¡Hola! ¿Como están? ¡Espero que bien, disfrutando de sus vacaciones! y para quienes aún siguen estudiando les mando fuerzas para que aguanten esos días. Estoy feliz de regresar nuevamente con este capitulo que fue inesperadamente largo (de nuevo) ¡y más largo! ¿qué clase antiguo testamento es este? ajaja exagero, pero yo nunca había hecho un capitulo tan largo hasta ahora, ojalá les sea ameno para leer porque no quiero abrumarlas. Muchas gracias por sus reviews, estoy muy feliz y quería subir algo aprovechando que tengo tiempo libre (creo que esta vez no me tardé)

Aquí dejo las aclaraciones de algunas palabritas por si no conocen su significado y al final la respuesta a sus hermosos reviews:

Cuenco: Vaso de barro u otros materiales, hondo y ancho, sin reborde.

Sopa de wonton: Es una sopa china, hecha a base de caldo de pollo, carne de pollo, cerdo y Wonton. Usualmente lleva tres o cuatro wontones y se sirve con cebolla china.

Quianlong: Es generalmente conocido como el Jardín Qianlong. El emperador personalmente supervisó la construcción del área entera del jardín. Puso sus emociones, logros y orgullo en ese jardín. El jardín abarca más de 160 metros de largo y menos de 40 de ancho, y tiene más de 20 edificios. Posee pabellones, salones, templos, bibliotecas, teatros y templos budistas.

Calumnia: Una calumnia es aquella acusación, imputación, carente de verdad que se vierte sobre alguien con la clara misión de provocarle un daño. Cabe destacarse que normalmente esa falsa acusación que se manifiesta acerca de alguien está vinculada a un delito que se asegura ha cometido la persona acusada. Hay que tener en cuenta que no es lo mismo que injuria.

Baobei: Es una palabra china que se utiliza para referirse a alguien que quieres de manera cariñosa, significa "bebé" pero puede ser utilizada como "cariño"o "amor".

Recuerden, si tienen alguna duda pueden hacérmelo en los reviews que yo estoy encantada de responderlas, ahora sin hacerlas esperar, ¡a leer!


VII

Muerte en la flor de la vida

"Oh, flores primaverales y luna otoñal, ¿Cuándo cesaréis de retornar? ¿Sabéis cuantos recuerdos tejo sobre mis distantes días pasados? Anoche la brisa nocturna volvió a acariciar mi pabellón. ¡Cuán insufrible resultaba pensar en mi vida destruida a la clara luz de la luna! Dime, ¿Quién habrá sufrido tristezas más inmensas que las mías? Una tumultuosa vida en primavera se precipita al Este."

Abrió lentamente los ojos, sintiendo como su alma bajaba del cielo al cual el emperador lo había elevado, recuperando lentamente la lucidez. Sentía un hormigueo recorriendo toda la longitud de las piernas y como sus pulmones dolían por buscar algo de oxigeno. Levi, quien estaba encima de él, lo miraba con la boca ligeramente abierta, dejando escapar pequeños suspiros sobre sus labios, con la punta de sus cabellos negros rozándole las mejillas. Con la poca luz que había lograban mirarse el uno al otro, mientras sus corazones se calmaban como las olas después de la marejada que arremetía violenta contra la tierra. Eren levantó con lentitud su mano y la llevó hasta los cabellos azabaches, acariciándolos y enredándolos entre sus dedos, escuchando como Levi suspiraba y apoyaba su cabeza contra el pecho cálido del cairen. Tenía al emperador entre sus brazos acariciándole, esta vez sin la necesidad de ir más allá; era simplemente un gesto que reconfortaba sin palabras. A su vez Levi podía escuchar el corazón del chico latiendo apaciblemente y como su piel desprendía un aroma que le recordaba a los días de lluvia en primavera. De alguna manera se sentía acompañado en esa noche tan similar a tantas en el pasado con la única diferencia de que en esta ocasión era acompañado por un joven que le turbaba la mente y el corazón. Levantó la cabeza y se encontró con la sonrisa débil del cairen que había apartado su mirada del techo para observar el rostro del emperador con ternura.

—Eren… —Levi ladeó la cabeza suavemente para poder besarle las mejillas, repartiendo pequeños besos por ellas—Gracias por acompañarme—susurró su oído en voz muy baja, con su aliento tibio chocando contra la piel del castaño.

El cairen sonrió tímidamente sin dejar de acariciar los suaves cabellos del pelinegro. Tardó varios segundos en ordenar su mente, buscando las palabras indicadas para ese momento en el que no eran tan necesarias, sin embargo lo hizo:

—Cuando mi rey está triste, también me aflijo, cuando sonríe, soy feliz. Como una planta con una sola hoja pero miles de raíces—lo reconfortó, tratando de consolar al hombre que apresaba entre sus brazos, como si quisiera rodearlo del cariño que rebozaba su corazón.

Levi sonrió enternecido, apoyando su frente sobre la de Eren. No sabía cómo, pero últimamente el cairen estaba haciéndose paso hasta su corazón, y eso lo intranquilizaba, pero no podía apartarlo de su lado, no quería. Había entendido algo muy importante cuando no fue capaz de tomar al muchacho indefenso que estaba abajo suyo, y ese algo era el que le hacía preguntarse si las cosas iban a llegar más lejos. Esos ojos verdes le miraban con tanta entrega y esa sonrisa con un cariño que le estremecían todo por dentro.

—Cuando eres feliz, yo soy feliz—respondió Levi, corriendo unos cuantos mechones castaños de la frente del cairen, depositando un último beso para culminar la reunión en La Cámara de los Caídos.

Primero se incorporó el emperador y después ayudo al joven a levantarse. Eren alisó la falda roja tratando inútilmente de borrar las arrugas que se habían formado al estar mucho tiempo en el suelo. Levi acomodó la parte superior de su hanfu, cerrando la túnica y ajustando el cinturón el cual se había aflojado por los constantes movimientos, después ayudó a Eren abrochando uno a uno los pequeños botones bordados de la chaqueta roja. Estaba tan concentrado en su labor que no notaba como Eren lo miraba tímidamente, no fue hasta que alzó la vista y lo atrapó, haciendo que el cairen desviara la vista con rapidez. Le divirtió bastante como hace un rato le pedía que lo besara, haciéndole saber lo bien que se sentía ser atendido por sus diestras manos, y ahora lucía como un pajarillo tímido que evitaba su mirada.

Ambos salieron de la habitación, regresando al pasillo y cruzándose nuevamente por el par de guardias que seguían firmes en sus lugares. Eren no sabía cuánto tiempo había pasado desde que habían entrado a la cámara, pero se sentía ligeramente desorientado. Era de noche o de madrugada, no lo sabía, pero si era consciente que estaba cansado y el sueño se reposaba sobre sus parpados.

—Eren—lo llamó Levi después de caminar por uno de los cientos de pasillos que no reconocía, pero que parecían exactamente igual a los demás.

—¿Si, majestad? —le respondió débilmente. No tenía muchas fuerzas para hablar.

—Lo más prudente es que te quedes esta noche en uno de los cuartos del Salón de la Armonía Suprema—sugirió el pelinegro al ver el semblante casando del menor.

—No tiene que molestarse por eso, majestad. Quiero pasar lo que queda de la noche en mi palacio, además Sasha aún debe estar esperando mi regreso—rechazó de manera educada. No era que le desagrada la oferta del emperador, de ninguna forma. Era el hecho de saber que sus hermanas ya lo odiaban lo suficiente y no quería darles más motivos para hacerlo, tampoco quería que la consorte Rall se sintiera burlada por él. Consideraba correcto pasar la noche en su palacio y así evitar malentendidos.

Levi frunció el ceño pero no manifestó su descontento. Se giró para observarlo y recordó que aún llevaba puesto el traje de su madre, y por más hermoso que se viera en él, no podía permitir que se lo llevara; de igual forma ya lo habían estropeado y no era correcto en memoria de su madre el dejarlo de esa forma, era casi como pasar por alto una parte de ella.

—Está bien, pero tienes que cambiarte para poder regresar el traje de la emperatriz a su lugar—le hizo saber, llevándolo a un pasillo más amplio, lleno de puertas y linternas amarillas.

—Mi vestido se quedó en La Casa de las Flores. Ya es muy tarde para ir por él—se lamentó Eren ante su descuido.

Levi asintió comprensivo y lo llevó hasta el fondo del pasillo en donde había una puerta de madera tallada y cortinas en los extremos. Dos eunucos que estaban afuera de la puerta saludaron al emperador con una reverencia y abrieron las puertas para que ambos entraran. Adentro habían algunas muchachas esperando con la cabeza gacha la llegada del pelinegro, todas con la instrucción de ayudarlo con sus ropajes después de la ceremonia.

—Siéntate aquí—le indicó Levi, palmeando suavemente el banco de madera con cojines de seda y pluma de pato. Cuando el cairen ya se encontraba nuevamente al lado suyo las jovencitas se arrodillaron de manera dócil ante ellos, esperando alguna orden por parte del emperador—Traigan mi bata de seda negra y unos zapatos que sean extremadamente cómodos. También pañuelos de agua tibia y una manta—ordenó—Y díganle a Erwin que prepare un palanquín afuera del salón.

—Sí, su majestad—respondieron las muchachas, dando tres pasos hacia atrás para poder retirarse sin darles la espalda a quienes tenían en frente suyo.

Levi miró nuevamente al castaño que parecía bastante adormilado. Una sirvienta se acercó hasta él y le retiró el estrafalario ornamento de la cabeza con mucha delicadeza, buscando no estropear el fino cabello del cairen. Eren ahora sentía su cabeza más ligera y con más movimiento, por lo que aceptó el gesto del emperador cuando este pasó un brazo por la espalda del castaño y lo guió para que apoyara la cabeza en su hombro. Se sentía muy bien estar así, con sus cuerpos tan juntos y en silencio. La mano firme del rey le acariciaba la espalda suavemente, como si lo arrullara, trazando pequeños círculos y figuras sobre la delicada seda roja del vestido.

—Hoy al medio día voy a visitar a Farlan en Xian Ling—comentó de repente Levi.

Eren abrió los ojos por unos segundos, cerrándolos nuevamente, esta vez con una sonrisa feliz. Recordaba haberle dicho que era necesario pasar más tiempo con los hijos, ir a verlos no para evaluarlos, sino para saber de ellos y escucharlos. Farlan amaba y admiraba demasiado a su padre, él mismo príncipe se lo había dicho con mucho orgullo, hablando con admiración sobre él, pero no tenía la oportunidad de demostrárselo y eso lo entristecía bastante, por esa razón Eren le había sugerido a Levi que pasara más tiempo con él.

—Eso es… maravilloso—murmuró el castaño débilmente.

—Y quiero que vayas conmigo—le hizo saber el pelinegro, bajando su mirada para encontrarse con el apacible rostro del chico que apenas podía abrir los ojos—Farlan ha preguntado por ti y seguramente estará feliz si vas a verlo —hablaba en voz muy baja, estrechando el menudo cuerpo de Eren contra el suyo.

Los parpados temblaron ligeramente y se abrieron con pereza, observando cómo Levi lo miraba en silencio, esperando una respuesta. A tientas buscó la mano del pelinegro y la entrelazó con la suya, sintiendo como su gesto era correspondido.

—Farlan es un niño encantador y gentil, me gustaría ir a verlo con usted y saber cómo se encuentra—respondió, recordando con cariño el día en el que Farlan se había quedado dormido entre sus brazos, la manera en la que lo había arrullado, la sensación de su cuerpo menudo y suave como un gran bebé. Todo eso lo recordaba con bastante claridad.

Un grupo de sirvientas regresó con un cuenco de cobre llenó de agua tibia, unas toallas de seda y algodón, la bata negra y los zapatos a juego. Dos más desplegaron el biombo que estaba en una esquina y lo extendieron habilidosamente.

—Ve, tienes que cambiarte—le ordenó el emperador, acariciando la mejilla del cairen para que se despertara un poco.

Con poco animo Eren se separó de Levi y se dejó ayudar por las muchachas que lo guiaron detrás del biombo. Ahí lo desnudaron, retirando cada pieza el ostentoso vestuario, y lo sentaron sobre un banco de madera laqueada roja. Tres jovencitas limpiaban su piel con las toallas de seda, retirando cualquier clase de suciedad. Eren supo que el agua había sido perfumada con alguna esencia, pues todo su cuerpo desprendía un olor a camelias. Limpiaron su rostro también y peinaron sus cabellos con un peine de madera y punta de algodón que retiraba de manera eficiente la suciedad. Al terminar secaron el exceso de agua con las toallas de algodón y le vistieron con unos pantalones de seda blancos, una camisa blanca del mismo material y encima de todo, la bata negra con bordado de dragón en la espalda. Era la bata que el emperador, lo sabía porque tenía su olor impregnado en la suave tela. Ahora se sentía más ligero, pero al mismo tiempo las ganas de irse a la cama habían incrementado.

Salió del biombo y vio al emperador dándole la espalda, esta vez sin su túnica negra, ahora solo con el hanfu dorado. Lo llamó suavemente y él se giró, mirándolo de arriba abajo con detalle. El pelinegro extendió su mano y Eren la tomó tranquilamente, dejándose atraer hasta el pecho fuerte y protector del rey. Se sonrieron una vez más, ignorando la presencia de las siervas que aguardaban obedientemente en las esquinas. Levi dibujó el puente de la nariz del castaño sutilmente con la punta de su dedo índice, dejando un beso rápido en los labios contrarios, sintiendo como Eren se estremecía dulcemente ante su toque.

—Te vez hermoso tan hasta con la prenda más sencilla. Tómala como un regalo de mi parte—dijo refiriéndose a la bata de dragón que traía el chico—Ahora… El palanquín te espera afuera. Descansa y recuerda que me acompañarás a Xian Ling para visitar a Farlan—fueron sus últimas indicaciones, antes de besarle por última vez con tanta delicadeza para después permitirle marcharse.

Eren fue escoltado por un pequeño séquito de eunucos y sirvientas que lo acompañaron hasta la entrada del Salón de la Armonía Suprema, cargando las linternas amarillas que iluminaban el camino, siendo reconfortado por el olor de Levi que lo rodeaba. Se sentía bastante ligero y animado, había sido una gran noche después de todo, a pesar de los intentos de Annie por sabotearlo. Su sonrisa decayó gradualmente al recordar el rostro de las otras cairenes y en especial el de su amiga Christa. De pronto sintió que toda la alegría que experimentaba estaba mal, que no tenía porqué sentirla. ¿Estaba siendo egoísta? Las dudas lo asaltaron, no quería que Christa se alejara de él a causa de eso, pero tampoco deseaba dejar de frecuentar a Levi. Lo quería demasiado como para renunciar a él, no podía concebir la idea de renunciar a su sueño de ser algo más que un cairen para el emperador, y en esa senda sabía, muy a su pesar, que era imposible no pasar encima de los demás para lograr ese lugar que tanto añoraba.

El camino en el palanquín fue silencioso, con el canto de los grillos y las aves nocturnas flotando en el sopor de la madrugada, las luciérnagas acompañando la procesión de linternas amarillas que escoltaban al palanquín rojo que recorría la calzada de forma solemne. Jean seguramente estaría afuera de su pequeño palacio, esperando su llegada al igual que Sasha. El palanquín se mecía suavemente con cada paso de los cargueros, y ese movimiento lo invitaba a cerrar los ojos y dejar a un lado los pensamientos que turbaban su mente.

Al llegar al palacio Qingning fue recibido por Sasha, acompañada de los eunucos con sus farolas de papel de arroz que iluminaban la entrada. Lo ayudaron para que descendiera del palanquín y después lo guiaron hasta el interior de la edificación. Eren le dijo a Sasha con una sonrisa cansada que mañana irían hasta el palacio de la consorte Rall para ver a Farlan, y la dama de compañía sonrió gustosa pues ella también se había encariñado con el pequeño infante. Dicho esto, Eren se retiró hasta su cuarto deseándole las buenas noches a todos los que estaban presentes.

Antes de acostarse fue hasta la caja donde descansaba la alhaja de su madre y la sostuvo entre sus dedos por unos segundos, admirando el largo y fino palillo de plata. Él también tenía una prenda casi sagrada al igual que Levi. La guardó nuevamente y se dirigió hasta su cama, con la bata de dragón negra aún puesta, inhalando profundamente el olor del emperador, para así sentir que estaba al lado suyo, abrazándole, susurrándole esas frases tan bonitas con las que se dirigía a él. También pensó en invitar a Christa para que pasearan un rato por los jardines, como lo hacían cuando apenas se estaban conociendo. Necesitaba verla y saber que estaba bien.


"Mis pensamientos, que te siguen en tu exilio, son tan interminables como la corriente del río. Desde que nos separamos la hierba delante de nuestra puerta, en otoño, se torna verde con la primavera. Los fénix cantan juntos y felices; asustados, macho y hembra cada uno vuela por su lado. ¿En cuál pico vuelven a reunirse las nubes? Una vez se separan no vuelven a juntarse."

Christa solía levantarse muy temprano, cuando el sol apenas hacía señas a través de las hojas verdes y los pájaros aún no abandonaban sus nidos. Le gustaba sentirse sola y en calma, cómo si afuera el mundo hubiese desaparecido y solo quedara ella tendida en su cama. A esa hora las cairenes aún dormitaban, todas con sus doseles cerrados, solo la pequeña rubia se calzaba los escarpines y se levantaba para empezar su día antes que las demás lo hicieran. Arregló las almohadas blancas y tendió los edredones con bordados de gorriones azules. Abrió el dosel sutilmente transparente y se sentó en la cama, sacando un pequeño peine del baúl que guardaba debajo de ella, peinando sus cabellos rubios, tan dóciles y dorados como los campos de trigo en Nangchan de su padre, por los cuales solía correr cuando aún era pequeña e ignoraba el destino que le esperaba.

Tomó su hanfu azul cielo con cintillos rosados y algunos palillos de plata con flores de mármol amarillas y se encaminó hasta los baños. Ahí se tomó su tiempo, disfrutando de la intimidad y el silencio, mimando su cabello y perfumando su piel con dedicación. El dolor de cabeza aún persistía, pues anoche había estado llorando en el hombro de Mina con desconsuelo, sintiéndose inútil, recordando todas esas duras palabras que Annie le dirigía y que nunca le habían parecido tan ciertas. Mientras enjuagaba su cabello recordaba cómo había estado tan cerca de poder lucirse ante el emperador. Aún recordaba la imponente figura del emperador sentado sobre el trono del dragón dorado, sus ojos tan fríos pero al mismo tiempo tan profundos, sus labios rosados formando un arco perfecto, el cabello negro tan oscuro como el ala de un cuervo, todo lo que era su hermoso rostro de varón seductor y dominante. Se limpió la cara, pasando las dos palmas por su rostro hasta echar su melena hacía atrás, suspirando ante aquella visión.

Regresó a la realidad cuando escuchó unas vocecitas afuera de los baños riendo, entonces apresuró su tarea de asearse y arreglarse antes de que alguna cairen entrara. Al salir ya vestida fue hasta su cama para poder peinarse frente al pequeño baúl con tocador que había traído consigo; no le gustaba compartir el tocador con las demás jovencitas. Las cairenes pasaban por su lado sin reparar mucho en ella, cada una ocupada con su propia vida, platicando con sus amigas.

Abrió el dosel y sacó debajo de la cama el baúl con algo de trabajo. Lo puso encima del lecho y se sentó, cerrando las cortinas para no ser observada. Retiró las cintas de cuero que mantenían cerrado al baúl y lo abrió para sacar del interior el pequeño tocador con marco de plata. Se peinó con maestría, acostumbrada al haberlo hecho sola tantas veces, acomodando las flores de mármol amarillas sobre su melena rubia. Se miró de perfil y trató de sonreír, pero sus labios permanecían en una mueca afligida, y no hizo nada por animar su semblante, simplemente cerró el baúl con poca fuerza y lo regresó a su lugar.

—¡Christa!

La rubia se levantó, retirando el dosel, encontrándose con Mina quien la esperaba con una sonrisa en su rostro de niña dulce. La cairen ya estaba vestida con su hanfu amarillo y horquillas de hortensias en sus cabellos azabaches.

—Hola Mina—la saludó con una sonrisa débil mientras cerraba el dosel.

—¿No te sientes bien? —la cairen tomó la mano de la rubia entre las suyas, mirándola con preocupación—¿Quieres que llamemos a un eunuco por un doctor? —sugirió.

Christa negó con una sonrisa agradecida.

—Tranquila, solo tengo un poco de hambre, eso es todo. ¿Quieres acompañarme, Mina? —propuso con amabilidad.

—¡Sí, me gustaría mucho! —la pelinegra apretó su mano, llevándola hasta el lugar donde todas las cairenes desayunaban.

Fue una coincidencia que Mina eligiera la misma mesa que ella solía ocupar con Eren, pensó Christa tomando asiento en una de las sillas.

—Veía que siempre te sentabas aquí junto a cairen Jaeger, por eso pensé que sería una buena idea hacernos en este lugar—le reveló Mina tímidamente, mirando sus manos que estaban sobre la mesa de madera.

—Me gusta. La vista es muy linda—respondió Christa mirando el jardín que estaba a unos cuantos pasos de ellas.

Los arboles conservaban su verde vivo y las flores lucían frescas. Los pajarillos volaban entre los arbustos y se posaban en la puerta que daba al salón donde comían las cairenes esperando por un poco de arroz que les ofreciera alguna muchacha amable. Era un día soleado pero fresco, el viento entraba por las puertas y ventanas meciendo los cabellos de las jovencitas y todo era calma y quietud, además no se había topado con Annie aquella mañana y eso la tranquilizaba un poco; sabía muy bien que en cualquier momento se acercaría para hacer un comentario mordaz sobre ella y más aún después de lo acontecido en la noche.

Mina tomó su plato de porcelana blanca y azul donde había sopa de wonton y se la ofreció a la rubia que no tenía un buen semblante; algo de comida tal vez podría aliviar su malestar. Christa la recibió con una sonrisa y tomó unos cuantos sorbos, más por la mirada insistente de Mina sobre ella que por voluntad propia, su falta de apetito hacía que las gambas y el jengibre le retorcieran el estomago.

—Sabes… Estaba pensando en dar un paseo por el jardín Qianlong, tal vez podríamos ir juntas, así despejas un poco tu mente—Mina tomó con ambas manos la delicada taza de té y se la llevó a los labios, acto seguido tomó de uno de los platitos un dim sum blanco y lo mordisqueó esperando una respuesta.

—Sí, me parece una buena idea. Un poco de aire fresco es lo que necesito—dijo, animándose de repente por la idea de salir de La Casa de las Cairenes.

Cuando Eren aún vivía con ella solían recorrer los jardines y plazas de la ciudad prohibida, llevando pequeños bocadillos para merendar bajo la sombra de algún árbol frondoso, conversando de trivialidades o temas complejos que los inquietaban y necesitaban ser consultados. Ella extrañaba mucho de su compañía, le hacía demasiada falta. Con Mina a su lado no se sentía tan sola como antes, pero no era la misma sensación de seguridad que Eren le ofrecía, ni el mismo lazo de confianza que se tenían. Le inquietaba pensar que su amistad se estaba deshaciendo y que con cada evento que sucedía en sus vidas se iban distanciado como dos botes a la deriva. La amistad que habían formado se estaba llenando de vacíos que últimamente no podían ser llenados, como el vestido que no puede ser remendado pues un nuevo agujero aparece cada vez que se cose con esmero; al final la tela terminaba afeada e inútil.

Christa suspiró, tal vez estaba pensando demasiado en cosas que no tenían mucha relevancia. Quizá solo era una etapa más y con tiempo lograría acostumbrarse a la ausencia de su amigo; quizá incluso más adelante tendría más oportunidades para sobresalir como Eren lo había hecho.

—Estas muy pensativa—señaló Mina, algo incomoda por el silencio que las rodeaba.

—Nunca te has preguntado…—Christa hizo una pausa, dejando su sopa de wonton a un lado y centrando toda su atención en la otra cairen que la miraba esperando que continuara—¿Qué pasaría si el emperador nunca llama por ti? —pasó sus dedos por la superficie de la mesa de manera distraída, recordando las historias que había leído en una de las bibliotecas de la ciudad prohibida—Muchas cairenes esperaron en vano que alguno de sus emperadores las llamara, pero jamás fueron tenidas en cuenta, simplemente… Llevaron una existencia solitaria y vacía—susurró más para ella misma con un deje de amargura en su voz.

Mina se quedó en silencio por unos segundos, estaban tocando un tema muy delicado entre las mujeres del harem.

—Cada una de nosotras debe servir como el destino lo señala, no queda más elección que aceptarlo y dejarnos llevar por el flujo de la vida—contestó la pelinegra con bastante calma, como si en el pasado hubiese repetido tantas veces esa frase, resignándose a lo inevitable.

A Christa esto no la convenció, ella no quería conformarse y marchitarse en la tristeza y el abandono. Ella quería vivir, hacer realidad cada pequeña ambición y sueño que tenía dentro de ella.

—¿Nunca tuviste sueños, algo te forzara en seguir adelante y no conformarte con el hilo de tu vida? —preguntó extrañada ante la serenidad de Mina—Y ahora… Aquí en el harem… ¿Ni siquiera te perturba la idea de jamás ser llamada? ¿Qué tus sentimientos se marchiten sin el amor de un hombre?

Mina la miró perpleja, como si le hablara en otro idioma, una lengua que ella desconocía, sin lograr entenderle. Negó suavemente, sonriéndole con algo de lastima.

—¿Qué clase de hombre? —preguntó con la mirada gacha, fija en sus manos que descansaban entrelazadas sobre la mesa—¿Es mía la elección de decidirlo? —Christa la observaba inmóvil desde el otro extremo de la mesa—Mis padres siempre hablaban de dinero, ¿por qué no entregarme a un hombre rico? A pesar de saber que solo sería una concubina más… —sus ojos se levantaron, topándose con los azules de la rubia—¿No es ese el destino de una mujer?

Christa apretó los labios y no respondió nada, simplemente regresó a su comida que se enfriaba en frente de ella. Sabía que su meta era llegar a ser una consorte, por eso estudiaba día y noche, cuidaba sus modales y se esforzaba en ser una mujer ejemplar, pero todo era para agradar a otros, para que su padre le perdonara el no nacer como un varón, para que su madre se enorgulleciera de la única hija que nació de su vientre. Vivía por los demás, y a veces sentía que dejaba a un lado su propia existencia.

Ambas cairenes se levantaron de la mesa sumergidas en un estado de mutismo que las aturdía. Mina no lucía incomoda o afectada, solo caminaba con Christa a su lado hasta la salida de la casa en donde vivían. La rubia por otra parte seguía absorta en sus pensamientos, tampoco tenía muchas ganas de entablar una nueva charla, por lo que solo caminaba alejada de todo. De pronto sintió que iba a chocar contra alguien y fue cuando detuvo sus pasos de manera abrupta, regresando de su estado ausente.

—Vaya… Así que no te has escondido como un ratón de bosque—Annie llegaba de dar un paseo o eso parecía. Llevaba un hanfu de seda roja bastante brillante y unos palillos de oro que se balanceaban sobre su amargo semblante.

—Cairen Leonhardt—saludó Christa tratando de recomponer su semblante a una sonrisa serena.

Annie miró a Christa por unos segundos hasta notar la presencia de Mina, quien se mantenía al margen.

—No es de extrañar que una cairen de familia mediocre no se atreva a saludarme—comentó Annnie, refiriéndose a Mina. Ni siquiera se había dignado a posar su vista sobre la pelinegra que miraba el suelo con incomodidad—En fin… ¡Qué noche! ¿No les parece? El emperador lucía bastante cómodo con la presencia de cairen Jaeger a su lado, y él con sus aires de consorte no se molestaba en ocultarlo—rememoró con una gran sonrisa, disfrutando de los semblantes retorcidos de las chicas—Hasta alguien con tan poca influencia en la corte recibe ese trato… —abrió los ojos ligeramente con incredulidad—Él actúa siempre tan ignorante y aparentemente amable, pero es un oportunista experto.

Christa negó tranquilamente, respirando hondo para no perder la compostura en frente de Mina.

—Eren se ha ganado ese trato por parte de su majestad gracias a su propio esfuerzo—abogó por su amigo—Esa es la razón por la cual siempre es llamado por el emperador.

Annie soltó una pequeña risa ante los inútiles intentos de hacerla desistir en expresar su opinión respecto a Eren. Cubrió sus pequeños labios con la manga del hanfu, mirándolas con lástima.

—Cairen Leonhardt, se que vienes de una familia rica y poderosa, pero aquí en el harem eres solo una cairen más, así como nosotras—Christa hizo que la risa de Annie se detuviera, logrando plasmar una expresión contrariada en el rostro de la cairen a pesar de estar usando un tono de voz gentil y una sonrisa educada—Eren posee el titulo de honorable cairen imperial, ¿cómo puedes hablar mal de alguien que está por encima de ti?

—¡Tú…!

Christa sonrió.

—Bueno… Escuché que tu madre se casó en la familia Leonhardt como una concubina—los ojos azules de la pequeña rubia brillaban como si estuvieran conversando de temas banales—Deberías saber cual es tú lugar, aunque… Una hija de concubina suele carecer de modales y de conducta, esa debe ser la razón por la cual todas te consideramos una salvaje de provincia—escupió agriamente Christa, mirándola de arriba abajo con desdeño.

La cairen apretó los puños con fuerza, sin poder creer que aquellas palabras habían sido dirigidas a ella en frente de Mina.

—¡Repite de nuevo lo que dijiste, bastarda!

Annie se abalanzó con fuerza sobre el menudo cuerpo de Christa, tomándola de la mano con demasiada fuerza. La sacudía cómo si fuera una muñeca, y Christa trataba de liberase del duro agarre que mantenían mientras forcejeaban ambas tomadas de sus ropajes. Mina asustada trataba de separarlas pero un empujón por parte de Annie la hizo trastabillar y caer al suelo.

—¡Ya basta Cairen Leonhardt! —suplicó Mina entre sollozos al ver a su amiga ser mal tratada por la otra.

Una a una las cairenes se fueron acercando conmocionadas por los gritos que se escuchaban por toda la casa, pero ninguna se atrevió a interferir. Conocían la fuerza que tenía Annie y como fácilmente podrían acabar peor que Christa si se atrevían a separarlas. Todas miraban desde una distancia prudente, algunas aterradas y otras emocionadas ante el espectáculo, apretándose entre ellas con miradas asombradas.

—¡Pide perdón, pide perdón ahora mismo bastarda inútil! —le ordenaba Annie, tomando a Christa por los dos hombros hasta enterrarle las uñas, sacudiéndola con violencia.

—¡Suéltame, me estás haciendo daño! —Christa trataba inútilmente de zafarse, sintiendo las lágrimas acumulándose en los ojos, aterrada por el comportamiento violento de la otra rubia. No esperaba que Annie se enojara de esa forma, parecía enloquecida, con las mejillas rojas y el rostro deformado en una máscara de cólera incontrolable.

—¡No hasta que pidas perdón por tú insolencia! ¿Cómo te atreves a decir esas cosas de mi madre y de mí? ¿Quién te crees?

—¡Suéltame, Annie!

—¡No me llames por ni nombre! —chilló la rubia furiosa, apretando con rabia las muñecas de Christa.

La pequeña cairen fue sometida, terminando en el suelo, con Annie a punto de arañar su rostro. Las cosas se estaban saliendo de control y las demás cairenes asustadas murmuraban entre ellas, para que alguna fuera por el jefe de los eunucos e interviniera; si alguien no las separaba Christa iba a terminar con el cuerpo lleno de cardenales y una cara afeada por los aruñones y los golpes que Annie trataba de propinarle. Mina se levantó torpemente y salió del pequeño círculo que habían formado las muchachas, en busca de cualquier persona que pudiera ayudarle.

Christa se estaba cansando, rápidamente había cedido a la fuerza de Annie y ya no tenía las fuerzas para defenderse. Las lágrimas se le escurrían por el rostro, pidiéndole que se detuviera, pero todo era inútil, solo lograba avivar la cólera de la otra cairen.

—¡Aléjate de mí! —lloraba Christa asustada.

—¿Ya no eres tan valiente? —sonrió Annie, tratando de levantarla por el brazo como a un muñeca floja—Alguien debería cortar esa lengua tan larga que tienes—le dijo, para después acercarse peligrosamente hasta su rostro—¿Y si vamos con la consorte Rall? Sabes lo que hizo conmigo por discutir con Eren… ¡Me gustaría ver lo que haría con alguien tan insignificante como tú! —habló entre dientes, levantando la mano para darle una fuerte bofetada con excesiva fuerza que resonó en medio de la estancia.

Las cairenes chillaron, cubriendo sus bocas, sorprendidas ante aquel espectáculo tan violento ante ellas.

—Annie, ya déjala—fue Hitch, una de las amigas de Annie la que se atrevió en dar un paso adelante con voz calmada—No es necesario que te metas en problemas por culpa de algo tan poca cosa como ella—miró a Christa con desdeño, como si fuera un insecto aplastado en medio de la calzada que no merecía ser visto dos veces.

—Hitch tiene razón. No te rebajes a su nivel—esta vez fue Ilse la que se acercó, tomando a la rubia suavemente del brazo para separarla de Christa.

Annie relajó sus hombros de a poco hasta aflojar el agarre, arrojando a Christa hacía el suelo de un empujón. La chica sollozaba humillada en el suelo, apoyada sobre la palma de sus manos. Sentía todas las miradas sobre su lamentable figura y en ese momento deseo que la tierra se abriera y se la tragase, o que un soldado entrara y acabara su sufrimiento con una flecha en el pecho. Nunca, en toda su vida, la habían tratado de esa manera tan denigrante.

Mina entró con dos eunucos que respiraban de manera agitada, seguramente habían corrido hasta la casa donde se encontraban. Los dos hombres se apresuraron para levantar a la chica de ambos brazos, alzándola con delicadeza sin inmutarse ante su llanto. Los ojos azules de la pequeña rubia no paraban de escurrir lágrimas, ni siquiera era capaz de levantar la mirada sin lucir avergonzada. Las alhajas de su cabello se habían caído y el sencillo peinado se había desecho luciendo en la coronilla como un nido de pájaros.

—Mide tus palabras conmigo, yo no soy como tú—amenazó Annie más calmada, cruzándose de brazos con Ilse y Hitch a cada lado suyo observando duramente a Christa—Si me vas a atacar ten por seguro que te lo devolveré tres veces peor. Lo de ahora solo ha sido una advertencia.

Mina se acercó hasta Christa preocupada ante el mal estado de su amiga. Los eunucos seguían sosteniéndola, esperando el momento indicado para poder retirarse con la cairen humillada. No se sorprendían, ya estaban acostumbrados a esas situaciones, inclusive habían presenciado peores disputas en donde era necesario llamar a los guardias; los sentimientos de las mujeres parecían estar siempre expuestos a cualquier detonante por más mínimo que pareciese.

—Eren no podrá ayudarte la próxima vez, cairen Renz—continuó sonriendo con maldad. Llevó una mano hasta su pelo y lo acarició con ligereza, mirando con altivez a la otra rubia que no le podía sostener la mirada.

En ese instante entró otro eunuco, abriéndose camino entre las cairenes hasta llegar al centro donde se encontraban Christa y Annie. Alzó las cejas sorprendido ante la deplorable imagen de la pequeña rubia e intercambio miradas con los otros eunucos, comprendiendo de inmediato que estaba sucediendo. Sin esperar más, dio el mensaje:

—Cairen Jaeger ha solicitado la presencia de cairen Renz en el palacio Qingning—anunció con voz solemne.

Annie resopló con una sonrisa petulante.

—Pobre cairen Renz… Ve a dar lástima con tu querido cairen Jaeger, pero ni se te ocurra decir una sola palabra, ¿entiendes? Ellas no han visto nada—se acercó peligrosamente hasta el rostro de Christa, señalando al grupo de cairenes que seguramente tratarían de ignorar lo acontecido para no tener problemas. Annie sabía que si la consorte Rall llegaba a enterarse, ella pagaría duramente las consecuencias—Yo nunca te hice nada, ¿verdad? —la rubia asintió en silencio, tragándose los sollozos que escapaban de sus labios—Buena niña—Annie palmeó suavemente sus mejillas con una sonrisa para después separarse con un suspiro—Es tan adorable la expresión que tienes en tu rostro… Nunca la olvidaré por el resto de mi vida.

Annie se alejó con Ilse y Hitch siguiéndola de cerca. Las demás cairenes seguían ahí de píe, algunas sintiendo impotencia, otras indiferencia y la gran mayoría, una inmensa lástima por Christa.

—Christa…

Mina fue la única que pudo romper el silencio, extendiendo su mano con duda hasta el hombro de la cairen.

—Suéltenme—ordenó Christa, deshaciéndose del agarre de los eunucos. Ellos obedecieron con duda, pero cedieron. La rubia se acercó hasta el otro eunuco, ignorando las miradas de sus hermanas sobre ella—lléveme con cairen Jaeger, por favor.

El eunuco asintió con cautela, haciendo una pequeña reverencia.

—Como desee, cairen Renz—dijo el eunuco—Sígame.

La muchacha fue junto al eunuco de traje negro, dejando atrás a Mina y las cairenes que esperaron que ella se alejara para así poder murmurar libremente. Algunas, emocionadas por lo acontecido, se ponían en el lugar de alguna de las dos rubias. Christa tenía la culpa por haberla ofendido a ella y a su madre, ambas pertenecientes a una familia demasiado importante, decían algunas, para otras Annie era una autentica tirana que se había ensañado con la pobre muchacha, pero en algo coincidían todas: Tarde o temprano el número de cairenes se reduciría.


"Hablar demasiado atrae el fracaso. Calumnia y maldad dañan la justicia. Las nubles flotantes ocultan el sol. Con hombres cuya alma entrañan dobleces, ¿acaso es posible hallar la concordia? Las palabras de los muchachos acaban calando, la amistad más firme puede ser quebrantada. ¡Hay en esta vida tanta incertidumbre! Toda inquietud cesa con el largo sueño."

Eren se encontraba con los brazos extendidos en frente del gran espejo con marco de cobre, siendo atendido por sus siervas. El grupo de mujeres organizaba los pliegues del hanfu color palo de rosa, extendiendo las capas de este para que con cada movimiento la tela luciera fresca y ligera. Otra sirvienta amarraba el cintillo lavanda y azul cielo sobre el pecho del castaño, enrollándolo con su dedo para darle una forma bonita. La incómoda posición le estaba cansando los brazos, pero no podía moverse o entorpecería la labor de las muchachas que se esmeraban para que luciera bien. Una sirvienta se acercó por detrás con un fino collar de amatistas brillantes, rodeando el frágil cuello del cairen con él, realzando el color de los cintillos en el pecho. Dos muchachas que se ocupaban de la falda del hanfu se incorporaron y fueron por la bata blanca con figuras de faisanes y flores en las mangas los cuales estaban bordados con vivos colores. Ambas sostuvieron la túnica detrás de él ayudándole a ponerse la prenda sin dificultad. Eren bajó lentamente los brazos para no arrugar la delicada tela blanca de mangas largas y material fresco; después de tomar el té con Christa iría hacía el palacio de la consorte Rall para reunirse con el emperador, así que necesitaba llevar prendas que le permitieran moverse sin dificultad.

—Lleven el obsequio que he preparado para cairen Renz hacía el salón en donde tomaremos el té, por favor—pidió Eren observando en su reflejo como las sirvientas ponían numerosos broches de flores lavanda esmaltadas con hilillos plateados colgando de las hojas hechas de jade sobre sus cabellos castaños.

—Sí, mi señor—respondió una de las sirvientas que se encontraba a un lado en caso de que el castaño necesitara algo. La jovencita hizo una reverencia y se marchó, cargando la caja alargada de madera entre sus brazos.

Las siervas se arrodillaron, indicando que ya habían terminado de arreglarlo y Eren les permitió seguir con sus tareas en la habitación. Unas se encargaron de guardar los cofres con las joyas de su señor, y otras en retirar los vestidos que Eren había decidido no utilizar en aquella tarde.

Eren dejó de observar su reflejo para caminar hacia la entrada de la habitación con las sirvientas siguiéndole, hasta que Sasha apareció con una mirada preocupada. Parecía que había subido las escaleras muy deprisa, pues respiraba con algo de dificultad. Sin perder tiempo la castaña entró en la recámara de Eren e inclinó su cabeza rápidamente, no perdiendo tiempo para dar su noticia:

—Cairen Renz acaba de llegar en un estado deplorable, mi señor. No ha querido decirme que es lo que le ha sucedido, y eso no es todo, ¡en su rostro hay moretones, sus ojos están tristes, seguramente ha estado llorando! —explicó la situación angustiada.

—¿Christa? —preguntó con incredulidad.

—Está abajo, mi señor—murmuró Sasha rápidamente.

Eren rodeó a Sasha y salió de la habitación con el sequito de mujeres siguiéndolo. Bajó por las escaleras de madera con prisa, levantando la falda de su hanfu para no tropezar con sus escarpines blancos. Los broches se balanceaban, chocando contra sus sienes, pero él no se molestó en apartarlos; su mente tenía otro objetivo, ver a su amiga y saber que había pasado con ella.

Entró en el salón del recibidor donde estaban alguno de sus eunucos y siervos. Logró distinguir a Jean entre ellos, en frente de Christa la cual estaba sentada en una de las sillas de palo de rosa, al parecer preguntándole que le había sucedido. Todos al notar su presencia lo saludaron junto a la ya acostumbrada reverencia, pero él no respondió, pasando derecho sin detenerse hasta donde estaba sentada la cairen.

—¡Christa!

Jean se hizo a un lado para que Eren pudiera acercarse hasta ella. Eren se arrodillo en frente de ella, observando entre asombro y tristeza el estado de su amiga. Llevó con duda sus manos hasta el rostro afligido de la rubia, rozando con sus pulgares los pequeños arañazos en las mejillas blancas. Sus ojos verdes se abrieron levemente cuando corrió el cabello rubio que le cubría parte de la cara, en donde se escondía una marca roja y ligeramente purpura en la mejilla. Los ojos de Christa se llenaron de lágrimas, pero ninguna de ellas se escapó, solo se amontonaron en su mirada, haciendo que Eren luciera como una silueta borrosa.

—¿Qué te pasó? ¿Quién te hizo esto? —preguntó Eren, acariciándole las mejillas con un deje de tristeza en su voz.

Christa negó, hipando, tratando de poner una sonrisa en su rostro adolorido.

—Me he caído—fue lo único que pudo decir con la voz rota.

Eren frunció el ceño sin creerle.

—Mientes. ¿Quién te latimó, Christa? —preguntó de nuevo, esta vez con más firmeza—¿Fue Annie? —preguntó.

—No, ella no me ha hecho nada. Por favor, créeme, ha sido culpa mía—insistió.

—¿Por qué no me dices la verdad? —cuestionó el castaño, limpiando las lágrimas que resbalaban silenciosas por su piel.

Christa puso su mano sobre la de Eren, sonriéndole para que no se preocupara.

—Eren, no importa, no ha sido tan grave.

—¿Qué no ha sido grave? Tienes marcas en tu rostro, y tus muñecas están llenas de cardenales—exclamó indignado. Al ver que Christa se negaba a decirle la verdad buscó con su mirada al eunuco que había enviado por ella—Connie—lo llamó.

El eunuco de cabeza rapada dio un paso al frente, con la espalda levemente inclinada hacia adelante como muestra de humildad.

—¿Sí, mi señor?

—Cuando fuiste por Christa, ¿notaste algo raro?

Connie guardó silencio por unos segundos, observando cómo los puños de la cairen apretaban con fuerza la falda de su vestido azul, después regresó la mirada hasta su señor, que lo miraba arrodillado ante la rubia con un rostro bañado en preocupación. Asintió, decidiendo que lo mejor era confesarle al joven lo que había sucedido en La Casa de las Cairenes para no preocuparlo más.

—Al parecer cairen Leonhardt y cairen Renz tuvieron un altercado. Cuando llegué cairen Renz estaba siendo ayudada por dos eunucos y todas las cairenes lucían aterrorizadas—le comunicó al castaño.

Sasha cubrió su boca con ambas manos al escuchar la noticia, y es que ella sabía muy bien de el carácter volátil y violento que tenía cairen Leonhardt; si no hubiera sido por su señor probablemente hubiera terminado igual que cairen Renz, o tal vez mucho peor. Eren retiró sus manos del rostro de Christa y se incorporó lentamente, con la mirada fija en el suelo. Jean logró vislumbrar algo parecido al disgusto en la apacible mirada del castaño y supo que Eren no iba a dejar pasar por alto aquel suceso.

—No me sorprende que Annie haya sido capaz de tal acto—negó con una sonrisa amarga, observando a Christa que miraba el suelo con bastante atención—No debiste encubrirla, Christa, ella ha sido tan mala contigo y tú no haces nada al respecto—regañó con suavidad. No era momento para ser tan severo con su amiga—Esto ha llegado a un límite. Hablaré con la consorte Rall sobre esto para que tome medidas contra Annie. Ya ha sido suficiente con que me saboteara aquella noche, y ahora con lo que te ha hecho ha ido demasiado lejos—sentenció Eren.

Christa levantó la cabeza de golpe, tomando las manos del castaño entre las suyas, mirándolo con suplica.

—Eren, por favor, no lo hagas. No le digas a la consorte Rall, no puedes hacerlo—pidió con las lágrimas secas en su rostro—Si ella se entera y la castigan… Después de eso… No sé que sea capaz de hacerme—susurró asustada.

Eren se deshizo del agarre de la cairen, negando con tranquilidad.

—Sasha, ve por un té para cairen Renz—ordenó. La castaña asintió saliendo rápidamente de la sala—Escucha Christa, no va a pasarte nada malo. La consorte Rall va a penalizar a Annie y no permitirá que se te vuelva a acercar—le hablaba de manera suave y paciente, como si se tratara de un niño asustado en una noche de tormenta—Yo me encargaré de que te separen una habitación en otra parte de La Casa de las Cairenes, y si es necesario, pediremos dos guardias para que te protejan de ella, ¿sí? —preguntó con ternura.

Christa apretó los labios, bastante conmovida ante la preocupación de Eren; ni siquiera su madre había sido tan dulce y gentil con ella como el castaño. Se levantó de la silla con rapidez para poder abrazar al muchacho y llorar en frente de todos, sintiéndose infinitamente desdichada entre ese par de brazos que la consolaban como una madre a su hija.

—Pobre pequeña Christa…—susurró el cairen, acariciándole los cabellos rubios.

Sasha entró con una bandeja de madera verde en ambas manos en donde descansaba una tetera blanca una taza a un lado suyo y una cuchara de cobre. La dejó sobre la mesa y ayudó a Eren para sentar nuevamente a Christa en la silla baja.

—Pueden retirarse—ordenó Sasha, reconociendo que esta era una situación demasiado intima.

Connie y los demás siervos se retiraron con una reverencia, alejándose sin hacer comentarios ante la escena.

—No es necesario que te retires, Jean, necesito hablar contigo a solas—habló Eren al ver que el guardia tenía intenciones de marcharse.

—Está bien.

Jean recostó su espada en una esquina de la pared y se mantuvo a distancia prudente, observando cómo Sasha, arrodillada ante la cairen, le daba en la cucharita de cobre pequeños tragos de té, y Eren a un lado suyo la tranquilizaba, diciéndole que todo iba a estar bien. Negó con la cabeza, suspirando de manera inaudible; las mujeres podían ser igual de despiadadas las unas con las otras al igual que los hombres en la guerra, pero lo que más le aterraba de la maldad femenina era que, en el campo de batalla los hombres no luchaban motivados por el odio a uno de sus semejantes en particular, era más una cuestión de honor, orgullo y amor a la patria, en cambio las mujeres sentían un particular y enfermo desprecio las unas con las otras, y ese desprecio las envenenaba por dentro, convirtiéndolas en manzanas podridas que dañaban a las otras. Nuevamente deseó que Eren no corriera con esa suerte, él no merecía ser partícipe de esos lazos viciosos, y haría lo posible para protegerlo de eso. En aquel corto tiempo que lo había conocido logró forjar un lazo ciego y sólido que reconoció como lealtad y respeto.

Cuando la cairen se calmó Eren le dijo a Sasha que ordenara preparar un baño con agua tibia y esencias para que Christa se relajara y que prepararan una de las habitaciones para que pudiera descansar. Las sirvientas entraron por la puerta y se llevaron a Christa con sonrisas comprensivas, hablándole mimosamente, con ademanes tiernos. Eren esperó que las mujeres se marcharan y tomó asiento en uno de los sillones, suspirando con cansancio. Se suponía que aprovecharía el poco tiempo del que disponía en aquella mañana para beber el té con la cairen, conversar y entregarle el pequeño obsequio que le tenía preparado, no esperaba encontrarla en tales condiciones y mucho menos tener que lidiar con Annie de nuevo.

—Qué mañana—comentó Jean en broma tratando de aligerar el ambiente.

Eren sonrió sin muchas ganas.

—¿Qué debería hacer? —se preguntó, con la vista perdida en algún punto del recibidor.

—Hablar con la consorte Rall, tú mismo lo dijiste hace un rato—respondió Jean como si fuera lo más obvio.

—Christa me suplicó que no le dijera nada—miró a Jean que seguía de pie al lado de su espada, de brazos cruzados—Pero… Estoy seguro de que Annie no va a detenerse. Christa no sabe defenderse y temo que las demás cairenes se aprovechen de eso.

—Aunque ella te lo haya pedido sabes que lo correcto es hablar con la consorte Rall. Sí se llega a enterar por parte de alguna fuente del escándalo en La Casa de las Flores todas sufrirían las consecuencias al no comunicárselo; la cabeza del harem debe ser la primera en enterarse para tomar las medidas pertinentes—le recordó Jean, conocedor de la mayoría de reglas en la ciudad imperial.

—Lo sé—Eren recordó el primer día en que conoció a la consorte Rall, les había advertido que el harem era trabajo suyo y como señora de las concubinas, todo debía llegar a sus oídos, siendo la primera en saberlo—Pero el apellido Leonhardt tiene prestigio e influencia en medio de la corte, ¿y si su castigo es leve? Christa sufriría la furia suya por haberla acusado, y yo me sentiría responsable de lo que pueda sucederle—expresó, mirando a Jean con incertidumbre.

Jean miró pensativo a Eren, tratando de sopesar las consecuencias de cada decisión.

—¿Recuerdas que cairen Leonhardt te robó aquella noche? —preguntó—Tú me dijiste que ella había tomado el vestido para sabotearte, bien, pues ahí hay otra falta que cairen Leonhardt ha cometido, y una bastante grave teniendo en cuenta tu titulo de honorable cairen imperial—alzó las cejas con una sonrisa confiada al encontrar una solución—Si la van a castigar por aquellas acciones, no va a ser nada pequeño, eso puedo asegurártelo. Además eres conocido como el favorito del emperador, dudo que la consorte Rall pase por alto eso.

—Pero no tenemos pruebas, no puedo acusarla de esa manera, si se demuestra que ella es inocente me castigarían a mi por calumnia—le recordó Eren, enredando su dedo índice en el cintillo azul del vestido.

—¿Las cairenes no pueden servir de testimonio ante las agresiones de cairen Leonhardt?

—Las tiene amenazadas, y sé que ninguna tendría el coraje de hablar en contra suya—suspiró, llevando su mano hasta su frente, masajeándola con suavidad.

—De todas formas no tienes que hacer una acusación pública. Hoy habla con ella en privado y comunícale lo que ha pasado, es la palabra de cairen Leonhardt contra la tuya.

El castaño asintió, aceptando el consejo de su guardia. Jean siempre le ayudaba con sus consultas e inquietudes cuando lo necesitaba, al parecer sus tardes en la biblioteca sur le habían permitido conocer la mayoría de leyes y costumbres del palacio, razón por la cual Eren lo veía más como a un consejero que guardia.

—Gracias Jean, creo que lo más sensato es comunicárselo a la consorte Rall como dijiste—le sonrió agradecido—¿Tienes guardia en alguna otra parte de la ciudad o vas a escapar hacía la biblioteca sur? —le preguntó, intentando dejar atrás el tema de Annie.

—Debo quedarme un par de horas aquí, después iré la biblioteca para hacerle algo de compañía a Armin—contestó, relajando su postura de soldado.

—Está muy bien instruirse y enriquecer el conocimiento—reconoció Eren, recordando las agotadoras horas que pasaba sentado entre libros y pergaminos cuando tenía las tardes libres. Estudiaba los antiguos ejemplares de medicina esperando algún día poner en práctica sus conocimientos—Aunque la tarea de guardia no es del todo tuya, creo que servirías mas cómo consejero o compañero de algún noble—opinó el castaño, haciendo reír al guardia—Cuando sea consorte te nombraré mi compañero y consejero—bromeó, idealizando la idea de él siendo consorte con un compañero al igual que el del emperador o el de la consorte Rall.

El soldado sonrió halagado, realizando una exagerada reverencia.

—No lo olvide entonces, ese lugar ya es mío, alteza—le siguió el juego Jean, con un tono de burla al darle el título de "alteza" al cairen.

Eren asintió suavemente, con una sonrisa relajada en los labios.

—Mi señor—Connie, el líder de los eunucos en el palacio de Eren, entró haciendo una reverencia.

—¿Cómo está Christa? —preguntó el cairen, incorporándose del sillón de cojines mullidos.

—Ya la asearon y cambiaron sus ropajes, ahora está en la cama junto a su dama de compañía—informó.

Eren se despidió de Jean y subió hasta el cuarto donde Christa descansaba con Connie a su espalda, siguiéndolo a una distancia prudente. El eunuco abrió la puerta de madera de par en par y se apartó para que el castaño pasara. Las sirvientas inclinaron sus cabezas al verlo dentro de la habitación con respeto y continuaron con sus labores. Las ventanas abiertas y las sabanas blancas de la cama donde se encontraba Christa daban una sensación de confort y tranquilidad. En las esquinas los pebeteros liberaban pequeñas nubes de incienso quemado que poseían un efecto tranquilizador y relajante. Sasha a un lado de la cairen acomodaba las suaves almohadas detrás de su espalda para que estuviese cómoda y una sirvienta bastante joven se encargaba de peinar los cabellos rubios de la pequeña rubia con dedicación.

—¿Cómo estás? —Eren tomó asiento al borde la cama.

—Mucho mejor—contestó Christa, sintiéndose más tranquila ahora que estaba con su amigo siendo atendida como una princesa—Gracias Eren, has sido tan considerado y generoso conmigo—sonrió.

El castaño negó suavemente, restándole importancia.

—Sasha, ¿el obsequio de Christa en donde está? —preguntó, mirando a su dama de compañía.

La castaña detuvo su trabajo, enderezando su postura.

—Ordenaré para que vayan por él—dicho esto se retiró para llamar a una sirvienta del pasillo.

Cuando la sierva regresó le entregó la caja de madera a Sasha y está la extendió con sumo respeto al joven, quien la recibió con agradecimiento.

—Esto es para ti, tenía planeado dártelo desde hace algún tiempo pero no había tenido la oportunidad de hacerlo, y ahora me parece el momento indicado—Eren dejó la caja larga de madera roja sobre el regazo de Christa.

Las pequeñas manos de la rubia abrieron el obsequio y sus ojos se agrandaron con sorpresa, para después sonreír abiertamente. Retiró de la almohadilla verde el abanico blanco hecho de hilos en oro y plata que la consorte Rall le había obsequiado a Eren, pero que él había decidido regalárselo a su amiga, amante de aquellos accesorios.

—¡Es… Es hermoso! —exclamó, abriéndolo con ambas manos—Gorriones… Mariposas… Es un trabajo hecho a mano con tanto detalle, que seguramente el alma del artesano reside en el paisaje—comentó maravillada. Lo agitó cerca de su rostro, recibiendo una brisa dulce y refrescante—Su fragancia es tan sutil… Muchas gracias Eren por tu regalo, lo usaré con frecuencia—aseguró con una sonrisa.

—No ha sido nada, me siento feliz de que te haya gustado—se puso de pie, dándole una mirada a Sasha que ella supo interpretar—Debo irme ahora, pero no te preocupes, puedes quedarte hoy en el palacio.

—¿A dónde vas?

—Voy a visitar al príncipe Farlan—respondió el joven sin dar muchos detalles—Jean y Connie se encargaran de vigilarte para que nada malo te suceda y estés tranquila. Si necesitas alguna cosa puedes pedírsela a las sirvientas, ellas te atenderán y cuidarán mientras Sasha y yo no estamos—las jovencitas asintieron con una sonrisa en sus rostros ante la mirada desconfiada de Christa.

La rubia dejó el abanico nuevamente sobre la almohadilla de terciopelo, mirando con insistencia a su amigo.

—¿Es muy importante? ¿No puedes quedarte? —quiso saber, no queriendo que Eren se marchara.

—Sí, es muy importante y debo ir. Aquí vas a estar lejos de Annie, nada malo puede pasarte—interpretó la expresión ligeramente hostil de Christa como preocupación—Regresaremos en la tarde, siéntete libre de recorrer los salones que desees.

Fue lo último que le dijo antes de despedirse con Sasha pisándole los talones.

Christa lo vio cerrar la puerta, dejándola sola nuevamente. Eren tenía una vida, una en la que ella se sentía excluida, a pesar de las muestras de cariño que recibía de su parte. Ella no quería su amistad por días o por horas, eso no era ser un verdadero amigo. Sabía muy bien que estaba siendo injusta con Eren después de todo lo que había hecho por ella, pero su parte egoísta le recordaba los disgustos que había tenido a causa suya. Que su esfuerzo no valiera de nada cuando con tanto trabajo logró ser parte del grupo de bailarinas, con la simple presencia de Eren vestido con el traje de la emperatriz Kuchel el emperador las había ignorado toda la velada. Incluso creía que el enfrentamiento con Annie estaba ligado a Eren, siendo una de las causas para que la rubia se encaprichara con ella. No era justo, todo lo malo que le pasaba a ella no era justo. Ella se esforzaba siempre, pero Annie con su odio la derribaba y Eren con sus formas de llamar la atención la opacaban.

"Es un oportunista experto" recordó las palabras de Annie, y ahora que estaba dentro de su palacio entendía a que se refería.


"En las cinco sendas no hay asilo permanente, mas Las Tres Purezas tienen moradas eternas. El Peng y el Kun viajan hacía el océano inmenso. Si entiendes la vida da igual irse que quedarse, si sabes morir son lo mismo el día y la noche. Para entregar la vida, ¿hacía donde dirigirse? ¿Acaso hay un lugar al cual no pueda llegar? Saludemos con nuestra mente a quienes antes lo hicieron y despidámonos de ellos con serenidad."

Eren había decidido ir al palacio Xian Ling antes de la hora cordada con Levi, pues necesitaba hablar con la cosorte Rall como Jean le había dicho. El guardia los había escoltado a él y a Sasha hasta la morada de la consorte y después de asegurarse de que habían entrado por la puerta principal de madera café, se retiró camino a la parte sur de la ciudad.

Un siervo del palacio les indicó que debían esperar en el pasillo principal mientras eran anunciados, entonces Sasha y Eren esperaron por algunos minutos, sin embargo quien regresó no era Ymir, ni el mismo siervo que les había pedido cortésmente que esperasen. Por el traje que portaba, morado con un collar de cuentas marrones, Eren supo que se trataba del compañero de la consorte Rall, un hombre al que apenas había visto en pocas ocasiones y con el cual jamás intercambió alguna palabra. Tenía unos ojos pequeños y agudos, su cara ligeramente envejecida lo afeaban un poco, y sus gestos austeros daban la impresión de que no era muy fácil tratar con él.

El castaño trató de poner su sonrisa más educada, cuidando de no forzar sus labios para lucir más natural, e hizo una reverencia. Sasha lo imitó con la mirada gacha como muestra de respeto. El hombre no se movió ni un poco, ni siquiera les ordenó que se retiraran o que tenían permiso de ver a Petra, solo los observaba con fastidio.

—Soy el honorable cairen imperial Eren Jaeger—se presentó el castaño con voz gentil al notar que el hombre no decía nada—¿Podría permitirme ver a la consorte Rall? —preguntó.

El hombre arrugó la nariz como si hubiese olido algo desagradable en el aire.

—Sí la consorte Rall quisiera verte habría mandado a llamar por ti—respondió duramente el otro—Lo mejor es que se retiren—hizo un gesto rápido con la mano para que se marcharan.

Eren calló por unos segundos, tratando de entender que le sucedía a aquél sujeto que los trataba como a un par de perros callejeros dentro de un mercado. Si hubiese llegado después con el emperador seguramente aquel hombre se desviviría por atenderlo para dar una buena imagen ante él y la consorte. Trató de no exteriorizar su malestar y puso la mejor cara que tenía en esos momentos.

—Es un asunto importante que implica al harem, por favor, permítame verla por unos minutos—pidió nuevamente, tratando de hacerlo entrar en razón.

—He dicho que no, ¿acaso los hombres como tú tienen entre sus rarezas el no escuchar bien? —fue la pregunta agresiva que recibió por parte del compañero de la consorte Rall.

El castaño se sintió atacado ante ese comentario, sospechando que aquel hombre le estaba juzgando por su condición de hijo de Kuan Yin, y eso si logró irritarlo y herirlo en partes iguales. Toda su amabilidad se desvaneció y su sonrisa se borró, ya no estaba interesado en ser gentil con una persona desagradable y carente de modales.

—Váyanse ahora o llamaré a los guardias para que los expulse por importunar el palacio de la consorte Rall.

—Mi señor—lo llamó Sasha, mirando con cautela al hombre que estaba en frente de ellos.

—Auruo—Ymir entró, regañando al hombre con firmeza. Ella había escuchado todo desde el otro lado de la puerta desde que el siervo le había dicho que el cairen Jaeger estaba en el palacio. El compañero de la consorte Rall se le había adelantado, queriendo hacerse cargo de sus labores. Cuando estuvo en frente del castaño y su dama de compañía, hizo una reverencia con respeto ignorando deliberadamente al hombre—Mi señora estará encantada de recibirte, por favor, acompáñenme—le pidió, dándose la vuelta para que la siguieran.

—Gracias—respondió el castaño antes de caminar detrás de ella.

Eren pasó a un lado Auruo, mirándolo de arriba abajo por encima del hombro para después bufar suavemente y avanzar dignamente con Sasha a un lado suyo. La falda rosa de su hanfu ondeó con fuerza, chocando contra la pierna de Auruo, el cual se quedó de píe, soportando el gesto con mucha paciencia. La dama de compañía le miró largamente, sosteniéndole la mirada hasta perderlo de vista; ese hombre no le inspiraba confianza.

Ymir los guió por el gran palacio de pasillos altos, lleno de tapices y jarrones de distintas dinastías. Eren recordó que el primer día que había visitado Xian Ling solo había recorrido el jardín, sin lograr conocer el interior de la preciosa edificación. Los eunucos abrieron la puerta de madera y papel de arroz y corrieron las cortinas blancas de la entrada para que pasaran. La morena de pecas saludó a su señora la cual se encontraba de pié, en frente de un gran escritorio de madera verde sobre una pequeña plataforma. Había pinturas de doncellas en las paredes y armarios con jarrones y cuencos de diversos metales brillantes. Petra detuvo su trabajo de pintar a otra doncella pelirroja, entregándole los pinceles a una de las sirvientas y limpiando sus manos con el pañuelo que le ofrecía otra que se encontraba a su lado.

—Cairen Jaeger, que grato regalo es tener tu presencia en mi palacio—dijo con una sonrisa amable. El buyao pesado de su cabeza se balanceaba con las alhajas tintineando como campanillas.

Ymir se ubicó a un lado de su señora, observándolos desde su lugar con atención.

—Saludos, su alteza—saludaron Sasha y Eren arrodillándose ante ella.

—¿Hay alguna razón para que vengas a visitarme? —preguntó cortésmente la consorte, tomando asiento con la ayuda de Ymir en la ostentosa silla que había detrás suyo. La morena acomodó la amplía falda del hanfu amarillo de flores y regresó a su lugar nuevamente.

—Usted es la única que puede resolver esta situación tan delicada—empezó Eren, aún de rodillas—Desde que llegué al harem me enseñaron que todo lo que pasé en él es decidido por la consorte, la cual es sabia y justa. Usted es la que toma las decisiones que sean correctas para el bienestar de mis hermanas y el mío—halagó a la consorte, la cual sonrió ante sus palabras—Esta es la razón por la cual debe ser la primera en saber lo que acontece en el harem.

Petra lo miró confundida.

—¿Ha ocurrido algo que involucre al harem?

Eren asintió, reconociendo que si la consorte Rall tomaba medidas en contra de Annie, sería culpa suya lo que le llegara a suceder en el futuro a la rubia; en el fondo estaba guardando la vaga esperanza de que el castigo de cairen Leonhardt no fuese tan severo, pero si ejemplar para que cambiara su mentalidad y actitud.

—Así es, su alteza, y cairen Leonhardt es quien ha protagonizado estos eventos desfavorables.

Petra suspiró, endureciendo su mirada al escuchar el apellido de la rubia.

—Haces lo correcto en venir e informarme, cairen Jaeger. Por favor, cuéntame todo lo que ha hecho cairen Leonhardt sin temor, yo estoy para velar por el bien de todas tus hermanas y el tuyo—le aseguró con firmeza la peli naranja.

La consorte ordenó que trajeran dos sillas para Eren y su dama de compañía y ellos tomaron asiento en frente de la consorte. El castaño empezó a relatar los pequeños roces que habían tenido desde que él había intervenido tratando de ayudar a Sasha. Cómo ella se aprovechó de su ausencia al irse de La Casa de las Cairenes, atacando a Christa de forma verbal al principio, sometiéndola a mucha presión y estrés, después fueron ataques físicos como el de ese mismo día en el que Annie había perdido la compostura al pelear de esa manera tan salvaje a su hermana. También le dijo que aquella noche del baile, Christa había visto a Annie huir con su vestido en La Casa de las Flores, forzándolo a tomar una decisión arriesgada que pudo poner en peligro al harem, e incluso meter en problemas a la consorte por el escándalo del baile y el vestido de la emperatriz.

Petra escuchaba en silencio, sin comentar nada, negando con una mirada llena de reprobación al cairen cuando escuchaba todas las malas acciones que tenía la rubia con los demás.

—Tiene aterradas a las cairenes, incluso Christa me pidió que no le comentara nada. Le tienen mucho miedo por venir de una familia con mucha influencia en la corte—terminó Eren.

—Mi señora—Ymir se inclinó a un lado de la consorte—Si no actuamos ahora será demasiado tarde. Cairen Leonhardt está desafiando su autoridad y es bastante seguro que llegue a enfrentarla directamente.

Petra asintió con la mirada ausente, analizando la situación. Ymir enderezó su espalda y regresó su vista al otro lado de la sala, donde Sasha y Eren esperaban en silencio.

—En ese caso… Tengo que tomar medidas un poco más severas con ella—decidió la consorte solemnemente—Ningún apellido podrá salvarla del castigo que merece por sus acciones. Yo misma me encargaré de sentenciar su penalización, así que no tienes que preocuparte cairen Jaeger, dile a cairen Renz que la apartaremos del resto en otra habitación como me lo has pedido—sonrió generosa.

Eren se puso de píe junto a Sasha para agradecer nuevamente. El compañero de la consorte Rall irrumpió en el salón con una sonrisa de zorro que desagradó a Eren, informando que el emperador estaba en el salón principal con el príncipe Farlan.

—Gracias, Auruo, puedes retirarte.

El hombre hizo una reverencia, acurrucándose como un perro feliz de servir a su amo. Retrocedió, se despidió y volvió a retroceder hasta que desapareció por la puerta, entre las cortinas blancas.

—Cairen Jaeger, gracias por informarme respecto a lo sucedido con cairen Leonhard. Ven, acompáñame para que saludes al emperador—ofreció Petra, descendiendo de la plataforma con ayuda de Yimir, quien parecía una columna imponente que protegía a su señora.

Petra y Eren caminaban en frente, siendo seguidor de cerca por sus respectivas damas de compañía. Un gran número de siervos esperaban afuera del salón, saludándolos con educación antes de que ingresaran. Eren logró escuchar la voz animada del pequeño príncipe, sintiendo que había pasado mucho tiempo desde que se conocieron.

—¡Eren! —lo llamó Farlan con felicidad al verlo entrar, alejándose del lado de su padre para correr hasta el castaño con los brazos extendidos, abrazándose a la cintura del cairen—¡Sasha! —la miró, con la mejilla pegada a la falda del hanfu.

—Su alteza—saludó Sasha risueña, haciendo una pequeña reverencia después de haber saludado al emperador, que observaba todo desde lejos.

—Farlan, sé más cortes con cairen Jaeger—Petra avanzó por el salón, corrigiendo con una sonrisa a su hijo ante la falta de modales—Su majestad, bienvenido a Xian Ling—Petra hizo una reverencia, para después tomar asiento en una de las sillas que se encontraban al lado del emperador.

Eren, ocupado en acariciar tiernamente las rosadas mejillas del niño levantó la cabeza, encontrándose con la mirada grisácea de Levi sobre él, esperando algún gesto de su parte. Trató de acercarse y hacer una reverencia con respeto, pero el abrazo de Farlan le impedía moverse.

—Farlan, deja a cairen Jaeger, por favor. Sé un buen hijo y siéntate junto a tu padre—le ordenó Petra suavemente.

—No se preocupe consorte Rall—negó Eren con una sonrisa tranquilizadora. Bajó su mirada para encontrarse con los ojos grandes y redondos del príncipe que le sonreían—Farlan, ¿por qué no mejor tomas mi mano? Así podré saludar a tu padre—le ofreció. El niño lo soltó obediente, tomando la mano que el castaño le ofrecía. Eren enderezó su espalda y pudo acercarse hasta Levi, haciendo una reverencia, aún tomando de la mano del hijo de la consorte Rall—Saludos, su majestad.

Levi inclinó levemente la cabeza con una sonrisa tranquila en sus labios.

—Estuvo preguntando por ti durante tanto tiempo así que prometí que te traería la próxima vez que lo visitara—confesó Levi, observando cómo Farlan sentaba a Eren en una de las sillas, tomando asiento junto a él.

—Papá dijo podría pasar todo el día contigo si me portaba bien, y yo se lo prometí, ¿verdad papá? —Farlan sonrió a su padre, orgulloso de haber logrado cumplir a su palabra.

—Así es, tu madre me dijo que no faltaste a ninguna de tus clases—reconoció el pelinegro.

—Muy bien Farlan, eres un buen niño—Eren acarició la cabeza del pequeño con una gran sonrisa.

Farlan apoyó su pequeño cuerpo en el brazo del cairen, abrazándolo para que no se alejara de su lado. Su padre le había dicho que Eren lo visitaría si cumplía con sus responsabilidades y él emocionado lo había prometido. El castaño era muy amable con él y siempre lo trataba bien, escuchándolo, diciéndole cosas bonitas que a él le gustaba escuchar.

—Te extrañé, Eren—confesó el pequeño en voz baja, sintiéndose feliz por las atenciones del castaño.

—Yo también—susurró Eren dulcemente.

La consorte carraspeó al verlos tan metidos en su propio mundo con una sonrisa. Hablaron sobre la salud de Farlan, como había estado mejorando gracias la continua visita de los médicos del palacio, la consorte hablaba fijando su mirada en el pelinegro, dejando que Farlan se entretuviera con los cintillos del hanfu de Eren. Levi por su parte escuchaba lo que Petra le contaba, pues era un tema importante la salud de su hijo, sin embargó sus ojos se desviaban hacía donde el cairen y el príncipe platicaban animadamente de temas que no lograba comprender. Farlan variaba sus expresiones, abriendo grandemente sus brazos, como si abarcara algo con ellos, sus ojos azules parecían brillar, y Eren reía suavemente, siguiendo el hilo de la conversación. Ambos se veían verdaderamente cómodos con la compañía del otro.

—Su majestad—Ymir, quien se había retirado por unos minutos regresó nuevamente, saludando primero al emperador—Mi señora, Auruo solicita su presencia, dice que es de suma importancia—informó.

Petra frunció el ceño con extrañeza.

—¿Importante? —repitió, hasta que recordó de repente que lo había enviado para que investigara sobre el caso del harem y cairen Leonhardt—Sí, dile que en un rato voy.

El pelinegro posó su imperturbable mirada sobre la mujer que se encontraba al lado suyo.

—Sí es demasiado importante no deberías aplazarlo—comentó Levi con su voz de mandatario sabio.

La consorte bajó la mirada, suspirando y asintiendo, aceptando que su esposo tenía la razón y no debía dejar para más tarde el llamado de Auruo.

—Lamento que no haya podido compartir más tiempo con nosotros, majestad—dijo Petra con una mirada llena de pesar—Espero que pueda regresar un día de estos a Xian Ling nuevamente.

Eren dejó de platicar con Farlan al escuchar eso, centrando su atención en la conversación que mantenían los dos nobles. Él no deseaba marcharse tan pronto, apenas había logrado ver al pequeño y a su padre, seguramente tendría que pasar un tiempo para poder verlos nuevamente juntos.

—No tienes que preocuparte, visitaré nuevamente a mi hijo en cuanto pueda—la tranquilizó Levi con una mirada comprensiva.

—Gracias, majestad—sonrió la peli naranja, acto seguido miró a el príncipe—Farlan, ven a despedirte de tu padre—lo llamó.

La sonrisa del niño se borró, reemplazándola por un mohín lleno de inconformidad. Bajó de la silla en donde se encontraba sentado con Eren y se posicionó en frente de su padre, apretando los labios, mirándolo fijamente. Había cumplido su palabra de príncipe, no escapando de ninguna de sus lecciones a cambio de que su padre lo visitara con Eren y lo llevaran afuera del palacio de su madre, ¿por qué entonces su padre debía marcharse si era su madre quien era necesitada por uno de sus siervos?

—¿Por qué tienes que irte, papá? —le reclamó con sus reproches de infante—Yo cumplí con mi promesa, y tú debes cumplir con la tuya—recordó, regañando al pelinegro como si fuera un niño más que pequeño que él.

Eren levantó su brazo para cubrir con la manga de su túnica blanca la sonrisa divertida que tenía en el rostro; no todos los días el emperador era reprendido por un pequeño príncipe tan adorable como un bebé zorro.

Levi le sonrió al niño, orgulloso de ver como el valor de palabra se estaba forjando en su hijo desde temprana edad. Asintió, acariciándole los cabellos cenizos con cariño.

—Tienes toda la razón, Farlan. Vamos a dar un paseo por el lago que tanto te gusta visitar, ¿bien? —le ofreció el pelinegro, apretando las mejillas del príncipe con sus pulgares—No pongas esa cara molesta—con su dedo índice acarició el espacio entre las cejas de su hijo para que relajara él entre cejo—Eren vendrá con nosotros, ¿verdad?

El emperador levantó la cabeza, observando al cairen con una muda petición en sus ojos color plata.

—Por supuesto, majestad—aceptó Eren encantado y emocionado, disimulándolo para no perder la compostura.

—¿Sasha también vendrá con nosotros? —preguntó Farlan emocionado, tomando con sus pequeñas manos las grandes y protectoras de su padre.

Levi asintió con una sonrisa única para el pequeño príncipe.

Petra se puso de píe con ayuda de Ymir, agachándose un poco para besar la cabeza del pequeño.

—Pórtate bien, hijo, recuerda obedecer a tu padre y no molestar a cairen Jaeger—aconsejó, en el fondo bastante inquieta por dejar salir a su hijo son su supervisión—Te enviaré con tus nanas para que puedan vigilarte. Ymir debe quedarse conmigo y no podrá acompañarte—dijo, mirando a Ymir para que llamara a las niñeas del palacio.

Levi también se puso de píe, tomando la mano de Farlan entre la suya.

—No es necesario, Erwin está afuera esperando, junto a Sasha pueden hacerse cargo de Farlan. No quiero abrumar a mi hijo con tantas personas privándole de sus juegos.

Eren notó algo extraño cuando Levi terminó de decir esto; la consorte y el emperador se miraron pos unos instantes, ambos con una mirada indescifrable, cómo si hubiese algo oculto en esas palabras que solo ellos conocían. La mujer entonces dejó de mirar a su esposo y sonrió, asintiendo, ciñéndose a las órdenes del pelinegro, aunque a los ojos de Eren, lucía levemente inconforme.

—Como ordene, majestad—hizo una reverencia profunda, mirando por última vez a su hijo antes de retirarse con Ymir detrás de ella.

Eren siguió a Levi y Farlan con Sasha al lado suyo por los pasillos del palacio, observando desde atrás como el niño se colgaba al brazo de su padre, con sus escarpines azules moviéndose ágilmente para llegar rápidamente hasta la entrada del palacio. El hanfu negro del emperador lo hacía lucir aún más imponente e intimidante de lo que ya era, pero al verlo tan pacifico y atento con su hijo esa imagen se suavizaba considerablemente.

En la gran entrada del palacio, donde los árboles enmarcaban el gran portón de piedra solida y madera, se encontraba Erwin con su hanfu purpura, esperando pacientemente. Hizo una reverencia ante Levi y saludó con una sonrisa gentil a Eren y su dama de compañía. Los guardias abrieron las puertas robustas y les permitieron salir de Xian Ling con la cabeza inclinada. Afuera estaba el séquito que seguía al emperador; un grupo de eunucos, sirvientas y guardias que estaban formados en fila, todos atentos ante cualquier petición del monarca.

—Iremos a zhongnanhai, el jardín del oeste, para que Farlan pueda jugar el resto de la tarde—le informó a Erwin.

El rubio asintió, girándose hasta la procesión que esperaba de pie, indicándoles el destino al que partirían y todos obedecieron, caminando detrás del emperador y sus acompañantes. Las mujeres llevaban pequeños hornillos de sahumerio que sostenían para dejar una estela de fragancias que indicaban que el rey había pasado por esos senderos.

—Eren, ven con nosotros—lo llamó Levi aún de la mano de Farlan.

Eren se acercó hasta ellos, quienes estaban encabezando el séquito, tomando con bastante confianza la otra mano del príncipe; así, ambos varones llevaban de cada mano al niño de cabellos cenizos, haciéndolo inmensamente feliz. Los ojos verdes le sonrieron a los plateados, que lo miraban serenos, con cariño, dedicándose una pequeña sonrisa cómplice mientras avanzaban por la calzada con Erwin y Sasha detrás de ellos.

Fue un recorrido largo, pero la conversación de Farlan con los dos adultos lo hizo más ameno, consultándole sus inquietudes de infante, recibiendo respuestas por alguno de los dos.

En Zhongnanhai había un pequeño palacio rodeado de amplios y exquisitos jardines, llenos de flores y árboles frondosos que se mecían con la apacible brisa de la tarde brillante. El palacio era similar al de Eren, sin embargo este tenía una entrada amplía y despejada, con sauces bordeando las calzadas de piedra gris.

Pasaron en frente del palacio hasta llegar al mismo puente que Eren estaba recorriendo el día en el que conoció a Farlan. Ahí estaba el lago tranquilo, con sus nenúfares flotando como nubes en la superficie, las abejas y mariposas besando los centros dulces de las flores y el sol haciendo que la hierba verde brillara, convirtiendo al lago en un espejo inmaculado. Levi y Eren se detuvieron en medio del puente, dos sirvientas se acercaron cada una con una sombrilla blanca de flecos dorados que los protegían de los rayos del sol. Farlan se soltó del agarre de los dos y les pidió que fueran los jueces en su competencia de espadas, que en realidad eran varas de bambú, para eso les pasó una a Sasha y a Erwin.

Ambos adultos recibieron las varas de bambú ligeramente avergonzados pero sin oponerse a los deseos del pequeño príncipe que les miraba con ilusión.

—Farlan—lo llamó Eren antes de que el niño se marchara, agachándose un poco para quedar a su altura. Desabotonó la casaca de seda azul que traía sobre su hanfu, retirándola para que pudiera jugar con más libertad—Así podrás vencerlos con más facilidad—le dijo con una sonrisa mientras le peinaba el cabello cenizo.

Farlan le agradeció, retirándose con los dos adultos siguiéndole a cada lado suyo. Eren se incorporó con la casaca de seda doblada entre sus manos, apoyándose sobre la baranda de madera roja del puente, observando cómo el niño corría sobre la hierba.

—Es tan adorable, majestad. Hoy luce radiante y feliz, ¿sabe? —mencionó Eren con la mirada fija en Sasha y Erwin, ambos aparentemente luchando contra el príncipe—Él realmente lo aprecia y ama.

Levi miró hacía la misma dirección del cairen, escuchando la voz de su hijo alzándose con alegría cuando estaba a punto de ser tocado por alguna vara de bambú. Se sentía bastante afortunado de tener a Farlan en su vida y más aún, saber que su hijo lo amaba de forma incondicional a pesar de su ausencia. Su madre, la emperatriz Kuchel, se había encargado de criarlo con un amor excesivo, tratando de llenar la ausencia de su padre, quien lo trataba con la dureza y rigidez del padre chino. Ella era estricta, pero al mismo una mujer flexible y justa, protegiéndolo de la tormentosa vida de la corte. Esperaba que con el pasar el tiempo el amor de Farlan permaneciese intacto, y no se convirtiera en el odio que Levi sintió contra su padre y sus hermanos.

—Lo sé, él es una de las tantas razones que tengo para proteger esta nación—le dijo a Eren, ambos distraídos con la escena—Yo temo al igual que Petra por su bienestar. Me preocupa su salud, también el día que tenga que ser participe en la corte. No puedo alejarlo de sus funciones como príncipe, pero tampoco quiero que sea infeliz encerrado en un palacio—Levi, conociendo la dura vida de un príncipe, no deseaba que su hijo tuviera la misma desdicha suya. Él tuvo que endurecerse con el pasar de los años, convirtiéndose en un hombre firme como una muralla que había tenido que aprender a imponerse sobre los demás, llegando al punto de ser respetado pero al mismo tiempo temido.

El castaño dejó de observar hacía el lago y se giró, sonriéndole de manera comprensiva al escuchar los temores del hombre más fuerte del imperio. Se acercó un poco más a él, captando su atención. El viento ocioso agitaba los cabellos lizos y negros del emperador, su rostro blanco y perfecto brillaba cómo la luna, y sus ojos levemente rasgados lucían tan parecidos a los de los lobos de las montañas del norte; feroces y apacibles al mismo tiempo sobrecogían todo lo que mirasen.

—Entiendo que se sienta preocupado por el futuro del príncipe, es algo que padre y madre experimentan a pesar de que ellos crezcan y sean más independientes—Eren pensó en su padre, al cual no había visto desde hace algún tiempo. El emperador estaba experimentando el mismo sentimiento de incertidumbre que Grisha sentía—Pero Farlan lo tiene cerca, al igual que a la consorte Rall, ustedes están para él. Él es afortunado por haber nacido con el cariño que le profesan.

Levi se le quedó mirando en silencio por unos segundos, para después sonreír tranquilamente, como si se hubiese dado cuenta de algo mientras observaba el rostro dulce del cairen.

—Tu padre debe sentirse orgulloso de ti, te ha criado muy bien—dijo, corriendo unos mechones de pelo castaño que se deslizaban por la frente del muchacho.

—Mi padre es un buen hombre, soy yo quien está orgulloso de ser hijo suyo.

—Debes extrañarlo bastante, ¿verdad? —preguntó el emperador al descifrar una nota de nostalgia en la voz de Eren. El castaño asintió—Llamaré por él en estos días para que pueda venir a visitarte—dijo.

Eren lo miró primero con sorpresa, sabiendo de ante mano que casi ninguna concubina podía ser visitada por su padre, pero inmensamente feliz ante esa noticia de verlo en poco tiempo.

—Majestad—susurró emocionado, abrazándolo con emoción. Pegó su rostro contra la suave seda que cubría el amplio pecho del pelinegro, riendo, respirando el aroma a bosque que desprendía—Muchas gracias, de verdad muchas gracias.

Levi lo tuvo entre sus brazos, una mano apoyada en su espalda y la otra sobre su cabeza, mirándolo con adoración.

—No tienes que agradecerme, te lo has ganado—le dijo, sintiéndose gratamente complacido cuando Eren alzó el rostro y apoyó ambas manos sobre sus hombros, dejando un tímido beso sobre los labios contrarios.

Eren se separó un poco de sus labios, mirándolo entre sus espesas pestañas con ensueño. Estaba muy enamorado del pelinegro, y no podía ocultarlo de ninguna forma. Cada pequeño gesto que tenía con él lo desestabilizaba y le hacían creer que tal vez el mismo emperador se estaba enamorando. Quería llegar a ser tan importante para Levi así como él lo era en su corazón.

Siguieron observando al pequeño príncipe jugar amenamente con los dos adultos, ambos abrazados desde el puente, disfrutando de la compañía del otro.

Después de un rato Farlan llegó corriendo hasta ellos con las mejillas encendidas y su cabello desordenado, feliz de haber ganado en aquél duelo de espadas de bambú. Eren abandonó los brazos de Levi para sacar un pañuelo del interior de su hanfu, inclinándose sobre el rostro del príncipe para limpiar el sudor de sus sienes. También lo peinó nuevamente con sus dedos, felicitándolo por haber ganado.

—Vas a ser un príncipe muy fuerte, Farlan, mira como le has ganado a Sasha—mimó sus mejillas sonrojadas, pellizcando suavemente la punta de su nariz, haciendo que el niño se encogiera con una sonrisa.

Las sirvientas a pesar de mantenerse en silencio se sorprendían ante la familiaridad que mantenía el cairen, pues ni siquiera se tenía permitido tocar al príncipe sin razón alguna, mucho menos llamarlo por su nombre.

—Dos contra uno no ha sido un duelo justo, pero fuiste muy valiente—Levi lo cargó entre sus brazos, haciendo reír al pequeño que no dudo en abrazarse al cuello de su padre, recostando su cabeza sobre su hombro.

Eren se acercó hasta Levi, mirando el rostro de Farlan que se refugiaba en el cuello de el pelinegro.

—Ya está cansado—Eren miró como los grandes ojos de Farlan pestañeaban con pesadez. El sol había bajado un poco y el ambiente estaba fresco, por lo que cubrió al niño con su casaca blanca para protegerlo del viento.

Levi bajó la cabeza y en efecto, Farlan se veía bastante adormilado.

—Lo llevaré al palacio Zhongnanhai para que descanse—el palacio se encontraba bastante cerca de ellos, y ahí nadie habitaba, sin embargo era limpiado todos los días y estaba amueblado hasta el último rincón—Farlan seguramente preguntará por ti cuando desperté.

—Esperaré en el palacio hasta que lo haga—aunque Eren sabía que el emperador de alguna forma le estaba diciendo que no se marchara, y él no tenía problema en hacerlo.

El castaño tomó una de las sombrillas que sostenía la sirvienta al lado suyo y se cubrió a sí mismo y al emperador. Ambos se miraron antes de empezar a avanzar de nuevo siendo seguidos por los siervos detrás de ellos. Eren se juntó un poco más al cuerpo de Levi, apoyando su mano en el brazo de este, ambos hablando suavemente para no despertar al príncipe que dormía apaciblemente en los brazos de su padre.

—Se ven muy felices juntos, ¿no le parece? —Sasha miró a Erwin que caminaba a su lado.

—Creo que se ven más como una familia—le respondió Erwin, observándolos con una sonrisa.


"El alba en la mañana de invierno brilla en las vigas. A pesar de sí misma sale de la cama envuelta en su bata de bambú. Lustra su espejo a esa hora que nadie mira. ¿Para qué se pinta la cara tan temprano? Sopla la niebla como una sombra sobre el alma de la vanidad. Pueden inclinarse y rogar perdón, saben que el día pasa sin detenerse como las estaciones confusas."

Eren fue mandado a llamar por la consorte Rall al día siguiente de haber estado con Farlan y Levi en el palacio. Solicitaba su presencia en un salón que limitaba con Yeting, una aérea que él había escuchado no era muy recorrida por los nobles ni las cairenes. Fue escoltado hasta esa parte de la ciudad un poco retirada, sin saber cuál era la razón por la que había sido llamado aquella tarde.

Subieron las escaleras del pequeño edificio que se suponía era el salón donde se encontraba Petra esperándolos. Adentro estaba ella sentada en un trono con un gran buda de cobre detrás de ella con palillos de incienso encendidos. De las vigas de madera colgaban cortinas de tela y tapices con antiguas enseñanzas taoístas bordadas que oscurecían la estancia. Ymir a Auruo se encontraban a un lado suyo al igual que los sirvientes en las esquinas de las paredes y los guardias en la entrada del salón.

Eren y Sasha entraron, haciendo una profunda reverencia como saludo.

—Su alteza.

—De pie—les ordenó Petra con su sonrisa de madre, siendo obedecida—Te he mandado a llamar, cairen Jaeger, porque creo que es necesario que estrés presente cuando decida el castigo de cairen Leonhardt.

Dicho esto, dos guardias entraron con Annie, cada uno sosteniendo un brazo de la rubia con firmeza, la cual lucía como un animal asustado. Eren se sintió aturdido, observando cómo obligaban a la cairen a arrodillarse ante la consorte con poca delicadeza. Miró a Sasha y ella le regresó la mirada angustiada, mordiendo su labio con nervios. Quiso decirle a la consorte que no era necesaria su presencia pues en el fondo no quería ser participe del momento en el que decidieran el castigo de la cairen, pero Petra ya estaba concentrada en Annie, mirándola con dureza, borrando su sonrisa benevolente.

—Cairen Jaeger me ha comentado que tú has desobedecido incontables reglas en el harem, amenazando a tus hermanas y aprovechándote de tu apellido—le hizo saber con seriedad—También atacaste a cairen Renz y robaste a cairen Jaeger.

—Eso no es cierto, su alteza—negó Annie, aún de rodillas, aunque los guardias ya habían liberado sus brazos.

—No hay ola sin viento, ni humo sin fuego—recitó Petra, mirando a Eren por unos segundos antes de regresar sus ojos hacía Annie—¿Por qué cairen Jaeger haría tales acusaciones, entonces? En el pasado te he castigado, conozco tu carácter cairen Leonhardt.

Annie levantó su mentón con la mirada decidida y digna.

—Su alteza, cairen Jaeger aún guarda rencores dentro de él y por esa razón trata de inculparme por su descuido la noche del banquete—se defendió con bastante tranquilidad la rubia.

Eren la miró entre sorprendido e indignado, maravillado ante lo bien que Annie podía mentir ante la rígida mirada de la consorte sobre ella, sin que sus ojos vacilaran o sus labios temblaran a pesar de su situación desfavorable.

—¿Estás diciendo que cairen Jaeger te ha inculpado erróneamente?

—Así es, su alteza.

—Esa es una acusación peligrosa, cairen Leonhardt—le advirtió Petra. Annie no respondió nada, simplemente se quedó en silencio, observando de reojo a Eren y Sasha. La consorte al ver que la rubia no hablaba, continuó—Auruo, dime cuales fueron los resultados de la investigación—le ordenó a su compañero.

Auruo dio un paso al frente con la espalda inclinada, mirando a su señora.

—Su alteza, según los testimonios de las siervas y los eunucos de La Casa de las Cairenes, cairen Leonhardt ha atentado contra la integridad de las jóvenes, amenazándolas y prohibiéndoles que acudan a usted. Una de las siervas de La Casa de las Flores vio cuando ella salía con una prenda bajo el brazo y dos guardias confesaron haber sido sobornados con joyas de parte suya. Los soldados que han hecho guardia las últimas nueve lunas informaron que ha estado merodeando por los alrededores del palacio de cairen Jaeger de forma sospechosa—reportó Auruo.

—Hay numerosas fuentes que te inculpan, cairen Leonhardt—apuntó Petra con severidad—¿Sigues pensando que Cairen Jaeger te ha inculpado erróneamente? —volvió a preguntarle sin obtener respuesta—Respóndeme—le ordenó tranquilamente.

Annie parpadeó rápidamente, abriendo un par de veces la boca sin lograr articular una sola palabra. Eren miró a la consorte con su semblante duro, deseando que no se impacientara ante la falta de respuesta y la castigara sin más.

—¿Debo recordarte las reglas del harem, cairen Leonhardt? —presionó Petra.

La rubia negó suavemente, alzando su mirada azul y tempestuosa, mirando fijamente a la peli naranja.

—Sé que usted nos ordenó ser buenas las unas con las otras, ¿pero no es muy hipócrita exigirlo cuando usted nunca pudo cumplir esa regla, consorte Rall?

Ymir frunció el ceño al escuchar la pregunta atrevida que había sido dirigida a su señora y Auruo apretó los labios ante el comentario de la rubia. Eren se sorprendió ante las palabras de Annie, preguntándose a que venía esa pregunta. La consorte ni siquiera se inmutó ante esto, pero él presentía que en el fondo estaba bastante disgustada ante esa ofensa por parte de una cairen. El silencio sepulcral del salón solo anunciaba una inminente tormenta.

Annie se arrepintió inmediatamente de su atrevimiento. Con la mirada arrepentida agachó la cabeza para pedir perdón por su desliz.

—Consorte Rall, yo no quería insultarla, por favor perdóneme—rogó con la frente rozando el frío suelo de mármol verde.

Petra miró hacia el frente, a ningún punto en particular, ignorando la suplica de la cairen que estaba a sus pies.

—Por años he conocido a distintas mujeres, pero ninguna tan inescrupulosa como tú. ¿Sabes cómo se castiga a quienes hablan a sus superiores de esa manera?

La rubia lo sabía, eran castigos de tercera categoría, y eran penalizados de forma violenta. Sus ojos empezaron a cristalizarse y su corazón a latir cada vez más rápido.

—Su alteza, suplico por su perdón. ¡La consorte Rall es conocida por ser una mujer buena y benevolente!—Annie hablaba rápidamente, tratando enmendar su error con otras palabras.

Eren también sabía que el castigo de Annie había empeorado al haber ofendido a la consorte, por lo que también se arrodilló sin perder tiempo, con la delicada tela de su hanfu rojo desplegándose en el suelo como una flor sangrante, captando la atención de Petra. Sasha también imitó la postura de su señor detrás de él también angustiada por el incierto destino de la cairen.

—Consorte Rall, ignore sus palabras por favor. Cairen Leonhardt es una niña impulsiva que no piensa en las consecuencias de sus acciones, solo trátela como a un cachorro sin conciencia y perdónela, por favor—trató de interceder el cairen. "Tratar como a un cachorro" era una expresión que justificaba las malas acciones de los niños cuando cometían un error.

Petra miró por unos segundos a Eren, él con la cabeza gacha, la joyeria dorada del buyao meciéndose suavemente de lado a lado, le pedía que fuera más considerada con la jovencita malvada. Suspirando hizo un gesto con la mano para que Ymir se acercara con una bolsa de terciopelo rojo entre las manos. La morena se agachó, dejando la bolsa en frente de Eren y se incorporó, regresando a su lugar junto a Auruo. Eren observó confundido la bolsa roja y con un asentimiento por parte de Petra la abrió. De su interior sacó pequeños fragmentos de jade, unos pequeños y otros más grandes. Sin comprender, introdujo la mano hasta el fondo, sintiendo un objeto largo y delgado. Sacó todas las piezas y las dejó una por una en el suelo; piezas de jade y un palillo plateado que estaba ligeramente doblado.

—Parece una alhaja—susurró Sasha a su espalda—Una alhaja de jade.

Eren entonces trató de unir todas las piezas de manera en que pudiera hallarle la forma. Los trozos de jade fueron unidos en el suelo, y Eren sintió su estomago retorcerse al ir reconociendo de que se trataba; era una mariposa de jade destrozada. ¡Frente a sus ojos se hallaba la mariposa de jade que había heredado de su madre!, destrozada, como si la hubiesen aplastado con una roca repetidas veces. Sus ojos se inundaron de lágrimas, alzando la mirada con fuerza para encontrarse con el rostro de Petra, exigiéndole una respuesta en silencio.

—Uno de los guardias dijo que cairen Leonhardt sobornó a una de tus siervas para que le entregara algo que significara mucho para ti—le explicó a Eren, sin inmutarse ante las lágrimas del castaño—Dime cual debería ser su castigo.

Eren giró su cabeza hacía la cairen rubia que negaba desesperada.

—No… Yo no la robé, no hablé con ninguna sierva del palacio de Eren—Annie volteó a ver a Eren, esta vez sin miradas altivas ni sonrisas de superioridad—Eren, tienes que creerme, yo jamás robé tu alhaja, no lo hice—le aseguró desesperada, también llorando por el temor de verse acorralada—Habla con la consorte, te lo ruego. Alguien más debió robarla, pero no he sido yo, lo juro por mi vida.

Eren sollozaba, mirando fijamente a la cairen, en silencio. Sentía que había perdido la única cosa que lo unía a su madre y ahora ya no le quedaba nada. Limpió las lágrimas que bajaban por sus mejillas con las mangas del hanfu, sin embargo era inútil porque seguían saliendo en grandes cantidades. Annie se arrastró en el suelo hasta llegar al lado del cairen, tomándolo por los hombros para que la escuchara.

—¡Eren, por favor! —chilló, sacudiéndolo suavemente.

Los ojos verdes le miraron profundamente dolidos, y Annie pensó que tal vez le gritaría que no lo tocara, pero él simplemente quitó sus manos de los hombros a los cuales se sujetaba, alejándose un poco de ella.

—Eren…—suplicó en un sollozo lastimero.

El castaño, a pesar de estar dolido y sintiendo rabia contra Annie no podía ser tan cruel para abandonarla de esa forma. Era un ser humano a fin de cuentas, y sabía que a pesar de su perdida material, la vida de alguien era más valiosa.

—Consorte Rall…—susurró Eren con dificultad, entre sollozos que trataba de retener para no verse tan vulnerable—Cairen Leonhardt ha cometido numerosas faltas, pero un castigo ejemplar es más que suficiente. Usted es benevolente, por favor no la castigue con tanta severidad—pidió con los ojos fijos en el suelo. No fue capaz de pedir que la liberara de sus faltas, quería que aunque su castigo fuera mas leve, de igual forma pagara por todo lo que había hecho.

La consorte apenas sonrió desde su lugar.

—¿Benevolente? —repitió Petra suavemente—Auruo, escribe esto: Cairen Leonhardt ha violado el código de harem real. Su titulo de cairen imperial será removido—el compañero de Petra escribía mientras la consorte hablaba—¿Estás de acuerdo cairen Jaeger? —le preguntó al cairen.

Eren asintió, pensando que tal vez destituirla era un castigo grave, pero no que ofrecía la dureza de uno físico. Ahora Annie probablemente no podría casarse nuevamente en un futuro ya que al haber pertenecido al harem del emperador y haber sido expulsada los hombres pensarían muy mal de ella. Su castigo sería el rechazo de los hombres por el resto de su vida.

—Bien. También ordena que preparen el salón de castigo en donde será azotada trescientas veces antes de que el sol se ponga—ordenó tranquilamente.

Annie abrió la boca horrorizada, retorciendo sus manos con desespero. Se arrastró por el suelo, chillando, tratando de alcanzar la falda de la consorte, pero los guardias se abalanzaron sobre ella antes de que pudiera tocarla, sometiéndola para que se quedara de rodillas en su lugar.

Eren recordó que una vez él y su padre habían atendido a un siervo que había sido azotado cincuenta veces en la casa de un noble, y el hombre tenía que dormir boca abajo, con las yagas llenas de pus al aire, y la carne pudriéndose entre sangre seca y costras. El hombre no vivió más de un mes en aquella situación y falleció producto de una infección que Grisha trató de sanar pero que al final se extendió por su cuerpo, matándolo lentamente. Dudaba que Annie lograra sobrevivir hasta los doscientos azotes. La consorte Rall prácticamente la estaba sentenciado a una muerte larga y tortuosa.

—Su alteza, por favor, trescientos azotes son demasiados. Reconsidérelo—pidió Eren, escuchando los lamentos de Annie a su lado lastimando sus oídos.

La consorte lo pensó unos instantes antes de responder.

—Cederé a tu petición cairen Jaeger. Que sean cien azotes—sentenció con firmeza, dando su última palabra.

—Su alteza, estoy arrepentida, ¡estoy muy arrepentida! ¡Le juro que jamás volveré a hacer cosas como estas!—suplicó, retorciéndose entre los guardias—¡Consorte Rall! —la llamó con fuerza, llorando de manera lastimera.

Eren agachó la mirada apenado, sintiéndose poco útil al no ser capaz de ayudar a Annie. Sus ojos enlagunados por las lágrimas miraban el suelo impotentes ante el destino de la rubia condenada a morir de forma tan violenta.

—Su alteza, ruego por su misericordia—rogó en un susurro roto, una lágrima llegó hasta su barbilla y chocó contra el suelo—Por favor, piense en la dignidad de cairen Leonhardt—apretó los puños entre las mangas de su hanfu rojo, esperando un poco de compasión por parte de ella.

—Es ella quien debería pensar en tú dignidad, cairen Jaeger—fue la dura respuesta por parte de Petra, la cual los miraba imperturbable ante el llano de ambos cairenes.

—El honorable cairen imperial del emperador se lo está suplicando—insistió débilmente, rozando su frente contra el suelo, humillándose ante la consorte sin importarle en lo absoluto.

Petra lo miró de una manera distinta, parecía que esa mujer sentada en el trono no era la amable consorte que él había conocido; esta era fría con un rostro estoico, no se ablandaba ante las súplicas, como si su corazón se hubiese congelado. Se sentía extraño en esa situación, como si estuviera envuelto en una terrible pesadilla de la cual no podía despertar.

—Cairen Jaeger, las reglas están hechas para que sean cumplidas. Ella amenazó a tus hermanas, golpeó a cairen Renz, te robó dos veces, se ha burlado de mi autoridad como consorte… ¿Debe ser castigada o no? —preguntó con el ceño disgustado, apretando los ante brazos del trono entre sus manos—¡Respóndeme! ¿Merece ser castigada? —los ojos de Petra se abrieron con fuerza y su voz se levantó sobre los llantos de Annie, exigiéndole una respuesta.

Eren cerró los ojos, con su cabeza doliendo a causa de la presión que estaba sufriendo. Sus manos temblaban levemente, sollozando por ser él quien debía decidir por el destino de Annie. No quería estar ahí, deseaba poder levantarse y salir corriendo, alejándose de ese oscuro salón y ese olor a incienso que le revolvían el estomago. Se sentía humillado y presionado, ahí de rodillas con la cara bañada en lágrimas, intercediendo por Annie. Ya su mente no estaba pensando con claridad, los instintos de supervivencia le decían que respondiera rápido o sería peor, tal vez la consorte se enfadaría más y esta vez con él o con Sasha.

—Mi señor…—Sasha lo llamó preocupada al verlo tan callado, sin responder.

De los labios del castaño escapó un jadeo, suspirando varias veces con la mirada fija en el suelo, sintiéndose como el ser más vil sobre la faz de la tierra al tomar al escuchar como de sus labios salía la respuesta que condenaría a la cairen que estaba al lado suyo:

—Sí.

Cerró los ojos, derramando varías lágrimas al decir esas palabras. Sintió el suspiro incrédulo de Sasha en su espalda, y cómo ella se acercaba, sacudiéndolo ligeramente para que abriera los ojos, llamándolo en susurros desesperados.

—Mi señor… ¿Está bien?

—¡Eren! —Annie le miró desde su lugar con miedo—¿Por qué me haces esto? ¿Por qué no me ayudas? —chilló, tratando se liberarse de los guardias—¡Entonces es mejor morir en tus manos! ¡Voy a morir de todas formas, mejor hazlo tú, acaba con mi vida! —le suplicó desesperada.

—¡Deja de decir esas cosas! —Eren la miró con culpa en sus ojos verdes, enrojecidos, con las mejillas húmedas y el rostro devastado. Annie le estaba diciendo que iba a morir y todo era culpa suya.

La consorte se levantó sin la ayuda de Ymir, mirando con superioridad a Annie, sin afectarse un poco por la desgraciada cairen.

—Cairen Leonhardt no será azotada aquí. Llévenla al otro cuarto y quítenle sus ropajes de seda. Vístanla cómo a los presos, dejando su espalda descubierta. Cairen Jaeger, ni sirvientas ni siervos… ¡ninguno puede dejar este salón! Todos van a presenciar cómo debe castigarse la insolencia—ordenó la consorte, abandonando el salón, siendo seguida por Ymir y Auruo al otro cuarto donde se llevaría el castigo.

Los guardias levantaron y llevaron a rastras a la cairen hasta el cuarto, la cual lloraba y suplicaba, tratando de soltarse para poder escapar de su castigo. Eren se incorporó con ayuda de Sasha y un guardia le miró, tomándolo suavemente del brazo para que avanzara y no huyera. El castaño no quería ser testigo de los cien azotes, le horrorizaba presenciar ese tipo de violencia; en su casa nunca un siervo había sido castigado de esa manera, y él nunca había conocido de la dureza de las personas hasta ese día, era como si un velo fuera removido de sus ojos y le mostrará que no todo podía ser dicha en su vida.

Lo llevaron hasta una parte en donde las puertas estaban abiertas de par en par, dando a la plaza en frente del salón. Los siervos estaban arrodillados en la parte de afuera todos con la cabeza gacha. Petra tomó asiento en una esquina, con Ymir y Auruo al lado suyo, todos con rostros serenos. El guardia que llevaba a Eren lo posicionó a un lado de ellos para que observara en donde Annie sería castigada. Cuando los guardias entraron, Annie parecía menos histérica, aún desesperada y asustada. Llevaba una pantalón blanco bastante rígido y una camisa del mismo color y material que dejaban al aire la delicada piel de su espalda; los broches habían sido retirados de su cabeza y ahora los cabellos rubios y alborotados le caían por el rostro, sucios por las lágrimas y el sudor.

—Arrodíllenla—ordenó Petra.

Los guardias obedecieron, agachándola de manera que su frente rozara el suelo y su espalda quedara más expuesta.

El hombre que iba a castigarla levantó el látigo de cuero negro con numerosas cintas, bajándolo con fuerza, cortando el aire en un silbido agudo. Eren desvió la mirada, encogiéndose, escuchando como Annie gritaba y lloraba adolorida, suplicando que se detuvieran. Un segundo azote, y luego un tercero no se hicieron esperar, incrementando los chillidos desesperados, aullando como los animales que eran apuñalados en los mataderos. Gritaba entre lágrimas por piedad, llamando a Eren entre los azotes, y el castaño miraba hacía otra parte, incapaz de ver como su espalda en carne viva se llenaba de sangre. Ni siquiera habían llegado a los cincuenta azotes.

—Cairen Jaeger—lo llamó Petra sin dejar de observar cómo era azotada la rubia—Puedes retirarte si lo deseas. Esto va a tomar mucho tiempo.

Eren miró por última vez a Annie, la cual seguía gritando cada vez que el hombre bajaba el brazo y el látigo le abría otro pedazo de piel. Jamás olvidaría el recuerdo de la piel desgarrada de Annie, ni el suelo empapado por sus lágrimas y sangre, esa escena lo perseguiría por el resto de su vida, trayendo repercusiones en el futuro que le abrirían los ojos.

Se retiró con una reverencia apresurada, saliendo rápidamente con Sasha detrás de él.

Los azotes continuaron hasta que los gritos se convirtieron en gemidos de dolor; Annie ya no tenía más fuerzas para hablar. Petra al notar esto ordenó que se detuvieran y la trajeran hasta ella. Los guardias la arrastraron, dejándola frente a sus pies a punto de desfallecer.

—Cairen Leonhardt, ¿por qué no le agradece a su alteza? —preguntó Auruo, con su sonrisa de zorro.

Annie, quien apenas podía mantenerse despierta, trataba de articular una frase coherente a pesar del dolor desgarrador que sentía.

—Gracias… Alteza—susurró.

Petra negó, suspirando cansinamente.

—Creo que es suficiente castigo por haber desobedecido las reglas del harem—dijo la consorte con tranquilidad, sin bajar su mirada—Pero aún falta tú castigo por ofenderme, cairen Leonhardt—le recordó.

Annie sólo pudo llorar en silencio, deseando haber muerto en ese mismo instante.


"Anclamos la barca al lado de una isla brumosa, mientras se pone el sol estoy anonadado en la nostalgia. La llanura se estira hasta la lejanía sin límite. El cielo está justo sobre la cresta de los árboles y el río fluye calladamente. La luna desciende entre los hombres y los corazones tiemblan. El alma de la doncella está lastimada por los cuervos afligidos que la deshonraron."

Eren llegó al salón de La Gloria Literaria hecho un manojo de lágrimas. Sasha les explicó a los guardias que su señor necesitaba urgentemente al emperador, y estos dudaron un poco hasta ceder y dejarlos pasar. El cairen conocía de memoria el recorrido hasta el estudio del emperador y no necesitaba que alguien lo guiara, ignorando al sirviente que se ofrecía a llevarlo y anunciarlo. Caminaba con pasos rápidos, con su mano sobre los labios buscando acallar su llanto que se escapaba de vez en cuando en sollozos que lo hacían temblar. Sasha lo seguía con la cabeza gacha, llamándolo angustiada al verlo en ese estado tan deplorable; su señor siempre se mostraba bueno y tranquilo, pero ahora lucía como si no fuera dueño de sí, con los ojos arrepentidos, como si acabara de asesinar a alguien, envuelto en la triste belleza de sus ropajes que volaban con cada paso que daba. Los palillos y pendientes del buyao se movían con fuerza, lastimandole las mejillas por las cuales se deslizaban gotitas de agua salada como ríos bajando por la montaña.

—Mi señor, por favor, tiene que tranquilizarse—suplicaba detrás de él, tomándolo del brazo—No puede irrumpir en el estudio de su majestad de esa forma.

Eren no se giró para mirarla, simplemente caminaba con la vista al frente.

—Necesito verlo—fue lo único que pudo decir con la voz ronca.

Llegaron hasta la puerta del estudio en donde los eunucos los miraron extrañados. El cairen lucía tan vulnerable y su dama de compañía respiraba agitada.

—Quiero ver al emperador—dijo Eren con toda la dignidad que tenía a pesar de tener lágrimas en su rostro.

—Lo sentimos, nadie puede entrar a no ser que el emperador lo ordene—respondió uno de ellos.

—Entonces díganle que Eren quiere verlo—les ordenó.

El eunuco negó, inclinándose un poco.

—No podemos hacer eso, por favor retírense—dijo el otro educadamente.

—¡Es urgente! —suplicó Sasha.

—Ya les hemos dicho que se retiren por favor. El emperador está muy ocupado para atender a alguien.

Eren fue más rápido que ellos y sin importarle que fuera una falta de respeto se acercó a la puerta, abriéndola con fuerza. Entró rápidamente ignorando el llamado de los eunucos y Sasha detrás de él.

—¡Levi!—lo llamó por su nombre sin importarle, irrumpiendo en el estudio como un tornado entre tafetán rojo con flores verdes y lágrimas.

El emperador alzó la vista de los pergaminos que leía en su escritorio y su rostro se mostró perplejo y confundido al verlo así. Erwin a un lado suyo también le miró sorprendido, inquieto por el mal estado del castaño que corría hacía ellos.

Levi se puso de píe con los ojos preocupados, descendiendo de la pequeña tarima de madera para acercarse hasta el cairen que lucía tan desprotegido, rogando por ser consolado en su mirada acuosa.

—¿Eren? ¿Qué pasó? —le preguntó, caminando rápidamente hacía el. Lo refugió entre sus brazos, sintiendo como temblaba asustado. Lo escuchó llorar contra su pecho, abrazándose a él con fuerza, como si temiera que lo soltara y se alejara—¿Qué te hicieron? ¿Alguien te lastimó, baobei? Respóndeme… —le pidió con suavidad, acariciando sus cabellos para calmarlo.

Eren negó contra su pecho, apretando con sus manos el hanfu azul entre sus dedos. No sabía como empezar y contarle todo lo sucedido sin desmoronarse.

—¿Qué pasó Sasha? —Erwin bajó y le preguntó a la dama de compañía de Eren que parecía más tranquila.

La castaña los miró preocupada pero fue interrumpida por la voz arrepentida del castaño, que se quebraba, convitiendose en un susurro:

—Ha sido culpa mía… ¡Que castigaran a Annie fue culpa mía!—se lamentó Eren, adelantándose a Sasha.

Levi acunó el rostro del castaño entre sus manos, limpiándole las lágrimas con sus pulgares delicadamente.

—¿Qué pasó, baobei? No te preocupes, dime que sucedió y podremos arreglarlo—le aseguró Levi, hablándole con tanto amor que hizo sentir a Eren que no merecía ser tratando de esa forma—Ya… No llores. ¿Tú confías en mi, verdad? —Eren asintió, hipando—Entonces no tienes que temer, me tienes a mí—susurró el pelinegro.

Eren separó el rostro de su pecho y lo miró fijamente con el rostro desolado. Levi quiso hacer algo, cambiar aquella mirada triste de alguna manera, no deseaba verlo sufrir de ninguna forma. Le acarició el rostro con lentitud, besando los labios húmedos del cairen; fue un gesto tierno y delicado, que le expresaba lo mucho que lo quería.

—Mi dulce Eren…—lo abrazó con más fuerzas, frotando suavemente su espalda—¿Quién te ha hacho llorar?

Eren sollozaba un poco más tranquilo que hace unos instantes, pero aún preso del dolor y la culpa, con los ojos húmedos y el pecho doliéndole.

—Hoy la consorte Rall me llamó para castigar a cairen Leonhardt al haber desobedecido las reglas del harem—dijo en voz muy baja, incapaz de mirar a Levi a los ojos—Yo acepté… Y la consorte Rall… Ella nos ordenó presenciar cuando cairen Leonhardt fuera azotada—le confesó con la voz a punto de quebrarse ante el horroroso recuerdo de Annie chillando desesperada—Yo no quería ver eso… Fue algo tan cruel... Pero tuve la culpa, yo hice que la castigaran y no me negué cuando la consorte Rall nos llevó a esa sala…—su voz se convirtió en un susurro, sintiendo la culpa calándole en el alma al reconocer en voz alta todo era obra suya.

Levi asintió con una mirada seria. A pesar de la insistencia del cairen por hacerse responsable, él sabía que no era su culpa.

—¿Fue Petra la causante de todo esto? —trató de averiguar Levi bastante molesto por la orden que le había dado Petra al castaño —¿Ella ordenó que observaras como la castigaban?

Eren asintió, echándose a llorar nuevamente, sintiéndose cómo un ser despreciable. Su padre seguramente se decepcionara cuando supiera que él había condenado a una de sus hermanas al ceder ante la presión de la consorte.

El pelinegro suspiró, odiaba saber que Eren había sido testigo de ese castigo, sin siquiera tener la oportunidad de negarse. No quería tenerlo en su ciudad amurallada, encerrado, sufriendo y llorando como lo hacía ahora, y para eso haría lo posible para que él castaño sonriera nuevamente.

—Me encargaré de eso, ¿de acuerdo? Sé que no podrás olvidar lo que viste hoy con facilidad, pero haré lo posible para que lo hagas—prometió el emperador, levantando el mentón suavemente para que alzara el rostro—Eren… Mírame—lo llamó para que levantara la mirada. El castaño obedeció, observándolo con tristeza—No ha sido culpa tuya. Petra fue muy insensata al ordenarte estar presente en ese momento. Voy a hablar con ella para que te pida perdón, no puedo pasar por alto aquello, y mucho menos al ver cuánto te ha afectado, ¿sí? —Eren asintió suavemente—Eso es… No estrés triste. Mi dulce Eren siempre tiene una sonrisa para mí—con sus pulgares en ambas esquinas de los labios del cairen hizo un pequeño movimiento, formando una sonrisa en ellos. Eren sonrió un poco ante los intentos del emperador por reconfortarlo de alguna manera, a pesar de ver su deplorable estado—Todo va a estar bien, no volveré a dejar que vuelvan a pasar por encima de ti—susurró Levi, besando su frente.

Eren se sintió reconfortado y adormecido ante esas palabras que buscaban aliviar su dolor, aunque en el fondo sentía que las cosas ya no serían tan parecidas a cómo eran antes.

"Los lotos han perdido su fragancia, la estera se enfría, mi vestido de seda se afloja, solo subo al bote. ¿Quién envía un mensaje a través de las nubes? Mi dolor no termina, cuando abandona la frente vuelve para atormentar el corazón. Triste llevo la sonrisa, las campanillas suenan bajo los tejados y me despierto de mi sueño inconcluso. Quien sabe cuando podré encender las velas para acompañar la lúgubre e interminable vigilia."


Este capitulo debió llamarse "cien azotes para Annie" (que mal chiste) Petra enseñó que tiene otras facetas aparte de ser todas sonrisas y saludos y Eren ahora siente una inmensa culpa. Este cap fue puras lágrimas jajaja pero la vida le esta enseñando a Eren que las cosas no son siempre tan buenas (¿alguien recuerda la profecía de la vidente?) Lo que hay que pasar para ser consorte. Espero que les haya gustado el cap, fue muy largo pero creo que eso está bien. Annie solo fue el comienzo. ¡Mil gracias de nuevo por sus reviews en el cap pasado! Soy inmensamente feliz de que este fic reciba tanto amor.

¡Ahora las respuestas a sus lindos reviews!:

Magi Allie: Bueno, espero que Petra te haya agradado en este cap ajajaja. Lo del vestido fue muy arriesgado, Levi pudo ofenderse y Petra tendría problemas y en consecuencia las cairenes llevarían la peor parte, una de las razones por las cuales Annie fue castigada de esa forma. Como te dije, este cap fue mayormente un drama, aunque espero que Farlan haya endulzado las cosas de alguna forma (soy mala con los niños). Eren se siente muy culpable por ceder ante Petra y hacerle eso a Annie, pero sirve como lección en el futuro cuando ya sea más fuerte y no tan sensible antes esas circunstancias. ¡Mil gracias por leer Magi, por ese review tan lindo! Y por decirme que escribiera jajaja que no sé cómo del viernes pasé a hoy. ¡Un abrazo enorme!

Bossenbroek: ¡Hola! Jajaj muchas gracias por las felicitaciones. ¡Me alegra que te gustara el baile de Eren! La danza china es hermosa y con unas formas que enamoran. Eres muy lista Bossen, y ese dicho es de lo más acertados, y ya lo viste en los pensamientos de Christa, ella está entre celosa porque Eren no le presta atención y no se queda con ella, celosa por ver que el avanza opacándola y celosa porque Levi ni siquiera sabe que existe, lastimosamente Eren no se da cuenta de eso (ya se, Christa es re bipolar). Annie es de esos villanos que no mueren… ¿Qué decías? Jajaja Petra es como Raid, "las mata bien muertas", que no se conformo con un castigo y siguió con el otro. Awww gracias en serio por tomarte el tiempo de leerme y dedicarme un review en cada cap, son los que más espero con ilusión, me siento bendecida y afortunada jajaja. Perdón por hacer llorar a bebé Eren, pero Levi va a estar muy complaciente con él, ¡así que espero que te haya gustado el cap! ¡Un abrazo enorme, gracias por el review!

Frantz Kruger: Ay, qué bueno que no te pareció tan largo, ¿y este? Jajaja que lindo que lo extrañes, amo escribir de él y espero que con este cap tus ganas de leer crezcan. Gracias por tu adorable review, y por cierto, me encanta tu nombre, ¿a qué viene eso? No sé ajaja, necesitaba decirlo. ¡Un beso y un abrazo, espero leerte pronto!

Kurokocchii0: ¡Hola! ¿Cómo estás? Que lindas tus palabras, en serio me llegan. Christa si le tiene envidia a Eren y como dice Jean, eso daña las demás manzanas, ya viste que Christa a veces parece estar muy bien con Eren y luego recuerda todas las cosas que aparentemente son culpa suya. Petra… Bueno, ahí ella demostró que cuando es sobre imponerse lo hace y de una forma bastante severa. Fue muy mala al ordenarle a Eren que tomara esa decisión de ver como azotaban a Annie, y eso tendrá sus repercusiones en el futuro, pero no tienes que preocuparte Eren después podrá tener más poder para imponer su palabra, por ahora necesita ser consolado por Levi. Las cosas ya no van a ser tan rosa. Linda, muchas gracias por leerme, me haces muy feliz y espero poder hacer lo mismo con este cap, ¡te agradezco el review, y nos leemos pronto, un abrazo de oso panda!

Van: Jajaja ¡tu review me hizo reír con eso de las quincenas! Tienes toda la razón, Eren se está convirtiendo en el soberano de su corazón y más ahora que lo necesita. Espero que te haya gustado este capítulo (aunque no hubo pajasutra) pero luego ya en el futuro vendrán más. ¡Gracias por tu review, un abrazo enorme!

Yaritza9: Jajaja créeme que con esto ya huele a futuro consorte (luego viene el titulo de emperatriz) pero eso es bueno, va a caerle como agua fría a algunas personas. Eren si está luchando por ser el único y no le está poniendo problema (Farlan lo adora, Levi lo adora) así que no debes preocuparte. ¡Este no fue corto! yo nuevamente que más de ocho mil no iban a ser… cuando veo que voy por trece mil, con razón ayer mi espalda lloraba jajaja (no, no es cierto) ¡Fue tan bonito tu review! Mil gracias por leerme y espero que te haya gustado este capítulo, ¡un abrazo y beso enorme!

Kotoko-noda: Jajaja ay lo siento, pero es que Eren aún no se siente listo, pero cuando ya sea la hora va a estar más que preparado. Es que Eren se sale con la suya (menos en este cap) y si Levi lo hubiera castigado habría sido de otra manera (tú sabes que tú y yo sabemos qué clase de castigo jajaja) Aunque en este cap no hubo pajas, fue más de Levi apoyando a Eren y consolándolo porque él ha empezado a verlo más que algo que deseaba en su palacio. ¡Sé te quiere un montón, y gracias por tu lindo review! Espero leerte pronto, un abrazote de oso.

Luciakkss: jajaja ¿sabes? ¡Se me fueron más de 30 hojas! Y regresé con todo, arrasando como Petra. 1) ¡Annie ya está `prácticamente! (parece que todo lo que pides se te cumple) 2) Lo sé, Christa es una bipolar que solo llora y le echa la culpa a Eren por sus desgracias. 3) ¡Jajajaja! Pues de consortes Levi puede tener cinco, pero solo tiene una, y sí, a mí también me da cosita cuando escribo esposa de… iugh. Podría matar a Petra jajaja solo tienes que esperar los caps que vendrán a su tiempo. 4) Si fue vergonzoso para Eren que lo besara en frente de Petra (imagina que un hombre con esposa te besara en frente de ella) y las cairenes (que si lo odiaban ahora lo quieren muerto) pero ellos estaban tomados, ya sabes, se pierde la vergüenza y se hacen unas cosas muy locas. 5) jajaa me encantan tus conclusiones salvajes, con Christa de pueden esperar muchas cosas y con Petra también, ya viste de lo que ella es capaz, y aún falta que Christa muestre su potencial. 6) Jajajaja ay, no puedo con esto, (Dios mio, amé este review) ¡Le ahorcó el ganzo a Eren! ¡Le sacó la mousequerramienta misteriosa! Jajaja un altar con cosas chinas, soy como la madre misericordiosa (ya quisiera) 7) Jajaja no pasa nada 8) Awww, ¡yo también te amo! No creo que me haya tardado mucho con el cap. 9) Estudio derecho ¿y tú? ¡Este ha sido de los reviews más bellos que me han dejado, te agradezco tanto por tomarte el tiempo de hacerlo! Espero que te haya gustado, ¡un abrazo enorme!

Suethulhu: Espero que te haya ido muy bien ese examen si ya lo presentaste, ¡y de nada! Me alegra poder ayudarte de alguna manera, al menos para distraerte un poco. Soy feliz sabiendo que has leído mis historias y gracias por hacérmelo saber aquí. ¡Espero que hayas disfrutado de este capítulo! Y gracias por tu lindo review, ¡un abrazo enorme!

Theshyfairy: ¡Hola bienvenida, aquí te trataremos con amor! Jajaja ay, qué la pagina de FB me recomendó para que supieras de la existencia de este fic (¡gracias página de FB!) Sus reacciones se van a manifestar de muchas maneras y Eren va a tener que soportar el peso que acarrea ser el favorito de Levi, ¡pero no te preocupes! Que él está de su lado. Muchas gracias por tu lindo review, espero que te haya gustado y que esperes el siguiente. ¡Un abrazo de oso panda!

Ilse Masen: Awww ¡eso es tan hermoso! Que lo esperaras de esa forma me pone feliz (podría darte un abrazo) ¡Los hanfus son hermosos! ¿Verdad? A veces me gustaría poder enseñárselos pero no puedo hacerlo, sin embargo confío que al igual que tú, hayan visto más o menos como son. Este capítulo ha estado más largo y medio dramático pero espero que igualmente lo hayas disfrutado, ¡lo que sigue es muy bueno de ver! ¡Gracias por tu review, que tengas un día hermoso!

Charly Land: ¡Chaaaarly! Ay, gracias, gracias, gracias por leerlo. La verdad es que si estaba muy nerviosa con ese cap era como cuando no te subes a una bicicleta y tienes miedo a hacerlo de nuevo y caerte, pero por lo que veo no ha salido mal. Me alegra que te haya gustado el baile y los cariñitos de Levi con Eren. En este cap fue ya algo más de cariño que repara, porque Eren se siente muy culpable por lo que pasó, entonces imagina, la muerte en la flor de la vida. Yo en mis manos tengo migas de galletas jajaja creo que esa es mi magia. Esas palabras tan bonitas viniendo de ti me animan un montón, muchas gracias por ser tan generosa conmigo, se te quiere un montón y espero que las cosas en tu vida vayan de maravilla. ¡Mil gracias por el review, un abrazo y buenos deseos!

AstridHatakeAckermanJaeger: Muchas gracias y espero que tú también tengas éxitos en cada cosa que realices. A Annie las cosas le salieron mal, pero muy mal, tanto que tuvo que rogar perdón y no le funcionó, así que lo malo se paga. ¡Muchas gracias por tu review! Espero que te haya gustado este cap, ¡un abrazo enorme!

Sumire Crazzy Murasaki: Jajaja te digo la verdad… Sí, era solo una excusa para verlo bailar a él solito con ese vestido. ¡Y sí, yo me acuerdo mucho de ti, eres de las que no me abandona! (me acuerdo por tu foto jajaja) No te preocupes, en PL me dijiste que también me lees acá (¡tan bella!) y ya tienes, Annie está dada por muerta porque Petra prácticamente la hizo pedazos (y a Eren también) ¡Si van a haber celos! De parte de Eren y Levi, y Farlan quiere mucho, mucho a Eren… Tanto que lucen como una familia, y créeme que Eren se va a encaprichar mucho con el bebé de Levi. Eso de la muchos puntos. Jaja Petra se puso loca pero con Annie, llevándose a todo por delante, pero a Levi no le hizo mucha gracia. ¡Ojalá te haya gustado este cap y muchas gracias por salir de tu cuevita y darme un review tan bello! Un abrazo enorme.

NiiaOffer: ¡Hola! Que linda, mil gracias por leerlo y darle tus valiosas palabritas al fic. No estás loca, en ese harem cualquiera por muy buena puede traicionarte, Eren no está seguro con ellas. Jajaja al menos he podido sacarle un poco de sensualidad a Eren, aunque en este cap se comportó como un pilar para Eren, y fue bueno que el aceptara protegerlo y consolarlo. ¡De todo corazón espero que lo hayas disfrutado! Nos leemos pronto, un abrazo enorme.

Hbl: ¡No conocía fatal frame pero lo busqué y qué bueno que lo hice de día! Jajaja algo así, pero no tan tétrico o Eren ni de broma entraba a esa cámara. No, no, tranquila, no me molesta para nada que me preguntes jajjaja ¡n podría enojarme contigo! Y sí, tienes razón, Christa es muy influenciable, pero ella es así, es de esas personas que creen que son víctimas y todo está en contra suya (cuando Eren la dejó en el palacio sintió que él la excluida, a pesar de que Eren se desvivió atendiéndola) Annie me caía mejor que Christa ajajaja. Muchas gracias por dejarme tus hermosos reviews y siempre estaré encantada de responderte. Creo que te tardarás como cuatro días, está largo. ¡Que tengas unos días hermosos en tu agitada vida, te deseo lo mejor linda! Un abrazo de oso enorme.

Comechocolate: ¡No, no lo tenía pausado! Y ojalá no llegue a pasar porque lo que menos quiero es eso. Espero no haberme tardado mucho con este cap que es más largo para que puedas disfrutarlo un rato. Jajaja Levi estaba medio alegre por el alcohol pero sabía que hacía con Eren y se lo llevó hasta allá para darle sus besos bien dados. Esta vez Levi fue un amor con su baobei y seguirá siendo así, ¡espero que eso te haya gustado! Muchas gracias por leer, espero leerte pronto, ¡un abrazo de oso!

Priscila575: ¡Hola, muchas gracias! Me alegra que te guste como están escritas las cosas y que las disfrutes. ¡Ya está actualizado, y espero llegar pronto con un nuevo cap! Gracias por tu lindo review, en serio, ¡que tengas un lindo día!

Fujimy: ¡Hola! Pues sí, Christa ya sabe que Annie no cambió, hasta trató de enfrentarla pero eso le salió mal (¿es muy malo que me diera risa imaginar a Annie cogiéndola por los pelos jajaja?) Que pecado, terminó humillada, los únicos que saben ponerla en su lugar son Petra y Eren (sobre todo Petra). Levi esa noche no estaba para muchos protocolos, y ahora está empezando a sentir que Eren es algo más que un simple cairen (mariposas en el estomago). Las cosas ya no son tan rosas, y Jean que tiene idea de cómo son las cosas en harem está preocupándose por Eren de verdad. Eren va a necesitar de su ayuda y la de otras personas que lo van a defender, aunque después de esto las cosas dentro de Eren se han removido. El mundo que él creía conocer no es tan bueno. Muchas gracias por leerme y dejarme tu valiosa opinión, ¡espero leerte pronto en este cap tan largote! Un abrazo y un beso de oso panda.

D teufel: ¡No suenas molesta para nada! Antes muchas gracias por llegar a mi fic, estoy muy contenta de leerte. Tus palabras son realmente hermosas, muchas gracias por eso, me animaste mucho para escribir este cap (quería actualizar también para que leyeras un nuevo cap) así que espero que te guste, ¡y qué esperes el siguiente! Gracias por el review, un abrazo enorme lleno de amor.

¡Chioo!: ¡Hola, y bienvenida a mi reino jajaja! Ay, oye que linda, gracias, me siento tan feliz porque mi fic te animara a hacer una cuenta, ¡me has hecho muy feliz cuando leí tu review! Espero que te haya gustado este cap, que si como dices, se van tomando su tiempo para que calcen las cosas. Me alegra mucho que te haya gustado ¿sabes? ¡espero tenerte mucho tiempo por aquí! Y disculpa si tal vez habías leído y no viste mi respuesta a tu review antes, pasa que por error vi mal y lo borré, así que disculpa mi descuido. Linda, un amor de review, ¡este cap es con mucho amor para que te siga gustando la historia! Nos leemos pronto, ¡un abrazo de oso cariñoso!

¿Alguien quiere ver a Petra pidiendo perdón por su insensatez ante Levi y Eren? ¡Esperen el siguiente capítulo, por favor! Las quiero mucho y espero que hayan disfrutado de este cap.

¿Un review? ¡Su opinión me importa mucho!