Disclaimer: Los personajes pertenecen a J. K. Rowling.


Guerra


Miles de hechizos eran lanzados, algunas veces su varita destellaba y lanzaba a un lado a quien se pusiera en su camino, necesitaba seguir corriendo, necesitaba encontrar lo que estaba buscando.

A ella. En algún recóndito lugar de ese castillo, tenía, debía encontrarla.

No le importaba que ella intentara matarlo, que lo despreciara por lo que había hecho, sólo quería verla y si ella estaba destinada a matarlo, moriría feliz, si podía ver sus orbes castaños por última vez.

Y lo hizo, encontrarla digo, ella estaba allí con su melena castaña, con sus orbes marrones, lanzando hechizos a diestra y siniestra.

La ayudó. Aunque sus compañeros mortifagos lo observaron asombrados, aunque estuviera firmando su sentencia de muerte, después de todo había ido esa noche decidido a morir, pero antes debía verla, y ya que la había visto podría morir, feliz.

– ¿Qué demonios estás haciendo, Malfoy?– no era extraño que lo hubiera reconocido, siendo sincero, no había esperado otra cosa de ella, después de todo era la única que lo conocía en realidad.

Su mascara cayó al suelo y le sonrió a la castaña.

– Sólo ayudándote, Granger.– le respondió de vuelta.

Ella se volteó a bloquear un hechizo y luego lo miró fijamente.

– Imbécil. –soltó, furiosa.

– Sabelotodo. – espetó él, para luego lanzar un desmaius hacia un mortifago.

– Juro que después de acabar con tu clan, te mataré, Malfoy.– amenazó, furiosa.

Y pudo sentir que era una advertencia, no jugaba, lo que decía era verdad, tenía ganas de matarlo, de acabar con él, lamentablemente dejaría que lo hiciera.

– Cuando quieras, Granger.– coincidió.

Sin embargo si iba morir quería hacer realidad un último deseo, entonces importándole un pimiento si le asestaban un hechizo, se acercó a la chica, tomándola entre sus brazos y simplemente la besó.

– Ya puedes matarme, Hermione.

Y sonrió.

Porque en sus ojos ya no veía esas ganas de asesinarlo, veía otra cosa, algo que no veía desde que había tenido que marcharse de Hogwarts para convertirse en mortifago, para luchar en el bando contrario al de ella, para romperle el corazón porque era lo mejor para la chica.

Porque ella no estaría bien si terminaba con alguien como él. Sus amigos la calificarían de traidora y el mundo mágico dejaría de reconocerla como la heroína que seguramente terminaría siendo.

Él no era lo mejor para ella.

Y por eso se había marchado.

– ¿Quién te crees que eres para venir aquí luego de un año, ayudarme y besarme? ¿A qué juegas, Draco?–cuestionó, sorprendida, confundida.

Y no lo soportó, no podía dejar que ella pensara esas cosas, porque ella nunca había sido un juego para él, jamás lo había hecho. La atrajo hacia si de nuevo y posó su vista en ella, fijamente.

– Escucha bien, Hermione. Jamás, repito, jamás he jugado contigo, todo lo que sucedió, lo que hice, fue solo para protegerte.–acotó, inspeccionándola, analizándola.

Ella trató de zafarse de él, pero era imposible.

– ¿Protegerme? ¿De qué? Si aquí el único que me ha hecho verdadero daño siempre has sido tú. No entiendo tu punto porque sólo tu…

– Granger, sólo cállate ¿quieres?– lanzó un protego no verbal y volvió a besarla, pero esta vez no la soltaría, aunque ella quisiera asesinarlo.

Y tomó la decisión de que no le importaría lo que pasaba en la guerra cuando ella comenzó a corresponderle el beso.

End