los momentos importantes compartidos juntos, y trataba de descubrir, a velocidad luz, cuándo habían sido románticos el uno con el otro.

Cuando me salvó de las aguas... no, era muy niña; ¿y cuando murió Anthony? No, eso hubiera sido macabro. Entonces, en Inglaterra... no, en ese entonces estaba más ocupado de emparejarme con Terry. ¿Y cuando estuvo amnésico? No, éramos como hermanos. Vaya, no se me ocurre nada.

Terry, por su parte, también reflexionaba acerca de la eventualidad de que Albert estuviese enamorado de Candy:

No tengo por dónde ganarle a ese tipo. Es más alto, rubio, tiene cara de alegría constante, es más maduro, responsable, tiene un ingreso estable, no es celoso, es cabeza de familia, hijo no bastardo, ha viajado por montones de lugares, en fin... si fuera mujer, me enamoraría de él. ¡Más aún! Si no amara a mi pecosa, me enamoraría de este tipo. Creo. Ya ni sé lo que digo.

La secretaria miraba con total atención la escena que se desarrollaba ante ella. Lo único que lamentaba era no tener palomitas de maíz para disfrutar adecuadamente el espectáculo.

¿Ahora por quién se va a decidir ella? Los dos galanes son estupendos. Mientras no tenga un ataque de nervios y se decida por Susana, estamos bien.

Albert, muy serio, se acercó a Candy y le tomó la mano.

-Candy, cuando te adopté hace tantos años no fue para darte dinero ni llenarte de obligaciones, sino para que fueras feliz. Te necesito, es verdad, pero también necesito a la tía abuela, a George, a Poupée... y tú necesitas a tus pacientes, a tus madres, hasta a Elisa, para ponerle algo de pimienta a tu vida. A lo que voy es que no puedes tomar una decisión tan importante como a quién amar, basándote únicamente en quién te necesita más. Es algo que va más allá.

-Albert... - musitó Candy.

-Albert... - murmuró Terry.

-Albert... - susurró el doctor – definitivamente eres muy sabio. Estoy orgulloso de ti. Eres una gran persona y ahora me explico por qué Candy es tan dulce. Es gracias a tu educación.

-¿Cuál educación? - dijo la secretaria - ¿Dejarla sola por seis meses, verla un par de semanas y volver a dejarla sola otros seis meses más? Con razón la pobre está tan desesperada por lograr la aprobación de los demás...

Se calló cuando el médico le dio un pisotón. Nadie más le había hecho caso: todos estaban mirando a Albert con lágrimas de emoción en los ojos, incluso Susana.

-Eres tan sabio, Albert – dijo Susana – me hubiera gustado conocerte antes. Quizás no hubiera perdido la pierna.

-Una pierna perdida no le resta mérito a tu belleza ni a tu valor – dijo Albert, mirando a Susana con expresión de Salvador.

-¡Albert! - exclamó Susana, y tomando impulso en su silla de ruedas, avanzó hacia él, empujando a Candy y a Terry, para abrazar al joven tío abuelo William.

Albert se dio cuenta del peligro cuando ya era demasiado tarde. Con el rostro lleno de pavor, se lo vio tratando de deshacerse del fuerte abrazo de Susana. Pero nadie podía ayudarlo. La secretaria estaba preparando té, el doctor se había desmayado de la emoción, y Candy y Terry se miraban el uno al otro como si el mundo hubiera desaparecido.

Ah, el amor.


Avancemos unos cuantos días, para visitar a Susana en el loquero, perdón, en la institución mental que la acogió para superar su crisis de identidad. Susana se encuentra en una habitación particular, que ha decorado con fotografías de Albert compradas en el mercado negro. Inventó una canción que tararea con cierta frecuencia, y se ha nombrado a sí misma sacerdotisa de la religión "albertiana". Es sumamente feliz.

Elisa se unió a Neil y Archie como tesorera del club de fans de Candy. Se dice que planea fugarse con la recaudación del mes.

Albert viajó a África. De nuevo. Pero perdió la memoria al volver a América, y la secretaria lo convenció de que eran novios. Se va a casar con él en dos meses más.

El doctor se tomó vacaciones con George. (Viva la diversidad.)

¿Y los enamorados? Pelean, se reconcilian, vuelven a pelear y a reconciliarse, porque es muy rico ponerse en la buena después de una discusión.

FIN

Nota de la autora: Muuuchas gracias por haber llegado a leer el final de esta desquiciada historia, es que estos personajes están tan chiflados que me contagiaron a mí!

Sobre la forma de educar de Albert, muchas gracias a una de las chicas que dejó review, que me dio la idea. ¡Gracias, Mondhexe!Pero no pude usar la idea de sicoanalizar a la hermana Grey :)

Me gustó eso de pseudo análisis sicológico, así que creo que seguiré con mi otra serie favorita, Saint Seiya. Ahí todos están igual de locos _