Capítulo 7
A las cinco y media de la mañana en el templo del balneario aun iluminado Milo dormía tranquilamente completamente desnudo sobre un cúmulo de pétalos de rosas rojas. Aldebarán llegaba hasta donde se encontraba, en un primer momento había acudido en su búsqueda al octavo templo pero al no encontrarlo allí fue al último sitio donde lo había dejado y le agitaba tratando de despertarlo, al no conseguirlo le dio un buen guantazo logrando así que recuperara la consciencia.
Milo se despertaba totalmente exhausto y sujetaba la mano de su compañero para poder ponerse en pie. Al estar erguido sintió un dolor en el hombro, justo donde había soñado que se había quemado y ahora si lo tenía rojo síntoma de que aquel ardor había sido más real de lo que se imaginaba.
- Afrodita ha estado por aquí, tanto pétalo lleva su firma. ¿Qué ha pasado?
- Ese tal Afrodita. – Milo trataba de recordar lo que había sucedido. – No ha podido usar veneno pues soy inmune a cualquiera de ellos pero lo cierto es que al picarme con una de sus rosas… o dioses… ¿Qué he hecho?
- Que vamos… como que te lo cepillaste.
- No me puedo creer que he perdido la virginidad esta noche y contra mi voluntad. – el rubio recordaba lo que había hecho aquella noche.
- Se desmiente lo que decían de ti que sodomizaste a tus compañeros antes de ejecutarlos. Pero miremos el lado positivo del asunto: ¡Ya eres un "hombre"! – metiendo el dedo en la yaga el moreno le decía graciosamente. – Enhorabuena y encima con Afrodita, ¡qué primera pieza! Al menos tu culo se ha salvado pues ese no creo que penetre a nadie, aun así gracias a que al ser Santos de la diosa nos protege de cualquier clase de enfermedad si no te diría ahora mismos que te hicieras toda clase de pruebas de venéreas.
- No seas hijo puta y deja de burlarte que la cosa no tiene ninguna gracia, ¿no me dijiste ayer que no prejuzgabas? ¿Eso no es un prejuicio que tienes en su contra?
- ¿Prejuicio? Nada de "pre" ya está juzgado y sentenciado: Afrodita cada vez que me ve hace el gesto de querer vomitar, le doy asco por lo que parece, un día de estos que me pille caliente le suelto una galleta que necesitará cirugía para recomponer su belleza.
- Luego iré a pedirle explicaciones de por qué me ha hecho esto.
Se disponía a buscar su ropa para acudir al entrenamiento pero Aldebarán ahora le traía las oficiales de los cadetes. Ropajes de cuerno marrón que consistía de un peto sin hombreras, brazales, faldón, grebas y escarpes. Ambos se vistieron y dejaron los Emblemas de sus signos en la casa de Tauro que era la más próxima, Milo protegía la pulsera que siempre llevaba con él bajo su brazal.
Los dos desayunaron en el comedor que les correspondían y con energías renovadas antes de que el sol saliera partían hacia las zonas exteriores. Por los escarpados pasajes que llevaban a la zona de los desterrados iban a una gran velocidad la suficiente para que nadie les detectara aunque para su desgracia un destello luminoso se interpuso en su camino deteniéndoles por completo.
Aioria de Leo aun vigilaba aquellos caminos aunque esa vez sin armadura, solo llevaba las túnicas oficiales. Se había parado justo delante de los dos chicos y les miraba analizándolos.
- Aldebarán, ¿sabes si el Santo de Aioria duerme en alguna ocasión? – decía a su compañero ignorando al otro moreno aunque supiera que este le miraba con cara de pocos amigos.
- Ríete si quieres Milo, pero yo al menos guardo los caminos y hago algo productivo. No como vosotros que solo ocupáis espacio. – miraba como iban vestidos para entrenar. - ¿Qué se supone que estáis haciendo? – se acercaba al rubio y le daba un ligero empujón.
- No tenemos que darte ninguna explicación. – el grandullón le devolvía el empujón dado a su compañero pero con bastante más fuerzas, pero Milo le contuvo las ganas contienda. – No eres quien para preguntar, es que ni siquiera deberías vigilar estos caminos, el Patriarca nunca te lo ha pedido.
- Cuanto menos es insólito, dos Santos de Oro vestidos de cadetes. – se aproximaba al grandullón desafiante. – ¿Cuál será vuestra intención?
- Aunque no me importaría partirte la cara ahora mismo. – Milo se pronunciaba conteniendo el puño de Alde para que no se provocara una contienda a aquellas horas. – Solo queremos correr un rato por las montañas a modo de entrenamiento.
- ¿De verdad? – preguntaba con tono desconfiado.
- ¿Sabes que a un toro no es recomendable tocarle los cojones? – respirando agitado ya el más alto estaba hasta los mismísimos de aquella mirada desafiante. - ¿Cómo está tu hermano? A no… que ese murió cuando trataba de eliminar a la diosa. – aquella pregunta hizo retroceder al león. – Puede que el Patriarca deba ser debidamente informado de que te comportas de manera extraña, como le pasó a Aiolos antes de traicionar al Santuario.
- Yo no soy un traidor y nunca lo seré. No tenéis ni idea de lo que es vivir bajo la presión de estar demostrando constantemente su valía. – los pasaba de largo. – Haced lo que os plazca. – en otro destello se marchó.
- Le has dado donde más le dolía.
- No me gusta ser así. Aioria me inspira mucha lástima y se lo mal que lo tiene que estar pasando con la pesada carga que tiene sobre sí pero, tampoco me gusta que me provoquen. – miraba el rastro de la estela que había dejado en su marcha. – Si al menos dejara que le ayudáramos pero es otro de los que te dije que creen que están mejor solos.
Justo antes del amanecer ya se encontraban en la zona de la residencia de Eo la cual estaba completamente a oscuras, tocaron la puerta pero en el interior no había nadie. Justo tras sus espaldas a cien metros de la casa estaba ese personaje sentado en mitad de la gran explanada que circundaba su morada. Una energía dorada le iluminaba creando un campo de fuerza tan grande que cubría una gran extensión al menos un kilómetros de radio y terminaba justo en el portal de su casa.
"El día de hoy es un pequeño examen de nivel. Demostradme lo que sabéis hacer. Dentro de este campo de fuerza camuflará cualquier ataque devastador." Los chicos que aun estaban dentro de la casa atravesaron la barrera de energía y se adentraban en la zona de batalla, el viejo estaba sin armadura y aparentaba ser tan indefenso que no sabían bien como empezar.
Tras unos segundos Milo se decidió a actuar y en un rápido movimiento se abalanzó contra su nuevo mentor tratando de golpearlo pero esta vez el sorprendido fue el pues lo atravesó como si fuera un espectro. Sin ver que le golpeaba comenzó a recibir por todos lados y finalmente fue propulsado hacia donde estaba el grandote creando un cráter a su paso.
"¡Joder!" Exclamó Aldebarán al ver como había quedado su compañero pero sin tan siquiera verlo ya tenía encima al viejo que le dio un severo coscorrón que acabó estampándolo contra el suelo.
- Jovencitos cuidad vuestro lenguaje en mi presencia. No me gustan los malhablados.
- Perdón maestro. – el moreno con la nariz sangrando y una sonrisa en los labios se ponía en pie otra vez.
- Espero que eso no sea todo lo que tengáis que demostrarme, no me gustaría tener que echaros a patadas de mi retiro.
Nuevamente se colocaba en el epicentro del campo de fuerza y esperaba a aquellos dos que se habían quedado pasmados. Milo se ponía en posición de lanzarse esta vez con más decisión a por su rival y en un destello fue a por él gritando "Cinco Golpes", a la velocidad de la luz lanzó dos potentes golpe uno con la derecha, otro con la izquierda, un gancho que lo elevó, curvando su cuerpo haciendo que su pierna formara el movimiento de un escorpión al picar con su aguijón con la pierna le dio un tremendo punta pie para luego finamente con la inercia de ese movimiento una última patada en forma de elegante voltereta. Todos sus movimientos lograron impactarle y lo catapultaron lejos quedando inmóvil en el suelo.
"Cuanta flexibilidad pero creo que te has pasado." Alde esperaba que no lo hubiera matado mientras el rubio se acercaba a comprobar el estado de su maestro, más al estar casi palpándolo para cerciorarse de que no estaba muerto este se incorporó como si no le hubiera pasado nada y estando a tan corta distancia solo pronunció "No te confíes si tu enemigo aparenta estar muerto, ahora que los Meteoros de Pegaso te castiguen por tu despiste." Una increíble cantidad de irradiaciones de color azulada surgieron impactando sin contemplación sobre Milo lanzándolo por los aires para acabar cayendo nuevamente al lado de su compañero.
- ¿Estás bien Milo? – el moreno saltando para calentar tenía puesta su vista en un objetivo fijo.
- Fjirjaisdeklñsja. – fue lo que pudo pronunciar Milo estando por los suelos.
- Me alegro. – como si le hubiera dicho que estaba en perfectas condiciones estaba que explotaba de júbilo. – ¡Me toca, me toca! – gritó preparando para su turno, su aura dorada estaba ardiendo a la vez que cogía carrerilla lanzándose contra su oponente. – Y no pienso tener piedad.
"Embestida" gritó adquiriendo velocidad arremetiendo con su hombro a una velocidad que cortaba el aire todo a su alrededor, generando una estela de dorada fuerza a su alrededor la tierra temblaba a su paso y creaba un surco de destrucción. Cuando estaba tan solo a unos metros el mayor solo cruzó los brazos y al estirarlos pronunció, "Muro de Cristal." Un escudo de energía dorada se presentó ante él impidiendo que le golpeara, pero la fuerza del santo de Tauro logró curvar su defensa, sin achicarse miraba como Aldebarán estaba con todas sus fuerzas tratando de romper aquel resguardo, más no fue suficiente y el efecto rebote lo lanzó tan lejos que se acabó estrellando contra la cúpula de protección que tenía todo el lugar.
- No estáis tan mal como me había imaginado. ¿Quién sigue?
Milo que se había reincorporado notó como su compañero se ponía a su lado, estaban los dos completamente llenos de tierra por encima y con moretones por todos lados. Aldebarán estaba que no cabía en sí de la alegría de aquellos momentos. "Ataquemos juntos." Le sugirió el rubio. "Secundo la moción." Fue su respuesta a la vez que ambos invocaban sus cosmos.
- Un ataque conjunto…. – el viejo esperaba expectante. – Un doble ataque puede que conlleve una doble respuesta, así que sed consecuente con lo que hacéis. – les advirtió.
"Te voy a propulsar y procura no pisar tierra hasta que acabe." Le dijo muy bajo el moreno al rubio para luego saltando puso sus pies sobre las manos del otro y lanzándolo hacia el viejo a la vez que este gritaba, "Látigo Piro." A Milo como si fuera un meteoro parecía habérsele prendido el puño en llamas a la vez que se aproximaba a su rival, tras de él Aldebarán se preparaba para golpear el piso. "Para esto." Pronunció mirando el suelo concentrando su puño "Terremoto." Tras impactar sobre el suelo una destructiva onda expansiva surgía hacia delante arrastrando la tierra en ella.
Milo fue el primero en llegar a su objetivo y tras él venía la destrucción, su mano estaba cual puñal candente preparado para lo que fuera necesario pero el viejo solo adoptó posición de meditación y pronuncio una sola palabra: "Khan." Para luego verse envuelto en una esfera de invulnerabilidad que repelió a Milo lanzándolo por los aires y después recibir la brutal destrucción que paso sin hacerle ni el menor rasguño.
El moreno veía como su compañero caía del cielo y se disponía a sujetarlo para que no se estrellase gritando "Yo te cojo." Mirando a Milo se distrajo un segundo sin detectar que ya tenía encima a Eo el cual de su puño emitía una energía verdosa. "Esto va a doler" pensó para sí el grandullón cerrando fuertemente los parpados y recibiendo la fuerza de la "Cólera del Dragón." La poderosa fuerza del golpe lo lanzó hacia el aire haciendo que ambos jóvenes chocaran y finalmente tocando tierra se estrellaron creando un nuevo cráter.
Toda la cúpula que los camuflaba se llenaba de polvo en suspensión por culpa del Terremoto provocado. A los pocos segundos de caer volvían a reaccionar.
- ¡Dios nunca me he sentido tan vivo! – con una gran resistencia se volvía a poner en pie aunque se tambaleara por los mareos del golpe.
- Pues yo, aunque no pueda sentir dolor, comienzo a tener ganas de morirme. – bajo el grandote estaba el otro muchacho que trataba de seguir enfrentando a aquel gran maestro.
- ¿No sientes nada cuando te golpean? – preguntó el compañero asombrado de lo que había escuchado.
- Nada de nada estoy protegido contra el dolor.
- Que pasada ojala yo también pudiera tener esa habilidad.
- Suficiente por ahora. – Eo estaba ahora sentado en posición de meditación tranquilamente en mitad de la destrucción. – Aldebarán piénsalo dos veces lo que significa no poder sentir dolor, pues tampoco podrías sentir el contacto de otras personas, es un arma de doble filo. – como siempre hablaba sabiamente. – Sentaros y meditad conmigo.
Los jóvenes se pusieron a su lado y se sentaron molestos por la cantidad de contusiones que tenían. El mayor les guiaba en la respiración que tenían que controlar para interiorizar su cosmos. La energía dorada que los envolvía ahora se metía en sus cuerpos logrando con ello curar todas sus fracturas, hematomas y hemorragias internas que tuvieran, los chicos alucinaban con su propio poder regenerativo.
Tras una hora de intensa meditación en la que se recuperaron por completo de las heridas interiores, al igual que todo el campo de entrenamiento retomó su forma original. Continuando con su prueba de nivel, les ordenó correr hasta que le pareciera suficiente. Los dos jóvenes acataron lo dicho y a la velocidad de la luz circundaban todo el perímetro del campo de fuerza pero no todo fue tan fácil como correr pues comenzó a lanzar cometas de energía para que lo sortearan, los chicos daban unos saltos brutales a una velocidad inimaginable esquivando todo lo que se les lanzaba..
Para ser el primer día fue una bendición para ellos que llegara la hora de la comida en la que tuvieron un ligero descanso y entraron en la casa para recuperar fuerzas. Marin como habitualmente le trajo su sustento del día mientras los dos dorados se mantenían ocultos, y tras marcharse Eo preparaba unas infusiones y algo de comer para que les diera fuerzas para aguantar la tarde.
- Maestro Eo: ¿Cuántas técnicas conocéis?
- Muchas y muy diversas. Al igual que Dohko de Libra y en su momento Shion de Aries gozo de una longevidad antinatural, pero que no ha sido por gracia de la Diosa, pero lo cierto es que me ha hecho aprender mucho, pero lejos de limitarme a aprender las que supuestamente me correspondían mis ansias de conocimientos me llevaron a ser discípulo de todos los maestros de hace siglos cosa que me vino bien pues me convertí en un venerado guía para las nuevas generaciones.
- No recuerdo cuando fue la última vez que puse mis técnicas en marcha. – Aldebarán apretaba sus puños tratando de recordar. – No me imaginaba que estuviera en tan baja forma.
- Yo por desgracia no he parado de utilizarlas en los tiempos más recientes. – Milo se quedaba absorto en sus pensamientos durante unos minutos para luego volver a tomar conciencia de donde estaba.
- Tranquilos que un buen estado físico y psíquico no es algo que se consigue en unas horas de entrenamiento, hay que dejar que trascurra el tiempo e ir consiguiendo logros poco a poco.
En un momento les había preparado un plato de pescado con patatas y los ponía sobre la mesa circular, todo en pequeñas cantidades pues no disponía de mucho tampoco pero lo que tenía lo compartía y aunque los dos jóvenes le dijeron que no querían quitarle nada este les ordenó comer con autoridad, estos agradecidos no obedecieron.
– Normalmente cuando comienzo un entrenamiento lo primero que hay que hacer es ganarse el respeto y las ganas de aprender del alumno, lo trato como si no me importase nada que aprenda hasta que me odie y quiera conseguir mi respeto a toda costa, eso me da la seguridad que conseguirá su objetivo de convertirse en caballero. – tras esa explicación les miró fijamente. – Pero en vuestro caso… nunca he adiestrado a unos Santos que tienen la capacidad del séptimo sentido y puede que la forma que capte vuestra atención sea derrotándoos y humillándoos en un combate para que comprendáis que aun tenéis mucho que aprender. Tenéis buen nivel, eso es importante pero ya veremos hasta donde sois capaces de llegar.
Después de comer se fueron nuevamente al exterior y estuvieron sentados meditando durante hora y media esperando a hacer la digestión, más después al abrir los ojos el viejo ya no estaba sentado a su lado y ahora estaba a los bordes del perímetro esperándoles. "Siguiente raund." Les convidó a un nuevo enfrentamiento en el que los dos volvieron a ser brutalmente derrotados.
A eso de las ocho de la noche dio por finalizado el día, tanto el rubio como el moreno tenían sus pelos alborotados y llenos de polvo por tantas veces que habían comido tierra durante aquellas horas. Cuando su instructor les dijo que ya era suficiente por hoy los dos caían arrodillados exhaustos exclamando un "Gracias a los dioses que ya se acabó por hoy."
Aldebarán con agujetas hasta el músculo más recóndito de su anatomía se marchaba hacia la zona de los dorados sin mediar palabra, no podían ni abrir la boca para hablar, por su parte Milo estaba agotado y sin aliento. Cubiertos aun de polvo no se cambiaron y fueron al templo donde podían comer todo lo que quisieran que, como de costumbre, estaba despejado de otros compañeros. Sabían que no podían ir por ahí vestidos de esa forma pero se mantuvieron ocultos de los ojos de los sirvientes imperiales y cenaron abundantemente.
Llegando luego al templo de los balnearios allí se desnudaron y se ducharon para quitarse tanto polvo de encima. Una vez completamente limpios, Aldebarán salía de la zona de las duchas directo a la de las piscinas y como un zombi caminó hasta caer al agua derrotado, tras él venía Milo que también se lanzó al agua a relajar los músculos.
- No puedo ni con mi alma. – el moreno flotaba bocarriba en mitad de aquella enorme piscina volviendo a interiorizar su cosmos para recuperarse del todo para el día siguiente.
- Nadie te obligó a venir, tú solito decidiste apuntarte así que no te quejes. – por su parte el rubio se sujetaba del borde de la piscina para poder quedarse en una tranquila suspensión.
- Los Tauro tenemos fama de ser muy tozudos, cuando nos embarcamos en algo continuamos hasta el final. – tras estar un rato en silencio lo volvió a romper. - ¿Vas a ir a pedirle explicaciones a Afrodita?
- No sé si tendré ganas de decirla nada a nadie.
- Venga ya, no me puedo creer que un solo día duro y ya se te quiten las ganas de una revancha. – acercándosele lo sujetó un brazo y una pierna y lo elevó completamente hasta dejarle suspendido en el aire fuera del agua. – Te ha forzado contra tu voluntad vete y cántale las cuarenta.
- Cuando salga le haré una visita. – no se movía a pesar de estar completamente fuera del agua. – Tío bájame ya. – le pidió a su compañero.
- Oblígame si puedes…. – le decía graciosamente para que intentara escaparse de aquel agarre pero los dos se quedaron callados.
En aquella posición un tanto ridícula, con Milo desnudo en lo alto sujetado por el moreno llegaba al lugar Máscara Mortal el cual también estaba desnudo y se había quedado estático mirándolos como si fueran idiotas.
Ante tanta tensa observación mutua solo el silencio reinaba, ninguno se movía, MM con una mezcla de desprecio y asco les miraba a la vez que iba a una de las salas del lugar que tenía piscina privada y cerró las puertas de par en par para que no le incordiaran
- ¿Le conoces? – aun en lo alto le preguntaba muy bajito al moreno.
- ¿Te acuerdas de que ayer te dije que no pensé que eras tan malo si habías logrado a conseguir una armadura de oro?
- Si.
- Pues en el caso de ese personaje la verdad es que no sé cómo no se le quema la piel al llevar una Santa Coraza equipada. – lo soltó de golpe haciendo que chocara en el agua. – Escuche terribles historias del pero no quise hacer ningún juicio y trate de acercarme a conocerlo pero es pura maldad y con gente así es mejor estar a mucha distancia.
- Estoy absolutamente de acuerdo en todo lo que has dicho pero… ¿no te intriga saber que le habrá pasado para ser así?
- Si se lo sonsacas te lo guardas para ti pues, a mí testículo izquierdo le importa un pimiento y al derecho dos. – aquellas palabras por primera vez desde que habían hablado hicieron sonreír a Milo.
Tras un rato dentro de aquellas aguas termales salieron, y tras una nueva ducha se vistieron y a eso de las diez de la noche caminaron hasta el inicio de las escaleras que llevaban a la casa de Aries. Allí se despidieron pues iba a tomar el atajo de subida para ir a la casa de Piscis lo más rápido posible.
Estrechándose la mano por aquella noche se separaron y Milo subió por el conducto secreto desde el interior de la montaña hacia el templo principal del patriarca, en todo momento era vigilado por los guardias que lo custodiaban pero no dieron ningún aviso pues no detectaron nada extraño en él, su única intención era la de llegar arriba.
En lo alto estaba dentro del templo del gran Patriarca y no sabía cómo salir de allí en dirección a los templos del zodiaco y caminaba entre los grandes y lujosos pasillos, custodiados por guardias que al ver que era uno de los Santos de mayor rango ni le preguntaban qué hacía allí.
En uno de los ir y venir por los pasillos se topó con el despacho del sirviente imperial que lo había recibido en aquel lugar en su primera visita al lugar. Sin entrar en aquella correspondencia no le podía ver la cara pero la máscara era idéntica y sus ropajes iguales, Milo aunque quisiera aparentar no querer fisgar no pudo evitar fijarse que sobre la mesa de aquel personaje había una multitud de carpetas oscuras que procuró cerrar deprisa evitando que pudiera ver ni un atisbo de lo que hubiera escrito dentro.
El asistente del patriarca le preguntó por el motivo de su visita mientras se apresuraba a salir de su despacho y cerrar la puerta a su paso, el rubio aparentando no haberse percatado de nada le comentó que solo buscaba la salida hacia los templos para poder tener una conversación con Afrodita. Escoltado por aquel personaje era conducido hacia el exterior aunque no pudo evitarle que mentalmente le llegaran las palabras pronunciadas por Máscara Mortal cuando le dijo que el Santuario era muy solvente económicamente y se preguntó de dónde vendría esa solvencia.
A las afueras divisó por primera vez la belleza del Santuario desde ese ángulo de visión el lugar era una maravilla, pero su atención se puso ahora en la escalera de bajada hacia los templos que estaba cubierta por un manto de rosas rojas. Por temor a picarse con ella y volver a ser el juguete de Afrodita aquella noche, convocó su cosmos y paso tras ella en un solo destello hasta llegar a la entrada trasera de la casa de Piscis.
Adentrándose en el pasillo principal este estaba cubierto de pétalos rojos y en la zona central le esperaba el otro muchacho vestido solo con una bata corta, blanca pero casi trasparente, que se podía notar que no tenía nada debajo. En su mano portaba una rosa blanca y parecía haber advertido la llegada de Milo a sus dominios.
Milo se quedó estático ante la actitud del otro joven que se acercaba insinuantemente hasta su posición sin ninguna señal de estar preocupado por lo ocurrido la noche anterior. Al estar uno frente al otro este extendió la mano ofreciéndole la rosa cosa que por supuesto rechazó.
- Sabía que volverías a verme, acepta esta rosa de regalo. – se la volvía a ofrecer.
- Esta te la puedes quedar pues no la pienso sujetar. – le miraba desafiante pero el otro no respondía de igual forma. - ¿Sabes porque estoy aquí? Anoche hice algo que fue contra mi voluntad.
- ¿Contra tu voluntad? – preguntó sonriendo. – No me pareció que lo lamentaras mientras me hiciste el amor varias veces seguidas. – se colocaba detrás del chico y le intentaba abrazar.
- Debería golpearte por lo que hiciste. – se alejaba nuevamente y se dirigía hacia la salida del templo. – ¿Qué has usado para dominarme?
- Mis rosas no son solo venenosas, también pueden ser un potente afrodisiaco del que sus efectos no te has librado pero… si realmente no lo hubieras deseado te hubieras podido negar… más admite que lo que hicimos te gustó.
- No quiero problemas ahora que acabo de llegar al Santuario; por esta vez te lo paso pero… de ahora en adelante ni se te ocurra acércate a mí.
- ¿Estás seguro? – nuevamente se interpuso en su camino quebrantando su amenaza y le acariciaba la cara. – Tanta soledad, tanta pena, tanta angustia. – aquellas caricias no parecían desagradar al chico aunque no sintiera el tacto. – Vas de duro pero eso no es lo que realmente eres, en verdad solo eres un cachorro que esta tan solo en el mundo que mendiga una pizca de cariño desesperadamente. Eres alguien tan vulnerable que cualquier elemento desalmado podría aprovecharse de tu inocencia, menos mal que yo te he descubierto primero. – tras acariciarle el abdomen le pasaba de largo y quitándose la bata se quedaba absolutamente desnudo. – Déjame que ponga fin a tu angustiosa soledad, déjame que te cuide, déjame demostrarte que eres merecedor de que te quieran, y por supuesto te demostraré de que nadie está a tu altura en este Santuario que no sea yo.
Milo por su parte no decía nada, aunque su cuerpo estuviera orientado hacia la salida del templo miraba hacia tras observando el seductor cuerpo de Afrodita que se contoneaba suavemente provocándolo.
- Ven conmigo. – le ofrecía la mano para que lo acompañara. – No tienes que dormir solo esta noche yo evitare que te azoten las pesadillas.
Consiguiendo haber golpeado duramente la moral del escorpión este acudía a su llamada, su soledad le hizo desear darle la mano, como si fuera un esclavo sin voluntad se lo llevaba a su cuarto, Milo al ir detrás no podía ver la sádica sonrisa que tenía Afrodita al haberlo atrapado entre sus redes, pero este de vez en cuando en el camino le miraba con compasión, una compasión que deseaba desesperadamente para calmar su alma atormentada.
