¡Hola! ¿Cómo están? Se que dije que iba a retrasarme en actualizar pero la verdad es que una vez que empecé a escribir no pude parar de hacerlo jejejeje. Nos vemos abajo.
7mo. Cap. ¿Celos?
- ¿Qué hago?
- Si entro me mata Helga, si volteo me mata Rhonda… ¿Qué prefiero? Que me mate alguien conocido – vio a través del cristal de la puerta – o desconocido – dirigió su vista a Rhonda.
¿Conocido o desconocido?
¿Conocido o desconocido?
¿Helga o Rhonda?
- Permiso…
- Llega tarde señorita – dijo el maestro desde su escritorio.
- ¿Cómo no? Con lo torpe que es de seguro fue a parar a la enfermería – Helga dijo lo último mirando directamente a Cindy causando en ella un escalofrío involuntario.
- Helga… - susurró Phoebe.
- ¿Qué? – miró de mala manera a su amiga quien le rebatió con una mirada retadora antes de decir:
- Profesor, no ha pasado mucho tiempo creo que Cindy puede entrar sin ningún problema – el profesor la miró un tanto extrañado causando que Phoebe se cohibiera un poco – claro, si promete no volver a hacerlo.
- Sí, sí, se lo prometo señor.
El maestro vio a una y a otra e hizo un gesto afirmativo para que la chica entrara.
- ¡Gracias!
- Sólo no vuelva a hacerlo o la enviaré a Detención ¿Qué espera? – Espetó al ver que Cindy seguía parada en el umbral - ¡Vaya a sentarse!
La chica se abrió paso como pudo, muchos de sus compañeros de clase tenían sus morrales desperdigados por el piso y no hacían ni el menor esfuerzo por moverlos para que ella pueda pasar.
- Aquí hay lugar Cindy – Phoebe señaló el asiento junto a Helga.
- Eh… si ya lo vi… Ho… la – saludó nerviosamente a la rubia y para su sorpresa esta le dio una sonrisa, se alegró un poco hasta que…
- ¿Quieres vivir cierto? – la otra se puso pálida – Si eso es lo que quieres: No te acerques a mí – a propósito Helga se acercó a ella mientras que Cindy retrocedía en su asiento, totalmente asustada – No me hables – la pelinegra negó con la cabeza repetidamente – No me mires – la miró de forma amenazante y Cindy cerró los ojos – y… si es posible – rió cruelmente – no respires, muñeca, eso hace mi trabajo mucho más fácil y eso me agrada ¿Entiendes?
- Sí…sí…ss…sí.
- Así me gusta – le dio unas palmaditas en la mano de forma burlona.
- ¿Sucede algo señoritas? – el maestro se volteó y pudo ver a Helga casi sobre la pobre Cindy y esta a punto del llanto o un colapso nervioso (lo que suceda primero) por culpa de la rubia.
- Sólo le explicaba a mi compañera lo expuesto en la pizarra.
- Para eso estoy yo así que no moleste.
- De acuerdo, señor – la rubia hizo un saludo militar con la mano y se le rió al maestro.
- Jóvenes ¿Quién los aguanta? – se dijo mentalmente.
Acto seguido volvió a su cátedra.
- Ya oíste Fox, no te quiero cerca – susurró antes de acomodarse para aburrirse en la clase.
- Sí… oí.
El tiempo fue pasando y con él la materia: algunos atendían la clase porque les parecía interesante y otros solo rogaban porque se acabe pronto. La campana sonó y casi todos los estudiantes salieron en tropel antes de que al profesor se le ocurra mandar más trabajo del que había dejado.
- Ya oíste princesita – dijo Helga antes de darle un fuerte empujón a la pelinegra.
- Auch… - se sobó el brazo – esto me pasa por entrometida – metió todas sus cosas en su maleta, de mala gana. Salió del aula – ¡pero yo no hice nada! – estaba paseándose por los pasillos – pero yo no hice nada más que morirme de sueñ… ¡Ah!
Lo siguiente que sintió fue un fuerte jalón en su brazo izquierdo y un gran golpe y choque con algo o ¿alguien?
- ¡¿Pero que dem…
- ¡¡Shhh!! – le taparon la boca con una mano.
Cindy abrió los ojos sorprendida al ver y reconocer al dueño de la mano e inmediatamente se la quitó de la boca.
- ¿Tu no eres el chico al que golpeé con la puerta de mi casillero esta mañana? – su interlocutor se rió.
- Mi nombre es Eugene.
- Cindy. Mucho gusto – ambos rieron.
-o-o-o-o-o-o-o-o-
- Vamos Phoebe, se hace tarde.
- Espera, falta… ¿Dónde se metió Cindy?
- A mi que me importa – su amiga la miró feo - ¿Qué? De seguro salió huyendo.
- ¿Cómo no? Con lo que le dijiste me sorprendería que no lo hiciera.
- Es solo un poco de lo que se merece.
- ¡Helga!
- ¿Qué? No me vas a decir que ahora la defiendes.
- Ay Helga. Eres el colmo.
- Eso le pasa por…
- Lo único que hizo fue quedarse dormida y ser ayudada por Arnold ¿A cuantas personas has visto ser ayudadas por Arnold?
Helga no dijo nada.
- ¿Ves? Para mí deberías recapacitar tu trato hacia Cindy, su único error ha sido querer ser tu amiga – la rubia se sorprendió de lo dicho por Phoebe - ¡Ah! Ahora te sorprendes ¿verdad? Se queda dormida y es ayudada por Arnold ¿qué hay de malo en eso?
Helga solo escuchaba lo dicho por su amiga tenía mucho sentido pero es que no podía aceptarlo, la forma en que lo miró a él merecía una venganza. No sabía que exactamente la había molestado porque era verdad: solo la habían ayudado pero había algo que no la dejaba en paz ¡¿Por qué no podían entender eso?!
- Pero si… - bueno fue lo único que salió después de su racionamiento.
Phoebe se rió.
- Pero nada Helga – suspiró – Lo que pasa es que eres una celosa sin remedio y apenas si te has dado cuenta.
- ¡¿Qué?! ¡Phoebe, pero qué…!
La aludida solo se rió ante la cara sonrojada y, perceptiblemente, enojada e indignada de su amiga.
¿Celos? ¿A quién se le ocurre?
-o-o-o-o-o-o-o-o-
- Lo siento, no fue mi intención.
- ¿Qué?
- Dije que lo sentía que no fue mi intención.
- Bueno, ya te oí. Será mejor salir – puso su mano en el pomo de la puerta pero una mano la detuvo.
- No lo creo.
- ¿Por qué?
- Será mejor que te sientes.
Cindy obedeció aunque no entendía mucho lo que su acompañante decía.
- ¿Por qué?
- Ah, lo siento, es que suelo caerme muchas veces y resbalé con algo. Intenté no llegar al piso pero choqué contigo y terminamos aquí. Al menos eso es lo que creo.
La chica negó con la cabeza.
- Eso no es lo que pregunté.
- ¿Qué cosa?
- Nada – el chico en verdad la estaba desesperando, parecía que no estuviesen hablando el mismo idioma – Bueno, no importa – suspiró – al menos eso explica el dolor de mi espalda y brazo – se sobó los lugares mencionados haciendo una mueca conforme lo hacía. - ¿Por qué me jalaste?
- No recuerdo haberlo hecho.
- Ah… no importa – la chica le dio la espalda a Eugene y abrió un poco la puerta, observó el exterior y cerró justo a tiempo ya que un profesor estaba pasando por el pasillo y si los descubrían ambos serían castigados sin piedad alguna - ¡Genial! He estado a punto de ser dos veces castigada en lo que va del día – se lamentó – y todo por ella – dijo para sí.
- ¿Por quién? ¿Quién es ella?
- ¿Eh?
- Quien es…
- Te oí… - tan concentrada estaba en sus palabras que había olvidado momentáneamente la presencia del chico – Es Helga ¿la conoces? – frunció un poco el ceño como tratando de recordar algo – Creo que sí, te he visto cerca de ella.
- ¿Pataki? – preguntó de forma alegre.
- Sí, ella – y para su sorpresa Eugene se rió - ¿Qué es tan gracioso? – inquirió molesta.
Sí había algo que la molestaba, más que cualquier cosa, es que se rían de ella (como pensaba que Eugene hacía)
- Disculpa, no fue a propósito. Dime ¿Qué te hizo o… qué le hiciste? Aunque creo que lo segundo es más probable.
- ¿Qué? – La chica se indignó - ¡Nada! ¡Yo no le hice nada!
- ¡Shhh!
- Lo siento, pero en serio ¡No le hice nada!
- ¡Vamos! – Se sentó con las piernas cruzadas, apoyó los brazos en las rodillas y la cabeza sobre las manos y desde esa posición la observó más detenidamente, tanto que la estaba poniendo nerviosa - ¡Debiste haberle hecho algo!
- Nada, no le hice nada ¿por qué no me crees?
- Te creo.
- Entonces ¿por qué me preguntas si "le hice algo"? – hizo una mueca ante la mención de lo último.
- Helga es un tanto… ¿Cómo decirlo? – Miró hacia arriba como si en el techo estuviera la palabra que buscaba – especial – se encogió de hombros – por eso creo que debió haber pasado algo.
- ¿Especial?
- Si, verás…
A continuación le contó todo lo que sabía acerca de Helga: que era una chica mandona, gritona, mal educada – Cindy se sorprendió ante lo último, en lo poco que llevaba conociéndola nunca le había visto malos modales – y sobre todo lo que le encantaba molestar a Arnold…
- Y pues… ya sabes, con Arnold era una malvada – se estremeció ligeramente – por así decirlo, lo molestaba, lo insultaba; bueno lo hacía con todos – se rió brevemente mientras estiraba las piernas y se apoyaba en las manos – pero con él era más, como si le tuviera odio o algo parecido. Bueno, eso creo yo.
- Aguarda un minuto ¿lo odiaba?
- Sí y bastante. Recuerdo que un día…
Eugene empezó a relatarle algunas de las bromas que le había visto a Helga hacerle a Arnold pero Cindy no prestaba atención; su mente estaba en otro lado, siendo más específica, en los días que había pasado siendo "amiga" de Helga.
- …ella no lo odia… ella lo trata bien, bastante bien, que yo sepa eso solo significa una cosa y es… - abrió sus ojos al máximo –¡Lo tengo! – se golpeó la palma de la mano con el puño de la otra.
- ¿Qué cosa? – Eugene se detuvo en la parte en la que Helga le llenaba de plumas el pantalón a Arnold – Si hablas de las plumas debo decir que no tengo, además que eso fue…
- ¿De qué hablas? ¿Qué plumas? – se confundió. Si antes había pensado que ninguno se entendía, ahora lo confirmaba.
- Las plumas – explicó – lo que te estaba contando ¿Por qué tienes plumas?
- No – se rió, acababa de entenderlo – yo no hablaba de eso.
- ¿Entonces?
- A Helga le gusta Arnold ¿no lo sabías? – ella tenía una sonrisa de oreja a oreja ¡Ahora lo entendía! Todo encajaba perfectamente, para ella era lo más obvio del mundo: si antes lo molestaba era para llamar su atención y ahora era igual solo que forma diferente ¡Estaba clarísimo! Nadie le podría quitar esa idea de la cabeza pero…
- Estás bromeando ¿cierto? – Eugene no aguantó más, la risa no paraba, le dolía el estómago de tanto reír e incluso algunas lágrimas empezaban a salir – lo… lo siento. Es que es muy gracioso – se sostuvo el estómago e intentaba respirar.
- ¿De qué te ríes?
- De lo que dijiste, ay Cindy eres buena. Creí que yo era el único que intentaba verle el lado positivo a todas las cosas – se limpió una pequeñísima lágrima – Me caes bien.
- ¿Qué?
- Que me caes…
- Ya te oí – repitió cansinamente. – Y no bromeaba.
- A veces es bueno inventar cosas y…
- ¡No lo invento!
- Cindy – se puso ligeramente serio aunque por su cara no se notaba nada - ¡Es imposible! – Le puso una mano en el hombro – la chica vio la mano, vio la cara de Eugene, volvió a ver la mano y finalmente su cara y le preguntó:
- ¿Qué tiene de imposible?
- Todo – el chico se rió - ¿No lo ves?
- No.
- Ay Cindy – el chico negó con la cabeza repetidamente – Mira, lo que sucede es…
BRRRRRRR - La campana volvió a sonar.
- Mira, ¿sabes qué? – Se quitó la mano de Eugene del hombro – olvida lo que dije, no tengo tiempo para intentar convencerte.
- Pero si no es a mí a quien tienes que convencer, es a ti y…
- Olvídalo. Tengo que salir de aquí – agarró sus libros y se apresuró a salir cuando estuvo fuera cerró la puerta con fuerza.
- ¡Ay!
- ¡Ay no! – se dio la vuelta y volvió abrir la puerta y vio lo que se temía: Eugene tirado en el piso con una mano sobre su nariz – ¡Lo siento! No me acordé que tú también estabas aquí…
- Tranquila, siempre pasa – sacó un pañuelo de su bolsillo y se lo puso en la nariz ante la atenta mirada de la pelinegra – Descuida, es casi como una rutina.
- ¿Qué?
- Que no te preocupes que es casi como una…
La chica puso los ojos en blanco.
- Que ya te oí. Cuando digo "¿qué?" es porque no entiendo que intentas decirme; dices cosas un tanto extrañas.
- ¿Qué?
- Que dices cosa un tanto ex…
- Si te oí… - ambos se miraron con el ceño fruncido.
- ¿Sabes? Creo que deberíamos intentar buscar mejores formas de comunicación, esto se está volviendo…
- Estresante, además que desespera. Pero como dije no importa tengo que alcanzar a alguien. Adiós. – se fue y dejó a Eugene con la palabra en la boca.
- Pero que chica para más extraña – se rascó la cabeza – Bueno iré a clases antes de golpearme de nuevo – el resto del camino lo hizo sonriendo como siempre.
-o-o-o-o-o-o-o-o-
- Tengo que encontrarla, tengo que encontrarla, tengo que encontrarla…. ¡AY NO!
PUM… - choque colectivo.
- ¡¿Qué hiciste?! – Rhonda la miraba furiosa al ver que la blusa que se había puesto (tenía una para emergencias en su armario que ahora no le servía de nada) había quedado manchada con ¡otra! Bebida, otra que no era suya.
- ¡¿Pero que demonios?! – Helga saltó y se desembarazó de Cindy que había caído sobre ella.
- ¡Lo siento! – y como pudo se alejó de ambas.
- ¡¿Lo sientes?! ¡Me vas a pagar la blusa!
- Yo pago lo que tú quieras – los nervios la estaban matando ¿en qué lío me metí? ¿Y por qué con las dos?
- Así que ahora te prestas a los caprichos de Rhondi. – se rió y Rhonda la miró enojada.
Ella tampoco había esperado ver a Helga tan pronto, si se iba a encontrar con ella quería que fuera en privado pero no con Cindy al lado, podía decirle lo que había estado diciendo hace un rato.
- No. ¡Claro que no!
- ¿No me vas a pagar la blusa? – se la jaló con los dedos para que viera el desastre que había causado.
- ¡Sí!
- ¿No que no? – puso sus manos en la cintura viendo retadoramente a Cindy quien pasaba su mirada de una a otra intentando hacer algo que la salvara de esa situación en la que se había metido.
- Me refiero a… - se decidió era ahora o nunca - Tengo que hablar contigo Helga.
- No – respondió simplemente al mismo tiempo que…
- ¡NO! – gritó Rhonda.
- ¿Qué? – se sorprendieron las otras chicas.
- No la escuches, Helga.
- Y desde cuando yo hago lo que tú me dices Rhonda, aún tengo metido en la cabeza lo que le hiciste a mi amiga.
- ¿De qué hablas? – preguntó Cindy.
- A ti que te importa – le respondió la rubia.
- ¿No lo sabes? - Cindy vio a Rhonda y negó con la cabeza – Entonces ¿qué vas a decirle?
- Nada importante – se rió nerviosamente.
A la única que podía decirle era a Helga algo en su interior se lo decía.
- Entonces para que quieres hablarme, creí haberte dicho que no quería que ni me hablaras y eso es lo que estás haciendo, Fox.
- ¿No que eran amigas? – se interesó Rhonda.
- No.
- Sí.
- Dije que no – Helga la miró con coraje.
- Digo no, pero es por eso que quiero hablar contigo. Quiero…
- No me interesa lo que quieras, ya te lo dije.
- Pero…
- Pero nada.
- Helga.
- ¿Qué quieres? – la vio a Rhonda muy molesta.
- Helga… - habló Cindy esta vez.
- Te dije que…
- ¡Tienes que escucharme! – gritó ya enojada. Ambas chicas se sorprendieron, nunca habían oído gritar a Cindy, al menos no Rhonda. - ¿Por qué no me escucha? - La estaba sacando de sus casillas: - De modo que lo que me dijo ese chico es verdad, Helga puede ser muy necia cuando quiere.
- ¿Por qué debería hacerlo?
- Porque es importante.
- ¿Qué sucede aquí? – preguntó Gerald a espaldas de ellas.
- Gerald ¿qué haces aquí? Creí que estabas con… olvídalo ya la vi.
- ¡Helga! ¡Por fin! Te estaba buscando – Phoebe apareció justo después de Gerald – Ah, hola Cindy ¿Dónde estabas? No te veía desde hace rato.
- ¡Hola! – y tan rápido como lo dijo corrió junto a Phoebe y se puso al lado de ella.
- Hola, Phoebe - saludó Rhonda.
La chica la vio y la saludó pero su saludo no fue tan entusiasta como el que dio a la otra.
- Eh… será mejor irnos, la clase ya empezó y vinimos con la excusa de ir a ver las llaves para la bodega de balones – dijo Gerald.
- Es cierto – se apresuró a decir Phoebe – Vamos chicas, bueno Helga – se rió al ver que Cindy no le soltaba el brazo ni un instante (por lo visto seguía con miedo a Helga).
- Será mejor apresurarnos, tú también, Rhonda – se dirigió a la morena quien solo asintió y se fue directo al Gimnasio. – Nosotros también, y eh… Helga.
- ¿Qué?
- Arnold está preocupado, no ha dejado de preguntar por ti – vio a Phoebe y notó que esta sonreía. Cindy veía a uno y a otro y se dio cuenta de algo pero primero de lo otro y este otro se confirmó cuando…
- Y ¿qué esperan? ¡Corran, no hay que hacer esperar a la gente!
En menos de lo que pudieron contar Helga ya había recorrido medio pasillo dejando a sus amigos muy alegres. Por lo visto el mencionar a uno causaba el mismo efecto en el otro.
¡Arnold está preocupado! ¡Arnold está preocupado! ¡Sí! ¡Arnold se preocupa por mí, Arnold se preocupa por mí! – solo le faltaba saltar en un pie y eso estaba a punto de hacer hasta que…
- Casi… - Arnold se rió al ver lo cerca del piso que había estado la cara de Helga.
Tanta era la distracción de la chica que había chocado con Arnold de frente y este la había cogido a tiempo.
- Gra…gracias. Estoy bien – dijo al ver que Arnold no la soltaba, él se dio cuenta y quitó las manos de la cintura de ella sonrojándose al mismo tiempo que lo hacía.
- Lo siento.
- ¿Desde cuando te disculpas por ayudar a alguien? ¿Eh? Te desconozco Cabeza de Balón – se rió y enseguida fue a buscar una pelota de Baloncesto.
- Yo también digo lo mismo Helga… te desconozco pero me…
- Arnold ¡Muévete! ¡Quedan pocos balones y te vas a quedar sin nada!
Los gritos de ella lo sacaron de sus pensamientos y enseguida corrió junto a Helga.
- ¡Uyyyy! Jaja. Es mi idea o nuestro amigo Arnold se está sonrojando gracias a Helga. – Stinky hablaba en susurros con Sid y Harold.
- No me sorprendería, ella está linda aunque no creo que le haga caso – dijo Sid.
- Eso lo dices porque te rechazó – se burló Harold.
- Es verdad Sid, admítelo.
- No voy a admitir nada Stinky porque no he hecho nada para que me rechazara, ella solo se rió.
- De ti – ambos se rieron de Sid quien no tardó en secundarlos.
- Espero que al menos Arnold tenga suerte.
- Y con eso de que la señorita Lila se fue…
- Habrá que ver – los tres volvieron a reír y a fijar la vista en ambos rubios que ahora discutían por qué balón se llevaba quien.
- Toma este… - le decía él.
- ¡Qué no! Yo quiero este Arnold y no insistas.
- Se va a hacer complicado manejarlo, está a punto de desinflarse.
- Está perfecto – empezó a tirarlo al piso para que este reboté y conforme lo hacía se le iba escapando el aire.
- ¿Ves? – Se rió.
- Está bien, lo acepto – se rió también – ¿cuál me recomiendas?
- Este de aquí – le pasó un balón que parecía muy nuevo – tiene suficiente aire.
- Lo acepto – empezó tirarlo al piso y este rebotaba perfectamente – Es perfecto.
- Te lo dije.
- Buenos días, Arnold no te había visto en toda la mañana, hola Helga.
- Cindy, - la chica giró los ojos hasta que se le ocurrió algo – Cindy, tú eres de los blancos ¿cierto?
La chica se vio la camiseta que llevaba ¿qué tiene que ver aquí? – Pues sí…
- Yo soy del amarillo – se rió y Cindy se puso pálida. Lo acababa de entender – y… ¿recuerdas lo que te dije esta mañana sobre respirar?
- Eh… s..sssí
- Pues… los balones quitan el aire cuando son lanzados al estómago y adivina – hizo una mueca sarcástica – ¡esto es quemados! Te aconsejo no perder de vista mi balón, podría acertar y soy muy buena lanzando y golpeando. Es solo para que lo sepas por si acaso.
- Adiós. – se fue corriendo lo más rápido que pudo. Tú puedes Cindy, tú puedes… es solo quemados y ella no te va a sacar medio estómago de un ¡solo golpe! ¡¿Por qué me pasa esto y justo a mí, por qué?!
- Helga, ¿Por qu…
- No te metas, Arnold. Es asunto mío – y se fue dejando al rubio muy confundido y con un extraño presentimiento respecto a Cindy.
- ¿Y esa cara Arnold? – se burló Gerald al ver que su amiga estaba muy pensativo.
- Si me lo preguntas te diría que te ves extraño.
- Gracias Phoebe, por tu opinión, pero es que acabo de ver algo raro y un tanto preocupante hace unos minutos.
- ¿Qué cosa?
- Hmm… ¿y el entrenador?
- Por allá organizando a los alumnos para el juego. No cambies el tema.
- Lo siento es que me distraje, lo que decía es que vi algo raro.
- Ya lo sabemos, Arnie. – Gerald giró los ojos.
Phoebe se rió y Arnold también.
- No se me rían.
- Bueno, lo que decía es que cuando estaba conversando con Helga…
- ¿Y? – preguntó Gerald un tanto risueño dándole un leve codazo.
- No es lo que piensas Gerald.
- ¿Y qué es lo que pienso? – se rió ante la cara del rubio.
- Creo que deberías ir al grano, Arnold – la chica se ajustó las gafas – antes de que te veas sometido a más burlas innecesarias.
- ¡Hey! Solo bromeaba – el chico miró a Phoebe y esta no hizo más que bajar la mirada de forma tímida y ¿cohibida?
- Lo sé, pero quiero que Arnold me diga que pasó.
- Ah…
- Cuando estaba conversando con Helga llegó Cindy y nos saludó pero lo extraño es que Helga le dijo algo de que si se acordaba de lo que le dijo sobre respirar y no se que otra cosa.
- ¿Qué?
- Eso que si se acordaba de lo que dijo sobre respirar y luego le dijo que tenía buena puntería con los balones. Yo sé que cuando se juega quemados se golpea con el balón a los del equipo contrario pero…
- ¡Ay no! – la chica se tapó la boca.
- ¿Qué sucede, Phoebe?
La aludida no respondió solo se observó la camiseta y se dio cuenta de que era blanca como la de Cindy al igual que la de Arnold, el único del equipo amarillo era Gerald.
- Arnold, protege a Cindy de los balones y tú Gerald intenta por todos los medios golpear a Cindy con el balón.
- ¿Qué?
- ¿Phoebe estás bien? – el chico le tocó la frente para ver si no tenía fiebre.
- Sí, Gerald – se quitó la mano de la frente – si lo estoy.
- ¿Entonces por qué me pides a mí que proteja a Cindy y le dices a Gerald que la golpee con el balón?
- Es…
- ¡Muévanse! ¡Todos a sus posiciones! – el grito del entrenador se oyó desde el fondo del Gimnasio.
- Sólo hagan lo que les digo.
- Es…
- ¡Sólo háganlo!
En seguida corrió hacia su lugar que era a la izquierda del entrenador. Arnold y Gerald también corrieron, el primero junto a Phoebe – y aunque no entendía bien por qué – al frente de Cindy y el segundo a un lado de Helga.
- ¡Balones listos!
Los alumnos alzaron sus balones, ambos chicos vieron a Phoebe y notaron como esta asentía. Helga vio eso pero no le dio importancia; su atención estaba en Cindy, en algún momento sus miradas chocaron y la rubia le susurró: – Prepárate – lo que le causó un estremecimiento de miedo a la chica. Arnold vio a Cindy y siguió su mirada y enseguida lo entendió: Helga iba a ir todo contra Cindy, tenía la misma mirada de años atrás cuando planeaba alguna de sus travesuras. Sintió lástima por Cindy lo que sea que haya hecho debió molestar tanto a Helga que quería matarla, literalmente, en el juego. La pregunta era: ¿Por qué?
- ¿Preparados?
- ¡Sí! – respondieron.
- Uno…
Ajustaron los balones.
- Dos…
- Prepárate, Fox.
- Tres. ¡Ahora!
Uno a uno los balones fueron lanzados, algunos estudiantes empezaron a caer.
- Tú el del nombre raro, fuera.
- ¡Soy Stinky!
- ¡Como sea, fuera!
- Tú, el gordo – señaló a Harold – ¡largo, y también el chico de la nariz larga, - Sid se quedó quieto – no te escondas que ya te vi!
- ¡Viejo tonto! – fueron murmurando mientras que se iban a sentar muy enfurruñados a la banca del lugar.
El tiempo fue pasando y uno a uno los alumnos fueron sacados del juego hasta que solo quedaron Phoebe, Gerald, Arnold, Helga y Cindy.
- Vamos Cindy – decía para sí – tu puedes ¡Ay!... eso estuvo cerca, tranquila, tú puedes – intentaba animarse al mismo tiempo que no cesaba de dar pequeños saltitos como si eso la fuese a sacar del aprieto en el que estaba.
- No te preocupes, Cindy solo déjate matar por Gerald – le dijo Phoebe.
- ¿Qué? – la chica se desconcentró de su auto-animación.
- Que te dejes matar por… ¡Ay, mi espalda! ¿Por qué ahí? ¡Mi espalda, aún me duele! – se quejó mientras se sobaba la parte adolorida.
- ¿Qué? – ¿de qué hablaba Phoebe?
- ¡Qué me duele la espalda!
- ¿Qué tiene que ver tu espalda con mi matanza?
- ¡Cindy! ¡Qué chica para más…! – se desesperó.
- ¿Qué?
- ¡Ni siquiera lo intentes, Phoebe, no va entenderlo aunque se lo pongas en frente y lo siento, olvidé lo de tu espalda!
- ¡Tú, fuera y muévete te lo he dicho más de tres veces ya! – señaló a Phoebe.
- ¡Golpea a Helga, golpea a Helga! – le susurró antes de irse.
- ¡¿Y si ella me golpea?!
- Tranquila, ya lo voy a hacer. No tienes que pedirlo – se rió cruelmente.
En seguida Helga empezó a tirar cuantos balones tenía a la mano. Gerald intentaba darle a Cindy pero la chica era muy escurridiza y aunque le doliera admitirlo Helga estaba mucho más cerca de acertarle, pero de algo si estaba seguro: le dolería el brazo al menos por el resto del día.
- ¡Dale Gerald! – gritó Phoebe desde la banca.
- ¿Eh? – él se distrajo.
- ¡AYYY! ¡Eso dolió!
- ¡Lo siento!
- ¡A mí no era, Cindy! ¡Era A Helga! ¡No a mí!
- El del cabello parado ¡fuera!
- ¡Aggg! ¡Me rindo! – Tiró el balón – Tú puedes Arnold – le dijo a su amigo al pasar junto a él.
- Ahora solo quedamos tú y yo, princesita.
- Y yo – dijo Arnold.
- Disculpa, Arnold, pero no durarás mucho tiempo.
Arnold lanzó el primer balón pero no le dio, Helga agarró el balón y tiró el que ya tenía en la mano pero no acertó entonces agarró el otro y lo lanzó con todas sus fuerzas a Cindy, estaba a punto de darle pero Arnold se interpuso en su camino quedando él sobre la chica.
Helga se quedó estática al ver eso y el balón que sobraba Cindy lo hizo rodar y se chocó con Helga.
- ¡La rubia, fuera! ¡Los ganadores son los blancos!
- ¡¡Ganamos!! – gritaba el equipo.
Arnold se levantó y le dio la mano a Cindy para que se levantara.
- ¿Estás bien?
- Sí. Sí, muy bien. Gracias. – Es taba feliz ¡no la habían golpeado, en especial Helga! Su alegría hubiera durado más de no ser porque vio a la causante de sus problemas acercarse peligrosamente a ella –Eh… Helga… yo… ¿qué haces? – no le gustó nada lo que hacía.
- Tú y yo tenemos que aclarar un par de cositas, niña – sin piedad alguna la agarró por el cuello de la camiseta y la llevó hasta la bodega de los balones, que estaba al otro lado del gimnasio y por lo tanto muy alejado de todos, aprovechando que el entrenador no las veía.
- Helga, ¿Qué haces?
- Sigue con tus cosas Cabeza de Balón que yo arreglo las mías. ¡Vamos!
- ¡Ay, Dios!
- Alguien me puede explicar que se trae Helga con Cindy, Phoebe… ¿Phoebe? ¿Dónde se metió?
- Allá – Arnold señaló al frente donde quedaba la bodega y alcanzaron a ver como la puerta se cerraba detrás de las tres chicas. – ¿Qué crees que suceda?
- No tengo ni la menor idea, pero Phoebe está ahí así que no creo que Helga le haga nada estando ella presente ¿no crees?
- ¿Quién sabe?
-o-o-o-o-o-o-o-o-
- ¡MUY BIEN! – la estrelló contra un casillero.
- Ay…
- Será mejor que te expliques, Fox antes de que pierda la paciencia y empieza ¡de una buena vez! – dijo con la respiración entrecortada por el coraje.
- Helga creo que no deberías…
- Silencio Phoebe, esta niña tiene que explicarme un par de cosas antes de siquiera considerar aflojarla.
- ¿Cómo quieres que te explique algo si ella no sabe a lo que te refieres?
- Sí se a qué se refiere.
- ¿Lo sabes? – Phoebe la quedó mirando absorta.
- ¡Entonces tú si sabías! Y encima…
- ¡No, no me pegues! Por favor, por favor, por favor.
- Escúchala, Helga – le sujetó el brazo con el que sujetaba a la chica.
Helga las miró a una y a otra y suspiró profundamente.
- Está bien; tienes un minuto, no más. ¿Entendido?
Phoebe le sonrió y alentó a Cindy para que hable.
- Sí, gracias, gracias.
- Te quedan 59 minutos y sigo contando.
- Se que te gusta Arnold.
- ¡¿QUÉ COSA?!
- Helga, cálmate, cálmate, cálmate.
Cindy corrió y se colocó en la pared contraria y se encogió ante el presentimiento de lo que venía.
- ¡Tú pedazo de engendro con gafas! ¡Niña entrometida! ¡Muñeca de cuarta!
- Helga, respira – su amiga respiró lentamente tratando de que la rubia haga lo mismo al mismo tiempo que intentaba detenerla pero la mision le resultaba un tanto imposible debido a su estatura. – Cálmate, no es bueno exasperarse tanto te puede hacer daño al hígado.
- ¡Tú cállate! – se despegó de Phoebe y por la sorpresa está cayó al piso.
- ¿Qué?
Phoebe no podía creer y tampoco no entendía lo que hizo Helga.
- Tú eres la única que se lo pudiste haber dicho, pues eres la única que sabía. ¿Cómo pudiste, Phoebe? Ese secreto es sagrado para mí y ¡lo sabías!
- Pero… - se desconcertó ¿ella creía…?
- ¡No digas nada! ¡No puedo creerlo, confié en ti!
- Helga… ¿por qué?
- No me hables.
El resentimiento y la desconfianza que notó en los ojos de Helga la hirieron profundamente, tanto que no pudo evitar gritar:
- ¡PUES ME VAS ESCUCHAR!
Helga abrió sus ojos al máximo al mismo tiempo que Cindy.
- ¡La que no puede creerlo soy yo! Admito que por un momento consideré la posibilidad de decírselo – la rubia abrió la boca para hablar - ¡pero! solo porque tú – la señaló – ibas a matarla, golpearla o lo que sea, pero nunca, nunca traicioné tu confianza. Soy la única que ha estado contigo siempre y no puedo creer que digas eso de mí cuando me conoces más que bien Helga G. Pataky. No puedo creerlo – a sus ojos asomaron un par de lágrimas pero no las dejó seguir porque se las limpió al mismo tiempo que se daba la vuelta y dejaba la bodega cerrando la puerta tras de sí.
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- Mira… ¿no es acaso Phoebe?
- Sí… está ¿llorando? – ambos chicos se vieron las caras y Gerald no dudó en seguirla.
- ¡Gerald, espera! ¿Qué habrá pasado?
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Era lo mismo que se preguntaba Helga, a quien le costaba respirar del coraje, ¿Qué había pasado? En verdad no creía capaz a Phoebe de hacer algo así considerando que la chica sabía perfectamente lo importante que era ese secreto para ella, pero si no fue ella ¿Quién?
- Eh… Helga.
- ¿Qué quieres idiota?
Helga se volteó y la quedó mirando peor que aquella vez en el salón. Iba a retroceder asustada pero el malentendido había llegado a mayores y no podía dejar que Phoebe pague las consecuencias no después de que haya sido la única en defenderla.
- Phoebe no me dijo nada. Yo sola lo deduje.
- Ah… sí claro, buen intento Fox pero no te creo – empezó a pasearse por la habitación intentando encontrar una causa o una razón para esa situación pero por más que lo buscaba no lo encontraba.
- ¡Es verdad! Hoy hablé con tu amigo Eugene, (si es que es tu amigo, claro) y me contó de cómo eras hace tres años antes de irte del país y de tu obsesión por molestar siempre a Arnold, después lo comparé a tu forma de tratarlo ahora – habló muy rápido pero como no la detenían siguió haciéndole; – mira: la verdad fue bastante simple descubrirlo, una de mis tías es psicóloga y soy my apegada ella por lo que siempre me está contando de estas cosas. – Helga solo la miraba sin decir nada – después de descubrir aquello supe por qué quisiste matarme ese día – intentó bromear pero obviamente Helga no la seguía – no tengo interés en Arnold solo me agrada porque es amable, sólo eso y por eso no te culpo por querer asesinarme hoy aparte de lo de ayer, pero supongo que los celos nos hacen hacer más de una tontería ¿no?
¿Celos? Otra vez esa palabra, si lo que decía Cindy era verdad ella había sido muy evidente y solo alguien muy observador se hubiese podido dar cuenta, alguien como Cindy y… Phoebe ¡Ay no! ¿Qué hice? ¡Phoebe!
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Notas de autora:
Antes que nada, no me quieran matar por el final, no tenía pensado hacer eso pero era necesario; me da un poco de pena lo que le pasó a Phoebe, pero digamos que a la chica ya la habían herido antes y nunca consideró que Helga vaya a desconfiar de ella en esa forma.
Respecto a la otra parte del capítulo (antes de que se ponga dramático) ¿Qué les pareció? La verdad que lo que más me gustó fue la conversación de Eugene y Cindy jajaja, ese par en verdad necesitan buscar una forma de entenderse mejor porque eso del "¿qué?" a cada rato jejejeje cansa ¿no creen?
¿Arnold obsesionado? Habrá que verlo, y Gerald se está cansando un poco… Uyyyy (Cómo diría Stinky jejeje)
El partido de quemados me salió un tanto raro, es que estaba viendo algo similar en el televisor – una película de acción – y me dio risa, por eso lo escribí, creo que fue la parodia de un asesinato jajajaja.
Quería agradecerle a Azrasel, patty, teddyetere, (y a los otros lectores que me han dejado comentarios capítulo a capítulo) quienes me han dejado nuevos comentarios en los capítulos anteriores que me ponen muy feliz ya que eso me dice que la historia tiene buena aceptación y me da ánimos para seguir escribiendo este fic que me encanta. Creo que ya lo he dicho muchas veces ¿no? Jajajaja.
Bueno creo que ya no hay nada más que decir, como siempre espero sus comentarios.
Se despide, con mucho cariño.
Clyo.
